Notas de la autora día 16 de mayo del 23: Este capítulo fue editado por motivos de continuidad; únicamente se editaron unas líneas de la plática entre Raph y Donnie después de la golpiza que el primero le mete a Tim.

Chicas, chicos (si es que hay algunos por ahí), debo decir que los extrañé mucho, y me disculpo por mi larga ausencia. ¿Recuerdan que les prometí un capítulo más corto y ameno para las siguientes partes? Pues lo cumplí en un cincuenta por ciento; si, es más corto, pero no es menos dramático. Me disculpo por ello.

Será mejor que les ponga las advertencias antes de que se adentren a este extraño, extraño capítulo. Vaya que fue muy difícil escribirlo y terminarlo… fue… bastante nuevo para mí.

Advertencias: ¡pequeño lemon heterosexual! No es la gran cosa pero es un tema totalmente nuevo entre mis historias. Ya están advertidos. Además, una pareja nueva que estoy segura, no será del agrado de muchos de ustedes… tendrán que resistirlo, así va la historia. Confíen en mí.

Ahora si vayamos con la parte tres del fic; queda pendiente la cuarta y la quinta y última parte. ¡Espérenlas!

Capítulo 12: Decisiones.

PARTE III – TRAICIÓN

Se mantenían recargados sobre una de las paredes que formaban la interminable callejuela situada en uno de los barrios más desprestigiados de la ciudad de Nueva York, pues si mejor amigo se mantenía decidido a continuar con sus planes.

Estaban lo suficientemente alejados de la acción de aquella, contemplando las actividades nocturnas que ese sitio podía ofrecer a cualquiera que fuera en busca de distintos tipos de situaciones ilegales.

Observó en momentos el pequeño grupo de tres mujeres que platicaban amenamente, como si la noche fuera tan normal para ellas, llevándose de vez en cuando un cigarrillo a sus coloridos labios. Fue por eso que no pudo evitar echar un vistazo de vez cuando a la enajenada presencia de su amigo, quien jamás consideró, volvería a portar aquellas sospechosas prendas.

Tenía que admitirlo, desde que se dio cuenta de aquél sentimiento tan intenso que Raphael tenía por Donnie, tuvo la sospecha de que estas noches jamás volverían a ocurrir. Y no es que las extrañaba, pero esto sólo reafirmaba aquéllas palabrerías del chico de ojos verdes por mantener firme su heterosexualidad. O por lo menos ese era el pretexto que Raphael interpuso para encontrarse en ese lugar aquella noche.

Y mira que no había pasado ni un día completo desde que había encontrado a Donnie, en brazos de otro mutante y en terribles condiciones de salud.

—¿Ya tienes a la afortunada de esta noche? —preguntó, desesperado por averiguar aquello que se encontraba en la mente de Raphael.

Pero este no contestó, sólo seguía ahí, soltando esa respiración tan pesada que dejaba ver claramente su tormento interno.

Levantó un poco su sombrero estilo fedor para poder ver bien su rostro, pues la gabardina seguía haciendo bien su trabajo de ocultarlo parcialmente; este ni siquiera se inmutó, sólo siguió observando hacia el frente, justo donde estaban ese grupo de mujeres fumadoras.

Notó nuevamente eso ojos irritados e hinchados, aún si saber exactamente si se trataba por que no había dormido desde el incidente o, la opción más absurda pero no imposible; el llanto.

No, Raphael era fuerte. A pesar de lo ocurrido, el sabría mantener inquebrantable para que absolutamente nadie notara lo que estaba ocurriendo con él. O por lo menos eso pensaba hasta que se topó con ese peculiar romance con Donatello, donde toda su vida de descontroló a tal nivel, que ahora mismo se encontraba buscando la forma de desahogar sus penas; aquellas que nunca admitiría con palabras, pero sí con actos.

—Ella —soltó en un tono seco, haciendo que Casey se sobresaltara y acomodara nuevamente su sombrero de vuelta.

El futuro padre buscó rápido con la mirada la chica a la que Raphael señaló sutilmente; lucía increíblemente joven y recién se unía al grupo de mujeres fumadoras, quienes no parecieron tener suerte desde que ellos llegaron. O por lo menos no había visto alguien interesado en ellas hasta estos momentos.

La joven era de tez blanca y unas preciosas mejillas rosadas adornando su rostro. Tenía una nariz larga que no beneficiaban mucho a sus llamativos labios rojos, pero enseguida notó que aquello no era lo que había llamado la atención de su amigo; tenía una altura poco mayor al promedio y un cuerpo increíblemente esbelto al punto de parecer no muy sano.

Casey supo lo que pasaba por la mente de su amigo; él comúnmente elegía mujeres de mayor edad, experimentadas, con cuerpos impresionantes, largas cabelleras y senos suficientemente grandes. Todo un cliché.

Esa chica era bastante regular; no poseía una belleza fuera llamara fácilmente la atención.

—¿Estás seguro? No parece tu tipo —se lo hizo ver inmediatamente.

