Cortito como todos los de su tipo, este capítulo extra se remonta un poco al pasado.
Si se han dado cuenta, todos los capítulos están escritos desde el punto de vista y los pensamientos de Rapha (en su mayoría), y los Extras son pequeños flash back que tienen el propósito de aclarar un poco más las actuales situaciones.
Espero que les guste este concepto; para mí se está volviendo una forma muy divertida de escribir.
…
EXTRA III: Leonardo.
Ahora que estaban ahí, sentados frente al árbol repleto de luces y abriendo los objetos de navidad, se había dado cuenta de lo que su hermanito más pequeño estaba tratando de hacerle saber tiempo atrás.
Aún recordaba claramente cómo era que, tras enfadarse consigo mismo y con Raphael por marcharse tras Casey después de celebrar su cumpleaños, arrojó el pequeño regalo envuelto en el basurero, prometiéndose a sí mismo que nunca exteriorizaría sus sentimientos por su hermano aunque se le fuera la vida en ello.
Y estuvo en lo correcto; dos días después Raphael volvió, hecho polvo, con una notable borrachera, olor fétido encima y colándose en su cama sin parar de mencionarle que la sensación de estar con una mujer era lo más cerca al paraíso de lo que alguna vez podría experimentar.
Eso sólo le podía decir algo con claridad; Raphael no estaba interesado en los hombres, y ya iba siendo hora de que comenzara a olvidar todos los deseos reprimidos que tenía hacia su persona desde que la pubertad había hecho de las suyas una calurosa noche en que consiente, o inconscientemente, había terminado por soñar con su hermano, experimentando junto a él sensaciones nuevas a las que cada ser vivo tenía derecho para decir con la frente en alto que había llegado a su madurez física.
Pero le era tan difícil soportarlo.
Él era un chico fuerte y capaz de cuidarse de sí mismo, pero estar cada noche a solas en su habitación le hacía recordar su gran deseo por tener a su hermano al otro lado de su cama, por lo que recordó sus días de la infancia, en que los pequeños Mikey y Donnie lo consolaban cuando Splinter entrenaba con él a solas, exigiéndole mucho más que a sus hermanos porque sabía lo lejos que podía llegar si seguía por ese camino arduo y sin descanso.
Pero ahora tenían dieciocho años; Donatello nunca lograría comprender que él necesitaba un simple abrazo para poder reprimir su diaria presión de entrenamiento, junto con su tormenta más reciente llamada Raphael Hamato, por lo que una noche decidió colarse en la habitación de Mikey antes de que su libertino hermano regresara de su juerga junto con Casey, evitando así que le fuera restregado en cara lo mucho que se divertía con su nuevo pasatiempo favorito.
Raphael no lo sabía, pero eso le hacía daño. Mucho daño.
Y realmente no tenía porqué saberlo, pues su estrategia de dormir entre los brazos de Michelangelo era muy efectivo y a su hermanito parecía agradarle su compañía nocturna.
Sólo hasta que un día…
—Leo… Me gustas… Mucho.
Aquella declaración la había visto de la forma más extraña que alguien tan joven imaginaría una declaración de amor; su primera vez ante algo como aquello.
Pero no era el hecho de que Mikey le estuviera declarando lo que sentía por él lo que le preocupaba, si no que el pequeño ninja había decidido cerrarle la puerta en la cara para evitar que entrara en su habitación a esas horas de la noche, dejándolo perplejo cuando repentinamente soltó aquellas palabras.
Mikey no quería recibirlo más. Y no era por fastidio o por sentirse usado como pañuelo de lágrimas, si no porque le dolía. Cada vez que Leonardo se colaba entre sus sabanas para dormir abrazado a su cuerpo, unas esperanzas inútiles y mal infundadas crecían dentro de él, y eso era exactamente lo que estaba escuchando desde el interior de aquella comúnmente desordenada habitación infantil.
—Lo siento —se disculpó el más joven—. Arruiné nuestras noches a solas al decirte esto… Pero en verdad no podía seguir ocultándolo.
