Declaración: Rurouni Kenshin pertenece a Nobuhiro Watsuki. Yo hago esto sólo con fines de entretención, sin lucro de por medio.

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Entre mis Brazos

Acto tres

"Hacia el hogar"

por

Blankaoru

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Tae recibió las instrucciones de Misao, la joven prima de Kaoru, para que diera aviso a Kyoto nuevamente si surgía algún asunto que requiriera de ellas. Ya antes la dueña del restaurante "Akabeko" lo había hecho, cuando sucedió lo del primer ataque al dojo y no tenía problema en dar aviso nuevamente ante cualquier eventualidad. Menos ahora que Misao le entregaba una paloma mensajera en una jaula e instrucciones sobre su cuidado.

-Asi nos aseguraremos que sea más rápido el contacto.- le dijo la chica de ojos verdes a Tae.

Tae extendió una mano para despedirse de Kaoru, que la miraba desde la ventanilla del tren que se ponía en marcha, acomodada en su asiento. La joven esbozó una pequeña sonrisa para su amiga mayor y también se despidió agitando su mano. Luego la posó sobre su brazo lastimado y mirando al frente, se encontró con Misao que le sonreía, y el señor Aoshi sentado al lado de ella, tan serio, examinando el vagón de tren.

Cerró los ojos con calma. El viaje se adivinaba agotador y dormir un poco no le vendría mal. Junto a ella, Kenshin, el rurouni pelirrojo, convidaba a Misao y a sus amigos sentados al otro lado del pasillo, algo de comer que él había preparado para el viaje.

Y terminó extendiéndole una bola de arroz a ella.

Kaoru decidió postergar su pequeña siesta y recibió el bocadillo delicioso.

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Omasu se presentó en la Estación de Trenes de Kyoto para esperar a Misao y sus amigos, ya que se había conseguido un carruaje, según lo que le dijo Okina quien a su vez, había recibido una paloma mensajera avisándole de la llegada de Misao y los demás. Omasu recordaba bien a Kaoru. Era una chica parlanchina y siempre con la sonrisa en los labios. Era tan animada como Misao y por eso todos en Aoiya la querían mucho también. Era además, muy colaboradora; era imposible tenerla quieta un momento y casi siempre acababa ayudando a servir los platos.

El tren se detuvo finalmente. Ver a Aoshi ya no le causaba reacción alguna. Ella y Okón, su compañera ninja, se habian acostumbrado a su impresionante atractivo masculino y se podría decir que eran inmunes a él pero Misao… Misao era otra historia.

Misao bajaba rodeada de sus cuatro "papás", quienes la molestaban por el bonito kimono que llevaba y lo femenina que se veía. Saludó a Omasu en cuanto la divisó y enseguida entró de nuevo en el tren, saliendo esta vez con una chica de apariencia frágil.

¿Kaoru…?

No podía ser ella…

Omasu se llevó una mano a la boca. Luego se repuso e intentó disimular su estupor. No era Kaoru, si no más bien lo que quedaba... o eso pensó hasta que la chica le sonrió, cuando sus ojos azules se iluminaron al reconocerla como amiga, Omasu no tuvo dudas de que era Kaoru Kamiya. Asi y todo, sintió deseos de llorar.

Kenshin fue presentado a Omasu por Aoshi, como amigo de la joven Kaoru. Le dio indicaciones a Omasu de prepararle una habitación en cuanto llegasen a Aoiya y la ninja intuyó que Kenshin era una buena persona.

Pero a pesar de todo, sus ojos volvían una y otra vez a la joven Kaoru. Una venda en la cabeza, el brazo encabestrado y una delgadez… sin duda fue buena idea conseguir el carruaje para ella. Nunca pensó en la magnitud de la destrucción que había sufrido esa niña en su casa y en ella misma, a pesar de que Okina la había informado muy bien… Kaoru mostraba unos ojos en cierta forma vacíos y vidriosos. Las ojeras eran pronunciadas y su largo cabello negro y brillante tomado en una coleta alta estaba ahora sujeto en una trenza que desvalida, caía sobre la espalda de Kaoru con poca gracia.

Parecía un fantasma entre la gente… mantenía la vista baja. Evidentemente no tenía ganas de hablar.

Omasu se puso al frente del carruaje, junto a Shikijo y Beshimi. Como lacayos, atrás iban Hannya y Hyotoko. Ya pronto la hablaría con Misao y la interrogaría sobre lo que le había sucedido a Kaoru. Quería detalles.

Momentos después, Kenshin ayudaba a bajar a Kaoru del carruaje. Tomándola con cuidado de la cintura, la depositó en el piso. Sin duda la joven confiaba mucho en él.

Al entrar a Aoiya Kaoru sonrió al ver el pergamino enorme que colgaba de una pared dándole la bienvenida… Aoshi había advertido antes de salir a Tokio, que volvería con la joven así fuera a la fuerza para tenerla al cuidado de los Oniwabanshuu de Kyoto mientras se recuperaba. Por eso Okina, no más ver a Aoshi desaparecer por la calle el día anterior, había preparado todo para cuando Kaoru estuviera entre ellos.