—¡Ve! ¡Ahora! —levantó un poco la voz para reafirmar su decisión.

—Bien, como quieras —suspiró, resignado—. Después de todo, eres tú quien se va a divertir con ella.

Sintió una pequeña palmada por parte de Casey y después lo vio caminar hacia el grupo de mujeres, quienes ya le ofrecían un cigarro a la recién llegada.

Su mirada se perdió totalmente en cuanto notó a su amigo separar a la chica del grupo y comenzar a hablar con ella; seguramente se trataba de aquella típica charla que debía tener con las prostitutas previo a pasar a la habitación, donde tenía dejarle en claro que el chico que contrataría sus servicios jamás se quitaría el disfraz y ellas tenía que mantener sus ojos vedados la mayor parte del acto sexual.

Suspiró; esto normalmente llevaba un poco de tiempo.

Acomodó nuevamente el cuello de su gabardina y bajó un poco más su sombrero, fijando su mirada a la nada. Se sentía mal porque no había pasado mucho desde que volvió a ver a su hija, por lo que deseaba pasar todo el tiempo posible con ella, pero Donnie había insistido en quedársela las próximas horas mientras dormía, siendo vigilado en cada momento por sus demás hermanos, su padre e incluso April.

Y como olvidar a…

Apretó los puños sólo de recordar; cosa que era imposible porque en ningún momento había dejado de pensar en ello.

Es que… no podía. No cuando sus palabras habían sido tan claras.

Horas antes:

Cuando deshizo el abrazo, lo primero que sintió fueron las "delicadas" manos de la doctora, quien al mismo tiempo le pidió que se llevara a la bebé, pues con ayuda de Splinter, le darían un baño relajante a Donatello con la esperanza de que su sistema nervioso volviera a la normalidad.

Raphael dejó que su hermanito menor se llevara a la niña para poder hablar a solas con su padre y la doctora.

Puedo hacerlo —afirmó.

Splinter y Ángela se observaron, y después la mujer observó al joven en pequeños lapsos, no sabiendo cómo responder ante eso y con el presentimiento de que su padre lo negaría rotundamente.

Cariño… yo…

Sabes que es algo que no volveré a permitir, hijo —respondió el hombre rata—. No hasta que Donatello se recupere por completo. Las actividades que ustedes… practican… no pueden seguir hasta nuevo aviso.

Raphael enrojeció por completo y su mirada se concentró en la doctora; ¡Genial! ¡Alguien más que sabía de su extraño gusto por su propio hermano!

Descuida, pequeño, ya lo sabía —dijo ella tras verlo tan acelerado, como si fuera la cosa más normal del mundo—. Lo deduje desde el momento en que Donatello comenzó su tratamiento y lo confirmé el día que tu padre te llamó la atención por no cuidar de él. Cosa que me extrañó porque en realidad pensé que ustedes llevaban una buena relación; tu hermano habla todo el tiempo de ti y de lo maravilloso que eres. Diría que si no fuera por Jade, te aseguraría que tú eres lo que Donatello más ama en este mundo.

Bien, ese fue el momento exacto en que Raphael sabía que más rojo no podía llegar a ponerse. Esa mujer no tenía ni un sólo filtro en sus palabras.

C-como sea —tartamudeó, tratando de hacer completamente de lado la presencia de la doctora—. Esas no son mis intenciones, lo prometo, padre.

Pero Raphael, si lo que deseas es hablar con él a solas, eso podría estresarlo y las cosas saldrán mal de nueva cuenta —intervino nuevamente la doctora, quien tenía muy presente la ultima discusión familiar por decidir quien sería el que saliera a buscar a Donatello cuando este aún se encontraba desaparecido.

Prometo que no insistiré si no quiere —rogó a su padre—. Sólo… quiero disculparme con él. Es todo.

Splinter suspiró, volteando a ver a su hijo menor, quien permanecía en la misma posición en lo que habían dejado; sentado al filo de la camilla y observándolos atentamente, como sabiendo que estaban hablando de él.

Usa la tina de mi cuarto de baño personal; ahí estarán más cómodos y podrás hablar totalmente a solas con tu hermano… ¡pero no quiero que vayas a intentar…!

¡Ah! ¡Ya basta! —caminó hasta la puerta, tan rojo como un tomate escuchando de fondo la risa de la mujer—. No tardo, iré a preparar el baño.

Donatello parecía tan confundido cuando de la enfermería salieron los dos adultos y Raphael regresó, son una sonrisa que simplemente no podía soportar; estaba muy sospechoso, pero se dejó llevar por el momento cuando su hermano le dio la mano para sacarlo de la camilla.

Sígueme, te tengo preparada una sorpresa.

Donatello no soportó un ligero sonrojo cuando Raphael insistió en tomar delicadamente su mano y ayudarlo en cada paso hasta llegar al baño privado de su padre, por lo que sus pasos retumbaron el todo el dojo cuando lentamente traspasaron a este.

Cuando entraron, el ligero vapor que golpeó su rostro sacudió su mente y viejos recuerdos volvieron a él, y por lo visto también a la de Raphael, pues la mirada que le dedicó lo decía todo.

