Rurouni Kenshin no me pertenece, y menos alguno de sus personajes, que son propiedad de Nobuhiro Watsuki y de quienes tienen los derechos correspondientes. La presente es una historia basada en el manga original y por ello tiene bastantes semejanzas. De todos modos hago esto sin fines de lucro y por pura entretención. (Además, me hubiera gustado un poco que la serie fuera así)

Entre mis Brazos

Acto Diecisiete

Un Recuerdo Lejano

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Kaoru se acomodó entre los brazos de Kenshin como él le pidió, dispuesta a oír su narración sin interrumpirlo. Si le era tan difícil contarla, no quería ponerlo nervioso haciéndole reproches o comentarios que no vinieran al caso.

Después de algunos minutos que a ella se le hicieron eternos, el pelirrojo trató de hilvanar una frase pero al parecer la encontró inapropiada y optó por iniciar con otra. Sin embargo, a poco de empezar se enredó en lo que estaba contando y aunque Kaoru se había propuesto no hacerlo, tuvo que interrumpirlo para pedirle que le explicara de nuevo lo de la primera cicatriz porque no lo había podido entender. Ni tampoco algo que él le había dicho sobre el sabor del sake.

Kenshin miró al cielo buscando inspiración. Sin duda el relatar no era lo suyo.

Sintió los dulces labios de Kaoru sobre los propios y sorprendido la miró. Estaba tan abstraído en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que ella cambiaba de posición y ahora estaba de rodillas frente a él, besándolo.

-Te amo, Kenshin. Sin importar lo que me digas o dejes de decirme, así seguirá siendo.- dijo ella contra su boca, antes de volver a tomarla.

Kenshin la correspondió, abrazándola con fuerza y besándola con ganas. Y de pronto se sintió bien, muy seguro, muy protegido. Si Kaoru lo amaba y estaba dispuesta a seguir haciéndolo pasara lo que pasara, si ella le decía eso él… él le creía. Y de pronto se encontró confiando en ella con tanta fuerza que a su cabeza, como por arte de magia, llegó la idea de cómo contarle su historia.

La separó lentamente de sí, con algo de esfuerzo, notando su contorno delineado por la luz del fuego a sus espaldas. Kenshin cambió de posición nuevamente y esta vez se sentó al lado de ella, abrazándola hasta que Kaoru encontró una posición que le acomodaba. Luego, sonriendo, la joven acercó los pies al calor del fuego, notando que Kenshin hacía lo mismo.

-Lo mejor será que te cuente todo desde el principio. Así tal vez puedas comprender mejor la situación. No lo hago con el fin de que me compadezcas de mí, ni para justificar mis acciones. Quiero contártelo todo porque aunque pueda ser duro, tú tienes derecho a saberlo.-

Kaoru sintió un poco de frío en la espalda por lo helada de la roca en la que se apoyaban y Kenshin notó su leve estremecimiento. Rápidamente desenrolló la frazada que traían y la puso sobre los hombros de la joven. Desde luego, ella consideró que lo mejor sería cubrirse los dos la espalda con ella y así lo hicieron, amortiguando un poco la dureza del respaldo que tenían y brindándose más calor, lo que estaba muy bien porque la noche era fresca en el bosque.

Estando acomodados y sin más interrupciones, Kenshin se animó a relatar su historia, que es más o menos lo que se transcribe a continuación.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Nací en medio de una familia de campesinos pobres y a pesar de algunas carencias, tuve una infancia feliz. Cuando no tenía que ayudar a mis padres en las labores del campo, salía por las mañanas a jugar durante todo el día con mis hermanos y por la noche me guardaba en casa con ellos. Recibía los besos de mi madre, los reproches de mi padre y los consejos de una abuela que vivía con nosotros. ¿Sabes? Aunque su cabello era blanco en partes, tenía aún algunos mechones rojizos que brillaban intensamente al sol y aunque mis recuerdos son muy vagos respecto a ella, ese detalle no lo he podido olvidar.

La vida transcurría de modo tranquilo hasta que de pronto todos caímos enfermos. Primero mis hermanitos y mi abuela, que dejaron de existir. Yo no entendía qué estaba pasando, por qué se quedaban dormidos y mis padres lloraban y lloraban sin consuelo alguno. Entonces yo tenía siete años y no comprendía que la muerte es un viaje del que no se vuelve. Pensaba que cualquier día mis seres queridos despertarían y volverían conmigo. Pero no fue así y al poco tiempo mis padres también murieron. Con los años supe que se trató de una epidemia de cólera.

