Entre mis Brazos

Acto Trece

Buscando la Manera

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

-¡Detente ahí, Aoshi Shinomori!

El aludido no hizo caso a la juvenil voz que le daba tal orden y siguió su camino. Pero Misao no estaba dispuesta a ser ignorada una vez más, por lo que corrió y corrió hasta darle alcance al hombre que había estado en sus sueños durante muchos meses, y se colocó delante de él, cerrándole el paso al abrir los brazos.

-He dicho que no te moverás- dijo ella muy desafiante.

Aoshi la miró con cierto desprecio. No estaba acostumbrado a que le impusieran lo que tenía que hacer, menos Misao. Contempló el cielo estrellado por unos instantes antes de bajar la mirada hacia ella, encontrando sus ojos brillantes de furia.

-¿Qué crees que haces?-

-¿No es evidente?- respondió Aoshi. Misao soltó el aire que estaba conteniendo y apretó los dientes. Hacía unos minutos se despertó, pensando que soñaba que Aoshi se despedía de ella y le daba un beso y al sentarse en el futón… ¡Comprobó que era verdad!

-Aoshi, yo… Aoshi… -Misao tragó saliva.- Yo juré que si volvía a verte te mataría. Pero hoy tú salvaste mi vida y por eso yo he de romper mi juramento. Vida por vida.

-Ya veo.- dijo él, escueto, esquivando la mirada verde de quien se abrigaba con una frazada de lo fresco de aquella noche de primavera.

-También juré que a donde fueras, te seguiría. Y así lo hice la última vez a pesar de que vi cosas de las que hubiera preferido no enterarme. Y ahora… nuevamente te marchas, solo.-

-¿Y debo suponer que me seguirás?- preguntó Aoshi dando un paso hacia ella, inconciente de ese acto.

Misao sólo agachó la cabeza.

-Antes te hubiera dicho que si, sin pensarlo. Pero ahora… ahora no.

Aoshi sintió como si de golpe, el corazón se le parara.

-Te vengo a pedir que te quedes con nosotros. Que volvamos a Kyoto todos juntos… Aoshi… ¿es que no te has cansado de tanto viajar sin encontrar lo que buscas? En Kyoto están tus raíces, tus amigos, que somos como tu familia. Tu casa, Aoshi… no tienes que hacerlo todo solo… Okina me ha dicho que a veces necesitamos de los demás. Todos te ayudaremos a ser lo que desees ser.

Por un momento a Aoshi le pareció que esa no era la Misao que conocía. Parecía otra persona, mucho más adulta y sabia. Pero era su Misao y lo miraba frotándose los ojos porque estaba muy cansada y tenía sueño.

-Lo siento, pero debo irme.

-¡¡¡¿¿¿Pero por qué???!!!-

-Eres muy joven, Misao.- comenzó, acariciando el mentón de la chica.- Y el mundo no es como lo piensas. En Kyoto no está lo que quiero para mí y para el Oniwabanshu.

-Pero nadie te está pidiendo que hagas algo por el Oniwabanshu. Sólo que estés con nosotros.

-Me he impuesto una misión y no desistiré hasta alcanzarla. No importa lo que digas.- porfió Aoshi, apartando a Misao con suavidad para iniciar su marcha nuevamente.

-Pero… no te vayas, Aoshi… - insistió ella, tomándolo de la gabardina y logrando que se detuviera aunque sin volverse hacia ella.- Yo… siempre te vas, siempre me preguntaba dónde estaría el señor Aoshi… cuando quería contarte cosas, mostrarte mis habilidades nunca estabas. A veces pensaba que si no hubiera crecido, si hubiera seguido siendo una niña, seguirías al lado mío, cuidándome. Y me da rabia saber que la persona que más quiero no quiere estar conmigo.-

La mano de Aoshi cubrió la de Misao que seguía en su ropa, retirándola, sin soltarla.

-También es parte del crecer estar solo.-

-¿Y también lo es negar los sentimientos?

Aoshi no respondió. Eso le dio a Misao la valentía de seguir hablando.

-Si no hubiese sido por el beso que me diste ayer, hubiera pensado que el de esta noche había sido un sueño. Tú sientes algo por mí… estoy segura de eso.-

-Cállate.-

-No, no me callo.- dijo ella, poniéndose delante de él, notando que él no la soltaba.- Aoshi, yo también he soñado mucho contigo… cosas graciosas a las que no le encontraba explicación hasta que me besaste. Por favor, quédate conmigo… necesito saber con certeza de qué se trata todo esto.-

-Eres muy joven... –

-¡Siempre, siempre soy muy joven para todo! – Explotó ella.- ¡Siempre te vas, diciendo que soy muy joven para seguirte!... pero ya ves, la última vez te seguí y te encontré… y te planté cara. Me dices que no entiendo el por qué haces las cosas y es cierto, porque no les encuentro lógica y ahora me dices que soy muy joven para tener algo contigo. ¡Si de eso se trata el ser adulto, prefiero morir antes que llegar a ese momento!-

Se hizo un silencio largo en ese momento. Misao miraba a Aoshi con mucha rabia y pena por lo que estaba pasando. A él parecía darle todo lo mismo.

-Regresa a la casa, Misao, donde te esperan tus amigos. Yo tengo mucho que viajar y haces que pierda mi tiempo.-

La joven apretó los puños fuertemente. Abrazó a Aoshi, enterró la cara en su pecho y cerró los ojos para no dejar escapar ninguna lágrima. El no hizo movimiento alguno.

Misao se separó un poco de él y parándose de puntitas, alzó la cara. Aoshi no se hizo de rogar al entender la invitación y tomándose su tiempo, cubrió los labios de la chica con los suyos.