¿Qué está ocurriendo? ¿Intentas que tu y yo…? —preguntó, no muy contento con aquella situación—… Raphael, esta vez no…

¡No! ¡No! Por primera vez estoy tratando de hacer las cosas bien, por favor permíteme hacerte sentir bien por un vez; la doctora dijo que necesitabas relajarte, pero no puedes quedarte a solas mientras tomas un baño porque corres peligro de quedarte dormido, así que me ofrecí en ayudarte. Esa es toda mi intención; lo prometo.

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Raphael cuando notó cierta desilusión en el rostro de su hermano cuando dijo esto último; tal vez por un momento pensó que aquello sería tan emocionante como muchos de sus momentos a solas.

«Lo haría si pudiera» pensó el de rojo, perverso, mientras ayudaba a Donatello a entrar a la tina «Mira en lo que me haces pensar, hermanito».

Volvió a la realidad cuando Donatello suspiró, llenándose completamente de la deliciosa sensación que las sales de baño hicieron en todo su cuerpo, pero sobre todo, en su sistema nervioso.

Olor a pétalos de rosa —suspiró de nuevo—; sabes perfectamente que son mis favoritas. Gracias, esto es maravilloso.

Me a legra que te guste —le dijo mientras tomaba una esponja suave, comenzando por dar ligeros masajes en sus hombros para después seguir con su caparazón—. Cuando todo esto termine y… la cirugía haya mejorado tu salud… te llevaré a una cita de verdad; y te prometo Donnie, que todo será diferente.

El más joven de los hermanos giró rápidamente su vista al mayor, no comprendiendo nada de lo que sus palabras significaban; tanto tiempo esperando escuchar algo así, pero…

Raph… ¿Porqué…?

Con un movimiento rápido pero cuidadoso, Raphael lo acompañó en la tina, acomodándose perfectamente frente a él para verlo a la cara mientras se abría a la posibilidad de vivir una vida junto a su hermano y su hermosa hija; Donatello estaba en shock, era como si necesitara leer sus labios para estar seguro de que esos movimientos acompañaban a esas palabras tan perfectas.

Mírame, Donnie —lo tomó del rostro, mirando fijamente esos ojos rojizos confundidos. Quería que lo tomara con seriedad, que viera que no mentía y que lo decía desde el fondo de su alma—. Necesito que sepas que… también te quiero; intentemos comenzar de cero y olvidemos esta mala racha a la que nos hemos enfrentado. Quiero estar contigo; te quiero para mí.

Raphael pensó que en ese momento su hermanito diría que sí y que se arrojaría a sus brazos, prometiendo que haría todo lo posible porque su relación funcionara a partir de ahora.

Pero eso jamás sucedió; en su lugar, Donatello también tomó su rostro y deformó su tranquilo semblante cuando comenzó a llorar en silencio.

Llevó sus manos a su boca para que el sonido de sus dolorosos suspiros no inundaran la bonita armonía del cuarto de baño, por lo que Raphael se alarmó, tomándolo por lo hombros para asistir su repentino llanto.

Donnie… ¿qué ocurre? —preguntó nervioso, notando el sufrimiento en su hermano—. ¿Sabes? No tienes qué responderme en estos momentos; puedo esperar a que te sientas un poco mejor y…

¿Por qué haces las cosas tan difíciles, Raphael?

El de rojo calló; necesitaba una explicación para eso. Donatello no se mostraba bien; definitivamente imaginó que su reacción sería otra.

¿Quieres decirme lo que está pasando? —intentó mostrarse tranquilo, pero en verdad moría por una respuesta.

¡¿Crees que puedes llegar así como si nada y pedirme que olvide todo?! —repentinamente se alteró; pareció no haber tomado de buena gana esa petición—. ¿Por qué vienes y pretendes arreglar todo con un par de palabras bonitas después de todo por lo que pasamos? De todo lo que me hiciste.

Donnie yo… no pretendo ofenderte. Sólo… quiero estar contigo.

Y con esto, se acercó lentamente al más alto; lo notó alejarse sólo un centímetro de él, pero no pudo evitar pegarse como imán a sus labios justo cuando estos lo rosaron; esa sensación siempre había sido tan adictiva. Y la única que conocía era la de los labios de Raphael.

O por lo menos hasta hace poco.

Hay alguien más, Raph.

Esto, lejos de ser unas palabras fuertes y decididas, terminó por suspirarlas sobre los labios de su hermano, pretendiendo que aquél contacto con sus labios no se profundizara más de lo debido.

Y vaya que resultó; Raphael frenó de golpe sus movimientos, aunque aún tuviera sus labios sobre los de Donatello.

Lo sintió temblar entre sus brazos; lamentablemente las sensaciones no eran causadas precisamente por uno de sus besos, o por una de sus caricias.

Se alejó rápidamente; notando inmediatamente las gruesas lagrimas que caían de los enrojecidos ojos de su hermano, quien aún y ante aquella confesión, jamás dejó de verlo a la cara.

