Entre mis Brazos
Acto siete
Por Tocarte
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"Preséntese esta noche a medianoche delante del Templo del Bosque Chinshu.
Jinne Udo"
Kenshin siguió la instrucción del papel y no porque quisiera, si no más bien porque no le había quedado de otra. Había ido al Templo durante la tarde y ni rastros de Jinnei ni de Kaoru. No sabía por donde empezar la búsqueda y se torturó pensando un momento en que Sombrero Negro pudiera entregarle a su esposa muerta pero luego meditó que sería más del estilo del asesino tener a Kaoru viva hasta que realizaran su encuentro, para darle a él la posibilidad de defenderla y pelear a muerte por ella, que era lo que Sombrero Negro quería finalmente.
Tener un duelo extremo con él.
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-No me mires así. No voy a comerte.- dijo Sombrero Negro a Kaoru. Ella estaba con las manos atadas, sentada sobre un mini santuario y bastante intranquila. Al principio, cuando Jinnei la raptó, tuvo mucho miedo. Se sintió enferma e incluso vomitó un par de veces, ante la posibilidad de estar indefensa a solas con un hombre que podría hacerle lo que quisiera sin que ella pudiese oponer mayor resistencia. Pero el asesino no era tan depravado porque la dejó vomitar tranquilamente. Luego le dio agua para que limpiara su boca y bebiera. Después le ató las manos.
Kaoru comprendió que sin duda el interés de Jinnei no estaba en dañarla, si no en pelear y usarla de carnada para Kenshin y a la vez, llegó a la conclusión que incluso éste asesino tenía mucho más honor que aquellos que la atacaron. Se calmó notoriamente… incluso Jinnei, siendo despreciable, era mucho mejor que quienes abusaron de ella.
Sombrero Negro consultó su reloj y notando que faltaban cinco minutos para la medianoche, dijo a Kaoru.
-Ciertamente te he raptado para enfurecer a Battousai. Ahora él es un cobarde a quien yo podría vencer en lo que me fumo un cigarrillo y no sería divertido. Antes… jajaja... antes la palabra "Battousai" asustaba bastante y era de respetar, pero ahora está acabado.-
Kaoru asimilaba la información… había oído muchas cosas de Battousai, pero pensaba que todas ellas eran solo mitos. Como aquellos que decían que Battousai era capaz de matar a tres hombres o más con un solo movimiento de espada pero, por más que lo pensaba, esa imagen no encajaba con la que tenía ella de Kenshin, su marido. Kenshin, el vagabundo, era pacífico, amable y lindo. Él no podría matar a nadie.
Sin embargo, si recordaba, le parecía que en alguna ocasión había notado una mirada especial de él para Hiroshi, la noche en que su primo intentó atacarla y Kenshin le puso la espada en la garganta…
-Lo bueno de Battousai es que es bastante puntual.- dijo Jinnei o Sombrero Negro, soltando su cigarrillo y desenfundando su arma.
Kenshin apareció ante ellos. Kaoru sintió como su corazón daba un brinco al reconocerlo. Si hubiera podido verlo mejor, sin duda habría sentido temor.
La cálida mirada violeta había sido reemplazada por unos fríos ojos color ámbar. Un tono muy inusual, pero atemorizante; Kenshin miraba fijamente a Sombrero Negro, apenas conteniendo sus ganas de matarlo. Jinnei solo rió.
-Vaya vaya… que ojos llenos de odio, Battousai.-
-Si. Odio. Odio contra ti por quitarme a mi esposa y odio contra mí mismo por ser un estúpido incapaz de evitarlo.-
El Kenshin humilde que Kaoru conocía había sido reemplazado por este otro personaje, idéntico en apariencia, pero no en personalidad. Battousai hablaba con una arrogancia que a Kaoru le daba muy mala espina.
-Noto que ha regresado quien yo esperaba: el Battousai de antaño. Estás realmente furioso y eso me agrada. Dale la vuelta a esa ridícula espada que tienes y enseñemos a esta joven quién es el verdadero Asesino Legendario…- dijo Jinnei complacido. Finalmente correría sangre en un combate contra alguien que valía la pena porque sería a vida o muerte.
Kenshin solo deseaba terminar de una vez con Sombrero Negro. Ni siquiera miró a Kaoru. Desenfundó y sin pensárselo mucho, se lanzó al ataque con el filo hacia delante.
Kaoru no veía demasiado porque había poca luz. Con la luna en fase menguante, Kaoru se guiaba por su oído. Si bien distinguía a los hombres, no los veía con todo detalle pero escuchaba claramente cada vez que las espadas chocaban y eran varias veces en poco tiempo.
Battousai y Jinnei se guiaban por su instinto para la pelea. Se estaban atacando mutuamente sin lograr herirse aún. Battousai dijo en voz alta, mientras seguía peleando.
