Kenshin y sus amigos no me pertenecen. Son propiedad intelectual de Nobuhiro Watsuki.

Entre mis Brazos

Acto seis.

La Promesa.

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A la orilla del río, Kenshin miraba apenas emocionado a Zanza. Éste caminó delante del pelirrojo y se detuvo, listo para descubrir su espada Zambattou.

-Pido disculpas, aún no me he presentado. Mi nombre es Sagara Sanosuke, más conocido como Zanza. Y en este momento… empezará el combate. ¿Éstas de acuerdo, Kenshin?-

-Me da lo mismo.- respondió el aludido.

Sanosuke entonces quitó la tela que envolvía el filo de su grandiosa espada. Kaoru apenas reprimió un gemido de pavor al ver el filo azulado de la espada reflejando la luz de la luna. E imperceptiblemente sus piernas empezaron a temblar. A pesar de que sentía deseos de vomitar ante el nerviosismo que la asaltó, estaba decidida a permanecer allí por Kenshin. Era lo menos que podía hacer por él.

Hiroshi miraba interesado la escena. Esperaba que esos dos pelearan hasta matarse y si no, al menos quedarían tan cansados que no podrían defenderse de él cuando les disparara. Después se entretendría un rato con Kaoru y la mataría también, porque le traía muchas ganas… si ella le satisfacía lo suficiente, quizá podría perdonarle la vida y quedársela un tiempo.

Sanosuke se lanzó al ataque. Sosteniendo la espada cuyo tamaño era de por lo menos 2 metros de largo, corría ligero en línea recta hacia Kenshin, producto claro está, de su increíble fuerza física.

-¡Morirás!-

Kenshin lo esperaba con la sakabattou delante de él, en posición de defensa. Sanosuke asestó el primer golpe a Kenshin con fuerza. Tierra y piedras saltaron debido a la explosión que se produjo, y enseguida se pudo ver un enorme tajo abierto en el suelo, como evidencia del mortal golpe recibido. La funda de madera de la espada de Kenshin volaba partida en dos…

Pero ni luces de él.

Eso hasta que Sanosuke recibió un fuertísimo golpe en su espalda. Kenshin había esquivado el ataque de Zanza saltando hacia y una vez detrás del hombre, Kenshin giró y lo golpeó de tal manera que Sanosuke voló por lo menos dos metros.

Hiroshi apretó los dientes de la rabia… tremendo pedazo marido tenía su primita.

Sanosuke se levantó del suelo con el rostro sucio, pero no por eso se le veía debilitado. Se irguió y sostuvo con fuerza nuevamente la zambatto.

Kaoru por su parte esperaba que la pelea terminara pronto y que Kenshin no saliera mal herido. Quería que volviera con ella a casa. Pero viendo a Sanosuke levantarse, supo que esa noche Kenshin no la tendría tan fácil. La joven supo que la fuerza de Sanosuke no venía de su capacidad combativa ni de su gran cuerpo, si no más bien de su resistencia a los golpes, porque con eso, quizá Kenshin acabara cansado de tanto golpearlo y fuera más fácil de atacar… porque no se podía decir que fuera normal alguien que se levantaba como si nada después del golpe de Ken.

-Como has visto, Kenshin, este combate no lo ganará el más fuerte de los dos, si no más bien… el más resistente a los golpes.- evidenció Sanosuke.

Kenshin lo miraba serio, sin decir palabra y en posición de defensa. Viendo la resistencia de Sanosuke, él tendría que dosificar su propia fuerza y medir los ataques, para dañarlo efectivamente con cada golpe y no desperdiciar energías.

-Repíteme lo que has dicho al final del combate- sentenció por respuesta, listo para el próximo golpe.

Sanosuke balanceó el Zambatto para asestar el nuevo golpe al antiguo patriota. Pero lo cierto es que con ese movimiento, Kenshin supo un par de cosas que le resultarían muy útiles para actuar. En cuanto Sanosuke le lanzó un nuevo golpe de "barrida", Kenshin simplemente desapareció de su vista.

Y apareció tras Sanosuke, parado sobre el filo del zambatto y en posición de ataque.

-El peso de tu zambatto te limita los movimientos a sólo vertical u horizontal. Es fácil prever tus golpes.- dijo Kenshin antes de correr sobre el filo del zambatto y darle un golpe en el hombro al joven luchador. El pelirrojo saltó hacia delante de Sanosuke y éste rápidamente lo atacó con otro golpe horizontal que Kenshin esquivó agachándose. Enseguida se puso en pie y le dio a Sanosuke una serie de golpes sucesivos en diversas partes del cuerpo como endemoniado. Sanosuke una vez más acabó en el piso, tendido esta vez de espaldas y Kenshin se acercó a él.

