*Actualización a las 13:09 horas; Una disculpa a todos los que hayan leído el texto antes de esa hora. Subí el archivo no editado y estaba lleno de errores ortográficos. Ya lo arregle y pueden leer sin la frustración de tantos horrores entre las letras.*

Advertencias; El final estará dividido en 4 partes, la parte 1 contiene drama, más drama y un pequeño lemon que espero sea del agrado de todas las que han estado esperando esto desde hace tiempo y nada más no actualizo. Y la parte 2 es mucho más dramática que la primera, así que ya están advertidos.

Las parte serán publicadas en las siguientes actualizaciones.

No me queda decir más que; ¡Por fin! ¡Linda! ¡Linda actualización! Espero que las siguientes y extensas líneas que en sí son casi puros diálogos sean de su agrado.

¡Por favor disfruten la lectura!

Capítulo 12: Decisiones.

PARTE I – NEGACIÓN

Las manos le sudaban como nunca antes y su cuerpo completo no dejaba de temblar; era por eso que permanecía sentado en el sofá que momentos antes había utilizado su padre para esperarlos, justo con la intención de descubrirlos.

Sus piernas temblaban tanto que no podía mantenerse de pie.

Todo había pasado tan rápido que el mismo miedo que sintió de que su propio padre lo maldijera e irracionalmente decidiera sacarlo a golpes de las alcantarillas ocupó todo el tiempo su mente; pero en lugar de eso…

Llevó una de sus sudorosas manos a su mejilla izquierda, la cual, para estos momentos se encontraba hinchada y seguramente con un ligero color rojo sobre esta.

Entonces recordó ambos pares de ojos justo en el momento en que la situación se volvía más acalorada:

¿Desde cuándo los besos de buenas noches son así, Raphael?

Esas palabras habían bajado su guardia mucho más de lo que ya se encontraba después de intimar de aquella manera con su hermano, y al parecer Donatello estaba mucho más aterrado, pues volvió su vista a la pared y se quedó congelado ahí, sin moverse y con sus manos aferradas en sus hombros.

Tanto, que dolía.

Acabo de hacer una pregunta, Raphael —se escuchó molesto el padre—. ¿Qué haces besando a tu hermano si apenas unas horas antes me aseguraste que ustedes no tenían ese tipo de contacto?

El silencio volvió a dominar el ambiente y Donatello comenzó a temblar entre los brazos de Raphael; era evidente que tenía miedo y no podía soportar algo como aquello.

Deseaba que se calmara, que no cediera al pánico o las cosas saldrían mucho peor.

Hablaré contigo más tarde, padre —dijo finalmente el mayor de los hijos—. Ahora necesito llevar a Donatello a su habitación y…

¡Nadie irá a ningún lado hasta que hablen!

Raphael se estremeció y permaneció en su lugar "protegiendo" a su hermano de mente ausente cuando vio a su padre rodear los demás sofás y caminar hacia ellos, dispuesto a conseguir la información que necesitaba para terminar de sacar conclusiones.

Hablaré contigo —se interpuso Raphael en su camino para que no llegara a un Donatello en trance—, te diré lo que quieras… toda la verdad, lo prometo, pero deja que Donnie vaya a…

Splinter se mantenía calmado, razonando las palabras que su hijo decía con un nerviosismo tan extraño en su persona hasta que vio los ojos de su padre totalmente sorprendido por algo que vio justo detrás de él.

Cuando dio media vuelta, pudo notar que sus pequeños ojos estaban concentrados en Donatello; específicamente en…

Lo hizo a un lado para acercarse a su hijo menor, el cual contradictoriamente era el más alto de todos ellos.

Pero en ese momento parecía mucho más pequeño al mantenerse encogido de hombros, observándolo con miedo aunque el propósito de Splinter se mantuvo muy distante al de reprender a su hijo genio por descubrirlos durante un apasionado beso si no que inmediatamente pasó uno de sus delgados dedos claros por el hombro lastimado de Donatello, estaba hinchado y con una gran magulladura sobre su aceitunada piel.

Lento, pasó su vista hasta ese delgado cuello, el cual ya evidenciaba esas pequeñas marcas que sólo se formaban gracias a…

Viendo que su hijo no reaccionaba ante su presencia, lo único que atinaba a hacer era establecer conversación con Raphael y aceptar sus términos con tal de que le dijera todo lo que estaba pasando, pero al tenerlo tan cerca notó que Donatello no era el único en tener esas "marcas" características de lo que habían hecho.

Y Raphael lo pudo ver en sus ojos; su padre estaba perdiendo la calma y serenidad, por lo que no le extrañó que de un segundo a otro lo tomara del brazo derecho para mostrar aquello que lo delataba; los rasguños que Donatello le había hecho mientras hacían el amor dentro de la bañera.

Me decepcionas, hijo —dijo casi en suspiro—. Lo prometiste. ¿Cómo has podido aprovecharte de tu hermano de esta manera?

Tú no entiendes, Sensei; ambos… estuvimos de a cuerdo.

SLAP!

Sintió una mano, que comúnmente era cálida cuando se trataba de él, hacer algo que en la vida hubiera imaginado; lo había abofeteado.

Cubrió con su enorme mano el inesperado golpe, el cual lo había hecho girara bruscamente su mirada a otro lugar, lo que delataba la fuerza con la que fue proporcionada.

En ese momento, Donatello reaccionó, aferrándose al brazo de su padre para evitar que siguiera reprendiendo a su hermano.

¡Raphael miente! —intentó calmarlo—. ¡Fui yo quien lo sedujo todo este tiempo! ¡La culpa es mía!

Splinter se detuvo, impactado por esas palabras.

Todo habría quedado en silencio de no ser por las respiraciones agitadas de los tres presentes; Raphael no sabía que pensar gracias a esa inesperada y nada común reacción de su padre. Mientras Donatello y Splinter meditaban acerca de lo ocurrido.

En ese momento, los llantos de Jade en la lejanía inundaron el lugar, cosa que hizo reaccionar a Splinter sobre lo que había pasado; ese no era él. Ese no era su método para solucionar las cosas.

Suspiró sonoramente; inconscientemente su nieta le había abierto los ojos para solucionar las cosas de una forma mucho más apropiada para todos, por lo que al escuchar unas suaves pisadas acercarse despacio a ellos, tomo el brazo de Donatello con el mayor cuidado posible, obligándolo a caminar directo al dojo.

¡Splinter… no…! —protestó Raphael, temiendo lo peor al ver que su padre llevaba consigo a su débil hermano.

¡Quédate donde estás, Raphael! —ordenó—. Después de hablar con tu hermano seguirás tú, así que mantente alejado mientras tanto.

El bajito ninja no pudo protestar porque vio la puerta de papel cerrarse antes de pensar en algo digno para hacerle frente, observando ese "lo siento" delinear los labios de Donatello antes de desaparecer tras las pertas corredizas.

¿Por qué había hecho eso? ¿Por qué se disculpaba? Estaba más que claro ante los ojos de Splinter que ambos eran culpables de lo sucedido, aún y cuando Donatello intentó explicar que quien tenía toda la responsabilidad era él.

Hubiera podido pensar que así era y justificar sus actos frente a su padre dado a que fue el mismo Donnie quien desde hace un par de semanas no lo dejaba en paz; parecía respirar sólo para cuidar de su hija y perseguirlo por toda la guarida en los momentos exactos en los que se encontraba a solas para intentar seducirlo.

Pero aquello se volvió obsoleto desde el momento en que le puso las manos encima a su hermano tan sólo unos momentos antes de que su propio padre los descubriera.

No podía negarlo; había perdido ante Donatello, cayendo irremediablemente ante todo aquello que podía ofrecerle sólo a él, pues en esos momentos lo único que lograba recordar era que su hermano en ningún momento negó el seguir enamorado de él.

Y estúpidamente lo ilusionó; le exigió con egoísmo que le perteneciera sólo a él y que de ahora en adelante no habría otras manos a parte de las suyas las que lo tocaran de aquella manera. Y al final… volvió a quitarle toda esa esperanza que vio reflejada en sus pequeños ojos rojizos.

—Eres un idiota, Raphael —se reprendió en voz alta.

—Eso lo sabemos bien, pero me extraña que seas tú quien lo mencione.

Finalmente quitó las manos de su rostro y alcanzó a ver el momento exacto en que el mayor de sus hermanos salió de la oscuridad de los pasillos, revelando su estilizada figura ausente de todo su equipo y bandana, pero con la tortuguita más pequeña de la casa en sus brazos, abrazada de su plastrón superior mientras unas cuantas lagrimas terminaban de caer por todo su enrojecido rostro.

Al parecer el berrinche había pasado rápido y Leonardo había logrado calmarla al llevarla de paseo por la guarida; ahora justificaba completamente el que Donatello nunca recuperara su energía tras cuidar casi todo el tiempo de su hija.

Cielos, Jade era tan pequeña pero sabía conseguir lo que quería a base de llantos y berrinches.

Para ese momento, Leo había notado que la vista de Raphael, a pesar de que estaba sobre él y la bebé entre sus brazos, parecía ausente y muy lejana de ahí.

—¿Pasa algo, Raph? —preguntó después de esperar por buen rato una réplica molesta por parte de su hermano tras su comentario anterior.

Raphael dijo nada, simplemente se levantó con prisa, tomando delicadamente de los brazos de Leonardo a la diminuta criatura que se negaba a dormir hasta este momento.

Observó de cerca a la niña y la arropó con sus brazos; la pequeña dejó de temblar en cuanto sintió su calor y felizmente se dejó llevar por el sueño, cerrando sus ojos despacio y privando a su padre de aquél hermoso y brillante verde que nunca se cansaría de observar.

El joven padre sonrió tenuemente; ella era tan inocente que no merecía sufrir las consecuencias de sus actos y que su familia se desintegrara de la noche a la mañana. Y decía su familia completa, porque estaba seguro de que lo mejor para su hija era crecer al lado de su amoroso abuelo, sus tíos, el que tenía alma de niño y el arrogante líder del equipo.

Y por supuesto, sus padres… juntos.

Ante este pensamiento, lo único que pudo lograr fue abrazar aún más a la niña, recostándole sobre uno de sus hombros y arropándola con su propio cuello.

Leonardo notó esta acción fuera de lo común; claro, desde el nacimiento de Jade, su hermano había sacado su lado más sensible y paternal, dedicándole tiempo y miradas que nunca en su vida había visto que hiciera por alguien más… ni siquiera por Donatello, con quien no hace mucho había tenido un fugaz romance.

—Raphael… ¿qué está ocurriendo? —se animó a preguntar.

Pero su hermano no respondió; volvió a tomar asiento en el sofá más largo de la estancia y se recargó, sintiendo las pequeñas manitas de Jade aferrarse en la orilla de su plastrón superior con intenciones de utilizar el pecho de su padre como cama.

Finalmente se quedó inmóvil, escuchándose únicamente en la estancia la ruidosa respiración de la niña al quedarse dormida.

Pero aquél tranquilizador sonido pronto dejó de ser su centro de atención cuando Leonardo, preocupado por su comportamiento, lo acompañó en el sofá y puso una mano sobre el diminuto caparazón de Jade, logrando finalmente que su hermano lo notara.

—Raph, me preocupas. Dime por favor qué…

¡Eso no es justificable, hijo!

Leonardo calló enseguida; ¿esa era la voz de su padre? ¿E-estaba dentro del dojo? ¿Con… otro de sus hermanos?

—Splinter nos descubrió —dijo finalmente el menor de ambos.

—¿Qué? —el otro no supo identificar exactamente de lo que hablaba.

—Dije que: Splinter nos descubrió a mí y a Donnie teniendo sexo en la bañera del cuarto de baño principal y ahora está con él dentro del dojo, seguramente maldiciéndolo por haberse acostado con su propio hermano.

Leonardo abrió los ojos como platos y entró en una especie de trance mientras escuchaba estas palabras de una forma con aquella poca sutileza que caracterizaba a Raphael.

—¡¿Tú y Donnie intimaron en el baño familiar?! —soltó después de algunos segundos de silencio, donde sólo se lograba escuchar las burbujas de saliva que Jade hacía al dormir, reventarse sobre el abultado hombro de su padre, ensuciándolo irremediablemente.

Los ojos azules de su tío observaron aquél repentino camino de baba que se formó en el hombro de su hermano hasta delinear los músculos de sus brazos; seguramente era porque la posición en que la niña permanecía dejaba lugar a ello.

En fin, no le daría importancia a la pegajosa humedad que estaba ganando el brazo de su hermano si a este mismo parecía no interesarle en lo más mínimo.

—¿Y quieres decirme por qué no estás ahí dentro enfrentando la situación junto con nuestro hermano?

—Donnie se echó la culpa y sensei no me dejó entrar —suspiró, colocando uno de sus grandes dedos en la planta de los pies de su hija.

—¡¿Qué?! —se removió en su lugar, el mayor—. ¿Por qué permitiste que sucediera? D-digo… Te creo cuando dices que Donnie estuvo detrás de ti todo este tiempo porque todos notamos su comportamiento, pero fueron descubiertos haciéndolo en un lugar público como lo es un baño, significa que tu también accediste tienes la misma culpa que él. ¡Y por favor no me digas que Donnie te obligo a hacerlo porque no te lo voy a creer!

—Hehe… —rió entre dientes el menor de ambos—. ¿Te imagina a ese flacucho tratando de obligarme a…?

—¡Hablo con seriedad, Raph! —levantó un poco la voz para después tapar su boca un instante cuando vio a su hermano llevar un dedo a su propia boca en señal de que no subiera la voz, pues Jade permanecía dormida.

—¿Crees que no lo sé? Donatello está ahí dentro siendo obligado a decir todo por lo que pasamos los últimos dos meses; y para serte sincero, ni siquiera me preocupa el hecho de que le diga toda la verdad al maestro, si no que está sólo y lo más seguro es que esté muerto de miedo. ¡Agh! ¡Maldita sea, Leonardo! ¡Me mantuve dos putas semanas huyéndole para que justo el día que decido caer nos descubran! ¡Está claro que yo también tengo la culpa!

El mayor calló, observando cómo su hermano palmeaba el pequeño caparazón de Jade cuando está se removió en su lugar luego de que su padre levantara la voz de aquella manera tan abrupta.

Después de eso, el hermano menor desvió su mirada, observando a la nada mientras arrullaba con suavidad a su hija. No tenía intenciones de volver a enfrentarlo de cara.