La aferró por la cintura con fuerza y la besó hambriento. Ni siquiera él entendía qué le estaba pasando, sólo era conciente de un deseo que surgía de muy dentro suyo. Misao no se quedó atrás, tratando de responder con la misma intensidad al beso de Aoshi que cada vez se hacía más y más exigente. Se sorprendió cuando él introdujo la lengua en su boca entreabierta para acariciarla de otro modo muy placentero.

Una lágrima se deslizó por la mejilla femenina y ella dejó de besarlo.

-Quédate, Aoshi, por favor.- suplicó, con la esperanza de que ese beso haya significado algo.

Aoshi la soltó de pronto, como si despertara de un estado de letargo.

-Debo irme.- atinó a murmurar, sombrío.

Comenzó a caminar, muy confundido por lo que había pasado, cuando escuchó la voz de la chica a su espalda.

-Muy bien… si quieres irte, hazlo.- dijo ella, limpiándose los ojos con una punta de la frazada que traía encima.- pero te advierto que quizá la próxima vez que nos veamos yo ya sea tan adulta como tú esperas que sea.

Aoshi se detuvo en seco al comprender el significado de esa frase y se volvió a mirarla, pero ella había echado a correr como pudo, con dirección a la casa. Después de eso, él prosiguió su marcha.

-Juro, como sea, que lo sacaré de mi cabeza.- masculló Misao antes de entrar al cuarto donde dormía.- Y que esta es la última vez que lo he seguido.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Después de la desaparición de Aoshi, Kaoru pensó que Misao recaería nuevamente en su obsesión por seguirlo pero la verdad es que la pequeña se mostró bastante calmada al respecto y eso tranquilizó a su grupo de papás. Se preocupó de recuperarse para volver pronto a Kyoto con sus amigos, quienes liberados de seguir a su jefe, la obsequiaban con mimos y regalos cada vez que podían. Misao realmente estaba rodeada de amor. Tal vez por eso se recuperó completamente al cabo de algunos días y volvió a sonreír con más frecuencia.

Un día, mientras Okina y Shikijo discutían sobre regresar esa semana o no a Kyoto, Hannya apareció con unos cuantos paquetes en sus manos.

Uno era para Misao, otro para Kaoru y para Megumi.

-Es un obsequio para ustedes. Espero que les guste.-

Cada una abrió su regalo. Megumi vio que en el suyo venía un nuevo delantal de doctora en un suave tono rosa. Tenía pequeños detalles bordados a mano. Kaoru descubrió un kimono rojo con bellos bordados en torno a las aberturas de las mangas y Misao algo que momentáneamente llenó sus ojos de lágrimas.

Era un nuevo uniforme de Oniwabanshu.

El resto del grupo de ninjas se acercó a las mujeres.

-Esto es en agradecimiento a todo lo que han hecho por nosotros.-

-Pero… ¿dónde compraron estas cosas?- preguntó Megumi quien anisaba visitar esa tienda.

-Pues… nosotros pusimos el dinero y Hannya se encargó de comprar los materiales y confeccionarlos. Esto se le da muy bien.- dijo Hyotoko con una sonrisa.

-¿Las hiciste tú?- preguntaron Megumi y Kaoru a coro, asombradas.

-Recuerden que Hannya es el rey del disfraz.- dijo Misao, poniéndose de pie.- y puede confeccionar cualquier cosa que se le venga a la cabeza. Pero… lo que le diste a las chicas es comprensible… sin embargo… esto… -

Misao miró intensamente a Hannya, que portaba una máscara nueva en reemplazo a la que se le rompió peleando con Kenshin.

-Por nuestra culpa renegaste del Oniwabanshu y rompiste tu traje. Ahora nosotros nos quedamos sin jefe y tal vez necesitamos a alguien que nos dirija. Okina esta bien pero creo que a ti te haríamos más caso. ¿Aceptarías volver a ponerte el traje de ninja y ser nuestra líder? Lo que nos pidas, haremos, aunque se trate de servir sopas en el Aoiya.

Misao recordó que antes de irse, Aoshi le hizo una petición similar. La verdad, no se sentía preparada aún para tan importante cargo. De pronto, sintió las manos de Okina sobre sus hombros, dándole valor.

-Abuelito, no sé qué decir… -

Los demás ninjas se arrodillaron frente a la chica, doblando una rodilla y bajando un poco la cabeza, adoptando esa postura de alerta y sumisión que acostumbraban frente a la autoridad.

-Sé nuestra líder.- dijo Hannya.- por favor.

-Por favor.- repitieron los demás a coro.

-Misao.- dijo Kaoru conmovida por lo que estaba viendo.- Ellos esperan una respuesta afirmativa.-

Misao volvió a mirar sus papás.

-Pero yo… ustedes me enseñaron todo lo que yo sé… por eso me parece increíble que me pidan que los guíe.-

-Por eso mismo lo hacen, Misao.- dijo Okina.- Porque ellos te enseñaron y están seguros de que tú guardas lo mejor del ser Oniwabanshu. Ellos están conscientes de que se corrompieron y pedirte que seas tú la líder es tratar de volver a su esencia.

-Está bien.- respondió Misao después de un rato. – Seré la nueva Okashira.

Esa tarde, cuando Kenshin regresó de sus labores en la ciudad, se encontró con una gran fiesta en la casa. Y también con la noticia de que el grupo Oni partía a Kyoto al día siguiente.

-Ya no queremos dar más molestias y ustedes han sido demasiado amables con nosotros. Además, Kaoru y tú necesitan su espacio.- dijo Okina mientras bebía una copa de sake. Megumi y Sanosuke también estaban invitados a la fiesta de despedida. Al día siguiente todos los ninjas iniciaron el regreso a Kyoto y Kaoru, Kenshin y Yahiko se quedaron solos en la gran casona.

Después de eso, Kaoru tuvo tiempo a solas para pensar en su situación con respecto a Kenshin y en lo que tenía que hacer. Pero no era la única. Yahiko también tenía cosas en las que meditar.

