Entre mis Brazos

Acto 5

En las calles.

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Kaoru trataba de retomar su vida normal y una de sus labores cotidianas era acompañar a su madre al mercado de abastos. Revisó la despensa y haciendo una lista de compras, buscó a Kenshin por la casa. Se topó por ahí con Hiroshi, pero ignorándolo abiertamente, prosiguió la búsqueda de su esposo.

Y lo encontró en el patio trasero, lavando ropa cerca del pozo.

Kenshin observó la hoja que Kaoru le extendía y admiró los trazos de Kaoru en su escritura. Por lo visto, a pesar de haber sido una familia sin grandes recursos, el señor Kamiya había procurado una esmerada educación en su hija. Él por su parte leía bien, pero escribía horrible. Por un momento recordó a su maestro sentado en alguna roca, bebiendo sake en "su montaña" en tiempos mejores. Él le había enseñado muchas de las cosas que sabía...

Regresaron sus pensamientos al presente y tendió la ropa para acompañar a Kaoru en sus compras.

Misao se había ido hacía dos semanas ya y Hiroshi aún vivía con ellos. Era un tipo molesto que comía más de lo que debía con el único fin de causar gastos al matrimonio e incomodidades. El dinero que Okina había enviado a Kaoru se les estaba terminando pero antes de eso, irían al mercado.

Kaoru seleccionaba las verduras y Kenshin pedía la cantidad requerida según el listado escrito con anterioridad. Los comerciantes, que conocían a Kaoru se extrañaban de su silencio a pesar de que sabían lo del asesinato de sus padres y Kenshin les decía que estaba con gripe y que no le salía el habla por eso. Era mejor inventarse una mentira que tener que soportar las preguntas sobre lo que le había sucedido a Kaoru.

Aunque lo que les sorprendió más a los comerciantes fue saber que ella y el pelirrojo estaban casados. Incluso les dieron algunos pequeños obsequios.

Iban saliendo del mercado cuando Kenshin, que apenas podía ver el camino debido a la soya, el miso y las muchas bolsas que cargaba, notó a un chico cartereando a un anciano que miraba en un puesto juguetes, para su nieto que le pedía un regalo.

El chico carterista sacó la billetera del anciano sin ser notado salvo por los ojos de Kenshin. Pero el chico, que tendría unos diez años cuando mucho y cuya tez era morena, escuchó al anciano prometerle a su nieto el regalo por ser día de su cumpleaños.

Los niños debían tener infancias felices, llenas de obsequios y amor. El anciano y el niño se veían humildes… el carterista volvió tras sus pasos y devolvió la billetera al anciano. Kenshin sonrió para sus adentros y pensó en que aquél era un niño especial y al que sería bueno conocer si se le daba la oportunidad. Pero el joven desapareció entre la gente que hacía sus compras.

Kaoru entretanto se dirigió al Akabeko a servirse algo fresco de beber y de paso, visitar a su amiga. Kenshin solo la seguía, deseando tener sus brazos libres muy pronto.

Tae los invitó a almorzar diciendo que ese día la casa pagaba, asi que Kaoru se encontró comiendo carne y sopa, al igual que Kenshin que pensaba en el vuelco que había dado su vida. Parece que su destino era casarse sin amor, por conveniencia, para después, él, empezar a…

Un sexto sentido le indicó a Kenshin que algo andaba mal. Kaoru seguía comiendo feliz cuando sintió un gemido de su acompañante.

¡Oroooo!-

La chica reaccionó a tiempo para sostener a Ken que tenía un chichón emergiendo de su cabeza. Unos tipos que discutían entre ellos sobre el gobierno habían sido los causantes de la agresión a su esposo y eso le dio bastante rabia a Kaoru.

Tanta, que hasta se le olvidó el por qué le tenía miedo a los hombres y haciéndose de un cucharón de una mesa contigua, golpeó a uno de los hombres en la cabeza.

Que por cierto, se lo tomó bastante mal.

Kenshin a esas alturas estaba recuperado de su semiinconsciencia y levantándose raudo, llegó hasta donde Kaoru quien miraba enfadada a quienes habían osado agredir al único hombre del mundo que valía la pena.

-¡Maldita mujer!- dijo el recién golpeado, tocándose la cabeza.- Ahora verás con quien te has metido, ser inferior.-

Kenshin iba a intervenir para que no se metieran con Kaoru, cuando una voz tras él dijo:

-El inferior eres tú por creerte el dueño de la verdad y de los valores cuando has molestado a esta gente. Claro, te he visto pregonando la libertad cuando tú no respetas la libertad de quienes no se meten contigo. Esta mujer simplemente ha defendido al hombre que la acompaña, lo que a mi parecer es valiente y honorable, aunque algo tonto. -

Zanza odiaba que los bravucones se metieran con inocentes. Él llevaba un rato mirando disimuladamente al tipo pelirrojo que entraba en la descripción que su cliente Hiroshi le había dado días atrás. Y desde luego que vio todo el desarrollo de esa historia.

-Cállate, cabeza de pollo.- rugió uno de los hombres molestosos.- Tú no sabes nada como para defender a esta mujer.-

-Salgamos afuera y te demostraré cuánto sé.-dijo Zanza, deseando calentar un poco el cuerpo con una buena pelea antes de buscarle camorra a Kenshin.

Los dos sujetos salieron seguidos de tres amigos más a la calle. Los curiosos salieron también a ver lo que sucedía. Zanza no se hizo demasiado problema con los dos tipos. Se demoró exactamente el tiempo que tardaron sus pies en llegar a las bocas de los sujetos, botándoles un par de dientes y bastante sangre.

Kenshin y Kaoru también habían salido. Kenshin seguía atento la pelea por si debía intervenir pero no fue necesario. Ese joven alto era muy eficiente con los puños… mejor dicho, los pies.

Tae se les unió en cuanto acabó la pelea y Sanosuke se acercó al trío.