-Ríndete de una vez, Jinnei. Conozco todos tus movimientos… ahora me darás el golpe horizontal. Después el vertical… ¿notaste cómo lo bloqueé sin esfuerzo?-
Kaoru sentía ganas de gritar. Esa voz… no era su esposo, no el que conocía…
Jinnei no decía nada, pero en el último momento, cambió de mano la espada tras su espalda, logrando así sorprender a Battousai provocándole un corte en el brazo, ya que éste no pudo prever el lugar desde donde salía el ataque. Asi fue como el guerrero pelirrojo cayó a tierra.
Kaoru enseguida trató de incorporarse. ¡No, no, no! No quería que dañaran a Kenshin. A ella no le importaba que él se comportara como el antiguo Battousai, solo deseaba tenerlo sano y salvo a su lado. Cayó en cuanto logró erguirse un poco, pero así y todo pudo apoyarse con las manos nuevamente para ponerse en pie, llamando la atención de Kenshin quien levantó la cabeza para mirarla, tratando de verificar que estaba bien, sin percatarse de que su brazo sangraba.
Jinnei también notó a Kaoru y se empezó a reír fuertemente.
-JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA, Battousai, estás acabado. No eres ni la mitad de bueno que antes. Mírate ahí, tirado en el piso. Te voy a dar una mano para que recuperes tu fuerza y no pelees de esta manera tan lastimera. Por algo tengo a tu esposa aquí.-
Jinnei miró fijamente a Kaoru a los ojos. Haciendo un gesto, logró que ella posara la vista en la suya y enseguida la hipnotizó.
Kaoru, que recién se había levantado, cayó una vez más, llevándose las manos a la garganta. La sentía apretada y el aire apenas pasaba a sus pulmones. Kenshin la miró asombrado…
-¡Kaoru!- Kenshin miró a Jinnei.-¡Maldito... qué le hiciste a Kaoru!-
-Jejeje… sólo te diré que morirá por asfixia en cinco minutos. ¿Te lo imaginas? La espuma que saldrá de su boca y los ojos muy abiertos le darán una imagen impresionante, a menos que se pueda liberar sola de mi hechizo, cosa imposible porque no es tan fuerte, o que tú me mates. Asi que tú verás, Battousai, qué prefieres.-
-Maldito seas, Jinnei… - musitó Kenshin antes de desaparecer de la vista de su adversario.
Apareció fracciones de segundo después, rompiéndole la nariz con el reverso de su espada al saltar sobre él.
Jinnei quedó descolocado y aturdido por el dolor. Enseguida la fuerte voz de Kenshin se escuchó en el lugar.
-¡Vamos, defiéndete! No creo que quieras morir tan pasivamente.-
Kenshin se lanzó de inmediato contra Jinnei quien apenas pudo bloquear su golpe. Kenshin esta vez saltó cerca de Kaoru y ella pudo notar el brillo dorado de su mirada finalmente.
¡Realmente estaba dispuesto a matarlo!
¡Y por ella!
No, Kenshin no podía hacer eso. Él le había dicho que no deseaba volver a matar, que era una promesa, que era esa su búsqueda de expiación. Ella debía liberarse… pero sentía como el sudor corría por su cara y sentía el pecho oprimido de temor ante la idea de morir a medida que su garganta se cerraba más, obligándola a toser.
¿Morir?, ¿Asi que finalmente iba a morir?
No, ahora no… no quería… ella no podía dejarse vencer. Ella tenía que ayudar a Kenshin a mantener su promesa de no matar y su sonrisa de vagabundo tranquilo. Ella debía ayudarlo a mantener su promesa de volver a casa…
Porque la de ella era la casa del vagabundo.
Inició la ardua tarea de incorporarse. Tenía los ojos llenos de lágrimas por el ardor que sentía en su garganta y era difícil obligar a su mente a pensar en levantarse cuando ésta le gritaba que estaba muriendo. Cada movimiento le costaba un esfuerzo sobrehumano, pero Kenshin lo valía.
Si él moría, no volvería a tener noches tranquilas con su calor envolviéndola, ni volvería a ver sus ojos mirándola. No descubriría la sombra que delataba que el pelirrojo la seguía para asegurarse de que estaba bien, por los rincones de la casa.
No tendría con quien compartir su silencio.
No tendría a quien entregarle todos esos besos que ella quería dar y que habían nacido sólo para él.
Porque a pesar de todo lo que le había sucedido, había sido Kenshin quien dulcemente le dio su primer beso; los otros salvajes solo tocaron y tomaron su cuerpo de manera brutal, dejando de manera imprevista sus labios tranquilos, posiblemente asqueados con la sangre que abundante manaba de ellos tras los golpes recibidos.