Kenshin y Kaoru lo cuidaban, le daban techo y comida. Tal vez sería una buena forma de retribución el no darles más gastos ni molestias, que ya bastante tenían con Sanosuke que se autoinvitaba a almorzar todos los días. Por eso se buscaría un trabajo decente y se iría a vivir solo.

Un día, de compras en la ciudad, pasó con Kaoru al restaurante Akabeko y descubriendo un anuncio de que requerían gente para servir mesas, fue más tarde a solicitar el puesto. Tae le vio tantas ganas de trabajar y como tenía una buena experiencia con Tsubame que tenía la misma edad, le propuso a Yahiko un sueldo justo por sus labores y le pidió que comenzara al siguiente día.

Mientras eso pasaba, en casa Kenshin se entretenía lavando ropa y Kaoru en el dojo practicaba algunos movimientos para ponerse en forma y retomar el kendo definitivamente. Estaba muy entusiasmada con la idea y además, pensaba que ese era el camino para volverse más fuerte y no seguir siendo el punto débil de Kenshin. Pero a los pocos días de iniciar su práctica, le surgió un problema.

No le valía mucho practicar sola si no tenía con quien medir su fuerza ni su técnica. Al salir al patio esa tarde, desanimada, vio a Kenshin acercarse a ella para indicarle que el baño estaba listo.

Claro, él también era espadachín, era la mejor persona para ayudarle. Pero Kenshin, que ni de juego quería esgrimir algún arma contra ella, se excusó diciendo que él era muy malo con las espadas de madera y de una u otra forma, se rehusó a practicar, por lo que Kaoru tuvo que pensar en otra persona.

Al día siguiente, cuando llegó Sanosuke a comer, Kaoru le pidió que la acompañara al dojo. La joven se puso delante de él, en posición defensiva, y le pidió que la atacara con todo.

Desde luego que a Sanosuke no le gustó la idea de agredir a la frágil esposa de su mejor amigo, pero después del primer golpe que ella le dio en la cabeza y de otro cerca de la cintura con el shinai, cambió de opinión y se lanzó contra Kaoru. Muy hábilmente el luchador se las ingenió para atacarla sin tocarle ni un pelo y por otra parte los golpes de la espada de bambú que ella usaba con él no le dolían tanto. Con Kaoru empezaron a reír entre combate y combate llamando la atención de Kenshin que se había estado entreteniendo arreglando un huerto que se le había ocurrido hacer en el patio trasero de la casa. Así fue como el pelirrojo entró al dojo en un momento en que Sanosuke estaba sentado en el piso, agotado, y Kaoru le ofreció su mano para ayudarlo a levantarse.

Pero Sano aprovechó el momento para gastarle una broma inocente a la chica, tirando de ella hacia él. Kaoru, tomada por sorpresa le cayó encima y de inmediato se puso alerta ante el contacto.

-Sano, eres un tonto.- dijo riéndose, apartándose de él y dándole un coscorrón en la cabeza, tratando de ocultar el nerviosismo que le causaba. Aún no se sentía bien en compañía de un hombre.

Al ponerse de pie, descubrió a Kenshin inmóvil, en la puerta, mirando de forma asesina al pobre de Sanosuke que no entendía qué estaba pasando. Éste de puso de pie sin mayor problema, le agradeció a Kaoru la tarde de relajo que había pasado y se fue tranquilo y hasta silbando a su cuarto en algún barrio de la ciudad. Kaoru mientras ordenó las cosas de su dojo y después de eso fue a salir, notando que Kenshin no se había movido de su sitio.

Ella se le acercó sonriendo, aunque agotada. Kenshin le dio la espalda, y de improviso, juntó las puertas del dojo, quedándose adentro con ella.

Lo siguiente que hizo fue tomarla por los brazos y apoyar a la joven contra la pared.

-¿Es necesario que practiques con Sanosuke?-

Kaoru pestañeó varas veces. No entendía qué pasaba con su esposo.

- Es un buen contrincante y amigo. Me ha ayudado mucho en este día.- contestó ella con sinceridad.

-Pero es un hombre. Y no es espadachín.-

¿Y qué tenía que ver que fuera hombre? Kaoru no podía creer que Kenshin se pusiera celoso de Sanosuke pero al parecer estaba pasando.

-No será un espadachín pero me ayuda a reforzar mis técnicas de defensa ante cualquier otro ataque.-

Kenshin soltó aire despacio, como si tratara de contener algo dentro de él. La soltó lentamente y llevó las manos hacia la cintura de la joven. Se acercó a su rostro y con la punta de su nariz tocó la mejilla de su esposa, acariciándola.

-¿Y no te asusta?- preguntó en voz baja el pelirrojo, sin romper el contacto. A Kaoru le estaban empezando a temblar las piernas.

-Él es tu amigo… no me haría daño, aunque… -

-¿Aunque?-

Ahora eran los labios de Kenshin los que jugaban en su cara.

-Aunque él también me asusta un poco. Pero… pero tengo que superarlo.- respondió Kaoru, cerrando los ojos y disfrutando de los pequeños besos que recibía.- No todos los hombres son malos.-

-¿Y a mí me temes?- preguntó Kenshin subiendo las manos por la espalda de Kaoru para apegarla más a él. Ella pasó saliva.

-No… a ti no. Contigo me siento… a salvo. Desde que te conocí.-

Finalmente los labios de Kenshin hicieron contacto con los de ella. La besó larga y profundamente, tanto así que tuvieron que separarse para tomar aire. La temperatura comenzó a subir y Kenshin a bajar por el cuello de su esposa. Metió una mano entre medio de las vendas que le ocultaban el pecho tratando de aflojarlas y separarlas lo suficiente para llegar a su objetivo y cuando descubrió un sonrosado pezón, no dudó en tomarlo de inmediato, para succionarlo y mordisquearlo levemente.

