Rurouni Kenshin no me pertenece, y menos alguno de sus personajes, que son propiedad de Nobuhiro Watsuki y de quienes tienen los derechos correspondientes. La presente es una historia basada en el manga original y por ello tiene bastantes semejanzas. De todos modos hago esto sin fines de lucro y por pura entretención. (Además, me hubiera gustado un poco que la serie fuera así)
Entre mis Brazos
Acto Dieciséis
(Larga duración)
En camino.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
-¡¡¡¡¡MALDITO KENSHIN!!!!-
Sanosuke estaba realmente que reventaba y necesitaba golpear algo para quitarse la tremenda rabia que tenía dentro.
Tae, Tsubame y Megumi, en la puerta de Akabeko, lo miraban asustadas. Yahiko se temía esa reacción de él y aunque esperaba que no destruyera nada, Sanosuke arremetió contra un par de barriles viejos que se encontraban en la calle, hasta que quedaron sólo astillas de ellos y los aros de metal. Nada más.
-¡Me lo prometió… dijo que si necesitaba ayuda y tenía que viajar, me avisaría, pero se fue¡TENGO QUE DESTRUIR ALGO O ME VOY A VOLVER LOCO!-
Dicho esto, Sanosuke buscó con la mirada algo que romper, pero Tae se le puso enfrente.
-Si te atreves a romper algo de este local, te juro que te lo haré pagar hasta cuatro veces su valor.-
Megumi la respaldó.
-Y te puedes ir olvidando de la atención hospitalaria gratis e incluso de esta maravillosa doctora que te atiende, porque a mi clínica no entrarás más.-
Sanosuke podía ser violento pero estaba muy consciente de que en lo que respecta a las deudas, Tae podía ser muy persistente al cobrarlas y él por lo general se encontraba sin dinero. Y que Megumi hablaba muy en serio.
Se metió las manos en los bolsillos del pantalón y se retiró, aguatándose las ganas de patear los traseros de la gente que pasaba.
-Oh… Tae y Megumi son muy valerosas.- dijo Tsubame muy admirada.
-Es la única forma de tratar con estos cabezotas. Plantarles cara y no ceder.- dijo Tae, aliviada al ver que había salvado su restaurante de la rabieta de Sanosuke.- Tal vez debiste habernos dicho lo de la partida de Kenshin y Kaoru en otro momento, Yahiko, pero ya nada se puede hacer.-
El aludido mantenía una carta entre las manos.
-No se me ocurrió pensar que Sano reaccionaría de esa forma.- dijo.- Aunque lo cierto es que a mi también me ha sorprendido mucho la noticia esta mañana, cuando encontré esta carta junto a mi puerta.-
-Vaya… finalmente Kaoru siguió a Kenshin.- dijo Tae.- En verdad, nunca pensé que fueran tan unidos.
-¿Y por qué no habrían de serlo?.- preguntó Tsubame.- Ellos se ven muy bien juntos. Además, se casaron por amor¿no?.-
-No necesariamente.- murmuró Tae, sin ser escuchada por los niños pero si por Megumi. Tae estaba al tanto de que el matrimonio Himura-Kamiya había sido realizado por conveniencia, de modo que Kaoru obtuviera la protección de un marido. Sinceramente, no creyó que se fueran a tomar tanto cariño y apoyo mutuo como el que mostraban. Lejos de alegrarse con la idea de que Kenshin se llevara a Kaoru a Kyoto, estaba muy preocupada por la suerte de su amiga.
-Debo cuidar la casa durante el tiempo que estén fuera, pero la verdad, Tae, me gustaría poder ir ido con ellos, para tratar de ayudarles. Ellos son mi única familia. Aunque me siento halagado porque me confiaron su casa, no quiero permanecer aquí sin hacer nada. Por eso he pensado en que los seguiré a Kyoto y no descansaré hasta lograr ese objetivo.- dijo el chico, sonando muy maduro.
-Pero Yahiko… - dijo Tsubame.- ¿Tú sabes cómo llegar a Kyoto?-
-Eeh… pues… la verdad es que… no.-
Un largo silencio se produjo.
-Necesitas saber cómo llegar o te perderás.- dijo Megumi.
-No hay problema… yo llegaré de todos modos.- dijo Yahiko, muy convencido en el éxito de su empresa.
-Pero si te pierdes y te retrasas, tal vez llegues cuando ellos vengan de vuelta.- observó Tsubame.
-Kaoru me anotó la dirección de un lugar al que puedo escribirles. Algo así como Aoiya. Sólo tengo que preguntar cómo llegar a Kyoto y luego, preguntar por ese restaurante.-
-Es un viaje arriesgado para un chico como tú.- dijo Tae.
-He estado en situaciones más difíciles. No le tengo miedo a nada. Viajaré a encontrarme con Kaoru y Kenshin. Está decidido.-
-Al menos tu reacción ha sido más positiva que la de cierto cabeza de pollo.- dijo Megumi.- Y eso habla bien de ti. Sería terrible para la sociedad que un niño como tú tome los ejemplos que da ese gamberro de cuarta.
-No soy un gamberro de cuarta.- dijo Sanosuke apareciendo detrás de ellos, conteniendo su ira.- Soy un experto en el arte de pelear con los puños.
-Que tiempos terribles estos que se viven.- dijo Megumi mirando al cielo.- A cualquier cosa le llaman arte.-
Tsubame miraba a uno y otro, temiendo que en cualquier momento estallara una guerra cruenta entre ellos.
-Hey, Yahiko, si quieres ir a Kyoto, yo te acompañaré. Conozco el camino para llegar.- soltó Sanosuke en un tono bastante amable y calmado, descolocando a los demás. Yahiko lo miró con desconfianza.
-¿En verdad conoces el camino a Kyoto?-
-Claro que si, muchacho. Además, mi sentido de la orientación es único.-
-Yahiko, llegar a Kyoto es muy simple. Sólo tienes que tomar barco o tren. – dijo Tae. – y tardarás poco tiempo.
-Yahiko, esas cosas del barco o el tren son del demonio y te harán perder tu alma. Además, los verdaderos hombres viajan a pie. Nosotros haremos el trayecto a pie y nos fortaleceremos viajando.-
-Sanosuke, Yahiko es un niño y debe…-
-Debe fortalecerse. Nada de usar esas cosas poseídas, él se moverá con sus propios pies.-
Megumi por su parte miraba suspicazmente a Sanosuke.
-¿No será que tú le tienes miedo a esos artefactos?... No puedo creerlo, Sanosuke.
-No es miedo. Es sentido común. Dicen que si uno se sube a esos demonios que escupen vapor, no volverán nunca más al mundo de los mortales. Y los barcos no son seguros porque se hunden.
