Entre mis Brazos
Acto Nueve.
Como una familia.
O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O
Kaoru lentamente bajó sus labios hasta los de Kenshin, besándolo larga y profundamente, causando reacciones en él difíciles de contener.
-Kaoru.- suspiró él.- no sabe lo que hace... le estoy preguntando... le estoy diciendo que... que me gusta mucho.- dijo al separar su boca de la de ella.
-Pero... a mí también me gustas mucho.-
Por un momento Kenshin sintió que se quedaba sin aire y sin habla.
-Ka... oru... usted...-
-Kenshin.- dijo ella tiernamente, antes de reír quedo.
-Está hablando...- dijo él aún impresionado.
Kaoru lo besó nuevamente en los labios.
-Tenía que hacerlo. Parece que tú no entiendes por mis gestos que me agrada tu compañía. Que me gustas mucho desde hace tiempo.-
La voz de Kaoru era suave y bien modulada. Él la escuchaba fascinado.
-Si no fuera de esa manera no estaría aquí, contigo.-
-Yo... no sé qué decir.-
-Pero yo sí, Kenshin. Quiero decirte que yo también quisiera vivir asi contigo, siempre. Tú... has sido capaz de llenar el vacío que dejaron mis padres pero no del mismo modo, porque tú me causas diferentes emociones que puedo y quiero compartir contigo. Cuando se anunció la idea de nuestro matrimonio, yo estaba contenta de tener una excusa para estar cerca de ti y de que te quedaras más tiempo en mi casa. Quizá... por todo eso, sea yo la que deba pedir disculpas porque te he retenido aún a sabiendas de que tú eras un vagabundo porque asi lo decidiste. Aun sabiendo que podrías tener cosas que hacer o lugares que visitar, me presté para que estuvieras aquí más tiempo.-
-No, Kaoru.- dijo él abrazándola.- No se prestó. Era lo que había que hacer para protegerla de Hiroshi, de su avaricia. ¿Y sabe? Si volviera a suceder, yo haría lo mismo nuevamente. Aceptaría tomarla por esposa para estar cerca suyo.-
-Pero... Kenshin... – dijo ella bajando la voz, un poco preocupada.- A pesar de todo eso... soy una esposa incompleta para ti. Yo no puedo...-
Kenshin le puso un dedo sobre los labios para callarla.
-Yo entiendo eso, Kaoru. No se sienta mal... es cosa de tiempo. Yo sabré esperarla si quiere darse conmigo.-
Hubo un silencio largo. Ella se acomodó entre sus brazos una vez más.
-¿De verdad no te molesta?-
Kenshin sonrió genuinamente, acariciándole el cabello. Su voz era maravillosa, mejor que en sus sueños, aunque cada frase de ella era bastante vacilante.
-De verdad. Solo me basta saber que usted se siente cómoda conmigo para que todo lo demás deje de importarme. –
-Tú... eres muy bueno. Me gustaría tanto poder complacerte...- dijo ella acurrucándose contra él.
-Créame que con lo dicho esta noche, lo ha hecho completamente. Pero dígame una cosa. Usted... ¿es la primera vez que habla desde... lo de sus padres?-
-No. Es decir, en un par de ocasiones lo hice para llamarte... pero enseguida, no sé, era como si algo me atenazara la garganta y no pudiera hablar. Como si el miedo no se hubiera ido del todo en mi. Es algo difícil de explicar.-
Kenshin siguió sonriendo. Ya se suponía que era ella.
-Y ahora, ¿ese miedo se ha ido?.-
-Cuando tú me abrazas no lo siento.- dijo un poco soñolienta.
Kenshin la abrigó con afecto para dedicarse a dormir. Quería conversar más, preguntarle cosas pero entendió que para Kaoru era un esfuerzo, de momento, hablar tanto. Lo mejor sería dejarla descansar.
-Entonces esta noche, no la soltaré. Lo prometo.-
O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O
Las últimas pistas que pudieron obtener de los Oniwabanshu antes del bloqueo de información ocurrido ya hacía siete días y ordenado por Okina, los conducían a la ciudad de Tokio. Aoshi Shinomori guió a sus hombres hacia la nueva capital del Japón.
Pero no iban solos.