Si lo único puro que le quedaba era su boca, sería entonces para quien supo con su paciencia tomar miel de ella. Si Kenshin no tenía problema en recibirla así, ella menos tenía problema en recibir al hombre cuyo corazón resguardaba tan nobles sentimientos. Aún cuando se perdían en la impaciencia y violencia de Battousai, ahogándose en la sangre por sus manos derramada. A ella no le importaba porque sabía que existía esa amabilidad y por eso ella lucharía para resguardarlo si Kenshin no era capaz de cumplir su promesa de no matar.
De pronto Kaoru se encontró de pie… poco a poco su garganta cediendo; tanto pensar en Kenshin la hizo olvidar lo de su falta de aire, pero no se había percatado de que Battousai estaba frente a un caído Jinnei cuyo brazo estaba roto, listo para darle el golpe de gracia.
Battousai se movió, espada en mano, listo para matar al desgraciado que tenía a Kaoru luchando por vivir. Por preservar la vida de la joven, a él no le importaría convertirse en un indigno y romper su promesa de no matar. Aunque no fuera merecedor de las caricias de ella, se conformaría con cuidarla de lejos, porque no podía mancharla con su cercanía. Tomaría distancia de ella.
Dos manos sobre su pecho y una cabeza sobre su hombro lo desestabilizaron lo suficiente para evitar que diera el golpe final a Jinnei, y cayó hacia atrás con Kaoru sobre él.
Cuando sintió el peso de la mujer, una especie de choque eléctrico recorrió su cuerpo al recordar una escena similar con un final totalmente diferente. Recordó también que ya era segunda vez que Kaoru saltaba en medio de un combate que él estaba teniendo.
-Kaoru.- la llamó.
Ella levantó el rostro. Estaba llorando, pero a la vez negaba con la cabeza.
-Déjame, debo matarlo… debo liberarte.- dijo él, tratando de apartarla. Pero ella seguía negando y boqueando por aire, pues el salto que había dado para alcanzar a Kenshin había requerido de toda su fuerza.
Kenshin notó la frente perlada en sudor y cómo la respiración de Kaoru se normalizaba. Ella deseaba abrazarlo pero no podía con sus manos atadas.
-¿Te encuentras bien, Kaoru?- le preguntó el pelirrojo, recuperando también la personalidad del vagabundo. Su esposa asintió emocionada. Ya no veía el dorado, sino el violeta tomar su lugar en aquellos ojos. Kenshin se sentó y la abrazó aliviado.- Todo ha terminado, Kaoru.- ella se acurrucó en su pecho.
-No todo ha terminado.- dijo Jinnei quien tomó su espada para autoenterrársela en el pecho.- ahora sí que todo está mejor.- musitó ante la mirada atónita de la pareja que terminó acercándose.- No espero que lo entienda la chica, pero tú si, Battousai. Aunque yo viviera, tú me has roto un brazo y ya no podré seguir asesinando. Eso me convertirá en presa fácil de los políticos para quienes he trabajado y que tratarán de silenciarme, porque sabrán que la policía podría capturarme y hacerme hablar si no me matan antes. Mis días de todas maneras, en este estado, ya estaban contados.
"Sí, Battousai, no me mires así. Aún en esta época existimos los asesinos a sueldo, por encargo… te has convertido en un cobarde al huir de eso y de tu verdadera naturaleza porque los asesinos seguiremos siendo asesinos hasta el día de nuestra muerte. Recuerda, Battousai… así es… te estaré observando desde el infierno para reírme en el momento en que ya no puedas retener tu sed de sangre. Hoy te ha salvado esta mujer… has… contado con eso…- dijo el caído, para terminar con una risa apagada en el momento que su corazón se detuvo.
Kenshin se quedó mirando al cuerpo inerte. Sin darse cuenta, había apretado a Kaoru contra él, como si necesitara asirse de ella para no caer en un abismo.
"…hoy te ha salvado esta mujer…"
Kaoru solo mantenía sus ojos cerrados. Kenshin estaba a salvo…
Él se movió y apartó a Kaoru para mirarla. Reparó en sus manos atadas y sentándola luego en el mini santuario, vio la manera de liberarla de la soga. La joven se frotó las muñecas en busca de alivio y mirando a Kenshin, bajó la cabeza, en una reverencia que le expresaba su agradecimiento por salvarla.
-No, Kaoru, no haga eso… no me debe nada.-
Ella asintió. Claro que le debía… él la fue a rescatar.
-No entiende, Kaoru… yo soy el que está en deuda. Me ha evitado matar a Jinnei… gracias, porque mi espada no ha probado sangre esta noche y por eso podré regresar a casa, como lo prometí.-
Kaoru se quitó la cinta que malamente sostenía su cabello y decidió darle un excelente uso: Para vendar el brazo herido de Kenshin.
Quien no entendía era él. Él realmente la había salvado.
Porque antes de conocerlo, Kaoru tenía decidido, en cuanto Misao se fuera a Kyoto de regreso, cometer suicidio.