-Tsubame viajó en tren a Kyoto y volvió en barco con sus padres.- dijo Tae, mirando a Sanosuke con cierta mueca de burla en los labios. – Ella es la prueba de que esas cosas que dices son inventos de la gente ignorante.
Sanosuke se encolerizó nuevamente.
-¡Cómo te atreves a decirme que son cosas de ignorantes!. El tren es un ser demoníaco, no hay que subirse y punto. Yahiko, haremos el viaje a pie.-
-Muy bien, Sanosuke, partiremos esta tarde.- dijo Yahiko echándose los brazos a la nuca y mirando hacia otra parte, como si estuviera cansado de la discusión que oía.
-¿Irás a Kyoto con este idiota?- le preguntó Megumi.- Tardarás al menos diez días en llegar por la ruta de Tokai.-
-No hay problema, Sanosuke tiene razón en eso de que podemos entrenar por el camino. Quizá yo pueda hacerme más fuerte por si tengo que ayudar a Kenshin y Kaoru.
-¡Este chico es un valiente, todo un hombre!- exclamó Sanosuke complacido de que alguien tomara en serio sus palabras.- Me agrada tu actitud, Yahiko, pero… espero que lleves el dinero que te ahorrarás del pasaje del tren, para que podamos comer durante el viaje.-
Dicho esto, Sanosuke desapareció bajo tres damas y un niño que lo golpearon hasta el cansancio por ser un mantenido y encima abusador.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Kaoru estaba un poco cansada después de caminar toda la mañana y parte de la tarde sin detenerse. Además, tenía hambre.
-Nos detendremos dentro de una hora. Tenemos que tratar de avanzar lo más posible mientras haya luz.- Le había dicho Kenshin.- Así podremos llegar pronto a Kyoto.-
La joven suspiró. Ella había prometido no ser una carga para Kenshin pero estaba muy cansada en verdad. Sospechaba que el haber dormido poco en la noche era la causa de su falta de vitalidad. Por otra parte, no se concentraba en el viaje porque tenía algo que la molestaba en la cabeza. ¿Qué habría de cierto en eso que le contó Kenshin sobre la muerte de su supuesta primera esposa?
-Tenemos que alcanzar Odawara para comprar provisiones e iniciar la parte de Hakone, que es algo dificultosa.-
-Está bien. Tú dirás… eres tú el que conoce este camino.-
Kaoru apartó de su mente la imagen de Kenshin matando a una mujer y pensó por un momento en que la idea de viajar en barco en vez de a pie le gustaba mucho más.
Después de salir de casa esa madrugada, se habían encontrado con Saito, el sujeto que se había metido en su dojo con el fin de matar a Kenshin. Kaoru había temido que se pusieran a pelear nuevamente, pero en verdad, ambos se trataron de modo muy cortés y frío. Por lo que pudo deducir Kaoru de su conversación, ahora Kenshin y Saito eran aliados con el fin de mantener cierta paz en el gobierno actual.
En un momento Saito le había dicho a Kenshin que viajarían en barco, pero Kenshin se rehusó, diciendo algo de que ellos viajarían a pie porque era más seguro y no entró en mayores detalles. Después la tomó de una mano, algo molesto por algo que le dijera Saito seguramente, y caminaron sin parar hasta alcanzar el inicio de la ruta de Tokai.
-¿Kenshin?-
-Dime.
-Hum… ¿por qué no quisiste que viajáramos en barco? Creí escuchar que Saito nos pagaría los pasajes.-
Kenshin la miró un poco serio. No le quería dar la respuesta verdadera porque eso implicaba decir lo que había pasado el día anterior, cosa que la asustaría.
Él había partido a encontrarse con el señor Okubo para darle su respuesta y al llegar a cierto punto del camino, notó mucha gente reunida alrededor de un carruaje y algunos policías. Al acercarse supo que el Señor Okubo había sido asesinado. Se había encontrado una nota el lugar en la que cierto grupo se adjudicaba el homicidio y Kenshin pensaba en ello tratando de digerir lo que había pasado cuando escuchó una voz a sus espaldas:
-"Si no quiere morir como el ministro, no se acerque al señor Shishio."-
Aunque Kenshin se dio vuelta de inmediato, no vio a nadie sospechoso.
-"Por eso lo mejor es viajar a pie, porque si me atacan, podré actuar tranquilo. No como en un barco o en un tren, en que mucha gente puede resultar herida."- pensaba el espadachín mientras caminaba con su esposa. Pero lo que al final le contestó fue:
-Lo que pasa, Kaoru… y me da un poco de vergüenza, es que me mareo mucho en los barcos.-
-Ah… ya entiendo.-
Siguieron su viaje en silencio. La verdad es que Kenshin no estaba con ánimo de hablar y aunque ella tenía muchas preguntas que hacerle, prefería también mantenerse callada.
El pelirrojo se sentía bien de tener la compañía de Kaoru y en cierta forma, lo halagaba sobremanera el modo en que ella lo seguía sin importar lo que pasara. Pero por otra parte, se repetía constantemente que debió haberla dejado en casa, donde estaría más segura. Si lo atacaban estando en el camino, sin duda ella sería un blanco apetecible, por ser sin duda su punto más débil.
La joven miró una enorme piedra bajo un árbol y sintió deseos de poner su traserito en ella, asi que corrió a sentarse. Kenshin hizo una mueca de reprobación.
-Lo siento, Kaoru, pero debemos seguir.-
-Kenshin, llevamos medio día andando, me duelen los pies. Déjame descansar un poco.- dicho esto, Kaoru se quitó las sandalias y se masajeó los pies, los tobillos y pantorrillas.
Kenshin no dijo nada, pero se agachó, recogió las sandalias y pasándole el bolso de viaje a su esposa, se la echó a la espalda.
-No podemos detenernos.-
Kaoru suspiró, abrazando el cuello de Kenshin para no caer. Se sentía un poco mal… se decía que ella no debía ser una carga para él y justo en ese momento, él la llevaba, seguramente cansándose más.
Tal vez debió rehusar la proposición que le hizo él de acompañarlo, cuando ella sabía que los motivos que tenía para no llevarla eran tan de peso.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Al caer la tarde, Yahiko estaba listo para partir a Kyoto, asi que se echó un pequeño bolso a la espalda además de su espada de bambú y fue a buscar a Sanosuke a su casucha.
Éste se encontraba pidiéndole dinero prestado a un amigo para financiarse el viaje y la estadía en Kyoto. Tsunan Tsukioka era un amigo de confianza, como un hermano para él.