-Sanosuke… acabemos con este combate inútil. Eres muy fuerte… has resistido el golpe "Escamas de Dragón" y te admiro por eso, pero esto en realidad es innecesario. Vamos para que te vea un médico.-

Sanosuke, tendido de espaldas, sólo podía ver el rostro de Kenshin con la luna llena a sus espaldas. Y fue asi como en su estado de semiinconsciencia empezó a soñar.

Soñaba que era un niño de diez años. Un hijo de campesino que no tenía apellido. Sólo con su nombre y sus ganas de cambiar el sistema, Sanosuke abandonó su hogar y se unió a la tropa Sekihou, siguiendo los ideales de un hombre al que admiraba. El capitán Sozo Sagara.

-Sanosuke, se abre ante nosotros una nueva era. Se acabarán los tiempos en que los más débiles eran oprimidos y las diferencias entre clases sociales. Nosotros somos precursores de la igualdad…-

"Su buen desarrollo depende de nosotros…" sé muy bien todo eso, capitán Sagara.- completaba el niño Sanosuke con una sonrisa soñadora en sus labios, al lado del capitán.- Cuando llegue esa época, capitán Sagara… ¿yo tendré un nombre de familia, verdad? (en la era Tokugawa los campesinos no tenían apellidos) Si es así, yo quisiera llamarme "Sanosuke Sagara"… quiero tener su nombre, capitán.-

-¿Sanosuke Sagara? No suena muy bien… - había sonreído el capitán mientras caminaba delante del niño y éste lo seguía lleno de orgullo.

Él llevaría el nombre de su admirado capitán. Era muy varonil, muy valiente, capaz de luchar hasta el cansancio, con una capacidad de líder innato al ser capaz de reclutar a tanta gente para ayudar a los patriotas en las batallas a traer una nueva época de prosperidad e igualdad, con la promesa de que ganadas las batallas, los impuestos a los campesinos se reducirían… y por eso los campesino habían luchado sin importar las bajas, con rudimentarias armas y mucho, pero mucho coraje.

Sin embargo, una vez en el poder, los patriotas no reconocieron las promesas hechas al grupo Sekiho e hicieron correr la información de que la tropa no era más que un falso grupo que nada tenía que ver con el nuevo gobierno y que obedecía a intereses propios. Días después, ejecutaron a Sozo Sagara cortándole la cabeza y exhibiéndola en alguna plaza pública, deshonrado, donde Sanosuke a la distancia, la contemplaba con lágrimas de rabia en sus ojos… con ganas de morirse porque su sueño de pronto era un horrible verdad, peor que una pesadilla…

Los patriotas… ¡los muy malditos patriotas!

Sanosuke regresó al presente… no había soñado… ¡había recordado! Con rabia, furioso, Sanosuke empezó a gritar.

-¡No puedo perder… los patriotas… los patriotas le hicieron mucho daño a la tropa Sekiho!-

Kenshin reparó en las palabras de Sanosuke. La tropa Sekiho… él recordaba muy bien esa historia y sabía la verdad con respecto a su capitán. Fue asi como Kenshin comprendió el rencor de Sanosuke hacia él, que representaba a los patriotas que tanto odiaba.

Hiroshi por su parte aprovechó el momento para sacar su arma.

-¡Muere, maldito pelirrojo!-

Kaoru saltó sobre Hiroshi para detenerlo. El primer disparo se perdió en el cielo pero él lanzó a Kaoru al suelo para que no lo molestara. Rápidamente apuntó a Kenshin.

Y disparó.

Kenshin fue lanzado hacia atrás por la fuerza con la que recibió el impacto… en una pieza metálica con la que finalizaba la empuñadura de su espada y que fue lo que le salvó la vida por un pelo… se había distraído mirando a Kaoru que era violentada por protegerlo. Por un momento había sentido pánico al recordar una escena similar de su pasado.

-Estúpido pelirrojo… ¿creías que era tan imbécil como para tener sólo una arma? Sabía que Zanza no podría contigo… ¡me quedaré con el dojo!.- gritó Hiroshi esta vez apuntando a Kaoru y listo para apretar el gatillo. Amaba las armas occidentales, eran tan efectivas…

Kenshin se levantó lleno de coraje contra Hiroshi para masacrarlo, pero no fue necesario que lo hiciera, porque Sanosuke se le adelantó a la hora de darle de golpes.

-¡Te dije que este combate era mío y que no acepto intervenciones externas!. ¡Acaso no entiendes el buen japonés!-

Sanosuke le quitó su arma a Hiroshi y la rompió usando sólo los puños, tal como la anterior.

-¡Tampoco me gustan los maricones que se aprovechan de las mujeres indefensas!.- dijo esta vez Kenshin fuera de sí, rompiéndole la nariz a Hiroshi de un limpio puñetazo. Luego caminó hasta Kaoru y la tomó de una mano. La pobre niña temblaba y apenas podía moverse, sin embargo, Kenshin anotó mentalmente que ella se había movido antes para ayudarlo. Y con ese pensamiento, algo se movió en su corazón. –¿Está bien?, ¿se ha hecho daño?-

Kaoru negó con la cabeza. Pero miró a Sanosuke avanzar hacia ellos con la espada grandota en la mano, por lo que ella abrazó a Kenshin. Éste sintió la presencia de Sanosuke y apartó a Kaoru de si con cuidado. Hiroshi, sangrante, "dormía" sobre la tierra.

