Rurouni Kenshin no me pertenece, y menos alguno de sus personajes, que son propiedad de Nobuhiro Watsuki y de quienes tienen los derechos correspondientes. La presente es una historia basada en el manga original y por ello tiene bastantes semejanzas. De todos modos hago esto sin fines de lucro y por pura entretención. (Además, me hubiera gustado un poco que la serie fuera así)
Les quiero comentar, antes que empiecen a leer, que el capítulo anterior fue modificado de tal modo, que la parte que correspondía al final del episodio (despedida entre Kenshin y Kaoru) fue reacomodada al inicio de éste. En el acto catorce además, se incluye el diálogo entre Okubo y el Kenshingumi.
La autora.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Entre mis Brazos
Acto Quince
A Kyoto
(Reflexión Nocturna)
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Caía la noche y Kenshin aún no llegaba. Los amigos acompañaron a Kaoru cuanto pudieron, pero Megumi tuvo que retirarse ya que le salió una urgencia que atender y Sanosuke, que ya parecía su sombra, la escoltó. Cerca de las diez de la noche Yahiko se quedó dormido sentado en el pasillo y Kaoru lo despertó para mandarlo a descansar a su cuarto.
A las once, Kaoru luchaba contra las ganas de dormir que tenía, pero se obligó a mantenerse despierta. Por eso pudo escuchar cuando Kenshin llegó a la casa, dirigiéndose a la habitación que compartían. Kaoru se alegró tanto de verlo que olvidó el cansancio y las preocupaciones, levantándose de su sitio. Lo abrazó con fuerza, buscando refugio en sus fuertes brazos, buscando sus labios...
-Kaoru… -
La joven no lo escuchaba. ¡Había vuelto, cuando ella temía que ya no lo hiciera! No volvería a soltarlo.
-Kaoru… - repitió él, llamando su atención al separarse un poco de ella y tomarle las manos.- Han asesinado al señor Okubo.-
Al escuchar el tono serio que usaba Kenshin, Kaoru sintió una angustia apoderarse de su pecho.
-Sí… ya me enteré. Fue un grupo… -
-No, no fue un grupo como dice en los diarios. Fue un secuaz de Shishio el que hizo todo esto. Por eso… más que nunca, debo ir a buscarlo, como me había pedido Okubo la semana pasada. No puedo permitir que se salga con la suya y se tome el país como pretende. Por eso yo… tengo que ir a Kyoto.-
Kaoru se quedó sin aire. Kenshin esquivaba su mirada.
-Kenshin… tú… ¿matarás a Makoto Shishio?.-
-No lo sé.- respondió el aludido con sinceridad.
El silencio se hizo por un rato en el cuarto. Kenshin lo rompió al cabo de uno momentos.
-Trataré de hablar con Shishio… quizá pueda convencerlo de que está errado. Si no comprende… tal vez no me quede otro camino.- dijo sosteniendo la espada que por primera vez no se quitaba al entrar al dormitorio.
-Pero… estoy segura que podrás vencerlo sin necesidad de matarlo…- dijo Kaoru.
-Yo… - Kenshin tomó aire.- Kaoru, cuando peleé con Saito, me convertí en Battousai… aunque lo niegue, aunque trate de mantenerlo en el fondo, claramente hay una locura asesina en mí, que sale cuando menos lo espero. En esos momentos sólo tengo un objetivo, que es matar a mi adversario… me centro en el combate y no veo nada más.-
-Pero, a pesar de lo que dices, puedes controlarlo, lo sé. Vuelves a ser rápidamente Kenshin después de eso. Kenshin siempre es Kenshin aunque te acerques al Battousai que llevas dentro, como sucedió en las peleas de Jinnei y Saito.-
-Son casos diferentes, Kaoru, porque en la pelea contra Jinnei, me convertí en Battousai para salvarte y con tu presencia pude detenerme. Con Saito en cambio me transformé por las ganas de pelear, matarlo y sobrevivir. Pero aunque oía tus gritos y lamentos, me parecían algo lejano y por eso era incapaz de parar. Esa diferencia es crucial… cada vez las ansias asesinas son más fuertes. Tal vez… tal vez Jinnei tenía razón, con eso de que los asesinos lo son hasta el día de su muerte.-
Kaoru sintió el nudo en la garganta y se apegó a Kenshin con toda su fuerza.