Por mucho tiempo me pregunté por qué yo, de todos ellos, había sido el único que había sobrevivido. Yo no era fuerte como mi padre, ni sabio como mi abuela. Mi madre era honesta y trabajadora… mis hermanos eran unos ángeles… por mucho tiempo me lo pregunté. Un día el dueño de las tierras que trabajaba mi familia dijo algo de unas deudas y sin más, me tomó de una mano y me dejó con unas personas extrañas que viajaban mucho. Ellos conformaban una caravana de esclavos y tres jóvenes muchachas me tomaron bajo su protección. Me prometieron juegos, cantos y cuentos para alegrarme. Eran unas prostitutas que suponían, me pasaría lo mismo que a ellas al servir en el comercio sexual o de cualquier otro tipo, por lo que trataban de hacer de lo que me quedaba de niñez algo agradable. Yo nunca imaginé, durante esos días, el giro radical que daría mi vida.

Fue una noche en la que la luna brillaba intensamente y nos encontrábamos cerca de Kyoto, en los caminos. De pronto todo se volvió gritos y correrías. Una banda de asaltantes atacaba nuestra caravana y comenzó a matarlos a todos para no dejar testigos. Sin piedad mataron a los hombres y mis amigas entendieron que harían lo mismo con nosotros. Yo no quería que les pasara nada malo a ellas que eran tan buenas conmigo y traté de defenderlas, pero mi esfuerzo fue inútil porque de un solo golpe, caí al suelo, desde el que Akane me rescató. Sakura y Kasumi se interpusieron entre los asaltantes y yo para que no me hicieran daño, pero también las mataron a ellas. Mientras Akane me abrazaba para protegerme, la tomaron del cabello, la levantaron del suelo y atravesaron su cuello con una espada.

Yo nunca había visto tanta sangre ni tanta violencia en mi vida… Akane antes de morir repetía una y otra vez que yo debía vivir. Entonces mi nombre era otro… Shinta era el nombre que escogieron mis padres para mí y fue el que Akane usó para darme la orden de vivir mi vida y de vivir cosas buenas, de vivir por las vidas de ella, de Kasumi y de Sakura. Tendría que pasar mucho tiempo para que yo pudiera entender finalmente el real significado de esas palabras.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

La voz de Kenshin se había apagado por momentos y Kaoru intuyó que estaba absorto en los recuerdos de aquella noche que ella estaba segura, el pelirrojo recordaba con lujo de detalles. Era injusto, pensaba Kaoru, que la gente olvidara algunas cosas de los momentos felices o de los seres queridos y en cambio los recuerdos tristes se grabaran tan bien. Por ejemplo, si ella cerraba los ojos y se descuidaba, podía recordar claramente todo lo relacionado a la muerte de sus padres y su posterior violación.

Restregó su mejilla en la de Kenshin para no seguir pensando en eso y prestó atención cuando él inició la segunda parte de su relato.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Cuando Akane murió, el asesino se dirigió hacia mí. Estaba listo para golpearme con su espada cuando algo pasó y él se convirtió en una masa de sangre, piel y huesos. Un solo hombre había acabado con toda la banda de asaltantes aunque había llegado demasiado tarde para los de la caravana. Sin embargo me salvó la vida y después de decir algo que no comprendí muy bien, se fue sin siquiera dar su nombre.

Yo no supe qué hacer en ese momento con exactitud. Durante el día estuve viajando, jugando con mis amigas y a la noche estaba inmerso en un mar de cadáveres. Quizá eso sería el anticipo de lo que vendría más adelante… tal vez era lo que tenía que pasar, no lo sé. Estaba solo y no se me ocurrió nada mejor que hacer que enterrarlos a todos. Demoré una eternidad en cavar fosas, ayudándome de mis manos, de piedras… luego arrastrando los cadáveres o lo que quedaba de ellos. Pensaba que sin importar quien fuera uno, o si era malo o bueno, la muerte llegaba a todos de la misma forma, dejándolos inmóviles y silenciosos… eran todos iguales al llegar a ella y aunque todo eso no tenía amucho sentido, para mí era importante que cada persona fuera sepultada. Aún los asaltantes.

