Hola!!!

No, no se han equivocado. Efectivamente este nuevo capítulo se trata del acto catorce, que subí la semana pasada.

Después de releerlo encontré que… mmm… pues decidí reescribirlo y subirlo de nuevo. He modificado algunas partes porque me pareció que de ese modo se daba mejor continuidad a la historia.

Les quiero pedir una disculpa por eso… realmente no me gustó como quedó escrito y si bien escribo para ustedes, también lo hago para mí y si no quedo conforme con un resultado, me parece pertinente arreglarlo.

Les prometo tener más cuidado a la próxima (sin duda la falta de tiempo de esta semana es la causante de mi desgaste). Al final del capítulo suprimí una parte: les prometo que irá íntegra en el próximo capítulo. No le cambiaré ni omitiré una sola palabra.

Un beso grande grande a todos. Nos leemos.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Entre mis Brazos

Acto Catorce

Sueño Roto

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Kenshin notó que durante el sueño, Kaoru había cambiado de posición, dándole la espalda y apoyada en él. Estaba muy relajada y aunque no podía verle la cara, sabía que aun dormida, ella estaba sonriendo.

Miró el reloj y notó que ya eran las ocho. Una hora bastante decente para levantarse… Yahiko el día anterior había anunciado que por esa semana le tocaba el turno de la mañana así que tendría a Kaoru sólo para él. La idea le gustó.

Kaoru se volvió sin despertar y Kenshin no controló la tentación de robarle un beso. Esa mujer lo tenía loco… le estaba mostrando un mundo hasta el momento desconocía. Al lado de Kaoru, Kenshin supo que era capaz de dejar su viaje y quizá parte de su pasado atrás… tal vez también podría llevar una vida tranquila. Tal vez hasta podría ir más lejos con ella y formar un hogar.

La idea de formar un hogar le gustaba. Se le ocurrió que tal vez, con lo que había pasado, Kaoru hubiera quedado embarazada… se vería muy bella de madre y como tal, lo haría espectacular. Él pondría todo de su parte para ser un buen padre y le enseñaría a su hijo a ser valiente, fuerte y a la vez muy gentil, para que sea una persona apreciada.

-"Te equivocaste, Jinnei… un asesino no necesariamente es asesino hasta el final. Por esta nueva vida que tengo, yo… yo haré mi mejor esfuerzo, más que nunca, por dejar eso atrás."-

Siguió besando a Kaoru con cuidado, sin ganas de despertarla realmente. Estaba disfrutando de ese momento como un niño que saborea un dulce a hurtadillas. Le gustaba la situación, le gustaba mucho Kaoru… y todo lo que ella significaba.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Cuando abrió los ojos rato después, Kaoru descubrió el desayuno. Kenshin lo tenía en una bandeja para ella y se veía muy animado, diciendo cosas de que tenía que cuidar su alimentación y de que tal vez debiera moderar el ejercicio. Kaoru no entendía mucho de qué estaba hablando, cuando él le dijo que se tomarían el día y que saldrían a pasear porque hacía un día precioso.

-Kenshin… ¿pero y las clases en el dojo…?-

-No te preocupes. He ido a hablar con el Señor Maekawa y no ha tenido problema en perdonarte este día… -

Kaoru hizo una extraña mueca.

-Pero, si hablaste con el maestro y volviste… ¿Qué hora es?-

Kenshin sonrió, indicándole el reloj con la cabeza.

-¡Mediodía!... ¿¡Tanto dormí!?-

-Parece que estabas muy cansada.- dijo Kenshin, sonriendo. Kaoru se sonrojó.

Cerca de la una de la tarde, saliendo de la casa, se toparon con Sanosuke, que venía a pedir dinero prestado porque había estado jugando la noche anterior y había perdido. Kaoru estaba renuente a hacerlo y muy, pero muy fastidiada.

-Olvídalo, Sanosuke… siempre dices que es la última vez que juegas y a la semana siguiente vienes a pedir prestado. No te basta con venir a comer casi todos los días… eres un… -

Kenshin tapó con las dos manos la boca de su esposa antes que soltara alguna palabrota y sonriendo, anunció:

-Cuida de nuestra casa hasta que regresemos. Yo te prestaré lo que necesites después.-

A Sanosuke le gustó la idea porque pensó que Kenshin siempre dejaba cosas de comer por ahí, así que le dio la mano a su amigo sellando el pacto y se sentó a esperar que pasaran las horas en el jardín. Total, no tenía nada que hacer. Rato después, cuando le dio hambre, encontró un pescado asado del día anterior y se lo echó a la boca. El sabor estaba tan bueno que mantuvo el esqueleto del pescado afirmado entre sus labios por mucho rato después que hubo engullido su carne.

-Esto es vida.- dijo para sí.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Saito terminó de ordenar su escritorio y sus papeles. La investigación estaba completada, sabía todo lo que tenía que saber o casi todo lo que podía sobre Makoto Shishio, su organización y la ubicación exacta de un pueblo en la ruta de Tokai que se habría tomado, para preparar un ejército que diera el golpe de Estado que estaba tramando.

También había investigado a Battousai Himura o lo que quedaba de él y se dio cuenta de que en efecto estaba casado y llevaba una vida de lo más apacible. De hecho, a pesar de que en su momento pensó que los hombres de Shishio tratarían de contactarse con él, descartó la idea al descubrir el lado amable de Kenshin Himura. Demasiado gentil para una guerra. Y a decir verdad, saber eso no le había gustado nada hasta que llegó a su mesa un completo informe sobre el arresto de Kanryu Takeda y los nombres de las personas que contribuyeron en su captura.

Ante eso, Saito, que ya había decidido olvidarse de Battousai y de sus cuentas pendientes, llegó a la conclusión que todavía no estaba todo dicho sobre Himura. Y ya no podía perder más tiempo si quería averiguar ciertas cosas.

En eso entró un joven oficial a su oficina, trayéndole una nota que al parecer venía de uno de los superiores de Saito.