¿Q-qué significa eso? ¿Cómo que hay alguien más?

Todo pasó muy rápido, pero esta semana que pasé en casa de April y Casey me hizo ver tantas cosas. Y entre ellas noté que existen más individuos además de ti. Le di la oportunidad a alguien que notó mucho interés en estar conmigo y…

Antes de que continuara, notó un pequeño dolor que nació en sus hombros, pues Raphael estaba comenzando a poner algo de presión en ellos conforme sus palabras seguían admitiendo que tenía a alguien más en su vida.

Alguien que no era él.

Alguien que…

«¡NO! ¡Claro que no!»

¿Cogiste con alguien más? —preguntó molesto, y Donatello lo notó enseguida.

¡¿Qué?! Oye…No tengo por qué hablarte de mi vida privada, Raphael.

¡DIMELO! —levantó la voz, asustando un poco a su hermano.

¡Ya basta Raphael!

¡¿Quién es el desgraciado que se atrevió a tocarte?! ¡Dime su nombre! ¿Fue Casey?

¿Qué? ¡No! —hizo muecas de repulsión; ahora sabía que no se trataba de él—. ¡Estás enfermo! ¿Cómo crees que voy a meterme con el novio de mi mejor amiga?

¡¿ENTONCES QUIEN CARAJOS…?!

Calló en un instante; pero por supuesto que sabía de quien se trataba.

Salió de la tina, derramando tras él chorros de agua caliente y con olor a rosas sobre el pulcro suelo del cuarto de baño; ni siquiera se tomó la molestia de tomar un toalla y secar un poco su cuerpo antes de salir, cruzando el dojo con pasos fuertes que retumbaron incluso en toda la guarida.

¡Raphael! ¡Espera! —escuchó tras él, algo alejado, la alarmada voz de Donatello—. ¿Qué vas a hacer? ¡Por favor no cometas una tontería!

Pero no se detuvo; mucho menos cuando desde la estancia, logró escuchar aquella terrible y estúpida voz que pertenecía a… ESE ser tan despreciable que cada día toleraba menos. Aún y cuando lo veía una vez cada tantos meses… y eso por accidente.

¡Tim! ¡Bro! ¿Qué hay de nuevo? ¿Qué haces por aquí? —Mikey corrió a la entrada, tomando enseguida el enorme ramo de flores que el joven llevaba consigo—. ¡Wow! ¿Son para D o para Jade?

¿Qué no es evidente? —bromeó Casey, quien al parecer se había tomado la molestia de acompañar a Tim desde antes de llegar a la guarida—. Este tipo está obsesionado con tu hermano, es obvio que las flores son para él.

¡Chicos! ¡Chicos! No arruinen la sorpresa —canturreó—; antes de eso, quiero saber cómo sigue Donnie; me envió un texto diciendo que posiblemente mañana será su cirugía, así que decidí traerle varios obsequios para que se anime un poco.

Mikey, quien apenas notó la bolsa de papel que Timothy llevaba consigo, le arrojó las flores a Leo, quien en esos momentos llegaba para averiguar quién era el visitante de esa noche. El más joven de los hermanos tomó la bolsa, pues logró arrebatársela a su amigo después de recibir un par de manotazos.

¡Viejo! ¡Eso no es tuyo! —reclamó el joven rellenito.

¡Chocolates! —rápidamente el más bajito de la familia los tomó, llevando un montón de ellos a su cinturón y otros más al de Leo para "cubrir más campo"—. Despreocúpate, Donnie está en dieta por ordenes de la doctora Ángela, así que toma —le arrojó de nuevo la bolsa de papel—, puedes darle los libros, las fotos y ese extraño muñeco de peluche de ahí dentro; yo me quedaré con los chocolates y los caramelos. Es por el bien de mi hermano.

Una lágrima imaginaria se dibujó en el rostro de Tim mientras recibió un par de palmaditas de parte de Casey a modo de consuelo; bien, ya sería para la próxima.

Leo lo observó con cara de "Lo siento", y se aseguró de guardar bien los dulces que Mikey le pidió que guardara. Sabía perfectamente que si perdía uno sólo podía meterse en problemas. Le regresó las flores a Tim y lo invitó a pasar a la estancia, donde observaron a un iracundo joven de bandana roja dirigirse con pasos firmes hasta ellos.

¡Hey! ¡Hola de nuevo Raph! ¿Sabes si Donnie puede recibir visit…?

PUNCH!

Un exagerado sonido hueco retumbó en toda la estancia justo cuando el puño de Raphael hizo su primero intento quebrar la quijada de Tim de un solo golpe; tal vez no lo logró con ese primer intento, pero estaba seguro de no fallar a la segunda oportunidad.

Leonardo y Casey intentaron detenerlo cuando vieron el ramo de flores deshacerse en el aire y al joven intento de ninja recibiendo un segundo golpe, esta vez en el rostro, cosa que lo mandó un tanto lejos del sofá donde tuvo intenciones de sentarse apenas y lo invitaron a entrar.