Para Akane, Kasumi y Sakura traté de hacer unas bonitas tumbas, pero solo hallé algunas piedras un poco más grandes que las normales, para decorar el lugar donde descansaban. Me demoré dos días en acabar mi labor, al fin de los cuales estaba exhausto y hambriento. No sabía a dónde ir ni qué hacer y me senté a esperar que llegara la noche. En ese momento llegó el mismo sujeto que antes había salvado mi vida y matado a los asaltantes y venía bebiendo sake. Derramó un poco sobre las tumbas de mis amigas como una suerte de ofrenda y entabló conversación conmigo. Le dije que había querido proteger a esas jóvenes pero que terminó siendo al revés. Que me daba lástima ser tan pequeño y tan débil, y tener que ver morir a mis seres especiales… no recuerdo qué más le dije, pero ese hombre me preguntó mi nombre y al responderle "Shinta", mencionó que lo consideraba demasiado suave para un espadachín y que desde ese momento me llamaría "Kenshin". Me tomó de una mano y me llevó con él, para enseñarme el arte de la espada. Ese hombre se convirtió en mi maestro.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

-Shinta…- murmuró Kaoru.- ¿Así que Kenshin no es tu verdadero nombre?-

Kenshin sonrió.

-Tampoco lo es mi apellido. Como era hijo de campesino, no lo tenía, pero cuando ingresé a las filas de los Patriotas, necesitaba de uno y me pareció que Himura sonaba bien. Kenshin Himura.-

-Shinta no suena mal. Shin… ta… - dijo Kaoru, tratando de hacerse a la idea de que ese era el verdadero nombre de su esposo y no el de Kenshin. Todo eso era un poco raro.

-Eres la primera persona que lo pronuncia en veinte años. Suena bien en tu voz… - dijo Kenshin, manteniendo su sonrisa tranquila.

La joven abrió enormemente los ojos.

-¿¿No se lo habías dicho a nadie?? –

-Para todo el mundo soy Kenshin, y lo seguiré siendo mientras me acompañe de esta espada. Pero algún día… tal vez… cuando acabe con todo eso, sea bueno volver a usar mi nombre real. Cuando llegue ese momento¿me llamarás así, verdad?-

-Si, mi amor. Asi lo haré.-

-¿Y no te confundirás?-

-No. No lo haría nunca. Kenshin, o Shinta, o como sea que quieras que te llame, siempre sabré quién eres tú. Gracias por contármelo.-

Kaoru levantó un poco la cara y besó a su esposo en la mejilla. Se abrigó mejor con la frazada, sintiendo el mentón de Kenshin restregándose suavemente sobre su cabeza.

-Mi maestro se llama Seijuro Hiko treceavo. Y también es un nombre prestado… verás: su nombre real es Kakunoshin Nitsu, y también tuvo un maestro pero de nombre "Seijuro Hiko decimosegundo", quién le enseñó la técnica del Hiten Mitsurugi Ryu. Como mi maestro aprobó la técnica y pasó la prueba final, que era la de vencer a su maestro en combate, se convirtió en maestro a su vez y tuvo que cambiar su nombre al que te di antes, con la variación de "treceavo" porque era el número de la generación a la que él correspondía. El maestro número trece.-

-Hum… todo eso suena divertido pero… si él era tu maestro… ¿quiere decir que tú además de Kenshin y Shinta, te llamas Seijuro Hiko Catorceavo?-

-No, Kaoru, porque ese nombre corresponde a aquél que completa su entrenamiento y lo cierto es que yo me separé de Hiko antes de que eso ocurriera.-

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Viví con mi maestro en las montañas alrededor de cinco años. Él era una persona bastante especial porque le gustaba mucho la soledad. En sus ratos libres hacía piezas de cerámica que luego cocía en un horno de barro, labor en la que yo ayudaba. Luego las vendía en el pueblo, pero en todo ese tiempo que estuve con él, jamás vi que llevara a nadie a la casa.

Los días eran tranquilos, pero no sé si fueran felices. Mi maestro me entrenaba con dureza, sin dejarme espacio para quejarme por el exceso de trabajo. Mis manos se llenaron de callos a fuerza de dar golpes de espada durante semanas enteras, descansando sólo para comer y dormir. Además, debía ayudar en la casa acarreando cubetas con agua, leña para el horno… un sin fin de tareas que requerían de mucho esfuerzo físico. Al principio pensé que Hiko era un abusivo y aunque algo había de eso, lo cierto es que con el tiempo me di cuenta que el cansancio no llegaba tan luego como antes, y que las cosas que no podía levantar, si me concentraba lo suficiente, se tornaban livianas para mi. Después de ese fortalecimiento, comenzó mi verdadero entrenamiento con la espada.

