¿Quieren saber que hay dentro de la cabeza de Splinter?

¡Aquí les dejo este último capítulo extra para que lo descubran! Así se darán una idea de qué es lo que ocurrirá en el último capítulo de este fic.

Pequeña nota de la autora: quiero pedir una disculpa a todos aquellos a los que no he respondido los reviews como comúnmente hago cada que comentan. Al parecer ff decidió dejar de enviarme las notificaciones a mi correo electrónico cada vez que alguien comenta mis fics y realmente pensé que nadie había dejado comentarios en el capítulo anterior. ¡Cual fue mi sorpresa días después, ver que tenía un montón por leer y agradecer! ¡Prometo que en cuanto pueda sentarme tranquilamente responderé como es debido! ¡Saben que siempre lo hago! (guiño). A algunos de ustedes ya les he contestado pero a otros no. ¡Una disculpa! Pero tengan por seguro que ya los he leído todos y estoy muy, MUY agradecida de la gran aceptación que ha tenido esta historia y de todas las teorías que se han formulado respecto al final. Existen por ahí algunas muy, muy cerca a atinarle, pero evidentemente no les diré quien está más cerca de ello (risa malvada).

Dedicación especial: para una chica que firma como guest con el nombre de Leonora. ¡Mujer! ¡Has comentado capítulo tras capítulo esta historia y por evidentes razones no he podido agradecerte personalmente que siempre dejes tu opinión sobre todo esto. ¡Muchas gracias por todo!

También para Ikara, que aunque comúnmente deja sus opiniones por otro medio; agradezco toda esa pasión que demuestras por esta historia y la dedicación que le pones a cada uno de tus largos comentarios cada que un capítulo llega. ¡Adoro, adoro leer cualquier cosa que tengas que decir al respecto! ¡Muchísimas gracias!

Ahora sí, ¡por favor disfruten de este dramático y último capítulo extra!

EXTRA IV: Splinter.

No era de su estilo el dudar de sus hijos, pues sabía a estos lo suficientemente maduros como para confiar plenamente en ellos. Pero aquella noche todas sus sospechas se habían vuelto realidad.

Le había partido el corazón el ver a Leonardo tan destrozado, con ese regalo de cumpleaños en sus manos mientras vigilaba con cuidado la entrada a la guarida; era evidente que Raphael no llegaría a casa por culpa de su amigo Casey Jones.

Desde hace tiempo notaba a su hijo distraído, preocupado y ansioso. El entrenamiento se había vuelto casi una tortura para él, pues intentaba mantener su mente en sus responsabilidades todo el tiempo.

Pero todo, todo se iba a la basura en cuanto sus ojos se posaban en Raphael; en su revoltoso y malhumorado hermano menor.

Y era bastante evidente, pues la adolescencia había sido especialmente tortuosa para Leonardo al ser el primero en madurar, en todos los sentidos posibles, y era él mismo quien decidía alejarse de ellos para no perjudicarlos ni hacerse notar.

Sus demás hijos habían superado esta etapa notablemente más fácil. Más fácil que Leonardo.

Él parecía sumido en la obsesión, pues sus constantes provocaciones para con Raphael lo delataban. Aún no podía creer que este último ni siquiera lo hubiera notado.

Por lo menos para Splinter había sido evidente desde que sus hijos habían cumplido dieciséis años; estaban entrando en la edad más difícil para el lívido sexual, y era precisamente Leonardo quien peor lo estaba pasando.

Pero desde aquella noche en que notó que Michelangelo rescató aquél regalo del basurero, las cosas cambiaron por completo ante sus ojos.

Leonardo parecía menos cansado respecto a Raphael, y su lucha por no mirarlo de una manera poco apropiada para un hermano mayor, había cedido por completo, por lo que actuaba como si nada hubiera ocurrido durante todos estos años.

Sus hijos parecían llevarse mejor cada día y los mayores habían disminuido sus riñas sin sentido.

La mirada de Leonardo se había desviado hacia el menor de sus hijos, y eso lo había alarmado más de lo que esperaba; el pequeño Michelangelo no estaba preparado para tomar aquél tipo de presión por parte del mayor. O por lo menos eso era lo que él pensaba.

Su bajito hijo que portaba la bandana naranja pasaba sus días cocinando e inventando juguetes para regalarlos a su hermano mayor, mientras que cada vez más seguido los notaba a solas en la estancia, viendo televisión a alta horas de la madrugada mientras degustaban comida chatarra o dormían uno recostado en los hombros del otro.

Las cosas no se veían tan bien para él, porque al menos para Michelangelo parecían marchar a la perfección.