"Puede proceder." Decía en una de sus líneas. Saito sintió una grata sensación correr por su espina hacia todo su cuerpo…

Estiró los brazos hacia arriba. Estaba impaciente por actuar. Finalmente había llegado el día…

El día en que se volvería a encontrar con su antiguo mayor enemigo.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Pasearon por el mercado y Kenshin notaba de vez en cuando un brillo de admiración en los ojos de Kaoru cada vez que veía algo que le gustaba. Sin embargo, ella no pedía nada porque en el fondo, sentía que no podía permitírselo.

Pero al llegar a un puesto donde había un hermoso set de belleza que contaba con un espejo, peines, adornos y palillos para el cabello, la joven apenas pudo apartar la vista de ellos.

Se estaba dando la media vuelta para salir de allí cuando escuchó la voz de Kenshin.

-Por favor, envuelva eso para mi esposa. Lo compraré.

Kaoru giró y lo miró a la cara, sorprendida.

-Kenshin, no es necesario… yo… -

-Eres mi esposa y quiero hacerte ese regalo.

-Pero es muy caro… -

-Pero es el mejor aunque es mucho menos de lo que te mereces.- argumentó Kenshin, recibiendo la caja que contenía el set después de pagar. Luego la tomó de una mano.- Vamos, aún tenemos compras que hacer.

Kaoru miraba a Kenshin sin saber qué reacción tomar. Kenshin siempre había sido atento y considerado con ella, pero muy calmo. Y en ese momento… actuaba distinto, como si estuviera eufórico, como si fuera otro tipo de hombre.

Como si fuera un hombre dispuesto a ser feliz.

-"¿Tanto significó lo de anoche para él?"- pensó la joven. – "Yo no imaginaba que pudiera ser así… fue demasiado considerado al controlarse tanto tiempo si tenía ese deseo tan grande"-

Pasearon un poco más, comieron golosinas y después fueron a descansar a la orilla del río. Kenshin se sentó apoyado en el tronco de un árbol e invitó a Kaoru a hacer lo mismo entre sus piernas, de modo que ella apoyó la espalda en su pecho y se acomodó muy tranquila.

La joven colocó la caja sobre su falda y sonriendo, la abrió. Mientras tomaba el espejo para examinarlo bien, Kenshin sacó un adorno y lo colocó sobre su negro cabello, mirándola a través del espejo que ella sostenía frente a sí.

-Eres hermosa.-

Kaoru sonreía, pero tenía una sensación molesta. Se obligó a dejar esos pensamientos negativos y a centrarse en el día que estaba disfrutando.

-Gracias por el regalo, Kenshin… -

Kenshin, juguetón, le soltó el lazo de la coleta y sacó otro adorno de la caja para ponerlo en ella y ver qué tal le quedaba. Posteriormente siguió con uno de los palillos y al final llegó a un peine que tenía una flor de jazmín tallada y pintada. Hizo que Kaoru se reacomodara volviéndose un poco hacia él mientras maniobraba con el peinado que le estaba haciendo.

Al terminar su obra, enmarcó el delicado rostro de su esposa entre sus manos y la contempló.

-Gracias a ti, Kaoru, por darme la oportunidad de ser tu marido en todo sentido. Por ser quien puede cuidar de ti.-

Kaoru se quedó sin palabras y Kenshin aprovechó de poner el espejo frente a ella, dejándola estupefacta con la imagen que veía en él.

Con el cabello tomado hacia un costado, con los ojos brillándole intensamente y las mejillas arreboladas, los labios llenos, pidiendo ser besados, Kaoru se sintió como una mariposa que acababa de salir de su larva y miraba su reflejo en un estanque. El espejo desapareció de su vista y en su lugar quedaron un par de ojos violeta que la miraban con mucho interés y una sonrisa que ella hasta el momento desconocía su marido pudiera poseer.

Sin duda estaba feliz.

-¿Vamos a casa?- preguntó Kenshin poniéndose de pie y extendiéndole la mano para ayudarla a hacer lo mismo. Kaoru guardó sus cosas, tomó su caja y aceptó su invitación.

Sabía a dónde irían y qué harían al llegar a casa y la idea le encantaba.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Cerca del dojo Kamiya, el viento comenzó a soplar fuerte. Tanto, que muchos pétalos de los cerezos en flor de los alrededores se desprendieron y como una lluvia rojiza, cayeron sobre ellos, rodeándolos.

Kenshin por un momento recordó la pesadilla que tenía continuamente, relacionada con los pétalos de cerezo. Pero hizo un esfuerzo por olvidar eso… ya no había pesadillas ni pasado. Había un futuro al lado de Kaoru. Esa tarde le preguntaría si estaba interesada en formar una familia.

Sintió la mano de la joven apretar la suya y supo que ella también pensaba en la pesadilla.

-No pasa nada… sólo son pétalos de cerezo. Y los cerezos son cerezos¿no?.- dijo para calmarla, mientras le quitaba un pétalo que se le había quedado atrapado en el cabello.

Kaoru asintió y le besó una mejilla.

Ya en casa Kaoru se dirigió a la habitación para dejar su caja y otras cosas que Kenshin insistió en comprarle, como sandalias, lazos y una yukata nueva y muy suave. Sonriendo, sacó su nuevo espejo una vez más y se contempló en él, decidiendo dejarse el peinado que le había hecho Kenshin porque se le veía muy bonito. En ese momento él entró en el cuarto, cerrando la puerta tras de sí y cumpliendo con el ritual de quitarse la espada para estar con ella en ese lugar de la casa. Era el único espacio en el que no sentía la necesidad imperiosa de portarla.

-Ya he despedido a Sanosuke. Se fue muy contento por poder pagar su deuda.-

-Kenshin, no era necesario que le dieras el dinero. Él debe aprender a ganarse el propio con trabajo, como lo hacemos nosotros.- dijo ella muy seria.

-Pero hoy cuidó nuestra casa así que se lo ganó. No era mucho lo que necesitaba.

Kenshin se acercó a la joven y se sentó junto a ella, para acariciarle el rostro con la punta de los dedos.