Le llamó la atención a Okina la presencia de un pelirrojo bajito a quien antes no había visto y que fue presentado como amigo de Kaoru. El hombre saludaba a todos amablemente y Okina notó que llevaba una venda en la mejilla izquierda. Aoshi antes ya había notado que Kenshin se la había colocado durante el viaje, pero no hizo comentario alguno, en tanto Misao le murmuraba que quizá le daba vergüenza la marca de su cara, que por cierto, era bastante bonita con esos ojos violeta y esos mechones rojos resaltando la tez blanca con algunas pecas sobre la nariz. Ante tal comentario, Aoshi sintió una punzada leve, pero molesta en el pecho.

Omasu le dio un codazo a Okón cuando ésta se detuvo a mirar a Kaoru más tiempo del debido. Adivinaba en los ojos de su compañera la misma sorpresa que experimentara ella antes pero decidieron disimularlo por no incomodarla.

Okina se comportó como el anfitrión ideal. Ofreció a todos deliciosa comida y llegada la noche, le ofreció a Kaoru una habitación para ella sola. Kenshin era un elemento con el que no contaba. Éste dijo que dormiría fuera para no importunar, pero Omasu ya había arreglado la habitación contigua a la de Kaoru para el pelirrojo, quien portaba algo alargado envuelto en tela: Kenshin había optado por cubrir su espada para no causar el desasosiego de Kaoru y de paso, ahorrarse problemas con la policía.

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Kaoru despertó durante la noche. La luna se encontraba en su fase menguante, aunque aún no llegaba a la mitad, por lo que se veía enorme de todas maneras… por lo visto la ventana no se había asegurado bien del todo y se había abierto con el viento que soplaba. Ahora ese viento entraba y le provocaba frío.

No tenía intención de despertar a Misao o al resto de los habitantes de la casa para resolver ese problema. Se levantó como pudo, y se acercó a la ventana.

Su habitación daba a la calle. Observó sin querer a dos personas que caminaban. Eran una pareja, porque venía muy cerca el uno de la otra. Él la venía a dejar a la casa frente al local Aoiya y antes de que ella entrara, él la abrazó. Cuando Kaoru vio eso, sintió un escalofrío recorrer su espalda además de tener horribles imágenes de cosas pasadas. Cerró la ventana y prácticamente se dejó caer en el futón sintiéndose enferma y sin detenerse a pensar en si era adecuado para su cuerpo o en el ruido que causaría…

Desde luego que no lo pensó. Sorprendida observó a Kenshin correr la puerta para ver si ella se encontraba bien, segundos después.

Kaoru sentía ganas de vomitar. Se incorporó como pudo y pronto Kenshin entendió que debía ayudarla a llegar al baño. Cuando Kaoru se llevó una mano a la boca para cubrirla, Kenshin entendió de qué iba la cosa y sin pensárselo demasiado, la tomó en brazos y llegó al cuarto de baño con ella. Y mientras la joven vomitaba en una palangana, Kenshin le pasaba una esponja húmeda por el rostro y sostenía su trenza.

Kaoru terminó de vomitar, demasiado cansada. Las lágrimas no le dejaban ver mucho y Kenshin le alargó un vaso con agua para que pudiera limpiar su boca del mal sabor. Finalmente escupió el agua en la palangana también y con el brazo sano se apoyó en el suelo. Temblaba de pies a cabeza y sollozaba sin poder evitarlo, aunque trataba de no hacer ruido.

Kenshin no dijo nada. Se deshizo del contenido de la palangana y dejó el baño como si nada hubiera sucedido en él, de manera muy rápida. Llegó junto a la chica y la cargó en brazos nuevamente. Kaoru no se opuso. Se acomodó en el pecho del hombre y de pronto cayó en cuenta una vez más, que a él no le tenía miedo, a pesar de que no llevaba la venda y se veía la cicatriz de su rostro.

Para Kenshin era frustrante de pronto el que Kaoru no dijera palabra alguna. Él al menos intuía bien sobre las necesidades urgentes de su protegida, pero ahora deseaba saber por qué Kaoru estaba tan mal y qué fue ese ruido de golpe que escuchó antes. Quizá le había caído mal la comida, o era por el viaje… quizá el golpe que recibió en la cabeza durante su ataque era el que le provocaba esas molestias. Se estaba volviendo loco con las posibilidades de qué podía ser lo que iba mal en la chica. Él solo podía atenuar las consecuencias de lo que le pasaba, o más bien, las molestias. Pero sin saber la causa de ellas, nada podía hacer por evitarlo y eso era lo que a él se le hacía insoportable.

Llegó al segundo piso sin emitir sonido alguno, en consideración a Kaoru que sin duda no quería armar un escándalo. Entró a la habitación semioscura de la joven y cerró la puerta. Una débil luz proveniente de la lamparita que Kaoru mantenía cerca de su lecho ayudaba a Kenshin a ver el futón. Se arrodilló junto a éste y notó con sorpresa que Kaoru, durante el corto viaje en brazos, se había quedado dormida.

La contempló un rato más del necesario estudiando sus facciones. Sin duda estaba demacrada, pero era hermosa de todas maneras. No se dio cuenta que la abrazaba y le prometía mentalmente que nadie nunca más le haría semejante daño, asi él tuviera que romper una importante promesa que había hecho antes, casualmente a otra mujer.

La de no volver a matar.