Yo quería hacerme fuerte, y no tener que pasar por algo como lo vivido con mis protectoras de la caravana de esclavos. Quería ser fuerte y proteger a las personas y Hiko, entendiendo ese sentimiento, me enseñó su técnica, que tenía ese fin. Pero debido a mi juventud e impulsividad, malinterpreté ese conocimiento. La guerra entre los Patriotas y los Realistas se hacía muy cruda y cuando yo bajaba al pueblo a buscar comida, escuchaba historias terribles de samuráis abusivos que aprovechando el desorden de la época, abusaban de los demás. Oía a la gente lamentarse de su suerte, pedir por alguien que los ayudara. Lloraban por la muerte de un ser querido, por la violación de la hija o su rapto. Yo encontraba que esas cosas eran injustas y terribles y al llegar al lado de mi maestro de vuelta, lo encaraba duramente por no hacer nada para detener las desgracias que ocurrían. Yo había visto cómo él mataba sin esfuerzo a diez hombres, con una velocidad sorprendente y por eso no entendía su pasividad en un momento que yo consideraba tan grave. Él generalmente me dejaba hablando solo y me daba la lección para practicar hasta el siguiente día.

Un día no soporté más esa pasividad suya y anuncié que me iba de su lado.

-No toleraré nunca más el ver a la gente sufrir mientras haya algo que yo pueda hacer.- le decía.- Por eso los ayudaré, apoyando a la causa que quiere ver una nueva era llegar. Una era en la que habrá más justicia y todos sean felices.-

-Eres un pupilo estúpido si piensas hacer eso. No es correcto que tengas un pensamiento tan radical siendo tan joven.-

-Los Patriotas ayudarán a la gente… acabarán con este sistema de ricos y pobres y todos serán iguales… la gente no sufrirá de más abusos.-

-Qué tonto y qué ingenuo eres, pupilo estúpido.-

-No lo soy, porque tengo poder. Y lo usaré para ayudar a que esa justicia llegue.-

Yo estaba muy obsesionado con la idea de hacer algo por lo demás pero mi maestro trataba de hacerme entender que el Hiten Mitsurugi es una técnica para proteger a quienes me rodearan, no para cambiar una época.

-Es un arma que te traerá más desdicha que satisfacción si en vez de seguir tu propio criterio, se la prestas a un grupo revolucionario. Por eso yo me mantengo solo, porque eso me permite autonomía, decidir a quién cuidar y a quién no. Yo decidí cuidarte, tuve que matar a mucha gente para que vivieras y te enseñé mi técnica, creyendo que serías un gran alumno. Pero veo que no eres más que un tonto jovenzuelo inmaduro, ingenuo y encima, engreído. Comprende que te regalé el Hiten Mitsurugi para ti, no para que cambies una época. Tardarás al menos dos años más en dominar por completo el Hiten… no tomes una decisión apresurada y termina lo que comenzaste.-

No le hice caso a mi maestro y luego de muchas discusiones y un enfrentamiento, me fui de casa. Me enrolé en un grupo que se preparaba para la guerra y al parecer, aunque mi entrenamiento estaba incompleto, lo que sabía asombró de tal modo a cierto señor, que de inmediato me llamó a sus filas. Este señor era Kogoro Katsura.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Kaoru quedó impresionada al saber que Kenshin había estado bajo el mando de tan importante personaje. Por otra parte también, estaba conmovida por sus ganas y motivos de ayudar a la llegada de una nueva era. Pero pronto advirtió que la historia de Kenshin no era una precisamente feliz e intuyó que lo que venía podía ser duro.

Tan absorta estaba en esas reflexiones, que no notó que un par de sombras se acercaban a ellos. Kenshin tampoco.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Katsura me preguntó un día, si yo podía prestarle un poco de mi poder, refiriéndose a mi habilidad con la espada, para construir una nueva era. De inmediato le dije que si, ya que era el momento que estaba esperando. Luego él me preguntó si me sentía capaz de matar a alguien, por la causa.

También respondí que sí. Entonces, acababa de cumplir los catorce años, y realmente desconocía el alcance que tendrían esas afirmaciones.

Una tarde me llegó un sobre negro, con un nombre dentro. Esa noche maté al dueño de tal nombre, cometiendo mi primer asesinato. Fue tan rápido… recuerdo que atravesé el cuello de ese señor, decapitándolo y pensé: "Qué fácil ha sido esto. Un solo movimiento y el trabajo ya está hecho." Recordé las palabras de Hiko, cuando decía que por mí había matado mucha gente. Por eso sentí que mi acción era mejor que la suya, porque yo mataba a un solo hombre para salvar a muchos más. Me sentí mejor que mi maestro y mejor que cualquiera.