-Vamos a terminar este combate de una vez Kenshin.- dijo Sanosuke listo para atacar. Kenshin no quería seguir peleando por nada. Sólo quería llegar al dojo a reposar con su esposa a su lado, pero era evidente que Sanosuke no lo dejaría en paz y que por ahora no podía pensar en una tranquila noche. Tomó su espada y sin poder evitarlo, besó a Kaoru en la frente antes de levantarse y sonreírle.

-Sanosuke Sagara… sobreviviente de la tropa Sekiho, acabemos con esto de una vez.-dijo Kenshin dando vuelta su espada, dejando el lado afilado dispuesto para el ataque.

Sanosuke empezó a girar la espada zamba por sobre su cabeza, como si de las hélices de un helicóptero se tratara, intentando alejar con la fuerza centrífuga a Kenshin, desestabilizarlo y golpearlo.

-Los malditos patriotas me quitaron mis sueños, acabaron con el capitán Sagara y han dejado en mí sólo la ira. En estos diez años solo podía olvidar eso cuando peleaba en las calles y gracias a eso me hice muy fuerte. Y con esa fuerza… ¡TE VENCERÉ, PATRIOTA MÁS PODEROSO!-

-Tu fuerza no te servirá de nada, Sanosuke.- dijo Kenshin antes de lanzarse al ataque, partiendo la espada de Sanosuke en dos gracias a su potencia y al extraordinario filo de su sakabattou.

Después de eso, Kenshin saltó sobre Sanosuke, golpeándolo en la cabeza. Pero éste no cayó como Kenshin esperaba.

-Insisto en que eres muy fuerte… eres la primera persona que soporta mi técnica de pie.- dijo Kenshin con genuina admiración.-Pero debes reconocer que no te encuentras bien. Terminemos esto aquí. Llamaré a una muy buena doctora… espero que no tengas prejuicios contra las mujeres médico.-

-¡Aún no hemos acabado, aún no he perdido!... ¡En nombre de la tropa Sekiho debo vencerte!-

Kenshin se acercó enojado ha Sanosuke. Y le asestó un tremendo puñetazo en la cara. Le dolía un poco la mano después de haberle dado un golpe similar a Hiroshi, pero no le importaba. Ambos se lo tenían merecido.

-No te equivoques, Sanosuke. ¿Acaso el capitán Sagara te dijo "debes acabar con los patriotas" o te dijo "debemos alcanzar la restauración"?-

Kenshin avanzó hacia Kaoru mientras Sanosuke reflexionaba en sus palabras. Kaoru corrió a los brazos de Kenshin donde se refugió.

-Sanosuke.- prosiguió Kenshin al notar la duda en el rostro varonil.- La era que tanto soñamos aún no ha llegado. Aún hay gente que es oprimida y atacada, gente a la que debemos proteger… es cierto que yo fui un patriota y todo lo que hice lo hice con la firme convicción de que era lo correcto para traer paz a este país pero lo cierto es que yo también guardo mucho rencor. Mis ideales me llevaron a cometer horribles crímenes y por causa de ellos perdí a quien más me importaba. Por eso ahora yo debo luchar para tratar de que al menos toda la sangre derramada, tanto de mis compañeros como de mis enemigos no haya sido en vano y los niños puedan crecer tranquilos. Tengo una esposa a la que debo cuidar y aunque no sé si mereceré tal cosa, Sanosuke, al menos estoy seguro de que tú ayudarías mucho si evitaras los combates inútiles. –

Sanosuke quedó estupefacto por unos momentos. Kenshin giró hacia su esposa como si nunca hubiese peleado, con esa calma que emanaba.

-Kaoru… vamos a casa. Está haciendo frío, ¿no?.-

Kaoru había escuchado atentamente el discurso de Kenshin y le llamó la atención cuando dijo "perdí a quién más me importaba". ¿Se trataría de alguna mujer?

Kaoru se aferró al brazo de Kenshin y avanzó con él. Sintieron entonces a Sanosuke desplomarse a sus espaldas.

-Capitán Sagara… he perdido ante este hombre.-musitó, antes de cerrar los ojos.

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Esa noche hacía un frío de perros. Y Hiroshi seguía muy inconsciente sobre un lodazal. Como burlándose de él, la pistola que había comprado estaba destrozada a su lado.