Sentía la respiración de la chica en su cuello. Cerró los ojos y descubrió su corazón latiendo desbocado ante la cercanía de Kaoru. Abrió los ojos con sorpresa, para mirarla una vez más; debía depositarla en el lecho, de lo contrario se enfriaría, porque la temperatura estaba baja y eso no era bueno para su salud. Fue cuando descubrió que la idea no le hacía gracia. Realmente deseaba acomodarse junto a ella y velar su sueño sintiendo la cercanía de la niña.

Kenshin no pudo evitar acostar a Kaoru y él, tenderse junto a ella, ya sin tocarla. No era deseo físico lo que sentía por ella, sino más bien la necesidad de saber que ella dormiría bien, que si tenía una pesadilla podría aferrarse a él para dejar de sentir temor, o si se sentía mal, tenerlo junto para poder aliviarse. De brindarle el calor de su cercanía y sentir su respiración tranquila.

El rurouni se cubrió con una manta que encontró en el armario y se instaló cerca. Por esa noche él se quedaría con ella, a riesgo de lo que fuera.

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Kaoru despertó cuando Misao entró trayéndole el desayuno. Quizá todo había sido un sueño… un hermoso sueño que le brindó una noche tranquila poblado de imágenes felices de otra época.

Había soñado con sus padres… y con Kenshin que la abrazaba. Sus padres sonreían y Kenshin les prometía que cuidaría siempre de ella. Kaoru sonreía y cerraba los ojos, sintiendo la calidez de ese hombre.

Pensó que al abrir los ojos lo vería junto a ella nuevamente, pero no fue asi. Más bien se topó con la bandeja de comida y Misao.

-Tu amigo Himura es estupendo. Preparó esto para ti y el desayuno para el resto de nosotros. Le dije que no era necesario, pero se rió y me recomendó desayunar contigo para que no te sintieras sola y Okina estuvo de acuerdo. ¿O prefieres bajar al comedor?-

Kaoru se sentía un tanto débil aún por lo de la noche. No tenía ánimos de enfrentarse a nadie. Negó con la cabeza.

Misao entonces se dedicó a contarle los chismes que a su vez, le había contado Omasu mientras preparaban la habitación de Kenshin la tarde anterior. Algunas historias eran realmente divertidas y Kaoru se reía de ellas. Estaban pasando un buen rato cuando entró Okón.

-Hola, Kaoru. ¿Has dormido bien?-

La joven asintió, evitando deliberadamente mirarla a los ojos.

Kaoru entonces sintió algo extraño en su cuerpo. En realidad no era del todo extraño para ella ni para ninguna mujer… y en el caso de Kaoru y según el discreto doctor Oguni, era lo mejor que le podía suceder después del ataque que había sufrido.

Estaba menstruando.

Misao notó la mancha rojiza en el futón cuando Kaoru se movió incómoda. Le musitó a su amiga que no se preocupara y mandó a Okón a buscar ropa limpia y paños para Kaoru. Naturalmente, nadie se enteraría de ello salvo las tres chicas de la habitación y Omasu, ocasionalmente.

Kaoru suspiró largamente una vez que sus amigas la ayudaron a cambiarse de ropa y ponerse los apósitos. Después de hacer un gesto de agradecimiento hacia ellas no pudo evitar largarse a llorar. Después de todo había tenido suerte, porque… porque…

Porque no estaba embarazada.

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Kenshin nuevamente se había colocado la venda en la mejilla izquierda y portaba su espada en el cinto, como de costumbre. Al no estar Kaoru cerca, podía llevar consigo su preciada arma, aun dentro de la cocina de Aoiya.

Terminaba de acomodar los platos y utensilios limpios y secos en los lugares asignados. Realmente a él le agradaba estar haciendo cosas útiles para los demás. Le había advertido a Aoshi y Okina con anterioridad que él cocinaba, pero cosas sencillas y rápidas y que si lo requerían, él podía preparar el desayuno pero que hasta allí llegaban sus habilidades culinarias y que cooperaría en lo que pudiera durante su estadía.

Okina en cambio dijo que no era necesario, que tenían estupendos cocineros y que Kenshin, como amigo de Kaoru, era amigo de ellos también. Que era una visita más y que se le trataría con la misma cortesía que a la chica. Pero pronto comprendió que si no quería problemas con el pelirrojo, lo mejor era tenerlo ocupado.

Es que Kenshin al menos, no tenía la más mínima intención de salir demasiado de Aoiya. Realmente no le gustaba estar en Kyoto, le traía malos recuerdos y si estaba allí, era única y exclusivamente por Kaoru. Por eso para él era tan importante estar haciendo labores durante el día en aquél recinto. Asi se evitaba de salir a la calle.

Kenshin se sacudió las manos y se preguntó qué otra cosa podría hacer. Estaba saliendo de la cocina cuando se topó con Okina, quien lo invitó a conversar con él a una habitación en especial.

-¿Desde cuando conoce a Kaoru?- lo interrogó el suspicaz anciano de larga barba grisácea atada con una cinta en la punta.

Kenshin decidió decir la verdad. No tenía intenciones de inventar mentiras que podrían perjudicar a Kaoru, aunque después Okina quisiera echarlo por no ser más que un conocido reciente de la joven.