Me llamaron "Hitokiri" y me destinaron a trabajar en las sombras. Esto es, que muy pocas personas sabían quien era yo y qué hacía en verdad. Me cuidaban harto, debía salir prácticamente disfrazado a la calle, no mostrarme mucho en público, no llamar la atención, ser discreto. Por las noches, me convertía en un demonio, en el ejecutor de las personas cuyo nombre apareciera en el sobre negro que llegaba a mis manos cada tarde. No me importaba nada más que cumplir mi misión en espera de la era que tanta ilusión me hacía que llegara. Estaba seguro de que yo, con mi poder, podría cambiar la época. Tal vez era engreído, como me dijo Hiko.

Los meses fueron pasando y la lista de muertes bajo mi espada aumentaba considerablemente. La nueva era no llegaba tan pronto como yo esperaba… tal vez las cosas no fueran como yo creía. Y aunque empezaba a dudar, seguía matando.

Una noche en especial, tuve un encuentro que me cambió.

Debía eliminar a cierto personaje muy importante, y esa noche él iba fuertemente custodiado, ya que aunque nadie sabía quien era yo, ya sabían de la existencia de un Hitokiri rápido y letal. Para resumir un poco, maté a ese hombre y además a sus guardianes. Uno de esos guardianes era un tipo especial, porque aunque yo le había herido, no se rindió como sus compañeros, a quienes eliminé rápidamente. Ese guardián siguió peleando hasta el final y puso tanto empeño en defender su vida y atacar, que me hirió. Él causó la primera marca de la cicatriz de mi cara, pero a cambio, yo lo herí de muerte y cayó al piso, donde se desangró.

Mientras moría, él llamaba a alguien. Un nombre femenino… se estiraba como si tratara de alcanzar algo. Cuando llegaron mis compañeros a verificar que el trabajo estaba hecho, se sorprendieron al notar la herida en mi cara. Sangraba profusamente y aunque la mantenía limpia y cubierta, se abría nuevamente ante el menor esfuerzo. A veces yo pensaba que no sanaría nunca y un día, Iizuka, un compañero de armas, me comentó que las heridas hechas con fuertes sentimientos no sanaban nunca.

Cuando miraba mi reflejo en el agua de la palangana, cada noche, pensaba en el hombre que me había herido. Pensaba en sus motivos para no querer morir y aferrarse tan fuertemente a la vida. Pensé que tal vez él tenía familia, un lugar a donde llegar y donde aún lo esperarían. Pensé que quizá esa familia lloraría su muerte… pensé muchas cosas y comencé a dudar, más que nunca, sobre mis acciones.

Había soñado con hacerme fuerte para espantar a los demonios que causaban la desgracia a las personas, pero por mi ingenuidad, como dijo Hiko, acabé convirtiéndome en uno de ellos.

Llegué a la conclusión que para que llegara pronto una era de paz, yo debía esforzarme aún más en mi trabajo. Si bien no estaba seguro de seguir, continuaba noche tras noche con mis asesinatos. Había ocasiones en las que descansaba, pero muchas otras en las que no. Con el fin de acabar pronto con el calvario de matar a alguien, lo hacía de la manera más rápida posible, para salir de una vez de esa situación, sin notar que ahora, además de rápido, me estaba volviendo brutal, pues en mi empeño de terminar pronto con el trabajo ponía demasiada energía en ello. Era la única forma de no pensar demasiado en si mi víctima tenía familia, si estaría contento, si había tenido un mal día. En que no era justo que tuviera que morir sólo por tener una idea diferente a la mía. Por otra parte, sabía que si yo no hacía el trabajo, lo haría otra persona que tal vez fuera un sádico que torturara a la víctima (pues sabía que habían de esos) y por lo tanto, sentía que no podía abandonar mi trabajo. Mi fama de rápido y letal seguía en aumento y ahora me conocían como Hitokiri Battousai, ya que como sabes, mi técnica favorita es la técnica "Batto", es decir, el uso de la espada y la funda de ésta.

Pero me pesaba tanto esa fama…

Ya se habían filtrado algunas señas de mi persona. Se sabía que el hitokiri no era un hombre robusto ni alto, sino un joven delgado y bajo. Afortunadamente la noche ocultaba el color de mi cabello y por eso aún no era reconocido.

Prefería estar solo, quizá los años viviendo con Hiko me hicieron apreciar la soledad. En algunas ocasiones el señor Katsura me invitó a participar de reuniones importantes pero yo rehusaba tales invitaciones, porque decía que sólo era un asesino, que ese era mi propósito. Que no me interesaba figurar en los libros de historia por mancharme las manos de sangre… creo que ese día hablé con mucho sentimiento, algo poco usual en mí y por eso Katsura comenzó a preocuparse más de mi persona. El sabía que yo me estaba dividiendo en dos: El chico idealista y el chico asesino. También sabía que eso era muy peligroso porque a fuerza, una de las dos personalidades ganaría y él comprendía que yo seguiría obsesionado con esa hasta el final.