-Aquí tienes, Sanosuke, no te preocupes en devolverme el dinero después, mientras me cuentes con lujo de detalles lo que suceda allá en Kyoto.-
Tsunan era reportero y sabía muchas cosas feas del gobierno que debía callar. Pero aunque no pudiera divulgarlas, le gustaba saber de ellas y tomar nota, pues tenía la esperanza de que sus escritos algún día estuvieran en los estantes de la Historia Japonesa. Tsunan también tenía otra faceta… en sus ratos libres le gustaba hacer bombas. Era un pasatiempo que le quedó de una época rebelde cuando era joven, en la que se oponía al gobierno. Pero eso era tiempo pasado…
-Sano, llévate éstas, por si te hacen falta.- dijo extendiéndole una bolsa con muchos explosivos.- Hace tiempo que vengo escuchando rumores entre mis fuentes de problemas con un posible golpe de estado, por eso comencé a fabricarlas de nuevo. Si estás en el grupo de choque, estoy seguro que te servirán.-
-Muchas gracias, amigo.- dijo Sano poniéndole un brazo sobre los hombros.- Eres lo máximo.
-Pero recuerda… después quiero saberlo todo. Ese será el modo en que me pagarás lo que hago por ti.-
-Cuenta con ello.-
Sintieron un golpe en la puerta de la casucha y Sanosuke abrió, descubriendo a Yahiko.
-Que bien que ya estás listo… podemos irnos ahora mism… ¿eh?-
Sanosuke se interrumpió al ver una enorme sombra tras el muchacho.
-Creo que te han seguido, chico.- dijo Sano, apartando a Yahiko de la puerta para enfrentarse directamente a Saito.
-¿Así que pretendes viajar?- le preguntó Saito con cara de poco amigos, y brazos cruzados sobre el pecho.- Si vas a Kyoto, no te lo recomendaría.-
-¿¡Qué dices, ojos feos!?-
-Que si Battousai partió en solitario, fue porque sabe que no será capaz de defenderlos y que ustedes tampoco podrán defenderse. Ustedes son su punto débil. Bueno, se llevó a la chiquilla pero es otro cuento. Seguramente la esconderá por ahí. Es lo mejor que puede hacer.-
-¿Nosotros el punto débil de Kenshin?.- dijo Yahiko molesto. –Yo pienso ayudar a Kenshin, no a ser su punto débil.
-Iremos con él porque somos un grupo.- dijo Sanosuke muy molesto con lo que Saito insinuaba.
-¿Un grupo?... ¿Recuerdas la primera vez que nos vimos?... después del tercer golpe te desplomaste como una muñeca de trapo. Battousai vio eso, y está muy conciente de que ni tú ni el mocoso ni nadie más son oponentes para el tipo de personas al que va a enfrentar.-
Sanosuke sintió la rabia hervir nuevamente en sus venas.
-Una carga para Kenshin… llevó a la chiquilla pero a nosotros no porque somos una carga.-
-Técnicamente ella le puede dar algo que ustedes no. No me extraña que haya tomado esa decisión… los hombres jóvenes son muy pasionales.- murmuró Saito.
-¡Aparta, Saito!... tengo que ir a Kyoto y golpear a Kenshin y después decirle un par de cositas.- dijo Sano, tomando su bolso del interior de la casa. Salió rápidamente, siendo interceptado por el Lobo de Mibu.
-Te he dicho que no vayas. No permitiré que sigas con ese suicidio de querer ir a Kyoto a que te maten y encima a distraer a Battousai. Ya bastante tiene con su mujer.-
A Sanosuke no le hizo gracia nada de lo que escuchó, asi que se abalanzó sobre Saito. Éste lo recibió con una alta dosis de golpes directamente sobre su estómago. Sanosuke cayó hacia atrás escupiendo sangre.
-Como te digo.- dijo Saito apenas cansado.- En una verdadera guerra siempre se busca acabar con el enemigo… dar en su punto débil. No existe el juego limpio y acabarán contigo y con la vida del mocoso.-
Sanosuke se puso de pie y le lanzó un golpe a Saito, con dirección al pecho.
-¡No me duelen tus golpes, sino el hecho de que Kenshin me considere una carga!-
Saito recibió el puño de Sanosuke con los brazos cruzados sobre el tórax para protegerse y ambos saltaron hacia atrás al separarse.
-¡¡Te demostraré con los puños que soy capaz de luchar y resistir en Kyoto!!- gritó Sano, retando a Saito a pelear.
La espada de éste cayó al suelo cuando se la quitó y la soltó. Ya que el cabeza de gallo quería pelea, él se pondría a su nivel, con los puños limpios.
-¡¡Hazlo picadillo, Sanosuke, desfigúrale la cara a ese tipo!!.- gritó Yahiko para darle ánimo a su amigo.
-Hay que tener compasión, chico.- respondió Sanosuke.- Él nació asi y sería terrible empeorarlo más.-
"Realmente me detestan" pensó Saito con cierto aburrimiento. Lo mejor sería ponerse en guardia. De inmediato Sanosuke se abalanzó sobre él, dándole una fuerte sucesión de golpes.
Los puños de Sanosuke caían sin piedad sobre Saito, quien mantenía los brazos cruzados para protegerse y se movía con agilidad, esquivando los golpes del joven luchador. Sin embargo, aunque eran muchos golpes y muy rápidos, ninguno lograba tocarlo.
Sanosuke dejó de pelear y con alarma se dio cuenta que si bien con su fuerza, había logrado destrozar las mangas del uniforme de Saito, éste no presentaba ningún daño físico.
-Me toca a mi.- dijo el policía, dándole un certero golpe en la mandíbula a su oponente. Sanosuke sorprendido y aturdido, cayó hacia atrás. Yahiko y Tsunan también estaban asombrados. -¿Has entendido, Sanosuke, que estás muy lejos de Battusai y de mi en cuanto a fuerza y agilidad?-
Sanosuke se puso de pie una vez más, enojado al máximo.
-Cierra la boca, ojos feos. Después de todo… cuando Kenshin y tú empezaron a pelear, tampoco tenían experiencia ni fuerza y la fueron ganando con el tiempo.-
Saito hizo como que ignoraba tal comentario y le lanzó un potentísimo golpe a Sanosuke, quien no se movió y esperó a que el puñetazo llegara hasta él.
En vez de responderlo, lo detuvo, atrapando la muñeca de Saito entre sus puños. Saito quedó descolocado por un momento y aunque trató de retirar su brazo de tal prisión, Sanosuke apretó con más fuerza.