—¿Porqué accediste, Raph? —preguntó, ya un poco más calmado—. Tú… nos dejaste muy en claro que no lo amas de esa manera… que no tienes intenciones de darle una oportunidad. Y si no me equivoco… Eso sólo significa que te estás aprovechando de él y lo estás utilizando para tener una aventura sin compromiso— Raphael apretó los labios; realmente odiaba que las cosas siempre fueran así de claras para su hermano mayor—. Y sinceramente no tendría por qué opinar ya que sé perfectamente que tú tampoco obligaste a Donnie. Pero esto se vuelve cruel cuando estás consciente de que él sí te ama.

Como era de esperarse, Raphael mantuvo su vista en aquél rincón de la estancia que repentinamente parecía muy interesante, dejando de hacer aquellos pequeños murmullos con los que arrullaba a Jade.

—Eso ya no importa —respondió con resignación—. Está claro que la única forma de solucionar esto es hacerme responsable; aunque eso implique que Splinter jamás me perdone cuando le explique la forma en la que me salí con la mía.

—¿Estás seguro? —preguntó.

Raphael no quería responder, por lo que no soportó un segundo más y se puso de pie, entregándole nuevamente su hija a Leonardo antes caminar rápidamente a la puerta del dojo, la corrió con precisión y provocando que esta emitiera un sonido hueco al quedar completamente abierta.

—¡Raph! ¡Espera!

Leo, aún con la pequeña en brazos, llegó de dos zancadas al lado de su hermano, observando junto con él la escena dentro del dojo; Donatello, lejos de estar muerto de miedo por las palabras de su padre, se mantenía abrazado de este, ocultando su rostro en el pecho de la vieja rata mientras era rodeado por sus amorosos brazos.

En cuanto escuchó la puerta ceder ante la irreverencia de Raphael, Splinter sólo los observó, de pie y sin intenciones de moverse; sólo hasta que la niña volvió a romper en llanto y Leo se sobresaltó un poco.

En cambio Raphael se quedó ahí, observando con detalle la forma en que su padre abrazaba con sobreprotección a su hermano, quien parecía estarse desahogando contra aquél pecho cansado y angustiado.

—Raphael, por favor retírate —pidió el padre con calma, a pesar del gran alboroto que se estaba formando ahí dentro.

Pero el jovencito no pensaba en ellos; él seguía inmerso en el hecho de que su hermano no paraba de llorar y evitaba a toda costa mostrar su rostro.

—Leonardo, por favor llévate a tu hermano que necesito más tiempo a solas con Donatello.

En cuanto Leo le puso una mano en el hombro para animarlo a caminar, Raphael se lo quitó de encima, caminando directo a donde estaban los otros dos tras un claro momento padre e hijo.

—Splinter, por favor déjame explicarte porqué no te dije toda la verdad cuando me lo preguntaste.

—Eso ya no importa, Raphael —lo interrumpió el padre—. Tu hermano me lo ha explicado todo y ya no necesito más excusas; de ninguno de los dos. Las cosas están más que claras y a este punto ninguno de los dos puede controlarlo.

Raphael palideció; su padre lo sabía todo y podía hacer nada para evitarlo.

—Entonces… ahora… —el más bajito no sabía que decir. Todo era tan incomodo.

Splinter suavizó el abrazo, permitiendo así que su hijo se separara para finalmente mostrar su rostro a un angustiado Raphael y un sorprendido Leonardo ante tanta calma ahí presente.

—Donnie, ¿estás bien? —pero el jovencito no respondió. Sólo sorbió algunos mocos y se dejó tomar de la mano por su padre—. Dime algo, Don. Sé que no es justo que enfrentaras esto tú sólo, pero ahora déjame hacerme responsable por esto. Prometo que le diré toda la verdad al sensei.

—Descuida, Raph —finalmente respondió—. Cuando el maestro te dijo que sabe todo, es porque así es; él… ya sabía lo que ocurrió la noche que llegaste ebrio a casa y me dio la oportunidad de contarle todo, así que se lo dije. Le conté que fui yo quien te engañó en primer lugar y te obligué a tener una relación conmigo… y que al final las cosas salieron mal y por eso terminamos mucho antes de que Jade naciera.

¿Sólo eso? ¿Solamente esos sucesos le había contado a su padre? ¿Qué pasó con la terrible experiencia el día que todo se complico? Su extrema patanería al rogarle que pasaran la noche juntos y que al final todo se convirtió en un desastre.

Bueno… tal vez ese era un detalle tan intimo que sinceramente preferiría guardarlo para ellos; su padre y Leo no necesitaban saber lo que ocurría durante su intimidad.

—¿Y… entonces? —Raphael comenzaba a mostrarse desesperado. Parecía que su familia quería mantenerlo desinformado de lo ocurrido mientras charlaban a solas.

Maldita sea, era tan incomodo el que Splinter lo supiera todo y aún así dijera nada al respecto. Sobre todo después de enterarse de la peor manera posible que había roto su promesa de no ser el amante de Donatello.

—Llevaré a Donatello a su habitación para que descanse —comentó el padre, ayudando a su hijo a dar unos pasos a pesar de que él podía andar perfectamente—. Esta noche Jade dormirá a mi lado para dejarlos descansar bien; hoy ha sido un día muy pesado para ambos y necesitan dormir, sobre todo tú, Donatello.

Raphael sabía que se estaba refiriendo a él y a Donatello en un primer lugar, pero no estaba convencido. Splinter se mostraba extremadamente calmado, y eso no le daba confianza.

—Pero, sensei —habló finalmente Leo, con la niña aún entre sus brazos—. Jade puede dormir perfectamente conmigo esta noche; a mí no me molesta.

—No, Leonardo. Lleva a la niña a mi habitación y déjala dormir ahí. Después de eso necesito que vayas por Michelangelo y vuelvas aquí con él; necesito hablar con ambos, a solas.

Leonardo sudó frío; aunque su padre parecía pacífico ante la noticia de que Donatello y Raphael eran amantes, ¿qué posibilidades había de que también estuviera enterado de su romance secreto? ¿Qué opinión tendría ante ello?

—¿Y qué ocurre conmigo? —Raphael parecía cada vez más ansioso por poder hablar a solas con su propio padre.

—Hijo, necesito hablar con tus hermanos a solas por esta noche; te prometo que el día de mañana tú y yo tendremos una charla y podrás darme todo tu punto de vista al respecto. Por ahora, quiero llevar a Donatello a que duerma un poco.

—¡P-pero sensei!

Esas palabras sólo lo atormentaban aún más; ese no era Splinter. Su verdadero padre, a estas alturas, ya se habría encerrado con él en cualquier lugar de la guarida para sermonearlo por romper una promesa tan importante.

De esa manera, repentinamente se quedó sólo dentro del dojo; Leo seguramente estaba en la habitación de Splinter, con Jade… y su padre, en cargándose de Donnie.

—Donnie —murmuró, culpable.

Hace al menos una hora estaban sumergidos en otro mundo dentro de esa bañera; vaya, que incluso durante ese último beso en el pasillo tenía planeado persuadir a su hermano para que pasaran juntos la noche en su habitación. ¿Qué habría pasado entonces? ¿Donnie habría aceptado?

—¡Pfff! ¿A quién engaño? Es seguro que aceptaría; es Donnie. Mi Donnie.

Se vio completamente sólo, de nuevo, cuando su voz resonó un poco dentro de aquél dojo vacío salvo por él; vaya que Mikey tenía razón, su ego era tan grande que desde el ya aseguraba que Donnie no rechazaría su propuesta.

Bufó sonoramente; tenía que dejar enfriar su mente un poco más para dejar de pensar en cosas como esas.

Se vio tentado en asomar su vista un momento para ver dentro de la habitación de su padre cómo Leonardo arropaba y acunaba a su hija para poder dejarla un momento a solas, pero decidió no hacerlo para no ponerlo más nervioso de lo que ya estaba ante la posibilidad de enfrentar a Splinter con la verdad sobre su relación con el pequeño Mikey.

—Mejor me voy a dormir.

Frustrado, decidió volver a su habitación, tal y como le había sido ordenado.

—Maldición, como me gustaría que Donnie y Jade estuvieran esperando en la cama para dormir calientito junto con ellos.

Rió internamente al recordar aquella única vez en que durmieron juntos, precisamente el día en que su hijita nació. Vaya que en estos momentos necesitaba algo como aquello.

El despertador le dijo que había llegado la hora de levantarse pero su cuerpo le aseguraba que no había descansado lo suficiente; tal vez tenía el sueño retrasado y por eso aún estaba cansado.

Se acomodó en su cama buscando con la mirada algo al otro lado, tal vez con la esperanza de que dos personitas en especial estuvieran ahí junto a él. Claro, la noche anterior se había ido a la cama con ese pensamiento y tal vez esa era la razón por la que los buscaba.

Por todos los cielos que deseaba escuchar a su hija balbucear más que a nada en estos momentos.

El sonido del despertador en su t-phone estaba comenzando a fastidiarlo, por lo que procedió a tomar el aparato para desactivarlo, pero cuál fue su sorpresa al ver que su móvil no dejaba de sonar porque no se trataba del despertador, si no de un mensaje de texto sin leer.

Rápido volteó a ver al reloj de grandes números digitales sobre un gabinete:

¿Las cinco de la mañana? Aún era muy temprano para salir de la cama; a esa hora únicamente Leo merodeaba por los pasillos, previo al entrenamiento, por lo que no tardó en tomar el t-phone para leer el mensaje.

Era de Leo:

"Ven a la estancia principal, ¡apresúrate antes de que sea demasiado tarde!"

El mensaje lo alarmó; sabía que su hermano mayor no solía exagerar con esas cosas y no tardó en arrojar el móvil a un lado y salir corriendo de la habitación. El sueño quedó de lado por completo y sus ojos se aclararon en cuestión de un segundo; de igual forma su corazón deseaba salir de su pecho de tan acelerado que ya se encontraba.

No quería pensar en la razón por la que su hermano le pidió que lo encontrara con urgencia porque no sabía que tan grave era la situación.

Fue por eso que en cuanto salió del pasillo sus ojos se enfocaron en la extraña escena que sucedía frente a él y la cual parecía estar sucediendo justo a sus espaldas; y lo supo porque todos esos pares de ojos presentes se enfocaron inmediatamente en él en cuanto llegó, sorprendido totalmente de saberlo enterado.; se trataba de toda su familia, incluida April.

—¡¿Qué jodidos está ocurriendo aquí?! —preguntó enfurecido, notando que inmediatamente Splinter terminó de entregarle a Jade a una preocupada April—. ¡Oye! ¡¿Qué piensan hacer con ella?! ¿A dónde la llevan?

—¿Qué haces aquí, Raphael? —preguntó su padre.

—¡¿Que qué hago aquí?! ¡Ustedes están haciendo planes a mis espaldas! ¡Díganme lo que está ocurriendo ahora mismo!

Su voz elevada logró que Donatello se hiciera notar, pues su nerviosismo lo delató cuando sus débiles piernas lo obligaron a tomar asiento ante el evidente retraso de sus planes.

Raphael lo observó a detalle, notando enseguida que dentro de la escena que presenciaba, había algo que no encajaba del todo; al moverse Donatello, logró ver una maleta totalmente llena, y extrañamente eso lo hizo notar también que su amiga humana llevaba consigo una de las dos pañaleras azules que el mismo Casey había comprado para Jade desde antes de nacer.

¿Qué era todo esto? Ellos… ¿ellos iban a marcharse?

—Te pregunto de nuevo, ¿qué haces aquí, Raphael? —interrumpió sus pensamientos su padre.

—Yo se lo dije, sensei —reveló Leonardo ante un poco impresionado Splinter—. No me pareció correcto que Donatello decidiera marcharse de la guarida y que Raphael no estuviera enterado; y mucho menos me pareció fue que estuvieras de acuerdo en ello.

Raphael escuchó las palabras de Leonardo y quedó sin habla, pero lejos de quedarse congelado en su lugar apresuró sus pasos hasta llegar frente a Donnie, quien difícilmente pudo sostenerle la mirada. Para que no se librara de enfrentarlo, Raphael se arrodilló frente a él, colocando sus fuertes puños a los costados de Donatello para encarcelarlo.

—¡¿De verdad pensabas irte y llevarte a nuestra hija lejos de mí?! —levantó la voz con furia; estaba realmente molesto, eso no podía ocultarlo—. ¡Responde!

—¡No le grites, Raphael! —esa fue la voz de la mujer, quien arrulló presurosa a la niña en sus brazos para que no se despertara—. Donatello no está bien emocionalmente y necesita descansar lejos de aquí. Tienes que comprender.

—¡Por favor no te metas, April! —pidió Raphael, totalmente molesto.

No sabía por qué, pero aquella mirada de resentimiento que la chica le dedicó no le daba buen augurio. Como si ella supiera mucho más de lo que siempre aparentó.

—¡Ya… dejen de discutir! Por favor —rogó Donatello—. Raph, lamento no haberte avisado, pero tomamos esta decisión unos minutos atrás porque sabemos que es la única forma de que yo pueda tener un poco de paz. Todos estuvieron de acuerdo conmigo en que debo marcharme… Yo lo sé y… tu también. Lo sabes perfectamente.

Con sus rojizos ojos lo observó, arrodillado frente a él tras ser tomado lentamente de las manos, las cuales sintieron rápidamente el cuerpo de aquél que permanecía más bajo, comenzar a temblar.

—Nos equivocamos, Raphie.

El corazón de Raphael quiso salir violentamente por su boca cuando escuchó aquella voz a punto de quebrarse al mismo tiempo en que acarició su mejilla con una de sus manos; no pudo evitarlo en cuanto vio aquellos ojos verdes totalmente sorprendido con sus palabras.

¿Donatello estaba arrepentido? No, se resistía a aceptarlo.

—¿Quieres decir que… desearías que no hubiera ocurrido? —murmuró con intenciones de que sólo su hermanito lo escuchara.

Contradictoriamente, su silencio decía tantas cosas… y eso lo enfadó, por lo que rápidamente se puso de pie y se alejó de él.

—¡Pues me niego, Donatello! —dijo, furibundo.

—Raph, por favor sé razonable. Ambos sabemos que necesito salir de aquí por un tiempo y el único lugar donde puedo descansar es en casa de April y Casey. Ellos me hospedarán hasta que la doctora Bennet crea que es conveniente llevar a cabo la cirugía —se excusó Donatello para quitar de en medio aquél tema del cual no deseaba hablar.

Raphael lo notó, por lo que trató de controlar un poco más sus emociones para de ese modo no evidenciar más de lo que ya parecían saber todos.

—¡No quise decir eso! —elevó su voz bajo la atenta mirada de todos—. ¡Vete! ¡A donde tú quieras! ¡Largo si es lo que deseas! ¡Pero no llevarás a Jade contigo! ¡Ella se queda aquí junto mí! ¡Maldición, Donatello! ¡Soy su padre!

—También soy su padre, Raph —soltó con calma, pero no porque estuviera razonando mejor que Raphael, si no porque su energía no le dejaba para más.