-No digas eso, por favor… no lo repitas. Jinnei no tenía razón, tú eres el que dice la verdad, de que se puede cambiar. Lo sé porque te he visto en muchas otras peleas. Siempre has seguido fiel a tu promesa.-
-Pero no estoy seguro de poder seguir así.-
-No importa lo que pase… Kenshin, irás a Kyoto, y yo te acompañaré. –
-¡No!- dijo él alarmado.- No puedes hacer eso, será peligroso.-
-Pues iré… te seguiré. Y si te conviertes de nuevo en Battousai, lloraré, gritaré tan fuerte que podrás escucharme y volver a ser Kenshin. Yo cuidaré que no rompas tu promesa.-
-No, Kaoru.- dijo Kenshin enternecido pero muy preocupado, con el terror reflejado en sus ojos.- Tú no debes estar cerca de mí nuevamente si pasa eso.-
-Claro que lo haré. Soy tu esposa, Kenshin… debo estar contigo y ayudarte a superar las cosas que no puedas ignorar. No permitiré que te conviertas en Battousai de nuevo. Me interpondré si es necesario.- dijo ella con decisión.
El labio inferior de Kenshin comenzó a temblar notoriamente. Rodeó a Kaoru con sus brazos tan fuerte como pudo, y enterró la cara en su hombro.
-¡Júrame, júrame que nunca harás eso!- gritó Kenshin desesperado.
-Pero… -
-¡JÚRALO!-
-Pero resultó con lo de Jinnei… quizá.-
-Júralo, por favor, jura que no lo harás nunca, pase lo que pase.-
-No puedo… - admitió ella, sorprendida, pues nunca lo había visto así. En realidad, Kenshin tenía muchas facetas que desconocía.
Él la abrazó más fuerte aún, quitándole el aire. Poco a poco la soltó.
-No puedo llevarte.- dijo.
-Pero Ken… -
-No puedo porque no quiero hacerlo. Te quedarás aquí.-
-Te seguiré de todos modos.-
-No… Kaoru, entiende, por favor… es peligroso. Saito me informó que el grupo de Shishio trataría de contactarse conmigo dentro de unos días para unirme a ellos. Y no lo haré, por eso me convertiré en su blanco… hoy ya recibí una amenaza… siendo tú mi esposa, pueden atacarte y por eso lo mejor es poner distancia entre nosotros.
Kaoru no dijo nada esta vez. Pero las lágrimas que corrían libres por sus mejillas delataban la tristeza, decepción y rabia que sentía.
-Por otra parte, Kaoru… yo mismo soy peligroso. Tú has dicho que si es necesario te arrojarías sobre mí para salvarme de Battousai y por eso mismo, no me dejas otro camino que terminar con todo esto.-
-No, Kenshin… - rogó ella, viendo como él se quitaba su anillo.
-Es lo mejor… de lo contrario yo… podría matarte.-
Kaoru puso cara de extrañeza…
-Tú no harías eso. Me quieres demasiado.
Kenshin cerró los ojos por un momento, mientras decidía si contarle o no a Kaoru lo que tenía que decirle.
-Kaoru… escucha… yo puedo hacerlo.-
-Imposible… no, tú no eres así.- dijo ella con vehemencia, aferrándose a la manga de su ropa.
-Kaoru… hace muchos años yo… yo estuve casado. Y quedé viudo después de matar a mi esposa, en un episodio como el que describiste.-
Kaoru se quedó de piedra. Le pareció que por un momento el corazón se le detenía y su rostro perdía rápidamente el color. Kenshin la sostuvo, temiendo que se desvaneciera. Ambos cayeron sobre el futón que Kaoru antes había preparado.
-No es cierto…-
-Si lo es, Kaoru y yo… realmente lamento no haberte contado esto antes pero… en ese momento yo estaba peleando, concentrado en la pelea. Tanto así que no me fijé que ella se colocaba entre mi oponente y yo. Y la maté, Kaoru. Yo había jurado que la protegería de lo que fuera pero la maté.-
La voz de Kenshin bajó notablemente su tono hasta sonar como apenas un murmullo en los oídos de Kaoru. Apoyada en sus manos, la joven miraba el suelo sin verlo realmente, debido a las muchas lágrimas que tenía.
-Por eso yo debo alejarme de ti. No sé qué pueda pasar en Kyoto y por eso mismo no puedo arriesgarte, Kaoru. Por eso debo irme. Debemos separarnos.-
La abrazó, tomándola por sorpresa. Aún no digería del todo la información recibida cuando Kenshin siguió hablándole.