-Cuando era joven, miraba a mi jefe. Él tenía una mujer a la que amaba y él siempre le hacía diversos obsequios. La verdad, yo no entendía mucho eso hasta ahora. Me parece que todo lo que tienes es poco para lo que te mereces y que incluso la atención que te doy no es suficiente. Si tuviera dinero te llenaría de las cosas más exquisitas que pudieras imaginar pero sólo podemos tener esto.-

-Kenshin, no te preocupes por esas cosas.- dijo ella tomando su mano entre las suyas.- Tengo todo lo que necesito a mi lado. Te tengo a ti, a Yahiko que es como un hermano… a Sanosuke que aunque sea un tonto me hace reír con sus babosadas. A Megumi que es nuestra amiga y a Misao, que ha sido siempre un apoyo. Tengo esta casa en la que he podido recibirte. Lo que la vida me quitó me lo trajo de regreso desde el momento en que apareciste en mi comedor y te quitaste la espada para no asustarme. Lo demás puede ser bonito para mirar pero no es lo que quiero tener conmigo por siempre.-

Kenshin la rodeó entre sus brazos y no perdió tiempo para besarla. Saboreó sus labios con delicadeza, mordisqueándolos ligeramente y sintiendo un aroma dulce emanar de su cuello. Estaba extasiado.

-¿Realmente te basta conmigo? Puedo ser un hombre complicado… tengo un pasado y… -

-Ken, ya hemos hablado de eso y no me importa. Todos tenemos cosas que nos duelen, tú mismo lo dijiste. Y que no podíamos hacer nada por eso, sólo ignorarlo a veces. Yo te quiero a ti… el resto, ya veremos cómo solucionarlo después.-

Kenshin sonrió feliz de escuchar esas palabras aunque pensó que de todos modos tenía una conversación pendiente con Kaoru sobre cierta parte de su pasado que ella desconocía. Pero pensándolo bien, sería un poco más adelante. No quería estropear ese día.

-Kaoru, yo te…-

En ese momento se escuchó un fuerte golpe proveniente del patio. Kenshin se inmediato se puso alerta. Lo siguiente que escucharon fue un gemido… de dolor.

-Quédate en el cuarto y no salgas.- dijo muy serio y poniéndose de pie. Antes de salir, se colocó su espada al cinto.

Cuando Kaoru vio la espalda de Kenshin desaparecer tras la puerta que se cerraba, sintió una fuerte opresión en el pecho que apenas le dejaba respirar.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

-Hubiera preferido entrar de un modo más educado, pero este sujeto no me dejó muchas opciones.- dijo Saito de pie, frente al cuerpo de Sanosuke que a duras penas trataba de levantarse, con la ayuda de Megumi. –Battousai, tardaste mucho en aparecer salir de casa. Más o menos cinco segundos. Al parecer el tiempo te ha desmejorado bastante.

Kenshin miraba al enorme hombre impecablemente uniformado frente a sí, sin podérselo creer del todo. Como si fuera una aparición.

Tenía frente a él a la encarnación de sus peores pesadillas.

-Hajime Saito… - murmuró con los ojos muy abiertos.

-¿Y quién es él?- preguntó Kaoru que apareció detrás de Kenshin.

-Te dije que no salieras.- le recriminó Kenshin a su esposa.

-No esperarás que te deje solo¿O si?... -

Saito le echó una mirada apreciativa a la joven.

-Es comprensible por qué sentiste la necesidad de casarte de nuevo, Battousai. Pensé que después de la última vez le tendrías pavor al matrimonio.-

-¿La última vez? … ¿Kenshin, de qué está hablando este tipo?-

Kenshin no dijo nada. Pero Saito tenía algo más que aportar.

-Mis felicitaciones, jovencita. Realmente usted es algo especial si pudo atrapar a este sujeto.-

Kaoru se ocultó detrás de Kenshin por instinto, mirando a Saito de reojo.

Era un tipo extraño para ella, aunque al parecer se conocían con Kenshin. Saito era tan alto como Sanosuke, aunque su rostro era mucho menos agraciado que el de su amigo, en su opinión, porque su cara era alargada, con los huesos muy marcados. Los ojos los tenía fuertemente bordeados de negrísimas pestañas y como eran pequeños y alargados, tenían un aspecto siniestro. La mandíbula, cuadrada y delgada, contrastaba con la frente ancha que al parecer hacía su avance hacia la parte alta de la cabeza. Sin embargo, a Saito no le importaba su incipiente alopecia y se peinaba correctamente hacia atrás, aunque algunos mechones se escapaban de su peinado y caían delante de sus ojos.

En verdad, a Kaoru le daba un poco de miedo verlo. El traje de policía no podía disimular la potente masa muscular bajo él… pensó que Saito era un contrincante de temer.

En eso notó a Megumi y a Sanosuke en el suelo y el miedo se le quitó, dando paso a la rabia.

-¿Qué le hizo a Sano?- exclamó.

-Te lo diré, Himura Kaoru.- respondió Saito sorprendiendo a todos por conocer el nombre de la chica.- Nos encontramos en el camino y a Sanosuke no le gustó que estuviera merodeando cerca de la casa. A mí no me gustó el modo en que trató de defender la propiedad y aquí lo ven. La doctora venía por el camino, nos vio "discutir" y se acercó. Lo que sigue es lo que están viendo.-

Megumi logró darle el apoyo suficiente a Sanosuke para que se pusiera de pie, quien de inmediato empezó a reclamar.

-¿Pero qué demonios quieres con Kenshin, "ojos feos"?-

Saito lo miró como si todo lo aburriera.

-¿Ajustar cuentas?- dijo Kenshin en una pregunta que más parecía una afirmación.

Saito soltó aire. En ese momento llegó Yahiko del trabajo.

-¿Pasó algo?... ¿Por qué hay un policía?- preguntó nervioso ante la idea de que hubiera pasado algo malo. Saito lo miró con poco interés y volvió al rostro de Kenshin.

-Battousai… ¿realmente crees que trataría de ajustar cuentas contigo después de todas las cosas que he leído sobre ti? La información respecto a lo que has hecho de tu vida es patética.-

-¿Información?- dijo Kenshin.

-Hace un tiempo que te observo, Battousai. Si la memoria no me falla, nos vimos por última vez en la batalla de Toba-Fushimi hace diez años. Pasaron muchas cosas desde entonces. Soy policía, como ves por mi uniforme y decidí averiguar sobre ti. Ojala no lo hubiera hecho. Estoy decepcionado de lo que te has convertido.-

-No me importa lo que pienses de mí. Si no tienes nada más que decirme, preferiría que te fueras y que no volvieras por aquí.- dijo Kenshin algo cabreado con la situación. Pero Saito tenía otras ideas.