—¡No puedes decidir sobre nuestra hija sólo porque sientes que cometiste un error y te conviene huir!

—Es mejor que tu también enfrentes la realidad, Raphael —esta vez fue Splinter quien interrumpió con intenciones de que aquella discusión se detuviera—. Si tu hermano está arrepentido de todo lo que hizo, deberían dejar todo esto en el pasado y seguir con sus vidas.

—¡Son ustedes los que no entienden! —nuevamente levantó la voz. Con un carajo que esto se le estaba saliendo de control y esa voz en su interior que le decía que debía callar y dejar que las cosas se enfriaran para enfrentar a su familia, había desaparecido—. ¡Quieren que las cosas vuelvan a la normalidad cuando está claro que eso jamás ocurrirá! ¡Desean que nada de esto hubiera ocurrido cuando no son ustedes los involucrados en este asunto y deciden por mí como si no tuviera voz ni razón en mi propia vida!

Todos notaron como el fuego en el interior de Raphael parecía no querer controlarse; pocas veces en su vida lograron verlo de esa manera, y la mayoría de las veces era porque no lo creían capaz de rendir en una buena batalla o porque sus planes no eran tomados en cuenta cuando de emboscar al Pie se trataba.

Él era apasionado en esos temas, y verlo así por una disciplina impuesta a la fuerza sólo significaba el nivel de molestia que le causaba el que quisieran controlarlo en algo donde sólo él y Donnie tenían jurisdicción.

Decidido y hecho furia, se acercó a Leonardo, quien lo enfrentó esperando lo peor.

—¿Quieres que te diga la verdad, hermanito? ¿El por qué fracasé tratando de hacer sentir bien a Donnie antes de que todo esto se fuera a la mierda? ¡Pues fue porque desde un principio te mentí! Te pedí ayuda porque no sabía cómo carajos tratar a alguien que me estaba obligando a complacerlo por las consecuencias de una estúpida borrachera —en ese momento suspiró, observando los asombrados ojos de Leo ante esa revelación—. Tú tienes algo tan hermoso y puro con Mikey y tontamente me di cuenta de ello después de juzgarte como lo hice aquél terrible día en que todo comenzó… pero lo arruiné, hermano. Todo eso provocó en mi una atracción tan fuerte hacia ti que terminé por arruinar lo único bueno que me pudo pasar en esos días.

Separó su vista de los asombrados ojos azules de Leo y miró de reojo a Donatello; él también estaba asombrado por esas palabras, pues alguien como Raphael sería incapaz de revelar ese tipo de cosas si es que las llegaba a guardad sólo para sí mismo.

Aclaró la garganta para dejar de lado el sonrojo que le causó el imaginar la sarta de boberías que estarían pasando por la cabeza de Donnie en estos momentos, así que sólo se giró a ver a la pelirroja desde el lugar que ocupaba frente a Leo, pasando de vez en cuando la vista a su pequeña hija que la mujer aún mantenía en sus brazos.

—No creas que no me di cuenta de lo que ocurría, April; todo este tiempo simulaste que no sabías lo que estaba ocurriendo entre Donnie y yo cuando sabemos perfectamente que él te cuenta todo lo que ocurre en su vida por lo que no me extraña que también sepas cada detalle de nuestra intimidad y de lo que Donnie piensa de todo esto. Lo sé porque desde antes de que Jade naciera pareciera que tu propósito para conmigo es hacerme saber, con esa mirada de rencor que me dedicas cada vez que Donatello está triste, que no debo tratarlo así y que gracias a mí sufre. Todo este tiempo has tratado de decirme que debo hacerme responsable de lo que siente e insinuándome que haga un esfuerzo por amarlo tanto como él me ama, pero necesitas voltear atrás y darte cuenta del porqué llegamos a esta situación; el amor y el deseo que Donnie tenía por formar un familia contigo se salió de sus manos cuando lo dejaste de lado por Casey. Él simplemente quería continuar con su vida y tener su propia familia, pero cometió el error de amarte y después de elegirme como el padre de su hijo porque ya todos sabemos cómo terminó esa decisión.

La expresión en el rostro de la mujer era irreconocible; parecía que después de tanto, ni ella sabía todo lo que ocupaba la mente del mismo Donatello, a quien decía conocer como la palma de su mano.

Fue por eso que pudo decir nada, y la mirada triste de su amigo cuando lo enfrentó le decía claramente que Raphael no estaba mintiendo.

—Aún así agradezco todo lo que has hecho cuando lo apoyaste en el experimento que decidió hacer sin mi consentimiento —continuó, evidentemente más tranquilo que en un principio—, pues de no ser porque lo mantenías vigilado, posiblemente las complicaciones de concebir a Jade habrían sido mucho peores. Pero por favor deja de verme como si yo tuviera la culpa de todo y comienza a ver la participación que has tenido en todo esto.

Ella agachó la mirada y envolvió más el cuerpecito de Jade entre sus brazos; Raphael no tuvo más remedio que observar la expresión durmiente de su hija cuando decidió hacer de lado las ausentes lagrimas en el rostro de April; estaba soportándolo, lo sabía, pues parecía ser un golpe duro saber que ella y su pasado con Donatello tenía que ver con el deplorable estado tanto físico como psicológico del jovencito.

Por último, Raphael se dirigió a su padre, quien atento presenció todas esas revelaciones que su hijo pareció no soportar más dentro de su pecho, por lo que se preparó para el evidente enfrentamiento verbal que se llevaría a cabo entre ellos.

Lejos de observarlo con la molestia con la que había enfrentado a Leo y April, su hijo parecía rendido y agotado, haciendo una simple pero significativa reverencia frente a él y quedándose en esa posición por mucho más tiempo.

—Te desobedecí y le he quitado el honor al nombre de mi hermano con mis juegos y mis perversiones, pero tienes que entender que la decisión no fue sólo mía. Si nosotros decidimos convertirnos en amantes no fue porque obligué a Donatello. Eso es algo que jamás haría con alguno de mis hermanos, y necesito que te quede muy claro, por favor. Eres un hombre sabio y sabrás comprenderlo.

Si alguien pudiera ver dentro del cuerpo de Raphael, se habría enterado de que su corazón parecía querer salir de su cuerpo en cualquier momento, pues se estaba enfrentando a quien menos deseaba que supiera de la existencia del "romance" entre él y su hermano.

Su negatividad a enfrentarlo estaba entre cobardía y el miedo de que lo considerara poco hombre al enredarse con alguien de su mismo género, pero ahora su pensamiento había cambiado, o tal vez madurado, pues su miedo más grande persistía en el rechazo y en las consecuencias que esto traería para Donatello. O peor aún, para Jade.

Sin Splinter decir media palabra, Raphael emprendió su paso a los pasillos de la guarida, aquellos que guiaban a las habitaciones de los cuatro hermanos, hasta que el mismo Michelangelo se interpuso, rogándole con esos ojitos que no se marchara.

Apenas y había notado su presencia momentos antes, escondido detrás de Leo y presenciando la acalorada discusión de Raphael contra toda su familia; el se mostraba mal, pero no destrozado, como si la charla que tuvo horas antes con su padre, junto a Leonardo, no hubiera pasado a mayores.

—Raph… ¿N-no vas a pedirle que se quede?

El corazoncito de Mikey estaba herido; él no quería que su hermano se marchara; mucho menos que su amada sobrinita abandonara la guarida para mudarse al departamento de April.

—Lo siento, Mikey, pero Donnie ya tomó su decisión, y si la única manera de que el pueda estar listo para la operación es marcharse de su hogar, entonces lo único que podemos hacer es apoyarlo, aunque eso signifique que Jade deba marcharse con él durante un tiempo —para ese momento, el su bajito hermano ya tenía sus manitas aferradas a sus brazos, intentando frenar su huida para que convenciera a Donatello. De esa manera sólo lo abrazó para consolarlo, no limitándose a ello cuando nuevamente le dedico unas palabras al otro padre de su hija—. Sólo te advierto Donnie, que si te tardas más de la semana que dio como reglamento la doctora, yo mismo iré por Jade y nada impedirá que la traiga de vuelta conmigo.

—Mi intención no es dejarla sin un padre, Raph —respondió el joven científico, sintiendo el rechazo de su hermano cuando ni si quiera volteó a verlo.

Antes de marcharse, Raph besó la frente de Mikey y se disculpó con él por no poder retener a la niña con ellos y pidiéndole que ese beso lo pasara más adelante para su hija antes de que se marchara, pues no podía permanecer un momento más en ese lugar.

Sentía como si nadie ahí dentro lo quisiera presente, pero esa sensación de rechazo se marchó lejos cuando notó a Casey recargado en el arco de ladrillos que era la entrada al pasillo donde estaban sus habitaciones; permanecía cruzado de brazos, atento a todos y cada uno de los presentes y con una expresión que el mismo Raphael no pudo descifrar en ese momento.

—¡C-Casey! —tartamudeó, sorprendido por su presencia—. ¿Escuchaste todo?

—Viejo, me escabullí hasta la puerta de tu habitación cuando todos se distrajeron para avisarte que Donatello se llevaría a la niña aparentemente sin tu consentimiento. Estaba a punto de llamarte cuando saliste corriendo hecho un demonio en dirección a la sala principal. Ni siquiera me notaste, así que regresé aquí para averiguar lo que ocurría; y con respecto a tu pregunta… Claro que escuché todo. Sin excepciones.

Sin que el joven humano pudiera decir algo más, Raphael enrojeció hasta echar vapor por la cabeza; era el momento más vergonzoso de su vida y no asimilaba ni la mitad de lo que había sentido al saber que su propio padre se encontraba enterado; tal vez porque desde el momento en que hablaron a solas Splinter pareció no explotar con la idea y tomar las cosas con calma, pues el tono con que aquellas advertencias se formularon por lo menos no lo habían hecho huir de él.

Pero con Casey… sabía que su amigo era tolerante en ese aspecto, pues había mostrado suficiente madurez como para no rechazar a Leo y a Mikey cuando él mismo descubrió que ambos tenían una relación de más que hermanos.

Aún así decidió no quedarse y correr hasta su habitación, empujando al joven a un lado para quitarlo de su camino y no intentara detenerlo.

—¡Raph! ¡No huyas! ¡Necesitamos hablar!

Casey corrió tras él e intentó alcanzarlo, pero llegó muy tarde cuando la puerta de su habitación ya estaba cerrada con llave desde dentro.

—¡Oh, por favor viejo! ¡Habla conmigo un momento!

Pero Raphael no respondió; al parecer era suficiente humillación por el momento y evitó siquiera emitir una palabra para su amigo.

Casey sintió una mano grande sobre su hombro cuando seguía golpeando suavemente la puerta de la habitación de Raphael, encontrándose con un igualmente preocupado Leonardo.

—Creo que será mejor que lo dejemos descansar —pidió el mayor de los hermanos Hamato—. Todo esto ha sido muy difícil tanto para Raph como para Donnie. Deberás esperar a que se encuentre preparado para enfrentarte.

Resignado, el joven humano regresó con los demás y quiso apoyar a su pareja al querer hacerse de Jade para que la chica descansara un poco, pero Mikey se interpuso entre él y April y tomó a la niña; el más pequeño de todos ellos la abrazó y besó su cabecita incontables veces, soportando las lagrimas que querían salir desesperadamente desde el fondo de su alma; no quería despedirse de la niña. No quería que la llevaran lejos de él.

Y por un momento todos pudieron sentir, a través del bajito ninja y sus exageradas acciones, lo que posiblemente Raphael sintió a dejar que se la llevaran de su lado por toda una semana.

Tal vez eran pocos días, pero el mismo Donatello no podía ni imaginar el tener que separarse por tanto tiempo de su pequeña Jade.

«Lo siento, Raph. Pero es por el bien de todos.»

En su interior prometió hacer todo su esfuerzo por recuperarse lo antes posible, de esa forma, la niña volvería antes al lado de su padre.

Ese día transcurrió particularmente pesado para el resto de la familia que permaneció en casa; Raphael se brincó el desayuno, y lejos de ser sacado a rastras de su habitación para ir forzosamente al entrenamiento, Splinter lo dejó pasar, y en su lugar canceló el entrenamiento de forma indefinida.

Esto fue algo que sorprendió más que nada a Leonardo; su padre era un maestro en toda la extensión de la palabra y no dejaba por ninguna situación en entrenamiento de sus hijos. Hasta hace poco lo había visto dar su brazo a torcer con Donatello, pero era una situación totalmente comprensiva debido a su estado de salud, ¿pero esto?

—¿Crees que nosotros tengamos la culpa, Leo? —preguntó su hermanito de naranja después de entrar a la habitación de Raphael para dejar la cena junto a su cama, de donde no se había levantado en todo el día.

—¿Hablas de lo que ocurre con Raph? —hizo una forzada trompetilla antes de llevar el emparedado de salchichas y queso que su pequeño Mikey le preparó—. No te atormentes con eso. ¿Recuerdas las palabras de Rapha?; sólo él y Donnie tienen voz y voto en lo que ocurra con ellos más adelante. Y tiene razón, hermanito; no debemos meternos en sus asuntos.

—No me refería a eso —el mayor dejó de comer cuando supo exactamente el tema que su amante sacaría a la luz—. D-digo, tienes razón; Donnie y Raph se comportan extraño… ¿pero sensei? ¿Crees que él esté así por que descubrió lo que tenemos?

El bajito joven puso de vuelta su propio emparedado en el plato de porcelana e hizo a un lado su gaseosa de piña para poner sus rollizos brazos sobre la mesa de la estancia. Su apetito se había ido, e incluso Leo desde hace ya varios minutos había dejado totalmente de lado la transmisión de su serie preferida para poner su completa atención sobre su pequeño amante.

En ese momento sonrió; no todo había salido tan mal como la escena vivida por la mañana junto a sus hermanos y April.

Era verdad que su padre los había llamado para una pequeña charla donde quedaba más que claro que sabía desde hace tiempo de su relación amorosa, y supuestamente secreta. Pero lejos de aborrecer la idea, pareció mucho más concentrado en comparar lo que evidentemente ellos tenían con la tormentosa relación que Raphael y Donatello estaban viviendo.

Obsesiva y deshonesta.

Lasciva y enfermiza.

Por lo menos así la veía su padre, y ahora que lo consideraba bien y tras el sinceramiento de Raphael de aquella mañana, tal vez era cierto; el sentimiento era contrario de uno hacía el otro, pues mientras Donatello tras todo este tiempo había caído ante los encantos de Raphael, este último, con esa propuesta y patanería de su parte de simplemente tomarlo como desahogo sexual, le daban muy buenas razones a Splinter de comportarse así con Raphael.