Hey, chiquilla.- le dijo a Kaoru.- eres demasiado impulsiva y esos idiotas te pudieron haber hecho daño. Aunque tal vez no, porque tu… - En ese momento Zanza reparó en las alianzas de Kenshin y Kaoru- … esposo es bastante preocupado por ti. No creas que no noté, pelirrojo, que pusiste a propósito tu cabeza de escudo para que el proyectil no le llegara a la chiquilla.-

Kenshin humildemente sonrió mientras Kaoru lo miraba asombrada. Ella pensó que había sido un accidente…

-No… no ha sido tan asi…- dijo Kenshin. – Gracias a ti por haber sacado a esos indeseables de aquí. ¿los conoces?-

-Ah, si, claro que los conozco. Son unos pobres idiotas que se sienten con derecho de joder al resto de las personas. Pero no volverán por estos lados y menos en este restaurante que me ha gustado mucho porque la comida es muy buena, ahora que pasaré una temporada en estos barrios. Nadie se mete con Zanza. Bueno, me retiro. Adiós, señoras. Adiós, amigo. Nos volveremos a ver. De eso estoy seguro.-

Zanza se dio la media vuelta y se retiró de allí caminando tranquilo. Tae comentó.

-A pesar de ser un tipo rudo, es bastante honorable. Esos tipos a los que echó venía mucho últimamente y me espantaban la clientela. Creo que ya no vendrán.-

Kenshin observó la espalda del sujeto y notó que decía "El Mal" en su camisa, escrito con un enorme Kanji. Y eso le intrigó bastante.

Tae entonces comentó sorprendida.

-¡Ese hombre se ha ido sin pagar la cuenta!-

¡Oro! Y usted diciendo que era un hombre honorable.-

Kaoru sonreía. Ese tipo Zanza era en el fondo bien simpático.

Una niña de cabellos negros y cortos corría hacia Akabeko, donde la mayoría de la clientela había regresado a comer acabado el espectáculo. Ella trabajaba con Tae en el horario de la tarde, atendiendo mesas.

-Buenas tardes, señorita Tae… ¡Oh… señorita Kaoru, señor Kenshin!-

Kaoru y Kenshin, sorprendidos, miraban a la pequeña Tsubame, tan asombrada como ellos. Tokio es un pañuelo, después de todo.

-¡Qué maravilla volver a verla!... señorita Tae, es de ella de quien le he hablado.- dijo apresuradamente Tsubame a su patrona. Tae solo pudo mirar a Kenshin y Kaoru con cierto asombro en sus ojos.

-Asi que ustedes fueron quienes ayudaron a esta niña en Kyoto… ella trabaja hace algunos días conmigo. Es muy diligente y puntual y lo poco que me cuenta es de ustedes, pero… en verdad nunca le presté mucha atención a los nombres… ¡qué tonta soy!-

-¿Estás bien, Tsubame?- preguntó Kenshin.

-Sí, muy bien, gracias. Después que ustedes me ayudaron, ese hombre no volvió a molestarme. La señorita Kaoru es muy valiente. Gracias a ella ese hombre no pudo hacerme daño.- dijo la niña admirada.

Kaoru sonrió y pensó en que ella tenía cosas pendientes que hacer en su dojo de kendo. Cosas que le ayudarían a preservar sonrisas de niñas como la que tenía al frente. Cosas para honrar la memoria de sus padres.

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Hiroshi leía algo por la tarde cuando notó que Kaoru iba al viejo dojo con una cubeta y un trapero. Kenshin cocinaba algo, asi que Hiroshi siguió a su prima para ver que se traía.

Enseguida la joven se puso a limpiar. El piso estaba lleno de polvo y algunos rincones tenían telarañas. Y aunque la visión de Kaoru en cuatro patas limpiando era impresionante, Hiroshi decidió ir a ver qué había en la cocina. Estaba bastante inquieto, porque ya le había pagado a Zanza y en dos semanas no había dado señales de vida. Y él no soportaba pensar que ese pelirrojo ya le hubiera hecho un más maldito pelirrojito a Kaoru… necesitaba tenerlo fuera de circulación ya.

Kenshin estaba saliendo de la cocina y preguntó por Kaoru. Hiroshi le indicó el dojo con la cabeza. Al llegar donde su esposa optó por echarle una mano en las labores de aseo.

-Sus padres debieron ser personas muy buenas, Kaoru. Es usted valiente y gentil, aunque pienso que no debiera ser tan impulsiva… -

Kaoru siguió aseando y pensaba que era frustrante vivir con la idea de que ella pudo haber ayudado más a sus padres… y que no quería sentir que alguien nuevamente pudiera hacer daño a las personas que ella quería. Kenshin se dedicó a sacarle brillo a la madera.

En algún lugar de Tokio, en tanto, Zanza terminaba de reunir la información que necesitaba sobre Kenshin Himura. Lo venía investigando desde hacía días para conocer sus pasos. Aunque pensándolo bien, Zanza no lo iba a matar de inmediato como había sido el trato con Hiroshi. Sólo deseaba pelear y desquitarse de lo que el gobierno le había hecho a su grupo, la tropa Sekijo mediante este hombre que había sido patriota y de paso ganarse un buen dinero extra. Si realmente el pelirrojo era Battousai el Asesino como se lo aseguró Hiroshi, (Y que él confirmó en Kyoto según las señas que consiguió de Battousai.) Zanza le daría un escarmiento ejemplar por contribuir a la creación de este gobierno y por ayudar a que su cliente Hiroshi no recibiera su herencia que seguro se la merecía.

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Por la mañana, Kaoru se dirigió a la clínica de su doctor amigo, encontrándose con una bella mujer de negros cabellos y labios perfectos pintados de carmín. Megumi era bellísima y aunque Kaoru se sintió un tanto disminuida ante eso, Kenshin no le prestó mayor atención a la doctora. Tenía ese día un mal presentimiento y andaba bastante atento a todo.

El médico había puesto a Megumi al tanto del ataque sufrido por Kaoru, la magnitud y los trastornos que le había causado, como la pérdida del habla. Esto, con el fin de que Megumi pudiese atender a Kaoru cuando fuese necesario sin tener que hacerle preguntas que la incomodaran. Y como ese día el médico había tenido que ausentarse, la doctora revisaría el brazo de Kaoru asi como el estado general de su cuerpo y le daría algunos masajes.