-Kaoru, desde que te conocí, desde que me dejaste quedar en tu casa, y después acompañarte a tu viaje, casarme contigo… Kaoru, todas esas cosas me hicieron muy feliz. Quizá… no recuerdo otra época más feliz que esta que he tenido contigo. Nunca antes me había proyectado tanto a futuro, ni había olvidado tantas cosas del pasado como ahora. Yo estaba dispuesto, mi amor, a cambiar para ti, a ser feliz, a cuidarte… a tener una familia. Pero no puedo estar indiferente a lo que ha pasado y tal vez tenga que volver a ser un asesino. Tal vez fui un iluso al pensar que tal maravilla existía para mí y aunque me ha parecido un sueño, tú has sido lo mejor que me ha pasado. Nunca olvidaré este tiempo que hemos pasado juntos.
-No digas eso como si fuera una despedida definitiva.- rogó Kaoru con voz ahogada. Sintió el abrazo de Kenshin apretarse en torno suyo.
-No sé qué pueda pasar.- admitió él.- No se si pueda volver. Por eso no es justo que te tenga atada a mí… sé que los demás te cuidarán y quizá aparezca la persona que pueda estar contigo siempre y darte lo que necesites.-
Pesadamente, Kenshin la soltó y se puso de pie. Tomó un morral que tenía guardado y comenzó a echar algunas de sus cosas en él. En cosa de minutos su equipaje estaba preparado.
Kaoru lo miraba sin saber qué reacción tomar y Kenshin se dirigió a la puerta.
-Sólo una noche más… por favor.-
La voz femenina detuvo al pelirrojo, que se volvió a mirarla.
-¿Qué?-
Kaoru no levantaba la vista del suelo.
-Sólo quédate una noche más.-
-Kaoru, no puedo. Yo debo ponerme en marcha… -
-Por favor…- dijo ella, mirándolo esta vez. – Tú has dicho… has dicho que esto era como un sueño para ti, y también lo ha sido para mí. Si no voy a volver a verte… al menos déjame algo hermoso que pueda recordar. No quiero pensar que lo último que tuve de ti fue la confesión de que mataste a tu esposa y de que podrías volver a matar.-
Kaoru se puso de pie y se acercó a quien seguía parado junto a la puerta. Por su parte Kenshin sentía como le temblaban las piernas.
- Es de noche… el momento ideal para tener un sueño. Ya la luz del sol mañana te mostrará la realidad o el camino que tengas que tomar. Kenshin… por favor… - terminó de decir la joven, de pie frente a él.
-Un sueño… prolongarlo más sería cruel contigo.- respondió.
- Aceptaré el castigo que venga después de esto.-
El morral cayó al suelo, al tiempo que lo hacía la espada. Kenshin tomó a Kaoru por la cintura y comenzó a besarla como un poseso.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
-Otro día sin resultados.- dijo Misao a Hannya, mientras se preparaban un lugar para pasar la noche.
-No te preocupes. Estoy seguro que daremos con ese pueblo perdido dentro del plazo que nos hemos impuesto.- respondió el hombre enmascarado.
Habían partido el 10 de Mayo, según lo acordado con los demás miembros, con el fin de buscar un lugar que al parecer estaría sometido por un sujeto que antes había sido un patriota. Habían oído hablar de un ejército que estaría controlando la región y a Misao el asunto le pareció tan mal, que decidió hacer averiguaciones para saber a qué atenerse en el caso de que haya un levantamiento armado. Después de todo, a pesar de que el nuevo régimen de gobierno llevaba instaurado cerca de diez años, aún había mucha tensión por culpa de grupos opositores.
Misao temía que de haber algún tipo de guerra, se llevara a cabo en Kyoto, la antigua capital imperial, o en Tokio, la nueva ciudad más importante. Después de todo, el pueblo que buscaban quedaba en la ruta que unía a ambas ciudades. Y si tal cosa estallaba en su ciudad natal, la joven no dudaría en llamar a los miembros Oniwabanshuu para cooperar en la defensa de Kyoto. Había salido sólo con Hannya que era el más diestro en espionaje.
-Mañana debemos partir más temprano.- dijo Misao a su acompañante.- Aprovecharemos mejor la luz del día.-
Hannya sonrió.
-Como digas, Okashira.-
Se acomodaron cerca de una fogata.
-Misao, estoy seguro que él hubiera hecho lo mismo que tú. Ama Kyoto.-
-¿Ehh?-
-Aoshi. –
-Ah, eso. No es un tema que me interese.- declaró Misao dándose la vuelta en su sitio.