Mientras, Sanosuke se había arrastrado con ayuda de Kenshin y Kaoru hasta un cuarto en el que vivía y allí lo dejó el matrimonio Himura. De alguna manera Sanosuke había creído en lo que le dijo Kenshin, pero antes de dormirse había decido observar a ese hombre para comprobar si era tan cierto lo que él le había dicho acerca de ayudar a la sociedad.

Kenshin y Kaoru finalmente habían llegado a la casa. Mientras entraban al dormitorio, Kenshin se disculpó con Kaoru.

-Debí haber echado a Hiroshi antes. Es un hombre pervertido sin duda… ya no cambiará… -

Kaoru sólo bajó la cabeza con tristeza. Y se acomodó para dormir de espaldas a Kenshin.

Kenshin apagó la lámpara y se metió a la cama agradeciendo tener un lugar tranquilo y protegido para dormir en una noche como esa.

Momentos después sintió como el cuerpo de Kaoru se relajaba contra él. Ella se dio la media vuelta y se acercó a él, apoyando la nariz en su cuello y durmiéndose.

Kenshin no pudo evitar suspirar conmovido. Se preguntaba si esto que estaba sintiendo ahora sería la esquiva felicidad, porque si no lo era, al menos debía ser un estado muy parecido.

Se permitió abrazar a Kaoru y apretarla un poco más fuerte. Se dijo a si mismo que así la cuidaría del frío nocturno. Ya en el verano se le ocurriría alguna otra buena excusa que explicara su comportamiento… y aunque se sentía cansado, pensaba que estando asi con ella, ni sueño le entraba.

Sonrió. Hacía años que no experimentaba nada parecido. Pero ahora era diferente… ¿Kaoru no le guardaría algún tipo de rencor, verdad?

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Sanosuke apareció dos días después por el dojo.

Kaoru estaba practicando con la espada de bambú, a vista y paciencia de Kenshin que acababa de tender la ropa después de lavarla. Ella necesitaba estar en forma nuevamente para regresar a dar clases en el dojo Maekawa, donde trabajaba junto a su padre antes del… del homicidio de éste. También quería reabrir su propio dojo y enseñar a todos que la vida era algo tan valioso que nunca se debía tomar sino proteger. Kaoru le había enseñado a Kenshin los escritos de su padre al respecto y éste no pudo menos que admirarse de quien había sido Kojiro Kamiya.

Sanosuke les contó que había decidido abandonar las peleas callejeras. En parte por Kenshin y en parte por una doctora que había conocido. Era, según él, la mujer más exasperante que había sobre la tierra asi que Sanosuke no contribuiría a mandarle más pacientes, no fuera a ser que esa mujer quisiera establecerse en Tokio para siempre.

Eso, porque al día siguiente del combate con Kenshin, Sanosuke fue a que la doctora le examinara las heridas, recibiendo un sermón sobre los gamberros que abundaban en la sociedad, que eran unos buenos para nada y que se la pasaban todo el día peleando por ahí para sentir su día completo y que eran unos machos verdaderos. Finalmente había acabado riñendo con Sanosuke y él a su vez acabó renegando de las mujeres suspicaces como ella.

Pero además, Sanosuke tenía un pequeño problema.

No tenía dinero.

Claro, estaba bien, se redimiría y contribuiría a la sociedad, pero si lo único que sabía hacer era pelear y ahora no podía hacerlo, ¿de qué iba a vivir?

Mientras resolvía ese inconveniente, comería donde Kenshin. Asi aprovecharía de observarlo. Quizá seguiría sus pasos.

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Kenshin esa noche, antes de retirarse a dormir, decidió que ya no podía seguir aprovechándose de la situación. Después de todo el matrimonio con Kaoru había sido por conveniencia y para protegerla de Hiroshi… que por cierto, hacía ya una semana que no aparecía.

Kenshin estaba seguro de que no se volvería a aparecer por el dojo ni se acercaría a Kaoru para molestarla. Por lo tanto, ya no era necesario dormir en la misma habitación. No tenían que seguir fingiendo algo que no eran.

Eso fue lo que le dijo a Kaoru entonces. Ella comprendió y consintió que Kenshin escogiera una habitación para dormir por las noches. Desde ese momento, Kenshin tendría su propia habitación en la casa, ya que aún no podía irse hasta que Kaoru fuera mayor de edad ante la eventualidad que apareciera alguien más a reclamarle la herencia, es decir, la casa, aunque Kaoru ni ganas tenía de que Kenshin se fuera. Él le hacía buena compañía en la casa alejando su soledad, tristezas y miedos.

Kenshin extendió su futón y se preparó para descansar. Kaoru en su pieza hacía lo mismo.

Ambos se metieron en sus respectivos lechos y se quedaron dormidos.

O al menos lo intentaron.

Kaoru se daba vueltas y vueltas, sin encontrar una posición que le acomodara. Kenshin por su parte meditaba muy seriamente en la posibilidad de cortejar a su esposa, diciéndose a sí mismo que estaba bien porque asi ella recuperaría la confianza en sí misma y ya no temería a los hombres, idea que luego desechó por imaginar que lo que Kaoru necesitaba era a un hombre que le hiciera compañía y la cuidara. Nada más.