Kanryu Takeda iba con ellos. Hacia algún tiempo estaba preparando el traslado de sus negocios a Tokio, para lo cual se compró una bonita mansión en las afueras de la ciudad donde establecería su centro de operaciones para producir y distribuir la droga que traía. Como tenía una buena coartada, nadie sospechó de él y aunque lo hubieran hecho, con el grupo Oni cuidándolo no tenía nada que temer.
Aoshi y sus hombres se acomodaron en una gran habitación dispuesta para ellos. Si bien él era muy reservado, Hanya había notado en su jefe algo extraño aunque no podía determinar a ciencia cierta qué era.
Específicamente desde que Misao había desaparecido.
-A partir de mañana nos concentraremos en ubicar a la señorita Megumi Takani. Le he prometido a Kanryu que tendremos esa información para pasado mañana por la tarde, aunque si la ubicamos antes, procederemos de inmediato para traerla.-
-Jefe...- empezó Hanya al levantar su mano, haciendo notar las rayas horizontales de la manga.- Yo... quisiera pedir permiso.-
-¿Y para qué?.-
Hanya no sabía por donde empezar. Pero de todos modos, no podía ocultarle nada a su jefe.
-Quiero averiguar cómo está Misao. La casa de su prima está al otro lado de la ciudad y pienso que me demoraría un par de horas en ir y volver. Quizá Kaoru sepa algo de ella.-
El gesto de Aoshi se tronó sombrío.
-Imposible. No puedo autorizarte.-
Todos sus hombres lo miraron sorprendidos.
-Hey.- dijo el gordo Hyotoko.- Misao es como una hija nuestra... la criamos entre todos. Yo también estoy preocupado por ella y quiero saber cómo está.-
-Fue un buen tiempo aquel… en ese entonces fuimos lo más parecido a una familia, ¿no, muchachos?... Aoshi, me comprometo a trabajar el doble si permites que Hanya vaya a averiguar sobre ella..- se ofreció Beshimi. Tomando en cuanta lo tímido que era, le resultaba un esfuerzo dirigirse en esos términos a su jefe, pero el cariño de Misao lo motivaba a eso y más.
Shikijo iba a apoyar a su compañero cuando Aoshi hizo ademán de que todos se callaran. Luego habló solemnemente.
-Desde ahora es una orden para ustedes olvidarse de Misao. Ella es nuestra enemiga.-
Los miembros del grupo se miraron entre sí, aturdidos. Eso era imposible...
-Recuerden el modo en que ella llevó a la policía hasta nuestra residencia unas semanas atrás. Poco antes de escapar me pidió que la matara o de lo contrario, ella lo haría conmigo. Renegó del Oniwabanshu y destruyó el uniforme que traía. Lo que ha pasado con nuestras redes de comunicación... ¿ustedes creen realmente que ha habido fallas? Es evidente que se dio la orden desde Kyoto o de donde sea para impedirnos usarlas. Misao, esté donde esté, pone trabas a nuestro accionar y es posible que Okina la esté apoyando.-
Los hombres bajaron la cabeza ante lo dicho por su jefe. Todo eso ellos lo ignoraban.
-De todos modos.- dijo Hanya luego de un momento.- Si Misao está haciendo eso...- siguió con emoción.- significa que todo lo que le enseñamos lo aprendió muy bien. Ella es valiente y cree sinceramente en todas esas cosas como el honor y la lealtad. Es capaz de ir contra nosotros por sus ideales.-
-Nuestra pequeña ha crecido... es mucho mejor que nosotros.- dijo Beshimi secándose disimuladamente el contorno de los ojos.
-Esperen.- dijo Aoshi de modo grave.- ustedes no pueden pensar así. Nosotros somos los que estamos haciendo cosas concretas por el honor del Oniwabanshu. Vamos a figurar en la historia, alcanzaremos el sitial de grupo más fuerte, desplazando al Shinsengumi. Misao en cambio defiende ideales que en la vida real no sirven de mucho.-
-¿Y realmente crees que nos va a servir ser los número uno del Japón, Aoshi?- preguntó Hanya muy serio.