-El señor Aoshi no es malo. Pero está muy confundido. Se ha dejado llevar por la frustración y el orgullo herido.-
-Ya déjalo, Hannya.-
-Con nosotros siempre fue muy especial. Estaba preocupado de que estuviéramos bien y de que pudiéramos desarrollar al máximo nuestras capacidades combativas. Junto a él crecimos mucho y estoy seguro que de haber sido otras las circunstancias, seríamos el grupo más importante en la historia reciente.-
Misao se movió exasperada.
-"Seríamos", "hubiéramos"… lo único que veo en Aoshi es en una persona que no vive en el presente, sino que siempre se quedó en "lo que hubiera podido hacer". Y por eso, en vez de acompañarnos y volver a casa, prefirió seguir solo, buscando una gloria que él cree que es importante, sin importarle lo que deje atrás. Primero me dejó a mi, siendo una niña, rompiendo las promesas que me hacía. Y ahora a ustedes también los dejó atrás. No esperes a que yo crea que él es un gran tipo, porque ahora que también crecí, pude ver realmente como era, y no me gustó. Y no quiero seguirlo ni ser como él… pero por sobre todo, no quiero tener que volver a escuchar su nombre.- dijo Misao muy molesta. Hannya la miraba asombrado… a Misao por lo general le encantaba hablar de Aoshi y sus hazañas, aunque debía reconocer que desde que lo vieran por última vez, ella había cambiado mucho.
La escuchó sollozar y se levantó para verla. La joven se había tapado la cabeza y él la movió un poco.
-Discúlpame, Misao… no quería que te pusieras así. No sabía que te doliera tanto.- declaró el enmascarado.
Al sentir una caricia sobre su cabeza, a Misao le dio más pena. Por eso se levantó y se dejó abrazar por Hannya.
-No es tu culpa… es… es… de él. Porque se fue, como siempre lo hace. Yo crecí respetándolo, después queriéndolo… soñaba con su llegada constantemente, pensaba en las muchas cosas que tenía que contarle y aunque él se iba antes de poder decirle todo lo que quería, yo esperaba con ilusión la próxima vez que lo viera. Nunca entendí por qué tenían que viajar tanto y cuando lo hice, sentí una decepción tan grande… tan grande… -
-Lo sé, Misao… todos los vimos… y nos sentimos mal por ser causantes de tu desilusión.-
-No, ustedes no podrían decepcionarme nunca.- dijo Misao abrazando a su "papá".- Ustedes hicieron lo que yo hubiera hecho de estar en su lugar. Respetarlo, obedecerle… seguirlo. De habérmelo permitido, Aoshi hubiera tenido en mí a la más leal de su grupo. Porque yo lo quería, Hannya… mucho… pero no me dejó… eso fue una posibilidad que no se dio y ya no puedo seguir pensando en eso. Tengo que avanzar, seguir adelante y ver lo que es realmente mejor para nuestro grupo y nuestras vidas.-
-Algún día el señor Aoshi se cansará de vagar y volverá a casa. Lo sé porque te quiere mucho. Eras su motivación para volver al Aoiya… -
-A estas alturas ya no me importa si decide volver o no. Sólo deseo no tener que volver a pensar en él porque otra desilusión no la soportaría.- concluyó la joven, sin ánimo de seguir con el tema.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Por su parte, Aoshi vagaba por el camino desierto, después de haber matado a una persona que le ofreció un duelo. Desde luego, con su capacidad, Aoshi le dio una muerte tan rápida que era posible que aquel pobre diablo ni se hubiese dado cuenta y permaneciera mucho tiempo en el limbo preguntándose qué pasó.
-Estoy para cosas más grandes y en cambio me conformo con asesinar a estúpidos por los caminos. Pensé que este tipo de gente había quedado atrás junto a la era Tokugawa.-
De pronto percibió algo raro en el aire y alcanzó a detener su marcha en solitario cuando una espada pasó delante de su nariz.
Aoshi no hizo ni una mueca de sorpresa. Nada. Simplemente desenvainó rápidamente sus kodachis y acabó con el sujeto que trató de atacarlo a traición. Pero no contaba con tres más que se le tiraron encima. Sin embargo, Aoshi no tardó demasiado en darles también una muerte rápida.
Como si le diera exactamente lo mismo, Aoshi limpió sus espadas y las guardó debidamente. Pasando por sobre los cadáveres de sus agresores, se encontró de improviso con un chico que sonreía, como si ver cuerpos destrozados fuese lo más divertido.
Aoshi percibió algo inusual en él y se puso en guardia, pero el chico sólo levantó los brazos.
-Calma, calma… vengo en son de paz. Estoy completamente desarmado.-
-Tienes algo que ver con ellos¿no es así?- preguntó Aoshi, refiriéndose a los muertos.