¡¿Qué carajos pasa contigo, Raphael?! —levantó la voz el hermano mayor, aplicando toda su fuerza para que no siguiera avanzando hacia el aterrado "aliado" de la familia—. ¡¿Por qué golpeaste a Tim?! ¡Sólo vino a dejar unos obsequios para Donnie!

¿A eso viniste, pedazo de mierda? —preguntó, casi escupiendo en el rostro de su hermano, el cual permanecía impresionado por su repentino comportamiento—. ¿O pretendes cogértelo aquí mismo? ¡En mi propia maldita casa! ¡Donde también vive NUESTRA hija!

Mikey, quien asistía al joven golpeado, le quitó las manos de encima en cuanto su hermano mencionó esto; parecía un poco más perturbado que el mismo Leo… Y Casey.

¡Pero Raph…! —intentó defenderse el joven, a quien ya comenzaba a notársele un circulo púrpura alrededor de su ojo derecho—. ¡Te prometo que yo…! ¡Él me dijo…!

¡Voy a triturarte! ¡Levántate y pelea como hombre! ¡Así cuando te gane tendrás que dejar en paz a mi hermano de una maldita vez!

Timothy comenzó a tartamudear, a nada de ensuciar sus pantalones hasta que…

¡No soy un jodido premio que puedan disputar a su gusto!

Todos giraron inmediatamente al pasillo, donde a paso lento venía caminando Donatello, envuelto en una toalla y escurriendo. Parecía molesto, sobre todo con Raphael.

¡Donnie! ¡Deberías estar descansando! —Timothy se alertó y quiso levantarse, pero topó contra la inmovible presencia de Raphael.

¡Quédate dónde estás! —gritó el endemoniado joven y el chico gordito se restregó contra el piso, aterrado, abrazando los pies de Mikey—. Vaya, Don, no sabía que te atraían los cobardes lamesuelos.

Déjalo en paz, Raphael; tienes derecho a reclamar nada —volvió a mencionar la tortuga más alta, esta vez tocando su pecho ante una clara señal de que dolía.

Los dos hermanos restantes lo notaron enseguida, por lo que corrieron a socorrer al joven genio. Cuando Raphael también supo a lo que se enfrentaban, dejó en paz a Tim y se apresuró en alejar a Leo y Mikey de SU Donatello.

¿¡Ahora cual es el problema!? —preguntó Leo, tratando de atraer a Donnie con él—. ¿No entiendes que está delicado?

¡Quítennos sus manos de encima! —ordenó, mucho más tranquilo de lo que sus hermanos esperaban—. Seré yo quien cuide de él.

Con su mirada cansada, Donatello dijo a Leo que estaba bien; era verdad, se sentía muy mal, mucho más que antes, pero no estaría en paz hasta haber hablado con Raphael y llegar a un acuerdo.

Por su parte, el molesto joven no pudo evitar echar un último vistazo al remedo de ninja que ahora yacía sentado en el suelo, siendo atendido por Casey, quien le dio una mano para ayudarlo a levantarse.

«Patético», pensó después de tomar en brazos a su adolorido hermano.

No podía creer que ese "joven" haya sido lo suficientemente atrayente para Donatello a tal grado de querer acostarse con él.

De sólo imaginarlo, su vista se nublaba y todo a su alrededor daba vueltas.

No tuvo intenciones de volver al baño personal de Splinter; por lo que sabía, su padre nunca dijo que los dejaría a solas y no ocuparía su habitación, así que cabía la posibilidad de no estar a solas del todo. Tomó la decisión de llevarlo a su habitación propia, pues la de Donnie llevaba por lo menos una semana sin limpiarse.

Depositó el ligero cuerpo de Donatello en su cama, y mientras lo observaba acomodarse, se supo sin intenciones de destensar sus brazos; nunca antes lo había visto tan delgado, y aún así tenía ánimos de discutir con él; aún y cuando tuviera que pasar más de un minuto en que alguno de los dos dijera una palabra.

Por favor di algo —suplicó el joven enfermo, no soportando tener cómo único sonido ambiental la respiración de su hermano—… ¿Raph?

¡¿Enserio, Donnie?! ¡¿Con Timothy?! —finalmente explotó, viendo cómo su hermano acomodó nuevamente la toalla con la que se había secado, intentado esconder su cuerpo—. ¡Es que no lo puedo creer! De todas las personas y mutantes que conocemos, ¿fuiste a terminar en la cama con ESE chico tan mediocre? ¡Es que no lo creo!

¡Eso ya no importa, Raph! —lo interrumpió, esperando un momento a que tomara poco de aire. Su hermano estaba que echaba humo.

¿Qué no importa? —restregó la mano en todo su rostro con desesperación antes de meterse en la cama junto a Donnie—. ¿Tienes idea de lo que sentí al saber que-que-que permitiste que ese idiota te tocara? ¿Qué te hiciera suyo?

Donatello suspiró, mirando directamente a los ojos verdes y desesperados de su hermano mayor.