-Claro que tengo cosas que decirte, Battousai.-

-¿Battousai?... ¿Por qué llama a Kenshin "Battousai"?.- preguntó Yahiko extrañado de la conversación que estaba escuchando.

-Porque Battousai es el nombre del peor enemigo del Shinsengumi.- respondió Saito.- del grupo al que pertenecí como capitán de la tercera división.-

Kaoru comenzó a asustarse más de lo que ya estaba. De alguna parte le sonaba el nombre de "Hajime Saito". Claro, era parte de la historia reciente, como el nombre de Battousai. Y así como de ellos, también había escuchado muchas cosas sobre el Shinsengumi cuando era niña, en las conversaciones de su padre. Megumi y Sanosuke también tenían nociones de lo que se estaba hablando en ese momento y Yahiko era el más débil en la información que manejaba porque no conocía mucho de historia.

-Oiga.- dijo Yahiko.- Kenshin no es enemigo de nadie. Él es un hombre bueno que protege a las personas con su espada… es el tipo de persona que quiero ser cuando crezca.- declaró el chico con vehemencia.

-Pues que mala elección hiciste chico. El Battousai al que conocí era una máquina de matar, un ser poderoso, considerado casi como un dios de la muerte. En cambio el personaje al que quieres emular no es nada más que un pobre idiota, muy debilitado por su estúpido lema de "no matar". –

-Pienso que soy lo bastante fuerte como para proteger a los que viven conmigo, a los que me rodean. No necesito mi antigua fuerza de asesino.-

-Déjame decirte que esa fuerza para proteger de la que hablas no existe. Mientras tú te demorabas en salir al patio, perfectamente pude haber matado a Takani y a Sanosuke sin mayor problema.- dijo Saito sacando su espada de la funda con una mirada asesina.- Y sé que no es la primera vez que sucede algo similar. Recuerda lo de Jinnei Udo y tu querida esposa, a la que pudo matar de haber querido. O más recientemente a la banda de Kanryu Takeda. Supe que ustedes se salvaron por los pelos. –

-"Él nos sigue hace tiempo".- pensó Kaoru alarmada.

-Las medidas a medias, como las tuyas, no sirven de nada. Si hubieras matado a tus enemigos cuando debías hacerlo, te hubieras ahorrado muchos problemas. – terminó el policía.

-¡Usted no sabe de lo que habla!.- gritó Yahiko, enfadado por el modo en que Saito trataba a su héroe.- Gracias al modo de actuar de Kenshin, se han salvado muchas vidas… no hubo ningún muerto y él ha podido mantener su promesa.-

-Pero eso no será siempre. A veces hay hechos de extrema violencia a los que él no puede llegar a tiempo para salvar la situación… ¿cierto, Kaoru?.-

Kaoru recibió de lleno la mirada de Saito y supo que se refería a lo sucedido con sus padres.

Kenshin estaba estupefacto.

-Realmente diez años ha sido mucho tiempo y estás acabado, más con esa idea que no sirve de mucho.-

-No me importa lo que pienses de mí, Saito, o de mis ideas. Simplemente no volveré a matar.- dijo Kenshin muy convencido, sin dejar que las palabras de su enemigo lo hicieran dudar del modo en que pretendía expiar sus crímenes.

Sin embargo, Saito se puso en una posición de ataque muy conocida por Kenshin.

-Muy bien… vamos a comprobar hasta dónde llevarás tu idea de no matar. Por cierto… ¿Vas a incluir a tu joven esposa en esto?-

Después de mirarlo en silencio por unos segundos, sopesando la situación, Kenshin notó que no tenía alternativa. Conocía a Saito y no descansaría hasta obtener una batalla con él. Por eso, Kenshin dio un paso hacia Saito para responder a la invitación, llevando por instinto combativo una mano a la espada. Pero Kaoru lo tomó de una de las mangas de su gi.

-Por favor… no…- dijo en un hilo de voz, tratando de detenerlo.

-Esta pelea es inevitable. Quiere matarme. Pero te prometo que todo estará bien.-

-Pero Kenshin… yo… yo tengo la impresión de que tú…-

Kaoru no pudo seguir hablando, pues Kenshin había puesto un dedo sobre sus labios. Después le sonrió y se dio la media vuelta, dejándola sola.

-Megumi, por favor, atienda a Sanosuke en nuestra casa. – dijo Kenshin al pasar cerca de ellos hacia Saito, para dirigirse a él.- Vamos al dojo.-

-Muy bien. Me parece un lugar adecuado.- contestó éste, satisfecho. Había logrado hacer picar a Battousai.

Saito y Kenshin se fueron al lugar elegido mientras Kaoru no sabía que actitud tomar. El terror tenía paralizadas sus piernas mientras veía a su esposo poner distancia entre ambos. Finalmente optó por seguirlo.

-Kaoru.- le dijo Megumi.- él no quiere que estés allí.-

-Soy su esposa. Lo seguiré donde sea.- respondió la joven, decidida. Yahiko la acompañó.

-Yo también iré.- dijo Sanosuke.

-Pero necesitas atención médica.-

-Ya tengo toda la atención médica que necesito.- respondió Sanosuke muy conciente del brazo que Megumi tenía en torno a su cintura para ayudarlo a mantenerse en pie.- Vamos… algo me dice que tenemos que acompañar a Kenshin. Si ese tipo me ha podido dejar así con algunos golpes, es que realmente es muy fuerte.- concluyó, limpiándose un poco de sangre de las comisuras de los labios.

Ya en el dojo, Saito se encontraba descalzo, ubicado en un extremo y en una posición de combate especial. Sostenía su espada japonesa con la mano izquierda y tenía la mano derecha extendida sobre el arma, afirmada en la punta. Había bajado las caderas y tenía la espalda inclinada hacia delante. Las piernas separadas, para mantener el equilibrio.

Kenshin, por su parte, lo esperaba con la mano derecha lista sobre la cacha de la espada, para desenfundar cuando fuera necesario.