-Tu marido se ve un buen hombre, además de que es apuesto.- le comentó Megumi a Kaoru que le extendía su brazo izquierdo para recibir masaje. La más joven sólo asintió con la cabeza. Megumi prosiguió. - ¿Sabes? Dentro de todo eres afortunada porque este hombre no te ha abandonado. Hay otros que en casos como el tuyo si lo hacen. – Kaoru miró al suelo, incómoda. Si Megumi supiera…

La doctora notó la inquietud de la chica, pero no se detuvo.

- Disculpa que sea tan directa, pero asi soy yo. Digo las cosas tal como son, aunque a veces la gente se lo tome a mal. Y pienso que es mejor asi, decir lo que uno siente y piensa siempre. Al menos así sabrás que no soy mujer de mentiras y que prefiero una verdad dura a una falsa dicha. Tengo más años que tú y he visto unas cosas impresionantes. Por eso soy asi.-

Kaoru no levantaba la vista, apenada. Megumi suspiró y decidió empezar de nuevo. Comprendió que la estaba amedrentando.

-Escucha, discúlpame si he sido dura contigo. No ha sido mi intención pero vamos a tratarnos seguido ahora que me he trasladado a trabajar aquí por un tiempo. A ver… veamos… levanta el brazo un poco… eso… muy bien.-

Kaoru levantó la vista y meditando en las palabras de Megumi, buscó la mirada de la otra mujer. Quizá ella pudiera llegar a ser su amiga.

Al rato salió Megumi del cuarto.

-Tu esposa se ha quedado dormida asi que he decidido dejarla descansar un rato. Si lo deseas, puedes irte y ya Kaoru se irá más tarde. Yo la puedo ir a dejar.-

-Muchas gracias – dijo Kenshin levantándose.- Gracias por su amabilidad, pero esperaré a Kaoru.- y el pelirrojo cambiando de posición, se volvió a sentar. – No creo que duerma mucho.-

-Ya veo… la quieres mucho. Ustedes son una pareja muy joven.- repuso Megumi, quien no tenía más pacientes ese día asi que optó por compartir una taza de té con el pelirrojo. Le estaba sirviendo cuando notó su espada. - ¿Por qué portas una espada? Tengo entendido que está prohibido en esta época.-

-Bueno… - dijo Kenshin.- Con esta espada yo protejo a la gente. Y por eso lo que diga la ley me tiene sin cuidado. Yo no mataría a nadie.-

Megumi lo miró de reojo.

-Eres un hombre extraño, Kenshin. Pero hablemos de Kaoru que es lo que me interesa. Su brazo izquierdo no está del todo bien… lo noto inflamado a pesar de que Kaoru no se queja. ¿Ella no ha descansado?-

-A pesar de que trato de cooperar lo más que puedo, ella insiste en realizar labores en su casa… verá, Megumi, estuvimos fuera mucho tiempo, como le habrá comentado Genzai… y Kaoru en su casa tiene un dojo de kendo que perteneció a sus padres y que ella aspira a reabrir. Ayer estuvimos limpiándolo durante la tarde… y Kaoru espera recuperarse pronto para entrenar y dar clases.-

-Ya veo… - dijo Megumi, tomando te.- Al menos está tratando de salir adelante. Eso es muy positivo… supongo que en el futuro hablará nuevamente, aunque el proceso pueda tomar meses o años incluso, pero confío en que teniendo a su lado a un hombre como tú no se demore demasiado. Pero debes tenerle paciencia, Ken-san… ¡oh!... ¿Puedo llamarte "Ken-san", verdad?-

Kenshin asintió.

-Bueno, Ken-san, debes tener paciencia con ella. La violación es un ataque común a las mujeres, pero terrible por todo el daño que hace… algunos maridos no soportan la falta de intimidad o la renuencia de las mujeres a tenerla después de que sonasaltadas asi, por lo que las dejan. Y eso es peor, porque ellas se sienten mal y culpables. Y ya bastante terrible es tener que lidiar con los recuerdos de la agresión. Debes ser paciente, Ken-san. Más porque el doctor me aseguró que sus padres fueron asesinados también. Kaoru es joven, con cariño se recuperará y confío en que sacará a relucir su fortaleza.-

-Claro que lo hará, Megumi. Kaoru es una gran chica que no merecía el daño que le hicieron. Y yo desde ahora estoy a cargo de ella. No pienso abandonarla ni aunque me pagaran por ello.-

Kenshin meditó en las palabras de Megumi.

"Violación"

Él lo sospechaba, pero una cosa es sospecharlo y otra confirmarlo… se levantó y salió a tomar aire. Kaoru no merecía tener que pasar por todo eso…

Más tarde, cuando Kaoru despertó, salió a encontrarse con su esposo. Megumi tenía casas que visitar asi que los acompañó durante un tramo del viaje. Llegando a la calle principal de aquel barrio, notaron que había dos policías con un niño atrapado y algunos curiosos acercándose.

Kenshin reconoció en ese niño al ladronzuelo del día anterior. Seguro lo habían descubierto hurtando algo. Se aproximaron a ver.

-Suélteme… sólo quería una fruta. Tenía hambre, señor… - decía el chico al policía que lo tenía del cuello del gi, revolviéndose para ser liberado.

Kenshin y Kaoru permanecían más atrás de la gente cuando alguien pasó cerca de Kaoru, pasándola a llevar. Kenshin impidió que cayera, y notó que eran a lo menos quince hombres uniformados que iban pasando.

-¡Somos el grupo de policías espadachines!. ¡Nosotros nos haremos cargo del caso!- dijo uno de los oficiales recién llegados. El policía que tenía al niño respondió cortésmente.

-Nosotros ya tenemos resuelto este asunto, señor. Nos llevaremos al muchacho.-

En cuanto terminó de hablar, el policía recibió de lleno la empuñadura de una espada en la nariz.

-¿ Te atreves a desobedecer mis órdenes? Soy superior a ti y a tu compañero. Somos un grupo de elite, lo mejor que hay en las filas de policías e impartiremos la justicia. Este chico ha robado y merece un castigo ejemplar. Vamos a matarlo aquí y ahora.-

El policía agredido no pudo hacer nada salvo mirar impotente a aquél bravucón que lo amedrentaba con su espada. El dueño del puesto asaltado encontró que era demasiado matar a un niño por una o dos frutas.