Siento mucho si te decepcioné; es verdad, rompí la promesa que te hice de ser sólo tuyo, pero desde el momento en que nuestro padre habló conmigo, me ayudó a abrir los ojos… —lento, llevó su mano hasta la de Raphael; quería que se tranquilizara y que no mal interpretara sus palabras—… aquella noche de hace una semana, cuando nos encerramos en el dojo para hablar, realmente me declaré culpable de todo, pero él dijo que ya lo sabía; que desde un par de meses atrás supo que nosotros comenzamos con el pie izquierdo y no pude evitar contarle algunos detalles de nuestra vida como amantes, incluida aquella promesa que te hice mientras teníamos sexo en el baño común; donde prometí que sólo sería tuyo y nadie más tendría derecho de tocarme.

¿Entonces eso fue lo que viejo te dijo? —preguntó—. ¿Te invitó a la promiscuidad?

¡No! —dijo molesto—. Él sólo me abrió los ojos, y me dijo que si tu no tenías intenciones de ser serio conmigo, yo también podía tomar la decisión de buscar eso que no estabas dispuesto a darme; estabilidad.

¿Te refieres a…?

Raphie… —dijo dulcemente, como si supiera que una sola palabra fuera de lugar podía arruinar todo lo que estaba diciendo—… Estar con alguien más fue decisión mía, y no me arrepiento de ello, porque fue dulce y romántico conmigo, pero después de hacerlo, eras tú quien seguía en mi mente. Eres tú quien me hace daño más que otra persona en este mundo… Pero… Ambos sabemos que lo nuestro jamás funcionó. Yo… no quiero sólo sexo… quiero más. Y ya le he decidido.

Después de esto, la única palabra que se repetía una y otra vez en la mente de Raphael era la palabra "romántico".

¿Ese imbécil sabía ser atento y cariñoso con alguien más? Lo más seguro es que pareciera un idiota tratando de convencer con palabras bonitas a su hermano; palabras que evidentemente habían funcionado.

Te amo, Raphael —soltó ante la sorpresa del de ojos verdes–, pero estar contigo… duele.

A pesar de lo que estaban hablando y de lo delicado que el jovencito lo estaba tomando, Donatello supuso que estaría bien reafirmar aquello que ya era sabido por todos; que aún lo amaba, y al parecer había intentado olvidarlo, evidentemente sin éxito.

En verdad lo siento —sin más, Raphael alejó su mano de la de Donnie—. ¿Sabes? Olvida lo que dije durante el baño de sales… Ahora no estoy seguro de tantas cosas.

Se levantó, dejando a su hermano con una mano en el aire, deseando fervientemente que volviera a su lado para no irse nunca más.

Pero no insistiría; no tendría la esperanza de que Raphael luchara por su relación porque ahora, aunque algo tarde, tenía un poco de orgullo, y gracias a esa reacción de Raphael, supo que las cosas entre ambos habían terminado.

Su relación no tenía remedio. Desde el momento en que las cosas comenzaron con engaños y mucha, pero mucha lujuria, supo que cualquier cosa que él y Raphael desarrollaran, estaba dispuesta a fracasar.

El día de hoy, la prueba fehaciente estaba en que el rudo ninja no había aceptado de ninguna manera la fugaz relación que Donatello tuvo durante su semana de ausencia… aún y cuando este sabía perfectamente de la vida libertina y promiscua de su hermano previo a convertirse en amantes.

Raphael era egoísta y posesivo; ellos no tenían una relación establecida al momento en que salió por esa puerta para alejarse del estrés que le causaba estar junto a él… junto a Raph.

Correcto, o iba a rogar que le diera una oportunidad, eso era algo que ya había visto perdido desde hace tiempo, pero…

Tengo miedo, Raph —soltó sin más, logrando su propósito.

Raphael se detuvo antes de llegar a la puerta; sí, era su habitación, pero estaba dispuesto a dejársela a Donnie con tal de salir de ahí. Además, no obligaría a su hermano a volver a la propia, pues llevaba por lo menos una semana sin utilizarse.

Aún así, no se giró a verlo; ¿por qué tenía miedo? Había vuelto a casa, la operación pronosticaba buenos resultados y tenía a toda su familia cerca, a parte de ese despreciable chico obeso que ahora parecía un perrito tras sus faldas.

Tuvo intenciones de continuar su camino; de no volver sus pasos, pero Donatello también continuó con sus palabras; aún no terminaban con su pequeña plática.

Te necesito mañana a mi lado —dijo temeroso—. Sé que… las cosas saldrán bien, pero aún así tengo miedo. Prométeme que estarás ahí, y que sostendrás mi mano con la tuya y a nuestra hija con la otra.

¿Porqué me estás pidiendo esto? —preguntó; nada de esto tenía mucho sentido para él.

Tú y Jade son lo que más me importa; quiero que ustedes sean lo último que yo vea antes de cerrar los ojos… así, de esa forma, sabré que me has perdonado, y que las cosas entre nosotros estarán bien de ahora en adelante.

Raphael abrió la puerta; no quería responder a esa pregunta.