-Lamento haber tenido que valerme de ese método tan agresivo para comprobar sus capacidades, señor Shinomori.-
Aoshi pestañeó al escuchar su apellido. Algo muy raro y muy grande estaba pasando allí.
-Mi nombre es Sohjiro y tengo algo que proponerle. Por eso antes tenía que medir su capacidad combativa y veo que supera mis expectativas.-
Aoshi no dijo nada. Sólo se cruzó de brazos.
-Tengo un jefe… el señor Makoto Shishio. Está planificando tomarse el país y para eso necesitamos la cooperación de alguien como usted.-
-Esto es una broma.- observó Aoshi, muy serio.
-No, no lo es. Desde hace algún tiempo que lo hemos venido observando y sin duda es usted ideal para el puesto que queremos ofrecerle. Estamos preparando algunas tropas pero necesitamos de alguien que las dirija llegado el momento de actuar. Usted debe tener alguna experiencia en ello y por eso deseamos su colaboración.-
-Ya veo.- dijo Aoshi, reflexionando en la situación. – ¿Cómo puedo saber que ustedes van tan en serio como lo dicen?-
-Bien… ¿ha escuchado algo el día de hoy sobre Okubo Toshimichu?-
Aoshi arrugó un poco la frente buscando entre sus recuerdos recientes. Pronto recordó haber oído a alguien que decía que habían asesinado al ministro.
-Esa es sólo la primera fase del plan del Señor Shishio.- acotó Sohjiro.- Los hechos se precipitarán cada vez más rápido y por eso nos es imperioso contar con alguien como usted.-
Aoshi siempre deseó, de algún modo, poder figurar en los libros de historia y poner en alto el nombre de los Oniwabanshuu. Sin importar el bando al que perteneciera, él sólo deseaba pelear y mostrar lo que podía hacer.
Pensó en los hombres que dejó atrás, en la gloria que se estarían perdiendo.
-Llévame con tu jefe.- dijo Aoshi.- Quiero tratar en persona este asunto con él. Me interesa mucho.-
Sohjiro sonrió como siempre hacía, satisfecho de poder llevar a alguien como Aoshi frente al señor Shishio. Después de todo, había visto el modo de contactar con Battousai y cuando por fin pudo hacerlo, se dio cuenta de que no serviría a sus planes y que incluso, los entorpecería.
Pasaron por encima de los cadáveres destrozados de cuatro hombres que sin saberlo fueron hacia su muerte. Y se dirigieron hacia el este para poder llegar a la ruta de Tokai y desde allí acceder a un pueblo en especial.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Kaoru llevó hacia atrás una de sus manos para poder desatar el nudo de su obi. Estiró el cuello para ofrecérselo a Kenshin que ávido, abría su yukata para dejarla caer al suelo.
Una vez la tuvo desnuda entre sus brazos, la estrechó fuertemente por la cintura, devorando sus firmes senos con impaciencia. Una parte de su cerebro registró un leve quejido de Kaoru, por lo que frenó un poco la fuerte succión que hacía a uno de ellos. La estaba abrumando con su pasión, con la desesperación que sentía por tenerla una vez más pero no podía detenerse y aunque en un momento Kaoru puso sus manos entre ambos para apartarlo un poco de ella, él no hizo caso y la abrazó más fuerte para besarla con ganas.
Kaoru apenas podía pensar y no sabía con exactitud qué sentir en ese momento. Por un lado estaba triste por la inminente partida de Kenshin, por otro alegre de tenerlo para ella unos momentos más… por otro… estaba un poco asustada por el modo en que intentaba poseerla.
El pelirrojo la tumbó sobre el futón y una vez allí, se quitó rápidamente la ropa y no esperó una invitación para colocarse entre sus piernas y penetrarla hasta el fondo, de una sola embestida.
Kaoru se arqueó al sentir la invasión apresurada de su esposo, quien empezó a moverse dentro y fuera de ella frenéticamente. Entonces comprendió que cuando ella le sugirió lo de la última noche juntos, formuló la pregunta que él tenía ganas de hacerle pero que por todas las cosas que estaban pasando por su cabeza no se atrevió a verbalizar.
Kenshin alcanzó su orgasmo y se dejó caer sobre ella, quien lo abrazó y recibió sin deseos de volver a soltarlo. Él trató de salir de su cuerpo y acostarse a su lado, pero Kaoru no se lo permitió.
-Quédate un momento más así… por favor.- murmuró.