Y no ayudaba mucho a su hermano el que en ningún momento lo negara.

Maldición; ¿a qué horas se había enterado de la vida intima de sus hermanos a tal nivel de saber cuál era el papel que desempeñaba cada uno en su toxica relación?

Cada uno de ellos tenía la culpa a su manera; Donatello por mentirle. Raphael por utilizarlo.

—¿Terminaste? —preguntó al menor, tratando de despejar su mente de todo lo que tuviera que ver con sus otros dos hermanos.

El bajito ninja asintió sin voltear a verlo aún y cuando vio las cuidadosas manos de Leo tomar los platos y los vasos sucios.

Fue y vino a la cocina dejando botados los utensilios en la mesa principal; no le pediría a Mikey que hiciera su única tarea nocturna de lavar los trastes después de la cena. Cuando lo vio de nuevo, cabizbajo en el sofá frente al televisor que literalmente parecía inservible en este momento, decidió que tenía que animarlo un poco; su hermano estaba preocupado por Raphael. Se sentía rechazado por Splinter. Extrañaba a morir a Jade, y si a eso le sumaba el hecho de que la salud de Donnie parecía ir en decadencia, obtenías un buen coctel de nervios que permanecerían en Mikey hasta que una pequeña luz de esperanza le dijera que todo iba a salir bien.

Eso o que él mismo presenciara que las cosas mejoraban de a poco.

Quitó la toalla húmeda que hasta estos momentos permanecía alrededor del cuello de su hermanito, y aprovechando que ninguno de los dos portaba la bandana, acarició su rostro y lo obligó a levantarlo hasta que pudiera verlo en todo su esplendor.

Sus ojitos claros estaban enrojecidos y lo miraban con suplica; en silencio, le rogaban que lo hiciera olvidar todo lo que estaba ocurriendo.

Apenas era el inicio de una tortuosa semana y ya estaba haciendo todo su esfuerzo por levantar los ánimos del más joven de la familia… sin contar a Jade.

Lo tomó de las manos y estiró de estas, obligándolo que se pusiera de pie para después tomar sus labios en un suave beso con el que procedió con cuidado; no quería obligarlo si llegaba a ser el caso que aquello fuera lo último que deseara el más joven.

Pero no fue rechazado ni por error cuando sintió esos cortos brazos rodearle el cuello para después ser hundido en este el lloroso rostro del menor; brisa marina, el olor de las sales de baño que siempre elegía Leo cuando se duchaban juntos.

El aroma y la frescura en el cuerpo de Leo lo forzaron a permanecer así por mucho más tiempo mientras era besado en el cuello y la parte trasera de su cabeza. A su vez, esas expertas manos acariciaban desde su caparazón medio, pasando por sus costados hasta llegar a sus caderas.

—Leo… —lo abrazó aún más fuerte, humedeciendo la piel del cuello de su hermano con su aliento cálido—… Por favor, haz que olvide lo que ocurre a nuestro alrededor. Aunque sea por esta noche… Te lo suplico.

El mayor deshizo el abrazo, topándose de frente con la mirada cristalizada de su hermanito, mientras una lagrima traviesa lograba su cometido de escapar, recorriendo sus abultadas mejillas repletas de lunares hasta perderse en aquella redondita barbilla.

Asintió con una ligera sonrisa para después besar una de las manos de Michelangelo; el menor sintió un pequeño cosquilleo y después de emitir una pequeña carcajada, sintió su rostro comenzar a sonrojarse; aún le apenaba que Leo fuera tan caballeroso y atento con él.

Para distraerlo aún más, Leonardo lo tomó en brazos y lo cargó hasta llegar a la entrada de su propia habitación, la cual abrió de una ligera patada para entrar junto con Mikey al más puro estilo nupcial.

Dejó su preciada carga en la cama con suavidad para regresar a la puerta y poner el seguro; tal vez Raphael estaba lo suficientemente distraído lamentando su existencia, pero era Raphael a fin de cuentas. Cualquier cosa podía esperar de él.

Volvió a concentrarse en Mikey cuando, nervioso, este ya lo esperaba haciéndole un lugar en la cama, donde no dudó en entrar una vez y llegó.

Hizo las sabanas perfectamente acomodadas a un lado y se posicionó sobre su amado Mikey, atrapando sus ojos con los propios; acariciando sus mejillas mientras este permanecía recostado sobre la cómoda almohada.

—Sé que te preocupa todo lo que tocas, y todo lo que abarca tu mente influye en tus emociones —dijo Leo, muy cerca de sus labios—, pero no pienses en el resto del mundo en estos momentos. Sólo estamos tú y yo aquí, sobre esta cama donde muchas veces te he demostrado lo mucho que te necesito.

Mikey arrugó sus gestos antes de ser él mismo quien atrapara los labios de su Leo; este pudo sentir enseguida como el fuego en el interior de su amante se avivaba cada vez que le permitía explorar su boca de aquella forma tan profunda y envolvente.

Sabía que lo siguiente era un pequeño juego de dominación por parte del menor, por lo que apenas y lo sintió levantarse, el mismo Leonardo se tumbó en la cama y dejó que fuera el mismo Mikey quien iniciara el juego.

El menor besó un par de veces más sus labios, y después de lamerlos descendió por su cuerpo, dejando grandes rastros de saliva en su barbilla, cuello, clavícula hasta detenerse en su plastrón superior, donde comenzó a mordisquear un poco aquel borde duro y repleto de cicatrices de batalla.

—S-sube, Mikey… sólo un poco —pidió Leo entre suspiros.

El de ojos cielo se relamió los labios cuando supo lo que su amate deseaba; abrió un poco más su boca hasta clavar sus planos dientes sobre aquél recoveco entre la clavícula y tráquea de Leo, poniendo sólo un poco de presión hasta escucharlo comenzar a gemir despacio.

—¡Ah! ¡Mikey!

Ahí estaba su nombre; le gustaba escucharlo cuando había mucho más que el simple hecho de nombrarlo. Le agrada todo ese deseo que guardaba aquél tono sensual y necesitado en su hermano mayor.

De ahí pasó a los músculos medios del cuello, los cuales se sentían tan duros como cualquier otro musculo de su bien trabajado cuerpo, hasta llegar a uno de sus hombros, donde puso un poco más de presión para después besarlo lento y sutil.

—Sabes que me encanta, ¿cierto?

Sonrió cuando escuchó aquellas risitas traviesas chocar contra su hombro derecho para después iniciar con un camino de besos que fueron a parar justo en su ya húmeda entrepierna.

Leonardo elevó un poco su cabeza para poder ver con claridad lo que su hermanito haría a continuación, por lo que solucionó su problema al colocar una abultada almohada debajo de esta; todo había quedado listo para espectáculo justo a tiempo para ver a Mikey pasar su cálida lengua por toda su entrepierna, invitándolo a soltar gemidos cada vez más audibles.

—Sigue, Mikey… sigue.

Su respiración se escuchaba cada vez más entrecortada y no logró acallar un fuerte gemido cuando se libero entre las manos de Mikey, sintiendo esos dedos y después una cálida lengua recorrerlo principio a fin; como si de un caramelo se tratara.

Mikey lo envolvió por completo y comenzó una lenta y deliciosa felación que no tardo en enloquecer por completo a su amante, pues en repetidas ocasiones intentó que ese rígido y grande miembro llegara lo más profundo posible dentro de su garganta hasta que sintió un montón de liquido seminal, por lo que decidió cambiar la profundidad por la velocidad, metiendo y sacando rápidamente la virilidad de su hermano con intenciones de hacerlo culminar en su boca.

Esta vez, aunque ya era costumbre para ambos hacerlo de aquella manera, Leo lo detuvo, levantándose presurosamente de su lugar para intercambiar los papeles.

El menor separó sus gorditas piernas porque supo que su hermano ocuparía el lugar entre estas, por lo que apenas y se posicionó, él mismo comenzó a masturbarse, pues su propia erección ya permanecía libre desde hace unos momentos y comenzaba a doler por falta de atención.

Fue el mismo Leo quien rápidamente deshizo aquella acción de su parte para poder ser él quien le brindara aquél tipo de placer, al cual Michelangelo no se negó. Cerró sus manos en puño hasta arrugar por completo las pulcras sabanas cuando Leonardo adentró un dedo de su otra mano en él; a diferencia de otras veces, el mayor pretendía ir un poco más adentro de esa ajustada cavidad, provocando un fuerte gemido en Mikey cuando meticulosamente encontró lo que buscaba y presionó con suavidad.

—¡AH! ¡AH SI, LEO! —el pequeño se retorció un par de veces más conforme su dedo presionaba aquella parte en especial—. ¡¿QUÉ ES ESO?! ¡¿QUE-QUE ES?! ¡AHHH! ¡SE SIENTE INCREÍBLE!

—Ese es tu punto G, Mikey —sonrió, complacido por los fuertes sonidos de placer que salían de la boca de su hermanito—. Al parecer esto da mejores resultados de lo que esperaba.

El más joven asintió fuertemente, evidenciando su deseo por seguir siendo tocado de aquella manera.

Leonardo continuó moviendo su dedo dentro de aquél cuerpo joven y lleno de energía, estimulando su próstata con pequeños masajes internos que hacían elevar cada vez más la voz de su dominado.

—¡Ya! ¡Ya, por favor! —gimió el pequeño, desesperado por sentir algo más grande dentro de él—. ¡Hazlo, Leo! ¡T-te necesito!

Ni siquiera había terminado de decir estas palabras cuando sintió el dedo de Leo ser retirado de su interior, siendo reemplazado inmediatamente aquella gruesa virilidad que demandaba hacer suyo una vez más el interior de Michelangelo.

—¡Oh! ¡Sí! ¡Se siente tan bien estar dentro de ti! —gimió el líder, moviendo rápidamente sus caderas para profundizar cada vez más en aquél cuerpo tan delicioso.

Continuaron así algunos minutos más hasta que los gemidos de Mikey se fueron convirtiendo en gritos que intentó más de una vez acallar con sus regordetas manos, pues Leo tenía las propias muy ocupadas al continuar masturbándolo con una mientras con la otra se sostenía encorvado sobre el cuerpecito de su hermano.

Sintió aquél liquido espeso comenzar a ser derramado en su interior y lo comparó con ardientes llamas, que a su vez lo obligaron a soltar su propia semilla justo en el duro estómago de su hermano mientras seguía siendo estimulado hasta terminar de vaciarse en su mano.

Desesperado y aun en busca del aliento que les faltaba, Michelangelo estiró sus manos señalándole a Leo que lo deseaba entre sus brazos, pero lejos de llegar a recostarse sobre el agitado pecho del regordete ninja, fue este quien obligó a Leo a recostarse en la cama mientras descansaba su cabeza en su plastrón pectoral.

Aquella había sido una sesión inigualable; perfecta para olvidar todo lo que en ese momento los rodeaba.

—Mikey… estuviste increíble —besó su cabeza pecosa y con su brazo, aún siendo utilizado como almohada, rodeó su caparazón para deshacer todo espacio posible que llegara a separarlos—. Acabas de ganarte una pizza y una semana completa de golosinas; yo invito.

—Qué romántico, Leo —rió travieso para después besar su mejilla—. ¿Y la pizza puede tener frijoles dulces?

—Lo que mi maravilloso amante desee.

Pasó ese brazo protector que mantenía posado en su caparazón a rodearle el cuello y cabeza y comenzó a besar la cima de esta con exageración, provocando una risa escandalosa en su hermanito.

Rápido, sus acciones frenaron y volvieron a recostarse; Mikey sobre el pecho de Leo mientras este pareció relajarse cada vez más sobre esa cómoda almohada blanca.

Pero lo que no sabía Leo, era las miles de situaciones que estaban volviendo a la cabeza de Michelangelo, las cuales poco a poco se dejaron ver conforme abrió la boca nuevamente.

—L-Leo… ¿puedo hacerte una pregunta?

—¿Hnnn? —preguntó, con medio cerebro apagado por el repentino sueño que sintió al descansar libremente.

—¿Puedo hacerte un pregunta importante? —repitió Mikey, acariciando con sus manita el fuerte estómago de su pareja para evitar que durmiera del todo.

—Claro, Mike —ahora fue el turno de Leo para acariciarlo, pasando sus dedos suavemente sobre su calva cabecita—. Puedes confiar en mí.

El más joven calló por incontables segundos, encendiendo rápidamente una pequeña alarma en el cerebro de Leonardo. ¿Por qué le estaba siendo tan difícil formular una simple pregunta?

—¿Mikey?

En ese momento lo escuchó suspirar, tomando el valor suficiente para proceder.

—Leo… ¿tendrías un bebé conmigo?

El mayor se quedó mudo; ¿Mikey había preguntado si…? ¿Quería que ellos tuvieran…?

—¡Mikey! —exclamó comprensivo, acomodándose en su lugar para quedar sentado justo a un lado de un preocupado Michelangelo—. ¿Qué…? ¿Porqué una idea tan… difícil como esa?

El más joven vio verdadera angustia en el rostro de su pareja gracias a esa simple pregunta, por lo que después de guardar silencio y luchar internamente con su conciencia, sonrió juguetón, apretando las mejillas de Leonardo en señal de que se trataba de una simple broma.

—¡Es sólo un juego, Leo! —rió travieso, obligando a su amante a recostarse nuevamente en la cama para acomodarse sobre su pecho y permanecer así por mucho más tiempo—. Sólo estaba probando tu juicio… ¡Claro que es una locura! ¡Pff! ¡Un bebé! Que idea tan tonta.

Preocupado, Leonardo abrazó nuevamente a Mikey cuando sintió sus manitas aferrarse a su pecho en señal de impotencia… o tal vez verdadera frustración por ser la idea inmediatamente descartada.

—Buenas noches, Leo —dijo entre risitas, tratando de ocultar lo que guardaba en su decepcionada alma.

—Mikey… —Leo tomó su manita, aquella que aferraba molesto sobre el pecho del mayor, con su extremidad libre para tratar de hacerlo entrar en razón—… Sabes que es una mala idea, ¿verdad?

El pequeño asintió, cerrando sus manos en puño ante tal decepción; estaba claro que para Leo, era un tema tan delicado que era imposible bromear con ello.

Aunque para mala suerte de Mikey, jamás lo había tomado a modo de chiste.

PARTE II – HUIDA

—¡Raph! —tocó la puerta el joven de cabello negro—. ¡Raph! ¡Raph! ¡Raph!

Llevaba ya días así, visitando la guarida para intentar entablar conversación con su mejor amigo tras tener ni una sola noticia de su parte.

Leo y Mikey le habían aclarado que así era incluso con ellos, pues aún y cuando sólo le abría la puerta al más joven de sus hermanos para que le entregara la comida, tenía los días transcurridos encerrado en su habitación; después de todo, no tenían deberes desde que Splinter decidió tomarse un descanso y Leo llevaba consigo únicamente a Mikey para patrullar la ciudad por las noches.