Le contó el cómo conoció a Misao y llegó a la casa de Kaoru. Y le dijo que la tarde en que llegó Aoshi, ellos habían encontrado a Battousai y sus cómplices amarrados bajo el árbol. Que luego llegó Misao con los Oniwabanshuu y de cómo se dio lo del viaje a Kyoto. Le contó cómo se hizo amigo de Kaoru, pero no le comentó nada de su pasado como el verdadero Battousai.

Okina escuchó en silencio la historia. Para luego decir:

-Sin duda ha sido cosa del destino que llegara usted al dojo Kamiya. Pero realmente dudo que Battousai haya sido apresado fácilmente por algún alma caritativa con el fin de dejárselos bajo el árbol. Lo que si me sorprende es que el temido Battousai haya terminado cuidando de una niña como Kaoru y que incluso se haya venido a Kyoto por causa de ella. En mucho tiempo no se le había visto por aquí.-

Kenshin abrió los ojos como platitos. Okina seguía impasible.

-¿Qué quiere que le diga, señor Himura? Tengo bastantes años, soy un guerrero Oniwabanshuu y nuestra organización secreta sigue activa y funcionando. Aunque usted oculte la marca de su rostro, recuerdo demasiado bien las señas de Battousai el destajador. Baja estatura y lo más importante… ese cabello rojo que lo delatará en cualquier lugar a menos que se lo pintara. He visto a poca gente con ese color tan inusual en esta era Meiji que vivimos con relativa paz. Nunca antes lo había visto en persona, señor Himura, he de reconocerlo, pero se comentaba mucho de usted. ¿Tiene algo qué decir?

Kenshin sonrió.

-Todo lo que puedo decir, señor Okina, es que no deseo importunar a nadie. Mi pasado como Battousai es una carga considerable que he de llevar… he de expiar mis pecados y es por eso que porto esta espada… - le largó el katana para que Okina lo examinara.-todo lo que tengo conmigo es la sinceridad del arrepentimiento por mis crímenes cometidos. Aún en esta era relativamente pacífica, se cometen injusticias que intento aplacar con esta espada que me impide matar. Jamás le haría daño a la señorita Kaoru. Sólo puedo protegerla y tratar de que esté bien… es todo lo que puedo hacer durante el tiempo que esté con ella.

Okina observó un momento a Kenshin. Exploró en sus ojos violetas y de alguna manera encontró la verdad en ellos.

-Misao me comentó que es usted un "Ruroruni"

Kenshin bajó la vista.

-Eso significa que puede dedicarse a cuidar de Kaoru mientras se recupera y retoma el control de su vida. El ataque que sufrió fue realmente salvaje, señor Himura… lo que temo es que su cuerpo sea un pálido reflejo del daño que ha sufrido en su corazón. No le diré más, señor Himura, salvo que no tengo inconveniente en que usted se aloje en nuestro albergue durante el tiempo que Kaoru tarde en recuperarse. –

-Gracias, Okina.-

El anciano se levantó y avanzó hacia la puerta.

-Nuestro grupo secreto tiene una red estupenda de información y estamos preparados para actuar en cualquier momento, pero algo o más bien alguien falló en Tokio, porque lo que allá sucedió lo supimos gracias a una amiga de Kaoru y ese alguien ya está dado de baja por incompetente. Kaoru y Misao son primas por parte de madre y por eso teníamos a un informante que estaba a cargo del dojo. Es una lástima descubrir demasiado tarde que se tiene un mal elemento en el clan, ¿no le parece?-

Kenshin asintió. Con anterioridad, por causa de un "mal elemento" en el clan al que pertenecía, perdió a la mujer que amaba. Pero no iba a mencionar eso.

-Estamos reformando por esto nuestras redes de información… debe ser que esta era pacífica hace que algunos se pongan un tanto flojos y olviden sus deberes. Desde luego que quienes habitamos este albergue somos los mejores. Señor Himura… independiente de si en el pasado fue nuestro enemigo o no, reconozco en usted el honor de un guerrero y es por eso que le confío esto a usted. Espero que sea discreto… usted sabe… estaré viejo ya, pero… pero ¡Soy estupendo y muy inteligente, ¿no cree?! No le diré a nadie ni a Aoshi quien es usted porque en esa época de las guerras él era joven y no tiene la descripción exacta de Battousai que tengo yo… ¡soy un genio!-

Okina salió bien contento de la habitación, olvidando a Kenshin y topándose con Misao en el pasillo a quien abrazó y besó. Kenshin lo miraba con una expresión de no saber qué pensar de él. Evidentemente era muy suspicaz, pues lo reconoció de inmediato, y algo le decía a Kenshin que era además bastante astuto.

Suspiró sonriendo… lo habían reconocido.

Y lo más impresionante era que no le importaba.

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Había pasado una semana desde la llegada de los visitantes de Tokio a "Aoiya" y Kaoru ya mostraba algunas mejorías evidentes. Ya no usaba la venda en la cabeza y casi ni se notaba la cicatriz en su frente, cerca del cabello, aunque el cabestro aún lo tendría que usar durante algún tiempo más, según indicaciones del médico. Seguía ganando peso y su aspecto mejoraba, pero aún asi, no hablaba. Al menos sonreía más y deambulaba por Aoiya, buscando a Misao o a sus amigas.

Aoshi observaba en silencio los avances de la joven. Pensaba que se recuperaba demasiado lento del ataque sufrido y la menospreciaba al pensar que su entrenamiento con la espada no era tan bueno, pues su estado físico no era óptimo. Ignoraba la verdadera naturaleza de su ataque y para peor, Aoshi no era hombre que creyera en depresiones debido a que nunca había sufrido de una.