-Lo siento… me volví un poco loco y no te tomé en cuenta.- dijo él un poco arrepentido de su acción anterior.
-No te preocupes, mi amor. Tenemos todavía un poco de tiempo para hacerlo más pausado, o como tú quieras. Está bien.
Kenshin se quedó un rato sobre Kaoru, dormitando sobre ella, cuando notó que su excitación volvía. Inhaló fuerte el aroma de ella y se sintió perdido. Trató de besarla y ella se rió.
-Ya lo sé… yo también sentí como creció.-
-Disculpa.-
-No te disculpes, tonto… a mí me gusta que te pase eso, pero solo conmigo¿está bien?- dijo la joven tratando de sonar animada. Esa noche era su último sueño y no quería recordarla como una noche de llanto y de tristeza. Debía animarlo.
-No te preocupes… no me había pasado con nadie más en mucho tiempo.-
Kaoru recordó que Kenshin le había dicho que había estado casado. No quiso seguir pensando en eso ni obsesionarse con lo del asesinato de su primera esposa. Por eso buscó su boca y lo besó con fuerza, jugando con su lengua y saboreando la textura de sus labios. Le besó las sienes, las mejillas, el cuello. Llegó a su hombro y no pudo resistir la tentación de morderlo.
-No hagas eso… o no respondo de mí.- dijo él, divertido. Por lo visto, también estaba dispuesto a vivir una pequeña farsa por última vez.
Kaoru no soltó el hombro masculino e incluso se dio la maña de arañar suavemente su espalda mientras se arqueaba para aplastar sus senos contra el pecho de él y restregarse. Kenshin salió del cuerpo de Kaoru.
-Pequeña bruja, me estás provocando deliberadamente. Eres terrible.-
-Parece no molestarte.- observó ella, riendo. Kenshin la miró. Tenía los ojos hinchados, seguramente se sentía terrible, pero seguía sonriendo para él, que era el causante de sus preocupaciones.- Te voy a enseñar algo nuevo. Pero debes confiar en mí.-
-Está bien.-
Kenshin llevó una mano hacia la entrepierna de Kaoru, para jugar con los pliegues de piel que allí se encontraban. El otro brazo lo dejó bajo la nuca de la joven, para estar de costado junto a ella y poder besarla a su antojo.
-Estás muy húmeda.- le dijo al oído.
-Es por tu culpa. Me echaste algo tuyo ahí.- respondió ella, sin dejar de mirarlo a la cara. Kenshin sonreía y eso era maravilloso.
Kenshin tomó una yukata que encontró cerca y la limpió un poco.
-Así está mejor.-
Primero introdujo un dedo dentro de ella y después un segundo. Empezó a moverlos.
-No sabía… que se podía también con las manos.- dijo ella en voz muy baja, pues estaba tratando de controlar lo temblores que empezaban a sacudir su cuerpo.
-Y no sólo con eso.- dijo él, soltándola para descender con su boca.
-Espera… Kenshin… no lo hagas.-
-Sshht… confía, mi amor.-
Kaoru trató de cerrar las piernas pero Kenshin las separó suavemente usando ambas manos y después con sus dedos, los pliegues entre los que antes se internaron.
Posó la boca sobre el centro palpitante y henchido de su esposa y comenzó a succionar.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Estaba tan cansada que se durmió de inmediato. Tenía aún el cuerpo húmedo y Kenshin la cubrió con la manta. A la luz de la vela se veía brillante, hermosa.
Fue al baño y se aseó rápidamente. Regresó a ponerse la ropa y mientras se vestía, no podía dejar de mirarla.
Era suya. Completamente suya. Más que antes, más que nunca, lo había sido. Su mujer… suya.
Pero tenía que dejarla. Había cosas que hacer… tenía que terminar definitivamente con un pasado que no se había querido quedar atrás y no estaba seguro de poder regresar vivo a casa.
Kaoru se movió en sueños, destapándose. Kenshin la abrigó de inmediato, pues la noche estaba fría y sin un cuerpo adicional, ella perdería el calor rápidamente. Tenía muchas ganas de quitarse la ropa y regresar junto a ella, y quedarse así, por mucho tiempo, abrazadito a la joven. Tenía ganas de dormir y despertar un día y darse cuenta que todo lo que estaba pasando era una ilusión o bien que ya había terminado. Tenía ganas de que viniera de nuevo el señor Okubo para decirle que su muerte era una mentira, que era una farsa que idearon para descubrir a quien sabe quien.
Tenía ganas de no ser quien era y poder llevar una vida tranquila.