-Señor, no es necesario que mate al chico por una cosa tan poca. Realmente íbamos a tirar la fruta que él sacó por añeja… -

- ¡Deténgalo a él también por obstrucción a la justicia!.- vociferó el líder del grupo, viendo con satisfacción como el tendero y el chico eran inmovilizados por sus hombres. Kenshin estaba desenfundando su espada cuando Megumi dijo en voz alta:

-¡Tu existencia como líder de estos imbéciles es obstrucción a la justicia, estúpido hombre!-

El aludido enrojeció y buscó furioso con la mirada a la dueña de tan fastidiosa voz. La apuntó con la espada y se movió hacia ella para acabarla sin contemplaciones, para que sirviera de escarmiento a los demás curiosos que murmuraban cosas en su contra. Y si bien intentó golpear con su espada a Megumi, lo cierto es que la hoja no llegó ni cerca del cuerpo femenino.

Porque entonces sintió una hoja acerada posarse en su cuello, listo para degollarlo.

Kenshin había saltado en medio y lo amenazaba.

-Esta mujer tiene razón. No puedes hablar de justicia cuando tú mismo no eres justo a la hora de juzgar y dictar sentencia. Este niño seguramente robó por hambre. Este hombre lo defendió siendo el afectado y asi y todo quieres matarlo también. Cuando has llegado, has empujado a mi esposa y ni siquiera te volviste a disculparte con ella. Ese no es el tipo de hombre encargado de velar por la protección de los demás.-

Ujuki, que así se llamaba el policía, silbó y sus hombres enseguida rodearon a Kenshin, encerrando en el círculo a Kaoru y Megumi. El niño ladrón, en tanto, miraba asombrado a quien osaba enfrentarse a la policía armada.

-Ya veo… asi que también te gusta jugar a las espadas ¿no? Digas lo que digas, sólo yo y mis compañeros tenemos autorización para portarla en cambio tú te irás a la cárcel, después de haberme servido de diversión un rato. Hace tiempo que mi espada no prueba el sabor de la sangre y puede perder sus cualidades… -

Kenshin se paró derecho y lo miró, envainando su sakabatto.

-No tengo intención de pelear contigo, si no de hacerte entrar en razón. Libera al niño y al señor comerciante y deja a mi esposa y a la doctora fuera de esto, porque la doctora tiene gente que la requiere ahora. Y después de eso, si quieres, puedes llevarme a la cárcel por portar una espada. Yo no opondré resistencia.-

Kaoru intentó acercarse a Kenshin, preocupada. Pero uno de los espadachines de uniforme le cerró el paso y Kaoru aterrorizada empezaba a temblar ante la vista de ese filo acerado tan cercano a ella. Kenshin intuyó lo que pasaba y dijo:

-Así es mejor, Kaoru. No se preocupe, estaré bien.- Luego volvió a mirar a Ujuki.- Quiero que dejen a mi esposa en paz.-

-Pelea conmigo, pelirrojo, y ordenaré que la dejen en paz.-

Kenshin no tenía intenciones de pelear, hasta que notó por el rabillo del ojo que uno de los policías acercaba el filo de su espada a la garganta de Kaoru…

De pronto nadie estuvo muy seguro de lo que pasaba, pero lo cierto es que se vio un rayo atravesar el espacio entre Kenshin y Kaoru y luego, el policía que la amenazaba estaba en el suelo inconsciente. Dos más se acercaron a detener al espadachín furioso pero sólo pudieron literalmente morder el polvo del suelo.

Kenshin enseguida se puso entre Kaoru y los demás policías. Megumi observaba y se preguntaba de dónde rayos había salido Kenshin… evidentemente era hábil. Una mirada a los caídos le basto para comprobar que no había sangre y que no estaban heridos de muerte. En el momento en que la sakabatto se quedó quieta, la doctora además comprobó que su filo estaba invertido.

Los policías restantes se abalanzaron sobre Kenshin. Éste se adelantó y derribó a tres de un solo golpe. Ujuki miraba la escena deseoso de iniciar un combate con ese pelirrojo. Tres policías más cayeron después.

Los demás policías espadachines no se animaron a involucrarse en la pelea. Kenshin era demasiado veloz para ellos y no querían acabar como sus compañeros. Ujuki les hizo un ademán para que se apartaran y asi lo hicieron. Se encontró nuevamente frente a frente con Kenshin y lo apuntó con su espada.

-Eres realmente bueno.-

-No me interesa lo que usted piense. Pero tocaron a mi esposa. Dejen a la gente en paz y dejen que la policía de este barrio se haga cargo. Y si quiere un adversario, aquí me tiene.-

Un carruaje estacionó cerca sin que nadie se diera cuenta. Un oficial del ejército se bajó de éste, asi como el Comisario Uramura y se acercaron a contemplar lo que pasaba; el jefe del ejército reconoció enseguida a Kenshin Himura.

-Eso está bien… - dijo Ujuki lanzándose sobre Kenshin. Kaoru, que sabía de técnicas de espada, reconoció la escuela de "Ninotashi Irazu", que era en extremo fuerte, al contemplar la forma en que Ujuki tomaba la empuñadura de su espada.

El jefe del ejército pensaba en que Ujuki era un completo idiota porque el común de las técnicas no era nada comparada con la de Hiten Mitsurugi. Y es que el jefe del ejército conocía muy bien a Kenshin desde años atrás, cuando combatían por ideales similares aunque en tropas distintas…

Ujuki logró interceptar un golpe que iba a su pecho y cuya fuerza lo lanzó algunos metros más atrás. Buscó con la mirada a su oponente y sólo fue conciente de una sombra que caía sobre él. Después, la oscuridad absoluta.

Casi enseguida recuperó la conciencia y la gente que había seguido atenta el transcurso de la corta batalla, se abalanzó sobre Kenshin quien alcanzo a rodear con su brazo a Kaoru cuando la turba los encerró en un abrazo de agradecimiento por poner a los fanfarrones en su sitio.

El jefe del ejército entonces llamó a Kenshin con su voz potente, captando su atención.

La gente dejó espacio para el pelirrojo.