-Claro que sí.-
-Puede que lo alcancemos.- dijo Shikijo.- pero sinceramente, no sé si eso nos haga más felices. Es decir, realmente no me siento bien apoyando a Takeda.-
-Takeda será poderoso y se erigirá en la cima. Y nosotros estaremos ahí, para dar cuenta de que si Takeda llegó hasta allí, fue por nuestro apoyo.- dijo Aoshi.- Luego veremos el modo de obtener más poder.-
-Pero Misao está en nuestra contra. Ella aún es pura, no ha sido corrompida por el paso de los años como nosotros... por lo tanto, ella mantiene la esencia del grupo Oni.- acotó Shikijo.- Ella es lo que nosotros quisimos ser siempre.-
-¡Pero qué demonios les pasa!- explotó Aoshi cansado con esa conversación.- Misao está en nuestra contra y esa es la única verdad valedera en este momento. Si es mejor o peor que nosotros es irrelevante. ¿O es que acaso ya no me son leales?-
Los cuatro hombres frente a Aoshi se miraron entre sí. Hanya se puso de pie esta vez.
-Te somos leales, Aoshi. Si es necesario llegar hasta el infierno por seguirte, lo vamos a hacer. Pero creo que también, tenemos derecho a cuestionarte un poco, porque todos queremos que te vaya bien y pensamos que tal vez este no sea el camino.-
-¿Y cuál es el camino?- preguntó Aoshi severo.- ¿Servir sopas en un restaurante?... ¿Enterarnos de chismes de poca monta?. ¿Trabajar como atracción en un circo?, ¿Ese es el camino para ustedes? Porque lo que es yo, no estoy dispuesto a permitir la degradación en la que estaba cayendo nuestro grupo. Asi que díganme ahora. ¿Aún cuento con vuestra lealtad, si o no?.-
-Claro que la tienes, Aoshi. Y para demostrarlo... no iremos en busca de Misao.- respondió Beshimi a nombre del grupo.
Antes de dormir esa noche, Aoshi sintió por un momento envidia de Misao.
O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O
-Como usted diga, señor Okubo.-
Goro Fujita hizo una reverencia ante el Ministro del Interior a modo de despedida. Salió del salón con la mente puesta en la misión que le acababa de encomendar tan importante personaje.
Desde hacía un par de años corría el rumor de que cierto hombre al cual el gobierno había mandado a matar, había sobrevivido. Se había hecho de un ejército y estaba controlando una región pequeña. Las últimas averiguaciones que había hecho el último inspector a cargo del caso, apuntaban a que el ejército de Makoto Shishio seguía creciendo y ahora planeaba dar un golpe de Estado.
Después de eso, aquel inspector había muerto en extrañas circunstancias. Okubo no sabía a quién encargarle la misión de seguir investigando hasta que se acordó de aquel viejo guerrero que perteneció al grupo Shinsengumi. Hajime Saito o Goro Fujita, que era el nombre que usaba en la actualidad. Era el mejor para seguir la investigación. Era incorrompible.
Pudieron haber batallado por ideas diferentes. Pero Goro Fujita había jurado servir al Japón y no permitiría que nadie destruyera el país por quien tantos habían dado su vida.
Saito salió finalmente del edificio, pensando en los pasos a seguir para continuar con la investigación y luego ver el modo de poner a todos los responsables tras las rejas. Recordó parte de la conversación que había tenido con Okubo.
-Hajime.- Le había dicho el ministro.- Hay un hombre que quiero que mantengas vigilado.-
-¿Y de quién se trata?-
-Supe, por Yamagata, que Battousai Himura aún vive y reside actualmente en esta ciudad. Aunque Yamagata dice que no es de cuidado y que al parecer ha formado una familia, creo que tarde o temprano Shishio podría intentar contactar con él... no sé los detalles pero al parecer, Battousai podría tener motivos para querer también vengarse del gobierno. En realidad es sólo un rumor, de todos modos, trata de tenerlo ubicable. Nos podría ser de utilidad en algún momento.-
Saito sonrió... ¿Battousai?… tenía un par de pendientes que tratar con él. Pero, de momento, lo primero era investigar bien todo lo relacionado a Shishio. Lo de sus asuntos pendientes podían esperar un poco más...
