¡Día de actualización! Hell yeah!

Para ser sincera, mis planes eran subir este capítulo el fin de semana pero no tuve tanto tiempo libre como esperaba, así que apenas viene.

Existen algunos avisos importantes al finalizar el capítulo, ¡así que no se vayan apenas terminando de leer! ¡Eh!

Dedicación: Para mi queridísima Chonik! Quien dio pie a algunos chistes contados dentro de este capítulo. Muchas gracias por seguir permitiendo que utilice a la Dra. Bennet!

Advertencias: ¡Lemon! ¡Largo, suculento y descriptivo limón! ¡De esos que tanto les gusta! En sí, se puede decir que el capítulo es lemon en casi un noventainueve por ciento, así que no esperen ver mucha interacción con Jade por obvias razones. Recuerden que los protagonistas de este fic siguen siendo Raph y Donnie.

Advertencia 2: Este capítulo tiene un poco más de psicología que los anteriores, puesto que la relación de los protagonistas está llegando a su máximo. Espero que no les explote la mente con tanto cambio de humor.

Mientras tanto les prometo que verán mucho más de la bebé en el siguiente capítulo.

Capítulo 11: Sin retorno.

Cuando despertó, lo primero que deseaban ver sus ojos era la redondita y vivaracha figura de su hija, pero para su mala suerte, se encontraba sólo en aquella cómoda y deshecha cama.

Aspiró profundamente el olor sobre la almohada; el aroma a Donnie estaba por todos lados.

Se removió un poco en su lugar antes de tomar nuevamente su Tphone y volver a leer todos los textos que durante la madrugada había intercambiado con Leo; por desgracia no le tenía muchos detalles, salvo que su padre le había preguntado qué era lo que estaba sucediendo exactamente entre él y Donatello. Su hermano mayor le advirtió que aparentemente no se había creído la excusa de que "acaban de reconciliarse y por eso es que se tienen mucha atención entre ambos".

Maldición. Si Leonardo no había podido convencerlo con una explicación como esa, nada más en este mundo podría hacerlo.

Splinter confiaba ciegamente en el mayor, por lo que una simple duda sobre el definía a la perfección el tipo de conversaciones que se avecinaba si es que lo llamaba para hablar a solas.

Se acomodó nuevamente en la cama y llevó la mano a donde apenas poco tiempo atrás la mantenía entrelazada con la de Donnie, como queriendo encontrarse nuevamente con ella.

«¿Qué pasará si Splinter nos exilia?» Se preguntó, imaginando claramente frente a él, la mirada triste y deshecha de Donatello al saberse rechazado por su padre. «¿Qué pasará con nosotros? ¿Con Jade?».

Emitió un gran suspiro antes de revolver las sabanas para terminar de cubrirse por completo; deseaba quedarse así un poco más, pero sabía que era hora de levantarse, lavarse un poco e ir a desayunar antes de que fueran llamados al entrenamiento, o de lo contrario pasaría horas gastando energía con el estomago vacío; si Splinter se molestaba porque llegaban tarde al entrenamiento, no quería imaginar su humor si dicha sospecha se encontraba rondando su mente desde la noche anterior.

Todo estaba en completo silencio; exactamente como no debería estar el ambiente cuando hay niños en casa. Aquello era lo contrario a todas aquellas advertencias que se les hizo en cuanto el bebé naciera. En un principio supo que era verdad, pues el día anterior los llantos de su hija lograban escucharse por cada rincón de la guarida cada vez que tenía hambre o se había ensuciado.

Había resultado ser una bebé muy escandalosa, "Tal y como tú lo eras, Raphael", aclaró su padre el día anterior.

—Buenos días, Aurora.

Apenas escuchó esto de la graciosa voz de Donatello, se levantó; creyó que en este momento su hermano se encontraría desayunando o atendiendo a Jade, pero se decidió por ir a buscarlo. O al menos eso imaginó hasta que lo vio acercarse a la cama con una pequeña bandeja de madera con algo de comida recién preparada, pues aún se podía ver el ligero vapor que emitía el calor de esta.

—¿Quién es Aurora? —preguntó, recargándose un poco sobre el respaldo y acomodando la blanca sabana sobre sus piernas antes de que Donnie llegara a su lado.

Donatello simplemente rodó los ojos ante esta pregunta; parece que no había comprendido el chiste de sus palabras de buenos días.

—Olvídalo —le pidió, extendiendo las pequeñas patas de la bandeja para colocar la ahora mesita junto a él, sobre la cama—. Espero que te guste lo que te preparé para desayunar.

Raphael observó fugazmente lo que había sobre aquellos escasos platillos calientes, y vaya que esos panecillos tostados en exceso y el café humeante no se le antojaban del todo. Su hermano no era buen cocinero y eso lo sabía a la perfección.

Así decidió ignorar un poco aquella comida de aspecto extraño para poner toda su atención sobre su hermano, que ya tomaba asiento a su lado y lo miraba con… ¿ilusión?

—¿Dónde está Jade? —intentó disimular su nerviosismo para reemplazar aquella mirada tonta.

—Despertó muy temprano, así que le di de comer, la limpié un poco y ahora está con Mikey y Leo. Yo… sólo vine a traerte algo para que comieras antes del entrenamiento. Nuestros hermanos están con Splinter en la cocina, pero le dije a nuestro padre que habías dormido mal por atender a Jade y permitió que te quedaras en cama un poco más. Yo vine sólo con la excusa de hacer que comieras un poco.

Lo notó nervioso; y lo supo porque nunca dejó la mirada sobre un solo lugar dentro de la habitación. Ni siquiera sobre él.

Quería darle las gracias; tanto por el desayuno, que evidentemente no comería, como por el hecho de haber mentido un poco a su padre para que siguiera descansando.

Pero el agradecimiento que deseaba compartir no duró mucho dentro de sus pensamientos porque sintió el cuerpo de su hermano hacer mucho más peso sobre la cama cuando hizo la charola de comida a un lado y se acercó mucho más a él.

No le quedó más remedio que recargarse completamente sobre el respaldo de la cama de Donatello porque este había invadido su espacio personal, acorralándolo.

—Gracias, Rapha —murmuró casi sobre su boca, a nada de tocar sus labios con los propios—. El día de ayer fuiste como un héroe para mí y nuestra hija. Tienes un instinto natural de padre que me parece realmente adorable.

Finalmente unió sus labios contra los de Raphael sin tener una sola señal de rechazo por su parte.

No lo sabía; tal vez su hermano deseaba continuar con lo que habían interrumpido el día anterior.

Sin saber si aquél era o no el pensamiento del menor, Raphael dejó de lado las dudas en cuanto dio permiso a la lengua de Donatello entrar en su boca; aquél era el momento exacto en que su mente se volvía en blanco y lo único que tenía eran los movimientos casi en automático de su cuerpo.

Llevó una de sus manos a la nuca del menor y lo obligó a pegarse aún más contra su boca para profundizar ese beso.

Donatello simplemente emitió suspiro tras suspiro; estaba en el paraíso. Tener a su hija viva y estar en los brazos de Raphael no le dejaban ánimos por pedir algo más en la vida.

Los besos de Raphael eran más sinceros que sus palabras, y estos le decían con mucha claridad todo ese deseo que estaba reprimiendo hasta el momento en que sus labios se tocaron.

Aquél momento en que incluso su cuerpo le decía todo lo que estaba guardando sólo para él.

Fue Donatello quien terminó el beso e inmediatamente puso una de sus manos en los labios de Raphael para delinearlos con lentitud al mismo tiempo en que no despegaba la mirada de estos.

Esto provocó al mayor mucho más de lo que llegó a imaginar.

Con una mano, Raphael tomó a Donnie de la cintura mientras que con la otra, estiró una de sus piernas para obligarlo a sentarse sobre sus regazos; el menor emitió una risita bastante tenue pero visible. Aquello simplemente le gustaba.

Sintió las manos de Raphael recorrer su caparazón despacio, contemplándolo, sintiendo con la punta de sus dedos aquellos remolinos tenues que le daban forma. Por su parte, aún sobre los regazos de su hermano, Donatello le rodeó el cuello con los brazos, uniéndose nuevamente en un beso en cuanto sintió aquella mirada verde arder.

El mayor de los hermanos degustó un poco aquellos labios delgados, delineándolos con la lengua antes de probarlo por dentro.

Continuaron el beso hasta que sus labios terminaron hinchados; podían quedarse así durante mucho tiempo y Raphael lo sabía.

Esos besos simplemente lo absorbían por completo.

Cuando los labios de uno descansaron del otro, aquél abrazo que Donatello mantenía sobre su hermano los hizo permanecer así durante un tiempo, por lo que el menor, siguiendo a su instinto, comenzó a mover un poco sus caderas para provocarlo. Esto logró que su pelvis, la cual ya rozaba insistentemente contra la de Raphael, diera una descarga eléctrica en aquella zona baja del cuerpo del mayor.

Al ver que funcionaba, continuó con los movimientos mientras podía ver desde arriba que su hermano cerraba los ojos y echaba la cabeza para atrás, como si deseara concentrarse en las sensaciones que estos movimientos provocaban en su cuerpo.

Aún abrazado de su cuello, observó a detalle los momentos precisos en que Raphael emitía suspiros que intentaba reprimir algo un poco más audible dado a que no se encontraban solos en casa. Fue por eso que continuó con aquellos masajes pélvicos mientras no podía dejar de ver cada una de sus expresiones faciales.

Raphael era exquisito, aunque esto ya lo sabía desde hace tiempo.

Adoraba sus gestos, aquellos guturales sonidos que reprimía en la garganta y sus manos, desobedientes, tomando el control de la situación.

—Raph —gimió por lo bajo—, ¿te-te gusta esto?

No contestó. Simplemente le mostró una maravillosa imagen de su rostro mordiendo sus propios labios, resistiéndose a dejar salir varios suspiros.

Repentinamente, aquél cuya bandana roja permanecía ausente, abrió los ojos con prisa, pues sintió una fuerte y repentina presión sobre su estómago, pero no necesitó observar lo que ahora había entre aquellos dos cuerpos para darse cuenta de lo que estaba sucediendo.

Cuando el menor se vio descubierto, detuvo sus movimientos, cosa que no le causó mucha gracia a Raphael.

—Lo siento —se sonrojó mucho más de lo que ya se encontraba.

