Pues que decir, a varios años de mi última actualización… ¡Henos aquí! Cumpliendo una promesa a todos ustedes y a mí misma de finalmente terminar esta historia de una vez por todas.
Advertencias: ¡Mucho drama! Capítulo enteramente Hurt/Comfort/Hurt que involucra diversos personajes. Nos encontramos ante el final de esta historia, y aunque no lo publiqué precisamente en el formato de dos y dos partes como mencioné anteriormente… ¡Es mejor tarde que nunca!
... Eso creo.
Este capítulo es lento y hay mucho dialogo. Lo siento pero era necesario de esa manera.
El verdadero clímax se presenta en la quinta y última parte.
Dedicación: Muchas gracias por todo este tiempo en el que se mostraron interesados en que terminara esta historia. He recibido mensajes por aquí y otros medios solicitando estos capítulos. Este escrito y el resto hasta que termine el fic, está dedicado a todos ustedes, por animarme y motivarme a continuar.
…
Capítulo 12: Decisiones.
PARTE IV – REDENCIÓN
El camino de vuelta a casa fue una tortura; quería llegar en segundos, pero siempre había elegido un barrio lejano y difícilmente accesible para el resto de la ciudad de Nueva York en aras de que su familia jamás se enterara de donde podía llegar a pasar las noches sin ellos a su alrededor.
El frenético golpeteo del dueño de las habitaciones a su puerta, por no llamarlo proxeneta, le provocó una adrenalina acompañada por la preocupación después de haber leído ese mensaje tan devastador que le envió Leo durante toda la noche, así no tardó en salir por la ventana, esquivando toda esa ropa y accesorios basura colgando de edificio a edificio.
Era un lugar tan asqueroso.
Un sinfín de pensamientos llegaron a su mente, impidiendo que se concentrara.
Donatello se encontraba delicado de salud, quizás hasta muerto, y él había decidido pasar la noche en un lugar desconocido, faltando a su promesa de permanecer junto a él antes, durante y después de la cirugía.
¿Y Jade? ¿Dónde estaría su pequeña niña en estos momentos? ¿Sobre los brazos de un desconsolado Michelangelo, quien sufría sin restricciones la ausencia de su hermano genio? ¿Bajo la protección del más capaz de sus hermanos, Leo? ¿O resguardada de toda su familia junto a Splinter? Seguramente contándole con toda tranquilidad que se mami ya no volvería a tomarla en brazos ni a besar sus bonitas mejillas, pero que él mismo se encargaría de criarla tal y como lo había hecho con sus cuatro hijos, lejos de las manos descuidadas de su padre.
Un padre ausente, a quien poco le había importado el bienestar de su otro padre.
Si, seguramente eso ocurriría; Splinter lo reprendería de nuevo. Splinter se encargaría de que lo observara criar a su hija desde la lejanía.
Si poco había podido hacer por Donatello, quien desde un principio había sido su responsabilidad, ¿Qué podía hacer con una niña recién nacida bajo su cuidado?
Lo más seguro es que nada bueno; sólo criar a otra tortuga agresiva y poco compasiva para con su familia.
Pero no es que a él le importara poco la salud de Donatello; simplemente estaba dolido e impresionado por su confesión, rebajándose a un nivel en el cual estaba dispuesto a vengarse de su hermano al estar con otra persona, aún y cuando ellos ni siquiera eran una pareja real.
¿Por qué quería hacerle esto a su hermano? ¡Simplemente no tenía sentido ahora que lo pensaba todo con más frialdad!
Ahora Donnie tenía a alguien más a su lado; y por lo visto esa otra persona tenía la completa habilidad de hacerlo sentir bien; de hacerlo sentir amado y respetado. Era de esperarse que ese gordo papanatas terminara por quedarse con su hermano; él jamás lograría ser tan accesible y "carismático" como Timothy, y jamás lo había intentado. Al contrario, sus intenciones siempre fueron que Donatello dejara de amarlo y que siguieran su vida como hermanos y padres de Jade.
Finalmente lo había logrado; se había quitado a Donatello de encima cuando se consiguió otra pareja, y eso, por extraño que pareciera, lo hacía sentir miserable.
Y no sólo a él, sino también a Donatello por "haberlo engañado", por faltar a su promesa de ser solamente suyo y de nadie más.
Ahora podía ver que tan patético y desesperado se había escuchado esa petición; primero por tratar de dominar en la vida de uno de sus hermanos, quien al igual que él, ya era un adulto y podía decidir totalmente el tipo de parejas que quisiera y necesitara. Y en segundo lugar, porque había sido un claro y desesperado grito a los cuatro vientos de que moría lentamente ante esa simple idea.
Frenó repentinamente sobre un edificio donde únicamente guardaban un montón de cachivaches en la azotea y se recargó sobre una pila de láminas oxidadas. Lo pensó pero se negaba a creerlo; él… ¿estaba celoso?
Sintió que uno de sus pulmones estaba a nada de colapsar por el agotamiento tras una larga carrera y una repentina hiperventilación.
Imposible.
Era un ninja entrenado en el arte para respirar sin que esto le causara contratiempos a la hora de una ardua batalla o, como en este caso, correr sin detenerse.
Pasaban las doce del medio día, y aunque la regla con la que se manejaban como clan era "permanecer siempre en las sombras", el hecho de que estuviera corriendo a plena luz del día era lo que menos le importaba.
Jamás en su joven vida, recordaba haber corrido tan rápido como aquella mañana.
Pateo algunos cachivaches y siguió su camino a toda velocidad, intentando no poner atención a eso parecido a los celos que recién había descubierto.
Tenía cosas más importantes por el momento, como verificar que su hermano siguiera con vida.
Llegó a la guarida dando traspiés, incluso el haber topado en su camino con algo de lodo viejo en las alcantarillas era el menor de sus problemas.
No sabía con qué se toparía al llegar, pues el Tphone de Leo quedó hecho añicos en cuanto leyó aquel mensaje que auguraba malas noticias.
Llegó a la estancia y al momento de cruzarla se tropezó con algunas maletas justo en el centro, las cuales lo hicieron rodar estrepitosamente, rompiendo la mesita de la sala de estar para después topar de cara contra el sofá triple.
–¡¿Pero qué carajos fue eso?!
Escuchó un par de pasos llegar a toda prisa para verificar lo ocurrido en la amplia sala, donde ya se encontraba Raphael recargado en el sofá que recientemente averió, recuperándose del fuerte golpe.
–¡Viejo! ¿Qué te ocurrió?
Esa fue la voz de Casey, quien inmediatamente se acercó para asegurarse de que su amigo se encontrara bien y… ¿sobrio?
–¿A caso vienes borracho?
–¡¿Qué?! –manoteó Raph, quitándose de encima la molesta presencia de su mejor amigo–. ¡Ni de broma! ¡Un imbécil dejó ese equipaje en medio de la sala y tropecé!
–El imbécil pide que te calmes, Raph. Mejor ayúdame a llevar ese equipaje al laboratorio que lo necesito ahí.
Aquella fue la voz de la doctora Bennet, quien en ese momento, quitó a Casey de donde lo había empujado Raphael, y tomó asiento al momento en que abrió una lata de cerveza que aparentemente ella había llevado hasta la guarida, pues el ninja de rojo no reconocía esa marca en particular.
–U… una disculpa doctora, no sabía que…
–Está bien cariño –lo interrumpió ella–, ese es parte del equipo de monitoreo para Donatello, así que después de armarlo en el laboratorio, necesitaré que me ayuden a transportarlo a su habitación.
¿Equipo de monitoreo? ¿Para Donatello? ¿Eso qué significaba? ¿Eran cosas buenas… o malas? Por el momento respiró… al menos estaba seguro de que su hermano seguía con vida.
–¿Eso significa que Donnie está… bien?
Ángela y Casey se observaron entre ellos, y después de un corto y agonizante silencio, la mujer tenía todas las intenciones de hablar, pero fueron interrumpidos por algunos más aún presentes en la guarida.
–¡Hasta que te dignas en aparecer!
Aquella fue la voz de Leo, quien lo hizo girar a su derecha para encontrarse con su presencia; lo vio salir a pasos calmados del corredor que dirigía a las habitaciones de los cuatro hermanos.
Pudo notar molestia en su semblante. Y claro que sabía el porqué de la misma.
Detrás de él, notó a Mikey, alertándolo aquellos ojos enrojecidos posiblemente por el llanto y quien topó abruptamente contra el caparazón de Leo cuando este último se detuvo a unos cuantos metros de Raphael.
El de rojo no tenía palabras; no le gustaba para nada el semblante de sus hermanos, pero en esos momentos lo único que deseaba era saber de Donatello.
–¿Puede alguien por favor decirme que pasó con Donnie? –peguntó.