Pero las cosas no eran así, reflexionó mientras se ponía la espada al cinto. Él había apoyado al actual gobierno en sus inicios… era en parte responsable de lo que estaba pasando. Tenía que hacerse cargo de sus errores y marchar a Kyoto a frenar un golpe de estado que se precipitaba porque la gente se sentía muy insegura por lo del asesinato del Ministro. Si en ese momento estallaba una guerra, en cualquier parte, por pequeña que fuera, desencadenaría de inmediato una guerra civil de proporciones, porque la gente estaba asustada. Y asustada… reaccionaba con más violencia.
La violencia. Su vida entera había estado muy ligado a ella y siempre creyó que estaba bien así. Pero después de vivir con Kaoru, no quería volver a llevar esa vida de un errante sin hogar, sin alguien que también se preocupara por él.
Suspiró molesto. Se estaba volviendo egoísta y eso no debía ser. No tenía derecho a exigir nada… ya debería considerarse eternamente agradecido por los meses que había vivido con Kaoru.
Salió a la calle y empezó a caminar, con su morral al hombro. Estaba oscuro pero no le importó. Tantos años vagando solo le habían otorgado la seguridad para moverse en lugares sin luz. Era bueno haber dejado a Kaoru atrás. A ella le gustaba mucho la luz y quizá le hubiese dado miedo andar por ahí.
Era bueno no llevarla a Kyoto, a que le hicieran daño.
-"Pues iré… te seguiré. Y si te conviertes de nuevo en Battousai, lloraré, gritaré tan fuerte que podrás escucharme y volver a ser Kenshin. Yo cuidaré que no rompas tu promesa"-
Kenshin suspiró al escuchar esa frase tan claramente en su mente. Kaoru era muy ingenua después de todo. Ojala las cosas se resolvieran llorando o gritando.
Pero a pesar de lo absurdo que le pudiera parecer la frase, lo cierto es que la retuvo por mucho tiempo en su cerebro.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Kaoru despertó, notando que aún estaba oscuro, que el sol no había salido. Tanteando la cama, descubrió pronto que estaba sola.
-Se fue… - musitó, mientras un fuerte torrente de lágrimas acudía a sus ojos. Estaba desnuda y se abrazó a si misma, haciéndose un ovillo bajo las frazadas.
Finalmente su sueño había terminado. Debía enfrentar la vida como era realmente: estaba huérfana, a cargo de un niño y de un dojo en decadencia. Ya no contaba con el apoyo de Kenshin… sería una mujer separada y esperaba que tal noticia no llegara a oídos de su primo Hiroshi, porque sabía que pronto volvería a molestarla para quedarse con su propiedad.
-Kaoru… -
La joven dejó de respirar por unos momentos. Tal vez su imaginación le estaba jugando una mala pasada. Al escuchar nuevamente el llamado, se limpió los ojos con una mano y se incorporó un poco.
De entre las sombras de la habitación, salió Kenshin. Se acercó a la cama y se agachó junto a ella. Encendió una lámpara para verla mejor al rostro.
-Lo siento.- dijo la joven acongojada.- Creí que te habías ido… no quería hacértelo más difícil… lamento que hayas visto esto.- añadió, refiriéndose a su llanto.
Kenshin alargó una mano hasta ella y tocó su mejilla húmeda, acariciándola. La mano fue reemplazada de un modo suave por los labios de Kenshin. Después regresó a su sitio.
-Tenías razón, porque me fui.- dijo él en voz baja.- pero tuve que regresar para hacerte una pregunta.-
-Dime.- dijo Kaoru, haciendo un esfuerzo sobrehumano para controlar sus emociones y no seguir llorando. El debía irse libremente, sin más culpas. Y llevarse un lindo recuerdo de ella.
-Tú… ¿Tú crees ser capaz de soportar el peso de una espada?- preguntó luego de un rato.
-¿Qué?- Kaoru no entendía.
Kenshin tomó aire para reformular su pregunta.
-¿Crees que puedas llorar y gritar tan fuerte, como para que yo pueda oírte?-
-Kenshin… -
-Tal vez tú seas la única persona que pueda salvarme.- admitió él.- Y… me siento muy egoísta por todo esto pero en verdad, no quiero partir sin ti. Sé que te estoy exponiendo a muchos peligros pero… ya no puedo estar solo otra vez.-
A Kaoru no le importó mucho no llevar nada encima en ese momento, porque de todos modos se lanzó sobre Kenshin para abrazarlo. Estaba muy emocionada.