Era mejor estar separados. Él estaba empezando a tener problemas últimamente para controlar sus manos cuando estaban descansando, y eso no era bueno ni apropiado para Kaoru.

Cerca de las tres de la mañana Kenshin vio que su puerta era corrida. Tomó la sakabattou que tenía junto a su lecho sintiendo un peculiar aroma llegar a la habitación que reconoció enseguida.

Era un aroma de flores…

Kaoru se acercó a él y tiró de la manta de su lecho.

-¿Tiene algún problema, Kaoru?-inquirió Kenshin un poco nervioso.

Kaoru negó con la cabeza. No tenía problemas. Simplemente se había acostumbrado a dormir con Kenshin a su espalda y eso tenía solución, por lo que no era un problema. ¿O si? Empezó a acostarse al lado de su esposo.

-Ya no está Hiroshi, Kaoru… esto no es necesario… creí que lo había entendido.-

Kaoru sintió como si Kenshin la golpeara. ¿Acaso a él no le gustaba dormir con ella?

La joven detuvo su acción y pasó saliva. Se tensó y decidió salir de allí. Ella no sabía que lo molestaba y de pronto sintió el escozor de las lágrimas en sus ojos.

-Quiero estar contigo…-

El débil murmullo llegó a los oídos de Kenshin quien se volvió para mirar a Kaoru asombrado. ¿Había hablado?

Kaoru solo tenía la cabeza baja y los ojos brillantes, pero no de alegría. Kenshin la tomó por los hombros.

-¿Dijo algo… dijo algo, Kaoru?-

Ella sólo lo miraba con sus ojos muy abiertos. Él la apretaba en busca de una respuesta que ella no podía darle. La joven bajó la cabeza separándose de él y se destapó para acabar de salir de la cama. Kenshin la miraba confundido… afuera, un fuerte viento anunciaba tormenta.

Ya le había pasado una vez a Kenshin eso de escuchar algo que no era… quizá nuevamente él estaba imaginando cosas. Quizá estaba medio dormido después de todo, pero esas palabras retumbaban fuertemente en su cabeza.

Kaoru ya había alcanzado la puerta cuando una mano la detuvo para que no saliera de la habitación.

-¿Quiere dormir conmigo? Si no le molesta, claro.-dijo Kenshin en un tono muy bajo que de alguna manera llamó la atención de Kaoru y le aceleró un tanto el pulso. Aún la sostenía de la muñeca y ella asintió sin atreverse a levantar la vista. Kenshin la guió a su lecho y se acostaron juntos. Él encendió una lamparita de luz tenue.

Kaoru se acercó a Kenshin, posando las manos sobre el pecho de éste. Sintiendo su calor y su aroma, la joven escuchó como él tomaba aire.

-¿Estaba asustada?, ¿Tuvo alguna pesadilla?-

Realmente no la había tenido, pero si Kenshin necesitaba creer eso para acompañarla, que asi fuera. Kaoru asintió con la cabeza.

-¿Quiere que durmamos asi siempre?, ¿Se siente más segura?-

La joven nuevamente asintió. Kenshin la estrechó, un poco dudoso y bastante nervioso, pasando saliva.

-¿Me tiene miedo?-

Kaoru negó enérgicamente.

Y lentamente comenzó a deslizar una mano por la cintura de Kenshin, rodeándola.

Kenshin buscó aire desesperadamente, porque sintió que se estaba quedando sin ese elemento y bajó la vista para tratar de mirar a Kaoru. Ella estaba tendida de lado, apegada a él y lo miraba con sus enormes ojos azules y una expresión de total abandono hacia él.

¿Sería posible que ella…?

Kenshin bajó su cara lentamente a la de la joven, sin dejar de mirarla. Tenía que comprobarlo.

Kaoru no se apartó de ninguna manera, entreabriendo ligeramente los labios.

El pelirrojo la tomó de un hombro, moviendo a Kaoru hacia atrás, con cuidado, para no lastimarla. Y al tenderla de espaldas, posó su boca sobre la de ella. Se separó entonces esperando su reacción.

-¿Me tiene miedo ahora?-

Kaoru entrecerraba los ojos y tomaba aire, negando, mirándolo.

Kenshin bajó su boca nuevamente a la de la joven. Pero esta vez la presionó un poco más, sintiendo la suavidad de su boca y lo carnoso de los labios juveniles.

Kaoru cerró los ojos y llevó una mano a la mejilla de Kenshin, sintiendo la textura de una cicatriz que no la atemorizaba. Y él tomaba su labio inferior para succionarlo, acariciándolo con su lengua.

La chica empezó a temblar y a inquietarse un poco. Kenshin, a pesar de sus deseos, se detuvo.