—¿Qué ocurre? —preguntó Raphael—. ¿Por qué repentinamente se intercambiaron los papeles y eres tú quien no puede controlarse?

—C-creo que es el tratamiento que me dio la doctora Benett. El exceso de testosterona en mi cuerpo está provocando un desenfrenado aumento en mi deseo sexual. Y para mi mala suerte, creo que no me es suficiente hacer el trabajo yo solo.

Totalmente apenado, Donatello se separó del cuello de su hermano y llevó sus manos a su liberada entrepierna para cubrirse, pero en cuanto Raphael lo vio con intensiones de levantarse, lo detuvo.

—Está bien, Don. Si necesitas sólo una pequeña ayuda para descansar, por mi no hay problema darte una mano.

Apenas dijo esto, obligó a su hermano a descubrir aquella parte baja que aún se mantenía firme y aparentemente dolorosa, pues en cuanto puso una de sus manos sobre esta, el más joven arrojó un suspiro que aparentaba alivio.

Se relajó totalmente en cuanto sintió aquella calidez rodearlo, abrazándose nuevamente al cuello de Raphael mientras este iniciaba un suave masaje sobre su miembro viril, masturbándolo de una forma tan sutil que no pudo evitar soltar una serie de suspiros un tanto audibles.

—Baja la voz, Donnie —le susurró, con el rostro pegado a su cuello mientras el más alto recargaba la barbilla en su cabeza—. No quiero a nuestra familia tratando de averiguar qué en lo que está ocurriendo aquí.

Donatello apretó los labios y asintió; sabía que aquello era cierto, pero era realmente difícil contenerse ante las sensaciones que la mano de Raphael provocaba en aquél lugar tan intimo de su cuerpo.

Supo que Raphael también estaba excitado porque no tardó en liberarse, abrazándose igualmente con sus dedos para aumentar el ritmo de las caricias.

—¡Ah! ¡Mfh! —gimió Donatello; sentir aquél rápido movimiento con la caliente mano de su hermanito mayor, y aquella gruesa y firme virilidad no hacían más que explotar su imaginación a límites no permitidos.

Tenía que recordar que él y Raphael ya no eran amantes, pero aquellas acciones de su parte simplemente lo elevaban mucho más alto de lo que tenía permitido.

Lo malo, es que cuando toda esta adrenalina pasara y las cosas volvieran a la normalidad entre ellos, la caída sería realmente dolorosa.

Salió de sus pensamientos en cuanto Raphael interrumpió lo que estaba haciendo para tomarlo fuertemente de las orillas del caparazón, arrojándolo con fuerza hacia un lado para que quedara totalmente recostado sobre la cama, interponiéndose entre sus piernas para que no lograra cerrarlas en ningún momento.

Se mordió los labios ante la excitante vista que tenía, pues nunca había visto tanto deseo reflejado en los hermosos ojos verdes de su hermano mayor.

—Así eres más vulnerable —sonrió, atrapando nuevamente con una mano ambos miembros, mientras con la otra acariciaba con un poco de presión, una de las alargadas piernas de su hermano.

—Es trampa —jugueteó el menor, rogando internamente porque continuara lo que estaban haciendo segundos antes.

—Descuida; sólo estoy reclamando lo que me dejaste a deber el día de ayer.

Donatello sonrió ante el reclamo de su hermano, previo a iniciar un demandante beso por parte de este.

Esa mañana definitivamente iniciaron con el pie derecho.

Estaba nervioso, y su defectuoso desempeño durante el entrenamiento lo delataba.

Desde el momento en que iniciaron la ya vieja rutina de calentamiento previo a unos ejercicios impuestos por Splinter, Raphael no se había permitido concentrarse en las ordenes, a veces de su padre, otras veces por parte de Leonardo, pues todo el tiempo se mantuvo cautivo por la idea de que su tutor mantenía aquella absurda idea de que él y Donatello mantenían un romance secreto.

Chistó con fastidio al recordar lo débil que había sido aquella mañana al dejarse arrastrar por las caricias de su hermanito genio; si tan sólo Splinter lo supiera, seguramente y sería tortuga frita en estos momentos.

Pero ni siquiera habían concretado el acto sexual; simplemente se limitaron a besos y manoseos, por lo que en realidad "no había pasado algo malo".

Y si era así, ¿por qué se sentía tan presionado?

La respuesta estaba en que la mirada castaña de su padre se concentraba en pequeños lapsos en Donatello, quien como cada mañana desde que su estado físico empeoró, se limitaba a observar los entrenamientos desde una de las esquinas del dojo, sobre un montón de almohadillas para que le resultara más cómodo que con una simple manta.

Todo apuntaría a que su padre se encontraba igualmente deslumbrado con las presencia de la pequeña Jade, la cual permanecía rezongona sobre los brazos de Donnie, envuelta en un par de cobertores para que no sufriera frío mientras manoteaba en ocasiones, inconforme.

Pero aquello no era lo peor; no le bastaba con que su padre se mantuviera al tanto de su mediocridad momentánea para el entrenamiento ni que pasara su vista de él y Donatello a cada momento, no. Lo peor venía cuando todos notaron la cara de idiota que mantenía el joven de badana púrpura en su rostro, concentrándose a veces en los pucheros de su pequeña hija y a veces en la figura bajita de Raphael y absolutamente todos sus movimientos.

Maldición, que hasta parecía que en cualquier momento escupiría corazones luminosos por los ojos y vomitaría estrellas si llegara la casualidad que el de bandana roja le dedicara una sonrisa durante el entrenamiento.

Definitivamente no estaba siendo muy discreto, y esto era algo que se podía sumar libremente a las sospechas de Splinter.

—¡¿Qué te ocurre, Raph?! ¿Podrías concentrarte por un momento? —reclamó Leo, apuntando libremente al cuello de su hermano con una de sus afiladas katanas.

Molesto, Raphael lo observó desde su lugar en el suelo de madera, limpiando con suavidad la comisura de sus labios, por la cual ya resbalaba un par de gotas de sangre.

Desde hace mucho que no ocurría algo tan drástico como el que uno de sus hermanos lo hiriera hasta sangrar durante los entrenamientos, pero es que los nervios de saberse descubierto lo estaban destrozando por dentro.

Simplemente no podía concentrarse.

Aprovechando que Leonardo hizo un movimiento más en cuanto se puso de pie, logró hacer resbalar una de sus Sai por todo el pulido suelo, hasta que topara con los almohadones donde descansaba Donatello, por lo que despacio se acercó a él, agachándose un poco para levantar su preciada arma.

—¿Puedes por favor disimular un poco lo que está pasando por tu cabeza? —exigió a regañadientes, intentando que nadie más escuchara lo que le estaba diciendo.

Se mantuvo un poco más frente a su hermano mientras acariciaba con sus rasposos dedos las tersas mejillas de su pequeña Jade.

—¿Qué? ¿De qué hablas? —preguntó Donnie en un breve murmuro.

—Hablo de que dejes de verme con esa cara de idiota mientras estoy entrenando, ¿o a caso quieres que Splinter nos descubra?

Inmediatamente, Donatello cayó de su nube, asomándose un poco por uno de los costados de su hermano sólo para ver cómo es que ambos tenían la atención completa de todos los presentes; pero definitivamente la mirada más inquietante, era la que su propio padre mantenía sobre ambos.

Pero, ¿por qué debería disimular? ¿Precisamente qué era lo que tenía que disfrazar ante los demás? Hasta donde sabía, él y Raphael no tenían ningún tipo de relación aparte de ser hermanos y más recientemente, el convertirse en padres de una linda señorita de apenas un día y medio de nacida.

Sintió una pequeña palmada en la cabeza previa a que Rapha diera la media vuelta para volver a reunirse con Leo y Mikey, continuando así su entrenamiento.

Donatello enrojeció en cuanto notó a su hermanito menor actuando exagerados besos, evidenciando así que se había dado cuenta del porqué se encontraba así de contento y embobado hasta la medula con cada uno de los movimientos de Raphael durante el entrenamiento.

Gracias a eso vio a Leo reírse por lo bajo mientras Raphael golpeaba con el puño sus hombros, exigiendo que se calmaran.

Esto se estaba tornando más extraño de lo que esperaba.

Pero algo le decía que no todo eran juegos y boberías por parte de sus hermanos, pues apenas sus ojos rojizos se toparon con los de Splinter, se nerviosismo afloró, como hace mucho tiempo no pasaba; su padre se mantenía calmado pero atento, por lo que aquella atenta mirada sobre él, y lo que había ocurrido recientemente con Raphael, habían conseguido inquietarlo notablemente.

Decidió que tenía que distraer su vista y pensamientos hacía otra cosa antes de que todo se pusiera más animado y confuso, por lo que comenzó por acunar nuevamente a su hija en sus brazos, inquietándola un poco más hasta provocar que sus manitas comenzaran moverse de arriba abajo hasta salirse completamente de los pequeños cobertores azules que la protegían.

Ahora entendía de lo que hablaba Raphael al pedirle que disimulara un poco.

Tal vez fue por eso que en cuanto el entrenamiento terminó y Splinter emprendió el camino a su habitación para descansar un poco antes de que Mikey sirviera la comida, Rapha le pidió verlo en su habitación en quince minutos; tenían que hablar de algo importante, aparentemente.

Y realmente moría por saber qué era lo que el de rojo le tenía preparado; sabía que no se trataba de algo espectacular o romántico, pues aquello no era el tipo de cosas que su hermano haría, pero por lo menos ya se encontraba preparado psicológicamente para todo.

Una llamada de atención, una propuesta, o hasta incluso un nuevo rechazo.

Pero sólo de acordarse de lo que habían hecho aquella mañana, le resultaba imposible, o ridículo, pensar en que se trataba de un nuevo rechazo.

Se sonrojó en cuanto recordó el rostro de su hermano ante sus movimientos y sus caricias; lo había disfrutado tanto como él. De eso no le quedaban dudas.

Así que abrazando un poco más el minúsculo cuerpecito de su hija entre sus brazos y con un color rojo difícil de disimular en su rostro, tocó la puerta de la habitación de Raphael, asegurándose de que nadie más estuviera alrededor para darse cuenta de que se encontraban solos.