–Si tu duda es de si está vivo… sí, lo está –Leo se cruzó de brazos, sin quitarle la vista de encima ni por un segundo.
Para este momento, Raphael ya se sentía incomodo por el trato de su hermano mayor, pero aún así se relajó. Por lo menos ya estaba enterado de lo más importante.
Pero los rostros de seriedad de los demás no le permitieron permanecer tranquilo por mucho tiempo.
–Quiero verlo –pidió.
–No se puede, Raphael –la voz suave de la mujer fue tan poco común, a su parecer–. Donatello tuvo un colapso nervioso justo antes de entrar a cirugía, y dado que las circunstancias que lo provocaron tienen que ver contigo, no puedo permitir que lo veas por el momento. Tu presencia sólo retrasará su recuperación.
–¿Con… migo? –preguntó, no sabiendo a qué se referían–. ¡Es mi hermano! ¡Le prometí estar a su lado y…!
–¡Exacto! ¡Se lo prometiste! –lo interrumpió Leo esta vez–. ¿Tienes idea de lo que Donatello pasó porque no llegaste? ¡Él te quería aquí! ¡A su lado! ¡Al ver que no aparecías por ningún lado, se rehusó a la cirugía y tuvimos que sedarlo en contra de su voluntad! ¡No quería que lo intervinieran hasta que estuvieras presente! ¡Pero tú jamás llegaste!
–La cirugía no podía retrasarse esta vez –dijo Ángela cuando vio en todo el rostro de Raphael las intenciones de preguntar el porqué no pudieron esperar por su llegada–. No me quiero arriesgar a que te vea y su corazón no resista los medicamentos. Ese jovencito es alguien muy… emocional. Así que por el momento no puedo permitir un escenario en el que se de a pie una discusión. Tu hermano está delicado en este momento y un arrebato como el ocurrido por la mañana puede acabar con su vida.
El corazón de Raphael se aceleró de inmediato; ¿tan delicada era la situación con Donnie?
–P… pero quiero verlo. Disculparme con él –insistió, prometiendo con su mirada que no provocaría ningún escenario que diera lugar a una discusión entre ambos.
–Lo siento cariño, pero no puedo permitirlo –suspiró Ángela, cruzando sus piernas aún sin moverse de aquél lastimado sofá, después de beber las últimas gotas de la cerveza que abrió momentos antes–. La única manera de que te permita entrar a su habitación es si el mismo Donatello pide verte y me aseguro de que está preparado para ello. Antes de eso… no lo puedo permitir.
Ahí estaba lo único que necesitaba; gracias a esas últimas palabras, Raphael supo que Donnie se encontraba en su propia habitación recuperándose de la cirugía, por lo que empujó a Leo y a Mikey para hacerse paso por el camino que lo conduciría a su propósito de ver a Donnie en ese momento.
–¡Raph! ¡Viejo! ¡Espera! ¡Por favor se razonable! –corrió tras él, Casey, intentando convencerlo–. ¿No entiendes que Don está delicado?
Tras ignorar a Casey, sintió una mano grande tomarlo del caparazón, frenando en seco sus intenciones de tomar la perilla de la habitación de Donnie y hacerse paso al interior.
Inmediatamente, Leo abrió la puerta de la habitación que se encontraba justo al frente, y ayudado por Casey, metieron a Raphael a la misma, cortando de tajo sus intenciones.
–¿Puedes pensar por una maldita vez en alguien que no seas tú? –preguntó Leo, fúrico, dando un fuerte portazo a la puerta para quedar únicamente ellos tres dentro de la habitación.
–¡Necesito hablar con él! ¡Tengo que disculparme!
–¡Y lo harás, amigo! Sólo que no será hoy –finalizó Casey,
–¡Es que ustedes no lo entienden! De verdad necesito hablar con él, tengo que decirle algo muy importante.
–Eso debiste pensarlo antes de decidir pasar la noche fuera de casa –Leo parecía fiera enjaulada, caminando de un lado a otro para calmar su ira–. ¡¿Qué era tan importante como para no estar al pendiente de Donnie?!
Raphael calló inmediatamente, agachando la mirada después de tomar asiento en la cama.
Leo esperó, impaciente, por una respuesta, pero al no conseguirla por medio de Raphael, volteó a ver a Casey, quien al cruzar mirada con su líder, simplemente suspiró y negó sutilmente.
Entonces Leonardo se dio cuenta.
–Ah… –aspiró profundo, Leo–. Ya veo, con que se trata de eso –el muchacho se restregó las manos en el rostro y emitió un fuerte gruñido para después tomar una de sus preciadas velas aromáticas y arrojarla justo al lado de donde ya se encontraba sentado Raphael. La vela se hizo añicos en el respaldo de la cama y pedazos de cristal se proyectaron hasta su caparazón–. ¿Así que es más importante un par de pechos que la salud de tu propio hermano?
–Leo… yo no…
–¡Te prohíbo que te acerques a la habitación de Donnie hasta que sea él quien decida verte! ¡¿Entendido?!
–¡No puedes obligarme!
–¡Claro que puedo! ¡Soy tu líder y tu hermano mayor! ¡Además de que seré yo quien cuide de él hasta que se recupere!
–¡No puedes! ¡Donnie es mi responsabilidad!
–¡Ya no más!
Y tras saber que su voz se había elevado lo suficiente como para traspasar aquellas paredes, Leonardo se calmó, respirando profundamente para después recargarse en la puerta y deslizarse hasta quedar sentado en el suelo.
Estaba agotado, se podía ver en su semblante.
Y Raphael se veía derrotado. Por primera vez en su vida no lo vio dar batalla a sus palabras.
–Pasé toda la noche a su lado, ayudándolo a cuidar de tu hija, Raphael –dijo el hermano mayor, casi que en un suspiro–. No dormí por sostener su mano y asegurarle que aparecerías en cualquier momento, antes de que la doctora Bennet tuviera que intervenirlo. Pero cuando no llegaste, colapsó. Su corazón se rompió.
–Cuando abrió los ojos, lo primero que hizo fue preguntar por ti –intervino Casey esta vez–. Pero al ver que quien sostuvo su mano todo el tiempo que permaneció dormido fue Leo y no tú…
–Y todo porque preferiste mantenerte enredado entre las piernas de una desconocida antes que preocuparte por la salud de tu hermano.
Quería hablar; mencionar que aquello jamás pasó, que al final no había traicionado a Donnie con otra mujer, y que su prioridad era estar aquí para él. Pero no le encontró sentido al tener que negarlo, después de todo, aquella había sido la razón por la que salió de casa la noche anterior, y el haberse involucrado o no con una mujerzuela no hacía cambio significativo a lo que ya había sucedido con Donatello.
–¿Dónde está Jade? –preguntó, resignado a dar por perdido el tema con su hermano menor.
–Está con Donnie –dijo Leo, levantándose de su sitio para pasar a girar la perilla de la puerta–. Splinter, April y Tim están cuidando de ellos en este momento. En cuanto pueda le diré a Mikey que la traiga para que la veas.
–¿Ese papanatas está ahí adentro con ellos y yo no puedo ni asomarme a verlo? –preguntó, indignado.
Sus tripas se revolvieron aún más de sólo escuchar su mención.
–Ese "papanatas" no se ha despegado de aquí desde la noche anterior que llegó a visitarlo. Aún y después de la paliza que le diste.
Raphael se puso aún más verde de coraje tras las palabras de su hermano.
Después de eso, de nuevo gobernó el silencio y esa penetrante mirada azul parecía querer dominarlo. Leonardo en verdad mostraba estar reprimiendo las ganas de tomar otra vela y arrojarla justo en su cabeza para que se diera por enterado.
–Lo siento –soltó Raphael, después de calmarse un poco–. Te aseguro que no existe nada más importante para mí en este mundo que mi familia… Por favor, Leo… créeme.
Había suplica en sus palabras.
El mayor de los hermanos sólo lo observó detalladamente. Su silencio dolía más de lo que su hermano pudo soportar.
Y tras esto, Leonardo salió de la habitación, dando nuevamente un portazo para darle más drama a su ausencia.
La habitación quedó en completo silencio. Ni siquiera podía escuchar la respiración de Casey ahí dentro.
–Donatello realmente lo quiere… ¿cierto? –se preguntó en voz alta, captando la atención de su amigo.
–¿De quién hablas?
–De Timothy… ¿En verdad es el amante de Donnie?
Tras esto, Casey dejó escapar una fuerte carcajada la cual hizo que su viejo amigo pasara de un intenso verde a un llamativo rojo brillante.
–¡No puedo creer que realmente sigas con eso! –continuó riendo el joven humano, acariciando su estómago debido al dolor que ya le causaba aquella carcajada–. ¿Tim y Donnie? ¿Juntos? ¡¿En verdad?!