Sus cuatro inseparables ayudantes, Hannya, Beshimi, Hyotoko y Shikijo querían a Kaoru tanto como a Misao a pesar de conocerla menos. Le decían a Aoshi que era natural que estuviera tan triste si había perdido a sus padres. Pero Aoshi respondía que Misao había perdido a los suyos de pequeña y que jamás la habían visto llorar ni ponerse depresiva porque ella si era una verdadera guerrera. Los Oniwabanshuu callaban, a sabiendas de que no podían cambiar la forma de pensar de su líder. Sin embargo, para ellos, no había punto de comparación entre Misao y Kaoru, porque una cosa era nunca haber tenido a los padres con uno y otra, haberlos tenido, amarlos más que a nada en el mundo y luego ver como otros tomaban sus vidas…

Y sobre lo de que Misao no se entristecía era algo que porque Aoshi no lo hubiera visto no significaba que no pasaba.

-En el fondo, Aoshi ve sólo lo que quiere ver- pensaba Hannya. Era el que más quería y respetaba a Aoshi y el que hacía los juicios más justos sobre él.

Kenshin en cambio agradecía la hospitalidad recibida por causa de Kaoru y continuaba con sus labores. Omasu y Okón estaban encantadas y Kuro y Shiro, dos jóvenes Oniwabanshuu que también vivían con ellos, se admiraban de Kenshin y su simpatía.

Kenshin observaba a Kaoru discretamente durante el día, cuidándola. Notaba que ella prefería la compañía femenina y que en cuanto se quedaba a solas con Shiro o Kuro, se ponía nerviosa y salía del lugar. Por lo demás, no se acercaba para nada al restaurante del Aoiya cuando había gente o más bien, concurrencia masculina. Esto le dio un par de pistas sobre lo que nadie mencionaba y en cambio las mujeres y Okina sabían…

Durante las noches Kenshin acudía a Kaoru ante el menor sonido extraño que escuchara en su habitación. Cuando se cercioraba de que ella estaba bien, regresaba a la propia a dormitar.

Esa mañana se había levantado especialmente temprano. Calentó agua para bañarse y más tarde se preparó un té para comenzar, ya que hacía frío, como era normal para el mes de Enero. Estaba en la cocina, disfrutándolo a solas cuando entró Kaoru.

-Hola, señorita Kaoru.- la saludó sonriendo.- ¿quiere té?-

Kaoru le regaló su primera sonrisa del día, pero no quiso té aún. Kenshin se disculpó ante ella por no tener más que ofrecerle, porque aún no preparaba el desayuno.

-No esperaba verla tan temprano en pie.- le señaló.- ahora cocinaré algo rápido.

La chica era curiosa. Mientras Kenshin amasaba algo, Kaoru se acercó a observar.

-¿Sabe cocinar?- le preguntó Kenshin algo más animado de lo habitual a esas horas que para él solían ser solitarias.

Kaoru se ruborizó un tanto, negando con la cabeza.

-Lo primero es tener las manos limpias- dijo Kenshin. Vertió agua caliente en una palangana y lavó la mano derecha de Kaoru. La joven observaba como el pelirrojo cubría su delgada mano con las propias mientras la frotaba bien bajo el agua temperada. Kaoru lo sintió a su espalda, cálido, y cerró los ojos un momento. Kenshin tomó una toalla y la secó. – Ahora me ayudará a amasar estos panes.- agregó.

La joven no puso objeción alguna.

Rato después Omasu se acercó a la cocina a buscar las bandejas que Kenshin le dejaba preparadas, mientras los demás se acomodaban a la mesa. Notó como Kenshin disponía las tazas de té para ser llevadas al comedor, mientras Kaoru acomodaba los panes al vapor en una bandeja aparte. Omasu los miró sorprendida. Se veían bien en ese mundo aparte de la cocina.

Kaoru estaba sonriendo. Tiró a Kenshin de la manga, buscando su aprobación.

Éste miró la bandeja preparada. Luego alargó una mano a la mejilla de Kaoru, limpiándola.

-Es una cocinera muy competente, señorita Kaoru… gracias por ayudarme, aunque se ha manchado con harina.

Omasu retrocedió un par de pasos sin hacer ruido. Luego regresó a la cocina, entrando alegremente como si no hubiese visto nada y haciéndose la sorprendida por ver a Kaoru allí. Tomó las bandejas y seguida de la pareja, se encaminó al comedor.

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Aoshi recibió por escrito una respuesta que esperaba. En cuanto la tuvo, reunió a los hombres de su confianza, porque debían ponerse en marcha de inmediato. Luego habló con Okina.

-Te informo básicamente por el respeto que te tengo, Okina, de mis planes. Soy el líder del grupo Oniwabanshuu y me preocupa el nulo reconocimiento que hemos recibido en la historia. Somos los mejores y este gobierno no tiene idea de eso. No nos reconocen.-

-Aoshi… somos un grupo secreto y nuestra labor siempre ha sido y será en las sombras. No necesitamos notoriedad.- repuso Okina, presintiendo un quiebre.