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La boca de su esposa invitaba a ser tomada por él. Esa noche, Kenshin no pudo evitar buscarla.
Kenshin no dijo nada en todo el camino de regreso a casa, con excepción de lo que habló con el jefe Uramura al explicarle lo sucedido con Sombrero Negro y recibir por respuesta que tenía todo el apoyo de la policía que se encargaría del cuerpo y esas cosas.
Llegaron a casa y a pesar de que ambos no habían probado bocado, no podían pensar en otra cosa que el descanso. Sin embargo, Kenshin decidió preparar algo y llevarlo a la habitación.
Kenshin había meditado mucho… Kaoru, Kaoru…
Kaoru había saltado en medio, justo cuando él iba a matar a Jinnei. En una ocasión, cuando Kenshin peleaba por rescatar a su primera esposa ésta también saltó entre él y su contrincante, causando un accidente mortal porque él, incapaz de detener su ataque, acabó cortándola y matándola.
Esa vez, Tomoe, su esposa, había saltado sobre su contrincante, para evitar que éste atacara a Kenshin.
Pero Kaoru saltó sobre Kenshin para evitarle matar a un hombre que a ella le había causado daño, enseñando la nobleza de su alma.
Tal vez Tomoe lo hizo por arrepentimiento por traicionarlo. Tal vez lo hizo por amor; eso sería algo que a él nunca le quedaría claro aunque por lo menos, siempre le estaría en deuda.
Pero Kaoru… ¿Por qué?
¿Acaso lo quería tanto como para salvarlo de él mismo?
Le había permitido besarla y no le temía…
Eso era algo más fuerte que el cariño.
Sin duda mucho más fuerte.
Kaoru regresó del baño luego de asearse, vestida con la yukata para dormir. Kenshin esperándola en el futón observó a la joven sentarse en un sitial cercano, poner un espejo de cara sobre un mueble y comenzar a cepillarse el cabello.
Lo desenredó y dejó suelto sobre su espalda, brillante bajo la luz de la luminaria mientras buscaba una cinta para hacerse una trenza. De pronto a Kenshin le parecía que compartía algo muy íntimo con ella, pues no le había quitado la vista de encima desde que ella se sentara. Y ella se movía muy natural, como si llevaran años casados y no solo algunas semanas.
La joven finalmente encontró la cinta. La sujetó con su boca mientras llevaba sus manos tras la nuca para comenzar con el peinado. Pero una mano masculina sobre su cuello la detuvo a la par que le hacía dar un brinco de la sorpresa. Ella no lo había sentido acercarse.
-Tiene un cabello precioso.- dijo Kenshin tomando un mechón y mirando maravillado como los cabellos negros escapaban de sus manos, deslizándose como la seda en su palma, cayendo. Kaoru se ruborizó un tanto, sonriendo y manteniendo la vista baja.
¿Por qué había gente que atacaba a niñas tan dulces como ella? Kenshin no lo comprendía. Él, si tenía que escoger, prefería mil veces esa sonrisa en la cara de su esposa que tener su cuerpo tibio bajo el suyo.
Escondió sus manos ásperas en aquella cascada azabache, enredando sus dedos, jugando con las hebras. Kaoru cerró los ojos, sintiendo cada movimiento como una caricia. Su respiración empezaba a tornarse más profunda y de pronto sintió como el calor de unos labios encendían los suyos, presionándolos ligeramente, impregnándolos de una dulce humedad.
Sin soltar el mechón atrapado, la mano de Kenshin llegó hasta la mejilla de Kaoru para acercarla más a él…
Ella se dejó guiar sin oponer resistencia alguna hasta quedar encerrada sobre el pecho de su esposo, envuelta entre sus brazos. Le gustaba que la besara, que le entreabriera la boca e ingresara a ella. Sentía que asi todo estaba bien y que sin importar lo que pasara, ella no tendría temor porque Kenshin estaba cuidándola.
¿Eso era el amor?
Más que la emoción… ¿era esa sensación de bienestar?
Kenshin a su vez sólo se dejaba llevar por sus emociones. El trabajo mental de imaginársela muriendo por asfixia ante la sugerencia de Sombrero Negro, le había dejado la urgencia de sentirla viva, de verla sonreír, de besarla y no soltarla más. Usualmente él no era un hombre demasiado sentimental. A pesar de que llevaba diez años vagando por todo el país, haciendo favores a las personas, ninguna lo había afectado tanto como ella. Antes, jamás dudó en seguir su camino. Cerraba puertas tras de si y seguía hacia el próximo pueblo a por nuevas aventuras. Pero no más ver a Kaoru, su mente se volvió una experta en inventar excusas.