Sólo una vez se les había unido Casey, argumentando que no soportaba las charlas de amigas que mantenían Donnie y April.

Y hablando de su hermano, este parecía mucho más tranquilo, aunque lago aturdido por el medicamente previo a la cirugía, que el último, día que lo vieron en la guarida cuando decidieron visitarlo; claro, sólo Leo y Mikey. Raphael incluso al enterarse que decidieron pasar a visitar a su hermano y la linda Jade, se rehusó a acompañarlos.

No parecía estar listo para volver a ver a Donnie… mucho menos a su mejor amigo gracias a la vergonzosa forma en que se enteró de algunas de sus aventuras con uno de sus hermanos. Aunque lo más extraño era que Casey no parecía muy disgustado con la noticia; vaya que incluso había intentado en distintas ocasiones hablar con él, pero nada más no le era permitido.

Fue por eso que insistió con el llamado.

—¡Raph! ¡Raph! ¡Ra…!

—¡¿Quieres dejar de hacer eso?! —protestó Leonardo, arrojándole la toalla que hasta hace poco había utilizado en el entrenamiento—. Sólo lo estás fastidiando y a nosotros también. ¿Por qué mejor no intentas enviarle algunos mensajes y esperas a que los responda?

—Ya lo intenté, pero igualmente parece evitarlos. No me los devuelve… ni siquiera los insultos.

La joven tortuga rodó los ojos; por lo menos le daba el crédito de que estaba haciendo el mayor esfuerzo por llamar su atención.

—Bien, te creo… pero mejor dime, ¿a qué has venido?

Después de dedicarle unas palabras de despedida a la puerta y pedirle que lo llamara cuanto antes para pode hablar, acompañó a Leo rumbo a la estancia principal donde ya los esperaba el más joven de los hermanos.

—¿Y bien? —preguntó el hermano mayor, tomando asiento al lado de Mikey, quien se mantenía ocupado con un juego de video portátil.

—En realidad es nada importante —dijo, tratando de ocultar sin mucha satisfacción la ansiedad con la que desesperadamente llamaba a la puerta hace unos momentos—. Donnie sólo me pidió que le llevara unas cosas para la niña, así que creo que mejor iré a buscarlas para llegar a casa cuanto antes; esos dos pasan mucho tiempo juntos y no quiero que me dejen de lado.

Leo supo que se refería a su hermano y April, pero pareció ser un chiste inocente a comparación de lo que pudo haber pensado de Donnie cuando se enteró de cómo estuvieron las cosas entre él y su novia.

Aunque, para estar así de tranquilo, lo más seguro era que la misma April ya lo mantuviera al tanto de lo que ocurría.

—Entonces los dejaré solos por un momento —le mostró un guiño a Leo, quien parecía tener las intenciones de rodear a Mikey con un brazo aun y cuando estaba distraído—. No se detengan por mí; no me asustaré si deciden darse unos besitos en mi ausencia.

—El que estés al tanto de lo que sucede entre nosotros no significa que tenemos la obligación de que te enteres de nuestras muestras de cariño; no somos exhibicionistas —respondió Leo, abochornado y con un deje de molestia.

Casey sólo rió, palmeando un hombro de su amigo antes de seguir el camino rumbo a la habitación de Donatello.

—¿Sabes…? —se detuvo por un momento, aprovechando que la atención de su joven líder aún estaba sobre él—. En realidad ya sabía que tú y Mikey estaban saliendo; comencé a sospecharlo el día que me dieron hospedaje temporal. Digo, ¿qué par de chicos de dieciocho años duermen juntos si no es para pasar un buen rato?

El rostro de Leo echó vapor a grandes cantidades; Casey Jones tenía la facilidad inapelable de lograr avergonzar a todo aquél que se atravesara en su camino, si así lo deseaba.

—Pero descuida, Leo; jamás tuve intenciones de reclamarte. Y a decir verdad es comprensible; Mikey es lindo, divertido y alegre. Y lo mejor de todo… te es fiel a morir.

El joven humano le mostró el pulgar en señal de total aprobación, y aunque estaba claro que no la necesitaba para continuar con la vida que ya había decidido para ambos, era agradable ver que lo único que a lo que podían llamar "normal" en sus vidas, los aceptaba tal y como eran.

Casey era mucho más maduro de lo que alguna vez llegó a imaginar.

Le agradeció en voz baja, terminando de pasar aquél esbelto brazo por la parte trasera del cuello de Mikey para finalmente hacerse notar, regalándole un tierno beso en la mejilla a su hermanito para dejarlo continuar con su juego.

Por su parte, Casey fue directo a la cuna que hasta hace poco le habían obsequiado a su sobrinita, como le gustaba llamarla, y removió algunas cosas hasta encontrar la ropa, mantas, y algunos accesorios más que Donatello le había indicado. Necesitaba recordarlas todas, o gracias al humor que tanto él como April se cargaban últimamente, recibiría reclamos al por mayor.

Tomó la pañalera restante y decidió meter ahí las cosas para evitar que se le quedaran en el camino. Torpemente dejó caer uno de los biberones nuevos al tratar de meter a fuerza la formula en polvo que el mismo Donnie había creado para la niña y fue a parar al orilla de la cama, por lo que no tardó en agacharse por la mamila.

Cuando lo hizo, la posición en la que quedó le permitió ver que debajo de las abultadas almohadas había un pequeño papel semi-doblado, cosa que llamó enormemente su atención y no tardó en averiguar de qué se trataba, sonriendo apenas y notó que se trataba de una fotografía instantánea que mostraba a un dormido Raphael sobre el sofá más amplio con la pequeña Jade, igual de privada, sobre el pecho de este.

La fotografía era maravillosa, tomando el mejor ángulo de ambos lo cual hacía la escena más que adorable ante los ojos de cualquiera.

Al pie de esta, permanecía escrita con letras realmente horribles la frase "Mis dos amores".

Si mal no recordaba, aquella letra era de Mikey, por lo que giró la fotografía para leer lo que estaba escrito detrás de esta;

"Para: Donnie.

De: Mikey.

¿A poco no lucen adorables? PD: Lo siento por tomar tu cámara sin permiso.

Por nada, D"

Casey rió irremediablemente; aquello era un verdadero tesoro que seguramente Donnie apreciaría el volver a tener entre manos, porque tal vez no había mencionado su nombre en ningún momento desde que pisó el suelo de su departamento, pero estaba seguro de que lo extrañaba.

Así como estaba seguro de que Raphael extrañaba a Donnie y a Jade.

Repentinamente aquella sonrisa en su rostro desapareció y se concentró aún más en la fotografía; tal vez había alguien más que la apreciaría mucho más que el mismo Donatello.

Salió de la habitación con la pañalera y su otra preciada carga entre manos, cruzando el pasillo hasta llegar nuevamente a la puerta que protegía la intimidad del dormitorio de su mejor amigo.

Tocó nuevamente, pero esta vez no insistió, simplemente esperó tener la fortuna de llamar su atención.

Se agachó, y desarrugando esa fotografía lo mejor que pudo, la metió por debajo de la puerta cruzando los dedos porque Raph la notara.

—Esto… lo encontré en las cosas personales de Donnie; y si de algo sirve mencionarlo… la guardaba como a un tesoro.

Guardó silencio, y aún así escuchó nada dentro de aquél dormitorio, por lo que suspiró y volvió a tomar la pañalera.

—Viejo… no sé qué tan imperdonable sea para ti el que esté enterado de… tus preferencias. Pero necesito que comprendas que esto no cambia mi imagen de ti. Por favor, confía en mí y arreglemos todo esto, ¿sí? —el chico suspiró, cansado de no obtener respuesta—. Estaré esperando tu mensaje.

Casey se despidió de sus demás amigos, e incluso visitó el dojo para saludar a Splinter para comunicarle que tanto su hijo como su nieta se encontraban perfectamente. En cuanto pudo verlo ahí, meditando junto al bello arbusto que adornaba la sala de entrenamiento, lo notó diferente.

Pero no era de extrañarse; toda esta situación había afectado a la familia completa, y alguien tan amoroso y atento a sus hijos como lo era Splinter, evidentemente se vería conmovido a ese nivel.

Se supo fallido su intento por no enterarse de la hora en que vivía cuando arrancó ese estúpido despertador de la corriente eléctrica y lo arrojó hacia una dirección hasta ahora desconocida.

Evidentemente todo se arruinó desde el momento en que tomó su Tphone para buscar entre todos los juegos que había descargado en él e inevitablemente ver la hora en la parte superior del móvil.

Según la hora ya había amanecido, y si mal no recordaba, ese era el día que Donatello había prometido volver a la guarida, y con él, su hija.

Dejó el móvil a un lado y tomó entre sus manos la fotografía que hace unos días Casey le entregó de forma extraña por debajo de la puerta al negarse a abrirla; no era de su total agrado el verse a él mismo en una fotografía, pues no acostumbraba tomarlas, pero podía evitar perderse en la diminuta figura de su hija plasmada graciosamente sobre su pecho mientras él dormía.

Aunque lo más sorprendente, era que su hermano mantuviera guardada una fotografía así y dedicada hacia su persona como si realmente la deseara.

La arrojó a la cómoda y se recostó un momento más; en realidad no tenía mucho que hacer ahí encerrado. Había encontrado la manera de evadir a su familia saliendo a media noche para tomar un baño diario y asaltar la cocina si es que tenía hambre.

Había logrado evadir a todo mundo excepto por Mikey, a quien había dejado entrar un día para entregarle su desayuno y supo que no sería problema el volver a admitirlo bajo la única condición de que sólo le entregara su comida y nada más.

Hasta ahora había funcionado, pues no había escuchado una sola palabra por parte de su hermanito cada vez que lo veía.

Mucho menos de Leo a través de la puerta.

Y ya ni hablar de Splinter.

Se removió incomodo, por lo que decidió colocar un par de almohadas más bajo su cabeza. En ese momento la imagen de su hijita llegó rápidamente a su mente y deseó tenerla entre sus brazos. La había extrañado tanto, y casi podía jurar que la niña también lo había extrañado a él.

También estaba la ausencia de Donatello, la cual aún se negaba el permitirse analizar. El se había marchado por su propio pie y eso era todo lo que necesitaba para no intervenir.

No quería verlo, pero al mismo tiempo estaba deseando estar a solas con él y hablar de lo que sucedería de ahora en adelante con ellos… con Splinter. Sabía que su padre no estaba de acuerdo en la forma en que mantenían su relación hasta el día en que fueron descubiertos y seguiría oponiéndose ante todo; por esa razón había dado su consentimiento a Donatello de salir de la guarida por tanto tiempo y ocultarse en casa de sus amigos hasta este día.

Eso le daba tiempo de pensar. Pensar claramente en lo que haría con ambos.

Un paso en falso, y seguramente su destino estaría decidido.

¿Ayudaba en algo el hecho de que no duraron ni una hora como verdaderos amantes? ¿Qué la decisión la tomaron poco antes de ser descubiertos por el mismo Splinter?

No sabía si era mejor el que los hayan descubierto ahora, a que lo hicieran más adelante, cuando este juego se encontrara mucho más avanzado y el y su hermano se encontraran perdidos en un mundo muy, pero muy alejado de la simple fraternidad.

Ahora que lo podía ver desde esa perspectiva, estaba más que claro que nada bueno podía acabar si seguían por ese camino, a menos que…

—No, es una completa locura.

Sacudió su cabeza un par de veces imaginando en lo que se convertiría Donatello de haber cumplido su objetivo de ser amantes; su inestabilidad mental permanecería, además de un corazón hecho aún más añicos de lo que ya se encontraba.

No podía hacerle eso a su hermano por un simple deseo libertino por obtener su cuerpo cada que así lo deseara.

Cada vez que lo deseara.

Cada vez que ÉL lo deseara.

—Te odio, Donnie —se dijo a sí mismo, no tomando muy en cuenta la connotación de odio hacia su hermano—. ¿Cómo es posible que siendo chico seas jodidamente… sexy?

Cerró los ojos mientras sonreía, recordando aquellas dos únicas veces en que realmente habían buscado algo más que simple satisfacción sexual; la primera vez no la contaba, pues era un hecho que prefería dejarla de lado por completo.

Entonces llegó a su mente el magnífico momento previo al descubrimiento de Splinter; había sido una experiencia única y probablemente irrepetible si se atrevía a intentar experimentarla con alguien más.

Recordó el tacto y las caricias de todas aquellas mujeres con las que incluso llegó a pasar largas horas, jugando al anonimato e incluso al chico deforme que no se animaba a mostrar su rostro por temor a ser rechazado. Todas ellas dijeron incontables veces lo bueno que era en la cama y lo mucho que lo amaban, pero sabía de antemano que eran palabras vacías e interesadas por ofrecer una buena gratificación a cambio de una buena suma de dinero.

Ellas estaban dispuestas a hacer cualquier cosa a cambio de dinero, y eso le pareció divertido por mucho tiempo; vaya que si se atrevían a tener sexo con alguien a quien no podían verle el rostro, había mucho, pero mucho interés monetario de por medio.

Y después, otro nivel más arriba, estaban las caricias y los suspiros que Donatello le dedicaba con vehemencia, incluso con un "Te amo" de por medio.

Hasta que llegó a un nivel más entrañable con su hermano fue que logró sentir que su mundo daba vueltas cada vez que lo besaba. Cada vez que lo acariciaba y escuchaba su nombre salir de esos delgados labios que sabían a autentica gloria.

"Te amo".

Recordó esas palabras con especial claridad. Cuando las mencionó estaba triste, agotado y afligido porque lo habían separado de hasta entonces, el huevo que le pertenecía a ambos.

Y aún sabiendo que la respuesta sería un evidente rechazo, se abrió ante él y aclaró sus sentimientos de frente.

"Sabes perfectamente que no sólo me gustas, Raphie".

Restregó una mano en su rostro cuando recordó ese lindo color rojo en el rostro de su hermano cuando le hizo saber que sus sentimientos habían cambiado en nada; a pesar de eso, y a sabiendas que sólo se trataría un juego de buscar y encontrar, aceptó la propuesta de convertirse en amantes por tiempo indefinido, hasta que alguno de los dos consiguiera una pareja de verdad.

—Lo arruinaste, Rapha —se dijo a sí mismo—. Pudiste haber tenido todo; una pareja que muere de amor por ti y una encantadora princesa para formar una familia de verdad… y lo arruinas de esa manera por una jodida calentura.