-Por fin te encuentro, después de diez años.- dijo el jefe del ejército, acercándose. Enseguida se dirigió a uno de sus acompañantes. – Señor Comisario, disperse a la muchedumbre.-

La gente se retiró y el ladronzuelo, que ya se había desatado durante el enfrentamiento, se escabulló un tanto, quedando cerca del pelirrojo hábil sin que nadie lo notara. Megumi se acercó también a Kenshin.

-Ahora lleva bigote, señor Yamagata.- repuso Kenshin con una sonrisa.

Este dato puso alertas a Kaoru y Megumi, de que estaban frente al jefe del que fuera el grupo patriota "Kihe-tai"que fue a su vez el más poderoso de la era Edo. Actualmente Yamagata era el jefe del ejército del Japón pero Kenshin lo miraba como si fuera cualquier fulano.

El señor Yamagata le extendió una mano a Kenshin.

-El coche nos espera, Himura. Hay muchos antiguos patriotas esperando tu vuelta. Vamos. Ha sido un milagro el que diera contigo.- Yamagata recordó que gracias a unos presos que aseguraban haber sido atacados por Battousai (los hermanos que tratan de quitarle el dojo a Kaoru en el primer capítulo) él pudo dar con él.

-No, gracias, señor Yamagata. No tengo ganas de conseguir un puesto en recompensa por mis asesinatos.- dijo Kenshin humildemente, llamando aún más poderosamente la atención de Megumi sobre él.

-¡Pero los crímenes que cometiste sirvieron para un evento histórico fundamental!... ¡Himura, no te preocupes por eso, yo puedo arreglarlo!-

Kenshin miró a los policías caídos que estaban siendo arrastrados por la calle hacia el cuartel.

-¿Va a arreglarlo con el poder de la policía? Son esas las acciones que crean a este tipo de hombres altaneros.-

Kenshin tocó el hombro de Kaoru, invitándola a avanzar hacia la casa. Megumi empezaba a seguirlos, pero se daba vuelta para mirar al señor Yamagata. ¡No podía creer lo que había oído!

-Nosotros no luchamos por el poder o la gloria, señor Yamagata... - prosiguió Kenshin.- … sino para proteger al pueblo y establecer una era en que el concepto de felicidad tuviera sentido. De lo contrario, los antiguos patriotas hubiéramos sido unos oportunistas ¿no cree?.-

Aritomo Yamagata no podía creer que Himura estuviera rechazando tan suculenta oferta. Pertenecer al ejército y tener mucho dinero era algo que cualquiera anhelaría.

-¡Pero Himura! Los tiempos han cambiado… hoy se prohíbe portar espada y un espadachín sin ella no tiene poder. Por eso no somos nadie, a menos que tengamos el poder del gobierno. ¡La espada ahora no sirve para nada!-

Kenshin se detuvo. Y posó su mano sobre el hombro de Kaoru.

-Con mi arma, señor Yamagata, puedo proteger a quienes me rodean y a quienes quiero. Nada ha cambiado para mí. El asesino se ha convertido primero en vagabundo y después en esposo.- Kenshin sintió como su mano era cubierta por la de Kaoru antes de proseguir la marcha hacia el hogar. Megumi, que los seguía, se despidió rato después sin decir nada de lo sucedido. El chico ladronzuelo se quedó pensando en lo que había dicho el pelirrojo, y aunque no podía entenderlo del todo, lo tuvo en su mente mucho tiempo después, cuando se escabullía a casa de sus jefes.

El señor Yamagata se quedó de pie, en la calle. El comisario Uramura se le acercó y Yamagata dijo:

-Sé lo que va a decir, señor comisario. Viendo la reacción de la gente es evidente que Himura tiene razón y debemos sanear el cuerpo de policía.-

-Así es, señor Yamagata. Por lo demás, haré la vista gorda con el señor Himura sobre su porte de espada. Realmente y viéndolo, él no representa peligro para la sociedad… después de lo que comentaban los hermanos en la cárcel, imaginaba que quien había sido Battousai sería más terrible.-

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Misao seguía la pista de los Oniwabanshuu, pero aún no daba con ellos.

Hacía un frío de perros en esa zona del bosque y estaba oscuro, pero Misao no se permitía tener miedo y pensó en Kaoru y en la buena idea de su prima de haberle regalado la capa, porque de lo contrario, estaría congelada.

Se hizo una fogata y pensó en que el muy maldito Aoshi dejaba una marca por donde pasaba entre las féminas, porque ninguna olvidaba el hermoso rostro de ese hombre y enseguida le indicaban a Misao por donde había pasado su… "hermano". Y es que Misao pronto aprendió a decir que Aoshi era su hermano porque de lo contrario, nadie le daba pistas. Estas mujeres eran terribles.

Se asó un pescado y se hizo una cómoda cama con ramas y hojas secas. Tenía muchas galletas especiales para el viaje, de esas con las que basta comer una sola y te llenan durante el resto del día. Misao ignoraba durante cuánto tiempo estaría buscando a su mentor, por lo que lo mejor era ahorrar de sus galletas cuanto pudiera.

Se abrazó a si misma, sentada donde estaba, y se sintió sola como nunca antes…

Qué rabia tenía en esos momentos con Aoshi… él nunca cumplía sus promesas. Le había negado una infancia feliz, le había inculcado el honor del guerrero y el valor de la palabra empeñada. ¡Y A ÉL ESO LE IMPORTABA UN SOBERANO PEPINO!

Una lágrima se deslizó por la mejilla de Misao y ésta con rabia la secó de un manotazo. No se permitiría autocompasión, se mantendría firme y seguiría adelante en su empeño de encontrarlo a él y a sus amigos… le demostraría que todas esas clases recibidas ella las asimiló y bien y que ella era la mejor. Haría que Aoshi se arrepintiera de haberla dejado sola en Kyoto y que le pidiera perdón de rodillas por considerarla menos que a un gusano.

Misao se envolvió mejor en su capa y se quedó dormida. Ya al día siguiente seguiría tras los pasos de Aoshi.