Por favor promételo… N-no importa que después decidas odiarme; en ese momento, sólo quiero a mi familia a mi lado.

El silencio retó a Donatello a no romper sus nervios, sólo hasta que notó la cabeza de su hermano asentir; Raphael no lo notó, pero la sonrisa que el otro le dedicó era invaluable.

Aquello lo mantendría tranquilo por el resto de la noche.

Cerró la puerta dejando atrás un apenas audible "gracias" proveniente de su habitación, pero lejos de buscar un sofá donde dormir o limpiar la habitación de Donatello para pasar ahí la noche, fue por Casey y lo arrastró hasta la salida de las alcantarillas.

Esa noche no tenía la intención de dormir solo, pero no volvería a enredarse en las mismas sabanas de Donatello después de semejante traición; en su lugar, le pagaría con la misma moneda, buscando compañía lejos de ahí, aunque tuviera que volver a sus antiguos hábitos patrocinados por su mejor amigo.

—¿Y bien? ¿Por qué no te quitas ese feo sombrero y me dejas ver bien tu lindo rostro?

La chica que Casey pudo conseguirle permanecía sentada en la cama; la habitación ya había sido rentada y finalmente se encontraban a solas. Era por eso que ella no paraba de invitarlo a entrar en la cama justo después de quitarse esos zapatos altos y la blusa.

—Sólo desvístete, ¿quieres? —ordenó. No tenía intenciones de seguir su juego.

—Vaya, cariño, tú sí que vas rápido. Por la cantidad que tu amigo me pagó yo pensaba darte un mejor servicio… pero como tú quieras.

La joven alta y delgada descubrió su cuerpo justo frente a Raphael, quien había bajado la intensidad de las luces para que ella no pudiera notar su rostro…ni sus manos… ni sus pies.

Nada en realidad.

Mientras bajaba aquella ajustada falta por sus pantorrillas, observó sus pequeños pechos; verdadera ella poseía un cuerpo mucho muy diferente al que el acostumbraba buscar en las mujeres, pero sabía que su debilidad por los senos grandes no había sido el factor más importante en su elección.

Movió sus manos en una clara señal de que sólo conservara sus pantaletas; maldición, ¿porqué debían ser púrpura?

—Recuéstate en la cama, ahora —ordenó nuevamente.

Ella obedeció enseguida, dedicándole una mirada seductora que más bien caía en la depravación. Sus pequeños ojos azules eran tan diferentes a los que en este momento desearía ver en la persona recostada frente a él, lista para a acción.

Cuando la chica sintió el peso de Raphael sobre el colchón, se recostó completamente y separó las piernas, pues supo enseguida cuáles eran sus intenciones.

—Vaya, ahora resulta que la consentida voy a ser yo.

Intentó reír pero el brusco movimiento que Raphael hizo para posicionarse entre sus piernas la distrajo.

Él apoyó las largas y delgadas piernas de la chica en sus hombros, acercando su rostro a aquella intimidad.

Finalmente… aroma a mujer.

Rápidamente, pasó su lengua por aquella tela púrpura que lo separaba de lo que alguna vez creyó que era el paraíso en la mujer… y ella comenzó a gemir.

—¡Ah! ¡Me gusta a donde va todo esto! —dijo ella, sin una sola pisca de pudor en su voz.

Al instante notó que la mayor parte de esos gemidos eran fingidos; sólo buscaba mantenerlo satisfecho, pues aquello que había pagado por ella no era precisamente poco.

—¿Cómo te llamas, cariño? —preguntó la chica, revolviendo sus cabellos para darle más intensidad a su actuación.

—Sólo llámame "Raphie" —dijo, tratando de remover con su lengua la ropa interior frente a él.

—Lindo —gimoteó—. ¿Y cómo quieres que me llame?

Esto lo hizo detenerse e incorporarse con rapidez; ¿era broma? ¿Aquella era su dinámica para satisfacer a sus clientes más caros?

—Anda, te daré la oportunidad de que me llames como tu ex novia; o tal vez alguna chica que deseaste que estuviera a tu alcance… o si eres un poco más pervertido… tal vez alguna hermanita.

La joven mujer guiñó uno de sus ojos ante ese desconcertado Raphael. Apenas y se dio cuenta de la depravación de la mujer, y aunque la oferta era insana, se escuchaba muy tentadora.

—¿Corazón? —insistió ella.

—D-Donnie… —murmuró.

—¿Qué? —no escuchó claramente—. ¿A caso dijiste…?

—¡Donnie! —y tras mencionar en voz alta el nombre de su hermano, se fue contra la mujer, recostándola de golpe en la cama para besar su vientre mientras masajeaba con desesperación sus pequeños senos.

La cubrió en besos mientras "sin querer" pensaba en su hermano; gimiendo su nombre, devorándolo con el pensamiento.

—¡Ah! ¡Don! ¡Donnie! —continuó, subiendo un poco más en su cuerpo.

—No creo que tu Donnie tenga tetas, cariño, pero aún así veo que te gustan mucho… y ese tal Donnie también —se burló ella, acariciando sobre su sombrero de disfraz.