-De todos modos te encontraré, Battousai.-
O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O
Megumi no tenía trabajo ese día, asi que fue al dojo Kamiya de visita. Tenía que comunicarles a sus amigos una importante decisión que había tomado. Se iría de la ciudad.
Preparó unos sabrosos bocadillos y salió a la calle, topándose con Sanosuke que estaba parado detrás de la puerta. Éste se encontraba mirando atentamente unas flores, pensando en si sería buena idea sacar una cuantas para regalárselas a la doctora como un gesto de... bueno, de gratitud, obviamente.
-¿A dónde vas, doctora?- preguntó notando lo hermosa que se había puesto.
-Eso qué te importa, cabeza de gallo.- respondió ella pasando por el lado de él como si no existiera.
-Oye, oye, oye, no me trates así. ¿Somos amigos, no?- como Megumi no contestó, Sanosuke agregó.- De todos modos te seguiré, para que no te pase nada.-
-Haz lo que quieras.- dijo ella sin detenerse y sonriendo. Le gustaba la compañía de Sanosuke. Era un tipo que la hacía enfadar constantemente pero que a la vez la animaba bastante. Y era capaz de hacerle olvidar sus problemas personales. Además era muy guapo, lo que constituía una entretención visual.
Camino al dojo se toparon con Kenshin, que llevaba algunas compras para la comida. Luego de saludarse iniciaron una animada charla.
-Kaoru está muy bien, Megumi. Gracias por preguntar. Estoy seguro de que le agradará mucho su visita.-
-¿Pero la dejaste sola?-
-No. Invité a Misao y a su abuelito a quedarse un tiempo con nosotros hasta que Misao esté repuesta, asi que están los dos pendientes de Kaoru. Además, como ha vuelto a hablar hace unos días, tiene muchas cosas que contar a su prima.-
Kenshin sonrió de un modo tan especial que Megumi y Sanosuke se sorprendieron y aunque no dijeron nada al respecto, siguieron con una animada charla en torno a Kaoru y su recuperación. Iban tan absortos en ello que no se dieron cuenta de que eran seguidos.
Aquel niño moreno recordaba muy bien a aquel espadachín pelirrojo y le intrigaba tanto que decidió seguirlo con cuidado para no ser notado. En cierta forma, debía reconocer que lo admiraba porque a pesar de verse pequeño, se notaba un tipo muy fuerte... y eso le daba esperanzas a él para fortalecerse más y dejar de ser el ladronzuelo a fuerza que era en ese momento. El niño llegó hasta las afueras del dojo y su curiosidad le hizo ingeniárselas para entrar al recinto saltando un muro trasero.
No vio a nadie fuera de la casa, pero notó algo de ruido en una casona a la que se acercó, notando que se trataba del dojo de entrenamiento. Se asomó y vio a una joven con una espada de madera, entrenando fuertemente. Hizo memoria y recordó que era la joven que acompañaba al espadachín ese día en que lo conoció.
Kaoru asía con fuerza la espada al tiempo que escuchaba en su cabeza la voz de su padre.
-¡Baja esas caderas, Kaoru! ¡No dejes la guardia abierta! Mantén la espalda recta.-
El chico se quedó fascinado mirando los movimientos casi perfectos que hacía esa mujer... se veía tan fácil manejar una espada...
Kaoru giró y quedó de frente al niño. Se detuvo por la sorpresa.
Éste se vio descubierto y por lo tanto, en peligro. Pero por alguna extraña razón no se podía mover.
-¿Quién eres tú?- preguntó la joven acercándose.
Él intentó retroceder esta vez, pero su cuerpo chocó contra algo que no recordaba estuviera allí con anterioridad.
-Es un amigo al que he invitado a comer.- dijo Kenshin sonriendo y poniendo una mano sobre el hombro del pequeño, transmitiéndole tranquilidad. El niño miró sin comprender al pelirrojo desde su posición.- Vamos, dile tu nombre a mi esposa. Luego iremos a comer, que todos nos esperan.-
Kaoru sonrió al oír decir eso a Kenshin.
-¡No tengo hambre!- dijo el niño huraño, llamando la atención del matrimonio sobre él pero un gruñido de su estómago lo delató.