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Kenshin dormía junto a Kaoru, tendido de espaldas. Kaoru lo contemplaba a pesar de la escasa luz y comprendía el por qué Kenshin había decidido ser un vagabundo. Así, al no pertenecer a ningún grupo, tenía libertad de proteger a quien quisiera sin tener que pedir permiso a nadie. Sin tener que rendir cuentas a nadie.

Asi era Kenshin. Un hombre libre de hacer lo que quisiera.

Bueno, ni tan libre a estas alturas… estaba casado, con ella. Y de pura buena persona que era. Megumi tenía razón en lo que le había dicho: ningún hombre, sabiendo que ella había sido de otro, querría tenerla de esposa. Kenshin era su única oportunidad de estar casada, pero…

Ella no podía retenerlo, no debía.

En seis meses más, cuando su dojo estuviera abierto y con público, y cuando Kaoru fuera mayor de edad, podría dejar libre a Kenshin para que prosiguiera su camino. Pero Kaoru no quería. Ella había perdido a su familia y en este momento, Kenshin era lo más parecido a una que tenía. Y sin embargo, ella no era nadie para pedirle que se quedara. No era nadie porque ella no tenía nada que entregarle, salvo un afecto platónico.

Kaoru pasó saliva. Su esposo seguía durmiendo, tan tranquilo. Y ella en cambio estaba muy despierta y muy inquieta por dentro. No quería que él se fuera. Que Misao no volviera, que se fuera Hiroshi, que se fuera Genzai, Megumi o Tae, pero Kenshin no, él no.

Él no, por favor…

Kenshin entonces despertó, alerta. Y se puso en pie de un brinco.

Zanza estaba afuera de la casa, mirando el lugar.

Llevaba una enorme espada al acercarse a la entrada de la casa. Enseguida se abrió la puerta y apareció el pelirrojo vestido con la yukata azul que usaba para dormir.

Y también traía una espada, por cierto.

Esto le comprobó a Zanza que el pelirrojo era algo especial. No cualquiera se levanta listo para luchar. No cualquiera escuchaba a Zanza a las doce de la noche. No cualquiera irradiaba ese espíritu combativo impresionante.

-Sabía que vendría, Zanza… usted me buscaba, pero no tengo interés de pelear.- dijo Kenshin como si cualquier cosa. Kaoru se había levantado también.

-Bueno… a mí me han contratado para este combate. Me han pagado y no puedo retirarme. Además, estoy deseando enfrentarme a Battousai Himura, el Patriota. – respondió Zanza tan tranquilo como Kenshin. Hiroshi en su habitación, dormía profundamente. Kaoru se alarmó al comprender que a pesar de sus reservas, había gente que conocía la verdadera identidad de Kenshin e imaginó que eso no era nada bueno. – Eres patriota de la prefectura de Choshu, utilizas la técnica tradicional del Hiten Mitsurugi. Eras destacado con la espada y te convertiste en samurai a la edad de catorce años y actuaste como tal durante cinco años más. La primera mitad de tu carrera consistió en asesinar. Lo hacías en la sombra y a sangre fría… algo te pasó y después te dedicaste a proteger a tus compañeros de los ataques de expertos espadachines contratados por el antiguo gobierno. Si hoy en día eres famoso, es debido a tu notable trabajo en este segundo periodo. Llegó la cruel guerra civil de Boshin y tu desaparición después de los combates y la victoria de Toba-Fushimi. Te convertiste en un vagabundo que vive bajo el nombre de "Kenshin Himura"-

Kenshin se mantenía impávido mirando a su contrincante nocturno. Pero Kaoru no podía tener los ojos más abiertos de la impresión. Nunca pensó en que ese hombre tan tranquilo tuviera semejante historia…

-Un verdadero combate supone antes un estudio sobre el adversario para escoger el tipo de pelea. Tuve que ir a Kyoto, al escenario principal del fin de la era Edo para conseguir esta información que supongo es bastante correcta.- dijo Zanza contento de sus averiguaciones.

-¿Y ya has escogido la modalidad?- preguntó Kenshin a Zanza que se rascaba la cabeza.

-En realidad no. Todo lo que averigüé fue sobre tu carrera. Nada sobre lo que es el estilo Hiten Mitsurugi ni de los motivos que tuviste para convertirte en un pacífico vagabundo, por lo que pensé que una lucha cuerpo a cuerpo estaría bien para empezar.-

Hiroshi despertó en ese momento al sentir voces desde el patio. Se asomó y vio a Zanza. Entonces se vistió y tomó su arma por si el luchador no era capaz de acabar con Kenshin.

Era perfecto…

Primero mataría a Kenshin, luego a Kaoru y finalmente a Zanza con la pistola que había adquirido hacía unos días mediante unos chinos traficantes de armas.

Después, le echaría la culpa a Zanza y se quedaría con el dojo, lamentando la triste suerte de su prima.

Jejejejeje…

-No entiendo, Zanza. Ayer parecías un hombre que defendía a los oprimidos… y en cambio hoy luchas por dinero. Eso no es muy consecuente. ¿Por qué eres asi?- preguntó Kenshin quien tenía la idea de hacer desistir a Zanza de la lucha hurgando en su corazón.

-Eso es algo que no te importa. Sólo debe importarte el hecho de que yo no soporto a los patriotas. Son todos unos hipócritas que se creen con el derecho de manipular la historia en nombre de la justicia que sólo a ellos conviene. Por eso yo quiero… ¡YO QUIERO DESTRUÍR AL ASESINO CONOCIDO COMO EL MÁS FUERTE DE LOS PATRIOTAS!- terminó Zanza con gran pasión a la vez que descubría su enorme Zambatto.

Kaoru estaba inmóvil, con las piernas temblorosas. A ella no le importaba que Kenshin hubiera sido asesino como Zanza decía… y no quería que alguien muriera frente a ella…

-Está bien. Acepto el reto.- dijo Kenshin suspirando.- pero antes dime una cosa. ¿Fue Hiroshi quien te ha contratado para matarme?-

El aludido estaba escuchando todo desde atrás de la casa por donde se movía sin ser notado y se sorprendió de la suspicacia de Kenshin. Pero de bien poco le iba a servir en el otro mundo, asi que se tranquilizó.

-Exacto ¿cómo lo has adivinado?- preguntó Zanza.