La miró a los ojos y le besó la frente. Apagó la lámpara y dijo al oído de la joven, mientras la acomodaba a su costado para dormir, dichoso como ella por el pequeño avance.

-No sé que haría sin ti.-

Kaoru lo besó en las mejillas y sobre los párpados por toda respuesta.

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Sanosuke solo sabía agarrarse a puñetazos con el prójimo. Por eso, cuando supo que necesitaban guardaespaldas para un importante señor, enseguida aceptó el trabajo.

Claro, ganaría dinero por maltratar a alguien que seguramente era un malnacido y ayudaría a la sociedad. Por algo se empezaba ¿no? De paso, le demostraría a cierta doctora lengua larga que él no era un gamberro. Es más, iría en ese mismo momento a decirle que ya tenía empleo.

Cuando llegó a la consulta, se encontró con Kenshin sentado en la sala de espera.

-Hola, amigo. Qué bueno verte.- saludó Sanosuke animosamente.

-Hola Sanosuke. ¿Qué cuentas?- respondió el pelirrojo con cierto brillo especial en su mirada.

-Tengo empleo. De guardaespaldas. Ajajajaja… y para que veas como es de raro el mundo, estoy protegiendo ni más ni menos que a un patriota. ¿Conoces al señor Tani? Es un tipo horrible que parece cerdo.-

-¿Oro?... ahh, claro que lo conozco. En alguna ocasión me tocó protegerlo… pero fue hace mucho tiempo.-

-Pues parece que volverás a cuidarlo. Ayer en la noche escuché cómo hablaba con alguien para que te ubicara. Ya llegó a sus oídos que en Tokio habita "Battousai". Te advierto que paga muy bien, asi que estaría bueno que te presentaras en su residencia. Y de ser posible esta noche.-

-¿Hoy¿Y por qué?- quiso saber Kenshin que esa noche tenía planeado llevar a Kaoru al teatro como sorpresa. Tae le habia regalado las entradas.

-Bueno, Kenshin… lo que pasa es que anda un loco asesinando a algunas personas del gobierno… un tal Sombrero Negro. Y el asunto es que le mandó a Tani una nota donde dice que esta noche a las doce lo matará. Por eso el cerdo de Tani está tan asustado. Creo que hasta ahora, todas las personas que han recibido la amenaza del Sombrero Negro están bajo tierra, amigo.-

En ese momento salió Kaoru de la consulta junto a Megumi. La más joven miró a Kenshin con afecto y se acercó a él. Era hora de partir a casa.

Pero Kenshin estaba pensando en otras cosas. Por ejemplo, en que realmente necesitaba ganar algo de dinero también.

-Kaoru, necesito que esta noche se quede con Megumi. Es necesario, tengo cosas que hacer y no quisiera que se quedara sola en el dojo.-

La sonrisa de Kaoru se esfumó, pero no podía hacer otra cosa de momento que acatar a Kenshin. Aun su brazo no estaba en condiciones de esgrimir un arma y salir victoriosa en un combate. Lo mejor sería permanecer junto a Megumi… y seguir entrenado en lo sucesivo para recuperar su habilidad y no depender de nadie.

Kenshin la besó en la frente, se la encargó a Megumi como si fuera su tesoro y prometió regresar en cuanto pudiera.

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Quien llegó al día siguiente al dojo no fue Kenshin precisamente.

Más bien fue Sanosuke, con una nueva herida en la muñeca derecha. Megumi lo atendió mientras Kaoru, pálida, lo miraba en busca de respuestas sobre el paradero de Kenshin. Cuando Sanosuke estuvo en condiciones, habló con ella.

-Escucha, chiquilla… lo siento mucho, pero Kenshin me ha dicho que no regresará. Incluso te ha enviado esto conmigo…-

Sanosuke buscó en uno de los bolsillos de su chaqueta y encontró un anillo dorado.

-No entiendo por qué Kenshin usa esta cosa, pero dice que lo conserves. Que ya no será necesario que él lo utilice.-

La alarma de Kaoru fue interpretada por Megumi que exigió explicaciones. Sanosuke tomó aire y empezó.

-Verán… lo que pasa es que anoche apareció ese tipo… uno al que apodan Sombrero Negro. El sujeto es un maniático que solo quiere matar y anoche iba a echarse al señor Tani, el hombre que me contrató de guardaespaldas pero que pidió expresamente que ubicaran a Kenshin para que lo protegiera. Por eso Kenshin me acompañó ayer. Íbamos a trabajar. Cerca de las doce apareció el Sombrero negro y no mató a nadie, pero porque vio a Kenshin y dijo que no había nada mejor que pelear con Battousai y que cambiaba de objetivo. Que buscaría a Kenshin y lo mataría.-

Kaoru ahogó un grito de angustia. No podía creerlo.