Hiko una vez me dijo que según mi estado de ánimo, percibiría el sabor del sake. Si era delicioso, indicaría que mi corazón estaba contento, pero si no tenía sabor, lo mejor que podía hacer era buscar compañía o alguien con quien hablar. Desde que había comenzado a matar bebía sake por beber… bebía solo. Era patético. Tenía catorce años y bebía completamente solo. Al dormir, lo hacía sentado, abrazando mi espada, en estado de alerta, pues no encontraba descanso estando acostado, porque me ponía a pensar en cosas que no me hacían bien. A veces me obsesionaba buscando en mi mente un método más efectivo para matar y ahorrar sufrimiento… otras veces deseaba dormir por muchos días y despertar para descubrir que todo había terminado y que el país estaba en calma. Me bañaba seguido con el fin de borrarme el olor de la sangre que tenía… mi herida no sanaba… me volví más callado, más apático… créeme, en esos días no sabía lo que era descansar. Como advirtió Katsura, me estaba obsesionando con mis dudas… a veces me daban ganas de matar a todos y acabar de una vez con esa guerra. Estaba seguro de que yo lo lograría. Y otras, de morir yo a ver si asi encontraba la paz. Me estaba volviendo loco.

Una noche de lluvia salí a beber por ahí. Mi intención era emborracharme y ver si de ese modo podía tener una noche de sueño. Estaba solo en una mesa cuando mis ojos se toparon con la mujer más hermosa que había visto en mi vida. Se notaba que era algo mayor que yo y también bebía sola. Despedía un aroma agradable… ciruelo blanco. Unos hombres se acercaron a molestarla y yo, con mi espada, los espanté de aquél lugar. Después me retiré, antes de que las ganas de matarlos me ganaran.

Algo pasó camino al albergue donde con mi grupo nos hospedábamos, porque en un callejón fui atacado. Comprendí en ese momento que las señas sobre mi aspecto ya eran más conocidas de las que yo creía, pues me atacaban para matarme, sin duda por encargo. Era un hombre a quien luego de un poco de lucha, maté. Lo maté con rabia, con ganas… y cuando quedé empapado con su sangre, miré al frente y vi a la chica a la que había defendido empapada también en la sangre de la persona a quien asesiné. Ella extendió una mano hacía mí, para tocar la herida de mi casa que sangraba una vez más, diciendo: "Realmente eres tú quien hace llover sangre"

Después de eso, la joven se desmayó entre mis brazos. Y para sostenerla, solté mi espada.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Kaoru sintió el brazo de Kenshin apretarse en torno suyo. El viaje hacia sus recuerdos, y en especial a esa parte de su pasado, le estaba resultando duro pero sabía que él cumpliría a su promesa y le diría todo. Aunque la historia del chico asesino era muy cruda, Kaoru no hizo comentario alguno y en vez de eso, se apegó más a él.

-¿Y quién era esa mujer?- preguntó Misao.

Kenshin y Kaoru se sorprendieron al notar a Hannya y a Misao asando algo en el fuego frente a ellos. Al parecer habían terminado sus "labores investigativas" y ahora se disponían a comer. Al parecer, habían escuchado buena parte de las andanzas de Kenshin como Hitokiri.

Kaoru miró a Kenshin preocupada, pues no estaba segura de que él quisiera contar su historia a todo el mundo. Él la miró de vuelta.

-No te preocupes, todo está bien. Ellos son nuestros amigos.-

Luego Kenshin miró a Misao, que se había sentado y abrazaba sus piernas, esperando la cena.

-A lo largo de mi historia lo sabrás.-

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Mi primer impulso fue matar a la joven. Ella había visto todo, ya seguramente habría intuido que yo era Hitokiri Battousai y podría delatarme, cosa que no podía suceder ya que se ponía en riesgo mi vida y además, a la facción de Choshu, a la que yo pertenecía. Pero por otra parte, yo hasta el momento me había apegado a ciertas líneas de conducta que me autoimponía, como no matar a nadie desarmado y ese era el caso de esa chica. Por eso la tomé en brazos y la llevé hasta mi albergue. Ella pasó la noche en mi habitación mientras yo buscaba descanso, sentado en un rincón.