Él, que siempre asumió las consecuencias de sus actos aunque le dolieran, yendo con su verdad por delante, ahora estaba hecho un crío, tratando de justificarse cada hora, la estadía en la casa Kamiya y ya estaba planificando excusas para alargar los seis meses de matrimonio a toda una vida.
Incluso ahora, en que la besaba, se decía que era para quitar el mal recuerdo de ese día de la mente femenina.
Se detuvo un momento al notar algo inusual bajo su boca.
Kaoru…
También lo estaba besando…
Como si estuviera dentro de un sueño la cargó en brazos y llegó con ella al futón. Sentándose, Kenshin se recostó con Kaoru extendiéndose sobre él, sonriendo y mirándolo.
Esa sonrisa que hacía que su corazón diera veinte vueltas antes de volver a su sitio, se amplió cuando las manos de Kaoru pasaron del pecho de Kenshin hasta detrás de su cuello, abrazándolo ella esta vez. Le acarició la mejilla marcada con la punta de la nariz. Ella también quería cuidar de él esa noche y regresó a su boca a buscar más besos.
Kenshin sentía deseos de levantarla en brazos y dar vueltas por toda la habitación y reír a carcajada limpia. Pero en vez de eso, deslizó hacia arriba sus manos, desde la cintura de Kaoru, por su costado, hasta notar la redondez de los senos ocultos por la yukata.
La joven se tensó unos momentos, mirando a Kenshin con los ojos muy abiertos. Él sólo le sonrió para calmarla. Le era muy cómodo el silencio con Kaoru y no deseaba romperlo con su voz. Kenshin estaba decidido a no avanzar más para no incomodar a la mujer pero antes, acarició con sus dedos las sensibles puntas de sus pezones.
Kaoru ahogó un gemido. Eso era tan diferente a lo que había vivido. Su cuerpo ya no era una prisión de dolor, si no más bien una fuente de sensaciones placenteras.
El pelirrojo estaba decidido a detenerse pero el esfuerzo era considerable. Iba tan lento con ella que apenas lo soportaba, aún logrando controlarse.
"Porque la amas, ¿no?" dijo una voz en su mente.
Kenshin se detuvo abruptamente ante esta revelación. Y miró a Kaoru.
La joven le besó los párpados… y se quedó quieta sobre él. Luego se lo pensó mejor y se acomodó al costado de su esposo, tomándole una mano y guiándola hacia el obi de su yukata.
Kenshin, pasando saliva y entendiendo el mensaje, comenzó a tirar del cinturón…
Quería que la tocara… que borrara todo rastro de suciedad que sentía aún en ella. Estaba segura de que él podía. La pálida piel de su pecho fue expuesta a la vista del hombre que paseó su mirada desde el valle entre sus senos hacia el vientre liso, hasta los oscuros rizos que ocultaban el nacimiento de las piernas femeninas. Kenshin soltó un gemido de excitación, moviendo el borde delantero de la yukata, dejando expuesta la deliciosa línea de cintura y de cadera de la joven.
Su primer impulso fue hundirse en ella sin pensarlo…
-Eres hermosa… - musitó, enmarcando su rostro con su mano libre y mirándola directamente a los ojos.-…más perfecta que una muñeca de porcelana… pero… tengo miedo de romperte, Kaoru. Dime… ¿me tienes miedo ahora?-
Kaoru pasó saliva. Su acción había sido por impulso, pero la verdad es que comenzaba a asustarse.
Asintió.
Los ojos de Kenshin se oscurecieron. Su deseo por momentos lo dominaba, pero él debía ser más fuerte.
Sin embargo decidió mostrarle algo, bajando la cabeza hasta una de las puntas sonrosadas que coronaban sus senos para rodearla con su boca. Tomándola con sus labios hacia arriba, trataba de extraer el sabor de aquella mujer antes de guardarla para otra ocasión.
Kaoru miraba a Kenshin inclinado sobre ella y se arqueó sin pensarlo para facilitar su acción. Lo abrazó y notó, por sobre la tela de la yukata, la humedad proveniente de la espalda masculina y su temblor. La succión de Kenshin era continua aunque la suavidad con la que había comenzado estaba siendo reemplazada por una urgencia que lo llevaba a cierta rudeza.
El pelirrojo gimió esta vez más fuerte… no podía seguir así… debía detenerse como fuera pero ella sabía tan dulce… y era sin saberlo, tan endiabladamente sensual.
Elevó su cara y besó a Kaoru en los labios, cerrando la yukata de la joven. Apagando la vela, cubrió a su mujer con las mantas e intentó concentrarse para apagar su deseo. Sintió las manos de Kaoru sobre su pecho, como siempre hacía antes de dormir.