-¡¡VAMOS!!- gritó Saito, corriendo a toda velocidad hacia Kenshin, quien esquivó el golpe que iba a recibir desenfundando la sakabattou y desviando la espada de Saito. Enseguida saltó para estar fuera de su alcance.

Saito le dio a la pared que estaba tras de Kenshin. Sin embargo, la percatarse de la finta, en una fracción de segundo cambió la dirección de su golpe y lo lanzó hacia arriba, alcanzando a su oponente.

-¡No creas que te has escapado!- exclamó cuando el acero se enterró en un costado de Kenshin que aún estaba en el aire. -¡Golpe del Colmillo en el Aire!.-

Al ver eso, Kaoru ahogó un grito, a la vez que sentía un agudo dolor en el pecho.

Kenshin cayó al piso y de una fuerte patada, Saito lo alejó unos cuantos metros de él.

-Hum, giraste y por eso mi golpe no te mató… - observó Saito.- Pero no será suficiente.-

Apenas Kenshin se puso en pie, Saito ya estaba listo para atacarlo nuevamente.

-Va a hacer ese movimiento otra vez.- dijo Kaoru para sí, pasando su mirada rápidamente a Kenshin que ya llevaba su mano a la espada para defenderse.

El golpe de Saito esta vez dio de lleno en la sakabattou que con decisión interpuso Kenshin en un intento por neutralizar la técnica de su enemigo. Pero fue tal la fuerza del ataque de Saito que el pelirrojo salió despedido hacia atrás, estrellándose contra la pared.

Yahiko, asombrado, miraba a Saito.

-Kenshin apenas puede hacer algo… este hombre es realmente fuerte.-

El niño notaba que Kenshin no podía levantarse de donde estaba. Luego vio a Kaoru correr hacia él.

Kaoru no podía dejar de asistir a su marido, pero al acercarse, notó un par de cosas inusuales en él. Kenshin respiraba con mucha dificultad y por otra parte, miraba fijamente hacia el frente, a su enemigo, como si de pronto no existiera nadie más que Saito en el cuarto. Estaba pensando en eso cuando por el rabillo del ojo, vio a Saito acercarse y por eso, sin dudarlo, abrió los brazos y se puso delante de Kenshin.

-Apártate, chica.-

-No permitiré que esto siga.- dijo Kaoru, firme, sin dejarse amedrentar por el tono de Saito, recordando la sangre que manaba de la herida en el pecho de Kenshin.

Pero éste se puso de pie y colocó una mano en el hombro de Kaoru.

Sin dejar de mirar a Saito, Kenshin simplemente la apartó. No necesitó palabras para hacerlo porque su actitud era suficiente. La joven se movió un poco, con un dolor que ahora le impedía respirar normalmente, pues sentía que le atenazaba la garganta.

Por su parte, Saito estudiaba al espadachín.

-"Traté de herirlo de muerte pero él se defendió rápido… su reacción fue más rápida que la del primer ataque. Por lo que he averiguado, Battousai ha ganado a otros adversarios como Sanza, Jinnei y Shinomori en muy poco tiempo. Puede ser que en cada combate, a pesar de lo que diga sobre no matar, este hombre haga uso de lo que fue alguna vez Battousai el asesino."-

Una parte del cerebro de Saito, en algún momento registró que Kenshin corría hacia él con la espada desenvainada, hacia delante, listo para atacarlo.

Saito lanzó un golpe hacia el frente para corresponder, pero Kenshin desapareció de su vista.

-"Sigue acelerando"- pensó al descubrirlo a su costado, en una posición extraña. Por instinto, Saito dio una fuerte patada, lanzando a Kenshin hacia otra pared.

Pero a pesar de lo que pensaba, Kenshin se puso de pie rápidamente. Al parecer le faltaba aire, porque se veía muy fatigado después de su acción.

-Su cuerpo… su cuerpo no resiste tanto poder, por eso el aire le es insuficiente.- murmuró Megumi, siendo escuchada por Sanosuke aún apoyado en ella. Kaoru llegaba a la misma conclusión en otro lugar del dojo.

-"Kenshin, Kenshin, por favor, termina con todo esto… por Kami, que esto pare de una vez"- pensaba frenéticamente Kaoru, muy asustada. Ahora comprendía el por qué de sus temores, de las sensaciones que había tenido. Su instinto se había adelantado a lo que sucedería.

-Pero no sé cómo enfrentar lo que venga.- susurró sin quitar los ojos del pelirrojo a quien se le había desatado la cinta que llevaba para mantener la coleta que llevaba. Su cabello, liberado, brillando como fuego bajo la luz de la tarde que se filtraba por las ventanas del dojo, se esparcía sobre su espalda.

Kenshin giró un poco hacia ella, para atacar a Saito. Y en ese momento Kaoru notó algo que la llenó de pavor.

Tal como en la pelea con Jinnei Udo, los ojos de Kenshin habían adquirido un inquietante color ámbar. Era como si de pronto, un demonio hubiera tomado posesión de su cuerpo. Yahiko también observaba la transformación sin poder creerlo. La gente no tenía ese tipo de ojos… era algo sobrenatural.

A Saito tal cambio, lejos de sorprenderlo, le agradaba. Si aún existía Battousai, estaba asistiendo a su encuentro.

-Puede que sea el regreso de Battousai o un ataque de ira. Como sea, sólo hay una forma de saberlo.- dijo Saito para sí. Luego, en voz más alta, exclamó.- ¡No tendré piedad contigo. Te daré el Golpe del Colmillo!-

Dicho esto, Saito esta vez levantó su espada más arriba de su cabeza, aunque con el mismo sistema de usar la mano izquierda para mantenerla en alto y la derecha para guiar el golpe desde la punta.

-¿Acaso ahora peleará en serio? No puede ser que haya estado jugando.- dijo Yahiko inseguro esta vez de la victoria de Kenshin.

Megumi y Sanosuke observaban atentamente cuando Kaoru llegó hasta ellos.

-Hay que detenerlo, ahora. Cuando tiene esos ojos no se controla… puede romper su promesa… hay que hacer algo.- decía atropelladamente, sin lograr que ellos la entendieran. Sintió unos pasos correr y supo que Saito se lanzaba en un ataque. Se volvió para mirar la escena y vio lo imposible.