-Vamos, amigo, vendrás a comer con nosotros. Después podrás irte si así lo deseas.- dijo Kenshin con amabilidad. En realidad había sido consciente todo el tiempo de que era seguido por ese niño y ya se imaginaba que andaba merodeando por el dojo, donde Misao le había dicho, Kaoru estaba entrenando.
-Si eres amigo de Kenshin, también eres mi amigo. Pero dime tu nombre.- expresó Kaoru.
El niño estaba cohibido con tanta amabilidad. No podía creerlo.
"Debo estar soñando" se dijo.
-Mi nombre es... Yahiko Myoujin.-
-Mucho gusto, Yahiko. Mi nombre es Kaoru Himura.-
O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O
Kenshin anunció que Yahiko era un amigo que tenía y así el pequeño fue acogido gratamente durante el almuerzo por el grupo de gente allí reunida. La comida estaba deliciosa y todos felicitaban a Megumi y Misao, que habían sido las encargadas de la cocina ese día.
Después del almuerzo, Megumi aprovechó para examinar a Misao y Kaoru. Las encontró muy bien aunque siguió recetándole calmantes a Misao para lo de sus fracturas, además de poca actividad. A Kaoru le celebró la idea de proseguir su entrenamiento de kendo. Mientras, afuera, Okina, Kenshin y Sanosuke hablaban sobre Aoshi.
-El bloqueo de redes contra Aoshi esta completa. Mientras, yo me he dedicado a hacer averiguaciones con respecto a lo que busca. Lo que sé es que Aizú fue un lugar asolado por la guerra. Murieron muchos civiles y aún no está recuperada de los efectos. Aunque lo que me preocupa en realidad es que Aoshi y sus hombres fueron vistos cerca de la ciudad, por lo que nos queda como mucho, esta noche y parte de mañana para dar con esa persona. De todos modos, no sé si decirle o no a Misao.-
Kenshin se puso a reflexionar. El silencio se hizo tan prolongado que alcanzó a escuchar las voces femeninas que provenían del interior de la casa. Y una de ellas le llamó la atención.
-¿Qué se sabe sobre la palabra "doctor"?... ¿Puede tener alguna relación con Aizú?- preguntó el pelirrojo.
-Por lo que supe, en Aizú había una familia muy reconocida porque la mayoría de sus integrantes ejercían la medicina. Tenían fuertes conocimientos de medicina occidental y a pesar de la guerra, decidieron quedarse en Aizú para ayudar a las víctimas... la historia dice que la familia fue asesinada por completo, pero corre un rumor de que quedan algunos sobrevivientes.- dijo Okina muy serio. Enseguida agregó.- El apellido de esa familia es Takani.-
-Entonces buscamos a un hombre, médico, que se apellide Takani, ¿no?- preguntó Sano.- Si ese es el caso y esa persona está en Tokio, yo puedo ubicarla mediante mis amigos.-
Kenshin seguía un poco molesto con algo... sentía las voces femeninas aún y había algo en una de ellas que no lo dejaba tranquilo.
-Después de todo, continuó Sanosuke.- Meses atrás un muy querido amigo mío murió por una sobredosis de esa porquería de droga. Por eso les ayudo en este caso. Ja, nunca me voy a olvidar del nombre que tenía esa maldita cosa... "la telaraña", le decían.-
Yahiko escuchaba atentamente todo lo que decían los hombres, mientras comía una fruta que le dio Kaoru.
Las mujeres finalmente salieron. Comenzaba a oscurecer y Megumi encontró que era oportuno anunciar a sus amigos lo de su viaje.
-¡¿QUÉEEEEEEEEE?!-
-Como lo oyen. Yo... tengo que viajar en estos días, y no sé por cuánto tiempo será. Asi que, quiero darles las gracias por haberme acogido entre ustedes. Han sido muy amables.-
-No, señorita Megumi.- dijo Kenshin.- Gracias a usted, que ha atendido tan bien a Kaoru y a Misao.-
-Sí, Megumi, es una lástima que tengas que irte.- dijo Misao.- Pero si vas cerca de Kyoto, puedes pasar por el Aoiya, donde te atenderán muy bien nuestros amigos, ¿cierto, abuelito?-
-Por supuesto. Megumi, cuando necesites algo, lo que sea, contáctate con nosotros. Somos el grupo Oniwabanshu y desde ya te brindamos nuestra protección.-
¿El grupo Oniwabanshu? Algo muy vago había oído Megumi sobre ellos. Por un momento tuvo la necesidad de contarles el real motivo de su viaje, quizá ellos la podrían ayudar.