-No te preocupes, Kenshin… yo lo haré… yo te ayudaré todo lo que puedas. Veré que puedas cumplir tu misión… soy tu esposa, mi amor, y debo ayudarte a seguir el camino que escojas.-
Kenshin la envolvió con sus brazos, ocultando la cara en el hombro desnudo de ella. Aún estaba muy inseguro sobre la decisión que había tomado pero, ya había hecho la propuesta y no podía echarse para atrás.
-Vístete. Debemos partir cuanto antes.-
Kaoru no perdió tiempo en esperar a que le dijera algo más. Corrió a buscar agua para asearse y después de eso fue a por su ropa para vestirse. Kenshin la miraba asombrado.
-Realmente ella… está dejando sin dudar todo por mí.- se decía.
Cuando el resplandor del sol anunció que pronto éste saldría, Kaoru y Kenshin estaban listos para iniciar su viaje. Kaoru le dejó una carta a Yahiko, diciéndole que tratarían de volver pronto y que confiaban en que él cuidaría la casa. También le dejaba la dirección del albergue Aoiya por si quería contactar con ellos.
Y después de eso, Kenshin y Kaoru Himura, partieron a Kyoto.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Fin Acto Quince
A Kyoto.
Mayo 4, 2007
Notas de Autora
Hola!!!
Gracias a…
Kaorumar
MissLain
MICH-SAMA
Arashi
Shinomori
mai
maxwell
Athena
Kaoru Himura
gabyhyatt
HADA
vivilacus
MER1
lauri-chan
Por reportarse y animarme tanto. ¡MUCHAS GRACIAS!
Pobre Kenshin. Aunque llegaron pocos reviews en comparación a capítulos anteriores fue lejos el personaje más vilipendiado de la semana. Tal vez sea superado por Aoshi (quien hasta el momento lleva el primer lugar como el personaje más detestado por las acciones que comete)
Pero
como ustedes saben, yo soy una defensora de Kenshin y el pobrecito
debía estar muy asustado con la idea de que le pasara algo
malo a Kaoru como para llevarla con él. Mmm… bueno, antes
tampoco lo entendía y me daba rabia con él, hasta que
me dio un fuerte ataque depresivo y por eso puse en duda hasta mi
noviazgo (si, pasé por la etapa de pensar que no era justo que
novio estuviera con alguien así de "enferma") pero al
final con amor y diálogo todo se supera… el dar a conocer
los temores (no sólo las esperanzas) es bueno para cualquier
relación.
Un pequeño gran cambio en la historia. Dudé mucho sobre si ponerlo o no, pero al final, siempre Kenshin se va, Kaoru sufre mucho y al final lo sigue. Opté por aligerarle un poco la carga a Kaoru y dejar que él tome la decisión de llevarla. Muajajajaja… por lo tanto, esto también les acarreará otras dificultades.
También se hemos encontrado a Misao, y como ven, Aoshi ya fue contactado por Sohjiro, aunque para un puesto diferente al del manga.
También les quería reiterar los cambios del episodio anterior. Le agregué la parte en que todos conversan con Okubo en el dojo y metí tijeras por ahí, sacando el momento en que llega Kenshin a ver a Kaoru, dejando esa escena en este capítulo. Espero no tener que volver a hacer algo parecido, pondré más atención en la forma de planificar los actos.
Nuevamente recuperando el paso perdido… fiu… mi computador anda bastante lento. Estoy pensando seriamente en comprar un notebook. Ya no tendría que depender de mi hermano si tiene o no ganas de jugar o navegar todo el día. En esta época me desgasta mucho tener que escribir después de medianoche hasta las tres o cuatro de la mañana a veces. En otras ocasiones estoy tan cansada que no puedo esperar hasta esa hora y me quedo dormida.
El otro día encontré la película de "La Visión de Escaflowne" y como le tenía ganas hace tiempo, la compré y la vi. En mi humilde opinión, la animación está espectacular, los efectos y todo eso, pero me quedo con los personajes de la serie de televisión. O sea… Hitomi era una chica muy alegre y vivaz en la serie, era una atleta y tenía a su mejor amiga, Yukari, algo muy distinto a lo que vi en la peli. Encima, creo que quedaron muchos cables sueltos. Igual se comprende que en hora y media no se pueda explayar mucho con respecto a los personajes… en fin… me sentí un poco estafada. Desde luego, es una opinión muy personal, porque puede que haya gente que la encuentre espectacular. Pero yo… como que mejor me voy a bajar la serie para verla tranquilamente.
Un beso a todos. Nos leemos el próximo jueves.