-¿Y, qué te parece, ojos feos? Puedo romperlo si quiero. No deberías subestimarme por ser un novato. ¡IRE A KYOTO Y ME HARÉ MÁS FUERTE. AYUDARÉ A KENSHIN Y LE HARÉ COMPRENDER QUE NO SOY UNA CARGA PARA ÉL!-
Sanosuke dejó libre el brazo de Saito y éste lo miró con una expresión indescifrable. Se dio la media vuelta y se fue, diciendo:
-Pero que quede claro que yo no soy el responsable de la tremenda estupidez que piensas hacer, y encima, arrastrando al mocoso.-
Cuando el policía desapareció, Tsunan se ofreció a vendar a Sanosuke. Pero éste se rehusó.
-Debo partir cuanto antes a Kyoto con el chiquillo. Sé que sientes lo mismo que yo.- le dijo a Yahiko.- él es nuestro amigo y lo seguiremos. Tsunan, dame las pomadas, me las aplicaré por el camino. Yahiko, toma tu bolso y vayámonos de una buena vez-.
Yahiko recibió las pomadas y algunas vendas que le dio Tsunan y partió junto a Sanosuke.
"Yo también debo fortalecerme más. Tampoco quiero ser una carga para Kenshin." Pensaba el muchacho.
Las sombras se alargaban y la noche caía cuando Yahiko y Sanosuke alcanzaron la avenida principal.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Kaoru notó que las personas miraban con cierto temor a Kenshin y pronto dedujo que era porque traía la espada a la vista. Kenshin le dijo que lo mejor era que la gente no se les acercara para no retrasarlos demasiado, aunque ella sospechaba que había otro motivo oculto para ello.
Ya habían alcanzado el primer pueblo, Odawara. Una mujer se acercó a ellos para ofrecerles hospedaje, pero Kenshin rechazó el ofrecimiento. Lo hizo una vez más con una nueva mujer que se acercó.
-Apuesto a que no tiene dinero o es un tacaño. Pobre de la mujer que lleva con él.- comentó alguien.
-Mírala, ella es muy linda, seguramente él la raptó de algún sitio.-
-Claro, si lleva una espada, debe ser un tipo violento.-
Kenshin y Kaoru oían claramente las murmuraciones y no les hacían mucha gracia. Kaoru estaba a punto de estallar y saltar sobre una de las mujeres que hablaba tan mal de su pelirrojito cuando Kenshin la tomó por la muñeca.
-Es mejor así. Déjalas. Sigamos con nuestro viaje.-
Compraron algo de comer y salieron del pueblo. Kaoru miró las calles iluminadas y los edificios que quedaban a su espalda con nostalgia.
-Pensé que nos hospedaríamos allí.-
-Pasaremos la noche más allá. ¿Todavía te duelen los pies?-
-Un poco. Pero estoy bien, no te preocupes.-
Kaoru trataba de no dar problemas aunque cada paso se estaba volviendo una tortura. Además, Kenshin estaba tan serio. Apenas había intercambiado un par de frases con ella durante el día.
Cerca de la medianoche, salieron del camino y se internaron en el bosque. Kaoru estaba aterrorizada y Kenshin le tomó una mano.
-No te preocupes, conozco esta parte. Confía en mí.-
Kaoru pasó saliva y obligó a sus piernas a moverse. Tanto miedo, tanto cansancio… ¿sería eso parte del peso de una espada?
Llegaron a un pequeño claro con un pequeño refugio de cazadores hecho de ramas y hojas, junto a un frondoso árbol. Kenshin dejó ahí las cosas, juntó ramas e hizo una fogata.
-La mantendremos encendida toda la noche. De ese modo estaremos calentitos y no se nos acercarán los animales del bosque.- le dijo a Kaoru mientras traía más leña. Ella sacó una manta que traía en el bolso y se la echó encima, sentándose bajo el refugio. Ya no podía más.
Kenshin le dio algunas galletas, le alargó una especie de cantimplora con agua y se sentó junto a ella, avivando el fuego de cuando en cuando. Cuando ambos saciaron su hambre un poco, prepararon el lugar para dormir. Bajo lo que parecía un montón de hojas secas, había una litera muy sencilla, para una sola persona y a todas luces, se veía mucho mejor que el duro suelo.
Kenshin le dijo a Kaoru que ella durmiera en la litera y que él haría guardia.
-Has dormido tanto o menos que yo. Ven a dormir también.- dijo ella.
-No, Kaoru, alguien debe vigilar y… -
-Kenshin, si no descansas bien, no serás oponente para nadie. Ven aquí y duerme conmigo unas horas.- dijo Kaoru muy enérgica, en un tono de voz que no aceptaba réplica alguna. Kenshin suspiró y se acercó a ella. Kaoru se puso de lado, dándole la espalda, de modo que su esposo cupiera también en la estrecha cama.
Kenshin la abrazó por la cintura, sintiendo el calor del fuego en la espalda y se tapó con la frazada de Kaoru.
-Fue una buena idea que echaras esto en el bolso. A mí no se me hubiera ocurrido.- dijo él, con los labios rozando el cuello de la joven. Realmente estaban muy pegados aunque examinando bien la situación, tenían un poco más de espacio. Pero para Kenshin, estar así estaba bien.- Buenas noches, Kaoru.-
Ella no respondió. Estaba profundamente dormida.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Kaoru abrió un ojo, medio dormida, y se levantó, pasando por sobre el cuerpo de su esposo. Quería ir al baño.
Desde luego había olvidado su nueva situación, porque al salir de la litera, estrelló la cara contra el suelo.
-¡Auuuuuuuuuch!-
Kenshin rápidamente se incorporó, encontrando a su esposa intentando levantarse penosamente del suelo, asi que le prestó ayuda. La joven se puso de pie, se sentó en la litera y se comenzó a sobar un brazo.
-¿Estás bien?- preguntó él.
-No, sólo me raspé un poco… jeje, que torpe, enredé un pie en la manta y no me acordé que esta cosa estaba levantada del suelo.-
-¿Y para qué te levantaste? Aun no empezaremos a viajar.-
-Quería ir al baño. Kenshin… ¿tendré que hacer detrás de una planta?-
El pelirrojo puso una cara de: "Es lo que hay". Kaoru entendió el mensaje y resignada, buscó un lugar donde alivianar el cuerpo. Estaba en eso, acuclillada, cuando pensó que la vida de un vagabundo era dura.
"Al menos hemos dormido juntos y no pasé frío, pero antes, Kenshin siempre viajaba solo. Yo no estoy acostumbrada a estas cosas, siempre he estado rodeada de ciertas comodidades… no sé si me pueda acostumbrar a todo esto."
Al regresar junto a su esposo, éste ya había avivado el fuego de la fogata. Aun no salía el sol pero el fuego espantaba bien el frío de esa hora.