Sanosuke no decía nada. Y rato después, cuando Megumi se despidió y se retiró con rumbo a la clínica, él seguía de pie sin reaccionar.
Ella no podía irse. Simplemente no podía... si no, ¿quién lo curaría cuando tuviera alguna buena pelea por ahí? Ir al médico ya no sería lo mismo si Megumi no estaba, aunque ella pasara regañándolo y diciéndole que era un gamberro de quinta categoría.
El que si reaccionó fue Kenshin seguido de Okina, que alcanzaron a Megumi poco después que ella salió a la calle.
-Señorita Megumi... hay algo que me tiene un poco intrigado sobre usted.- dijo Kenshin tan gentilmente que Megumi no tuvo otra opción que detenerse a hablar con él.
-¿Y qué sería?-
-Bueno... verá... – empezó Kenshin con cautela.- Su forma de hablar me ha llamado mucho la atención. Hoy, escuchándola junto con la voz de Kaoru y Misao, me he dado cuenta que el acento que tiene usted es extraño... – Megumi abrió impresionada los ojos.- ... a mí me da la impresión que usted trata de... de cambiar su acento o de neutralizarlo.-
-Yo... bueno, eso no es raro, Kenshin.- dijo Megumi repuesta de la impresión.- En esta ciudad uno nota muchos acentos con eso de que la gente se está viniendo del campo...-
-O de Aizú, ¿no le parece, señorita Takani?- agregó Okina al adivinar hacia donde iba Kenshin.
Sanosuke estaba dentro de la casa cuando se le ocurrió que era muy tonto en verdad. Él tenía que acompañar a Megumi hasta su casa. Quizá, con un poco de suerte, él tenía un accidente por el camino y asi ella estaría obligada a quedarse porque él se habría accidentado por cuidar de ella y asunto resuelto. Caminó a paso rápido para alcanzarla cuando notó con alivio que estaba con Kenshin, asi que se acercó sin ser notado por la mujer que le daba la espalda y que estaba absorta en su conversación con el pelirrojo.
Kenshin trataba de calmar los nervios de Megumi mientras Okina le contaba todo lo que sabían con respecto a Kanryu Takeda, que ahora estaba en su búsqueda.
-Señorita Takani... nosotros le brindaremos nuestra protección. El encontrarla aquí ha sido una gran casualidad y una bendición a la vez. Lo que no sabemos es para qué podría necesitarla Takeda.- dijo Okina.
-Takeda... empezó Megumi.- Es una historia complicada pero él asesinó al médico a quien yo ayudaba después de salir de Aizú y que trabajaba para él en unos negocios turbios. Este médico me enseñó antes de morir, la fórmula para hacer una droga llamada "telaraña" que causa el doble de adicción con menos costos de producción. Yo... por favor, no me juzguen, pero, después de que murió ese médico, Kanryu me hizo hacer un poco de telaraña o de lo contrario me mataría... yo... no pude soportar más tiempo y escapé, viniéndome a Tokio. Pero hace días que tengo un mal presentimiento y pensé que tal vez ya era hora de cambiar de residencia.-
-¡Asi que tú hiciste esa porquería del infierno!.- gritó Sanosuke a pocos pasos de ellos.- ¡Por culpa de gente como tú, mi amigo está muerto!.-
-¡Sanosuke, cállate.- le dijo Kenshin con severidad.- ¡Tú no entiendes lo que está pasando!-
-Claro que no entiendo.- dijo Sanosuke cada vez más enfurecido.- No entiendo cómo tú puedes querer ayudar a esta... esta... agradece que eres mujer o ahora mismo yo te rompía la cara.-
Megumi trató de controlar las lágrimas mientras veía como Sanosuke se iba de allí enfurecido dando grandes zancadas.
Okina la tomó de un brazo.