Kenshin esperó impasible a que Saito lanzara el golpe a su cara y cuando estaba a punto de llegar a él, se movió hacia su costado izquierdo. Luego, usando la pierna del mismo lado como pivote, se giró y se agachó justo en el momento en que Saito cambiaba la dirección del golpe a horizantal, sintiendo sobre su cabeza el aire que la espada de su enemigo lograba mover.

Una vez hubo pasado ese peligro, Kenshin se levantó rápidamente para terminar de girar, quedando detrás y de espaldas a Saito, en la posición perfecta para darle un fuertísimo golpe en la nuca con toda la potencia de su brazo derecho extendido hacia atrás, con la sakabattou que gracias a su filo invertido, le impidió matarlo.

Aunque para ser sinceros, el pelirrojo por primera vez en muchos años, se lamentó de usar precisamente esa espada para ese caso en especial.

-Le dio, lo golpeó dándole por detrás, dando media vuelta sobre sí mismo.- decía Yahiko admirado de lo que acababa de presenciar. Kaoru en cambio sentía su terror en aumento.

Para Kenshin era importante su promesa de no matar, por lo tanto, lo era también para ella. Pero Sanosuke la hizo comprender que en ese momento nada lograría sacar a Kenshin de ese estado, hasta que Saito muriera.

-Vi tu golpe tantas veces que tendría que ser idiota para no haber ideado un modo de esquivarlo.- dijo Kenshin a Saito, con un tono muy altanero en comparación al que solía usar cotidianamente al hablar. –Levántate. Tanto nos has molestado por tener este combate que sería una lástima que terminara así, contigo en el suelo, escupiendo sangre.-

-"Ese no es su modo de expresarse." – pensó Kaoru con los ojos arrasados en lágrimas.

-Me pidieron que midiera tu capacidad.- dijo Saito poniéndose de pie y limpiándose la boca ensangrentada con el dorso de su mano enguantada.- Sin embargo, he cambiado de opinión y te voy a matar. Despídete de tu linda esposa.-

-¿Lo mandaron a medir la capacidad de Kenshin?... ¿Quién… quiénes?- exclamó Kaoru a viva voz, pero Saito no la tomó en cuenta. Kenshin a esas alturas, tampoco la oía.

-¿Estás loco, Saito? Aquí el que matará, seré yo.-

Kaoru pasó saliva al tiempo que caía sobre sus rodillas. Ese no era su Kenshin… no era el que esa mañana le había llevado el desayuno, el que le había comprado un regalo; el que le había hecho el amor durante esa madrugada… ya no era su compañero.

Kenshin y Saito se atacaron mutuamente, chocando espadas y tratando de herir, cortar, matar. Con fuerzas equivalentes, la pelea estaba muy pareja.

Kenshin saltaba en diferentes direcciones, esquivando los golpes de su oponente, usando incluso la pared como trampolín cuando necesitaba lanzarse con fuerza hacia Saito que resuelto, cambiaba la dirección que tomaba su espada con el fin de darle al cada vez más escurridizo y peligroso Battousai. En un momento, ambos se atacaron con toda la fuerza que tenían, y en ese cruce de aceros, un trozo de espada salió volando, para ir a caer cerca de Yahiko.

El niño miró estupefacto el pedazo de arma y una nueva mirada a los contendores le indicó que era Saito quien había perdido su espada. Emocionado, pensaba frenéticamente que Kenshin era el más fuerte sin duda, dijeran lo que dijeran las personas que no confiaban en él ni su ideal. Sin embargo, el chico era inconsciente del sufrimiento de Kaoru pues apenas pensaba en que el lema de no matar ya no era parte del vocabulario del sujeto que tenía en frente. Estaba deslumbrado con la calidad de combate que estaba viendo y en su mente no había espacio para nada más.

-La próxima vez será tu cabeza.- dijo Kenshin a Saito, refiriéndose a la espada que había sido destrozada, mientras giraba su katana.

Kaoru se puso de pie para correr a interponerse entre Kenshin y Saito, pero Sanosuke la tomó de un brazo.

-No te soltaré… no dejaré que hagas una tontería.- le dijo.

-Pero tú no entiendes… él… -

-Él ya no es el Kenshin al que conoces y si te metes en medio, sólo lograrás que te hieran. Y créeme que si alguna vez Kenshin vuelve a ser el que era, se lamentará mucho de eso.-

Kaoru no pudo zafarse del agarre de Sanosuke y resignada, regresó su vista al combate que presenciaban. A pesar de estar en desventaja por la falta de arma, Saito se ponía en posición de combate una vez más.

-Esto es lo que no me gusta de los Lobos de Mibu.- comentó Kenshin.- Que no saben cuando detenerse.-

-Es la primera regla del espíritu samurai. No retirarse.-

-Y por esa regla morirás.-

Saito ignoró tales palabras y corrió hacia Kenshin esgrimiendo lo que quedaba de espada, lanzándosela a la cara. Kenshin la apartó con el dorso del brazo izquierdo para no soltar su sakabattou y quedar en desventaja, a pesar de rebanarse.

Por su parte, Saito había logrado distraerlo lo suficiente como para golpear a Kenshin en la mano derecha con la hebilla del cinturón del uniforme que acababa de sacarse. Al sentir el fuerte golpe en su mano, Kenshin soltó el espada, quedando desarmado. En ese momento Saito lo golpeó con los puños, muy rápidamente al conseguir que abriera su guardia. Después, se puso tras él y con la chaqueta del uniforme rodeó el cuello de Kenshin quien alcanzó a poner una mano entre la tela y su garganta para que no le rompiera el cuello. Aprovechando su estatura y fuerza, Saito tensó la chaqueta en torno a Kenshin para elevarlo, de modo que quedara con los pies en el aire para que su propio peso lo cansara y matara.

Pero Kenshin no iba a rendirse. Con la mano izquierda tomó la funda de su espada, que estaba atada fuertemente al cinto, y con un movimiento logró que la parte final de la funda golpeara el mentón de Saito, lanzándolo hacia atrás. El ex miembro del Shinsengumi soltó al pelirrojo, quien saltó hacia delante poniéndose rápidamente fuera de su alcance.