Se acomodaron de nuevo en la litera, esta vez con Kaoru de cara a la fogata y Kenshin a su espalda cuidando de ella.
-Andaremos por el camino un tramo más y después tomaremos un atajo que va por el bosque. De ese modo iremos en línea recta hasta el pueblo de Nagoya. Al menos nos ahorraremos un día o dos. Conozco bien el bosque de esta parte, asi que no nos perderemos.-
-Aún pienso que la idea del barco era buena. Yo no dejaría de quererte por verte vomitar en cubierta cada cinco minutos, ni cambiaría el concepto que tengo de ti.- respondió Kaoru mostrando cierta desilusión.-Viajar de este modo es muy duro, comiendo galletas y caminando sin parar. -
-Estar conmigo no es fácil, Kaoru… y te lo advertí. - dijo Kenshin muy serio y un poco molesto con él mismo por exponer a su esposa a cosas desagradables.- Debes entenderlo. Y lo lamento mucho… pero no puedo hacer nada más. Tal vez yo no debí… -
-Kenshin, no te enfades conmigo… - Contestó rápidamente la joven, dándose vuelta.- Pero entiéndeme un poco. Yo no había vivido antes algo como esto. Y créeme que daré mi mejor esfuerzo por seguirte hasta el final y ayudarte como prometí, pero tú también tienes que comprenderme. Yo no conozco estos caminos ni esta forma de vida. Tú si y estoy tratando de adaptarme. Yo te quiero de verdad… y el bosque me aterra, pero si estamos juntos, te seguiré y dominaré mis temores… por favor… no te arrepientas de haberme traído. Seré más empeñosa y no me quejaré más, lo prometo.-
Kenshin la miró, suspirando, y acarició una de sus mejillas. Luego la besó suavemente.
-Lo siento, Kaoru. Tienes razón. Para mí esto era algo común… para ti no. Trataré de ser más comprensivo contigo. Sobre las galletas, sé que no son tan deliciosas como la comida caliente pero nos darán la energía necesaria para seguir adelante, además, duran varios días… -
-No importa, no importa… - dijo Kaoru apoyando la cabeza en el pecho de Kenshin, sintiendo el borde de la litera en su espalda.- No hablemos más de esto y durmamos otro rato. Ya por la mañana resolveremos los problemas que vengan.
Al salir el sol, Kenshin y Kaoru desayunaron algo y emprendieron la marcha nuevamente. Al mediodía dejaron el camino principal y como predijo Kenshin, tomaron un sendero que se internaba por el bosque. La huella del sendero era en algunos tramos muy débil y Kaoru no estaba segura de si iban por buen camino o se estaban perdiendo, pero se decía que ella debía confiar en Kenshin y no expresaba sus dudas. Por otra parte, le gustaba un poco más ir por el bosque porque una vez que le perdió el miedo, descubrió que si caminaba sobre la hierba, los pies le dolían menos. Y veía paisajes muy bonitos.
De tanto en tanto, Kenshin le tomaba la mano para pasar por algunas dificultades del trayecto, como enormes ramas atravesando el sendero, zonas rocosas o enormes pozas de agua.
-Es un camino muy poco usado y por eso está en tan mal estado, pero es rápido.-
Al atardecer llegaron junto a un río muy ancho, pero al parecer poco profundo. Los restos de un puente se observaban unos metros río abajo.
-Al parecer la corriente subió mucho este año. Lo cruzaré primero y te avisaré si puedes pasar¿está bien?-
"No, no está bien, esto es horrible.", pensó Kaoru mirando el río. Agua helada, tendría que sumergirse en agua helada. Kenshin ya iba por la mitad del río, mojado hasta la cintura, con la espada arriba de su cabeza, pensando que afortunadamente la corriente era muy suave y que se podía avanzar sin mayor problema. Llegó hasta el otro lado y miró hacia atrás.
-Se puede pasar. Iré por ti.- gritó, haciendo bocina con las manos.
El pelirrojo volvió donde Kaoru lo esperaba y la tomó de una mano, tirando de ella hacia el río. Pero la joven se rehusó a moverse.
-Debemos pasar por aquí. No hay otra opción… ya no hay puente.-
Kaoru pasó saliva.
-Vamos, Kaoru…-
-¿Y no podemos pasar mañana? Ya está oscuro… -
-Kaoru, el clima en esta zona es muy cambiante, y puede largarse a llover en cualquier momento. Si eso pasa, no podremos pasar por aquí a menos que volvamos al camino y eso nos retrasaría.-
Kaoru estaba a punto de llorar por la idea pero apretó los labios y caminó hacia el agua. Kenshin llevaba el bolso de viaje en alto para no mojarlo, junto a su sakabattou y el boken que traía la joven. Kaoru, siguiéndolo, dio un traspié y se aferró a él de la ropa para no caer, haciéndole perder el equilibrio aunque Kenshin contorsionándose logró recuperarlo.
-Tienes que tantear las piedras que pisas con el pie. Si están resbalosas, las frotas con el pie para quitarle el moho.- le aconsejó él una vez estuvieron tranquilos.
Kaoru asintió mirando el agua. Tenía ganas de quedarse ahí mismo y dejar que la corriente la llevara, pero tenía que avanzar. Cuando el agua la alcanzó hasta la cintura, no pudo evitar que su labio inferior se pusiera a temblar, pero siguió andando, pisando con mucho cuidado. A veces perdía el equilibrio pero trataba de no dejarse dominar por el pánico, manteniéndose erguida y reiniciando la marcha.
Tras algunos minutos que a ella le parecieron horas, llegó hasta la otra orilla, mojada hasta el pecho… pero al menos estaba a salvo. Y aunque seguía sintiendo en los ojos el escozor de las lágrimas, se animó pensando que al menos no tendría que atravesar ese horrible río al día siguiente.
-Pasaremos la noche aquí. Haré una fogata para secar la ropa.- anunció Kenshin. Kaoru lo ayudó recogiendo algunas ramas y él encendió el fuego. Después se quitó el hakama como si le diera lo mismo y lo colgó junto al fuego, en unas varillas que encontró. Kaoru también se deshizo de su kimono y aunque odiaba el río, pensó que no le vendría mal un baño.
-Kenshin… no hay problema si me lavo¿verdad?-
-Yo vigilaré. Hazlo mientras seco tu ropa.-
Kaoru se metió al agua con lo que le quedaba de ropa, que se quitó estando sumergida para lavarla. Luego se la lanzó a Kenshin, quien la atrapó en el aire y la colgó. Sonriendo, el pelirrojo organizó mejor el lugar para pasar la noche, sin perder de vista a la joven que comenzaba a encontrarle el lado positivo al río y empezaba a divertirse en él. Salpicaba agua dando manotazos y jugaba a sumergirse y salir a la superficie con el pelo peinado hacia atrás.