- Si necesita buscar algo, vamos ahora a la clínica, Megumi. Creo que lo mejor es que esta noche la pase con nosotros.-
-Claro, Megumi... venga a la casa. Acá podremos cuidar de usted. Sabemos que quienes la buscan están muy cerca. Somos sus amigos y este es el momento en que yo le devuelvo la mano por todo lo bueno que ha hecho a Kaoru.-
O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O
-Buenas noches, Yahiko.-
El chico sintió cuando Kaoru, al pasar junto a él lo arropó mejor. La joven durante el día había insistido en que tomara un baño y que comiera durante la noche con ellos. Como muestra de agradecimiento le ayudó a lavar los platos. Era como vivir un sueño porque se sentía aceptado y respetado a pesar de ser un niño huérfano.
Kaoru era una joven especial sin duda. Hablaba muy poco en comparación a las otras dos mujeres pero era muy demostrativa y todos parecían tenerle gran afecto en esa casa, especialmente Kenshin.
Así que su nombre era Kenshin…
Kenshin era un tipazo, pero no sabía cómo dirigirse a él. Ya encontraría el modo. Pero de momento, aunque ansiaba mucho dormir allí, tenía que regresar donde sus jefes. Seguramente le darían una paliza por llegar con las manos vacías ese día, ya que no había logrado hurtar nada y en esa casa donde lo habían atendido tan bien era incapaz de tomar algo que no le perteneciera.
Kaoru apagó la lampara de aquel cuarto antes de salir y terminar con la ronda nocturna donde se aseguraba que sus nuevos inquilinos estaban cómodos en sus habitaciones. Yahiko se incorporó para salir pero la cama estaba muy cómoda y él estaba tan cansado que pensó que tener esa noche de paz no le haría daño a nadie. Ya se retiraría temprano por la mañana.
Por esa noche, él seguiría soñando que ese era su hogar.
O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O
Kaoru no puso reparos en que Megumi se quedara en la casa. Ya sabía que Kenshin ayudaría a la persona a quien Misao le dijo que buscaba Takeda y después de todo, asi era Kenshin, un ser bondadoso que ayudaba a la gente. Aunque a decir verdad, no estaba segura de que esa cualidad en él fuera buena todo el tiempo.
Después de acomodarla en la habitación que compartiría con Misao, se retiró a la propia donde Kenshin la esperaba.
Cuando entró a la habitación, Kenshin notó la cara de alegría que traía.
-El niño está acomodado con Okina y Misao con Megumi. Pero Kenshin... ¿de dónde conoces a ese niño?-
Kenshin la recibió como siempre entre sus brazos antes de apagar la lámpara.
-La verdad no tenía idea de quién era... yo siempre lo he visto cuando vamos a la ciudad y me parece un chico muy solitario y que necesita de nuestra ayuda. Hoy él me ha seguido y yo antes le he visto actitudes buenas asi que pensé en tenerlo aquí este día. ¿No le molesta o si?-
Lo dicho. Kenshin era un dulce...
-No. Para nada. Además, no sé, pero me gusta tener la casa llena de gente. Siento que nuevamente tengo una familia.-
Kenshin nada dijo. Sólo la abrazó e inhaló ese aroma que emanaba de su cabello.
-Pero tal vez deberíamos saber más de él.- mencionó Kaoru.- Puede que tenga familia y esté preocupada.-
La nariz de Kenshin llegó justo hasta el cuello de la joven. No se contuvo y le dio un beso, haciéndole cosquillas. Kaoru empezó a reír.
-Kenshin, no... jajaja... no hagas eso.-
-¿Y esto?- preguntó al posar sus labios sobre su boca entreabierta por la risa. Kaoru no pudo responder con palabras a la pregunta pero le dio a entender que no le molestaba en absoluto que la besara de ese modo.
Quedó recostada sobre la espalda, de modo que Kenshin no tuvo problema en acariciar su seno izquierdo cubierto por la ropa de dormir. La joven se arqueó hacia él y Kenshin decidió que era hora de dejar hasta allí la sesión nocturna de besos.
-Por favor... no te detengas.- pidió la joven cuando empezó a alejarse.