La voz de Mikey se escuchaba seria, bajita, y sin ese tono dulce y vivo que la caracteriza, por lo que Leonardo supo no estaba frente a una pesada broma por parte de Raphael… O alguien más dentro de su familia.
¿Qué haría ahora? Necesitaba a Mikey; sus mimos, su palabrería sin sentido antes de dormir… su calor.
No podía quedarse sin eso.
No. No podía. Era algo difícil de asimilar después del enorme hueco que él mismo se creó al intentar arrancar a Raphael de aquella forma tan despiadada, incluso para él.
—Mikey… —le habló a la puerta, imaginando vivamente que su hermano permanecía recargado al otro lado—… ¿Quieres ser mi pareja?
No sabía lo que estaba diciendo. Ni siquiera si estaba bien proponerle algo como aquello a su hermanito menor, pero no quería que su acercamiento con él terminara de una forma tan abrupta como lo deseaba el otro al literalmente correrlo de su habitación.
Y si Mikey deseaba algo más con él, y que no fueran precisamente abrazos protectores y calor sobre su cama, realmente estaba dispuesto a dárselo; ¿qué tan malo podría ser? Su hermano era tierno y con una apariencia linda.
Además; él también necesitaba un poco más de cariño.
De esa forma, ambos estarían satisfechos, pues ninguno de los dos se quedaría sin lo que tanto deseaba.
Salió de sus pensamientos cuando escuchó el seguro de la puerta ser retirado y a esta ultima ser abierta despacio, revelando lentamente la figura bajita y poco oronda de su hermanito, quien se apresuró a abrazarlo mientras escondía el rostro en su cuello.
Aquello lo había hecho feliz, y eso era lo único que le importaba a Leo en ese momento.
Él no era como Rapha. Se haría responsable por el sentimiento del que era dueño y haría todo lo posible porque Mikey no tuviera que pasar por lo que Leo sufrió al saber que no tenía oportunidad con su malhumorado hermano menor.
Le agradó descubrir que el más pequeño, viéndolo con ojos de amante y no de hermano, era mucho más interesante de lo que llegó a imaginar; aunque tenía que admitir que esas demostraciones de cariño, las cuales se hacían presentes a todas horas del día, era muy difíciles de manejar. Sobre todo con la actitud tan enérgica del menor.
Pasteles, juguetes nuevos, golosinas extrañas y nada apetecibles, distracciones durante el enteramiento y parlotearía al por mayor mientras veían televisión eran su menú diario.
Tanto, que había tenido una seria charla con el pequeño de que limitara sus muestras de afecto hasta estar a solas, pues lo último que necesitaba era tener a toda su familia sobre ellos, interrogando sobre sus nueva aficiones para recibir una intensa charla sobre la inmoralidad que reside en algo tan delicado como el incesto.
Pero realmente no habían llegado a tanto como para que alguien pudiera bajar del cielo para condenarlos al infierno por el pecado que estaban cometiendo, pues no habían llegado más lejos de los abrazos, los besos tiernos y unas cuantas caricias que Leo adoraba realizar sobre las regordetas piernas de su hermanito.
«Son tan lindas» se decía cada vez que podía llegar a tocarlas.
Pero ese pensamiento llegaba cada vez más seguido a su mente, y por lo tanto, cada vez le sorprendía menos el descubrirse mirando con cara de idiota el cuerpo de su hermanito con claras intenciones de conseguir más.
Y sabía que, gracias a los besos que Mikey cada vez se empeñaba en hacer menos inocentes y cortos, su hermano también estaba deseando algo más que simples caricias por encima de las sabanas.
Fue por eso que aquella noche, no esperaba una reacción como aquella.
—¡Mhf! L-Leo, ¿qué haces? —preguntó entrecortadamente el más pequeño, pues su hermano no estaba dispuesto a soltar sus labios en ese momento.
Leo se había posicionado sobre él después de un juego de cosquillas iniciado por el mismo Mikey, el cual terminó con un evidente ganador que reclamó su premio de los labios de su hermanito menor.