La verdad, Kenshin no se pudo abstraer de tanto encanto iluminado apenas por la luz del fuego y de la luna que salía. Se acercó como hipnotizado a la orilla y sin pensarlo mucho, se deshizo del resto de su ropa y nadó hasta su esposa, que lo miraba asombrada.
-Tú sabes nadar… eres como el dios del agua.-
Kenshin sonrió con el comentario.
-Nadar es muy fácil. Te puedo enseñar.-
-Yo soy muy torpe… es imposible que aprenda en esta noche. Pero cuando volvamos a casa me puedes enseñar, en el gran río que hay allí.-
Kenshin pensó, preocupado por un momento, que quizá él no volvería, aunque haría todo lo posible porque Kaoru si lo hiciera.
-Está bien, allá te enseñaré.-
Kenshin la tocó, notando lo helada que estaba. Kaoru estaba de pie, tapándose los pechos con los brazos y el agua hasta la cintura. Aunque había pasado algunas noches desnuda junto a Kenshin, lo cierto es que le daba un poco de vergüenza estar así con él porque antes estaban siempre cubiertos por las mantas. El pelirrojo se acercó y la abrazó fuertemente.
-Estás resbalosa, brillante y bella. Tú eres la diosa del agua.-
Kaoru se relajó y apoyó la cabeza en su hombro. Kenshin con una mano, hizo que Kaoru dejara de interponer las suyas entre él y ella, para abrazarlo también, y sentir su cuerpo amoldarse al suyo.
-Se está bien así¿no?-
Kaoru asintió sonrojada a pesar del frío.
-Volvamos a la orilla. –
El hakama y el fundoshi de Kenshin ya estaba secos y se los puso, dejando la parte de arriba de su vestimenta cerca del fuego para secar. Pero la ropa de Kaoru aún estaba húmeda, asi que le pasó la frazada para que se cubriera. Después de comer, él se sentó apoyando la espalda en una piedra enorme que había. Invitó a Kaoru para sentarse entre sus piernas, como aquel día en que le regaló el juego de peines, y aunque sentía la humedad del cabello de ella en su pecho, no le dio importancia.
Restregó su mejilla en la de ella, un poco excitado, notando que como la noche anterior, Kaoru nada más acomodarse se había quedado dormida.
"Nada que hacer con esta niña. Hoy se ganó el descanso, así que no la molestaré."
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Yahiko miraba a Sanosuke lidiar con un extraño objeto.
-Yahiko, indícame hacia dónde está el norte.-
Yahiko, que se estaba comiendo una rana asada, pensó un poco.
-Realmente no lo sé. ¿Por qué?-
Sanosuke le dio un rápido coscorrón en la cabeza.
-Eres un mocoso inútil.-
-Cállate, cabeza de gallo. Si tú supieras hacia donde queda el norte, no me estarías preguntando.-
Estaban en la orilla del camino, en un punto en el que Sanosuke pensaba internarse en el bosque, siguiendo el sendero que antes había seguido Kenshin. Pero a diferencia del pelirrojo, Sanosuke no estaba muy seguro de ser capaz de andar por ahí sin perderse.
-Claro que lo sé… sólo estaba probando tu conocimiento de la orientación, que es parte del entrenamiento que te dará Sanosuke-sensei.-
Yahiko lo miró con cara de pocos amigos y siguió atacando su rana.
-Este objeto es una brújula y el lado rojo de la barra que sostengo con el hilo siempre apunta hacia el norte. Puesto que Kyoto está en esa dirección, debemos seguir el camino que indique la brújula.- explicó el luchador. Yahiko lo miraba muy interesado en la brújula y se la quitó de un manotazo.
-Déjame ver… - dijo, mientras hacía girar la barrita. Cuando ésta se detuvo, el lado rojo apuntó en cierta dirección. Al volver a hacerla girar, quedó en la misma posición que antes. –Realmente esto funciona. Creo que tengo otro concepto de ti.-
-Te dije que en el fondo soy un genio subvalorado, pero genio al fin. No debes creer todo lo que cierta doctora dice.-
-¿Y si debo creer lo que dice Tae, Tsubame y Kaoru?-
-Ehh… no. Tampoco. Las mujeres en general son intrigosas y chismosas. No comprenden a los hombres.-
Después de tan interesante conversación, ambos se pusieron a dormir. Al día siguiente comenzaron su camino.
-Sanosuke, el señor nos dijo que si seguíamos por esta ruta, llegaríamos a Kyoto sin perdernos. No le veo caso a meternos al bosque.-
-Mira, mocoso, este es un viaje que nos fortalecerá. Puesto que tú puedes avanzar y dar golpes de espada hacia el frente a la vez, yo he pensado que también puedo practicar en el camino. Y eso lo puedo hacer… hem… pateando árboles.-
Yahiko hizo una rara mueca con la cara.
-Estás loco, Sanosuke. Pégale a los árboles de la orilla si quieres. No es necesario meternos en el bosque y perdernos.-
-No nos perderemos porque tenemos la brújula.-
Luego de mucho discutir, ingresaron al bosque. Yahiko ya no pudo seguir practicando los ejercicios con su shinai porque el camino era accidentado y se tropezaba con las piedras al no prestar atención. El único contento con el cambio era Sanosuke que destrozando árboles, estaba ensanchando el camino.
Después de avanzar un buen tramo, Sanosuke hizo uso de su brújula para orientarse y siguió la dirección que ésta indicó. Menos seguro que él, Yahiko lo seguía. Todo ese asunto de la brújula le daba mala espina.
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Tercera noche a la intemperie. Suspirando, Kaoru pensó que sólo quedaban cuatro o cinco más según lo que le había dicho Kenshin. No era tan malo y se empezaba a acostumbrar a caminar durante tantas horas sin detenerse. La joven se ofreció a juntar ramitas para una fogata mientras Kenshin trataba de atrapar algo para asar. Estaba en eso, tratando de atrapar un conejo, cuando escucho un ruido que llamó su atención.
"¿Será posible que alguien nos haya encontrado?... si he traído a Kaoru por este camino que nadie usa, es para mantenerla a salvo. Sin embargo, con los hombres de Shishio nunca se sabe". Pensó. Se puso en guardia.
-Kaoru, no enciendas la fogata todavía. Mantente a mi espalda, cerca.-
La joven se asustó con el tono de Kenshin y le hizo caso. Lo siguió mientras él caminaba en dirección de la que provenía cierto ruido, y así llegaron a un claro iluminado por una fogata.