Kenshin regresó a su boca al tiempo que sentía las manos de Kaoru acariciar su cabello. Ella, un poco más osada que otras veces, tiró del cinturón de la yukata masculina para tocarlo. Una vez que la prenda se abrió, Kaoru pasó las manos sobre el pecho de su esposo, escuchando de inmediato un gemido ahogado de él y como le pareció maravilloso tener esa capacidad de producirle esas reacciones siguió acariciándolo. Kenshin esta vez dejó de besarla al adivinar que lo que ahora sentía Kaoru era curiosidad por su cuerpo, de modo que se tendió sobre el futón y dejó que ella tomara la iniciativa. Sería mejor... así ella podría detenerse cuando quisiera y él, aunque tuviera que darse veinte baños de agua fría en la noche, no la molestaría.
Kaoru abrió por completo la yukata y se recostó sobre su esposo. Lo besó y lo tocó en el pecho, los brazos, el vientre y los hombros. Llevó sus manos hacia la espalda y las trajo de vuelta por la cintura de Kenshin que estaba haciendo un soberano esfuerzo para no abalanzarse sobre ella de una buena vez y hundirse en su cuerpo como tanto quería.
La joven siguió acariciándolo hasta que se percató que bajo la cintura aún no llegaba. A pesar de estar a oscuras, le dio un poco de vergüenza tocar allí al pelirrojo, asi que se separó un poco de él.
-Vaya, ya terminó.- pensó él con alivio, hasta que escuchó el sonido de una prenda que se deslizaba...
Kaoru se había quitado la yukata y el shock que tuvo Kenshin al sentir su cuerpo desnudo sobre el suyo fue tan grande que las manos empezaron a temblarle...
-Eres muy calentito, Kenshin.- dijo ella con dulzura.- ¿Puedo quedarme aquí un rato?-
Era curioso como en algunas ocasiones la ternura reemplazaba a la pasión, pensó Kenshin. Abrazó a Kaoru.
-No hay problema. Su peso no me es molesto.-
Kenshin separó las piernas para que Kaoru se acomodara mejor sobre él.
-Gracias, Kenshin.-
-De nada, Kaoru. Buenas noches.-
-Buenas noches, mi amor.-
O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O
Fin acto nueve.
Como una Familia.
Agosto 17, 2006.
Revisado en Julo 18, 2016 con fines de ser continuado.
Notas de Autora.
Muchas gracias a…
kagomekaoru
kai250
Maat Sejmet
Hope Li
The Mist
Silvia-chan
Ane himura
mari
Ghia-Hikari
HADA
gabyhyatt
Kaerii-Himura
O.o Kaoru-chan o.O
karin koishi
Mitsuki Himura
mer1
MartaBatoussai
…por reportarse en el capítulo anterior.
Hola!
Bueno, por fin una nueva entrega y el asunto marcha. Me dediqué a estudiar un poco el manga para sacar un par de datos extra y ayudarme en el capítulo. Ni me acordaba de cómo eran los Oni.
Lo mejor es que Yahiko ya está incorporándose al dojo y espero desarrollar su historia en el próximo episodio, junto con lo de Megumi.
A pesar de que son muy queridos, aún no decido si matar o no a los Oniwabanshu. Lo que pasa es que la muerte de ellos determina en gran medida la locura que sufre Aoshi después. Ya, está bien, esta es mi historia pero necesitaré un incentivo igual de fuerte para que el otro se vuelva un demonio, si es que decido dejarlos vivos para que cuiden y mimen a Misao. Después de todo, su próximo encuentro con Aoshi no será grato.
Y sobre Saito, quería explicar un poco el cómo había llegado a hacerse cargo del caso "Shishio" para dar después con Kenshin. De todos modos esa parte se vería a partir del capítulo once o doce a mayor extensión. Por ahora sólo veremos en que anda Shishio y Saito para que después no aparezcan tan de sorpresa.
Y, como se temían, Kaoru ya habló. No dijo nada espectacular pero al menos, eso es signo de que se está poniendo tan bien, que incluso es capaz de seducir a su esposo, lo que es bueno.
Ya, no les cuento más porque mi mami me está llamando y tengo que subir esto ahora o nunca. Un beso, las quiero muuuuuuuchoooooooo.
Y disculpen por no poder contestarles aquí, estoy muy corta de tiempo, de verdad…
Blankaoru.