-Deseo que nuestro nombre sea reconocido.- replicó Aoshi con la arrogancia propia de su puesto, frustración y juventud.- Somos tanto o más dignos que el Shinsengumi o los Ishinshishi pero nos han olvidado y nadie requiere de nuestros servicios de protección e información. Míranos, Okina… hemos olvidado el honor de guerreros y nos contentamos con averiguar chismes de poca monta. Lo más emocionante pudo haber sido atrapar a Battousai para lo sucedido con la joven Kamiya y hasta eso no pudimos hacer. Perdemos habilidades, Okina y eso no puedo permitirlo como Okashira. Por eso me llevo al grupo.-

-Aoshi, no puedes decir que no protegemos a nadie o que no servimos. Kyoto es tranquilo gracias a nuestras redes de información y cooperación…- empezó el anciano preocupado por lo que veía en los ojos de Aoshi. Sin embargo éste lo interrumpió.

-Ya te he dicho que te digo esto sólo por el respeto que te tengo, porque no busco tu consejo. He tomado la decisión. Parto mañana a hacer historia y a buscar el honor perdido para nuestro grupo, a conseguir títulos. Me acompañan Shikijo, Beshimi, Hyotoko y Hannya. Los demás se quedan contigo. Quiero que cuides de Misao, como hasta ahora. No la llevaré conmigo, porque ella debe cuidar de su amiga y porque puede resultar lastimada en esta nueva misión que me he autoimpuesto.

Sin más, Aoshi se levantó y se retiró del lugar. Okina preocupado, pensó en la reacción que tendría Misao al enterarse de los planes de su tutor casi siempre ausente a últimas fechas.

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Misao se encerró en su cuarto durante la tarde siguiente a la partida de Aoshi con "sus papás". No podía creer que él, una vez más la hubiera dejado atrás en la nueva misión.

Kaoru venía de su clase de cocina número cinco cuando decidió tocar a la puerta de Misao. Recibió el permiso para entrar y luego Misao estuvo descargando su ira mientras hablaba con su prima.

-¡Me ha dejado atrás!. ¡No lo entiendes, ¿verdad?!... él me entrenó para ser la mejor, pero… jamás me ha llevado de misión con él… ¡No confía para nada en mí!... Yo he sido obediente siempre, le he seguido sus consejos y he sido un aprendiz bueno de Oniwabanshuu, mejor incluso que Okón y Omasu. Pero él no lo reconoce, llega y se marcha, dejándome atrás como si no fuera mi tutor… ¡LO ODIO!-

Kaoru sabía que lo que molestaba a su amiga era la poca importancia que le daba Aoshi no sólo como guerrero, sino como mujer. Intuía que, aunque Misao no lo reconociera abiertamente, le gustaba mucho Aoshi, lo que no era raro, tomando en cuenta lo guapo que era y lo amable que era con Misao cuando compartía tiempo con ella.

Kaoru se levantó y se retiró a su habitación. Nada podía decir o hacer que consolara a su prima.

Se dedicó a mirar por la ventana a la calle. Trataba de perderle un poco de miedo a la gente y por eso los observaba durante la tarde.

Notó como una niña corría entre las personas. Alguien la seguía. Era un hombre. La atrapó y la llevó a un callejón.

Kaoru sintió cómo su corazón se desbocaba ante la imagen. Y más ante la idea de lo que podía suceder… sólo sabía que debía actuar rápido, porque tenía un presentimiento y a últimas fechas no le fallaban…

Bajó corriendo las escaleras, alertando a Misao y Kenshin quienes salieron al pasillo a ver qué sucedía. Siguieron a Kaoru y notaron como ella se hizo de una escoba con la mano sana. De ahí salió a la calle y esto terminó de alarmar a los autodenominados guardianes de la joven.

Kenshin vio como desaparecía de su vista cuando pasó cerca de una esquina. Misao se puso de acuerdo con él en una mirada y saltando sobre los techos de las casas, se dispuso a aparecer por el otro lado del callejón.

Kaoru entonces ya había dado con la niña. El hombre le tenía la boca tapada, de espalda en el suelo… y el muy maldito se estaba desvistiendo.

La joven nada dijo. Simplemente le dio con la escoba en la espalda al hombre. Éste se incorporó rápido… el ataque de Kaoru no le había hecho daño, pero si le había aguado la fiesta. Con una mano sostenía a la niña del pecho mientras con la otra mano y un cuchillo trazaba rápidamente un arco frente a Kaoru, intentando amedrentarla.

Le rasgó la tela del cabestrillo… Kaoru saltó hacia atrás y se topó con un muro que no recordaba antes. Un muro especial… Kenshin.

-¿Está bien, señorita Kaoru?- le preguntó con dulzura. -Suelta a la niña.- dijo después con voz poco amable al hombre, desenvainando.- a menos que desees pelear con alguien que sí puede darte batalla.-

El hombre era enorme y contó con eso para derrotar a Kenshin… sin embargo un espadazo en la cabeza con el lado sin filo lo dejó fuera de combate en cosa de fracciones de segundo.

La niña de cabello y ojos negros se incorporó ayudada por Misao que había llegado, quien quedó impresionada con la habilidad de Kenshin para usar su espada de filo invertido. Recordó también cuando él la había salvado de morir a manos de Battousai en Tokio.