Había una joven, rodeada de cinco hombres muy fornidos. Kaoru, que estaba tras un arbusto con Kenshin, reconoció la capa que la joven traía puesta.
"Los hombres son unos tontos, pones una voz sexi y te siguen a cualquier parte" pensó Misao, manteniendo en secreto su identidad un momento más. Había escuchado a esos hombres hablar en un bar del pueblo más cercano, sobre lo fuerte que eran y sobre el miserable pueblo que tenían bajo su mando. Quizá ellos tenían algo que ver con el asunto que investigaban, asi que poniéndose rápidamente de acuerdo con Hannya, ella se hizo pasar por una chica fácil y dispuesta a lo que ellos quisieran, para atraerlos a una trampa y hacerlos hablar. Se cubrió con la capa que le diera Kaoru y que siempre llevaba en su bolso de viaje, para mantener cierto misterio.
"Eso también vuelve locos a estos tontos."
-Y entonces, muñeca¿nos darás lo que nos prometiste?- dijo uno, acercándose más de la cuenta.
-Claro que si… siempre y cuando ustedes me den lo que yo quiera también… -
Los hombres estaban bastante endurecidos ante lo que imaginaban, iban a encontrar bajo la elegante capa blanca de bordes rojos. Una chica sexi, de cuerpo de diosa y dispuesta a cumplir sus más mugrosos deseos. Pero lo cierto es que al caer la capa, quedó ante ellos lo que parecía un muchacho con el pelo largo.
-¡QUÉEEEEEEE!... ¿Acaso eres un homosexual?- gritó uno.
-A mí en lo personal no me molesta.- dijo otro.
Misao, por su parte, estaba bastante ofendida.
-¡¿Cómo se atreven a decir que esta belleza ninja es un muchacho!?- Acto seguido, le dio una fuerte patada a un sujeto en la mandíbula, dejándolo inconsciente de inmediato. A otro le llegó un codazo en el estómago que lo dejó sin aire y cuando se dobló del dolor, le llegó un rodillazo en la cara.
Los otros tres miraban asombrados sin poder reaccionar. Hannya, desde arriba de un árbol, se tapaba un poco los ojos.
-Siempre es lo mismo con esta chiquilla cuando se meten con su apariencia.- decía. Mirando en rededor, descubrió a Kenshin y Kaoru tras unos arbustos, asi que saltó hacia ellos, mientras Misao seguía repartiendo patadas, kunais y toda clase de improperios a quienes osaron decir que ella era plana como una tabla y que tenía menos gracia que un clavo. –Hola.-
-Hannya, qué sorpresa.- dijo Kenshin, sin quitar los ojos de Misao, por si la necesitaba.
-Déjala, no te preocupes por ella. Está en su salsa. No nos necesitará.- le dijo Hannya.- Qué coincidencia encontrarnos aquí. Por cierto, es común que Misao y yo estemos en el bosque pues tenemos una misión. Pero… ¿Y ustedes?.-
Kaoru le contó a Hannya que al parecer el gobierno tenía problemas con un sujeto y que habían mandado a Kenshin a eliminarlo.
-Por eso vamos a Kyoto.- terminó la joven, mirando asombrada el demonio en el que se habia convertido su prima.
-Vaya, vaya… -
-¿Y ustedes, en qué van?- preguntó Kenshin. En eso, escucharon el sonido de una rama seca al quebrarse y comprendieron que Misao le estaba rompiendo un brazo a alguien. Siguieron la conversación sin notar que Kaoru miraba absorta la escena ante ellos.
-Pues… escuchamos ciertos rumores de un pueblo perdido, tomado por un antiguo patriota. Estamos investigando su ubicación exacta… la jefa dice que si están preparando tropas para algún tipo de enfrentamiento, debemos organizar a nuestros miembros activos rápidamente.-
Kenshin y Kaoru se miraron. ¿Sería posible que ambos casos estuvieran relacionados?
-¡Hannya, estoy lista!- dijo Misao, de pie, muerta de risa en medio de cinco hombres quejándose por las más diversas lesiones.
-La jefa me llama,- dijo Hannya, dejando al matrimonio Himura tras el arbusto. Ellos no perdieron tiempo en salir de allí y presentarse ante la joven ninja. Kaoru y Misao se abrazaron con afecto, contentas de verse nuevamente; pero se separaron casi de inmediato, porque ahora Misao tenía cosas que hacer.
Se acercó a los soldados y trató de dialogar con ellos, pero sólo recibió palabrotas y un par de escupitajos de ellos.
Limpiándose la cara, y tratando de mantener la mente fría, se dedicó a interrogarlos, pero heridos y todo, esos hombres eran muy hostiles.
-Tienen que hablar o me obligarán a sacarles la información de otra forma.- los amenazó.
-¡Bah… es imposible que una mocosa como tú sepa de eso.- dijeron altaneros, como si una parte de ellos se negara a reconocer que habían sido vencidos por ella. Misao suspiró.
-No me dejan otro camino, puesto que necesito esa información ahora. Hannya, trae los clavos y las velas. Los haremos hablar uno por uno.-
Hannya obedeció a Misao, quien mientras, miraba a Kenshin y Kaoru. Finalmente se acercó al esposo de su prima.
-Kenshin, por favor, necesito que te lleves a Kaoru de aquí. No quiero que vea lo que sigue.- dijo muy seria, en un tono inusual en ella. Por su mirada, Kenshin decidió tomar a su esposa por un brazo.
-Misao, estamos en esa dirección, para que nos encontremos una vez hayas terminado. Vamos, Kaoru.-
Con Misao a sus espaldas, Kaoru preguntó a Kenshin:
-¿Les aplicarán tortura?-
-He oído decir que las torturas ninjas son bastante terribles. Dejará las manos de esos soldados inútiles para volver a usar armas y no los matará. Por eso he permitido que ella siga adelante con el interrogatorio que piensa hacer.-
-Pero Kenshin… ¿cómo sabes que ellos son soldados de los malos?-
-Primero, porque Hannya lo asegura. En segundo, porque ellos tienen un fuerte olor a sangre, cosa que los soldados actuales no tienen, lo que indica que ellos han estado matando o hiriendo gente recientemente.-
-Ya veo.-
Encendieron la postergada fogata al llegar a su lugar de descanso y Kenshin pudo asar el conejo que había atrapado. Kaoru estaba muy pensativa, mirando el fuego y el conejo sobre él.
A lo lejos se escuchó un gemido ahogado. Kenshin pensó que quizá Misao acallaba los gritos de los hombres con algo.