-Kenshin dijo que si estaba cerca de esta chica que es su esposa, él no podría pelear con el Sombrero Negro, porque se desconcentraría. Lo que pasa es que ese tipo es tan hábil que Kenshin teme no ser capaz de vencerlo, por eso prefiere que Kaoru no se meta en este asunto, que no se exponga al peligro de ser atacada por Sombrero Negro que anda a la caza de Kenshin.-

Kaoru miraba la alianza sobre la palma de su mano. Kenshin… él no podía irse.

Ya le había devuelto el anillo, lo que implicaba que disolvía su matrimonio, pero…

Ella no quería quedarse sola de nuevo. Él había prometido dormir con ella y cuidarla… no quería que desapareciera de su vida.

"Soy un vagabundo… un día estoy aquí, otro allá. Puede que me vaya algún día…" le había dicho Kenshin en una ocasión.

No. Ella no quería que se fuera. Se levantó y trató de salir. Sanosuke la tomó de un brazo adivinando su intención.

-Escucha, chica… Kenshin lo dijo, no te quiere cerca de él en este momento. Quédate con la doctora.-

Kaoru miró a Sanosuke con los ojos llenos de lágrimas, con una mezcla de rabia y temor. Se soltó de la mano de Sanosuke con un vigor que impresionó al luchador y salió corriendo. Megumi se la quedó mirando y Sanosuke a su vez se quedó mirando a Megumi.

-¡Qué chica tan caprichosa… le estoy diciendo que no vaya y parte igual!-

-Es obvio que alguien como tú no la comprenda si no conoces la historia de esa chica. Sus padres murieron hace como dos meses más o menos y no tiene a nadie salvo a Kenshin, su marido. Sin duda que ella conoce muy bien lo que es la soledad y el temor y ese hombre es el único que puede darle confianza y ayudarle y si él desaparece… creo que Kaoru preferiría morir.-

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"Por razones tácticas, los antiguos samuráis, hijita, se movían en las orillas de los ríos cuando esperaban algún ataque".-le había dicho Kojiro a su hija cuando le narraba la historia de los samuráis más valerosos. Y ahora, Kaoru, recordando eso, iba en la búsqueda de Kenshin siguiendo esa recomendación.

La corriente del río estaba especialmente fuerte ese día. Kenshin, sentado sobre un tronco, meditaba. Necesitaba ganarle a Sombrero Negro… necesitaba salir vivo de su próximo encuentro. Una esposa lo esperaba. Una esposa cariñosa, mujer hermosa, niña indefensa que lo requería.

Sintió pasos a su espalda y se preparó para atacar. Hasta que algo le dio en plena cabeza.

Se volteó y se encontró con Kaoru mirándole con cara de pocos amigos. En el suelo, algo brillante llamó su atención.

El anillo… el anillo de matrimonio.

Lo recogió. Kaoru se acercó a él y se sentó a su lado en el tronco, sin mirarlo. Parecía que esperaría a Sombrero Negro con él.

-Kaoru… debe irse… ¿sabe quien es Sombrero Negro?-

Kaoru asintió. Pero no se movió ni un ápice.

-Si usted está conmigo, no podré protegerla, Kaoru. Y no quiero que nada malo le pase por mi culpa. Me moriría ¿entiende?-

Kaoru bajó la vista. Miró a Kenshin y le quitó el anillo que él aun sostenía en la mano. Se lo colocó en el dedo anular de la mano izquierda y arrodillándose frente a él, Kaoru llevó la mano de Kenshin hasta su mejilla. Kenshin comenzó a acariciarla. Y la abrazó.

-Está bien. Lo prometo, Kaoru. Pase lo que pase, yo volveré. Pero ahora regrese con Megumi.-

Kaoru sonrió y se puso de pie. Besó a Kenshin en las mejillas y al separarse le dedicó una sonrisa. Ella confiaba en él. Abrió la boca y entonces una mano negra la cubrió por completo.

-¡AJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAAJA! TE HE VISTO… TE HE VISTO, BATTOUSAI. ASI QUE ELLA ES TU MUJER… AJAJAJAJAJAJA… VEN BATTOUSAI, TENDRÁS QUE LUCHAR CONMIGO SI LA QUIERES VIVA!-

Sombrero Negro había aprovechado lo rápido de la corriente para improvisarse una embarcación y raptar a Kaoru Eso sin duda enfadaría a Battousai… tenía una cara de imbécil cuando la miraba, que no se la podía. El tonto de Battousai estaba enamorado.

Lanzó hacia Kenshin la cinta del cabello de Kaoru con algo más. Un desafío.

Se encontrarían esa noche en las afueras de un templo abandonado.

Al menos Sombrero Negro tenía razón… Kenshin estaba enfadado.

Endemoniadamente enfadado.

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Fin acto seis.

Junio 17, 2005. 07: 23 am

Revisión Julio 17, 2016

... tengo sueeeeño... buenas noches.