Rápidamente Raphael abrió la puerta y le ordenó poco sutilmente que entrara, pues parecía estarlo esperando ansiosamente desde hace unos minutos.

—¿Ocurre algo? —preguntó el más alto al ver que su hermano cerraba presurosamente la puerta, asegurándola con un pequeño pasador y el candado en la perilla.

—Más bien, ¿ocurre algo malo contigo? —presionó, evidentemente molesto con Donatello—. ¿Qué eran esas miradas de niña enamorada mientras entrenaba con los demás?

—B-bueno, Raph, es sólo que estaba muy feliz por todo lo que me ha pasado últimamente —se excusó, envolviendo un poco más el cuerpecito de su hija entre sus brazos al saberla dormida y totalmente ajena a la discusión.

—En ese caso tienes que esforzarte un poco más por no evidenciar ante los demás lo que sientes por mí —reclamó—. Recuerda que sólo somos hermanos, Donnie. Y es verdad, ahora también somos los padres de Jade, pero sólo eso. ¿Lo entiendes, verdad?

Donatello agachó la mirada, evitando mostrarle así lo que comenzaba a acumularse en su pecho.

Aquella caída había dolido… mucho.

—Splinter sospecha —dijo rápidamente, intentando evitar que su hermanito se pusiera sentimental.

Pero lejos de distraerse, el hueco en el pecho de Donatello se hizo más grande.

—¿Qué es lo que sospecha? —se puso en su plan el más alto—. ¿Que somos padres? ¿Que todo el tiempo discutimos? No te pongas paranoico, Raph. Splinter jamás sospecharía tal cosa; eres el hermano con el que menos química tengo, al menos frente a todo mundo. Él… simplemente debe pensar que es raro que últimamente seas tan atento conmigo. Sólo eso.

—Es nuestro padre, Donnie. Sabes perfectamente que es más agudo de lo que muestra todo el tiempo. Así que tienes que comportarte a la altura y dejar de verme como si quisieras comerme todo el tiempo.

—¡¿Q-que yo qué?! —preguntó, un poco alterado y completamente rojo—. ¡No hago eso!

—¡Sí! ¡Lo haces! ¡Y lo acabas de hacer mientras entrenábamos!

—Raphael, yo no…

—Deja eso por la paz, Donnie —bufó, molesto—. ¡Rayos! Realmente no debió pasar eso por la mañana.

Donatello se quedó sin habla, observando sin parpadear a su hermano, que no pudo sostenerle la mirada porque la pasaba de él a Jade, o a cualquier parte de aquella apenas iluminada habitación.

En el fondo, el más alto sabía que sus palabras no eran del todo ciertas.

No respondió porque su hijita volvió a mover los brazos para descubrirse de aquél estorboso cobertor, por lo que al sentir los brazos de su madre volver a cubrirla rompió en llanto. De nuevo.

Raphael rodó los ojos y decidió salir; en su mente daba gracias de que Jade se decidiera por hacer un berrinche en este preciso momento.

Pero Donatello no se tragó todo eso.

Decidió ignorar el momento en que Raphael salió de la habitación dando un sonoro portazo, pues su hija lo necesitaba mucho más en estos momentos; aunque fuera sólo para atender una rabieta.

La desarropó y finalmente dejó de quejarse para comenzar a reír abiertamente, por lo que la acercó a su rostro para poder hablar claramente con ella.

—¿Así que también sacaste el carácter de tu padre, eh? Tal parece que eres su vivo retrato.

Tras esto la besó en su hinchado pero minúsculo estómago y ella comenzó a reír aún más sonoramente, pues aquél toque gracioso se desvió justo a sus manitas.

Donatello la observó con adoración sólo para descubrirse que si se viera en un espejo en estos momentos seguramente se vería a sí mismo con cara de idiota mientras se encontrara a nada de babear.

Tal vez era eso a lo que se refería Raphael con que "aprendiera a disimular".

Abrazó nuevamente a su rezongona hija y salió de aquella habitación; mientras era cierto o falso aquello que su hermano decía más valía que nadie de su familia lo vieran salir de una habitación que no era suya.

Aquella manita, la más pequeña que había visto en su vida y que por una hermosa casualidad del destino tenía exactamente su mismo color de piel, pues lo reafirmaba al mantenerla aferrada en uno de sus dedos grandes, donde podía comparar claramente ese verde esmeralda con el suyo.

Su intención inicial era que se durmiera, pues tras el gran espectáculo que había dado la doctora Bennet cuando llegó a la guarida la había perturbado un poco.

Esa señora había llegado casi de la misma manera en que lo había hecho April días anteriores, extendiendo los brazos y arrebatándole a la bebé a Donatello para poder contemplarla más de cerca.

Y de igual forma, había quedado cautivada con la gracia y carisma de la niña, la cual rió y palmeó el rostro de la mujer hasta tumbarle las gafas y estirar uno de sus negros rizos.

Esto último había sido incluso más gracioso que Donatello soportando las nauseas de tener que cambiar un pañal sin su ayuda; o la de alguien más.

Dado que no podía hacer que la niña se durmiera, decidió rendirse y caminar hacia el amontonado grupo que permanecía en la estancia, ocupando casi todos los lugares de los sillones mientras charlaban amenamente; tal vez escuchar más ruido pudiera arrullarla un poco.

Llegó hasta donde se encontraba Leo hablando animadamente con April, la cual reía en momentos al tiempo en que acariciaba su ya notable vientre redondo.

—Yo… —comenzó para llamar la atención de ambos—… creo que jamás he cruzado palabra con la doctora como para pedirle directamente que me confíe el estado de salud de Donnie, así que… ¿qué tal lo ven ustedes? ¿Ella les ha mencionado algo que yo no sepa?

Aquella era su forma "sutil" de tratar de averiguar lo que estaba ocurriendo con su hermano, pues de unos días para acá se había metido en una actitud bastante problemática para él.

Realmente no preguntaría directamente el porqué de que Donnie se comportara tan "accesible" con él durante estos últimos días. Lo encontraba observándolo mientras comían, intentando entrar a la ducha cuando él se encontraba bañando o incluso invitándolo a su habitación las mañanas previas a los entrenamientos.

Era evidente que no había aceptado durante todo este tiempo, pero realmente le urgía que se llevara a cabo la dichosa operación para que pudiera terminar con ese tratamiento que aumentaba su deseo sexual.

Más de una vez se vio tentado en "ayudarle", pero había decidido mantenerse lo más alejado posible de él para no verse involucrado. Y mucho menos cuando los nervios lo carcomían al preguntarse qué era lo que pasaba por la mente de su padre.

—¿De qué hablas, Raph? —preguntó Leo, ayudando a April a ponerse de pie en cuando la vio moverse en su lugar—. Todos sabemos exactamente lo mismo. Además; la doctora no había venido en varios días y es por eso que apenas le está haciendo un chequeo más a Donnie.

—¿Te preocupa algo, Raph? —se mostró un tanto curiosa la mujer, con una mirada perspicaz sobre él.

—No; sé que estará bien, pero… —realmente no sabía cómo mencionarlo—… olvídenlo.

Un tanto molesto por no conseguir un poco más de información, accedió a la petición de April por cargar a su hija tras ofrecerle el dormirla un poco, por lo que él y Leo se quedaron hablando a solas.

Notó que Mikey se acercó a la chica para intentar tomarla en brazos él, pero la embarazada no se lo permitió. Y por otro lado notó a su padre sirviendo un poco de té a Casey mientras le hacía varias preguntas; seguramente para estar al tanto de lo que ocurría con el desarrollo del futuro Jones.

Él y Leo estaban solos.

—¿Splinter te ha hecho algunas preguntas? —fue el mayor quien inició con la conversación.

—No realmente, pero he notado que no me quita la vista a veces. Incluso a Don. A veces siento que puede leer nuestras mentes. Y para colmo Donnie…

Nuevamente se había quedado con las palabras en la boca al no poder mencionar libremente lo que pasaba con su hermano. Eso que únicamente a Raphael le mostraba. Leonardo sonrió un tanto comprensivo; aún le era difícil ver lo que sentía por Donatello.

—Lo sé, Raph —intentó tranquilizarlo, siendo él quien expusiera el caso—. Donnie aprovecha cada momento sin nuestro padre y Jade para intentar seducirte. Es bastante obvio.

—¿Cómo te diste cuenta? —expresó, intentando no ponerse rojo dado a que su familia estaba presente. No quería a todos encima pensando que se estaba enfermando nuevamente.

—Por favor, hermano. Donnie es un libro abierto desde que nació Jade. Cuando uno de nosotros se la lleva, parece que lo único que quiere es llevarte en brazos a cualquier lugar donde puedan estar a solas. ¡Es bastante obvio!

—¡Exacto! Y eso es lo que me está causando problemas con nuestro padre. ¿Recuerdas la mañana del entrenamiento en que me venciste fácilmente?

Leonardo asintió, comprensivo. Era evidente que se enteró de lo que había ocurrido. Y si para él había sido relativamente sencillo, no podía imaginar para Splinter.

—¿Hay algo que lo esté afectando? —preguntó el mayor—. Es que… pareciera no se él durante algunos momentos. Parece un tanto… ansioso.

Raphael enrojeció aún más y desvió su verde mirada a cualquier lugar de la estancia que no fuera la presencia de Leo. Aquello no era tan fácil como lo hacía ver su querido hermano mayor.

—El tratamiento que le proporcionó la doctora a base de testosterona… Es… está aumentando su deseo sexual en niveles que no puede soportar todo el tiempo.

—Oh… —fue lo único que logró decir Leo antes de pensar bien las cosas—. Bien, pues, tienes que pedirle que se controle. Y si no puede… ayúdale.

El rostro de Raphael arrojó vapor, peo era una extraña combinación entre vergüenza e ira por recibir aquella propuesta por parte de Leo. Este simplemente sonrió; era obvio que reaccionaría así y fue por eso que lo dijo.

Se disculpó rápidamente cuando lo vio apretar los puños; quería evitar una riña estando toda su familia presente.

—Guárdate esos comentarios sólo para ti, ¿quieres?

—Bien, bien, lo siento —continuó con unas tenues risas que por lo menos llamaron la atención de la mitad de los presentes—. Pero no deberías apresurar las cosas entre la doctora y Donatello. Sabes que ella es una genio en cualquier cosa que haga; elegirá la mejor opción para su bien estar.