¿Porqué decía esto? Su hijito más pequeño parecía dar su vida por complacer a Leonardo, mientras que este muchas veces parecía preguntarse el porqué de seguir los "juegos" inocentes del pequeño.

No podía creer que su estudiante prodigio, el líder que él mismo había elegido para proteger a la familia cuando tuviera que ceder su puesto… si hijo más avispado… estuviera haciendo algo como aquello. Dejándose llevar por un sentimiento que era para nada común, por lo menos entre hermanos.

Tal vez… sólo tal vez, Leonardo se estaba aprovechando de la situación y deseaba probar con su hermanito más pequeño aquello que jamás tendría al ser un joven sin oportunidad de conseguir una pareja normal. O incluso una familia.

Si la situación era aquella, definitivamente sería un comportamiento que no estaba dispuesto a tolerar dentro de su hogar.

Su familia lo era todo para él, y no iba a permitir que su hijo mayor arruinara su vida y su relación con Michelangelo sólo por complacer una curiosidad.

Porque de eso se trataba todo esto, ¿cierto?

Él era hombre, y una vez fue adolecente e inmaduro, sabía lo que pasaba por la mente de sus hijos y de sus deseos reprimidos. Y aquello los hacía actuar instintivamente y entregarse a los anhelos carnales, como casi cualquier ser vivo lo hacía.

Ellos estaban creciendo.

Tenían necesidades.

Tenían instintos masculinos y deseos prohibidos.

Sabía que un día de estos, todo saldría a la luz, o por lo menos se volvería mucho más claro para sus ojos.

Y no se equivocó:

¿Dónde está su hermano? preguntó, observando con duda a tres de sus hijos llegar para el entrenamiento matutino.

Leonardo, Michelangelo y Donatello se observaron entre ellos; sabían que quien dijera una sola palabra tendría la responsabilidad de contar todo. Aunque era bastante predecible a decir verdad.

Creo que fue a casa de April y Casey —se animó a responder el mayor, sabiendo que sus hermanos no abrirían la boca.

¿Crees? —su voz era firme y seca.

Apenado, Leonardo asintió, y junto con sus hermanos se dispuso a colocarse en posición para el entrenamiento.

Aunque era común que Raphael huyera de la guarida para beber junto con su mejor amigo, su hijo sabía perfectamente que estaban primero sus responsabilidades y ya después tenía permitido ocupar su tiempo en diversión.

¿Quiere alguno de ustedes mencionar la razón por la cual huyó del entrenamiento? preguntó, con voz autoritaria y notablemente molesta.

Notó a Leonardo y Donatello negar, clavando su mirada en el suelo alfombrado del dojo. Ellos estaban tratando de ocultar algo más.

Pero el más inquieto parecía ser Michelangelo, pues su rostro en tonalidad rojiza y esos ojos llorosos lo delataban aún más que a sus hermanos mayores.

Su hijo más pequeño buscó insistentemente la mano de Leonardo con la suya y en diferentes ocasiones fue correspondido; había algo que lo mantenía ansioso, y estaba seguro que tenía que ver con la ausencia de Raphael.

Ese día el entrenamiento terminó a una hora más temprana que de costumbre, pues su mente se encontraba más que cansada de constantemente elaborar teorías del porqué del comportamiento de sus hijos durante los últimos días.

Ni siquiera el medicamento que Donatello había creado para él y sus problemas para dormir surtió gran efecto, pus sólo logró conciliar el sueño unas cuantas horas.

Cuando despertó, logró escuchar que sus hijos descansaban plácidamente frente al televisor mientras miraban una película, lo cual no parecía ser algo fuera de lo común, hasta la llegada de Raphael, totalmente ebrio y dispuesto a molestar a sus hermanos.

Sobre todo a Donatello.

Recordó escuchar claramente a Leonardo intentar calmarlo, pero cuando aparentemente no lo logró, ordenó a todos que se marcharan a sus habitaciones y fue él mismo quien llevó a Raphael a la cama.

Aquello había creado un conflicto interno que no tenía precedentes en él; Raphael parecía estar en su estado más salvaje cuando bebía de más, y Leonardo seguía siendo un jovencito en pleno desbalance hormonal.

Era imposible, ¿cierto? Leonardo no aprovecharía el momento para intentar algo más con su hermano al tenerlo en aquél estado tan vulnerable, ¿verdad?

Quiso volver a dormir cuando todo se quedó en silencio pero no pudo; aquél insensible e improbable pensamiento no salía de su mente.

Leonardo NO era un abusador; mucho menos cuando se trataba de sus hermanos.

Ellos eran su mundo y jamás les haría daño.