Se sentía sentado sobre un volcán a punto de estallar. Afortunadamente Kaoru no estaba completamente pegada a él o notaría el estado lamentable en el que lo había dejado. Le resultaba un poco doloroso, debía reconocerlo pero estaba seguro de que lo mejor era darle a Kaoru todo el tiempo del mundo para acostumbrarse a ese tipo caricias. Seguramente cuando fueran viejitos, todo eso sería una divertida anécdota que él le contaría sobre su contención.
¿Estaba soñando despierto? Le era muy fácil imaginarse al lado de Kaoru en cuarenta años más.
"Porque la amas"repitió su mente una vez más, esta vez tranquilizándolo.
Kenshin sintió como Kaoru se movía un poco inquieta dentro de las mantas. Se acomodó esta vez un poco más arriba de su esposo, tendida junto a él. Kenshin se sintió rodeado por los tensos brazos femeninos, mientras que algo suave y perfumado hacía contacto con su boca.
El seno que no había sido acariciado por él enseguida fue aprisionado entre sus labios mientras Kaoru cerraba los ojos. Kenshin cubrió su espalda y continuó tomando el pezón, tirándolo y bebiéndolo hasta que cambió al otro. Aferrando fuertemente la cintura de Kaoru hacia él, pasó una pierna sobre las de ella pero ella tampoco lo liberó. Había comprendido su necesidad y aunque tal vez no fuera la mejor idea, se ofrecía a su esposo de una manera generosa, lo que causó una conmoción en él al comprenderlo. El deseo poco a poco fue sustituido por una sensación embriagante de calidez y bienestar al sentirla temblando a pesar de todo, tratando de contener su miedo.
Para Kenshin no era necesario que fuera ella quien hiciera los sacrificios esa noche. Cambiando el ritmo de sus caricias, abandonó los deliciosos pezones y llegó hasta la boca de Kaoru. Con calma, con adoración, logró que se relajara del todo e incluso que quedara lista para descansar, porque se lo merecía.
Hasta los oídos de Kenshin llegó un gemido que fue para él como la mejor de las músicas cuando Kaoru se acurrucaba contra él.
Supo en ese momento que Jinnei Udo estaba equivocado. Esa mujer no lo había salvado.
Todo lo contrario…
Porque cuando Kenshin escuchó, esta vez un suspiro de ella, supo con absoluta certeza de que estaba perdido.
Ni hablar de dejar libre a Kaoru en algunos meses más. Ella debía quedarse con él sin importar si tenía una excusa buena o no o si tenía que arrastrarla por medio Japón si retomaba su viaje, aunque lo dudaba.
El vagabundo había desaparecido del todo… entre los brazos de aquella mujer estaba su hogar. El puerto al que había llegado después de tanto errar por el mundo; el lugar de él sería junto a Kaoru hasta que ella decidiera lo contrario.
Y asi, ni Battousai ni Vagabundo, sino Kenshin, durmió con Kaoru esa noche, soñando con miles de ideas para ganársela aún más.
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Fin acto siete. Por Tocarte.
Julio 19, 2005.
Revisada en Julio 18, 2016.
Notas de Autora.
Hola!
Bien, he repasado por completo esta historia, gracias a lo cual no sólo he podido recordarla bien, sino también quedar lista e inspirada para iniciar un nuevo trabajo.
El Acto ocho será emitido el jueves 25 del presente mes, durante la noche. Posiblemente ustedes lo vean el viernes 26. Sin más que comentar, me despido, deseándoles lo mejor a todas.
Lo primero en este día es agradecer profundamente la excelente acogida que tuvieron mis historias el día de mi cumpleaños. No imaginé que me responderían tanto y realmente, quizá Blanca Pérez pasó un cumpleaños muy moderado, pero Blankaoru lo pasó estupendo. Después de todo, tener un alter ego no es tan malo.
En este momento, una prima mía está de visita en mi casa y nos estamos dando verdaderas maratones de Rurouni Kenshin, por lo que estoy más que motivada para escribir este nuevo episodio.
Les contesto sus reviews y espero que todos ustedes estén muy, pero muy bien.
Lady2scorpio: Trato de actualizar una vez al mes, mi niña, porque cada semana actualizo una de mis 4 historias y ahora, no contenta con eso, se me ocurrió reeditar Actuación sin Libreto, asi que más rápido no puedo ir, a menos que sacrifique un par de historias o ya de plano mi tiempo libre… pero al menos, ya tienes este episodio y espero que te haga feliz.
Kao-ryu: Historia actualizada. Espero que te guste.
Kai-250: Bueno, Kai, ya ves que me alcanzó a llegar tu mensaje, muchas gracias. Sobre la esperada frase de Kaoru, quien sabe. Quizá iba a decirle algo, quizá no… tal vez iba a besarlo apasionadamente. Las posibilidades son muchas, y si, Jinnei es el Sombrero Negro. La idea es hacer esta historia hasta el final, con saga del Jinchuu incluida, aunque en una de esas la acorto. Lo que si es seguro es que trataré de simplificarla lo más posible, es decir, la saga de Yutazo no la tomaré en cuenta. Sobre el habla de Kaoru, sé en qué momento dirá sus palabras audibles para el gran público y en especial, para Kenshin, asi que más no te adelantaré. Gracias por tus palabras y opino lo mismo… QUE VIVA EL KENSHIN KAORU… los amo T-T me emocionan tanto… y que bueno que te haya llegado bien el episodio a tu correo. Si te pasa algo similar, no dudes en pedirme ayuda.