Kenshin sonrió.

-Muy poca gente hasta hace dos semanas sabía de mi estadía en este lugar, además de los hermanos Hiruma que están en la cárcel y que allí permanecen. Además noto una energía negativa proveniente del patio. ¡Aparece, Hiroshi!.- dijo Kenshin enérgico.

El primo de Kaoru se quedó quieto en su sitio, impresionado de Kenshin. Maldito sea ese pelirrojo.

-Eres un verdadero experto.- musitó Zanza.

-¡He dicho que salgas de ahí, Hiroshi!- gritó Kenshin. Finalmente Hiroshi se paró delante de ellos. Zanza lo miró unos instantes, antes de añadir.

-Dame eso. -

-¿ Qué? – preguntó Hiroshi con inocencia, sintiendo los ojos de Kaoru clavados en su espalda.

-Dame tu arma… es cierto que no puedo percibir la presencia de alguien como Kenshin, pero al menos conozco los pensamientos de la gente como tú. Por lo demás, desde el momento en que acepto un trabajo como este... ¡no admito intervenciones de ningún tipo!-

En cuanto Hiroshi entregó su arma a Zanza, éste la destrozó usando sólo sus manos. Hiroshi entonces miró con odio a Kaoru.

-Me quedaré con tu dojo, primita.-

Kaoru bajó la cabeza, entristecida. Pensó que siendo amable como lo había sido con Hiroshi en los últimos días, él la dejaría en paz… recordó cuando en la infancia jugaban juntos y eran amigos.

Kenshin notó el gesto de su esposa, pero nada dijo. Sólo pensó en que era una lástima que gente así de nociva rodeara a Kaoru. Él antes había tratado de echar a Hiroshi del lugar, pero Kaoru le hacía saber que ella esperaba que él cambiara.

-Este lugar no es bastante grande para el combate… vamos a un lugar más apropiado. Hay luna, se ve bastante bien… vamos al río.- propuso Zanza.

-Está bien.- dijo Kenshin. Luego miró a Kaoru. – Quédese en cama, Kaoru… es lo mejor, hace mucho frío… -

Kaoru entró en la casa con la cabeza gacha. Y casi enseguida salió con un kimono sobrepuesto a la rápida. Kenshin suspiró imaginando que sólo amarrándola la podría dejar en casa. Él entonces entró para ponerse el hakama y la bufanda azul que tenía.

Hiroshi también se vistió y siguió al trío. Una nueva arma oculta entre sus ropas le aseguraría quedarse con el dojo. Porque al pelear al lado del río, podría matarlos a todos y de paso tirarlos a la corriente.

Y asunto arreglado.

O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O

Fin acto cinco.

Mayo 13, 2005

Revisada e Julio, 17 2016

Notas de Blankaoru.

¡Hola!

Ya era hora ¿no?

En realidad, debo aclarar que mucho de los diálogos entre Kenshin y Yamagata fueron tomados casi textuales del tomo 1 de Rurouni Kenshin, acto 2 edición Glenat. Parte de los diálogos entre Kenshin y Sanosuke en esta última escena fueron sacados casi textuales del mismo tomo, pero del acto 5. Lo que les quiero decir es que todo esto es propiedad de Nobuhiro Watsuki y que pensándolo bien, no sería mala idea editar algún día la historia completa de Kenshin según el manga, por si alguien no la conoce del todo. Realmente me estoy tentando…

Pero por ahora, tengo 4 historias que sacar adelante. Asi que no lo haré de momento.

Este episodio ha sido una mezcla extraña. Al principio, no iba a hacer aparecer al señor Yamagata, pero luego me dije: Como Kaoru aquí no habla y en la serie ella respeta la intimidad de Kenshin, a menos que aparezca Yamagata, será difícil que ella, Megumi y Yahiko se enteren de quién es Kenshin o qué tan importante fue… y claro, debía estar Megumi en esa escena para que supiera sobre ese asunto sin necesitar de Kaoru que está mudita.

También empecé a meter a Yahiko en el cuento porque quería que empezara a admirar desde ya a Kenshin… tal vez en el futuro Yahiko llegue solo al dojo Kamiya, cuando abra sus puertas a los estudiantes, para recibir instrucción de Kenshin, pero tendrá que conformarse con Kaoru…

En fin, las ideas son muchas, pero como les he dicho, este fic sigue los hechos del manga… quizá debería tirar el manga lejos y hacer algo más original, pero creo que lo hace interesante el que Kenshin y Kaoru están casados. Bueno, no sé, es algo que decidiré en el camino.

El otro día bajé el Seisohen hablado en español de España. Para ser sincera, siempre prefiero el doblaje sudamericano porque lo consideraba más… vivo, por decirlo de algún modo. En fin, que me dije "si en esta mugre de video Kenshin llama a Kaoru por "Kori", lo borro". Pero los nombres no sólo estaban correctos, sino que el doblaje también… vibrante, emocionante… ahhhh, me rendí ante el doblaje de los señores españoles y ya les tengo fe nuevamente.

Gracias por la paciencia y gracias a:

Tsuki-ra: Gracias por el cumplido. Un beso.

Shinta-Girl: Los casé en una decisión de último momento… a Hiroshi lo inventé totalmente, pero el resto de los personajes no, aunque he cambiado sus apariciones o desapariciones, como en el caso de los hermanos Hiruma que en el manga son quienes pagan a Sanosuke para matar a Kenshin.

Arihx: Bueno, acepto lo de los saltos en el tiempo, porque ahora que la releí hasta yo me perdí un poco, pero es básicamente porque tengo una larga historia que contar (pretendo llegar hasta el Jinchu) y quiero que avance rápido. Ahora traté de que se notaran un poco más los saltos temporales, pero no sé si ha quedado logrado del todo. Lo de los diminutivos… bueno… eso me pasa cuando tardo muchos días en escribir un capítulo, entonces, como que no leo lo que tenía antes y no recuerdo bien lo que puse… ahora también traté de corregir eso. Gracias por tus comentarios.