Quería responder a su hermano y hacerle ver que lo sabía; que la doctora era la mejor opción que siempre han tenido para que Donatello se recupere por completo. Pero evito decir algo más cuando escuchó la puerta del laboratorio abrirse. Todos pusieron completa atención a las figuras de Ángela y Donatello saliendo del santuario científico del jovencito, pero antes que alguien se animara a siquiera hacer una pregunta sobre cómo había resultado el chequeo médico, la mujer resbaló de las pocas escaleras situadas frente a la puerta, alarmando por completo a todos aquellos que vieron la escena en primera fila.

Casey y Mikey se apresuraron a ayudarla, mientras con bastante cuidado Donatello se les unió para atender a la mujer.

Raphael simplemente se quedó sin habla, observando cada momento como en cámara lenta mientras se repetía una y mil veces que ella era más inteligente de lo que aparentaba con esa torpeza en sus distraídos pies. ¡Pero vaya que se empeñaba en no mostrarlo!

Escuchó a Leo suspirar; era evidente que pasaba exactamente lo mismo por su cabeza.

Pero tenían que confiar; sólo en sus manos estaba el bien estar de Donatello.

—¿Se encuentra bien, señorita Bennet? —preguntó Splinter al ver a la mujer apretar las mejillas de Mikey tras brindarle su ayuda.

—Descuide, estoy perfecta. Es sólo que pensaba en un buen trago después de revisar a Donatello y darme cuenta de lo que ocurre. ¿Alguien sabe donde hay una licorería cerca de aquí?

Tras esa pregunta todos callaron, pues se perdieron en las primeras palabras que habían salido de su boca.

—¿Qué fue lo primero que dijo? —preguntó presuroso el padre.

Ángela se dio cuenta de que había soltado información antes de tiempo, por lo que resignada, le pidió a Splinter que la siguiera para hablar en privado mientras llevaba de la mano a Donatello.

Y ante la mirada atenta de todos los demás, se quitó las gafas para ver directamente a…

—Raphael, ¿vienes?

Tragó saliva justo después de que Leonardo ahogó un gemido de impresión por haber mencionado precisamente a su hermano Raphael. Esto no pintaba bueno; mucho menos para el joven rudo.

—¡Oh! Y trae a Jade contigo, por favor.

Ahora sí, esto lo hacía sudar la gota gorda.

Le parecieron eternos los segundos en que marcharon lenta y silenciosamente a la cocina, lugar donde podían cerrar la puerta y de paso beber un té un poco más fuerte que el que anteriormente Splinter le había servido a Casey.

O quién sabe, tal vez había mucho más opciones para elegir.

Fue Raphael quien cerró la puerta al entrar después de que les dio el pase a los demás cuando la doctora le arrebató nuevamente a Jade de los brazos. La cara de la niña, lejos de parecer fastidiada por visitar distintos pares de brazos aquél día, pareció feliz de volver a encontrarse con el rostro de felicidad de la mujer.

"Te dije que soy buena con los niños", fue lo que dijo antes de alejarse de él.

Pero simplemente no estaba preparado para ver aquella escena el momento en que, después de cerrar la puerta con seguro, se giró al interior de la cocina.

Todo parecía serio y bastante normal, pues Splinter había tomado asiento en una de las cabeceras de la mesa y sentó a Donatello a su lado derecho mientras acariciaba amablemente su mano; parecía estar más nervioso él que el propio Donnie.

No, pero aquello no era lo que había llamado su completa atención en aquel momento, si no aquella extraña mujer cerrando la puerta del refrigerador después de sacar una lata de cerveza, pues traía un extraño artefacto colgando de sus hombros y abrochado justo en su pequeña cintura, el cual asimilaba a una de esas bolsas que sólo poseen las mamás canguro, en la cual había colocado a la pequeña Jade para evitar cargarla.

Estuvo a punto de reclamar el que pusiera en una cosas de esas a su hija de apenas unos días de nacida, pero la niña pareció disfrutarlo a cada segundo, pues simulaba dar brinquitos en aquella cangurera y reía sonoramente.

Donatello y Splinter la observaron con una sonrisa en sus rostros; aquella escena de Jade riendo sin parar era como luz para sus ojos.

—Bien, comencemos —la voz de la mujer interrumpió sus pensamientos—. Raphael, ¿porqué dejaste que tu hermano tuviera una recaída?

El rostro del aludido se volvió de total desconcierto ante el reclamo de la doctora, pues le resultó una completa sorpresa.

—¿Que Donnie, qué? —preguntó, ignorante.

—Previo al nacimiento de Jade, él parecía estar mejorando día con día, y ahora que vuelvo a verlo, resulta que este jovencito está mucho más fatigado que antes, pues dice que le es difícil dormir por las noches. Y es evidente que se trata de todos los cuidados que tiene para con Jade.

—E-es lo más normal —quiso defenderse—. Si la niña duerme en su habitación es normal que si se despierta sea Donnie quien la atienda.

—¿Y por qué ocurre eso, hijo? —preguntó esta vez Splinter—. Antes de que su hija naciera, tú estabas al pendiente de Donatello todo el tiempo, y estos últimos días pareciera que simplemente estás huyendo de él y Jade.

Comenzó a ponerse nervioso.

Donatello comenzó a ponerse nervioso, también.

Ambos sabían muy bien el porqué, pero era evidente que no lo dirían; mucho menos con Splinter presente.

—Él no tiene la culpa —hablo finalmente Donatello, retirando su mano del sutil toque de su padre—. Hay veces que necesito estar sólo… I-incluso sin Jade.

—Es lógico, cariño —lo ayudó la doctora—. El tratamiento que aún llevas a cabo está creando reacciones en tu cuerpo que no puedes controlar, como hombre. Pero eso no significa que tu familia tenga que descuidar tu salud. Gracias a esto la cirugía debe atrasarse una semana más; y créeme, ya es mucho tiempo y puedes correr peligro.

Tanto Donatello como Raphael permanecían cabizbajos; no querían ver a la cara a su padre. El primero porque supo que se había enterado de la peor manera de su descontrol hormonal y las consecuencias que esto tenía en su cuerpo joven e inexperto. Y el segundo porque sabía perfectamente lo que significaba; sería su deber estar atento a lo que ocurriera con Donatello la próxima semana y estar ahí cada vez que necesitara su ayuda para cuidar de Jade.

No importando la hora ni el día.

Y todo por el bien estar de Donatello.

—Supongo que está decidido —intentó finalizar el hombre roedor—. ¿A menos que quieras que asigne a alguien más al cuidado de tu hermano, Raphael? —preguntó—. No sé, tal vez Leonardo.

Estuvo nada de responder que sí, tentado completamente a deslindarse de tener puestos los ojos todo el tiempo sobre Donatello, pero simplemente no soportó la idea.

—Está bien, padre —suspiró—. Donatello y Jade son mi responsabilidad. Cuidaré de ellos hasta que mi hermano salga de su operación y se recupere por completo.

Splinter asintió, comprensivo. E incluso notó a Ángela sonreír ante su respuesta, pues la salud de Donatello no era para menospreciarse. A parte de que lo obligaría a seguir al pie de la letra todo el medicamento restante.

El único que no pareció contento fue Donatello, quien desde su respuesta no se había permitido mirarlo a la cara, pues parecía molesto.

Fue por eso que se levantó primero de la mesa y decidió salir de aquella cocina donde todos parecieron tratarlo como a un niño pequeño. Él también era el padre de Jade, y pareciera que estaban tratando con su hermanito. Sobre todo Raphael y su padre.

—¡Donatello, cariño! ¡Aún no te doy el resto del tratamiento! —elevó la voz, intentando que el jovencito regresara a su lugar, pero aquello jamás ocurrió.

—Está bien, señorita Bennet. Se deben cumplir sus órdenes al pie de la letra y mi hijo lo sabe; ambos lo saben —fijó su pesada mirada sobre Raphael, quien aún permanecía sentado al otro lado de la mesa—. Nada de actividades que provoquen el cansancio extremo de Donatello, ¿cierto, doctora?

La mujer, sabiendo que había algo más escondido en aquellas palabras, simplemente respondió afirmativamente.

—Por supuesto. Sólo eviten ponerse nerviosos ante todo esto.

—Descuida, doctora —siguió con la conversación el más joven presente—. Es normal que lo estemos.

—Cariño, si tú estás nervioso, sólo imagínate yo, que nunca en mi carrera he hecho una cirugía parecida.

La mujer abrió la lata de cerveza y le dio un largo trago ante las atentas miradas de Raphael y Splinter. A estos últimos realmente parecía que sus ojos se desorbitarían en cualquier momento y se saldrían de sus cuencas ante este comentario tan desatinado por parte de la mujer.

Ella simplemente le hizo un par de gestos extraños a la lata fría de cerveza y la dejó en la mesa, frente a un totalmente impactado Raphael sólo para después caminar tranquilamente a la salida, aún con la bebé en esa extraña bolsa color azul, pues aparentemente también había caído en el engaño de que Jade nacería siendo varón.

Así fue como, abrumado ante la presión que significaba el quedarse a solas con su padre, prefirió ponerse de pie y marcharse, pero…

—Raphael —lo llamó antes de que se marchara—. Por favor, toma asiento, hijo mío.

Bufó sonoramente ante aquella petición; era evidente que no deseaba tener aquella charla. Y el largo silencio de Splinter cuando se sirvió un poco de agua y la bebió calmadamente, no hizo más que aumentar su nerviosismo.

—Estoy muy orgulloso de ti, Raphael —soltó finalmente.

¿Qué? ¿Splinter había dicho qué?

—N-no entiendo —preguntó, disimulando cada vez más su inquietud—. Acaban de sermonearme por una leve recaída en Donatello, ¿y ahora me felicita?

El padre, comprensivo, sonrió tenuemente; era evidente que ignoraba la razón por la cual se encontraba contento con su desempeño.

—Me refiero al hecho de que, después de la actitud que todos teníamos en contra tuya tras enterarte de lo que tu hermano había hecho sin tu permiso, decidiste hacerte cargo de esa niña, aún y cuando tenías todo el derecho de pasar de dicha responsabilidad; a final de cuentas, era algo que se hizo sin tu consentimiento, y aún así afrontaste los hechos como un verdadero hombre y te convertiste en un padre para mi nieta. Y en un apoyo incondicional para Donatello.