Kaoru no creía lo que estaba pasando. Kenshin generalmente se ponía así cuando estaban en el cuarto, de noche. Durante el día era amable con ella y sus caricias no pasaban de un dulce y casto beso en los labios, cuando se topaban en algún cuarto de la casa.

Kenshin dejó de besarla y la abrazó fuertemente, tratando de regular su respiración y de calmarse. Estaba perdiendo el sentido por ella y no quería hacer nada que hiciera que Kaoru perdiera la confianza en él.

Tomados de las manos salieron al exterior del dojo. Estaba atardeciendo y Kaoru decía algo de que debía bañarse porque había sudado mucho.

-Pero no hueles mal.- dijo Kenshin dejando un beso sobre el cuello de la chica.- En realidad, me encanta tu olor.-

Después del baño y durante el té, Kenshin empezó de nuevo con sus preguntas.

-Kaoru, antes trabajabas en el dojo Maekawa¿no es asi?-

-Si. Yo acompañaba a mi padre a dar lecciones. Pero no he vuelto después de… después de… de eso.- dijo al fin de una pausa.

-Entiendo.- respondió Kenshin, dejando su taza a un lado y pasando un brazo por los hombros de Kaoru. Ella se apoyó en él.

-Kenshin… este dojo tenía muchos estudiantes pero… con el asesinato de mis padres y lo del falso Battousai no han vuelto. A veces he pensado en volver al dojo Maekawa pero me da susto ir sola. Yo sé que los estudiantes no me harán daño pero… no puedo evitar pensar así. Soy muy tonta.-

-No, no lo eres… lo que pasa es que te tocó vivir algo muy duro y pasará tiempo antes que lo olvides o que al menos puedas ignorarlo. Cuando te conocí no hablabas y estabas muy malherida, pero ahora te he visto evolucionar. Eres fuerte… te has arriesgado en situaciones a pesar de estar temblando de miedo, como cuando rescataste a Yahiko… has vuelto a sonreír más a menudo y tienes amigos. Tratas de superar tus temores… eres muy admirable. Estoy seguro de que por naturaleza eres una chica vivaz.

Kaoru sonrió, pensando en su pasado y en su familia.

-Pero el mérito de mi recuperación es también tuyo. Has sido muy paciente conmigo. Y muy amable. Me has cuidado cuando estaba sola.

-Claro que sí.- respondió Kenshin de buen ánimo.- Lo tengo que hacer porque juré cuidarte hasta que la muerte nos separe.-

-¿Pero es solo por eso que lo haces, Kenshin?... ¿Por compromiso?-

Kenshin la besó.

-Creí que tenías claro que estoy contigo porque me encanta cuidarte.-

Permanecieron un rato más así mientras el cielo se llenaba de estrellas.

-Kenshin… yo… yo quisiera seguir perfeccionando mi técnica, pero no puedo sola. Y creo que… que te molesta Sanosuke.

Como Kenshin no respondió, Kaoru prosiguió con la petición que quería hacerle.

-Quisiera volver a enseñar al dojo del señor Maekawa… él me lo ha pedido mucho en este último tiempo y si yo lo hiciera tú… ¿tú me acompañarías a las clases? Sería hasta que yo recupere la confianza.-

Kenshin se separó un poco de ella y le enmarcó el rostro entre sus manos.

-Dalo por hecho.-

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Yahiko llegó más tarde, cuando se estaban retirando para ir a dormir. Se veía muy preocupado.

-Oye, Kenshin… necesito hablar contigo, de hombre a hombre.-

-Dime.-

-Lo he pensado mucho y quiero ser independiente. Por eso quiero aprender a defenderme solo y que nadie se vuelva a aprovechar de mí. Enséñame a usar la espada.-

Kenshin sólo suspiró.

-Yahiko… la técnica de mi espada sirve para matar personas y no es algo que yo quiera enseñar. La respuesta es no.-

-Pero Kenshin… -

-Sé que te has puesto a trabajar en lo de Tae y que eres muy responsable. Serás un gran hombre algún día y por lo mismo no te puedo enseñar mi técnica. Si me permites darte un consejo, creo que Kaoru podría enseñarte a usar la suya.-

-No me interesa la de Kaoru… es una técnica débil. –

-No digas eso del estilo Kamiya Kasshim Ryu. Es una buena técnica que protege la vida de las personas. A mí me hubiera gustado aprender a usarla cuando tenía tu edad.

-Pero esa es una técnica para niños. Yo he visto a Kaoru. Usa una espadita de bambú. Otras veces de madera.-

-Yahiko… en esta nueva época esta prohibido usar espadas, salvo las que utiliza Kaoru. Y su técnica es muy efectiva… recuerda que ella sola partió a rescatarte.

-Si, pero si no hubieras llegado tú nos habrían matado a los dos.-

-No digas eso, Yahiko… lo que pasa es que… -

-¡Lo que pasa es que tú eres un egoísta y no me quieres enseñar a usar el Hiten Mitsurugi y prefieres que me quede con la escuela Kamiya Kasshim… si la técnica de Kaoru fuera tan buena¡¡ ella hubiera podido defender a sus padres del ataque que sufrieron!!-

En ese momento ambos se volvieron al escuchar el ruido de una taza al caer al piso. Era en la que Kaoru le traía a Yahiko algo caliente de beber para antes de dormir.

Los ojos de la joven se anegaron en lágrimas y corrió a su habitación.

Kenshin se volvió hacia Yahiko, muy molesto.

-Cuando Kaoru fue a rescatarte, no pudo seguir peleando porque a ti te pusieron un cuchillo en el cuello y a ella no la dejaron moverse. ¿No lo recuerdas?-

Yahiko desvió la mirada, incómodo, dándole la razón a Kenshin. Éste prosiguió.