Reviews:

Rocío-asakura: Queridas Ren y Rocío… bueno, espero que no les hayan retado por estar saltando tan temprano por la habitación… supongo que quizá Rocío no hacía tanto escándalo como Ren que la estaba retando… jejeje… aunque Rocío también es medio gritona, en fin. Gracias, gracias por su review, estaba lindo. Que bien que les haya gustado el fic, y si, va a pasar la venganza de Enishi y todo lo de Tomoe. Ojalá este episodio les guste… un beso.

Herema: Bien, que chido que te agrade la historia. Aquí lo seguiré hasta acabarlo. Es mi nuevo fin en la vida. Un beso. Y gracias.

Ghia-Hikari: De más que le saca el miedo a Kaoru nuestro Kenshin, porque para eso él es ideal, es lindo y perfecto… además, es la idea¿no? Asi que paciencia, que Kenji aparecera.

Alma: Hola! Que lindo que te guste el fic. Espero que ese episodio también te guste. Un

beso.

Saiko Katsuka: Hola! Si, las cosas ya tiene que ir evolucionando, porque ya era hora¿no? Además, siempre que releo mis fics me parece que van demasiado calmados y no sé si eso será bueno. Ya veremos más de Misao y Aoshi en el próximo episodio, cuando aparezcan los Oniwabanshuu. Ojalá que esta entrega te guste. Un besito :D

MisaoHx: Aun sigo descargando los capítulos y tengo la cuarta parte de la serie guardada celosamente en mis cds. Ahora, entre el manga y la serie de televisión, para mi es mejor el manga porque ¡lo abres donde quieres y lees lo que te interesa! Aunque en la serie le meten un poquitín más de romance, lo que se agradece. Yo también empecé a ver Kenshin desde la saga de Kyoto, justo del capítulo cuando se va y Kaoru se queda llorando. Y yo llorando con ellos como Magdalena… ¡y ni sabía de que se trataba la cosa!. Después me hice bien fanática. Yo creo que ya me traumé.

Naoko L-K: Claro que las cosas están tomando un rumbo interesante… uuuyy, y ni te imaginas lo que se viene en este capítulo. Un beso. Cuidate mucho mucho :D

Maka: Uy, te llamas como mi hermana mediana (viene después de mi y tiene 22 años) es muy linda… y cuando empecé a escribir era la única persona capaz de escuchar mis historias. Gracias por interesarte y un beso grandote.

Gabyhyatt: Bueno, Gaby, acá se verá que pasa con el descriteriado de Hiroshi. Es bien maldito, pero se las va a ver.

Rinsita-chan: La acción que faltó en el anterior debiera verse acá… aunque siempre me ponen nerviosa las batallas, porque siento que eso si que lo describo muuuuy mal. Pero se hace lo que se puede. Un beso. Nos leemos.

Mari: Oh… sep, he descubierto que hay computadores que se reusan a ayudarle a uno en la labor de dejar mensajes. Sobre Hiroshi, realmete me da pena matar a mis villanos aunque sean muy desgraciados, porque siento que la muerte es como un premio para ellos. entonces, seguramente haré algo para que sufra mucho y no se pueda ni su conciencia el perro.

Sobre Kenshin y Kaoru, en este episodio habrá una sorpresa de esas tan tiernas para que suspires un poco. Un beso, nos leemos.

Dark Shadow: Pasará tiempo antes de que Ken y Kaoru consumen su unión. Quizá porque cuando ya estén listos para hacerlo, aparezca alguno de los malos de turno como Enishi… pero prometo hacerlo tan lindo que se les olvidará todo el tiempo perdido. Kaoru… me estoy quebrando la cabeza tratando de decidir cual será el mejor momento para hacerla hablar… quiero el momento más que adecuado para ello.

Un beso, amiga.

Bueno… sobre mí… me estoy adaptando a mis compañeros nuevos. Al conocerlos he descubierto que son muy cálidos y no me asustan tanto. Además, estoy aprendiendo mucho de ellos y eso es bueno. También pude adaptarme al nuevo estilo de fanfiction y ya no me rompo tanto la cabeza tratando de inventar como diferenciar los diálogos. Ya me acostumbré a usar las negritas y cambié la forma de editar mis capítulos… reviews primero, comentarios después, historia y final con la hora y el dia.

Gracias, gracias a todas por seguirme con este fic. Les pido disculpas… no había podido actualizarlo antes y por lo demás, ya saben, tengo otros tres en lista de espera a ser actualizados. A veces me pregunto si no debiera ya de plano escribir una serie de un tirón en vez de actualizarla una vez al mes. Quizá asi lo haga. Quizá no siga escribiendo series después de terminar las otras tres y asi pueda dedicarme a una sola. ¿O les gusta la variedad? Aunque últimamente ando muy apretada de tiempo y solo puedo dedicarme el viernes en la noche y parte del jueves a mis labores de escritora. Espero que les guste este episodio… un besote a todas y todos.