Aome Hiroshima: Siii, una serie con mucho Kenshin-Kaoru. Igual la serie original está bien… con un amor platónico muy japonés, pero nosotros ¡somos hispanos, necesitamos cosas un poco más apasionadas! Bueno… tampoco tan explícito… pero un poco más de romance no le hace mal a nadie, digo yo. Un besote. Chau.
MariahHaruno: Guaus, bien, he de confesarte lo de siempre… actualizo una vez al mes. Estoy segura que de tener más tiempo o menos historias, lo haría más rápido. Pero, como decimos en Chile, es lo que hay. Un beso y gracias por leerme. Una cosa al menos puedes tener por seguro… yo finalizo todas mis historias.
Marta Batoussai: Me gusta la palabra "Battousai"… tiene algo. Suena bien… y sigo con la historia. Que la disfrutes.
Saiko Katsuka: Siiiii, los avances de Ken y Kaoru… son tan relindos… no me canso de amarlos. Lo de Sansuke, dudé un poco en contar su historia, pero al fin y al cabo, está bien que tenga su merecido espacio en el fic, y que desde ya conozca a la doctora que lo traerá de cabeza. Posiblemente en este episodio o el que siga ponga a Yahiko, que después de todo, ya tengo a Tsubame en el asunto. El primo de Kaoru solo está descansando un poco… y aún no le doy el merecido castigo que tengo preparado para él… muajajajaja… ahora, veré como desarrollo lo de Sombrero Negro. Bye, y gracias por escribir. Un besote.
Rocío-AsakurA: ¡LO SIEEEEENTO REN! SORRY… u un error lo comete cualquiera… esta vez no meteré la pata… yo no quería herir a nadie… además… por internet, y con esto del gasto energético, la diabetes y la prueba de Epistemología, cualquiera se confunde. En fin… vamos a lo del review… asi que Rocio es medio gritona… hum… hay niñas que me han comentado que al leer fics se emocionan tanto que se ponen a saltar por todos lados… creo que cada uno se lo toma a su manera. Lo que es yo, pues generalmente acabo matándome de la risa en la sala de computación de mi universidad cuando leo algo gracioso y luego necesito comentárselo a alguien… lo que no es fácil, nadie quiere escuchar T.T mis aventuras animeficsmaniacas.
Kenshin, sii, él se entretiene dando puñetazos a quien no entienda o a quien ose molestar a Kaoru. Viendo la serie de televisión, Kenshin reparte bastantes combos a los personajes cuando está "indefenso" sin su espada. Bueno, más que puñetazos, da patadas, pero, sin duda es genial que tenga ese lado rudo. Yo pienso que a las mujeres nos gusta imaginar un galán que sea capaz de defendernos asi como Ken y que no le tenga miedo a nada, pero que al estar con nosotras sea más dócil que un gatito nuevo…
Sip, pero ante todo Kenshin es un caballero, asi que luego le dice a Kaoru que duerma solita. Más que mal, ella está traumada y quizá, según él, no le agrade que duerman juntos… por lo visto eres peligrosa para la salud de Ren cuando estás leyendo historias… pero como sea, sip, se dieron su primer beso y no será el único. Y Kenshin seguirá defendiendo como demonio a Kaoru, puke ella es su esposa¿no? Sí señor.
Que estén bien y… les mando besos y abrazos. Ahí se los reparten como mejor convengan.
Sakura-hop: Jejeje, yo al menos trabajo con el manga en la mano para fijarme y describir bien las situaciones. Quizá algún día me base en la serie de televisión para hacer un fic, pero por ahora, el manga está bien¿no? Sin duda que el trabajo se adivina arduo, pero tengo todas las ganas, aunque es posible que resuma algunas historias… después de todo, creo que muchas nos sabemos de memoria los combates que por lo demás, ya fueron protagonistas en la serie. Kaoru dirá las palabras, como bien has mencionado, en un momento especial… te quiero
agradecer tus comentarios, eres muy amable y muchas gracias por escribirme. Un beso.
Justary-san: hola, Kawai Deshi. Espero que estés bien y que también actualices tus historias… después de todo, si me leyera a mí misma todo el tiempo sería algo monótono, egocéntrico y aburrido a la larga (no tiene gracia leer cuando ya sabes que es lo que sigue) y siempre una humilde escritora como yo agradece el tener lectura por ahí para devorar.