-Cuando asesinaron a los padres de Kaoru, pasó lo mismo. Amenazaron a la madre, inmovilizando al señor Kojiro y a Kaoru que trataron de rescatarla. Y tal como pasó en tu caso, aquí también había un grupo numeroso de hombres que los atacaron a la vez.-

-Yo… yo no lo sabía… - respondió Yahiko después de un rato.

-Yahiko.- dijo Kenshin apoyándose en un pilar del pasillo.- No importa la técnica sino la habilidad y el compromiso del estudiante para darle un buen uso. El Kamiya Kasshim sirve para defender a las personas, tanto al atacante como al atacado… sirve para salir bien de una pelea sin matar a nadie. Es la mejor para esta nueva época. El Hiten Mitsurugi morirá conmigo porque es lo que yo he decidido y porque forma parte de mi ideal de no volver a matar a nadie. Yo no mataré nuevamente… ni enseñaré una forma de matar a un niño como tú. Por favor, medita en lo que te he dicho.-

Kenshin se retiró a la habitación junto a su esposa que ya se había acostado. La luz estaba apagada pero él no necesitó verla para saber que estaba llorando.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

El señor Maekawa no puso problemas en admitir a Kaoru nuevamente como instructora. Tampoco en que Kenshin la acompañara a las clases. De hecho, la dejó quedarse en ese momento para practicar su estilo de combate.

La joven se colocó la armadura para tal evento y empezó a hacer una demostración junto a un chico voluntario. Kenshin no le quitaba los ojos de encima mientras estaba sentado en un sitial junto al dueño del dojo. En realidad, le causaba cierta molestia verla cerca de otra persona.

-Kojiro era un muy buen kendoka. Realmente fue terrible todo lo que pasó con él y su esposa. Yo estaba de viaje cuando sucedió todo eso y al regresar, ustedes habían marchado a Kyoto.- dijo el señor Maekawa, llamando su atención.

-No tiene que disculparse, señor Maekawa.- dijo Kenshin.- Usted ha sido muy amable al estar al pendiente de nosotros este último mes. Por otra parte, para Kaoru es muy importante el que le haya permitido volver a dar clases.

Mientras tanto, en el restaurante Akabeko, Tsubame y Yahiko estaban en su hora de descanso. Se empezaban a llevar bien a pesar de la timidez de la chica y en ese momento estaban conversando. Tsubame le contó como Kaoru la había defendido en una callejuela de Kyoto de un agresor.

-Pasé mucho miedo en ese momento pero Kaoru me protegió hasta que llegó Kenshin y su amiga Misao. Estoy muy agradecida con ellos, pero sobre todo de ella… en ese momento estaba enferma, creo. ¿Pero sabes?... la admiro mucho. Ha pasado por cosas malas pero es una buena persona. Me alegra mucho de que se haya encontrado a un esposo como Kenshin porque él también es bueno.

Durante la tarde, Kaoru y Kenshin regresaron a la casa.

-Estoy muy orgulloso de ti, Kaoru. Te veías muy bien peleando. Ahora pienso que tendré que portarme bien para que no me llegue uno de esos golpes tuyos.-

Se detuvieron al ver a Yahiko en medio del patio, con un bolso donde tenía sus escasas pertenencias. Se acercaron a él.

-¿Acaso te vas?- preguntó Kaoru.

-Yo… yo te debo una disculpa.- comenzó a decir el niño.- Fui tonto e injusto anoche contigo, al decir tamaña barbaridad sobre… sobre la muerte de tus padres.-

Kenshin y Kaoru se miraron. El chico prosiguió.

-Creo que no es bueno que me quede y siga dando molestias con mis comentarios. Me siento muy mal con todo esto, porque me han ofrecido un hogar y todo lo demás. He pasado días buenos con ustedes pero lo mejor es que me vaya.

-¿Y a dónde irás?.- preguntó Kenshin.

-Sanosuke me dijo que el cuarto que está al lado del suyo lo están alquilando. Creo que podré pagarlo.-

Kaoru se acercó a Yahiko. Se agachó para quedar a su altura.

-Nadie te está pidiendo que te marches… no tienes que hacerlo. Sobre lo de ayer, yo sé que lo lamentas y ya lo he olvidado.-

-Pero…-

-Esta casa es muy grande y hay espacio de sobra. No tienes que irte, Yahiko. Antes yo tenía una familia y me la arrebataron. Ahora tengo a Kenshin y creí que tú estarías feliz de ser parte de este nuevo hogar.-

Yahiko pensó un rato.

-¿En verdad no hay problema en que me quede?-

-Kaoru te lo está pidiendo, Yahiko.- dijo Kenshin.- Hazle caso.-

Yahiko abrazó a ambos al comprender que finalmente tenía un hogar definitivo y días después le pidió a Kaoru que le enseñe el estilo Kamiya Kasshim. La idea le gustó mucho a la joven y aceptó entrenarlo encantada.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

El tiempo siguió su curso en el dojo Kamiya y así llegó el mes de Mayo. Hacía más calor, los días se alargaban y en general todos estaban muy animados. Sobre todo Kaoru que tenía mucho trabajo persiguiendo a Yahiko por toda la casa, porque aunque quería convertirse rápidamente en un espadachín, le fastidiaba tener que repetir los mismos ejercicios que ella le indicaba tantas veces. Por eso, cuando Kaoru lo dejaba entrenado solo, se escapaba y a ella le tocaba buscarlo y traerlo de vuelta al dojo.

El niño también odiaba hacer los ejercicios de relajación y concentración. Y detestaba tener que limpiar, lo que originaba varias discusiones. Pero Kaoru nunca le sacaba en cara el tenerlo en su casa y por su parte, fuera de las horas de clase, él no daba problema. Y Tae sólo tenía comentarios elogiosos sobre el chico en el trabajo.