Y entonces recordó las palabras que el mismo Splinter le dijo aquél día que los mandó llamar por primera vez al dojo para hablar sobre el estado de su relación como futuros padres;

"Donatello ha logrado ver más allá de la superficialidad, decidiendo que su razón para vivir se encontraba en una familia propia".

—¿Porqué no puedo ser como tú, Donnie? Como Leo… como Mikey incluso; todos saben lo que quieren de sus vidas, excepto por mí. Soy el único que no sabe a dónde se dirige.

Dio un par de vueltas más sobre la cama, arrojando el montón de almohadas a un lado para su mayor comodidad, quedando únicamente abrazado de una, en la cual hundió su rostro.

—Buenas noches, Raphie. Descansa, Raphie.

Se burló de él mismo con aquellas palabras, decidiendo dormir un momento más antes de que Mikey tocara la puerta para entregarle la comida de ese día, hasta que sintió una nueva vibración proveniente de su Tphone y aquella fastidiosa melodía que lo enteraba de que tenía un nuevo mensaje de texto.

«¿De nuevo, Casey?» pensó molesto.

Hubiera deseado no tener que desenredar sus brazos de aquella cómoda almohada pero por lo menos tenía que abrir el mensaje o ese estúpido sonido se repetiría cada cierto tiempo para decirle que aún no leía el mensaje.

Con fastidio tomó el aparato, y tras digitalizar su contraseña, lo primero que vio fue el nombre de contacto como "Donnie-boy" bajo el dibujo del sobre virtual en la pantalla.

Se acomodó nuevamente sobre la cama y con sus manos extrañamente sudorosas desplegó el mensaje en la pantalla:

"Te quiero".

Tan sencillo, y al mismo tiempo, tan difícil de interpretar.

«¡¿Qué carajos ocurre contigo, Donnie?!» se dijo a sí mismo, aún sin dejar de ver la pantalla de su accesorio. «¡¿Por qué me envías esto sin más?! ¡¿Qué quieres que haga?! ¿Que te responda por este medio? ¿Que te busque?»

Después de repetir un sinfín de veces la palabra "carajo", arrojó al suelo su Tphone y este se partió en tantos pedazos a los cuales ni siquiera pudo contar a primera vista.

—Carajo —murmuró por última vez, observando su aparato totalmente inservible en el suelo.

Esto lo hizo levantarse finalmente de la cama, comenzando una larga caminata en círculos dentro de su habitación que no terminaría hasta saber algo más con respecto a Donatello.

Lo que fuera… cualquier cosa con tal de calmar sus ansias de enterarse lo que significaba ese mensaje de texto.

Se quedaron sin habla el momento en que lo vieron salir de su habitación, finalmente, para ir directo al gimnasio más grande de la guarida.

—Maldición —murmuró Leo para que sólo Mikey lo escuchara—. Algo debió hacerlo enojar más para que vaya directo a hacer pesas… hay que ser cautelosos.

El más bajito asintió velozmente, dejando de lado la bandeja con los alimentos que estaba preparando para llevarle a Raphael.

Caminaron despacio hasta asomar sus cabezas al salón más grande de la guarida, donde tenían varios artefactos para ejercitarse cuando el entrenamiento con Splinter terminaba. Aquél lugar se había convertido en un santuario para Raphael al ser quien mayormente lo utilizaba, pues sus hermanos no se pasaban mucho por ahí después de entrenar; Leo prefería meditar. Donatello encerrarse en su laboratorio y Mikey ver televisión, jugar videojuegos y comer golosinas.

—¡Largo de aquí! —escucharon su voz furiosa, pues inmediatamente se dio cuenta de que tenía compañía—. ¡Al que se atreva a poner un pie mientras levanto pesas se las arrojaré en la cabeza!

Rápidamente se retiraron de la puerta, volteando a verse asustados de lo rápido que fueron descubiertos. Mikey deseaba volver a asomarse dentro del gimnasio, pero Leo lo tomó de la mano y lo obligó a caminar en dirección contraria.

—No desafíes a tu suerte —advirtió, sintiendo un par de veces esa manita intentar soltarse de la suya—. ¿Sabías que su fuerza ya llegó a un nivel en que puede arrojar una mancuerna de 50 kilos directo a tu cabeza aún y cuando estés a varios metros distante? Ahora imagina lo que puede hacer con unas pesas y a unos cuantos pasos de él.

Ahora, lejos de seguir forzando a Leo para que lo soltara, se agarró de este totalmente aterrado; era mejor eso a dejarlo provocar a Raphael con sus juegos y después tuvieran muchos más problemas de los que ya se podían apreciar en el ambiente.

—¿Tienes todo lo que te pedí listo, Mikey? —preguntó el mayor de los hermanos, abrochando las correas donde portaba sus tradicionales Katanas.

—¡Todo listo, capitán! —dijo el pequeño cual soldado saluda a su superior—. Pero no entiendo porque tenemos que llevar tantas bombas de humo y shuriken extras… sólo vamos por Donnie y Jade, ¿cierto?

—Sí, pero en caso de ser emboscados, necesitaremos luchar a distancia y huir lo más rápido posible sin ser detectados; recuerda que sólo tendremos la ayuda extra de Casey. Donatello no podrá defenderse por sí mismo y alguien deberá encargarse totalmente de Jade.

El más pequeño asintió presuroso, comprendiendo todo lo que su líder le explicaba para poder llegar a salvo a la guarida en caso de que el Pie se encontrara de humor para una pequeña batalla; lo malo aquí, era que no contarían con la fuerza bruta y destreza de Raphael, ni mucho menos la mente rápida de su hermano genio, pues aún y cuando sería él mismo el trasladado, Casey mencionó muchas veces que el medicamento previo a la cirugía que la doctora les había dado lo hacía desvariar lo suficiente como para no estar al tanto de lo que ocurría a su alrededor.

En pocas palabras; estarían desprotegidos, confiando solamente en sus habilidades como ninjas.

Aunque claro, también estaba el hecho de que ninguno de sus enemigos restantes, después de que Leo cortara la cabeza de Shredder en batalla, los había molestado hasta ahora. Eran simples rencillas que soldados fieles de Oroku Saki tenían contra ellos, y más de una vez lo admitieron.

Pero eran simples soldados… no más.

—En marcha, Mikey —ordenó Leonardo.

Asintió y terminó de colocar el resto de las bombas caseras en su cinturón para andar su paso fuera de la guarida, pero la veloz presencia de un tercero, pasando rápidamente por uno de sus costados y arrebatándole algunas de sus municiones lo desconcertó hasta caer trasero al suelo.

—¡¿Pero qué…?! ¿Raph? ¿Qué haces?

El bajito ninja se acomodó el resto de las armas en su cinturón, de pie junto a la salida de su hogar; Leonardo también pudo notar que llevaba sus sai consigo, preparándose para salir.

—Tú… ¿quieres venir con nosotros también? —preguntó Mikey al saber que aquella pregunta no había logrado sobrepasar los labios de su líder.

—No; iré sólo. Ustedes se quedarán aquí y estarán atentos a sus teléfonos en caso de que algún problema surja —ordenó el de rojo.

—Se supone que aquí el líder soy yo, Rapha —finalmente escuchó la voz de Leo—. Además, no puedes ir sólo por Donatello y Jade; sabes que Splinter ordenó que…

—¡Me importa poco lo que él haya ordenado! ¡Tengo que ver a solas a Donatello y si ustedes vienen conmigo sólo arruinarán el momento!

—Sé que ustedes necesitan hablar, Raph, pero este no es el momento. Tal vez debas esperar a que…

—¿Esperar? ¿A qué, Leo? A que Splinter ponga rejas en mi habitación con tal de que no me acerque a Donnie? ¿A que April termine de convencerlo para que crea que soy una mala influencia para mi hija? —Raph suspiró, tratando de hacer que su hermano lo comprendiera, con una mirada un poco más suave que la acostumbrada—. Por favor, Leo… Necesito hacer esto. De verdad.

El hermano mayor logró ver esa desesperación en el alma de Raphael a través de sus ojos, por lo que destensó su cuerpo y se acercó para entregarle su yumi y unas cuantas flechas.

Raphael las tomó y colocó a su alrededor el portador de Leo, chocando sus puños como modo de agradecimiento.

—Gracias, bro. Esto significa mucho.

—Sólo maneja las cosas con cuidado, ¿de a cuerdo? Según April y Casey, Donnie está constantemente bajo los efectos del medicamento y suele… delirar un poco. Y necesita controlarse y estar tranquilo porque mañana será un día difícil. Sólo recuerda eso… y… tenle mucha paciencia.

—Lo haré.

Le dio de nuevo la mano y dedicó a su hermano mayor una sonrisa de confianza para despedirse momentáneamente, pero la repentina presencia de su padre, junto con su imponente voz, detuvo nuevamente su propósito.

—¿A dónde vas, Raphael? —preguntó, poniendo su bastón por delante mientras lo observaba al otro lado de la habitación.

—Iré por mi hermano y mi hija —dijo, si una pizca de temor en su voz—. Leo y Mikey están de acuerdo y…

—Les recuerdo que mis órdenes fueron muy claras —interrumpió, mirando con tranquilidad a sus dos hijos mayores—. Raphael, eres completamente incapaz de cuidar de Donatello y eso no está a discusión. Tu hermano necesita seguridad y tranquilidad, y tu presencia sólo lo alterará y perjudicará la cirugía de mañana.

—¿Eso… —se quedó estático, Raphael, no creyendo lo que su padre le decía—… eso fue lo que le dijiste a Donnie? ¡¿De esa forma lo convenciste de que se fuera de nuestro lado?!

Leonardo se acercó rápidamente a su hermano, sintiendo a distancia como su pulso se aceleraba con las palabras que su padre le había dicho. Incluso él se sentía mal; no era justo que Splinter se inmiscuyera de esa forma dentro de una mente tan moldeable como la de Donnie con tal de que se cumpliera su voluntad.

—Hijo, por favor comprende. Las cosas deben ser así.

—¿Deben ser así? ¿Así como? Controlando la vida de todos a cada momento —se defendió el de rojo—. Acepto que me asombró que tomaras tan bien lo que Leo y Mikey tienen, porque ellos se lo merecen. ¿Pero por qué tienes que meterte en las decisiones que Donnie y yo podemos llegar a tomar? Como tú lo dijiste una vez, ¡somos adultos! Y tal vez es cierto, nos equivocamos en la forma en que manejamos las cosas, pero no voy a renunciar a mi vida sólo para complacerte. ¡Tendrás que vivir con ello!

Splinter suspiró. Leonardo sabía que su padre estaba mucho más controlado de lo que aquellas palabras querían influir en él.

—Raphael, te lo prohíbo —repitió una vez más el hombre rata—. Hay una razón muy clara para que no continúes con esto, y si eres incapaz de verlo, lo único que puedes hacer es quedarte a un lado y dejar que los demás nos encarguemos del cuidado de Donatello.

—Dime cual es esa razón —ordenó, cruzándose de brazos para mostrarse decidido.

—Eso es algo que sólo tú, con buen juicio y verdadera preocupación por la salud de tu hermano podrá entender. Y si no sabes de lo que hablo… tal vez simplemente debas hacerte a un lado, hijo.

Raphael lo observó desafiante, y después de quitarse a Leo de encima y ver fugazmente la preocupación en los ojos de Mikey, se decidió continuar con sus planes y marcharse.

—Leo, déjame tu Tphone, el mío está descompuesto.

El joven líder le entregó su móvil, decidiendo que no podía inmiscuirse en la decisión de su hermano por tratar de arreglar su situación con Donatello; aún y cuando eso significara que su padre lo corriera de casa temporalmente con tal de que su hijo enfermo se mantuviera tranquilo.

Lo vieron marcharse, dejando completamente de lado la orden de su padre.

Leo suspiró, girándose hacia su maestro totalmente confiado de que había hecho lo correcto.

—Lo siento, sensei —se disculpó—. Pero confío en Raph y sé que hará lo mejor por el bienestar de Donnie… creo que, ya aprendió su lección.

El hombre de mayor edad simplemente sonrió, sorprendiendo a sus dos hijos con esta acción.

—Lo sé, Leonardo; lo único que faltaba aquí era… convencerme.

Él agitó su mano, y después de pedir que lo mantuvieran al tanto de las cosas y de la llegada de sus otros hijos y su nieta, se marchó a su habitación, esperando descansar un poco más antes de que la guarida se llenara completamente de llantos y pucheros sin sentido. A los cuales debía admitir, extraña.

Y aún y cuando Mikey parecía muy contento con el resultado de aquella extraña discusión, Leo seguía sin bajar la guardia. Por lo menos hasta que sus hermanos volvieran y se encontraran de nuevo con Splinter.

El camino al departamento de April y Casey no era largo ni mucho menos complicado, pero aún así tenía que mantener completa atención puesta a su alrededor para evitar cualquier tipo de contratiempo que pudiera poner en peligro a su familia cuando volvieran a casa.

Aún así, eso no apartaba de su mente el nerviosismo de cómo reaccionará Donatello cuando lo vea, ni la felicidad de volver a tener a su hija de nuevo entre sus brazos.

Por sus adoradas sai que la extrañaba a morir. Ya quería verla reír, llorar por comida o tras haberse ensuciado o hacer pucheros porque no hacían lo que ella quería. Lo que fuera, sólo quería verla.

Ese pensamiento pasó a segundo plano cuando llegó al edificio vecino a los departamentos; dado a que sus amigos habían elegido un piso alto para que su entrada secreta fuera menos difícil, pudo ver perfectamente aquella extraña escena que se llevaba a cabo en las escaleras de emergencia del departamento de los Jones.

De un salto, y demostrando sus grandes habilidades como guerrero ninja, llegó hasta el firme barandal, aterrando por completo a los jóvenes que parecían estar totalmente enfrascados en una discusión.

En un principio pensó que su presencia haría correr a esa otra persona que parecía no llevarse muy bien con Casey, creyendo que se trataba de un compañero de trabajo ebrio que le insistía en seguir la parranda fuera de casa; era lógico que si se trataba de ese caso, el chico terminaría huyendo y al día siguiente creería que todo fue una mala jugada de su imaginación, hasta que viéndolo más de cerca notó que era alguien incluso más desagradable que los estúpidos compañeros de Slash con ese equipo de pelea que había formado con sólo mutanimales.

—¡Raphael! —se mostró contento el joven—. ¡Es increíble verte de nuevo! ¡Mira que bien te ves! ¡Te he extrañado! ¿Tú me extrañaste también?

—¿Qué haces aquí, Tim? —preguntó el chico de llamativos ojos verdes, ignorando completamente las palabras de su "amigo".

—Vine a ver a Donnie y su hijita. Y también a…

—¡No! ¡No lo digas! —lo desanimó el joven vigilante a modo de advertencia, quitándoselo de encima a su mejor amigo cuando intentó abrazarlo.