Fue por eso que no supo porqué se decidió por levantarse aquella noche, inventándose a sí mismo que sólo iría en busca de un té para calmar sus nervios y poder conciliar el sueño nuevamente.

Pero por cuestiones que sólo el destino podía saber, mientras degustaba tranquilamente una infusión de manzana para descansar plácidamente, escuchó claramente como una puerta en el pasillo donde dormían sus hijos se abrió despacio, creando un rechinido que aunque tenue, su agudo sentido del oído pudo distinguir perfectamente, por lo que no dudó en dirigirse a dicha área para saber de qué se trataba con exactitud.

No lo sabía. No tenía las pruebas delatándolo, pero tenía el presentimiento que el responsable era Leonardo.

Tal vez en realidad deseaba aprovecharse de la situación y se estaba escabullendo hasta la habitación de su bebido hermano.

O tal vez ya se encontraba de regreso a su propia habitación.

Aceleró un poco sus pasos, procurando, como el maestro ninja que era, el no delatar su presencia, pero cuál fue su sorpresa al ver que la puerta que permanecía abierta y con una resplandeciente hilo de luz saliendo de esta, era la de Raphael el cual justamente, y con otro tenue rechinido delatándolo, se hizo paso al interior del lugar donde dormía su hermano Donatello.

¿Raphael? ¿En la habitación de Donatello? ¡¿Qué significaba todo eso?!

Caminó despacio cuando vio a su hijo entrar definitivamente, dejando tras de sí la puerta completamente abierta ante un descuido que le podría costar caro. Pero era evidente que no se había dado cuenta de tal detalle debido a su estado etílico.

Previo a allanar una habitación que no era suya, se mantuvo recargado en el marco de la puerta por un momento, por lo que supo que su borrachera no había disminuido ni un poco hasta esos momentos.

A un par de metros de llegar a la puerta, escuchó claramente aquél característico sonido que hace el colchón al mantener movimiento sobre él, por lo que sus pensamientos no se fueron muy alejados de lo que en realidad estaba sucediendo.

¡… ya basta! ¡Deja de tocarme! ordenó con voz temblorosa su hijo menor, evidentemente tratando de quitarse de encima al otro. ¡Raph, me estás asustando!

En aquél momento sintió su cuerpo congelarse ante aquella declaración tan abrumadora; su hijo, su preciado Raphael, estaba intentando provecharse de uno de sus hermanitos menores.

Era evidente que tenía que hacer algo al respecto, pero las palabras que siguieron a estas lo dejaron aún más impactado.

¿Quieres que trate de comprender la relación de Leo y Mikey, no?

En ese momento llevó una mano hasta su pecho, intentando no emitir los suspiros que deseaban salir desesperadamente de su vieja boca.

De cierta manera, aquellas palabras que confirmaban que existía algo más entre Leonardo y Michelangelo, no le parecían tan graves como el hecho de que Donatello estaba siendo molestado por otro de sus hermanos, evidentemente fuera de su razonamiento al mantenerse en aquél estado tan inapropiado.

Estaba dispuesto a hacer algo; intervenir para proteger a su hijo menor si era necesario, pero…

Mmh… Raph-ael…

Aquello era lo que necesitaba para saber que una interrupción como la que tenía planeada se convertiría en un evento tan vergonzoso para sus hijos, que podría cambiar para siempre la forma en que lo miraban como padre.

Aunque era evidente, que si proseguían con aquello, la relación entre ambos también cambiaría; y esta vez, por el resto de sus vidas.

Comenzó su lenta retirada cuando los suspiros y aquellos extraños sonidos que hacía Donatello se hacían cada vez más constantes y audibles; al parecer había tomado una decisión, y por más que lo deseara, no podía objetar contra ella.

Aquí el problema era que, si no se equivocaba, Leonardo y Michelangelo tenía algo mucho más intimo; más profundo y verdadero.

Mientras que aquello que se avecinaba para el futuro de Raphael y Donatello, no parecía ser algo más allá de simple curiosidad sexual.

Y eso… era lo que los llevaría la ruina a ambos.

continúa en el capítulo 12.

Esto tal vez fue corto, pero era necesario para que sepan porque ocurrirán las cosas en el último capítulo.

A muchos les preocupa la reacción que vaya a tener Splinter al final, y aquí tienen un punto más que agregar a sus teorías.

¡No olviden dejar sus comentarios! Los leo todos y esta vez prometo ya no esperar a que Hotmail me de las noticias. ¡Lo prometo!

¡Prepárense para el próximo capítulo, que espero no tarde mucho! ¡Recuerden que es el final!

¡Los ama!

Miss GRavedad.