Al día siguiente desperté sobresaltado, pues soñaba que la mataba. Al abrir los ojos noté que la joven ya no estaba y de inmediato comencé la búsqueda por la casona. La descubrí en la cocina, ayudando a la dueña de la posada. Y en ese momento ella me dijo su nombre: Yukishiro Tomoe. Noté además que si bien era joven, era también mayor que yo y con los días supe que en efecto, tenía dieciocho años.

La estancia de Tomoe en el albergue animó bastante el ambiente y no porque ella fuese una persona animosa como Misao o como tú, Kaoru. Tomoe era una persona muy callada, muy silenciosa. Caminaba sin hacer ruido, cuando no tenía nada que hacer se mantenía encerrada en el que ahora era nuestro cuarto y por eso mismo, como te dije antes, el ambiente se animó, ya que mis compañeros de armas se reían bastante del asunto. Ellos pensaban que Tomoe y yo éramos pareja y me molestaban mucho con eso. Aunque yo desenfundara mi espada de modo continuo, las bromas seguían, pero con el tiempo les dejé de dar importancia ya que comprendí que ellos también necesitaban distracción.

Tomoe se convirtió poco a poco en mi compañera, ya que tal vez entendía el que yo quisiera estar solo y no tuviera ganas de hablar. Ella simplemente se sentaba a mi lado a bordar o hacer arreglos florales y me acostumbré tanto a su presencia, que podía dormir incluso con ella en el cuarto. A veces me hablaba pero me hacía preguntas extrañas que sólo aumentaban las dudas que yo tenía con respecto a mis acciones. Un día me preguntó el por qué yo no la había matado cuando nos conocimos y le respondí que era porque ella estaba desarmada, a lo que ella me preguntó si yo la mataría de tener ella un arma. En ese momento no supe qué responder.

Katsura había empezado a investigar a Tomoe, ya que le parecía un poco sospechosa por su aparición. Sobre ella misma, Tomoe comentaba que no tenía familia ni un hogar a donde llegar y por eso no le importaba quedarse en el albergue con nosotros y ayudar en lo que le pidieran. A esas alturas yo ya me estaba encariñando, muy a mi pesar con ella. Y si bien dormíamos en el mismo cuarto, nunca lo hicimos juntos porque ella descansaba en su futón y yo, como siempre, sentado por ahí, buscando una respuesta que no llegaba.

Una noche llegué después de cometer un nuevo asesinato. Me lavé la cara ya que mi mejilla sangraba y Tomoe salió a recibirme.

-¿Hasta cuándo piensas seguir matando?- me preguntó.

Una vez más me quedaba sin palabras. Esa mujer me estaba volviendo más loco de lo que yo ya estaba con sus preguntas. Y sin embargo, cada una de ellas me daba la pista para encontrar la respuesta que buscaba.

Tomoe decía que a ella le parecía increíble que un niño como yo fuera capaz de matar gente y yo simplemente la dejaba hablando sola cuando empezaba con eso. Sin embargo, sus palabras me quedaban dando vueltas en la cabeza largo rato. ¿Habría tenido razón Hiko en no haberme querido dejar ir a "ayudar a la llegada de la nueva era" como yo quería¿Qué hacía allí matando cada noche sin encontrar esa satisfacción que yo creía¿Podría yo matar a Tomoe? Por otra parte, teníamos serias sospechas de un delator en el grupo, asi que además yo comenzaba a temer por mi vida. Debía seguir vivo para terminar mi misión de asesino.

Un día yo dormía y desperté sobresaltado. Desenvainé mi espada listo para matar a quien tenía enfrente y descubrí el rostro de Tomoe a escasos centímetros del mío. La empujé hacia atrás para no matarla, pues el filo de mi espada iba hacia su cuello. Fue tal el terror que experimenté en esos momentos, al pensar en que podría haberla matado, que llegué a la conclusión de que ella era especial para mí y que bajo ninguna circunstancia podría asesinarla, ni aunque fuera mi enemiga. Después me di cuenta de que yo había despertado cuando ella puso una manta sobre mis hombros para abrigarme del frio y me sentí muy mal, muy loco… más enfermo que nunca. Por eso mismo tal vez le dije que pasara lo que pasara, yo no la mataría porque no podía hacerlo. Y al parecer desde ese día, comenzamos a ser verdaderos amigos.

Tomoe me acompañaba a beber y el sake sabía mejor para mí. Era la única persona con la que salía y a pesar de que hablábamos poco, su presencia me aligeraba un poco las cargas que tenía. Las dudas seguían en mí, pero al menos la vida comenzaba a tener colores más bonitos. Tomoe se convertía en mi primer amor y lo mejor era que ella parecía disfrutar de mi compañía.