Fue en ese momento, cuando intentó aquella incorrecta acción y que Casey se lo impidió, que notó que llevaba consigo un enorme ramo de flores con colores llamativos, cosa que no le agradó del todo a mismo Raphael.

—¿Cómo carajos estás enterado de que Donnie está viviendo aquí y de que tiene una hija? —preguntó, desconfiado. Algo tan intimo como aquello no podía salir de su círculo familiar tan fácilmente.

—Donnie se lo dijo, Raph —respondió Casey, cortando las intenciones de Tim por aclarar las cosas—. Fue él mismo quien le pidió que lo visitara… y Tim ha venido aquí a diario. Sin falta.

—¿Porqué carajos Donnie haría algo así? —preguntó Raphael, cada vez más confundido respeto al tema.

—¡Uoh! ¡Uoh! ¡Creo saber porqué! —levantó la mano el joven gordito para tomar la palabra—. Chicos, no se vayan a sorprender por esto, mucho menos tú Raph, porque eres su hermano y todo eso, pero… Creo que Donnie es de esos chicos a los que le gustan los chicos. ¿Saben a lo que me refiero?

—¡¿No me digas?! —aquella expresión en Raphael fue una mezcla de sorpresa y sarcasmo, cosa que hizo reír un poco a Casey.

—¡Sí! Y creo que cuando mejore un poco… —giró su rostro hacia todos lados buscando que nadie más los escuchara, aunque aquello fuera imposible debido a la altura a la que se encontraba—… Tal vez nosotros….

Casey detuvo a su amigo justo a tiempo antes de que le cayera encima al inocente joven que se cubrió con las flores en cuanto vio el rostro endemoniado de Raphael y su pesado cuerpo abalanzarse sobre él. Si no fuera por el alto joven de cabello negro, Timothy sería una masa deforme y llena de moratones sobre el suelo del edificio en estos momentos.

—¿Quién te crees para sentirte tan importante? —Raphael estaba que echaba fuego por los ojos—. ¿Qué te hace pensar que mi hermano está interesado en ti? ¡Sólo porque has estado viéndolo toda la semana no significa que mghfdes ght…!

Casey tapó rápidamente la boca de Raphael antes que dijera cosas que no le incumbían del todo a ese chico tan torpe, poniendo toda su fuerza en tratar de controlar a su amigo ante aquél evidente ataque de celos.

—Tim, ¿te molesta si hablo con mi amigo a solas? ¿Por qué no pasas al departamento y nos esperas? —preguntó el dueño del lugar.

Pareció que después de esas preguntas, el miedo que sintió ante un repentino ataque de Raphael se desvaneció y felizmente aceptó la invitación de Casey para pasar al interior del lugar, cosa que este último agradeció para finalmente dejar libre a su amigo.

—¡Eres un idiota! —reclamó la tortuga—. ¡Debiste dejar que le diera una paliza a ese boca suelta! ¿Cómo se atreve a asegurar que él y Donnie…? ¡CARAJO! ¡No es su tipo!

—Lo sé, amigo, pero no es tiempo de que el orgullo te ciegue; hay cosas mucho más importantes que necesitan toda tu concentración.

—¿Otras cosas? ¿De qué hablas?

—Donatello no está; se fue y no tengo una mínima idea de a donde pudo haber ido —soltó Casey, preocupado.

El corazón de Raphael se detuvo; ¿Que Donnie... qué?

—¿Es broma, cierto? —preguntó, si una sola pizca de humor en sus palabras.

Casey rápidamente negó, comenzando Raphael a sentir unos ligeros pinchazos en su estomago gracias a esto.

—Ese mensaje que recibiste de Donnie no lo envió él; fui yo. Estaba tan desesperado por tener una oportunidad de hablar contigo que no se me ocurrió mejor idea que escribirte fingiendo que yo era Donatello. De esa forma estaba seguro que vendrías lo antes posible y tendríamos oportunidad de cruzar unas palabras, para poder decirte algo muy importante.

—¿Que carajos, Casey…? ¡¿Estás demente?! —escupió, sonrojado por ser así de predecible—. ¡Si Donnie te descubre…!

—Lo hizo en cuanto lo envié —lo interrumpió, con un poco de temor saliendo de sus labios—. Se molestó tanto que… apenas me descuidé un momento y… desapareció. Viejo, eso ocurrió hace horas; Donatello lleva vagando por la ciudad desde hace horas con la niña en sus brazos y… no he sabido nada de él. Intento llamarle pero me ignora, y April lleva fuera todo el día y temo que le perjudique saber lo que está ocurriendo.

Furioso, Raphael lo tomó del abrigo viejo que llevaba puesto y lo acercó a él, demostrando así que no había tomado muy bien aquella noticia.

—Tienes suerte de que te necesite para salir a buscarlo; y después de que lo encuentre te daré una paliza… ¡A ti y al tonto que piensa que tiene una oportunidad con Donnie!

Lo separó violentamente de él y Casey trastabilló, acomodándose la ropa antes de enfrentarse nuevamente a su amigo.

—¡Esto no habría sucedido si hubieras contestado a mis mensajes! ¡Maldición Rapha! ¡Se supone que eres mi amigo y ni siquiera contestas mis mensajes! Sabes perfectamente que si necesitabas tu espacio, estoy dispuesto a dártelo, pero si insistí de esta forma, era porque hay algo mucho más serio que mi simple morbo por saber cómo se dieron las cosas entre tú y Donnie.

Raphael se estaba preparando para salir corriendo e iniciar una búsqueda intensiva, pero estas palabras en Casey lo hicieron parar de golpe, curioso por aquello tan importante que tenía que decirle.

—April quiere dar a luz en la granja de mi familia, y ha estado tratando de convencer a Donnie de que se marche con nosotros. Viejo, si esto ocurre, estarás separado de tu familia por lo menos cinco meses.

Un fuerte mareo se apoderó de Raphael y se quedó sin habla, analizando palabra por palabra lo que su amigo acababa de decirle.

¡¿Cinco meses como mínimo?! La última semana había sido una completa tortura, por lo que no podía imaginar tanto tiempo separado de su hija.

No… aquello era imposible. Donatello no podía hacerle esto.

—E-eso lo discutiremos más tarde —comenzó a tartamudear sin darse cuenta—. Ahora la prioridad es encontrar a Donnie y a Jade para llevarlos de vuelta a casa, sanos y salvos. ¿De acuerdo?

El joven humano asintió, metiendo la mano por la ventana para tomar su máscara de hockey y el equipo restante para salir a esa nueva e importante misión.

Antes de dividirse y buscar por su cuenta a Donatello, le pidió a Casey que aún no hablara de la situación con Leo y Mikey, pues ellos podían perfectamente encontrar el paradero de su escurridizo hermano genio; después de todo, no podía ir tan lejos si se encontraba débil y drogado… ¿cierto?

Lo malo, es que también era blanco fácil para sus enemigos.

«¡Maldicion! Si algo les llega a pasar…»

No quería pensar en eso, pues seguía firme su esperanza por encontrarlos sobre algún edificio, observando el cielo y con ello el momento exacto en que lo verían llegar.

Se detuvo en la cima de uno de los edificios entre los que estaba la alcantarilla por la que acostumbraban entrar para ir a casa; nada. No había un sólo rastro de Donatello, por lo que el miedo comenzó a nacer intensamente dentro de él.

Se debatió entre decirles a su familia y crear un plan de búsqueda o mantener su esperanza alta y pensar que bastaría sólo con él para encontrarlo. Y aunque esta última idea era la que le agradaba mucho más al llevarse todo el crédito en "salvar a su familia", sabía que esto no era un juego y todas esas cabezas extra, pensarían mejor junto a él en una situación tan delicada.

Decidió entrar cuando notó que llevaba más de una hora buscando a su hermano, por lo que envió un mensaje a Casey para que se reuniera con ellos en la guarida. Ahí notó que tenía un montón de mensajes sin leer y llamadas perdidas por parte de Mikey; seguramente ya se encontraban con los nervios destrozados por no saber de ellos.

No tenía muchas ganas de enfrentarlo y decirles que había fracasado en la misión de traer de vuelta a Donnie y a Jade sanos y salvos, pero el apenas audible sonido de unos llantos que se iban intensificando conforme caminaba por las alcantarillas lo hizo volver a nacer en aquél momento; ¡esa era Jade! ¡Esa era su hija pidiendo las cosas como sólo ella sabía hacerlo!

Corrió lo más que sus pies nerviosos le dieron, por lo que el momento en que la luz de su hogar pegó en su rostro, lo primero que vio fue a sus hermanos Leo y Mikey de espaldas a él, separándose de April quien en ese momento entregaba a la bebé en los brazos de su hermano más joven.

En ese momento se abalanzó sobre Michelangelo y le arrebató a la niña para abrazarla y besarla cuantas veces fueran necesarias para que tuviera muy claro cuánto la había extrañado, cosa que disgustó a Mikey y agradó totalmente a Jade cuando comenzó a reír sin parar, palmeando el rostro de su padre cada vez que le era entregado un beso en sus abultadas y pecosas mejillas.

Pudo notar que incluso April sonrió, apreciando la escena con detalle y cierta preocupación en sus ojos azules; ese fue el momento en que notó que Splinter venía saliendo del dojo acompañado de la doctora Bennet, cosa que le pareció sumamente extraña que la mujer estuviera presente cuando se supone que debería estarse preparando para la cirugía de Donatello dentro de algunas horas más.

Y precisamente Splinter no parecía muy tranquilo ante la compañía de la mujer.

Cuando quiso enterarse de lo que estaba sucediendo, notó la voz de Leo, la cual se aclaraba poco a poco ante sus oídos, pues la presión de ese ambiente tenso y poco agradable logró hacer que estos no le permitieran escuchar con claridad a las personas que lo llamaban a su alrededor.

—¿Escuchaste lo que te dije? —preguntó Leo, removiéndolo un poco para llamar su atención.

—¿Eh? ¿Qué? ¿De qué hablas? —reaccionó apenas.

—Pregunté que si sabes dónde está Donnie. ¿Lo sabes? —preguntó de nuevo, notando los ojos llorosos de la mujer pelirroja cuando abrió la boca y dijo nada.

—Yo… supuse que estaría aquí. Tenían consigo a Jade así que en cuanto la vi creí que él también había llegado a casa —dijo, con los nervios a flor de piel que logró disimular con su hija en brazos.

—No, Raph… —intervino April—… él, estaba muy molesto cuando fue a buscarme. Yo estaba en el departamento de la doctora y Donnie simplemente llegó, nos dejó a la niña y se marchó, rogándonos que no lo siguiéramos. Y aunque intenté hacerlo, fue mucho más rápido y desapareció sin dejar rastro.

—¿Te dijo que tenía planeado hacer? ¿Alguna señal de a donde fue? —preguntó Leo, intentando armar los cabos sueltos en todo esto.

—Sólo encontré esta nota que venía entre las ropas de Jade cuando me la entregó; está dirigida a ti, Raphael.

La mujer le dio el papel arrugado al impaciente joven de rojo, por lo que este no dudó en abrirlo y leer en voz alta las pocas palabras que venían escritas.

—"Te espero en el lugar donde por primera vez fuimos sinceros uno con el otro. Necesitamos hablar a solas. Sin interrupciones."

—¿Sabes de qué lugar habla? ¿Queda muy lejos? ¡Habla, Raph! ¡Tenemos que ir por él lo antes posible! —se mostró impaciente, Leo.

—N-no estoy seguro, pero creo que se refiere a… —revolvió su cabeza un poco, entregándole el papel a su hermano para que dejara de presionarlo—… Bien, creo saber donde puede estar, pero iré sólo, ninguno de ustedes puede acompañarme.

—¡Pero Raph! —protestó la joven pelirroja—. Donnie necesita ayuda, lleva horas sin su tratamiento y…

—No se preocupen; en cuanto dé con él lo traeré de vuelta y será todo suyo —dijo esto sin dejar de ver la mujer de las gafas, quien parecía estar muy al pendiente de Splinter—. De otra forma podría rehusarse y sería más difícil controlarlo.

—¡No Rapha! —lo interrumpió el de azul, recibiendo todo el apoyo de April al intentar enfrentarse al bajito ninja—. ¡Entiende! Tenemos que planear una buena estrategia para…

—¡En el nombre de Alzheimer! ¿Qué carajo pasa con ustedes, chicos? —interrumpió Ángela, tratando de que Leo y April entraran en razón—. Donatello no planea huir lejos para no volver; sólo quiere hablar con Raphael y es todo. No ocurrirá absolutamente nada si va sin guardaespaldas. Sólo… permítanles tener su espacio.

No muy convencido, y algo asustado por aquella repentina reacción por parte de la doctora, Leo suspiró, pareciendo finalmente de a cuerdo con el plan de su hermano; tenía razón después de todo; aquella era la voluntad de Donnie y tenían que respetarla. Aún y cuando el jovencito no estuviera del todo en sus cinco sentidos. Tal vez aquello que lo desesperaba más era no poder poner de su parte para ayudar, pues con esta podía contar ya dos ocasiones en que su participación quedaba totalmente sustituida por un desesperado Raphael que intentaba arreglar las cosas con Donatello.

Raphael le entregó la niña a su hermanito más joven, quien gustoso la protegió entre sus brazos y la distrajo con algunos gestos graciosos; de aquella forma olvidaría el tener que alejarse de su padre por más tiempo del que ya habían permanecido tras esta difícil semana.

Imaginando que las cosas serían mucho más tranquilas de lo que imaginó, Raph le entregó algunas municiones a Leo, y tras ello, le dedicó una tranquila mirada a su padre, quien parecía no estarla pasando muy bien con la desaparición de uno de sus hijos.

—Ve —mencionó, con su voz suave y paternal—. Trae a tu hermano de vuelta a casa.

Raphael sonrió, contento de que su padre no le guardara un poco de rencor por la discusión de hace un par de horas. Aún así no pudo detenerse en mencionar algunas palabras más con claras intenciones de ser comprendido en su totalidad.

—¿Ahora entiendes por qué necesitaba verlo? Sólo… quería arreglar las cosas, y estoy seguro que esas también son las intenciones de Donnie. Pero tenemos que hacerlo por nuestra cuenta; sólo nosotros sabemos cómo nos sentimos respecto a lo que hemos hecho.

Splinter asintió; se sentía extraño perder la batalla frente a otro de sus hijos que no fuera Leonardo, pero aquello era algo que no consideraba una derrota del todo, ya que sus intenciones siempre fueron ver lo que realmente Raphael estaba dispuesto a hacer para proteger aquello que amaba.

Lo observó marcharse, sabiendo perfectamente que su hijo ya había encontrado dentro de él la respuesta a todos los problemas que medianamente había causado.