Aquél comentario cayó en él como balde de agua fría, y nuevamente se detuvo.

—¿Pasa algo, amorcito? ¿Dije algo que te molestara?

La joven mujer intentó acariciar el oculto rostro de su amante en turno, pero este se alejó incluso más, saliendo de la cama y dejándola abandonada y "deseosa".

Raphael se quedó un momento más así, observándola de pies a cabeza; su angelical rostro esperando una explicación, su cuerpo semidesnudo con algunas gotas de sudor que se deslizaban sin restricciones entre sus juveniles curvas, y esas pantaletas esperando por ser retiradas.

—¿Raphie? —lo llamó ella con sensualidad, acariciando uno de sus pechos desnudos para provocarlo y que volviera a la cama—. ¿No me deseas?

Inmediatamente identificó toda la mentira que se escondía detrás de esas palabras provocativas; era tan faltas comparándolas con los suspiros que Donatello le regalaba cada vez que estaba juntos. Cada vez que lo besaba, que lo acariciaba… cada vez que le hacía el amor.

—Largo —suspiró resignado, buscando con la mirada sus ropas en el piso de la habitación.

—¡¿Qué?! ¿Qué rayos significa…?

—¡Que te largues! —levantó la voz, tomando finalmente su pequeño vestido púrpura y arrojándoselo a la cara—. Sal de mi vista inmediatamente, mujerzuela.

—¡Vaya tamaño de imbécil que eres! —reclamó ella, vistiéndose a una velocidad impresionante, por lo menos ante los ojos de Raphael—. ¡Pero ni creas que le devolveré el dinero a tu amiguito! ¡Si no quieres mis servicios es tu puto problema!

Finalmente tomó su bolso y salió de allí después de hacerle una seña obscena con su dedo medio. Típico de una mujer así; primero eres su amorcito y después un jodido loco.

Emitió un sonoro suspiro; ya había pagado incluso por pasar la noche en la habitación, así que eso si lo aprovecharía. Se desvistió lentamente y entró en las ásperas sabanas del lecho; incluso eso era tan distinto a estar con Donatello. Todo lo que lo rodeaba era terso y olía bien; muy al estilo de su detallista hermanito.

Ahora, justo ahí, recostado en aquella cama ajena a él y su familia, recordó todo lo sucedido por la tarde y la razón por la que había vuelto a contratar mujeres desconocidas para una noche.

Deseaba vengarse, que sufriera lo mismo que había sufrido él al saber que permitió que ese idiota personaje de piel flácida y grasienta lo tocara.

Pero no podía; sus manos ya no se permitían acariciar a nadie más. Sería un camino largo de recorrer para poder olvidarlo.

Entonces supo que había exagerado con su reacción; Donatello ya no le pertenecía, y él no estaba haciendo lo necesario para recuperarlo o para hacerlo razonar por lo que había hecho.

A partir de ahora, ellos sólo eran hermanos, y claro, los padres de Jade, así que haría el esfuerzo necesario para hacer un buen compañero y criar a su hija como era debido.

Sí, eso haría; mañana mismo dejaría de ser un idiota y trataría de arreglar las cosas con Donatello antes de su cirugía; eso le daría aún más fuerzas para mantenerse fuerte durante su intervención.

Fue por eso que se dejó vencer por el sueño, importándole poco que la cama fuera una de las más incomodas en las que había tenido la oportunidad de dormir.

—Donnie, discúlpame —murmuró, antes de quedarse profundamente dormido.

La insistente vibración de su teléfono celular lo despertó; pues ya ni la luz que el sol filtraba por entre las gruesas cortinas logró que sus parpados se abrieran.

Entonces lo recordó; se levantó inmediatamente de la cama con una punzada de dolor en la cabeza por el abrupto movimiento y tomó su Tphone para saber de qué se trataba; la sangre se le fue a los pies cuando vio que tenía por lo menos quince mensajes sin leer y tantas llamadas que ni siquiera podía contarlas.

Nervioso, abrió uno de los mensajes que recibió del celular de Casey; se trataba de Leo, pues apenas y recordó que llevaba consigo el móvil de este:

¿Dónde estás?

Debes volver cuanto antes a casa; las cosas no están marchando bien con Donnie.

Leo—

Dejó caer el aparato, y aún así no alcanzó a escuchar el golpe que dio este contra el suelo: nuevamente había arruinado las cosas.

Incluso peor; existía la oportunidad de perder a Donatello, para siempre.

…Continuará.

¡Les dije que las cosas no serían fáciles! ¡Ódienme todo lo que quieran, pero la historia aún no termina! *risita malvada*. ¡Aún faltan dos partes más!

Por favor háganme saber sus opiniones en un bonito, bonito review. ¡Siempre son bien recibidos! También cualquier duda, teoría o petición; ¡saben que me encanta leer todo o que tengan que decirme siempre y cuando sea con respeto hacia los demás!

¡Los quiero un montón! ¡Los amo!

Miss GRavedad.