-Gra… gracias… por ayudarme. Mi nombre es Tsubame.- dijo la niña, mirando agradecida a todos, pero básicamente a Kaoru.- Ese hombre me estaba molestando desde que llegué al barrio. Estoy aquí con mi mamá visitando a una tía y me habían enviado a dejar un recado. De vuelta este hombre me siguió y me atacó… -

-Podemos ir a dejarte a tu casa, Tsubame- dijo Misao, animada.- ¿Verdad, Himura?, ¿Nos acompañas? Ven, Kaoru.-

Durante la noche Kaoru sacó un espejito de entre sus cosas y se contempló en él. Se tocó la cicatriz en la frente, que se disimulaba con el flequillo… recordó que cuando le dieron ese golpe no pudo defenderse más de los hombres… cerró los ojos con espanto, para abrirlos de nuevo cuando sintió que alguien entraba a la habitación. Era Kenshin seguido de Misao con algo de comer. Kaoru tapó su espejo y lo guardó.

Conversaron largo rato Kenshin y Misao. Kaoru participaba sonriendo, riendo o poniendo caras de sorpresa. Misao tenía la idea que en algún momento, de tanto hablarle a Kaoru, ella tendría que reaccionar y dejar atrás su silencio pero por más que se esforzaba, Kaoru no daba la más mínima seña de recuperar el habla.

La ninja se retiró a su cuarto un poco frustrada por Kaoru, pero contenta por ayudar a Tsubame. Kenshin se quedó un rato más, ayudando a Kaoru a acomodarse para descansar. La joven se sentó en el futón y Kenshin en un sitial junto.

-Me siento orgulloso de conocer a una joven tan valiente como usted, señorita Kaoru… sin duda gracias a usted nos hemos alertado con respecto a la pequeña Tsubame. Pero por favor, a la próxima avíseme si ve algo raro. Hoy ha salido usted sola a enfrentarse a un hombre grande y si le hubiera sucedido algo, estaríamos muy tristes.

Kaoru asintió un poco avergonzada… pero en ese momento ella había sabido que no tenía tiempo que perder al actuar.

Kenshin entonces, notando la confusión de Kaoru, le alargó su espada. La joven contuvo la respiración al verla. Espadas… las odiaba… servían para amedrentar, retener… golpear…

-Señorita Kaoru... usted sabe que yo fui Battousai. Ignoro cuánto sabe de mi realmente o de ese nombre. Lo que quiero que sepa es que esta espada fue forjada para cuidar de las personas. He jurado no volver a matar a nadie para expiar mis culpas, que son muchas. Con esta espada yo la protegeré de lo que sea que la amenace, usted ya lo ha visto en su casa.-

Kenshin vio como Kaoru asentía, más tranquila ya. Prosiguió su charla.

-Misao me contó que su padre le enseñaba su estilo de proteger la vida. Hoy, cuando usted ha visto a Tsubame en peligro, ha corrido a ayudarla y pienso que su padre le transmitió muy bien las enseñanzas. Dígame… ¿él le enseñó kendo?

Kaoru asintió.

-Tiene usted un dojo y conocimientos por transmitir, Kaoru. Y la fuerza de espíritu para hacerlo. Dentro de dos semanas liberarán su brazo y podrá entrenar su estilo. ¿Usted lo retomará, señorita Kaoru?-

Kaoru tenía un par de lágrimas en los ojos. Nuevamente asintió.

-Cuando se sienta con la fortaleza de regresar a Tokio y practicar o transmitir su estilo, la acompañaré. Siento envidia por usted, sinceramente, porque mientras usted recibió instrucciones de proteger la vida de todos, yo recibí instrucción de proteger ejércitos matando vidas… - terminó Kenshin, envainando la espada.- y quizá nada de lo que he hecho o haga en el futuro sea suficiente para… -

Kenshin sintió el dedo índice de Kaoru posarse con suavidad sobre sus labios, acallándolos. Ella se acurrucó contra él, entre sus piernas y cerró los ojos.

El pelirrojo, demasiado sorprendido para reaccionar, no atinó a nada más que rodear el cuerpo delgado con sus brazos. Y apoyar su espalda en la pared que tenía detrás.

Kaoru miraba la espada de filo invertido de Kenshin en el piso junto al futón. Pensó en su propio rostro demacrado por la vergüenza, la rabia, la soledad que le quedó tras su ataque y cómo esas expresiones las había notado en el espejo. En cambio, recordó la sonrisa de alivio de Tsubame; de Kenshin y Misao por ayudar a la niña.

Kaoru quería ver más rostros expresando alivio… Kenshin tenía razón… ella debía transmitir su estilo para ayudar a la gente, para salvar a más niñas como Tsubame o más jóvenes como ella, a más familias como la suya. Sabía que con Kenshin apoyándola, podría hacer cualquier cosa que se propusiera.

Se recuperaría como fuera… entrenaría duro…

Restregó suavemente su cabeza contra el mentón firme de Kenshin. Enternecido, él depositó un beso entre sus cabellos, haciendo sentir a Kaoru cómoda, como si de alguna manera estuviera de vuelta en el hogar.

O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O

Fin capítulo 3

Enero 6, 2005.

Revisada en Abril 12, 2016.

Notas de autora.