Kenshin pensaba que Yahiko y Kaoru eran como un par de hermanos y lo cierto es que entre tanto ajetreo, Kaoru gritaba y reclamaba más, pero también se veía más alegre. Y había comenzado a llevar a Yahiko al dojo Maekawa para que él aprendiera observando de otras técnicas y viera combates formales. Aunque Yahiko no lo decía, disfrutaba mucho de ello. Le gustaba tanto el kendo que ya no salía sin su espada de bambú a la espalda.

Una tarde, de regreso del trabajo, notó como unos chicos más grandes que él molestaban a Tsubame. Yahiko se acercó para ver mejor lo que pasaba y les exigió el dejar en paz a su compañera.

Desde luego que no le hicieron caso y Yahiko decidió hacerles entender por las malas. Así comprobó que había aprendido mucho de Kaoru y se sintió orgulloso de estudiar Kendo y poder defender a las personas. Desde ese día acompañaba a Tsubame a su casa y a veces los padres de ella lo invitaban a quedarse un rato más y comer algo rico. Yahiko se sentía bien por pensar que él podía proteger a alguien y con el tiempo su compromiso por el kendo y por seguir el ejemplo de Kenshin aumentó.

Aparentemente todo iba mejorando para ellos pero lo cierto es que Kenshin tenía un problema y ya no sabía que hacer con ello.

Tenía pesadillas.

Una noche despertó al sentir que lo remecía Kaoru, muy preocupada.

Estaba sudando y ella lo secó con una toalla.

-¿De nuevo el mismo sueño, Kenshin?... Te movías muy inquieto, por eso te desperté.

-Ehh… gracias, Kaoru.

-Creo que trabajas demasiado, Kenshin. Cuando no estás en tu huerto estás limpiando por aquí o haciendo cosas… o cuidando a los niños de los vecinos. Tú nunca paras.-

-Tengo que contribuir de alguna manera en casa, Kaoru. Y jugar con los niños es muy agradable. Además, así obtenemos un poco de dinero extra.-

-Pero no duermes bien… te cansas… lo que yo recibo en el dojo Maekawa es suficiente para nosotros. Lo del huerto fue una buena idea porque ahorramos mucho en comida, no es necesario que te esfuerces más.-

Kenshin se acomodó nuevamente para dormir y Kaoru se deslizó a su lado. Él le daba la espalda y ella lo abrazó.

-¿Quieres hablar de lo que soñaste?.-

-Es lo de siempre.- respondió él. – Sueño con cerezos… con muchos árboles de cerezo. El viento sopla y los pétalos de flor comienzan a caer, como una lluvia de color rosa. Pero de pronto el rosa es reemplazado por el rojo. Miro a mi alrededor y ya no son pétalos de cerezo, es sangre… sangre que cae, que me mancha… que me ahoga.- Lo que no dijo es que también la veía a ella envuelta en ese mar rojizo.

Kenshin cerró los ojos y Kaoru le dio un beso en la espalda.

-Lo siento. Tuviste que haber visto cosas terribles cuando peleabas en la guerra.-

-No sólo las vi, también las hice. A veces me gustaría pensar que puedo olvidarlo pero sólo puedo tratar de ignorar esos recuerdos.

-Tú una vez me dijiste eso… que yo algún día podría olvidar lo que me pasó, o ignorarlo… y no te entendí mucho.

-La memoria es muy persistente con los recuerdos tristes, aunque dicen que hay personas que tienen suerte y logran olvidar lo que les hace daño. Otros, como tú o como yo, tenemos que vivir con esos fantasmas que constantemente saltan sobre nosotros y tratamos de pasar al lado de ellos sin tomarlos en cuenta.- Kenshin se dio vuelta.- Ese sueño desapareció poco después de encontrarme contigo pero no sé por qué ha regresado.-

-Ya veo.- dijo Kaoru reflexionando en las palabras del pelirrojo.- Me gustaría hacer algo por ayudarte. Tú siempre sonríes pero no veo alegría en el fondo de tus ojos… y sé que lo haces por agradarme. Aún en esos gestos te esfuerzas para que me sienta bien y me gustaría tanto poder aliviar esa carga tuya… -

-Haces mucho, Kaoru, mucho. Me has dado un lugar en el que vivir. Aunque llegué aquí de una forma fortuita, me aceptaste desde el primer momento aunque sabías quién era yo y pudiste intuir mi pasado. Eso no lo olvidaré nunca.

Kenshin la acunó entre sus brazos y le besó la punta de la nariz.

-Pero me pregunto si podrás soportarme. Contigo he sido más que nunca conciente de todo el daño que hice, de todos mis pecados. A veces pienso que no merezco tanto y que ya el haberme casado contigo fue una bendición del cielo… o tal vez una equivocación de ellos.-

-No digas eso, Kenshin tonto.- replicó ella molesta.- Esto no ha sido un error. Nosotros nos encontramos por algo… yo había perdido a mi familia y tú no tenías un hogar y por eso estabas tan solo… -

-Un hogar… -

Kaoru se quedó en silencio por un momento, sintiendo su corazón latiendo apresuradamente.

-Hogar… el lugar donde alguien te espera incondicionalmente sin importar el tiempo que pase, donde te recibirán con cariño. Un lugar al cual, sin importar los esfuerzos del día, o lo largo del viaje, podrás llegar y saber que allí… alguien te ama y te aguarda con una sonrisa. Es el lugar al que retornas porque sabes que está esa persona especial.- dijo Kaoru con un nudo en la garganta.- Eso es lo que yo… es lo que yo quiero brindarte. Es lo que tienes desde que decidiste quedarte conmigo y me dijiste tu nombre.

Kenshin la abrazó emocionado.