El de rojo bufó, realmente mosqueado por la situación.
No sabía de qué rayos estaba hablando Casey, pues justo el día anterior habían podido notar el interés que ese extraño muchacho tenía para con Donnie.
¡Mira que esos estúpidos regalos ñoños lo decían todo!
Tomó una de las almohadas que reposaban en la pulcra cama de Leonardo, ahora invadida por cristales y pedazos de cera blanca, y se la arrojó a Casey, pero ni con esto logró hacerlo callar.
–¡Si no me vas a explicar lo que está ocurriendo será mejor que cierres la maldita boca! –sentenció.
–¡Tranquilo! ¡Suelta ese proyectil! –dijo, aún riendo, para tratar de calmarlo al ver que ya tenía en las manos otra almohada–. Lo siento, pero no pude evitarlo; luces tan tierno cuando estás celoso.
–¡¿Yo?! ¿Celoso de ese maniaco? –bufó, arrojando la almohada al otro lado de la habitación–. Ni en un millón de años.
Casey sonrió… estaba claro que jamás lo aceptaría, pero el interior de su amigo se carcomía entre los celos y la preocupación de realmente haber perdido a Donatello ante Tim.
–Mira Raph, se de buena fuente que Donatello no tomó a ese muchacho como amante, como lo has imaginado hasta el momento, así que deberías estar tranquilo. Lo único que siente Donnie por Tim es aprecio, pues desde que supo lo enfermo que está, jamás se ha separado de su lado y se mantiene al pendiente de él.
–P… pero… ¿Y todos esos regalos? ¿Y su interés porque a Donnie le gusten los chicos? ¡¿Qué significa todo eso?!
–Lo mismo llegué a pensar yo –se encogió de hombros, no sabiendo que decir ante eso–. Pero el mismo Donnie nos dijo que es una locura si quiera el imaginar que él y Tim tienen algo, que ha tomado decisiones estúpidas, pero no tanto.
Raphael se mosqueó; esa era una pedrada muy directa.
–¡Ah! Y también mencionó lo imbécil que eres por el simple hecho de haberlo considerado como una posibilidad.
El aludido se cruzó de brazos y echó humo por la cabeza. Toda esa situación lo tenía mareado.
Entonces un nuevo vacío se formó en su estómago; eso sólo significaba que Donatello hablaba de alguien más, y que ese alguien se encontraba allá afuera esperando noticias de su querido hermano.
–¿Quién crees que sea? –preguntó Raphael, casi en un suspiro sin despegar su verde mirada del suelo.
–No lo sé, viejo –se lamentó su amigo, sintiéndose terrible por no tener una respuesta que pudiera ser de ayuda–. Donnie no ha querido hablar de ello: ni de ti, ni de ese misterioso sujeto.
Raphael asintió, dándole a entender que había captado el mensaje. Donatello había sido discreto hasta el momento por el simple hecho de no dar explicaciones.
Casey deshizo el pesado ambiente al estirar un poco su cuerpo y mencionar que aprovecharía que se encontraba en la habitación de Leo para tomar una pequeña siesta de quince minutos, pues se encontraba cansado tras haber madrugado aquél día, y no tardó en recostarse en la cama, junto a Raphael, quien en ese momento le daba la espalda al permanecer sentado a la orilla de la cama.
Permanecieron en silencio durante un momento más, hasta que el mismo Casey, quien miraba el techo de la habitación de Leo, rompió la calma.
–Te creo –dijo el muchacho, sin dar más detalles.
–¿Huh?
–Lo que le dijiste a Leo… Te creo. Eres mi mejor amigo, te estimo, y te conozco bien, se que tu familia lo es todo para ti… y también se que tu ausencia fue por una terrible confusión– al sentirse observado por Raphael, cerró los ojos con tranquilidad y emitió un sonoro suspiro. Parecía saber lo que decía–. Pero también estimo mucho a Donnie, y me duele ver que todo esto se les está saliendo de control a ambos… a todos.
–Cierra la boca, Case –pidió la joven tortuga, restregando una de sus manos en su cansado rostro. Ahora sólo faltaba que ese idiota también lo reprendiera–. Suficiente tengo con el discurso de Leo, y suficiente tendré con la tunda verbal que me caerá encima por parte de Splinter en cuanto me vea.
Casey soltó una diminuta risa, simplemente porque sabía que eso era más que cierto.
–¿Puedo pedirte un favor? –pregunto sin más, Raphael, haciendo que Casey abriera nuevamente los ojos para observarlo confundido–. Al parecer me estoy volviendo irracional cuando se trata de Donnie. Quiero hacer las cosas bien a partir de ahora, pero no puedo controlarme… Necesito que me ayudes con eso.
–¿A qué te refieres? ¿Qué quieres que yo haga?
–Golpéame… –soltó, sin una pizca de duda en sus palabras.
Casey calló unos segundos, sin quitarle la vista de encima.
–… cuando veas que…
¡PUNCH!
No lo dejó continuar porque un fuerte golpe con el puño cerrado fue a parar a uno de los costados del caparazón de Raphael, ahí donde parte de su plastrón se volvía suave, doblegándolo sobre la cama al sentir la fuerza de aquél fuerte puño que tenía años jugando un deporte tan salvaje como lo era el Hockey.
–¡Imbécil! ¡No ahora!
Raphael tomó el brazo con el que Casey lo había golpeado y se abalanzó sobre este, propinándole una fuerte mordida por la cual el muchacho se retorció de dolor en la cama, a un costado de un también adolorido Raphael.
–¡Dijiste que te golpeara! –reclamó.
–¡Ni siquiera me dejaste terminar para decirte bajo qué circunstancias lo hicieras!
Tras esto, Casey le dio una palmada en el rostro para alejarlo, ya que la dentadura de su amigo seguía muy cerca de la piel de su brazo derecho.
Raphael cayó de la cama ante este brusco movimiento y se levantó a toda prisa, sacudiendo el poco polvo que había levantado en su oscura piel verde tras tocar el suelo.
–¿Quieres explicarme? –demandó el muchacho pelinegro, acariciando su brazo.
La joven tortuga acomodó su cinturón y suspiro, aún sintiendo uno de sus costados palpitar por el reciente golpe recibido.
–Golpéame cuando me veas a punto de hacer o decir algo estúpido frente a Donnie. O en su defecto, cuando lo haga. Así sabré qué fue lo que hice mal.
Casey lo observó con algo parecido a la frustración en todo su joven rostro. En verdad no entendía cómo es que su amigo podía llegar a ser tan torpe.
–¿Recuerdas la noche que llegué a la guarida después de que April me corrió del departamento? –lo vio asentir–. Justo después de que les dije que las cosas salieron mal cuando ella me dio la noticia de que está embarazada, tú me dijiste que "debí morderme la lengua y sonreír lo mejor que pudiera" en lugar de soltar mi duda e inconformidad como vómito verbal.
Raphael desvió la mirada. Era verdad, él había dicho eso no hace mucho tiempo tan sólo por imaginar lo que había sentido su amiga cuando ese pedazo de tonto le había roto el corazón después de una noticia que se suponía, debía dar felicidad.
–Sigue tu propio consejo –el muchacho lo sacó de sus pensamientos–. Tu vida y la de Donnie cambiaron en poco tiempo, y ambos tomaron decisiones fuertes e importantes. Él desea una vida estable y tener el cariño incondicional de una pareja al finalizar el día. Tal vez en su desesperación de no poder encontrarlo en ti, buscó en otro lado, y tienes que estar de acuerdo con él y sus decisiones. Tal vez un día él logrará encontrar todo lo que desea y deberás estar preparado para ello.
–¿De qué hablas, Case? Su más grande anhelo era convertirse en padre, y ya lo logró –se defendió Raphael, haciendo de menos los consejos de su amigo–. Ahora su vida entera está enfocada en Jade.
–¿Lo ves? ¡Ahí está de nuevo! ¡Sigues negando esa posibilidad! ¡Sigues negándote a ese anhelo de Donnie por formar una familia! ¿Por qué simplemente no aceptas que los deseos de tu hermano son muy distintos a los tuyos?
–¡Porque eso no tiene sentido! El día en que Jade nació, ella se volvió nuestro mundo. Ambos queremos lo mismo. ¡Deseamos lo mismo! Sólo queremos que ella sea feliz y tenga una buena vida.
Casey guardó silencio, y tras pensarlo bien un poco, preguntó:
–¿Qué fue lo que pasó ese pequeño lapso en que ambos creyeron que la pequeña Jade había muerto? ¿Cómo reaccionaron tú y Donnie ante la supuesta pérdida?
«Nos refugiamos uno en el otro», pensó Raphael, apretando los puños ante el claro punto que quería demostrar su amigo.