-¿Pasa algo, Kaoru?- dijo, mirando atentamente a su esposa.
La joven ignoró la pregunta.
-Kaoru… -
Finalmente ella reaccionó.
-¿Si?.-
-Dime¿en qué piensas?.-
Kaoru no estaba muy segura de plantear su inquietud, pero Kenshin la animó a hacerlo, mientras le daba un trozo de carne.
-Lo que pasa es que… me cuesta imaginarme a Misao torturando a alguien. Es decir… ella es tan alegre, tan buena… -
-Posiblemente no lo esté haciendo ella directamente, sino Hannya.- observó Kenshin.
-Pero, de todos modos, la orden de hacerlo sale de ella. Se veía muy diferente peleando, atacando a esos hombres. De pronto pensé… "esta no es la prima que conozco."-
-En tiempos difíciles la gente es capaz de hacer cosas que ni se imagina.-
-Pero… fue como cuando tú peleabas con Saito. Eras tú, pero a la vez no eras… -Kaoru comprendió que se estaba enredando un poco.- A lo que voy es que… es como si hubiera dos personas viviendo en ustedes.-
-Tal vez sea eso, Kaoru. Nosotros somos guerreros preparados para la guerra y tenemos que sacar lo más fiero que tenemos dentro. Pero cuando no hay que pelear, guardamos esa parte.-
-Es que lo que me llama la atención es esa dualidad. Por ejemplo, Sanosuke todo el tiempo tiene un carácter parecido, cuando pelea que cuando está quieto y por lo que pude observar, Saito también. Es fácil imaginárselos. Pero tú… eres tan amable cuando no estás peleando, que se me hace difícil creer que estuviste en una guerra. Y por más que lo pienso… no puedo creer que sea cierto lo que me dijiste antes de partir en este viaje, sobre… sobre… -
-¿Hum?-
-Sobre la esposa que dijiste que mataste. A veces pienso que me lo dijiste para hacerme desistir de venir contigo. Otras veces creo que fue verdad, pero mirándote, no sé que pensar. Estoy confundida. Lo siento.- dijo ella, bajando la cabeza y concentrándose en la carne que comía.
Kenshin la miró en silencio por unos minutos.
-¿Estarás más tranquila si te cuento la verdad?- dijo de pronto. Kaoru dejó de lado su comida.
-Creo que si.-
-Puede no gustarte.-
-Tampoco me gusta el Battousai, pero te ayudaré con ello cuanto pueda.- dijo ella muy firme.
-Está bien.- concedió Kenshin, pensando que Misao y Hannya aún tenían para rato.- Te contaré todo. Pero me gustaría que hicieras algo por mí.-
-Dime, lo que tú pidas.-
Kenshin se limpió las manos y se sentó mejor.
-Para mí es algo difícil contar esa historia, nunca lo he hecho… quizá me ponga nervioso. Por eso me gustaría que tú… que mientras te esté hablando estuvieras aquí, entre mis brazos. Quiero sentir que estás cerca y que eres real. Quiero saber que puedo encontrarte cuando termine de recordar esas cosas.
Kaoru se incorporó y se sentó delante de su esposo, dejando que él la atrajera sobre él, como la noche anterior, como tantas otras veces, notando que él cerraba sus brazos en torno a ella.
-Muy bien, Kaoru. La historia comienza asi… -
O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O
Fin Acto Dieciséis
En Camino.
Mayo 10, 2007
Notas de Autora
Gracias como siempre, por apoyarme con sus palabras a:
Lauri-chan
Okashira Janet
KagomeKaoru
HADA
Mari8876
Athena Kaoru Himura
Mai Maxwell
Lola1655
Kanke-chan
Silvi-chan
Gabyhyatt
Mitsuki Himura
Kaoru-Hino
Kaorumar
Gracias también a Okanami y Kenkaoda, amigos del fotolog.
Hola!!!
Fiu, han pasado muchas cosas... mi vida está a punto de iniciar una nueva etapa y por eso estoy decidida a continuar este fic y a terminarlo a como de lugar. También a que la actualización siga regular como hasta ahora. En fin…
Quería hacer comentarios con respecto a algunas preguntas que me llegaron y que puedo contestar tranquilamente. Querida Okashira Janet, en efecto, la parte en que Sohjiro mata a Okubo se verá más adelante como flasback, porque me interesa mostrar los sentimientos de Sohjiro en una situación específica y eso me sirve, Sobre las luciérnagas, yo sé que son muy románticas y todo eso, que se veían bien en el animé y las ovas del final y sufrimos mucho pero las omití simplemente porque entre Kenshin y Kaoru no hubo despedida después de todo, aunque casi estuvieron a punto de no verse durante una temporada. Misao me parece un personaje muy interesante, me gusta la idea de que aunque parezca torpe e infantil, sea realmente fuerte y madura en los momentos en los que se le necesita, lo que me parece lógico tomando en cuenta que me pasé la mitad de uno de los primeros capítulos hablando de su maravilloso entrenamiento. Sobre la pregunta al final de tu review, la respuesta es SI.
Como comenta Silvi-chan, en efecto, Kenshin en esta versión es un poco más egoísta o posesivo… La razón es que él se enamoró de Kaoru al conocerla y después se casaron y vivieron muchas cosas como pareja, entonces, él está mucho más atado a ella que en la historia original en la que vivieron como amiguis hasta que estalló lo de Enishi. A veces aquí parecía que Kenshin no se quería involucrar tanto con ella pero lo cierto es que cayó redondito.
Kenshin subió varios puntos con respecto al capítulo 14 y Aoshi nuevamente vuelve a ser el personaje más odiado. Esto parece ranking… me parece que Aoshi es un antagonista más de temer que Enishi o Shishio por el simple hecho de que está haciendo sufrir a Misao y ella se ha vuelto bastante popular.
Pasando a otro tema, les quiero agradecer el enorme apoyo que le han dado a mi nueva historia, En tu Corazón. Hum… creo que debo esforzarme más con la trama.
Hasta aquí los cometarios con respecto a los fics. ¿Saben? He visto nuevas series de animé… me gustó mucho una que se llama Shool Rumble… sobre todo Harima Kenji, el personaje delincuente que cambia por amor porque es grande, torpe y taaaaaaan tierno y me da mucha pena todo lo que sufre por Tenma. También he visto Ouran, que no me ha hecho reír tanto, pero que también es muy buena. Por todo esto, muchos saludos a Catty-dono que me las recomendó para verlas. Espero ir pronto a Maipú a verte y conseguir los episodios que me faltan. Un beso. Pronto empezaré a ver Air para ver que tal es… ojalá no me haga llorar mucho.