Pero esa noche no eran sólo besos y eso lo sabía muy bien el de naranja, pues desde hace días su hermano se estaba comportando un tanto más impulsivo que otras veces al acariciar un poco más allá de sus abultados muslos cuando el beso había pasado a algo un poco más intenso.
—Leo… No —lo apartó de él, empujándolo ligeramente con las manos—. Para, por favor.
—Lo siento —se disculpó, un tanto desorientado—. Creí que te estaba gustando.
Y sabía que así era, pues ese fuerte rubor en conjunto con su apenas visible rostro extasiado le decían que aquella era una decisión difícil pero que no estaba a discusión.
Mikey se sintió desprotegido cuando el cuerpo de Leo dejó de hacer peso en la cama, observándolo tomar las prendas de su equipo que ya había logrado quitarse para estar más cómodo a la hora de dormir y encontrar unas pocas caricias por parte del menor.
Volteó a ver a su hermanito una última vez antes caminar a la salida para marcharse y vio que en su rostro había molestia; pero no para con él, si no hacia el mismo Mikey al no poder retenerlo a su lado para dormir.
—Leo no te vayas —rogó—. Hace tiempo que no duermes aquí conmigo; ya te extraño.
—Lo siento Mikey. También te extraño, pero… últimamente por las noches mi cuerpo reacciona mal por el simple hecho de estar abrazado de ti, y no me gustaría incomodarte si llegas a despertar cuando eso ocurra.
Un tanto apenado, Leo desvió su mirada para evitar que Mikey se sintiera intranquilo con estas palabras.
Pero era verdad; había llegado a un punto en su relación en que el joven líder necesitaba algo más que simples besos y abrazos para dormir. Incluso se lo había pedido no hace mucho; intimar. Hacer el amor como las parejas jóvenes y plenas lo necesitaban para que su vida en conjunto perdurara.
Después de todo, era el cuerpo quien exigía, y este no descansaría hasta obtener lo que quería.
—¿Qué pasa si… transcurren meses hasta que por fin me sienta preparado? ¿Esperarás tanto tiempo? ¿Evitarás dormir junto conmigo hasta entonces?
Había preocupación en su voz y Leo lo notó de inmediato, por lo que se limitó a suspirar tras recibir aquella fuerte bofetada de realidad en todo el rostro.
—No, Mikey —respondió finalmente, poniendo toda su fuerza de voluntad en esas palabras que apañaban su propio juicio—. El que tenga estos deseos que aún estas dudoso de aceptar no significa que vaya a dejar de dormir a tu lado; simplemente me alejo de ti unos días hasta que esta sensación se marche y pueda volver a mi templanza inicial. Estoy de acuerdo con tu decisión de esperar y eso no provocará que deje de quererte.
—Significa que… ¿si te doy lo que quieres… no habrá nada que nos separe de ahora en adelante?
El corazón de Leo se aceleró en cuanto vio al más joven salir de la cama buscando encontrarse con él, tomándolo de las manos en espera de una respuesta más.
Pero Leo no cabía en sí ante aquello que su hermano había insinuado en aquél momento; Mikey había aceptado, por lo que esa noche se dispondría a reclamar uno de los tesoros más preciados que su hermanito podía ofrecerle a alguien tan románticamente insípido como él.
Y como era de esperarse, Michelangelo dio todo de sí para que aquella experiencia fuera inolvidable, pero era de esperarse que ambos erraran y aprendieran tan torpemente uno del otro al ser su primera vez.
—Te amo, Mikey —había susurrado en su oído después de caer rendidos sobre la cama, tratando de robar el oxigeno que el menor reclamaba son aquellos jadeos que desaparecían de a poco.
Aquella mirada de culpabilidad y dolor que había mostrado durante todo el acto sexual se borró en cuanto escuchó estas palabras, pues Mikey sólo necesitaba eso; sentirse amado de la misma manera en que él amaba.
Tal vez en un principio había accedido a tener relaciones con Leo por el miedo de que este pudiera terminar con él al no satisfacerlo como deseaba, pero estando ahí, entre sus brazos y después de aquellas palabras tan llenas de significado al ser el primero en mencionarlas, sabía que no había errado al decidir entregarse a su hermano mayor.