Recordó cómo fue que en aquella cama de la habitación de Donatello, se refugiaron entre besos y caricias, sin contar las lágrimas que ambos habían dejado salir tras sentirse incapaces de tolerar ese dolor.
Recordó cómo fue que Donatello, al hacerse a la idea de que había perdido a su hija, solamente quería estar entre sus brazos. Y él deseaba lo mismo.
Recordó cómo fue que sin importar el estado de su relación, estuvieron a punto de intimar una vez más, pues fue la única forma que encontraron de olvidar momentáneamente aquél dolor.
Lo entendía.
Lo entendía perfectamente, y eso lo hacía rabiar.
Ahora, después de tanto tiempo, pudo meterse a la mente de Donatello y saber a la perfección lo que pasaba por aquella ocupada cabecita.
Apretó los puños, reprimiendo su enojo; que vergüenza que haya sido Casey quien se lo hizo notar. Ahora si sentía más estúpido que antes.
–Metí la pata hasta el fondo, ¿cierto?
Raphael compartió a su amigo una sonrisa que este último no pudo descifrar para nada. Aquello lo preocupaba en más de una manera.
–Raph… –murmuró el muchacho, preocupado.
–Somos tan diferentes… ¡Mierda! Me sorprende como es que terminamos enredados así uno con el otro –reflexionó el joven ninja.
–Porque tú eres un calenturiento enfermo que no perdona nada que tenga un par de piernas lindas, y él es un eterno enamorado de la simple idea del amor.
Una palpitante vena nació en el cuello de Raphael cuando escuchó esto último. Era verdad lo que Casey decía, pero de sólo saberlo a que le fuera echado en cara…
Un momento… ¿Casey había dicho que Donnie tiene piernas atractivas?
¡Que… sinvergüenza!
–Sigue tu propio consejo, y cuando Donnie decida tener una relación con alguien más, alguien que no tenga pena ni complejos a la hora de decir que son pareja, sonríe y muérdete la lengua. No digas nada. Respeta sus decisiones y su intimidad. Ustedes están unidos de por vida porque son hermanos y los padres de Jade, pero si sólo estas dispuesto a ser padre y no amante, limítate a ser sólo eso; el padre que Jade necesita, y el hermano y apoyo de crianza de una niña para Donatello.
–Yo… –Raphael se giró por última vez para ver a su amigo, quien no le quitaba la vista, angustiado–… Es que no lo entiendes, Case. Yo… Yo lo…
El corazón de Casey se estrujó con violencia al ver los ojos cristalizados de Raphael, soportando el llanto que deseaba salir sin restricciones; en verdad le costaba tanto decir lo que realmente sentía por Donnie.
El muchacho no pudo soportar más; ver a su amigo así de roto lo desanimaba; era extraño verlo sufrir por algo que mil veces repitió, no era para él.
Se levantó y no dudó en rodear el cuerpo de Raphael en un cálido abrazo, algo que durante toda su amistad se habían negado. Pero el muchacho lo necesitaba; en este momento se sentía rechazado por el resto de su familia debido a su descuidada forma de tratar a Donatello. Aún y cuando ninguno de los dos deseaba hacerse daño.
–Deja de torturarte, Raph. Espera a que Donnie se recupere por completo, discútanlo, y las cosas se acomodarán por sí solas… con el tiempo.
Raphael aceptó el abrazó, alegrándose de no ser rechazado por su mejor amigo en cuanto dejó en claro los sentimiento que tenía hacia otro hombre.
Al parecer él era el único en toda esa familia que tenía ciertos prejuicios sobre aquellos que gustaban de su mismo género… y ahora se trataba de él mismo quien había mostrado verdadero interés… en otro hombre.
…
Le dolían un poco los brazos después de que entre él, Casey y Leo ayudaron a la doctora Bennet a transportar de un lado a otro aquellos mencionados equipos que necesitaba para el monitoreo del estado de Donatello después de la cirugía. April ayudaba con cosas mucho más sencillas como aplicar un poco de limpieza y conectar algunos cables.
Raphael notó cómo esa barriga comenzaba a estorbarle para realizar ciertas actividades, pero se le veía feliz, y más recientemente, relajada tras haber pasado ya la angustia de la cirugía.
Dado a que escuchó a la mayoría de su familia quejarse por el tamaño de la habitación y la cama donde descansaba Donnie, fue el mismo Raphael quien decidió dejar su lugar de descanso sólo para la comodidad de su hermanito, pues era una habitación mucho más amplia y mejor iluminada, además de contar con una cama significativamente más cómoda y grande.
Al adentrarse a la habitación de Raphael para instalar todo el equipo necesario, Ángela cuestionó la forma en que se dividían las habitaciones entre los hermanos al notar la evidente diferencia entre aquél amplio lugar y el apenas habitable espacio de descanso de Donatello.
«Donnie pasa la mayor parte del tiempo en su laboratorio, es por eso que no le molesta tener la habitación más pequeña de la guarida», había escuchado decir a Leonardo para calmar la curiosidad de la mujer.
–Fue muy considerado de tu parte dejarle tu habitación a Donatello, Rapha –escuchó decir a la doctora, acomodando un pequeño monitor sobre una de las cómodas–. Me dio la impresión de que tu hermano estaba comenzando a volverse claustrofóbico.
–Todo sea por la comodidad de mami, ¿verdad, Rapha? –la joven pelirroja no le permitió responder, pues le ganó la palabra para después mostrar un sonrisa burlona.
Aquello le pareció realmente innecesario y fuera de lugar, pero era evidente que la chica quería aligerar la pesada aura que se sentía en el ambiente; a simple vista se podía notar la molestia de Leo para con la presencia de Raphael, y todos sabían perfectamente el porqué de ello.
El de rojo decidió ignorar el comentario y mejor se concentró en Michelangelo, quien justo al lado de la cama, se encontraba armando la pequeña cuna que hasta hace unos momentos permanecía en la habitación de Donatello, pues era seguro que Jade debía seguir junto a mami durante su recuperación. A Donnie no le hacía falta nada más en este mundo que la presencia de su pequeña nena.
Sonrió de sólo imaginarlo juguetear un poco con la niña, y con esos ojos tan expresivos que jamás dejaban a duda el amor que sentía por ella.
Suspiró; aún recordaba cómo no hace mucho, la mirada de su hermano desbordaba adoración ante su presencia, y torpemente nunca lo valoró, extrañándola precisamente el momento en que tenía aquella mujer debajo de él, con sus expresiones y palabrería insulsa.
–¡Hey, Raph! ¿Qué opinas? –lo llamó Mikey, sacándolo de sus pensamientos al saberse observado por el mayor.
Raphael dudó un momento hasta que por la pose de victoria de Mikey, supo que se refería a la pequeña cuna de madera, cuyo trabajo de instalación había finalizado.
El joven se acercó al pequeño mueble pintado en un pulcro color blanco, en el cual por primera vez desde que Jade nació, tenia mantas y pequeñas almohadas color rosa, pudiendo notar a simple vista, que toda esa ropa de cama estaba cosida a mano con un trabajo notablemente primerizo.
Al mismo tiempo, notó un móvil para cuna obrado a mano, cuyas figuritas de tortugas de colores eran cristales tallados y uno que otro corazón adornando armoniosamente.
Su mirada se enterneció ante el gran esfuerzo que Mikey había puesto en la fabricación de aquellos accesorios para la pequeña Jade, y justo en ese momento no sabía cómo expresar todo lo que aquellos bonitos obsequios lo hacían sentir.
Era evidente que su hermanito más pequeño había hecho todo eso por el inmenso cariño que le tenía a su sobrina, pero aquello no pudo evitar hacerlo sentir culpable; todos en aquél hogar parecían hacer tantas cosas por Jade, y él se sentía tan inútil al saber que hasta el momento, todo lo que había hecho por su hija era cambiar pañales… y ya.
–¿Y bien? –preguntó Mikey, expectante.
Vio la ilusión en su rostro, esperando la aprobación por su trabajo.
–Es perfecta.
Dejó escapar una sonrisa que emocionó a Mikey, quien dio un par de brinquitos de la emoción.
–Gracias, lil'bro –dijo, tomando la mano del más joven con suavidad–… Gracias por todo lo que has hecho por Jade. En verdad me has dado una lección de todo esto.
Mikey sonrió, apretando la mano de Raphael.
–Daría mi vida por ella, Raph… y por ti también.
Observó aquella sincera sonrisa adornar ese rostro, cuyos grandes ojos color cielo respaldaban todo aquello que acababa de decirle desde una parte de su alma.