Kaoru es una chica determinada, eso ni quien lo discuta, pero, a pesar de esa cualidad, hemos de reconocer que en cuanto siente que Kenshin puede irse, se traba un tanto porque no sabe como retenerlo. Y mientras él no le confirme que la ama, pues ella no se sabe como reaccionará ante las decisiones de él. Pero evolucionará y se irá afirmando… después de todo, tras tamaño ataque y pérdidas, el hecho de recuperarse y salir a la calle ya es una gran muestra de fortaleza. Un besito, Justary… gracias por tus ánimos. Nunca están de más.
Minato: Hola! HUm… sii, amo a Kenshin Kaoru (creo que es la tercera vez que lo digo) y seguiré la historia, aunque sea espaciada en el tiempo. Aoshi y Misao reaparecerán en este episodio. Un beso, y nos leemos.
Kriss: sep, Sombrero Negro es Jinnei Udo. Lo que pasa es que yo generalmente me complico un poco con el japonés, asi que si hay alguna acepción en español, trato de utilizarlos. Sobre las sagas, estoy trabajando con base en la historieta manga, asi que serían las sagas de Shishio y Enishi… la de Shogo Amakuza, si bien es mi favorita de la serie de tv en los capítulos inventados por Sony, no la incluiré aquí. Creo que este Ken es más abierto con Kaoru porque ella misma es menos temerosa con él y muy transparente en sus emociones, aunque ocasionalmente le dice alguna mentira blanca para estar a su lado, lo que es perfectamente entendible.
Nos leemos. Un beso.
Tsuki-Ra: Hola… la pelea… guaus… supongo que pasarás de largo este mensaje para irte directo a la historia, asi que no adelanto nada, pero trataré de que sea "interesante" y verás la respuesta a tu pregunta sobre Kaoru y su espectacular grito… paciencia. Ya hablará, ya hablará…
Arlene Kiddo: sip, esta quedando lindita esta historia…un besito. Cuidate.
Mari: Yo tampoco sé con certeza cómo de escribe Jinnei Udo y hago lo que puedo. Pero síi, él es el Sombrero Negro. Tienes razón en tus suposiciones sobre Kenshin… han raptado a su esposa, a la que él prometió cuidar y resguardar y eso no lo hace sentirse muy orgulloso. Por lo demás, Kaoru cuenta con recursos para hacer entender a Kenshin que no es necesario que mate a Jinnei. Un beso, amiga… gracias, gracias.
Mer1¿A quien no le molestaría dormir sin un Kenshin al lado después de haber vivido esa experiencia? Sobre todo en invierno, que es cuando es más rico tener algo calentito que a uno lo esté abrazando…
Sobre si Kaoru ha hablado, se contestará más adelante en el fic. Sep. Te iba a contestar ahora, pero mejor reservo eso para más adelante. Al menos, mientras recupera el habla, tiene a sus amigos que ya están apareciendo poco a poco... nos leemos, Mer. Un besito.
Naoko L-K: Besitos para tí también. Que estés bien y te cuidas. Chau.
Alma: gracias por dejarme mensaje. Un beso.
Kiss: AJjajajaja... no sé si habrán tantas compatriotas en fanfiction... pero con eso que dicen que siempre hay un chileno en todos lados, capacito. Y quien no quisiera casarse con Kenshin por conveniencia, aunque desde luego, supongo que este Kenshin ha sido bastante idealizado... es decir, el Kenshin real se preocupa en exceso de las cosas, de pronto sea hasta un poco cargante... ah, pero es taaaaan lindo... un beso, amiga.
Dark-Natt: ajaajaja... al menos si se parece a Aoshi, serás la envidia de unas cuantas lectoras. Y tus historias angustiosas son buenas e interesantes, en especial la última que terminaste... después de todo, la felicidad es reconocida después de vivir la tristeza, y se valora mucho más... nos leemos luego, un beso.
Gaby hyatt: este sábado salen los episodios de cuando Kenshin conoce a Misao, y son bastante divertidos. Lo mejor es que hay dos pequeñas escenas entre Kenshin y Kaoru que son mi delicia y que dan cuenta de los sentimientos de ambos a pesar de que están separados.
HADA: hola... sip, un episodio interesante. De pronto este te parece igual de bueno. Bye. Besos.
Onashiru: Hola, amigo. Leí por ahí tu review en Ante el Cielo y decidí saludarte por estos lados. Ojalá estés bien. Besos.
Kirara26: Gracias por las molestias que te has tomado con mis historias y por animarme tanto. En cuanto pueda dejaré mi review de la semana. Un beso y un abrazo fuerte, amiga.
Catty Ishida: no dejaste review, pero te saludo igual; un besote y que estés bien... a ver si en una de esas nos juntamos por ahi con una amiga que viene del sur.
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Mayo, 2006.