-Más allá de esta casa mi lugar es donde estés tú, Kaoru.- dijo él, dándole un beso suave aunque tenía ganas de más. Pero optó por la retirada.

Segundos después sintió las manos de Kaoru en las orillas de su yukata, tratando de deslizarla por sus hombros. Kenshin se detuvo y con una mano tomó las de ella.

-No lo hagas si no quieres. Sabes que no te exigiré más de lo que ha sucedido.-

-Pero quiero darte más. Soy tu esposa… déjame serlo completamente, por favor.-

-Kaoru…-

-Yo no sé si así pueda quitarte esas pesadillas, o hacerte un poco más feliz… pero al menos déjame intentarlo y ver… si puedo llegar hasta el final contigo porque ese es mi deseo.-

Kaoru sintió el cuerpo de Kenshin temblar mientras ella le sacaba la yukata.

El pelirrojo se puso sobre su esposa, apoyado en sus brazos y de hecho su fleco le hacía cosquillas a Kaoru en el pecho. Sintió las manos de la joven llegar a sus mejillas para atraerlo sobre ella y con cuidado Kenshin se recostó sobre el delgado cuerpo femenino y la besó como quería. A su antojo, con ansias… con toda la necesidad de ser correspondido; besándola con ganas, con fuerza y hasta con un poco de rabia por no poder darle más. Le enterró las manos en la espalda al tratar de acercarla y le atrapó las piernas con las suyas en un vano intento de fundirse con ella.

Kaoru llevó una mano para acariciar la mejilla marcada, dejándose llevar por la pasión en aumento de su esposo, quien le quitó la yukata para besarla, adorarla en cada centímetro de piel, acariciarla y tener en su boca el sabor de su cuerpo, tomando sus pechos para succionarlos, alternadamente. Subía a su cuello, sus orejas, sus mejillas, sus labios y allí se detenía, buscando un poco de miel y calma.

La joven decidida a dejarse llevar, cerró los ojos y se abandonó completamente a él. Suspiraba sin percatarse de que cada sonido que emitía era un estímulo más para que Kenshin continuara y tanto se olvidó de sus temores que de placer, comenzó a arañar levemente la espalda masculina.

Lo apretaba, lo acercaba más a sí cuando besaba algunas partes de su cuerpo, se arqueaba… recibía ávida sus besos cuando él volvía a su boca y trataba de mantenerlo allí. Separó las piernas y Kenshin se acomodó entre ellas mientras Kaoru se aferraba a sus hombros. Él se apoyó en los codos, de modo que pudo encerrarla entre sus brazos como siempre quería tenerla, dejándola sin escapatoria alguna y sintiendo en su abdomen el vientre suave, liso y levemente húmedo de la chica.

Kaoru sintió la punta del miembro erecto de su marido acercándose a la abertura de su cuerpo y aunque se tensó por unos momentos, Kenshin optó por continuar y entrar en ella.

Estaba húmeda, caliente y lo envolvió por completo. Kaoru, que se había quedado sin respirar al sentir un leve dolor, empezó a hacerlo rápidamente a medida que Kenshin inició el movimiento repetitivo que le aseguraba el placer propio, llevándola con él.

La joven levantó un poco la cara… necesitaba llevarse algo a la boca para no gritar y encontró el hombro de Kenshin cerca suyo mientras con las manos trataba desesperadamente de aferrarse a su espalda. Kenshin sólo sonrió al notar esos gestos y cambiando un poco el ritmo que traía, decidió llevar a Kaoru hasta el límite del placer que ella acababa de descubrir. Cuando la joven se arqueó bajo él, cambiando levemente la posición de su pubis, Kenshin hizo más fuerte las embestidas que le daba. Y así logró rozar un lugar tan sensible, que Kaoru se empezó a asustar con las sensaciones que tenía.

-Kenshin… - dijo ella en un tono apenas audible pero que él, atento, escuchó.

-Sshh… confía en mí… no pasará nada malo.-

-Pero…-

-Hazlo… estoy contigo… no te soltaré.-

Kenshin tomó una mano de Kaoru para infundarle seguridad y con la que tenía libre, se aseguró de mantener las caderas de la joven en la posición que estaban. Sintió una vez más los dientes de ella enterrándose en su hombro izquierdo, pero no le importó porque sabía lo que eso significaba.

La escuchó gemir, la sintió retorcerse desesperada y supo que ahora él podía procurar su propia liberación, vaciándose en ella y ahogando los gemidos de ambos en un beso profundo que los dejó sin respiración. Segundos después, cayó rendido a un costado de su esposa y no perdió tiempo para abrazarla y atraparla una vez más, colocando una pierna encima de las suyas.

Poco a poco Kaoru recuperaba el ritmo tranquilo de su respiración y acomodaba la cara en el hueco del hombro que había dejado algo maltratado. Kenshin le besó la frente, las mejillas… no podía parar de besarla aunque como ella, estaba exhausto. Y así Kaoru se quedó dormida bajo una lluvia de caricias, sonriendo.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Misao también dormía como un angelito, hasta que un ruido en las afueras de la casa llamó su atención. Se levantó rápidamente y bajó a investigar. Era Omasu que acababa de llegar de un viaje, junto con Beshimi que la había acompañado.

-Misao.- dijo la otra miembro del Oniwabanshu activo.- El rumor que escuchamos hace unos días ha sido confirmado. Algo turbio está pasando en un lugar cercano a la ruta de Tokai. Nos falta todavía investigar la ubicación exacta del sitio pero parece ser que un grupo de hombres se ha tomado el pueblo.

-¿Saben algo más, de quiénes se trataría?-

-No con exactitud, Misao.- dijo Beshimi.- porque al parecer el grupo es muy poderoso y bien organizado… nuevamente sólo nos enteramos de rumores pero estaría involucrado un antiguo patriota.-

Al escuchar eso, Misao pensó en Kenshin, pero dudó mucho de que se tratara de él.