–Perdóname, Mikey –pidió, a modo de suplica. Repentinamente sentía la necesidad de saberse perdonado por el muchachito de naranja–. Me has apoyado de forma incondicional respecto a Jade, y yo… miserablemente previo a eso intenté… ya sabes… acostarme con Leo. Me siento una mierda respecto a eso… y…
–Está bien, Raph –lo calmó, tomando la otra mano de su hermano para que evitar que se desbordara–. Ya los perdoné desde hace mucho; tanto a ti como a Leo. Ambos han demostrado que están arrepentidos de sus acciones. Y eso es suficiente para mí.
Raphael se relajó bajo la tierna mirada de Michelangelo, quien lo único que deseaba era que su hermano se sintiera parte de todo lo que pasaba dentro de la guarida en aquellos momentos. El de rojo tenía todas las intenciones de abrazarlo como forma de verdadero agradecimiento, pero la repentina presencia de Leo a su lado lo interrumpió de golpe.
–¿Ya terminaron ambos sus tareas? –preguntó, sin quitar su vista de la unión que mantenían sus hermanos menores.
Raphael notó esto y rápidamente saltó las manos de Mikey; no deseaba tener más problemas con el mayor si es que llegaba a pensar que estaba haciendo una mala jugada.
–Y… Ya terminé de acarrear a esta habitación todos los aparatos que me pidió Ángela –dijo, sonrojado–. Ya sólo falta que ella y April terminen de conectarlos.
–¡Yo ya terminé la cuna! –levantó la mano Mikey con emoción, orgulloso y expectante de la aprobación de Leo.
–Bien. Creo que es momento de cambiar a Donnie de habitación –los observó el de azul con seriedad para finalmente posar su mirada en la nerviosa presencia de su hermano de rojo–. Raph… ¿puedes…?
–¿Retirarme? –se apresuró, sabiendo exactamente lo que Leo quería decirle–. Descuida, iré por algo para beber y tal vez tome un baño.
Lo último que vio antes de retirarse fue la preocupación de Mikey y la ausencia de expresiones en el rostro de Leo, quien no dudo en dejarlo ir sin intervenir para reconfortar el pesar de saberse indeseado ante la presencia de Donatello.
Resopló con fastidio; tantas veces deseando que Leo perdiera el interés en él para no tener sus molestas ordenes encima, y ahora lo único que deseaba de su hermano era su perdón, pues podía sentir muy dentro de él que sería un proceso lento y muy largo hasta volver a reconciliarse.
Para Leonardo, cumplir una promesa era cuestión de honor. Por lo que no dudaba que ahora mismo lo considerara falto de aquél valor tan indispensable para ser un Hamato.
Aún así tenía esperanza; sólo debía esperar a que Donatello se recuperara por completo para que toda aquella racha amarga quedara de lado. Y tal vez, sólo tal vez, podría redimirse por completo ante su familia.
Abrió la puerta de la cocina con desgano; por lo más sagrado que existía en el cielo, esperaba que esa loca doctora hubiera llevado a la guarida más de una lata de aquella cerveza que no hace mucho la había visto degustar en la sala de estar.
Pero en cuanto el resorte de la puerta la retrajo nuevamente y el sutil golpe de esta se escuchó dentro de la cocina, pudo notar una presencia que lo dejó helado, sentado a la mesa, degustando tranquilamente de una pequeña taza de té.
–Raphael, bienvenido a casa.
La sutil voz de su padre provocó que un escalofrío recorriera su cuerpo y su respiración se pausara repentinamente, llenando sus pulmones de aire ante la impresión y el pequeño grito que dejó escapar en cuanto lo vio.
Era imposible verse a sí mismo, pero podía asegurar que incluso el oscuro color de su piel se había ido en un instante, dejando en su lugar un cuerpo pálido y desbordante de miedo.
–Tranquilo. Respira. No necesito otro hijo en cama por culpa de un colapso nervioso –. Dijo tranquilamente al notar el pánico en Raphael debido a su sola presencia–. Por favor toma asiento, Leonardo me comentó que llegaste a casa hace un par de horas, ¿es cierto eso?
Lo contempló asentir rápidamente, aún sin relajarse y sin emitir sonido alguno.
Raphael vio a su padre levantarse de su silla, lo que hizo tensar todo su cuerpo. Pero lejos de dirigirse a él, Splinter abrió una de las puertas de las gavetas más altas, sacando un juego de taza y platillo para enseguida servir un poco del té que se encontraba ya preparado en la pequeña tetera favorita del viejo sabio.
Tras esto, regreso a su lugar nuevamente y colocó la humeante taza a unos pocos centímetros de donde permanecía la propia, indicándole con una mano que tomara asiento justo a su lado.
–Por favor, hijo.
Sus palabras fueron suaves y llenas de temple.
Fue entonces que su cuerpo se descongeló y tomó el valor para lentamente dirigirse a la mesa y tomar asiento donde ya lo esperaban.
Acto seguido, hizo lo mismo que su padre; rodeó la raza de humeante té con sus manos, sintiendo inmediatamente el calor envolverlo. Pero a diferencia de aquella presencia a su lado, miró fijamente al frente, pues no sabía exactamente donde posar su mirada al no desear encontrar directamente la mirada de su padre mientras hablaba.
–Lo siento.
–¿Por qué te disculpas, Raphael? –preguntó, tranquilo.
–Por decepcionarlos a todos –suspiró–. Por decepcionar a Donnie, y provocar que se negara a la cirugía.
–¿Realmente piensas que la responsabilidad es totalmente tuya?
–Eso… creo –removió sus manos sobre la taza, no sabiendo que pensar–. O al menos, es lo que yo siento… y es la razón por la que todo mundo está molesto conmigo.
–En una gran parte, si, es culpa tuya por faltar a una promesa –dijo, sorbiendo un poco de su taza–, pero seamos honestos, la actitud de tu hermano al rehusarse a la cirugía no fue la más acertada para alguien de su índole. Está más que claro que existen algunos complejos que actualmente atormentan la mente de Donatello y por ello la necesidad de tenerte a su lado, pero no es justo para nadie que haya descargado toda la responsabilidad de su salud en alguien más. La doctora Bennet ha sido un gran apoyo para esta familia, y no era permisible que todo su trabajo por mantener a Donatello con vida se fuera a la basura por la actitud poco sensata que últimamente ambos han tomado.
Raphael asintió, cabizbajo. Las palabras de su padre estaban cargadas de razón, y para su sorpresa, le había quitado cierto grado de carga sobre los hombros.
–Eso significa que, ¿no estás molesto conmigo? –esperanzado, por primera vez se atrevió a mirar a los ojos a su padre, presintiendo algo bueno de todo esto.
–Oh, eso ni lo dudes. Vaya que sí estoy molesto contigo por no estar aquí cuando tu hermano más te necesitaba.
–Splinter, yo…
El hombre levantó la mano frente a Raphael, pidiéndole con ello que le permitiera continuar.
–Pero ahora estás aquí, hijo. Arrepentido por faltar a tu promesa, pero aquí después de todo. Y supongo que… tratando de arreglar las cosas con tu hermano y verdaderamente preocupado por su estado de salud –vio a Raphael asentir, por lo visto no encontraba las palabras indicadas–. Donatello comprenderá, tarde o temprano tu arrepentimiento. Pero necesitas demostrárselo, y darle tiempo para que lo asimile.
–No volveré a apartarme nunca más de su lado, sensei –prometió–. Te aseguro que nunca más le haré daño… que seré su apoyo incondicional para criar a nuestra hija.
–Estoy feliz de poder escucharlo directamente de ti –sorpresivamente, Splinter posó su mano sobre la de Raphael, sintiendo como su hijo temblaba bajo su toque–. Donatello y tú tienen muchas cosas de las cuales hablar. Y por el bien de mi nieta, necesitan quedar en buenos términos, y continuar con una vida tranquila y alejada de los rencores con los que vienen cargando últimamente.
Tras esto, Raphael llevó su mano libre a su rostro, tratando de ocultar ante su padre el fuerte sentimiento que estaba a punto de desbordar.
–Lo siento, padre. En verdad lo siento… lo siento tanto –repitió una y otra vez, sintiendo como el agarre de su mano se volvía más fuerte–. Arruiné mi relación con Donatello… me equivoqué y tomé a mi hermano como algo de lo que jamás quise hacerme responsable. Estúpidamente no me di cuenta cuándo fue que él se ilusionó ante lo que teníamos, y lejos de hacerme consiente por sus sentimientos, cobardemente lo mantuve al límite y le pedí cosas imposibles. Y… ahora él me odia.
Raphael tembló cada vez más. Splinter se limitó a rodearlo con los brazos y acunar sus sentimientos, como cuando era pequeño y corría a la habitación de su padre tras una pesadilla, o los fuertes sonidos que escapaban a una tormenta eléctrica.