Ambos estaban agotados, pero no iban a rendirse.

-Creo que el próximo golpe será el del final… - dijo Saito.

-Primera vez que te escucho algo sensato.- respondió Kenshin, recuperando su espada de filo invertido. Luego se puso en posición de ataque en tanto Saito, de pie, esgrimía su cinturón, tenso, listo para ver el modo de desarmar nuevamente a Kenshin y matarlo. Había sido conciente de que Kenshin sin su espada era especialmente vulnerable.

Kaoru se logró soltar de agarre de Sanosuke y corrió hacia Kenshin. Pero éste se lanzó hacia Saito con el objetivo de matarlo y aunque Kaoru estiró el brazo tanto como pudo, fue incapaz de alcanzarlo.

-¡¡¡DETÉNGANSE!!! –

Kenshin y Saito hicieron caso a la autoritaria voz. Kaoru miró a la persona que acababa de aparecer en la puerta de su dojo y suspiró aliviada, muy agradecida por haber parado esa pelea.

-Saito, tu misión era probar la capacidad de Battousai, nada más.- dijo un hombre bajo, vestido de oficial de policía.

-Auque seas un prefecto de la policía, no me detendrás.- respondió Saito con ganas asesinas contra Kenshin que esta vez si prestó atención a eso de "la misión de Saito". De todos modos también le hervía la sangre por matarlo, asi que no pensó en ese demasiado tiempo.

-Sé que eres muy orgulloso, Saito, especialmente por haber pertenecido al Shinsengumi pero, no quiero que por eso alguien muera inútilmente hoy.- dijo otra persona, entrando también al dojo.

-Vaya… - dijo Kenshin, mirando atentamente al personaje que acababa de irrumpir en el lugar.- … asi que tú estás detrás de todo, esto, Toshimichi Okubo.-

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

-A ver si entendí.- dijo Kaoru bastante molesta, sentada al lado de Kenshin en el espacioso dojo.- ¿Usted le está pidiendo a mi esposo que mate a Makoto Shishio?

Toshimichi Okubo, ministro del Interior de Japón, asintió. Además de él y del matrimonio Himura, en el dojo se encontraban el prefecto de policía, Yahiko, Sanosuke y Megumi, quien estaba atendiendo los cortes que Saito le había provocado a Kenshin durante su encuentro.

-Himura.- dijo el señor Okubo.- Hubiera preferido, realmente, que esta conversación se hubiese dado a solas contigo.-

Kenshin había dejado hace un rato la locura asesina que casi lo hace matar a Saito, pero a pesar de haber vuelto a su "yo" amable habitual, podía controlar apenas su molestia.

-Por su extraño plan de mandar a medir mis capacidades, involucró a mi esposa y a mis amigos. Por eso ellos tienen todo el derecho de estar aquí.-

Saito, que estaba de pie en el lugar, miraba de cuando en cuando a Kenshin con evidente desdén. Finalmente bostezó e hizo ademán de retirarse.

-Señor Okubo… mañana tendrá mi reporte sobre su escritorio. Kenshin Himura es una basura, pero Battousai nos puede ser de gran utilidad. La investigación que me asignaron está finalizada.-

Salió, dejando a todos con la boca abierta. Okubo volvió su vista a Kenshin como si nada. Ya estaba acostumbrado a la forma de ser de Saito.

-Himura… si no fuera algo realmente grave no te pediría esto. Shishio Makoto... –

-El tal Shishio es un problema que ustedes mismos crearon.- dijo Sanosuke exaltado, después de escuchar la historia que les contó Okubo y su prefecto de policía.- Si ustedes a mí en vez de matarme me hubieran atacado a traición y quemado vivo como a él, también tendría rencor de sobra para hacer una mierda de este país.-

-Nunca pensamos que sobreviviría a esa emboscada.- admitió Okubo.

-Esperen… dijo Kaoru.- … pero¿por qué ustedes no mandan a sus hombres a acabar con esa amenaza? Si el tal Shishio sobrevivió al fuego, debe estar todo quemado… debe estar en desventaja. No tienen por qué pedirle a Kenshin que se encargue del trabajo que hicieron mal ustedes.

-Lo que pasa es que Himura es el único que puede acabarle porque fue un hitokiri, un asesino en las sombras como él. Puede saber cómo piensa, y cómo se mueve. Hemos enviado a varios hombres pero ninguno ha regresado vivo ni entero… por eso estamos recurriendo a Himura como última opción. Es el único que puede ayudarnos, no puede ser otro que no haya estado en una guerra.- argumentó el prefecto de policía, un tipo bajito y algo calvo.

-¿Un hitokiri como Kenshin?- preguntó Sanosuke.

-Como sabes, Sano, yo fui un asesino en las sombras. Tenía que matar gente por encargo para abrir paso a las fuerzas patriotas. Con el tiempo pasé a pelear a primera línea en las batallas porque… porque así lo quise y me buscaron un suplente. Ese suplente fue Shishio y según supe, era tan… tan… tan efectivo como yo.- respondió Kenshin, un poco incómodo por tener que hablar de esas cosas.- A Shishio nunca le ví la cara pero poco antes de terminar las guerras, escuché que era muy ambicioso y que hablaba de conquistar el Japón. Nunca presté atención a esos rumores.-

-Pero como hemos visto, el tipo ese algo tuvo que haber hecho al respecto para que ustedes le prendieran fuego.- dijo Sanosuke, suspicaz, a los personajes que tenía delante de él.

-Shishio amenazó con revelar algunos secretos de los patriotas que ya estaban en el nuevo gobierno y que no era bueno salieran a la luz.- dijo el prefecto de policía.- A cambio de su silencio, pidió poder. Pero dárselo era tan peligroso como dejarlo hablar, aunque actualmente ya cuenta con algunos ejércitos.

-Yo no entiendo mucho de esto porque soy un niño… había oído poco de lo que están hablando pero creo comprender muy bien que ustedes no lograron crear esta Era Meiji a la que llaman Nueva, de un modo tan limpio como hacen creer a la gente. Están tratando de tapar sus errores y para eso están sacrificando a Kenshin¿no?.-

-Yahiko tiene razón.- dijo Megumi, defendiendo a su pelirrojo amigo.- Kenshin tiene una nueva vida, está casado, nos tiene a nosotros y en general, es muy apreciado por la comunidad. Y ustedes quieren que deje todo esto que ha conseguido y se enrole en una guerra que no le corresponde, con el riesgo de que tal vez… no regrese. Ustedes son unos caradura, debería darles vergüenza todo esto.- terminó la doctora, vendando la última herida de Kenshin.