Raphael se sonrojó ante estas palabras; sinceramente no se esperaba tal apreciación por parte de su padre y su familia en general. Pero la tarea era más sencilla de lo que imaginó en cuanto conoció a su hija, pues si estaba seguro de algo, era de qué haría todo lo posible por su seguridad y porque viviera una vida plena y feliz.

Era relativamente fácil si como recompensa obtendría aquella bonita risa inocente o aquellos pucheros que sólo la hacían ver aún más hermosa de lo que ya eran sus expresivos ojos verdes.

Idénticos a los de él.

—Descuida, Splinter. Amo a Jade y es mi hija, jamás me opondría a hacerme cargo de ella.

—Eso lo sé, hijo. Aquí la cuestión es, que te debo una disculpa —impresionado, Raphael calló—. Me alegra que te hayas decidido por tu hija, pero en un principio jamás debí querer obligarte a verla como tal; y mucho menos el intentar que perdonaras a tu hermano por los errores que ha cometido recientemente. Al parecer me dejé llevar por el momento tan acalorado por el que ambos estaban pasando.

—Supongo —desvió la mirada al menos un par de veces.

¿Cómo decirle a su padre que la razón más fuerte, aún más que el hecho de concebir a Jade sin su consentimiento, recaía sobre el engaño que Donatello le hizo creer desde que se convirtieron en "amantes por contrato"?

—Desde entonces sé que hubo más entre ustedes. Algo más que no han querido sacar a la luz y lo entiendo; ustedes son adultos y ya no es necesario que me cuenten todo lo que ocurre en su vida privada, pero… Sólo recuerda que ustedes son hermanos, Raphael.

Ahí estaba de nuevo, ese hueco en su estomago creciendo cada vez más conforme su padre avanzaba con aquella conversación tan extraña.

—Cualquier acción que cometan en contra de su lazo de hermandad seguirá presente por el resto de sus vidas y podría poner en riesgo nuestra integridad como familia. Lo sabes perfectamente, ¿verdad?

¿Qué quería decir con eso? ¿Se estaba refiriendo a que debían de dejar sus peleas de hermanos por la paz? ¿O lo decía específicamente porque sabía que él y Donnie…?

—Splinter, yo…

—Raphael —lo interrumpió de nuevo, esta vez poniéndose de pie para caminar directo hasta la salida—; sé perfectamente que entre tu hermano y tú hay algo más, así que, si me entero de que te has aprovechado de su estado, las consecuencias serán graves. ¿Entendido?

—Donatello y yo no somos amantes, si eso es lo que te preocupa. Es mi hermano, ¿recuerdas?

No supo cómo, pero había reunido el valor y la templanza para decir aquello sin mostrarse como un niño de diez años que es encontrado culpable de golpear a su hermanito menor.

Sólo que esta vez había ocultado el hecho de que se acostó con él.

—Bien.

Era palpable la posibilidad de que su padre no estuviera convencido del todo, pero por lo menos había sobrevivido a esta particular charla.

Sabía que Splinter no se sentiría satisfecho hasta ver que sus actitudes como hermanos volvieran a la normalidad y terminaran peleando por casi todo. Pero las cosas se volverían difíciles si su hermano no dejaba de verlo con adoración cada vez que se encontraba presente o peor aún, él mismo se mantuviera al pendiente de cada cosa que necesitara.

Sobre todo, los siguientes siete días previos a su intervención quirúrgica.

Escuchó la puerta de la cocina cerrarse tras él, y finalmente pudo respirar tranquilo; Leonardo era un maldito sabelotodo que predijo que esto ocurriría.

De cierta forma se sintió culpable por decirle una verdad a medias, pues en realidad él y Donnie no tenían una relación sentimental, aunque eso no quitara que hace tiempo haya terminado por convencerlo para que se metiera a la cama con él, dejándolos en calidad de ex amantes.

Golpeó la mesa antes de tomar la lata a medio beber sobre esta; Splinter no tenía porqué enterarse. Como lo había dicho unos minutos atrás, él y Donatello eran adultos, por lo que podían decidir libremente qué contarle a su familia y qué no.

Despertó de golpe cuando creyó haber escuchado los llantos de Jade llegar hasta su habitación.

Entonces era cierto aquello de que vivir con un bebé era extremadamente agotador; más que nada cuando la mente te jugaba una broma y tu reaccionas en automático.

Era como cuando de niño jugaba por varios días un mismo juego que incluso podía soñar con él; pero este caso era mucho más serio. Si escuchaba el llanto de Jade, lo primero que se le venía a la mente era correr hasta la habitación de Donatello para asegurarse de que se encontraba a salvo.

Tal vez fue por eso que no se quedaría tranquilo hasta verificar que su hija no estuviera quejándose por algo, aunque se tratara de lo más mínimo.

Odiaba escucharla llorar, pues además de que le reventaba los tímpanos, era como imaginar que le dolía algo. Y eso no lo soportaba.

Salió despacio de su habitación y caminó hasta estar frente a la puerta que tenía un gran letrero rojo con el nombre de "Donnie", y un poco más abajo, uno más pequeño con hermosas letras rosadas que formaba el nombre de su hija.

Cerró los ojos, aliviado. Su buen y entrenado oído le decía que aquellas dos respiraciones apacibles dormían sin problema alguno.

Antes de dar media vuelta y regresar a su habitación, logró ver un apenas notable hilo de luz que venía más allá de la estancia, y aunque podía precisamente de donde provenía, sabía que alguien estaba teniendo problemas para dormir y se dedicaba a pasar el tiempo en la cocina.

Bien; si Mikey o Leo se encontraban degustando un pequeño bocadillo de media noche, lo acompañaría un momento; en verdad no tenía ganas de volver a la cama por ahora.

A estas alturas ya debía haberse enfriado.

—¿Qué ocurre, Julieta? ¿Romeo no pudo cumplir esta noche? —intentó hacerse el gracioso, imaginando que al entrar encontraría a Leo o a Mikey degustando algunas golosinas prohibidas, pero cuál fue su sorpresa al darse cuenta de que era Donatello quien se encontraba a la mesa, con una taza humeante y un aspecto espantoso.

Sus ojeras se notaban fácilmente por debajo de sus ojos, mientras mantenía sus manos rodeando la taza con el caliente contenido.

El jovencito se limitó a observarlo de mala gana; parecía estar de malas e indispuesto a soportar bromas tan vulgares.

—No estoy de humor, Raphael —dijo secamente, limpiando algunas gotas de sudor que resbalaban por su diminuta frente—. Si no te molesta, prefiero estar solo un momento.

Lo notó sonrojado y nervioso. En definitiva algo le estaba ocurriendo.

—¿Qué pasa? ¿Tienes problemas para dormir? —preguntó. No se sentiría tranquilo hasta saber que su hermano estaba bien de salud.

—Estoy bien. Sólo necesito está sólo. ¿Puedes…?

—Oye, oye… ¿dejaste a Jade dormir sola en tu habitación? —preguntó. Repentinamente se dio cuenta de que si Donatello se encontraba ahí luchando contra sus malestares, ¿Quién cuidaba a la niña?

—Despreocúpate —se apresuró a decir, antes de saliera corriendo rumbo a su habitación—; le pedí a Leo que descansara un momento con ella para que la cuide. Yo necesitaba salir un momento.

—Significa que… ¿Leo está durmiendo en tu cama?

Sintió un venenoso aguijón dentro de su estómago; aquella imagen no le era muy alentadora, aunque sabía a la perfección que nada había entre sus hermanos.

Además estaba el hecho de había llamado a Leonardo para cuidar de su hija, y no a él, cuando ese mismo día por la tarde habían quedado en que era solo responsabilidad suya el cuidar de ambos.

—¿Algún problema? —preguntó el menor, dándose cuenta de la sarta de idioteces que se estaban formando en la cabeza de su hermano.

—Ninguno —se calmó, estudiando más de cerca la temblorosa figura de Donatello cuando se animó a entrar a la cocina—. La pregunta es… ¿porqué tuviste que salir corriendo de tu habitación y dejar a tu hija al cuidado de alguien más? ¿Qué es más importante que su seguridad?

Donatello suspiró y giró un poco su mirada para esconder el color rojo que cada vez se notaba más en su rostro.

—Sabes perfectamente cuál es la razón por la que a veces no puedo dormir —suspiró. Aquello sería más difícil de lo que esperaba, aunque se tratara de Raphael—. El día de hoy los sueños fueron un poco más gráficos e inevitablemente reaccioné. No voy a permanecer al lado de mi hija recién nacida con estas molestias que no me dejan en paz. Necesito… necesito calmarme un poco y después volver a dormir.

Raphael tragó saliva ante esta respuesta tan sincera; hubiera preferido no enterarse, pues ahora le encontraba sentido a que su hermano mantuviera una almohadilla sobre su entrepierna, evidentemente esperando que no se notara absolutamente nada de lo que lo acomplejaba en aquél momento.

—¿Y-ya hiciste tu trabajo en el baño? —preguntó, tomando instintivamente la silla junto a su hermano, ocupándola.

—Sí. Dos veces.

Tragó aún más saliva, e incluso esta vez Donatello lo escuchó.

Maldición, quería cambiar el tema lo más rápido posible para no poner más nervioso a su hermanito y al mismo tiempo que sus pensamientos se desviaran de aquello que necesitaba para volver a la normalidad.

—¡Ouuuh! Mi espalda —se quejó después de bostezar, moviendo los hombros y agitando un poco su caparazón para tensar los músculos. Al hacer esto, sintió realmente una punzada en su músculo trapecio—. ¡OUH!

Pero había valido la pena al momento en que Donatello dejó la taza sobre la mesa y lo miró con curiosidad.

—¿Qué ocurre?

—Nada importante —se dio un ligero masaje en la parte trasera de su cuello—. Es sólo que los entrenamientos junto a Leo son cada vez más exhaustivos. Parece que hoy logró lastimarme de verdad.

—¿Duele? —preguntó, curioso.

—Algo —se alegró por lo bajo. Había logrado que su hermano dejara de pensar en su propio problema—. Sólo necesito una compresa y…

Escuchó la silla que ocupaba Donatello arrastrarse en cuanto este se levantó, arrojando a un lado la almohadilla que mantenía sobre su regazo. Rápidamente se colocó detrás de él, tocando con la punta de sus dedos el lugar exacto donde había sentido el doloroso estiramiento del músculo.