El jovencito no sabía que sentir. Ese era el segundo abrazo que recibía desde su llegada, y el primero por parte de su padre desde hace mucho tiempo.
Pero estaba bien. Él lo necesitaba y le agradaba el hecho te mantener aquél contacto suave y cálido con el viejo, en lugar del fuerte regaño que había esperado todo este tiempo.
Estaba confundido, creyó que todos lo recibirían con hostilidad y rechazo. Pero era grato saber que aquellos que formaban su círculo seguro podían razonar las cosas con mente abierta.
–Donatello no te odia –pretendió tranquilizarlo–. En este momento él intenta mantenerse tranquilo consigo mismo. No sabe cómo reaccionará ante tu presencia, y tampoco sabe como reaccionarás tú ante él. Es por eso que de momento nos ha pedido de favor que sólo le informemos sobre ti y lo que haces. Prometió que en cuanto se encuentre listo, pedirá verte.
Raphael se separó finalmente de su padre, quien lo vio asentir después de limpiar el rastro de un par de lágrimas atravesando parte de su joven rostro.
–Respetaré su decisión.
Su padre sonrió; era evidente que confiaba en él. O al menos eso estaba intentado.
–Discúlpame, sensei –esta vez le sostuvo la mirada, extrañando por completo a su padre, quien pensó que la charla ya había concluido–. Apenas logro comprender el porqué de tus advertencias. El porqué de tus palabras para que fuera sensato a la hora de relacionarme con mi hermano. Todo este tiempo lo interpreté como un rechazo de tu parte a lo que podía a surgir entre ambos; a tu inconformidad por tener un par de hijos desviados. Pero ahora que veo como es que Leo y Mikey mantienen una relación abierta a todo el mundo, y con tu aprobación, logré entender que esa no era la razón por la que intentabas separarme de Donnie. Nos estabas protegiendo, y no supe darme cuenta a tiempo.
Splinter tomó con sus manos el rostro de su hijo, sosteniéndole la mirada, asegurándose así de que Raphael lograra comprender todo lo que tenía que decirle.
–Los cuatro son mis hijos. A los cuatro los amo por igual. Si se hacen daño, yo sufro con ustedes –lo abrazó de nuevo. Quería que aquello quedara bien grabado en su mente y corazón–. La relación de Leonardo y Michelangelo está basada en la confianza y el respeto mutuos. Al ver que Donatello y tú no tenían lo necesario para que su relación funcionara, tuve que intervenir. Es lo que un padre menos desea cuando sus hijos deben tomar decisiones como adultos; pero en este caso, iban a ser dos de ellos quienes salieran perjudicados si seguían con esa relación llena de obsesiones y deseos banales. Si su relación como familia se pierde, esto nos afectará a todos por igual.
Por fin lo entendía.
Aspiró profundo, con su rostro clavado en la fina tela de la yukata de su padre, notando el aroma del incienso que utilizaba para meditar, impregnado en sus ropas.
Tenía la necesidad de permanecer así un poco más de tiempo.
Saber que él y su padre finalmente habían hecho las paces después de todas estas semanas de miradas sospechosas y llenas de reproche, estar así lo hacía sentir bastante aliviado.
Si tenía el apoyo de su padre… todo lo demás, con el tiempo, estaría bien.
…
Estaba incomodo.
Le dolía el trasero.
Tenía frio.
Permanecer por horas en aquella posición, sentado en una de las pequeñas sillas que su familia había colocado a modo de "sala de espera", sobre el húmedo pasillo de las habitaciones, había resultado extremadamente agotador.
Tenía un poco de sueño, pero aún no quería ceder ante el cansancio, pues tenía un propósito que debía cumplir sin que los demás se dieran cuenta.
Bostezó perezosamente y estiró un poco su cuello para después observar con sus ojos cristalizados, aquella puerta de acero reforzada con un cartel con su propio nombre colgando de ella.
–RAPHAEL–
–ENTRAR BAJO SU PROPIO RIESGO–
«Que advertencia tan infantil», se dio cuenta, repentinamente, y se sonrojó al ver que su actitud de tipo malo a veces provocaba cierto grado de pena ajena.
Delineó con la mirada aquellas letras a detalle; a ese letrero le faltaba una actualización urgente, pues podía ver la pintura roída por la humedad de las alcantarillas.
–Nota mental… –se dijo a sí mismo–. Quitar ese estúpido letrero y cambiar mi nombre por los nuevos dueños de la habitación.
Ya podía imaginarse pidiendo ayuda a Mikey para hacer un bonito cartel con los nombres de su hija y la madre de esta. A su hermanito se le daba muy bien eso de la creatividad y el arte, pero esta vez se encargaría de que todo el trabajo recayera en él mismo; quería hacer algo por esos dos, aunque se tratara de algo tan insignificante como lo era un tonto letrero.
Bostezó de nuevo. No tenía idea de qué hora era, pero por los ronquidos de Casey, quien dormía en la sala, podía intuir que ya estaban entrados en la madrugada.
Por desgracia no tenía su Tphone ni el de Leo para poder cerciorarse, y no deseaba ir hasta su nueva habitación sólo para eso. Lo último que deseaba era despegarse de ese lugar.
Sólo buscaba una oportunidad.
Sólo una.
Se levantó de su asiento y caminó hasta aquella puerta; lo único que lo separaba de su familia.
Recargó la frente en el frio acero, como suplicando una oportunidad. Por más insignificante que esta fuera.
Entonces, un fastidioso sonido proveniente de adentro de aquella habitación lo hizo caer en cuenta que su oportunidad estaba precisamente ahí, frente a él, quien sabe desde hace cuantos minutos… o tal vez horas.
Tenía entendido que Timothy había sido quien se ofreció voluntario para hacer la primera guardia en el cuidado de Donatello durante aquella noche, pero por los horribles sonidos que provenían del interior, podía darse cuenta que se había quedado profundamente dormido, pues sus ronquidos evidenciaban todo.
Tragó saliva y se animó a girar la perilla de la puerta, dudando momentáneamente de lo que estaba a punto de hacer.
Tenía claro que Donatello no quería verlo por el momento, y planeaba respetar eso, así que debía ser rápido con su propósito de aquella noche.
Sólo una pequeña rendija formada en la puerta era necesaria para poder estudiar el terreno; todo estaba a oscuras, salvo por las pequeñas luces que despedían los equipos médicos al mantenerse activos y conectados al cuerpo y cama donde su hermano descansaba. Una punzada de cólera nació en su estómago y esa sensación subió hasta su garganta cuando vio a ese tipejo con medio cuerpo recostado en la cama, muy cerca de su hermano, pues permanecía en una silla a su lado justo cuando se quedó dormido, haciendo una extraña posición que seguramente le dejaría alguna contorción muscular por la mañana.
Lo malo es que desde el lugar donde se encontraba, no podía ver la figura de Donatello, pues ese enorme bulto atravesado lo escondía a la vista.
Al ver que todo estaba en completa calma, salvo por los espantosos sonidos de ese mentecato, tomó el valor de hacerse paso dentro de la habitación, caminando de forma casi imperceptible, como sólo un ninja de su nivel podía lograrlo.
Pero a medio camino, sentada en el pequeño sofá que permanecía pegado a la pared junto a la puerta, notó la presencia de alguien más.
–¡Rayos!… –se lamentó lo más bajo que pudo, a manera que sólo aquella otra persona lo escuchara–. Por poco…
–Vaya, vaya. Parece que tenemos un pequeño y escurridizo infiltrado.
Escuchó aquella voz suave y fina de su amiga en un tono tan bajo como el que él mismo había utilizado, únicamente para que pudieran comunicarse entre ellos.
Estaba de espaldas a ella, pero aún así supo que se levantó de su asiento y caminó con suaves pasos hasta llegar a su lado.
No sabía que decir. Si alguien estaba en contra suya en esos momentos, además de Leo, esa era April, y ahora se trata de ella en quien recaía su oportunidad de permanecer ahí unos minutos más… o ser echado sin consideración.
–Ay Rapha, ¿Realmente nos creíste tan tontos como para dejar a Tim haciendo guardia? ¿Sólo? ¿Sabiendo lo descuidado que es? El jamás podría manejar una emergencia en caso de que se llegara a presentar la ocasión.
La escuchó reír por lo bajo y poner una de sus delicadas manos en su hombro; realmente le divertía tener el poder en sus manos. Y sabiendo los roces entre ambos durante las últimas semanas, sabía que la chica estaba a punto de aprovecharse de la situación.
«Al menos yo lo haría» pensó con fastidio.
–Bien… me retirare. Tú ganas. Si quieres decirle a Leo que no respeto un acuerdo, estás en todo tu derecho.
Quiso darse la media vuelta, pero el toque que la chica mantenía en su hombro se volvió más fuerte para llamar su atención.