Cuando leyó aquella nota le fue difícil identificar el lugar al que se refería Donatello, pero cuando estuvo delante de aquél espectacular en tan deplorables condiciones lo supo enseguida; recordaba perfectamente aquella vez en que su contrato hablado apenas comenzaba, ellos habían vuelto de casa de April para intentar arreglar la situación entre ella y Casey y terminaron sincerándose ahí, justo en ese lugar donde su hermano le preguntó por única vez si tenía deseos de ser padre si la vida se lo permitiera.

Vaya que desde entonces esa cabecita torpe había comenzado a hacer sus planes a sus espaldas.

Entonces recordó la tristeza en los ojos de Donnie al recordar el dolor que le causó renunciar a April y la alegría instantánea cuando la respuesta a la importante pregunta fue afirmativa. Donatello sí había sido sincero con todas las palabras que expresó aquella noche tan íntima para ambos.

Ahora se sentía tan mal por saber que su respuesta no había sido sincera, que sólo se trataba de un método rápido por tratar de hacer sentir bien a su hermano. Su deseo jamás fue convertirse en padre, pues era una idea que le desagradaba aún y cuando sabía que era imposible lograr concebir con otra hembra. Pero entonces llegó la astuta mente de Donnie, y su mundo cambió totalmente; amaba a su hija por sobre todo, y ahora no podía imaginar una vida sin su dulce presencia.

Llegó hasta el espectacular, al cual incluso le faltaban un par de luces más que la última vez, y rápidamente se dio cuenta de que su hermano no estaba; ¿a caso se le hizo tarde para algo así? Porque todo este tiempo imaginó que cuando llegara, lo primero que le diría era que llevaba horas ahí, esperando por él y la oportunidad de finalmente hablar a solas.

«Que extraño», pensó. Realmente no imaginaba en qué otro lugar podría estar esperándolo.

Se sacó el yumi de encima y dejó las flechas a un lado para poder tomar asiento en el suelo del espectacular y recargar su caparazón libremente en el material viejo del anuncio impreso, pero rápidamente se levantó cuando vio unas manchas de lo que parecía ser sangre seca, aclarando su vista hasta encontrar todos esos shuriken clavados al otro lado del suelo y parte de la vieja manta.

Su respiración se aceleró al ver que muchas de esas armas también tenían rastros de sangre, llegando a su mente miles de escenarios donde Donatello se estuviera enfrentando a decenas de soldados del Pie, sin fuerzas y una gran cantidad de heridas sobre su piel.

«¡Maldición! ¡Llegué tarde!»

Rápido, tomó el Tphone que pertenecía a Leo para llamar al resto de su familia y hacer una búsqueda intensiva de Donatello y de esos soldados que seguramente lo tenían bajo su control y que no tardarían en hacerle más daño de lo que ya le habían hecho con aquél enfrentamiento, pero antes de lograr digitalizar el numero completo de Mikey, la base bajo sus pies tembló, obligándolo a recargarse por completo en la lona del anuncio para sostenerse; era como si alguien increíblemente pesado hubiera aterrizado sobre aquél espectacular e hiciera temblar todo el lugar sin poder evitarlo.

Se giró rápidamente apenas y se recuperó, tomando rápidamente el arco hecho a mano y las flechas que pertenecían a Leonardo, llevándose una gran sorpresa al ver la enorme figura frente a él, saliendo de la oscuridad ventajosa que le daban todas esas luces rotas al otro lado del anuncio.

—¿Slash? ¿Qué haces a…?

Aquella pregunta se perdió rápidamente en sus labios cuando notó que su antigua mascota no tenía intenciones de buscar algún tipo de pelea o hacer un reclamo debido a lo mal que parecía seguir llevándose con sus hermanos; más bien, parecía tener intenciones de "devolver" algo que no le pertenecía.

—¡DONNIE!

Fue inevitable dejar salir ese grito que combinaba alivio por haberlo encontrado finalmente y preocupación por ver el terrible estado en el que se encontraba; Slash lo llevaba en brazos, aparentemente inconsciente y con un montón de heridas mal parchadas en todo su cuerpo. No pudo evitar arrebatarle de los brazos el frágil cuerpo de su hermano cuando vio una larga herida abierta sobre su sien izquierda la cual no había sido atendida desde el momento en que se la provocaron.

—Intenté poner unas vendas en sus otras heridas, Raphael —declaró su amigo, con aquella voz profunda y rasposa de siempre—, pero no puedo hacer nada con la que tiene en la cabeza. Necesita ayuda urgente y sé que tú tienes aliados que pueden encargarse de esto.

El de ojos verdes se quedó un momento más ahí, arrodillado sobre el texturizado suelo de aluminio mientras no dejaba de escanear el cuerpo completo de su hermano, el cual permanecía inconsciente hasta ahora.

—¿Qué fue lo que sucedió? —preguntó, con un tono más parecido al de una orden.

—Cuando llegué él estaba tratando de librarse de algunos soldados del Pie, los cuales tenían mucha ventaja sobre él. Tu hermano parecía diferente; no era el mismo ninja habilidoso e inteligente que puede librarse con facilidad de sólo cinco soldados. Ese grupo era insignificante para cualquiera de ustedes, pero el parecía perder el aliento conforme intentaba esquivar sus ataques.

—Sí, su salud no ha sido muy buena últimamente —dijo Raphael para intentar que comprendiera la mediocridad de su hermano en batalla.

—Cuando noté que la paliza iba enserio, y que tu hermano estaba recibiendo más de lo que podía soportar, no me quedó más remedio que intervenir y apalear a todos esos soldados en su lugar. Iba a dejarlo sólo para que volviera a casa a recuperarse, pero comenzó a decir un montón de palabras que no tenían sentido y después cayó inconsciente. Vi sus heridas y no tuve más remedio que resguardarlo en la guarida de los Mutanimales hasta que recobrara la conciencia nuevamente.

—¿Y despertó? ¿Qué te dijo? —preguntó el bajito ninja.

—Claro que despertó; fue él quien me dijo que estarías aquí esperando por su llegada.

El de rojo lo abrazó aún más contra su cuerpo, acariciando con su mejilla al lado de la herida abierta que tenía en la cabeza.

—Vas a estar bien, Donnie, te lo prometo —murmuró en su rostro, sintiendo la respiración débil de su hermano cuando se movió ligeramente sobre su pecho—. Te debo una, viejo —le dijo a Slash—. Ahora debo llevarlo a casa para que la doctora y April lo vean y curen sus heridas.

No estaba convencido de que eso fuera todo por ahora, pues su viejo amigo había hecho mucho por su familia al defender a Donatello de esos abusivos Pie. Pero realmente no sabía que más decir; lo único que tenía en mente era llevar a Donatello a casa. Nada más.

—Cuando necesites un favor, sólo haznos una visita y estaremos dispuestos a ayudar, ¿de acuerdo? De alguna forma tengo que pagarte esto que has hecho por nosotros y por Donnie.

—Espera, Raphael —lo detuvo antes de que se le ocurriera marcharse—. Ustedes no me deben nada; lo hice porque después de todo sigues siendo mi mejor amigo, y se perfectamente que perder a uno de tus hermanos te haría mucho daño —Raphael le regaló una sonrisa haciéndole saber que dio en el blanco; si llegaba a perder a un miembro de su familia, eso lo destrozaría por completo—. Sólo quiero que me respondas algo; mientras estuvimos en mi guarida, el despertó varias veces y sé que no estaba del todo consiente, pero nunca dejó de preguntar por su hija. Dime, ¿eso es verdad? ¿Donatello tiene una cría?

Raphael suspiró, pues su secreto había sido revelado a alguien más fuera de su círculo familiar. Pero él era Slash, quien después de todo, seguía siendo fiel a su amistad y sabía que podía confiar en él.

Después de todo, él salvó la vida de Donatello, responder esa pregunta con la verdad era lo menos que podía hacer como muestra de gratitud.

—Sí, Slash; Donnie tiene un bebé. Pero… él no es el único padre de la niña.

La reacción de su amigo fue predecible, pues pareció no comprender aquellas simples palabras; Raphael tenía muchas cosas que explicarle en poco tiempo, pues parecía que su prioridad era marcharse de ahí cuanto antes para llevar a su hermano a casa.

Cuando llegó a casa con Donnie a cuestas e inconsciente, dejó de lado todos esos gestos y gemidos de asombro por parte de su familia y llegó directo a la enfermería, donde lo alcanzaron rápido para saber el estado de salud del jovencito genio.

Ángela y April echaron a todos fuera, incluido a Raphael, pues necesitaban todo el espacio posible para moverse sin impedimentos dentro de la sala para cirugías que hasta hace una semana no existía y que la doctora había acondicionado para la intervención médica de Donatello.

Todos permanecieron expectantes a esa puerta, esperando escuchar cualquier cosa que les dijera lo que estaba ocurriendo, pero las mujeres parecían no hacer ruido en absoluto.

Todo estaba tan tranquilo que daba miedo.

—¿Qué fue lo que sucedió, Raph? —preguntó Leo, tomando asiento en el suelo junto a su hermano, quien esperaba impaciente junto a la puerta que permanecía cerrada hasta estos momentos.

Notó frente a él la presencia de Mikey, llevando en sus brazos a Jade, quien comía despreocupada de un biberón repleto de leche, y a su lado Casey; al parecer había llegado mientras él se encontraba fuera.

—Fue emboscado por el Pie, pero Slash intervino y no lograron su cometido de secuestrarlo —dijo sin más.

Los demás se observaron, asustados; Donnie había sufrido un ataque sorpresa por parte de sus enemigos, y lo más seguro es que todos esos moratones hayan sido porque intentó defenderse sin aparente resultado.

—Pobre de mi hermanito —rompió el silencio el más joven—. Debió sentir que su vida peligraba y que jamás volvería a ver a Jade, ni a nosotros… Ni a ti, Raph.

—Basta, Mikey —pidió Leo, poniendo una mano sobre el hombro cansado de Raphael, a quien pareció afectarle las palabras dichas por su hermanito menor.

—Amigo, lo hiciste bien —del otro lado escuchó a Casey pero nunca volteó a verlo, pues seguía perdido en el rostro preocupado de Mikey, quien seguía alimentando a Jade—. Cumpliste tu promesa de traer a salvo a Donnie; te aseguro que Ángela hará todo lo posible por ayudarlo a salir adelante.

Leo puso un poco más de presión sobre sus hombros para hacerle notar que ahí estaba, recibiendo como respuesta una débil sonrisa por parte del dueño de esos llamativos ojos verdes.

Aunque eso seguía sin quitarle ese nudo en el estómago que no le permitía estar a gusto hasta saber lo que sucedía con su hermano.

Tuvo deseos de levantarse, pedirle a su padre, quien se encontraba al otro lado del pasillo, poder hablar a solas con él y arreglar las cosas, pero el candado siendo retirado de aquella puerta lo hizo olvidar todo sin remedio; April apareció tras la puerta, invitando a todos con una sonrisa para que entraran a ver a Donatello.

En ese momento su escudo protector se desvaneció por completo, pues sabía que esa actitud en su amiga significaba que todo estaba bien y que Donatello se encontraba fuera de peligro.

El primero en entrar fue Mikey, ansioso por que Donnie viera a su hija y con esperanzas de que esto lo ayudara a recuperarse mucho más rápido. Tras él, Raphael se hizo paso al interior de la sala, observando desde lejos como Ángela revisaba los signos vitales de su hermano, quien permanecía sentado sobre una camilla, con sus pies colgando al lado de esta y aquella rojiza mirada pegada al suelo.

Cuando escuchó la voz de Mikey diciéndole que Jade quería verlo, sus ojos se iluminaron, y rápidamente buscaron a la niña, estirando los brazos para hacerse de ella cuando su hermano llegó hasta él.

Donatello no se dio cuenta del momento exacto en que Raphael se colocó frente a él, quitando de su camino a Mikey para que nada se interpusiera entre ellos.

Lo observó a detalle, totalmente concentrado en el rostro de su hija mientras la alimentaba, con esas enormes ojeras bajo su característico brillo todo el tiempo. Su cabeza permanecía vendada, seguramente cubriendo la enorme herida que permanecía con grandes puntos bajo esta.

No pudo evitar sentir una punzada en el corazón al ver que esos raspones y lesiones parchadas no eran lo único que evidenciaba su mal estado, si no que ese hermoso color aceituna de su piel había desaparecido, dejando en su lugar un tono grisáceo que delataba su malestar completo.

—Luces radiante, Don —dijo, con un ligero tono de burla para deshacer el pesado ambiente—. Mira nada más que ojitos tan coquetos.

El jovencito no pudo evitar soltar una pequeña risita con estas palabras; estaba claro que su hermano tenía intenciones de animarlo un poco, aún y cuando apenas y podía resistir el estar despierto.

Despacio, lo tomó por los hombros y lo atrajo hacia él, pasando sus extremidades alrededor de él para abrazar entre los dos a su hija. Llegó hasta él, aquél olor característico del antiséptico y el plástico de las banditas adhesivas en aquél frágil cuerpo, el cual estaba comenzando a temblar apenas y lo tocó.

—Lo siento, Raphie —murmuró, con voz temblorosa gracias a la culpabilidad que sentía—. No pude concretar la cita de esta tarde… y te dejé esperando… De nuevo.

—¡No! No Donnie… No pienses en eso —en ese momento, para que su hermano sintiera fuera toda esa culpabilidad por haberle fallado—. Ya estás conmigo y con Jade. Nada más importa en estos momentos.

Respiró el olor de su cuello y lo sintió calmarse; parecía que eso le gustaba, pues rápidamente ese débil brazo lo rodeó también, envolviendo entre los dos el pequeño cuerpecito de Jade; Donatello lo necesitaba. Estar con él lo hacía sentir seguro y protegido, aún y cuando supo que aquella terrible experiencia ahora formaba parte del pasado.

Continuará…

¡Tadah! *entrada dramática*. Bien, tal vez todos pensaban que esta actualización sería el final pero creo que me excedí un poco con las palabras y las situaciones.

Les daré oportunidad de que digieran toda esta revoltura de discusiones, malos entendidos, rencores y etc. etc. Así que el próximo fin de semana les traeré la parte III. Espero no se molesten por esta decisión mía, pero decidí que esa era la mejor forma de finalizar esta historia.

Por favor comenten; me gustaría saber qué les pareció este capítulo tan básico para preceder a las letras finales, las cuales, desde el ya les digo, podrán contener algo de drama extra (por lo menos para el estilo al que estoy acostumbrada).

¡Nos vemos en una semana para la siguiente actualización! ¡Saben que los amo y mi imaginación se nutre con sus lindas palabras!

¡Se les quiere un universo!

Miss GRavedad.