—¿Es aquí?

—¡Ouh! ¡Ouh! ¡Sí! ¡No toques! —quiso quitarse las manos de encima de la piel de su cuello, hasta que Donatello presionó con fuerza un punto especifico del adolorido músculo.

El cuerpo de Raphael sintió un alivio instantáneo; aquella presión sobre su adolorido cuello había sido tan… liberadora.

—¡Ah! Sigue haciendo eso… —pidió, sintiendo las puntas de los dedos de su hermano recorrerle todo el cuello y parte de sus musculosos e hinchados hombros—. Qué maravilla.

Donatello, a espaldas de Raphael, esbozó una ligera sonrisa. Sentía bien el ayudar a alguien más a obtener un buen descanso si estaba en sus manos. En este caso, literalmente.

Siempre le resultó reconfortante ayudar a sus hermanos a sentir alivio, y qué mejor si se trataba de Raphael. Del maravilloso y sexy padre de su hija.

Extendió los masajes hasta los hombros y parte de aquellos musculosos brazos cuando su hermano lo seguía alentando para que continuara.

—¡Donnie! ¡Eres maravilloso! —continuó, cerrando los ojos para concentrarse totalmente en aquellos deliciosos masajes.

Aquellas manos cálidas hacían maravillas sobre su piel, logrando que su doloroso cuello descansara de los arduos entrenamientos y las palizas que últimamente Leo lograba propinarle.

Si, su hermano se había vuelto increíble en batalla, pero también estaba el hecho de que cada vez se encontraba más cansado gracias al cuidado diario que tenía que darle a su hija.

Además de que…

Abrió los ojos cuando los masajes cesaron y sintió frío tras él cuando su hermano se alejó para caminar presurosamente hasta los gabinetes bajos junto a la estufa, presionando sus manos sobre el mármol brillante.

Se levantó de la silla cuando lo vio temblar y varias gotas de sudor aparecieron en la parte trasera de su cabeza.

—¿Donnie? —quiso acercarse.

—Por favor vete, Raph —dijo con voz áspera, intentando que no pudiera verlo a la cara—. De verdad, necesito está sólo.

Raphael notó que se recargó un poco más sobre el mármol, llevando lentamente sus manos a la entrepierna para cubrirse, evitando así que lo vieran en un acto tan vergonzoso como aquél.

El corazón del mayor se aceleró tras ver su cuerpo en aquél estado; agotado, desesperado, y buscando algunas caricias extras para poder descansar finalmente.

Rápidamente tomó su mano y lo obligó a caminar, aún y cuando se le dificultaba por tratar de cubrir su parte baja para que hermano no lo viera.

Fue arrastrado hasta el baño más grande de la guarida; aquél que era utilizado cuando necesitaba un verdadero momento de relajación dentro de una tina de baño, pues era la única que tenían.

Lo obligó a sentarse sobre el retrete más cercano para quitar las cortinas plastificadas que rodeaban la bañera para abrir la regadera, esperando pacientemente que saliera el agua caliente.

—¿No se supone que esto se quita con agua fría? —preguntó el más alto en cuanto sintió que era tomado de la mano para que se pusiera de pie.

Con una señal, Raphael le ordenó que se metiera a la tina y obedeció, viendo anonadado el momento exacto en que su hermano le hacía compañía bajo el agua caliente.

Ahogó un gemido en cuanto Raphael lo giró un poco, recargándolo contra la fría pared de la regadera, separando un poco sus piernas con una de sus rodillas mientras el agua caliente hacía un excelente trabajo aumentando deliciosamente su temperatura. Sintió algo de presión sobre su cuerpo cuando el mayor se recargó en su caparazón, aplastándolo contra el frio azulejo blanco que se empañaba con el vapor de su boca y el agua caliente.

—No te voy a dar un baño con agua fría, Don… —murmuró Raphael sobre la parte trasera de su cuello, poniendo un poco de presión con sus dientes—… Vamos a aliviar tus pesares con una buena sesión de sexo; pero sólo si estás dispuesto a que sea únicamente por esta noche. ¿Estás de acuerdo con eso?

Donatello no tuvo oportunidad de responder porque su hermano ya lo rodeaba con uno de los brazos, tomando con fuerza su quijada con una de sus manos mientras intentaba introducir uno de sus dedos dentro de su boca con el único objetivo de hacerlo gemir.

Aún así logró asentir, desesperado por conseguir un poco más de aquél delicioso contacto que la presión del cuerpo de Raphael hacía sobre el suyo.

—S-sólo dime ¿porqué lo haces? —preguntó a duras penas cuando sintió uno de los gruesos muslos de su hermano masajear su parte baja, la cual se frotaba resbaladiza gracias a la cantidad de agua que caía sobre sus cuerpos.

—¿Realmente quieres que lo admita? —mordisqueó un poco su hombro derecho, juguetón—. ¿Quieres que te diga lo mucho que me provocas? ¿Lo mucho que te deseo cuando te muestras así de vulnerable? ¿Y lo apetecible que son tus largas piernas?

Una caricia sobre estas y Donatello, aún con medio rostro pegado al cerámico del baño, sonrió radiante; eso lo animaba incluso más que su hermano lo estuviera tocando de aquella manera tan alejada del afecto fraternal.

En cuanto terminó de degustar por momentos los dedos que su hermano había introducido a su boca, aquellas resbaladizas manos se desviaron hasta el sur de su cuerpo, aunque el que comenzara a masturbarlo de aquella manera no era tan necesario debido a lo animado que ya se encontraba hasta estos momentos.

Tenía que recordar que aquella había sido la razón por la que salió corriendo de la habitación que compartía con Jade.

Por este momento decidió mantener lo más alejado posible cualquier pensamiento que tuviera respecto a su hija; no era muy adecuado dado a lo que estaba haciendo con la "madre" de esta.

La temperatura de Raphael aumentó en cuanto aquellos sonidos poco discretos de Donatello llenaron el baño; incluso el sonido del agua chocando contra sus cuerpos y la bañera no lograba disimularlos.

Tarde se dio cuenta de que una de las llaves presionaba fuertemente uno de los hombros de su hermanito genio, lo que posiblemente lo hacía gemir de dolor de vez en cuando.

Giró nuevamente a Donatello para que quedara frente a él, callándolo por un momento cuando atrapó sus labios para iniciar un beso. Uno tan delicioso y vivo como sólo Donatello podía ofrecerle.

Su boca sabía a menta y manzana, lo que delataba que había hurtado los tés que Leo guardaba con mucho recelo. Aunque eso ahora no importaba; sólo agradecía ese delicioso sabor que su hermano compartía en cada rincón que su lengua degustaba dentro de él.

Quería entretenerse un poco más de aquella manera, acariciando los costados del cuerpo de su hermano y besándolo con lentitud. Tenían todo el tiempo. Pero Donatello decidió presionar sus manos contra su pecho, alejándolo un poco de su cuerpo e inevitablemente cortando ese apasionado beso.

El mayor quiso protestar, pero se quedó atónito cuando lo único que vio fue a Donatello resbalar lentamente por la pared de la regadera, relamiendo sus labios y acariciándose a sí mismo hasta quedar sentado dentro de la bañera con el agua caliente hasta su cintura. Pero eso no fue lo más excitante de aquellos lentos movimientos que simple vista buscaban provocarlo aún más, si no que en ningún momento despegó aquellos ojos escarlata de sus hermosas gemas verdes. Claramente estaba invitándolo a que se le uniera, pues cortó el contacto visual para escanear con todo detalle las musculosas piernas de Raphael.

Volvió a lamerse los labios mientras llevaba un dedo a la piel tersa de sus muslos; simplemente no lo había resistido.

Raphael lamentaba cortarle el espectáculo a su hermano tras verlo tan entretenido con cada una de sus gruesas piernas, pero después de bajar las presión del agua que caía sobre ellos, se arrodillo en la bañera, donde cabían perfectamente ambos cuerpos. Apenas se acomodó, Donatello sacó las piernas del agua, enredándolas alrededor de la cintura de su hermano para más comodidad.

No se necesitaban palabras para Raphael saber que su hermanito estaba listo para el siguiente paso, y con la ligera brisa caliente cayendo sobre sus cuerpos, acercó su rostro totalmente enrojecido por el vapor al cuello de Donnie, degustando de aquella piel salada y húmeda que lo invitaba presionar sus dientes sobre esta.

Pero lejos de clavar toda su dentadura en el delgado cuello de su hermano, se decidió por los besos, cosa que seguramente le agradaría más a alguien tan romántico como lo era Donatello.

Y funcionó, pues no tardó en sentir una mano ajena delinear la abertura que ya se encontraba hinchada y derramando algunas gotas de su propia esencia masculina.

Se liberó sin remordimientos en cuanto sintió un poco de presión por parte de esos delgados y alargados dedos, los cuales lo envolvieron rápidamente bajo el agua, jugueteando un poco con su rugosidad, delineándolo con la punta de sus dedos aún a ciegas.

—¿Emocionado? —preguntó después de soltar un sonoro suspiro. El rostro sonrojado de Donatello le decía que le emocionaba el simple hecho de tocarlo de aquella manera—. Descuida, D. Si tus manos pueden hacer maravillas sobre mis hombros, muero por descubrir lo que harán con el resto de mi cuerpo.

El más joven se sonrojó más de lo esperado, pero con Raphael sobre él, apoyando sus manos sobre el filo de la bañera para mantenerse, decidió hacer algo con aquella inesperada petición.

Movió aquella mano que acariciaba con suavidad la virilidad de su hermano, y pasó de delinear cada uno de sus pliegues al nacimiento de aquél vigoroso miembro, acariciando desde ahí hasta la punta, donde se entretenía por un par de segundos para después iniciar aquél maravilloso movimiento.

—Nh… Donnie, eres maravilloso —soltó en un gemido bajo, al mismo tiempo en que su hermanito acompañaba aquellos sensuales movimientos con unos cuantos besos desde el cuello del mayor hasta la clavícula y viceversa—. ¿C-como puedes saber el lugar exacto donde tocar? Es como si supieras todo de mí.

—También soy hombre, Raph. Simplemente toco donde también me gusta.