–Aquí no se ha roto ningún trato, Raph. Donnie está dormido, y por lo tanto no puede saber que estás aquí.
Esto lo desatinó más de lo que hubiera imaginado. Se giró para notar los pequeños ojos azules de la chica observarlo fijamente en la penumbra de aquella habitación.
–Te recomiendo que la visita sea rápida –dijo ella–; Leo no tarda relevar mi turno y no creo que sea apropiado que estés aquí cuando él llegue.
–¿Por qué haces esto? Yo ni siquiera te agrado –preguntó, no comprendiendo lo que April trataba de hacer.
–¿Quién dijo que no me agradas? Cabeza hueca –ella hizo el ademán de golpearlo justo en el lugar del impacto anterior de Casey.
Aún estaba lastimado, por lo que sólo dejó escapar un leve quejido y se la quitó de encima con un leve movimiento hacia un lado. Ella era una kunoichi bien adiestrada, y fácilmente podría esquivar un simple empujón, pero en su situación…
–¡Ouch! –se quejó ella, llevando inmediatamente las manos a su abultada barriga.
April se inclinó un poco debido al aparente dolor que la aquejaba, por lo que rápidamente Raphael la sostuvo para evitar que cayera. Ella dejó de quejarse y se quedó quieta, observando a la nada tras aspirar hondo.
Rapha la ayudó a incorporarse nuevamente, no sabiendo que esperar, hasta que ella volvió a quejarse, pero esta vez de una forma mucho más leve.
–Quédate aquí… iré por Splinter o Leo…
–¡No! ¡Aguarda!
La joven, lejos de parecer preocupada, sonrió ampliamente, mirando a Raphael a los ojos para después tomar sus manos y dirigirlas hasta su vientre para que descansaran en él.
Se quedaron así por un momento; observándose; esperando. Hasta que…
–¡Se mueve! –susurró él, con más entusiasmo del que hubiera deseado–. ¡Se está moviendo!
Ella no podía parar de sonreír, acarició las grades manos de Raphael con las propias. Su corazón latía a mil por hora… esperaba aquél momento desde hace tiempo, pero no imaginó que sería en una situación parecida.
–Está bien, Penni… mami está aquí para cuidarte –se dijo a sí misma para confortar a su bebé.
–¿Penni? –preguntó Raphael, con voz rasposa y confundida–. ¿De dónde rayos sacaste ese nombre?
–Casey y yo estuvimos buscando nombres que pudieran ser indistintos, ya que no deseamos saber el género del bebé hasta que nazca –murmuró ella, poniendo un poco de presión en las manos de Raphael, quien seguía acariciando la abultada barriga–. Francesco Penni fue uno de los pupilos más sobresalientes de Rafael Sanzio, el artista renacentista de donde proviene tu nombre, Rapha.
Se quedó sin palabras… ¿a caso ellos…?
–Eres el hermano que Casey jamás tuvo. Él desea que llegado el momento, seas el mentor de nuestro hijo, y yo… estoy emocionada de que mi familia pueda tener la guía de un ninja tan fuerte y hábil como lo eres tú.
–April… yo…
No cabía dentro de sí mismo; su amiga lo había tomado por sorpresa.
–¿Ya ves, Penni? Te dije que tío Raphie aceptaría.
Ella finalmente tomó distancia argumentando que iría por un bocadillo nocturno, y caminó a paso lento hacia la salida, insistiendo en aquellas caricias sobre su barriga.
–Si lo despiertas te castigaré –advirtió.
Se vieron por última vez con una amplia sonrisa antes de que Raphael viera a la chica desaparecer tras la puerta.
Por fin; aquél era el momento que tanto estuvo esperando.
Rodeó la cama, alejándose de aquél chico rollizo que seguía sumido en un trance de sueño, sólo para después notar toda esa saliva que provocaba una gran mancha húmeda en las ropas del colchón. Rodó los ojos y chasqueó con algo muy parecido al asco en su semblante.
Pero aquello realmente no importaba cuando podía estar al lado de Donnie, quien dormía tranquilamente sobre aquella cómoda cama cubierta por pulcras sabanas blancas, de las cuales, una lo arropaba hasta el nivel de su cintura.
No pudo evitar sentir que se quebraba cuando notó sus brazos y pecho conectados a distintos aparatos que en aquél momento no dejaban de monitorear sus signos vitales y tal vez más cosas de las cuales no estaría seguro en su vida.
Ese era trabajo de la doctora Bennet y de April.
Se arrodilló para de esa forma poder verlo más de cerca, aunque nunca consideró que aquella cercanía lo haría ver más a detalle la situación física de su hermano; podía notarlo pálido. Su piel seguía sin recuperar su color, además de que no recordaba que esas ojeras estuvieran tan marcadas bajo sus, actualmente, relajados parpados.
Pero eso no fue lo peor, si no ver esos sobresalientes pómulos borrar sus características mejillas de ñoño genio de las que más de una vez se burló.
Su hermano tenía un aspecto terrible, pero lejos de únicamente parecer enfermo, se podía ver en él un semblante apacible, buscando una recuperación larga pero tranquila y eficiente. Algo que sólo mucho descanso y tiempo podían darle.
–Vamos hermanito, recupérate pronto –le dijo, acariciando con la punta de los dedos su despejada frente–. Prometo que cuando puedas levantarte, los llevaré a ti y a Jade de paseo… y si eso no se puede… –pensó un poco–… te aseguro que una taza de café no te faltará por las mañanas después de tener una mala noche por cuidar a nuestra pequeña llorona. Te relevaré para que puedas seguir con tu trabajo de ser el ñoño genio que inventa mil cosas para mantenernos a salvo y facilitar nuestras vidas.
Continuó con las suaves caricias en su rostro, pasando por sus huesudos pómulos, aquellas flácidas mejillas, y pasando también por sus labios y su barbilla.
Como sabía que no tenía mucho tiempo, llevo sus caricias hasta la mano de Donnie que reposaba en su plastrón, atrapando esa pequeña y delgada mano con las propias, cuyo tamaño era significativamente más grande debido a la delgadez por la que pasaba su hermano.
Pero lejos de convertirse en un toque íntimo y dulce, el peso extra que provocaron aquellas grandes manos sobre su cuerpo, provocó que Donatello se quejara un poco, comenzando a gesticular mientras dormía.
Rápido, retiró sus manos del cuerpo de su hermano y se alejó sólo un poco, esperando el momento en que este comenzara a abrir los ojos para salir corriendo. Pero eso no pasó. Donatello simplemente volvió a relajar sus facciones y siguió durmiendo de forma tranquila.
Exhaló con alivio; por poco creyó que Donnie tendría una nueva razón para seguir molesto con él.
Le pareció extraño que su hermano se mostrara adolorido por un simple toque de sus manos, por lo que decidió echar un vistazo debajo de la sabana que cubría su plastrón de la cintura para abajó, quedando impresionado por el tamaño del vendaje que permanecía en su plastrón bajo.
Aquél parche sólo tenía un par de pequeños trozos de cinta medica sosteniéndolo, por lo que no le fue difícil asomarse por debajo y revisar qué había exactamente ahí; se quedó sin aliento cuando notó esas enormes grapas crucificar el hinchado y amoratado plastrón de su hermano, prueba de que ese había sido el lugar donde la doctora Bennet había realizado la cirugía.
El tamaño de esa herida era mucho más grande de lo que llegó a imaginar, por lo que ahora entendía el porqué de que su hermano debía permanecer en cama y sedado la mayor parte del tiempo.
Algo como eso debía ser muy doloroso, y el estado físico de Donnie no era el mejor para tolerar del todo algo así.
–Lamento haber roto mi promesa –dijo, en voz baja, poniéndose de pie nuevamente–. Pero te aseguro que no fue mi intención fallarte. Ya no más, Donnie. No volveré a hacer que decaigas por mi culpa. No seré el responsable de tus lagrimas a partir de hoy… lo prometo.
Acarició una vez más una de las mejillas a modo de despedida y se alejó de su lado. No quería ser descubierto por el momento; le bastaba con el simple hecho de haberlo visto dormir y verlo respirar.
Se giró un poco para asomar su cabeza a la cuna de madera que permanecía a poca distancia de la cama, y vio a su pequeña Jade dormir plácidamente entre las mantas que su tío Mikey había fabricado para ella; suspiró de felicidad simplemente al verla ahí, dándole la espalada, recostando sus cabeza sobre sus diminutos y regordetes bracitos.
Verla así le provocó unas inmensas ganas de tomarla en brazos y meterse a esa cama para compartir el calor de ambos con Donatello, quien podía asegurar, era lo que más deseaba cada vez que se mantenía despierto.