-La única forma de tener más información es llegando hasta el pueblo que se han tomado pero la ruta de Tokai es larga… ya sabes que a pie uno demora diez días en recorrerla entera, asi que la investigación duraría un poco más que ese tiempo.-

-Muy bien.- dijo Misao, tomándose la barbilla.- Al menos tenemos una pista por donde empezar… partiremos dentro de unos días a ver qué sucede. Avísale a Hannya que partiremos el día 10 de este mes, para que prepare lo que hemos de llevar. Tú Beshimi, te quedarás para recibir la información que enviaremos y de acuerdo a eso, darán aviso a las redes Oniwabanshu de que deben estar en estado de alerta.-

Beshimi y Omasu se retiraron y Misao notó que Okina estaba tras ella, sonriendo.

-Realmente tienes pasta de líder.-

-No sé si sea la pasta de líder, pero tengo un mal presentimiento desde que escuché ese rumor de un pueblo perdido y sometido. Algo me dice que las cosas se pondrán mal.

-La intuición es una buena arma de anticipación, Misao. Pero ahora vamos a dormir porque tienes un viaje que preparar en 3 días más y debes estar en perfectas condiciones.-

-Si, abuelito.-

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Kaoru despertó con un sobresalto durante la madrugada y el corazón acelerado al máximo. Era la misma sensación que había tenido poco antes de lo sucedido a sus padres.

Se tranquilizó al notar a Kenshin durmiendo a su lado. Se veía especialmente calmo, con el fleco cayéndole sobre la frente y con una sonrisa leve en el rostro… se veía tan joven que de pronto a Kaoru se le ocurrió que tenía su misma edad: diecisiete años. Pero eran once más y en ese momento no se le notaban.

¿Estaría soñando algo bueno? Kaoru esperaba que sí…

La sensación que había tenido antes de pronto se hizo intensa… tanto así que le formó un nudo en la garganta. Kaoru miró hacia todos lados, muy asustada. Algo estaba pasando o iba a pasar, ahora estaba segura de eso.

Al volver la vista hacia su esposo, notó que éste ya estaba despierto y se veía tan contento, que Kaoru decidió ocultar su preocupación, prometiéndose estar alerta.

-Hola, belleza del kendo.- dijo ronco.

Kaoru sonrió.

-Mmmm… ven aquí, estás muy lejos.- dijo él, juguetón, atrayéndola sobre él y besándola.

-¿Kenshin?-

-¿Si?-

Kaoru lo miró largamente a los ojos violetas y de pronto se le ocurrió que podría dejarla. Por eso lo abrazó.

-¿Podría suceder… otra vez?- murmuró cerca de su oído. Le daría todo para que tuviera claro que ella siempre estaría con él.

Kenshin la aferró por la cintura y giró para dejarla de espaldas.

-Cuantas veces quieras.- prometió, devolviéndole a Kaoru un poco la confianza de que las cosas podrían ir bien.

-¿Siempre?.- preguntó ella sin detenerse a pensar.

-Por siempre, mi amor.- sentenció él, besándola, sin ánimo de parar.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Fin acto trece

Buscando la Manera.

Abril 11, 2007.

Notas de Autora

Hola!!!

Disculpen la tardanza pero la página no me dejaba actualizar desde el jueves y si pude hacerlo ahora es porque se me ocurrió una forma un poco tonta para burlarla y subir el cuento.

Un nuevo capítulo y siento que la expiación se acerca a mi persona… pero no hay que dormirse en los laureles y seguir trabajando. Más ahora que comienza oficialmente la dichosa saga de Kyoto en el acto catorce.

Me llegaron muchas preguntas con respecto a lo que sucederá de aquí en adelante con Misao y Aoshi… lamento no poder responderles porque ya tengo algo decidido para ellos y no quiero estropearle a nadie la historia contando lo que pasará, porque las cosas no pasarán tal cual las conocemos. Aunque tal vez la pelea de Kenshin y Saito la dejaré igual, porque esa me parece muy importante con respecto a las decisiones que tomará nuestro pelirrojo favorito.

También causó mucho interés lo de dejar vivos a los Oniwabanshu. En lo personal, me parece un pequeño desafío porque tengo que pensar en más personas en escena… pero está bien porque aportan mucho al perfil que quiero darle a Misao. Como que con ellos se nota más que ella es leal, una buena líder y que tiene su corazoncito. Y Kaoru, ni hablar, cada día le tomo más aprecio… a Kenshin lo amo tal cual… no hay que hacerle nada. Como que a Sanosuke lo estoy dejando de lado… le daré más escenas en el próximo capítulo.

Como siempre, las gracias a…

Okashira Janet

Arashi Shinomori

Maki 1988

Kanke-chan

Athena Kaoru Himura

HADA

Kagomekaoru

Mireya Humbolt

Kaorumar

Mer1

Kaoru-hino

Sakura-Merl

Onashiru Okanami

Mari8876

Gabyhyatt

Kai250

Lluvia185

... por leerme y darse el tiempo de reportarse. Son muy lindos y como se imaginarán, es el mejor incentivo para seguir (aunque no me los merezca!!!)

Hablemos de cosas lindas. El otro día por fin di con ese tema que le ponen a Kenshin y Kaoru en la despedida en la serie. Se llama "Cavalleria Rusticana", de un tal Pietro Mascagni. Al menos yo no la tenía pero ahora que si, la escuché mucho para las últimas escenas de este capítulo. Jojo, había que inspirarse de alguna manera. E intruseando por la red, encontré nuevas fotos de Kenshin y Kaoru… creo que las meteré al fotolog un día de éstos.

Besos y abrazos a todos, nos leemos pronto nuevamente, si Dios quiere y todo sale bien.

Blankiss.