Raphael sonrió con sorna; justo ahora estaba aprovechando que la mente de Donatello era la más amplia para su propio beneficio. Pero eso no parecía disgustarle a su hermanito.

De esa forma continuaron las caricias, por lo que antes de llegar a derramarse en la mano de su hermanito menor, decidió invertir lo papeles y ser él quien comenzara a darle un poco más de placer al otro.

Fue su turno de dar masajes por todo el cuerpo a su momentánea pareja, por lo que inevitablemente Donatello se vino en sus manos antes poder llegar a un nivel mucho más intimo.

La buena noticia era que ahí no terminaría, pues Donatello aún seguía tan despierto que le fue fácil proseguir con sus planes, no sin antes recibir una disculpa por su precocidad.

—Descuida —dijo comprensivo—. Estamos aquí por esa razón, ¿lo recuerdas?

Donatello reposó la cabeza en la orilla de la bañera antes de asentir, ya un poco más aliviado por aquél hecho tan lamentable, pues aquél dedo grande y caliente tratando de hacerse paso en su interior mediante su zona más privada, lo hizo desviar sus pensamientos a un lugar no muy alejado de aquella bañera, la cual comenzaba a derramar agua por los bordes gracias a los movimientos de Raphael sobre su cuerpo.

Escuchó el chapoteo de aquellos chorros calientes escurrir fuera de su lecho improvisado, cosa que lo ayudaba a concentrarse un poco más en el reciente dolor que le provocó el dedo de Raphael entrando por completo en él.

—¡Ah! ¡R-Raaaph!

Se retorció dentro del agua, provocando que más de esta saliera disparada hacia el piso del baño. Pero Raphael no paró en ningún momento aquellas caricias internas, pues sintió rápidamente, gracias a su otra mano, que Donatello parecía más rígido que nunca, lo que podría provocarle un dolor innecesario si es que tardaba más de lo debido.

A ese dedo se le sumó otro, y después de lograr distinguir por entre las brisa de agua caliente que seguía cayendo sobre ellos, las lagrimas que su hermano comenzó a derramar, decidió que era tiempo de llegar a la cima, por lo que obligó a Donatello a rodearlo con los brazos mientras con su cuerpo logró separar por completo las delgadas piernas de su hermano.

Raphael tenía miles de pensamientos recorriendo su mente justo en ese momento; desde aquél positivo que le decía que esto era sencillamente grandioso y sexy, hasta una súplica interna porque esta vez, Donatello disfrutara por completo del momento.

Aún recordaba aquellas palabras que le provocaron un punzante dolor de estómago al saber que su primera vez juntos había sido devastadora, pues sumándole el hecho de que lo había llamado por otro nombre, terminó por declararle que fue una sesión totalmente insatisfecha.

—Por favor dime que no te has arrepentido —soltó como en una súplica, aferrándose más a su cuello en caso de que le diera por salir corriendo.

El mayor respondió nada; una lucha interna había decidido hacer aparición justo en ese momento.

—¿Raph?

—Donnie —interrumpió—. ¿Realmente te gusto tanto como me has dicho?

El otro se quedó sin respiración. ¿A qué venía todo esto?

—Sabes perfectamente que no sólo me gustas, Raphie —murmuró, impaciente porque volviera a lo que estaban haciendo—. Pero no eso es lo que importa en este momento. Por favor continúa.

—Lo haré si prometes que después de esto, no volverás a pertenecerle a nadie más —sentenció, no sabiendo exactamente lo que salía de su boca.

—¿Qué? —preguntó Donatello, estático, por lo que tuvo que separarse un poco de su hermano para poder verlo a la cara.

¿Decía aquello de verdad?

—Te daré todo el sexo que necesites siempre y cuando no dejes que nadie más te toque de la misma manera en que yo lo hago. No quiero que alguien más provoque estas sensaciones en ti. ¿Estás de acuerdo?

Donatello no sabía que decir, estaba impactado por aquellas palabras. Justo ahora estaba viendo una cara de su hermano que jamás imagino en él, pues si no se equivocaba, estaba siendo celoso y posesivo con él, aún y cuando no tenían ningún lazo romántico que los uniera.

Sólo deseo. Vil y llana atracción carnal.

Apenas y se dibujó una sonrisa nerviosa en su rostro, la cual fue tomada como un "sí, lo que tu digas, Raph" por el mayor, empujó sus caderas despacio para entrar en él, lo cual no le permitió a Donatello darle una respuesta clara y concisa de lo que opinaba sobre su repentino desplante de patanería.

Mientras tanto, en la mente de Raphael, aquél remolino de sentimientos se había calmado un poco al saberse seguro de que Donatello no le pertenecería a nadie más que a él.

Y no se trataba de celos mal logrados, sino que simplemente no deseaba tener que compartir a su hermano con alguien más.

No deseaba que alguien más lo acariciara; lo besara.

Esa inseguridad de no saber qué responder se marchó lejos cuando Raphael siguió moviéndose dentro de él; despacio, con repentinas pausas que lo hacían temblar, y lo sentía al mantener sus delgados brazos alrededor de aquél fibroso cuello.

—P-puedes moverte más rápido si quieres.

Aquello fue un total alivio para su cuerpo entero y su impaciencia por probar un poco más el estrecho interior al que permanecía unido.

Movió con más fuerza y rapidez su pelvis, dando fuertes empujones dentro de Donatello que lo hacían golpear su caparazón contra la grande bañera de cerámica. Sólo que aquello no pareció importarle mucho a su hermanito.

—¡R-Raph! —elevó un poco su voz, intentando controlar los vergonzosos sonidos que aclamaban salir de su boca—. ¡Se siente… diferente!

¿Diferente? ¿En qué sentido de la palabra definía aquél encuentro? ¿Diferente para peor? ¿Para excelente? ¿O tal vez diferente en cuanto incluso dolía más que la primera vez?

Quería preguntar pero no se atrevía del todo; podía hacer una de sus tantas bromas sarcásticas y averiguarlo, pero no le fue necesario porque sus pensamientos se desviaron totalmente a la increíble sensación atrapada entre sus piernas y las de su hermano, pues aquello se intensificó cuando Donatello clavó sus uñas en ambos brazos con desesperación, presionando con fuerza mientras recorría sus esculpidos músculos con estas.

El agua caliente ayudó a que esas superficiales heridas ardieran más de lo acostumbrado, pero no podía quitarle la intención a su hermano de seguir con aquello que lo ayudaba a concentrarse mucho más en las, aparentemente, increíbles sensaciones que se estaban apoderando de él.

—¡Más rápido! Por favor, Raphie —suplicó, con un chillido ahogándose en su garganta mientras su voz se volvía cada vez más delgada y aguda.

Su primer pensamiento era el reclamarle que dejara de llamarle Raphie mientras lo cogía con cada vez más rudeza, pues aquello le quitaba credibilidad al acto, pero no pudo evitar concentrarse mejor en ese extraño pero revelador tono de voz con el que había comenzado a gemir.

Era como imaginar el momento exacto en que una de esas princesas inútiles de los cuentos que le gustaban a Mikey, estuviera resistiéndose a un sonoro estornudo.

Estornudo que jamás llegaría, pues seguía con aquella extraña sinfonía mientras restregaba su rostro en uno de los fuertes hombros del mayor para poder seguirle el ritmo de las embestidas.

No podía negar que era inesperado y gracioso, pero decidió desviar ese pensamiento a algo mucho más alentador; Donatello lo estaba disfrutando. Estaba sintiendo con cada nervio aquella increíble sensación que sólo la unión de dos cuerpos ante algo tan intimo podía ofrecer a cada ser vivo.

Entonces lo obligó a que se separara de él, recostándolo con delicadeza en su lado de la bañera, tomando como almohada el borde de la misma.

Su rostro parecía querer reventar en cualquier momento, por lo que supo aquello que ocurriría a continuación. Sus ojos entreabiertos se clavaron a veces en la regadera justo sobre su cabeza, otras veces en el techo que no lograba distinguirse gracias a la gran cantidad de vapor que opacaba el cuarto de baño entero.

—Donnie, mírame —con una de sus manos tomó su quijada, obligándolo a cruzar sus pupilas escarlata con su resplandeciente verde—. Quiero ver tu rostro cuando termines.

Empujó fuerte y se detuvo; Donatello no pudo hacer otra cosa que cubrir su boca con una de sus manos y con la otra chapotear con fuerza sobre el agua.

—¡R-Raph! ¡Por favor muévete! ¡Anda!

Pero lejos de proseguir sus movimientos de adelante hacia atrás como hasta ahora, Raphael movió sus caderas hacia arriba, dando nuevas sensaciones dentro del cuerpo de su hermano previo a finalizar.

Donatello quería soportar un poco más; ofrecerle algunos segundos más de aquellas contracciones internas que su cuerpo hacía en automático cada vez que era penetrado con la rudeza que sólo caracterizaba a Raphael. Pero hubo algo; un detalle, mínimo, que envió todo por la borda y lo hizo derramarse una vez más entre su cuerpo y el de su hermano mayor.

—Donnie… Donnie, sí. ¡Mhhh!

Su nombre.

Su nombre en los labios de Raphael mientras gemía y llenaba su interior con sus fluidos masculinos; su cuerpo, sucumbiendo ante todos esos deliciosos espasmos que sólo un buen y duradero orgasmo puede ofrecer.

Ahora, justo en este momento, podía darse cuenta de cuan satisfactorio era hacer el amor de verdad con la persona que amas, aún y cuando todo fue un premeditado acuerdo por sucumbir a la pasión momentánea.

Al libido, que después de todo, podía traer cosas muy positivas para él, y su cuerpo.

Había sentido la gloria en sólo escuchar su nombre de los labios de su hermano mientras intimaban y no el de su líder; esta vez era él quien se mantuvo todo este tiempo en la mente de Raphael, y eso no tenía precio.

Decidió prestar un poco más de atención al momento cuando sintió las húmedas manos del mayor acariciar su rostro mientras intentaba robar todo el aire posible dentro de aquél baño.

Sólo hasta ese entonces se dio cuenta de cuan cansado se encontraba, dejándose hacer como vil muñeco de trapo por su amante de aquella noche, pues fue fácilmente manipulado cuando este lo obligó a levantarse para ser él quien se recostara dentro de la bañera, acomodando la cabeza de Donatello en su aún agitado pecho.