Me quedan las dudas de qué época es más trabajosa para mi. Si la de escuela o de vacaciones… al menos me han regalado un bello tazón con Kenshin y Kaoru abrazaditos afuera y prefiero morir de sed a beber en otra cosa que no sea mi tazón... jejeje

Les deseo a todos un estupendo nuevo año… buenas vacaciones para la gente de Chile, Argentina… hum… ¿dónde más están de vacaciones en esta época? Perú… Bolivia… no sé Brasil… realmente estoy suponiendo… jeje.

Bueno, sus más peores suposiciones sobre lo que sucedió a Kaoru son ciertas… asi que solo esperemos que nuestra prota evolucione bien durante el fic. Disculpen que no escriba mucho ahora, pero son las seis de la mañana y se enfadarán conmigo si no despierto para ayudar a mami.

Agradecimientos sinceros a

Pau, que como ves, ya están pasando cosas entr

Alassea, gracias por leer mis fics y la confianza en este

Hitokiri Himura20

Miyuki Kobayakawa, y si, creo que por ahora las mejores de la región en teleseries son las de tu país.

Rinsita Chan, ajajaja, que chido que sigas la historia de Misao también… si te digo que tengo 82 de busto… y aun vivo sin mucho complejo.

Sumire-Chan, que le voy a hacer si Kenshin es o cocinero o lavandero o no sé… habrá romance Misao Aoshi más hacia el final, eso si. Los hermanos Hiruma si aparecerán, porque estoy rescatando las ideas del manga y allí ¡aparecen hasta el final!. Yahiko aparecería en el episodio cinco y Sano y Megumi en el seis o siete. Y sobre tu nuevo fic con "ideas mías", ¡adelante! Y que la Fuerza te acompañen.

Luna Kyouyama, ¡amo a kenshin!... jejeje…

Blue Ningyo: Aoshi por ahora está más preocupado de sus ambiciones personales, asi que dejará a Kenshin tranquilo hasta el episodio siete. Sobre los descuidos que pueda tener Misao como chico, seguro que tendrá uno bueno que meterá a Aoshi en un buen lío antes de descubrir que es una chica!

Dark- Anna-Sujimotto, seguirá el fic cueste lo que cueste, ¡si señor!,

Kaoru Hino, disculpa por el retraso… el tiempo, el tiempo…

Alpha-jack, jeje, realmente saqué la cuenta al tanteo… creo que por esos dias tenía exámenes de algo y no estaba para sacar cuentas… sobre la chica del nuevo fic, sep, está en proceso. Por cierto, estupendo el adelanto que enviaste.

Onashiru Okanami, sobre si Kaoru lo habló o no habló… hum,… jejejeje… en algún capítulo se sabrá…

Kaoru himura: que lindo es Kenshin ¿no?.

Dark Shadow, sep, ahora Kenshin es un saca miedos de kaoru y me gusta eso. La pelea con jinnei se viene en la próxima entrega y veremos como Kaoru salva a Kenshin… O.o…

Shinta Girl, gracias como siempre por tus bellos dibujos… ya sabes… los míos ya no son gran cosa y los tuyos me hacen feliz,

Kaoru Himura Kido, sobre los Oniwabanshuu es una decisión difícil eso de dejarlos vivir… porque lo que pasa con Aoshi y su personalidad después depende mucho de la muerte de sus queridos seguidores. Ya razonaré sobre el tema, pero también me han caido bien en su corta aparición…

Saiko Katsuka, hace tiempo que yo quería hacer un fic en la época Meiji, es la verdad… y no tan fantástico como "un dia dentro de ti" o "en el nombre del padre"… ojalá mejoren los finales de nuestras teleseries, ¿no? Al menos algunos contenidos lo hicieron…

Naoko L-K, seguiremos adelante con el fic, estoy bien, aunque cansadita…

Kaoru86 Kamiya, es una pena y me da vergüenza cuando no puedo escribir más de lo que me da el tiempo, la inspiración y las energías… pero bueno, me esfuerzo al menos… gracias por tu apoyo.

Lime Kamiya, llámame sádica, pero tus suposiciones son ciertas con respecto a Kaoru y tantas ideas… ni sé de donde las saco, realmente se me ocurren y ya, jeje…

Mari, la recuperación de Kaoru va lenta, pero segura, creo yo. Afortunadamente Aoshi anda "en otra" pero en algun momento su cabecita hará "clik" y descubrirá a Kenshin.

Mikomi Shinomori, el fic del que te hablé… tengo el primer episodio, pero… publicando tres fics a la vez tarde mal y nunca… lo postergaré un poco más o me eliminarán las lectoras después de sonsacarme los finales de los demás… haré algo entre Misao y Aoshi, pero hacia el final, asi que lo siento… veré si entre medio dejo pistas que mantengan la inquietud en ese tema.

Mer, la duda sobre Kaoru se responderá hacia el final, y Aoshi, sep… él valora sobremanera a Misao… ojalá y pronto se de cuenta de ello… jeje, algo se me está ocurriendo para poner en marcha ese romance y hacer feliz a Mikomi de paso. Aparecerán todos los personajes de la serie, no te preocupes… y como soy poco original, las relaciones serán las mismas.

Numat, discúlpame por no actualizar antes, de verdad que me ha costado mucho… uf, las presiones, las presiones…

Un besote a mis niñas de siempre:

Justary-san, Pola, Kirara26, como no, amiga!... besos a todos los demás y bueno, prometo actualizar antes esta historia.