Nadie habló durante un rato, pensando según su punto de vista, en la situación.

-A todos, gracias.- dijo Kenshin al fin, sumamente agobiado.- Gracias por apoyarme y pensar en mi bienestar. Sin embargo yo… a pesar de esta nueva vida que tengo, no puedo cerrar los ojos y pretender que soy inocente en todo esto. Me guste o no, participé en las guerras de derrocamiento de los Tokugawa… en cierto modo, yo ayudé a que este gobierno estuviera hoy al mando y por lo mismo, también soy responsable de que Makoto Shishio haya aparecido. –

-¿Nos ayudarás, Himura?- preguntó Okubo esperanzado. Kaoru miraba a Kenshin fijamente, temiendo una posible respuesta positiva.

-No lo sé todavía. Hay muchas cosas en las que debo pensar.- argumentó Kenshin, mirando a Kaoru.- Y necesito tiempo. Concédame una semana y le tendré una respuesta.-

Okubo sonrió y se puso de pie. También lo hizo el prefecto de policía y luego Kenshin.

-Aunque no es una respuesta definitiva, es mucho mejor de lo que me esperaba.- admitió el ministro del Interior.-Vendré a verte el… hum… el 14 de Mayo me parece un buen día.-

Iba saliendo cuando la voz de Kenshin lo detuvo.

-Señor Okubo… usted… realmente se ve bastante mayor, y muy cansado.- observó el espadachín.

El aludido se volvió a mirarlo.

-Debes comprender… que cuesta mucho más crear una nueva Era que destruirla.-

Okubo salió del dojo Kamiya y se montó en el carruaje que lo aguardaba. Los amigos se retiraron en silencio después de prometer que regresarían al día siguiente a ver cómo iba todo.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

-Ya ha pasado una semana desde ese día.- dijo Kaoru al arrancar una hoja del calendario que tenía en casa, suspirando pesadamente. Ya era 14 de Mayo.

Kenshin acababa de salir esa mañana.

-Leí que el señor Okubo estaría visitando Kioizaka dentro de unas horas, asi que iré a encontrarlo al camino. Allí le daré mi respuesta.-

-Pero él dijo que vendría.- argumentó Kaoru, con ganas de retenerlo.- No es necesario que vayas a por él.-

-El señor Okubo es un hombre muy ocupado, asi que lo mejor será ahorrarle un viaje innecesario.- dijo Kenshin, sonriendo amablemente, como si nada pasara, dejándola sola en casa al salir. Kaoru había querido seguirlo, pero no se atrevió.

Sin duda, después de lo sucedido con Saito, las cosas habían cambiado entre ellos.

Kenshin estaba más callado, más pensativo, seguramente pensando en la propuesta que le había hecho Okubo de ayudarlo. Y realmente había meditado mucho al respecto.

Pero al parecer aún no daba con una solución. Una noche Kaoru despertó descubriendo que estaba sola y con un sobresalto encontró a Kenshin durmiendo sentado, apoyado en la pared y abrazando la espada. Ver esa imagen le resultó muy inquietante y no podía dejar de pensar en ello, menos cuando se repitió hasta la noche anterior.

Por lo demás, Kenshin no había vuelto a tocarla, salvo al abrazarla cuando se quedaban dormidos. Kaoru sentía que a veces al que estaba viendo era el Kenshin real, cargado con problemas, con culpas, incapaz de conciliar el sueño y que aquel con el cual había convivido hasta ese fatídico 8 de Mayo era tan solo una ilusión que tuvo la suerte de ver. La joven se preguntaba constantemente si ahora que veía claramente esa parte de su esposo sería capaz de seguir amándolo como hasta el momento, pero al ver el poco interés que ponía en ella, dudaba de poder seguir así.

-Regresa pronto, Kenshin.- dijo al viento, con la esperanza de que Kenshin escuchara su ruego esté donde esté.

Por la tarde Kenshin aún no llegaba y Kaoru empezó a asustarse. Megumi llegó corriendo con el periódico, acompañada de Sanosuke. Yahiko, que estaba haciendo unos ejercicios que le indicó Kaoru, se acercó a ellos.

-Kaoru, esta es una edición urgente… al parecer han matado al Ministro Okubo.- dijo la doctora muy alarmada.

-Oh, no… Kenshin iba a encontrarse con él.- dijo Kaoru.

-Seguramente él ya está enterado de todo esto… - reflexionó Sanosuke.- No puedo imaginar qué cosa estará pasando por la cabeza de Kenshin en estos momentos. Por cierto, Kaoru… ¿ya sabes qué respuesta iba a darle a Okubo?-

-No ha comentado nada de eso conmigo.- respondió ella bajando la cabeza, concentrada en la noticia que leía. Al parecer, un grupo se habría adjudicado el asesinato de Toshimichi Okubo. Kaoru sintió la garganta apretada.

Sabía que las cosas se iban a poner mal. Conociendo a Kenshin, no quedaría indiferente ante lo que había sucedido.

Al parecer el sueño que había estado viviendo con él, se acercaba a su final...

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Fin Acto catorce

Sueño roto.

Abril 27, 2007

Notas de Autora

Gracias a todos por seguir leyéndome. Lamento mucho no haber actualizado la semana anterior y no es que me haya olvidado. Simplemente no tuve tiempo porque han pasado muchas cosas en mi casa y me he tenido que hacer cargo de algunas. Pero estoy segura que todo saldrá bien.

Nos leemos en el próximo capítulo.

Un beso a…

Mai Maxwell

Laurel-chan

Okashira Janet

Lacusvivi

Palas

Okanami

Mitsuki Himura

Kagomekaoru

Athena Kaoru Himura

Maki-1988

Kanke-chan

Lluvia185

Mari8876

Gabyhyatt

Kaorumar

HADA

por reportarse fielmente y seguir esta historia.