Amó permanecer de aquella manera, pues mientras los gemidos de ambos por disipar el cansancio llenaban el ambiente, podía escuchar con detalle el corazón de su hermano latir con desenfreno, amenazando con permanecer así por mucho más tiempo.

—Maldición, Donnie, ¡Que buena estuvo esa! —soltó, abrazando a este con una de sus fuertes extremidades—. Definitivamente me pondré a tus órdenes cada vez que necesites de mi ayuda.

Donatello sonrió dichoso; ¿aquello era una propuesta para convertirse en amantes?

Entonces, aprovechando que permanecía recostado sobre el plastrón de su hermano, comenzó a jugar con las poco profundas rendijas que le daban forma a los músculos pectorales de su hermano, denotando así un poco de nerviosismo para el mayor.

—¿Q-qué significa esto, Raph? —preguntó con seriedad, cortando de tajo la tenue risa de su hermano—. ¿porqué me has pedido que sea exclusivo de tu propiedad cuando no tienes intenciones de volverte mi pareja y hacerte responsable? No me mal interpretes… me agrada la idea de sólo ser compañeros de cama, pero…

No supo como continuar. Necesitaba algunas palabras por parte de Raphael, quien en estos momentos parecía haber terminado con su lucha por conseguir más oxigeno y se había privado de él.

Lo sintió suspirar; aquella respuesta podía ser más interesante de lo que imaginaba.

—Don —se mordió los labios antes de soltar aquellas palabras; no sabía si esto resultaría doloroso para su hermano—, sabes que no puedo pertenecer a alguien; menos si ese alguien es otro hombre. Y ya ni decir que se trata de mi propio hermano.

—Pero Raph, nosotros no…

—¡Lo sé! No somos hermanos de verdad, pero no puedo dejar de verte como tal. Tú estás buscando a alguien que esté a tu lado todo el tiempo. Un romántico empedernido, y sabes a la perfección que eso no es lo mío… lo siento.

Donatello arrugó un poco sus facciones intentando que estás no le provocaran un repentino mar de lagrimas tras escuchar estas palabras; estaba claro que los sentimientos de su hermano se encontraban situados justamente en su entrepierna, y era por eso que lo más fuerte que podía sentir hacia él, a parte del amor fraternal, era deseo.

Calcinante y envolvente deseo que sólo estaba dispuesto a mostrarle a él, siempre y cuando estuvieran solos.

Solos. En una alcoba. Guardando el secreto a absolutamente toda su familia.

Incluso a Leo y Mikey, quienes estaban informados anteriormente de lo que sucedía entre ambos.

Mandó esos pensamientos muy lejos para no demostrarle a su hermano lo mucho que le dolía aquél recordatorio de Raphael por sostener su heterosexualidad.

«Sí, claro. Es evidente que no te gustan los hombres, hermanito», pensó sarcástico, recordando lo sucedido apenas un par de minutos atrás y lo mucho que pareció haberlo disfrutado.

Pero eso no importaba ya; había cedido a sus peticiones con tal de obtener un poco más de él.

Degradante hasta cierto punto, pero le era imposible no aceptar su propuesta después de todos sus esfuerzos por lograr seducirlo. Ahora lo tenía para él en un aspecto que le agradaba lo suficiente como para tener que arriesgarse.

Se relajó por completo cuando con sus dedos comenzó a dibujar círculos y garabatos imaginarios en el estómago de su hermano; se dejaría llevar por la corriente y aprendería a vivir entre los brazos de Raphael a su modo. Sabía que un día de estos su enamoramiento por él terminaría; más bien, debía ocurrir. Sólo de esa forma seguirían siendo hermanos y podían criar hombro con hombro a su hija.

Movió su cabeza y observó directamente a los ojos de Raphael, sonriendo ampliamente.

—¿Porqué esa sonrisa de idiota, Don?

—No sabía que tenías tanto miedo porque los demás descubran que has tenido aventuras con un hombre —rió juguetonamente.

Raphael simplemente se sonrojó y desvió la mirada; ¿porqué tuvo que hacer ese tipo de bromas justo en este momento?

—No es eso, Donnie —se defendió. Iba a tener que mencionar algo que hubiere preferido que su hermanito no se enterara—. Splinter habló conmigo, y después de felicitarme por mi decisión de ser el padre de Jade, me advirtió que no jugara contigo —pausó un poco para pensar muy bien sus próximas palabras—. Dijo que… si descubre que me acosté contigo, habrá consecuencias graves.

Donatello se quedó sin respiración. Abrumado.

No tenía ni idea que algo así haya ocurrido entre Raphael y su padre. Lo que decía claramente que todas sus advertencias porque disimulara más su comportamiento eran ciertas.

Y justo ahora, minutos antes, el mayor había roto la promesa hecha a su padre de no involucrarse amorosamente con Donatello.

Más bien, en su defecto, aquello le daría menor penitencia que el decirle a su padre que había tenido un acostón con Donnie por simple calentura. Maldición, que si se enteraba de eso sería su fin.

—Lo siento —se disculpó el menor—. No tenía idea de que tú y nuestro padre habían tenido una charla como esa, así que lamento haber estado todo este tiempo presionándote para que… Santo Darwin; todo esto es mi culpa.

—Descuida, Donnie —quiso reconfortarlo un poco al ver preocupación en sus pequeños ojos—, lo convencí de que nada pasa entre nosotros. La verdad es que no quiero arriesgar el que Jade se pueda quedar sin padres aún siendo tan joven.

Los ojos de Donatello brillaron en cuanto dijo esto último; tal vez había mentido a su padre sobre el hecho de que tuvieron algo indebido en el pasado, y hace unos minutos, pero le reconfortaba saber que ante todo eso, pensó en su hija, y en lo difícil que sería para ambos el que Splinter obligara a Raphael a marcharse de la guarida con tal de separarlos.

O peor aún, que los dos fueran desterrados y obligados a encontrar otro refugio donde poder criar a su hija y vivir sus vidas como lo han hecho hasta ahora.

Repentinamente tuvo miedo, y se sintió la peor reina del drama de todos los tiempos; él preocupándose porque Raphael le prestara un mínimo de su atención, seduciéndolo a como diera lugar, mientras su hermano se dedicaba a disipar las sospechas de su padre.

Aquellos pensamientos lo abatieron un poco y el mayor lo notó, pues rápidamente el semblante cansado de Donatello apareció para después volver a recostarse sobre su pecho.

Después comenzó a temblar; y con gran razón, pues el agua donde estaban medianamente sumergidos, estaba comenzando a enfriarse.

Tenía que sacarlo de ahí antes de que atrapara un resfriado, pues detestaría verlo recaer ante el increíble avance que había tenido desde que comenzó con el tratamiento impuesto por esa loca doctora.

Y hablando de ella; también deseaba evitar el tener que enfrentarse a nuevos reclamos si esta llegaba a enterarse que por su culpa Donnie se mantuviera enfermo y débil.

Lo ayudó a salir de la bañera y envolvió su cuerpo con una toalla para comenzar a secar su piel, cosa que agradeció Donatello al encontrarse increíblemente cansado en ese momento. Por ahora sólo quería volver a su cama junto a Jade y dormir el resto de la noche.

Ya con solo un poco de humedad en sus cuerpos y con una corta toalla en sus cuellos para terminar el trabajo cada uno en su propia habitación, emprendieron el camino fuera de los baños, Raphael ayudando a Donatello todo el tiempo.

Hasta que el más alto tuvo que detenerse porque un repentino mareo hizo presencia, alertando un poco al mayor.

—¿Estás bien? —preguntó, abrazándolo por la espalda para "sostenerlo".

—Sí, es sólo que… ¡Ouch! —se quejó en cuanto sintió una mano acariciar uno de sus hombros—. Duele; me lastimé con una de las llaves. Lo malo es que mañana todos podrán apreciar un bonito moretón justo ahí.

—Menos mal que la doctora no nos visitará en un par de días —rió burlesco, obligándolo a que se girara despacio para tenerlo de frente—. Mañana seré yo quien te de un masaje.

Donatello, sonriente, recargó su cuerpo en la pared de la estancia para más comodidad, pues a estas alturas Raphael rosaba sus labios con los propios mientras tocaba con delicadeza su hombro lastimado.

—¿Porqué mejor no me das un beso de buenas noches? —preguntó el mayor.

Terminaron por unirse en un suave y último beso previo a ir a la cama, y al parecer su hermano no lo soltaría por un buen momento, pues tomó los extremos de la pequeña toalla que tenía alrededor del cuello para que no escapara de él.

Claro, como si eso fuera posible.

Como en automático, llevó las manos propias al caparazón de Raphael para acariciarlo también, mientras sentía aquella lengua hacerse paso dentro de su boca, una vez más.

Todo sería perfecto.

Todo seguiría el rumbo de acuerdo a sus planes de no ser porque en el preciso instante en que Raphael arrojó un sutil gemido dentro de su boca, la luz de una de las lámparas se encendió, revelando la figura de su padre sentado en su sofá preferido, observando cada uno de sus actos desde que entraron a la estancia.

Era como si hubiese escuchado todo lo que se dijeron el uno al otro; como si llevara ya tiempo esperando que hicieran aparición.

—¿Desde cuándo los besos de buenas noches son así, Raphael? —preguntó, sin quitar ni un instante su mirada de sus pálidos hijos.

Ellos lo observaron congelados y con sus pupilas dilatadas por el terror.

Su peor pesadilla se había vuelto realidad.

…Continuará en el capítulo EXTRA #4.

¡Boom! ¡Ha caído la última bomba del fic! Ahora a esperar un poco más para ver cuál es la reacción exacta de Splinter. ¿Ustedes que opinan? ¿Cómo creen que reaccione? ¡Por favor escríbanme todo lo que piensan en un lindo, lindo review! ¡Saben que me ayudan mucho y quiero saber qué les pareció este penúltimo capítulo!

Sí, así es, este fic tiene los días contados, por lo que después de subir el último capítulo EXTRA, viene el final de esta historia. ¡Ya era hora! ¿No creen?

Aunque también les tengo preparado un Epílogo para cerrar todo de una buena vez.

¡Sólo tres actualizaciones más! ¡Espérenlas más rápido de lo que imaginan!

¡Los ama!

Miss GRavedad.