«Mikey tiene razón cuando dijo que tengo demasiado ego; ¿porqué asegurar que aquello que más desea Donnie en este momento tiene que ver conmigo?».
Resignado, decidió salir de la habitación no sin antes acercarse peligrosamente a ese chico gordo que permanecía dormido y dejaba escapar de vez en cuando, sonidos espantosos al roncar.
Realmente no podía dejar pasar esa oportunidad.
…
Cerró despacio la puerta para asegurarse de que ningún ruido perturbara el apacible sueño de su hermano, además de que se encontró a la chica ocupando la pequeña silla que previamente él había estado utilizando por horas.
Ella llevaba consigo dos vasos con algo oscuro y humeante, uno de los cuales le ofreció apenas y lo vio salir, invitándolo a que la acompañara.
¿Qué tenía todo el mundo aquél día? ¿Por qué todos insistían en regalarle abrazos y bebidas calientes?
Tomó asiento justo después de aceptar la bebida, rogando internamente que no se tratara de café; sólo una vez, cuando eran niños, le había quitado una taza con café a Donatello y se había arrepentido por completo. Realmente no sabía cómo es que a su hermano le gustaba es porquería de bebida.
Sopló un poco al interior del recipiente para que el vapor no pegara en su rostro, y pudo notar el inconfundible aroma dulce del chocolate, por lo que no dudó en beber un sorbo.
–Gracias –dijo después de probar la bebida–. Ni si quiera me había dado cuenta de que no he probado bocado a lo largo del día.
–Lo sé. Me preocupa que puedas desmayarte por no dormir ni comer.
–Descuida –rió nervioso–. No pasará.
Ambos continuaron bebiendo un poco más de ese chocolate caliente, por lo que al menos un par de minutos, el pasillo quedó en completo silencio.
Un silencio que a Raphael se le figuró incomodo.
–Jamás te vería con rencor, Rapha –dijo ella finalmente, después de haber bebido ya la mitad del contenido de aquél vaso.
Aquellas palabras lo confundieron; realmente no sabía a qué se refería y lo reflejó rápidamente en su forma de verla.
Ella jugueteó un poco con el vaso en sus manos; parecía nerviosa o… ansiosa por cualquier cosa que deseaba exteriorizar.
–El día que Casey y yo nos llevamos a Donnie y a Jade a nuestro departamento, me dijiste que yo te dedicaba miradas rencorosas porque sabías lo que él sentía por ti y aun así no te importaba hacerlo sufrir.
–Ah… eso –dijo, desviando la mirada en ratos–. Oye, April… estaba molesto, ¿Sabes? Además, supongo que tenías tus razones. Al igual que Splinter, todos parecían saber que nuestra relación estaba destinada al fracaso y que el más lastimado resultaría ser Donatello. Quiero pensar que sólo lo estabas protegiendo.
–Bueno, eso es algo muy cercano a lo que llegué a sentir, pero no te guardo ningún rencor por ello. De hecho… me hiciste ver la realidad de las cosas –ella le sonrió con cierto aire de arrepentimiento–. No eres responsable de los sentimientos que tiene Donnie hacia ti. Y aún más cierto es que también tengo de responsabilidad en todo esto… nunca me di cuenta del sufrimiento que provoqué en mi mejor amigo con mi decisión. Creo que en algún momento, ambos hemos sido los malos en la vida de Donnie, ¿no crees?
Raphael también le sonrió con preocupación. Ella tenía un buen punto; y no por el hecho de ser los motivos del enamoramiento de Donatello, pues era algo que ninguno podía controlar ni decidir; si no por la forma en la que ambos lo rechazaron después de darse por enterados de sus sentimientos.
–Donnie es más fuerte de lo creí –dijo Rapha, bebiendo el último trago de chocolate para después arrojarlo al lugar más oscuro que encontró–. Mira que enamorarse de dos miembros de su familia, ser rechazado, y aún así mantenerse firme todo este tiempo. Sólo míralo ahí, luchando por sobrevivir.
Ella lo observó detalladamente con una sonrisa que demostraba saber exactamente lo que pasaba por su cabeza.
–Yo… creo que Donnie es asombroso, ¿tú qué piensas, Raph?
No pudo controlar el leve sonrojo que se formó en su rostro ante la pregunta, por lo que tuvo que desviar su mirada tantas veces como le fuera necesario; esa chica siempre fue tan imprudente y le gustaba hacerlo desatinar.
Se quedaron así un momento más, y después de un par de tartamudeos por parte de Raphael, April decidió que ya era suficiente tortura para su amigo, así que decidió dejarlo en paz.
Después de todo ya había probado su punto; la reacción de su amigo era inconfundible.
–Descansa un poco, Raph. Tienes que estar completo para que puedas ayudar a tu hermano a cuidar de su hija. Y por favor come algo; si Donnie se entera que te dejé morir de inanición se molestará conmigo.
April le regaló un guiño de complicidad. Se levantó después de palmear un par de veces el hombro de su amigo y entró a la habitación para seguir con su guardia de esa noche.
Se quedó observando la puerta un rato más; no recordaba la última vez que tuvo una conversación tan profunda con April. Era algo que en el tiempo actual veía imposible debido a la forma en la que terminaron las cosas con Donatello, pero la chica le había demostrado que después de todo, ellos seguían siendo familia y se preocupaba por él y su bienestar.
Después recordó las palabras de la chica respecto a su futuro hijo; ¡ese imbécil de Casey no había comentado nada al respecto! No supo cómo reaccionar ante la petición de April. Sólo esperaba no haber creado confusiones respecto a ese tema.
«¿Yo? ¿Tener un discípulo? ¿Será buena ide…?»
Interrumpió sus pensamientos cuando la puerta a unos metros de su espalda se abrió para dar paso a un somnoliento Leo, quien cargaba sólo con un libro y una vela, preparado ya para relevar a April en el cuidado de Donatello.
Su hermano mayor frotó un poco sus ojos con el dorso de la mano para terminar de despejarse, por lo que al terminar, pudo notar la presencia de Raphael justo a su lado.
El de rojo se levantó con prisa en cuanto notó aquella mirada azul sobre él.
–Leo… yo…
–Oh, Raph, eres tú.
Deseaba hablar con él, pedirle disculpas cuantas veces fuera necesario. Pero la indiferencia de su hermano hacía el ambiente incluso más frío de lo que ya era.
El muchacho no se entretuvo más y caminó directo a la puerta de la habitación de Donatello, pero Raphael lo tomó del bazo para impedir que se marchara de su vista.
–Ahora no, Rapha –se giró a verlo con molestia.
–Leo, por favor. Necesitamos aclarar las cosas, hermano.
–¿Necesitamos? –preguntó, evidenciando que no era así–. Lo siento, pero por ahora tengo asuntos más importantes que atender.
Y dicho esto, sacudió su brazo para obligar a Raphael a liberarlo y entró a la ahora habitación de Donnie.
Quedó frente a la puerta con una fuerte presión en su pecho que apareció en cuanto vio la mirada de desinterés de su hermano por arreglar la situación.
¿Por qué repentinamente sintió que no sólo había hecho añicos el corazón de Donnie al romper esa promesa, sino también el de Leo?
Entonces, al encontrarse ahí, observando la puerta que lo separaba de su familia, se dio cuenta: Leo fue el único que realmente confío en el todo este tiempo.
Fue él quien, lejos de decirle que dejara a Donnie en paz, lo alentó a hacer bien las cosas y a conquistarlo de la forma correcta.
Fue Leo el único que tuvo la decencia de ponerlo en aviso cuando todos, incluido Donnie, hacían planes de alejar a Jade de su lado.
¡Vamos! Había sido Leo el único de su familia que le hizo frente a su padre... ¡A su padre! ¡A quien jamás había llevado la contraria!... Y sólo para que los dejara decidir por ellos mismos y no se interpusiera en sus aspectos como pareja.
Y más recientemente… fue Leo quien tomó su lugar al lado de Donnie antes y después de la cirugía.
Ahora lo veía… también había traicionado la confianza de su hermano mayor.
Y para Leo, la confianza en su equipo era lo más importante.
«Excelente», pensó con tristeza… Esto volvía las cosas mucho más complicadas.
…continuará
*Corre a esconderse* ¡No me maten! *se hace bolita*
Se viene el fin con la parte 5 del capítulo y un epílogo. Espero que esta lectura no les pareciera aburrida y pesada, Raphita realmente tiene muchas cosas que solucionar, sobre todo con Leo y Donnie.
¡Ya viene el final! ¡Espérenlo dentro de poco!
Y sobre todo muchas gracias por seguir aquí, al pendiente del final de esta historia. Me gustaría saber sus opiniones/reclamos sobre este capítulo en un review. ¡Se los agradecería infinitamente!
…Miss GRavedad.