Y no era por temor, porque lo deseaba tanto como Leo y desde hace tiempo, pero de su mente no salía el hecho de que ellos son hermanos, y lo que estaban haciendo estaba mal.
Si tenía miedo de que Splinter los descubriera, y a una posible reacción negativa por parte de Raph y Donnie, entonces estaba mal.
Era prohibido.
Pero la confianza de Leo lo ayudo, decidiendo de una vez por todas que compartiría su razonamiento de que existía una gran posibilidad de que ellos realmente no tuvieran lazos de sangre.
"Después de todo, ni siquiera nos parecemos", recodó el argumento del mayor la primera vez que había intentado persuadirlo para que aceptara.
Y Leo…
Leonardo no podía sentirse más satisfecho del resultado, pues tras descubrir que satisfactoriamente había dejado casi por completo en el olvido los gráficos sueños que tenía con su hermano gruñón como protagonista, Michelangelo había decido darle una lección de navidad que jamás olvidaría:
—¿Qué rayos es esto? —preguntó Raphael, observando dentro de la caja de regalo algo pequeño y reluciente que parecía arremolinarse ante cualquier movimiento.
—Una esfera de nieve —murmuró Leo, estupefacto mientras sostenía una pequeña caja que recibió de Donatello.
Sorprendido de que pudiera adivinar el contenido, Raphael sacó la esfera del envoltorio, deteniéndose a estudiar con detalle la pequeña tortuguita de cristal opaco que descansaba sobre algunas piedras de bisutería roja que combinaban a la perfección con el pequeño corazón que mantenía sobre su cabecita inanimada.
Aquél era el regalo especial que Leonardo tenía para Raphael la noche de su último cumpleaños y el cual no alcanzó a darle gracias a que este ultimo salió corriendo tras Casey en cuanto vio la oportunidad.
El rencor hacia su hermano por aquella noche y la frustración por guardar durante tanto tiempo lo que sentía había terminado de esfumarse cuando Mikey le dio aquella esfera a Raphael como obsequio de navidad, representando la actual paz que tenía el joven líder en su interior tras haber encontrado a alguien que si estaba dispuesto a darlo todo por él.
—Es el regalo más cursi que haya recibido en toda mi vida —el de rojo agitó la esfera y la diamantina color verde en el agua hizo un efecto único que incluso llamó la atención de Donatello, quien no permanecía muy lejos de Rapha.
—Es hermosa —mencionó Donnie.
Leo observó a Raph y Donnie atentos a los diamantes falsos que formaban remolinos dentro de la pequeña burbuja; aquellos toscos detalles, unido a la belleza en la artesanía y aquél verde vivo que envolvía la burbuja cada vez que la agitaba le recodaba, en un tiempo no muy lejano, los maravillosos ojos de su hermano cada vez lo que lo observaba con aquella intensidad tan apasionada cada vez que discutían.
Pero hoy, el mayor de los hermanos sabía que esa esfera que nunca logró entregarle a Raphael junto con su declaración de amor, representaba, de manos de Mikey, la nueva vida que le esperaba a ambos… juntos.
…continúa en el capítulo 10.
¡Aquí queda el EXTRA #3 y me siento comprometida a revelar que los capítulos restantes de este fic se pueden contar con los dedos de una mano! ¡Sí! ¡Como han leído! (celebrando).
Mi plan era terminar este fic antes de que finalice el año, pero dado a que estoy un poco atrasada con las actualizaciones y el número de capítulos aumentó un poco, habrá "Experimento" para los primeros días del 2016.
Gracias por seguir aquí todo este tiempo a pesar de mis retrasos y por siempre comentar; me pone muy feliz leer sus comentarios llenos de vida y opiniones sobre qué ocurrirá o cómo terminará esto. Realmente me inspiran a continuar.
Prometo hacer mi mayor esfuerzo por que las actualizaciones ya no tarden tanto.
Los ama…
…Miss GRavedad