ALPHA-JACK: Sep, lo sé, las actualizaciones... creo que me he portado pésimo en ese sentido. Peor ahora último… supongo que es lo malo de crecer y darte cuenta de que lo que para ti es normal como escribir por placer, para los demás es una soberana estupidez por perder el tiempo en una actividad que no te deja dinero. Pero es mi opción, asi como la tuya y la del resto de los escritores de aquí. Afortunadamente.

Thaline sigue en carpeta…

Sole: Actualizado… uuuuy, que demorosa soy.

Yume Fujimi: Kaoru no creo que hable en un buen tiempo… aunque supongo que podrá golpear o lanzar objetos a las cabezas de la gente para hacerse notar. Y hacer enfadar a Yahiko. Sano aún es Zanza, asi que a partir de este episodio que viene se hará llamar Sanosuke Sagara al dejar el Zambatto atrás… aunque tal vez debería seguir con el Zambatto… hum, algo se me está ocurriendo… por lo demás… amo las historias románticas! Y bueno, algunos largometrajes animados tales como "La Bella y la Bestia", "Anastasia" (esa la bajé hace poco) gracias amiga y un beso.

Mangela Kaoru-chan the Tanuki: Disculpa, aún no he leído tu fic pero en cuanto lo haga te lo haré saber… espero que no esté en inglés, porque de eso yo entiendo poco, la verdad… aunque me defiendo con el diccionario.

Kaoru Hino: Que bueno que te haya gustado. La historia sigue luego de este retraso. Un beso.

Elanor Muriel: Hum… a todos les llama la atención eso de que Kaoru no hable aún… es un buen gancho después de todo y me acabo de dar cuenta… jejeje… nos vemos, un beso. Espero verte pronto por aquí nuevamente.

Alma: Bien, ya juzgarás tú si este capítulo ha estado a la altura de las expectativas. Un beso.

Dark-Natt: Hola!... y ahora ante el resto del mundo, Kenshin siempre se referirá a Kaoru como SU esposa… también me gusta eso. Gracias por todo y un beso.

Rinsita Chan: Sep, aunque ha salido algo apresurado lo del matrimonio, me ha gustado sobremanera la idea y veo que a ustedes también… en fin, amiga. Gracias por leerme y escribirme y nos vemos.

Sumire-Chan: El capítulo quedó rápido porque me temo que si sigo la historia tal cual, tenemos para rato y no creo que eso le guste mucho al resto de la gente, asi que intento hacerlo avanzar a costa de sus pobres neuronas que pueden quedar locas con tanto salto en el tiempo… Kanryu aparecerá, pero no como el marido de Megumi, sino como el traficante que es en la serie. Y que bueno que todos mantengan sus personalidades… Un beso, amiga.

.Lavigne: he leido tu fic, aunque no recuerdo si dejé review, ya revisaré… gracias por leerme y te dejo un beso enorme. Y mucho ánimo y suerte.

Justary-san: Besos, Kawai deshi.

MisaoHx: Sobre el nombre del padre de Kaoru, en mi edición Glenat (mi biblia ahora último) sale "Kojiro". Como después bajé el manga completito pero en inglés, verifiqué también y salía Kojiro. Aunque supongo que el que tiene la última palabra será algún japonés que nos pueda traducir lo que dice el manga. Ajajajaja… y gracias por el último comentario de tu review. Besos.

Numat: Pues si que fue un giro lo de casarlos tan enseguida, aunque realmente ignoro si habrá sido cierto eso de que si eras menor de edad y mujer soltera no podías heredar… bueno, la idea la saqué de una novela histórica ambientada en Europa y al menos ahí funcionaba. Como que a Misao aún le queda tiempo… espero poder seguir editando tan rápido como esta última semana. Un beso, y hasta la próxima.

Naoko L-K: Ese Hiroshi es basura y no lo mataré aún porque pienso hacerlo sufrir hasta el cansancio… muajajajajaja… y quien no quisiera estar en los brazos de Ken¿no? Privilegio de pocas, pero bueno. Crucemos los dedos para toparnos al menos con hombres buenos. Un beso, Naoko.

Mikomi Shinomori: Jejeje, lo del matrimonio, que bakán, no? Un millón de besos y nos vemos.

Saiko Katsura: Me gustó mucho escribirla parte en que trataban de engañar a Hiroshi esparciendo la ropa por la habitación…Misao sigue en camino de encontrar a Aoshi y vaya si lo hará. Y prometo actualizar más pronto.

Gaby Hyatt: No le pegué porque en el fondo soy muy indulgente con mis villanos. Pero como Sanosuke ni Kenshin lo serán en el próximo episodio, no importará :D

Mary: Sobre tus preguntas… sí, si, y si. Todo es como lo dices… ajaja… mi imaginación no es tan fuera de lo común después de todo. Un beso, Mari.

Mer1: estaba pensando en si en la era Meiji tenían ese tipo de registros con tu nombre y tus matrimonios, además de la fecha de nacimiento. En América de eso se encargaban las iglesias hasta 1891 (al menos en mi país)

Sobre Kenji, sep, ya ha sido nombrado un buen par de veces… he meditado mucho sobre la masacre de los Oniwabanshuu. La omitiría, porque también me caen bien y sobre todo por Misao, pero creo que es fundamental para la redención de Aoshi el que mueran sus amigos… ya veré como lo hago, total, que eso pasaría en el acto seis siete. Kaoru, no creo que esté enamorada de Kenshin aún. Tal vez simplemente es porque él apareció en un momento difícil de si vida y ella le tuvo confianza… quizá Kaoru ya esté enamorada y no se dé cuenta. (no puedo decir lo mismo de Kenshin) Pero lo cierto es que ella se ha quedado sola y como en la historieta manga, Kaoru lo que anhela es tener una familia aunque sea postiza. Es por eso que siempre le da miedo que se vaya Kenshin… porque cuando él llega, llegan también Yahiko y los demás… y como viste en la historia, cuando se fue el vagabundo, también se separaron todos. Asi que por ahora las motivaciones de Kaoru van por el lado de no quedarse sola. Sanosuke no varió en su aparición, aunque si lo ha hecho Yahiko y Tsubame y espero que el resto de la adaptación quede decente. Un beso.

Blankaoru. Santiago de Chile… a una hora imposible ( 4:02 am) , pero firme en la idea de seguir el fic.