Muchas cosas pasaron en muy poco tiempo por esos días. El Shinsengumi atacó a los líderes en el albergue Ikedaya y mataron a varios de ellos. Katsura se salvó por llegar tarde, pero de momento todas las redes Patriotas quedaban desarticuladas. La orden que recibimos era dispersarnos a la espera de un nuevo llamado a las filas, mientras la situación se normalizaba. Yo traté de matar a los enemigos que encontraba en el camino, preso de una tremenda furia por lo sucedido. Sin embargo, Tomoe me calmaba, me impedía matar. Y yo le obedecía, si bien a veces era inevitable el tener que manchar mis manos de sangre, para salvarnos a los dos.

Katsura un día habló personalmente conmigo y con Tomoe, pues nos había conseguido una casa en el campo para que pudiésemos vivir allí. Ya que Tomoe no tenía familia, Katsura la convenció de acompañarme, con el fin de que simuláramos ser una pareja de recién casados, para no despertar sospechas… desde luego, aunque yo no quería reconocerlo, deseaba ser algo más de ella y por eso le propuse que nos casáramos de verdad. Grande fue mi sorpresa cuando Tomoe aceptó mi propuesta.

Vivimos en Otsu, en un lugar muy tranquilo, lejos de las guerras, de los tumultos y el sufrimiento. Nuestra casa era pequeña y teníamos un campo. Como yo algo recordaba de mi niñez, cuando ayudaba a mi padre, me puse a sembrar la tierra y un día, cuando ví los primeros brotes de lo que sería mi cosecha, con mucha alegría pensé que tal vez mis manos también podrían dar vida. Tenía además un trabajo, que era la de vendedor de medicinas. A Katsura se le ocurrió que hiciera eso para mostrarme y que nadie se preguntara sobre mi ocupación. Tomoe por su parte se encargaba de nuestra casa, de las compras y la comida.

Nuestra convivencia no cambió demasiado de lo que solía ser antes. Hablábamos poco, nos hacíamos mucha compañía y ella siempre salía conmigo a vender. Muchas veces me pregunté si ella era feliz conmigo pero yo era tan parco que no sabía como expresarle esas dudas. Y ella sólo me miraba y volvía su atención a otras cosas. Especialmente a un diario de vida que llevaba y que yo le había visto en muchas ocasiones desde que nos conociéramos.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

-Pero Himura, si ella te siguió, sin duda era porque estaba feliz contigo.- dijo Misao, arrancando un trozo de carne con los dientes de la que estaba comiendo.

-Claro que si.- observó Kaoru.- Si ella siempre estaba contigo… si te dijo que si cuando le propusiste matrimonio, era porque sentía algo. Tal vez tu también fuiste su primer amor.- siguió la joven, tratando de no sentir celos de esa mujer que Kenshin describió como sumamente hermosa.

-He preparado té.- dijo Hannya, descolocando a todos un poco con su ofrecimiento de una bebida caliente. Luego que todos aceptaron, Hannya les pasó una taza a Kenshin y Kaoru para que compartieran mientras él hacía lo mismo con Misao, ya que sólo tenían dos tazas.

Kenshin tomó un poco y le dejó el resto a su esposa.

-Continuemos… -

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Tomoe tenía una característica especial… si bien ambos éramos muy parecidos en nuestras formas de ser, había una diferencia que nos marcaba y que era la que más misterio le otorgaba a ella. Tomoe no sonreía. No lo hacía nunca… siempre estaba muy seria.

Yo no me consideraba una persona feliz ni tenía motivos para serlo, pero cuando había cosas agradables, cuando escuchaba un chiste o veía algo especial, sonreía y mostraba mi contento. Pero Tomoe en cambio no lo hacía y por eso mis dudas con respecto a nuestro enlace.

Traté entonces de ser más amistoso y conversador con ella. Quizá así ella tendría la confianza suficiente de decirme lo que pensaba. Y así nuestra relación pasó a una nueva fase.

Un día ella me comentó que me observaba sonreír muy a menudo.

Le hice un breve resumen de mi vida para hacerle ver que antes de ese momento no había tenido muchas oportunidades de hacerlo. Pero que en esa nueva vida que llevábamos, yo había descubierto muchas cosas que antes desconocía.

No sabía lo que era hacer un trabajo y poder acostarse a la noche cansado, pero satisfecho de la labor realizada. No sabía lo que era tener una compañía agradable con quien estar. Pero por sobre todo, yo siempre había dicho que luchaba por una nueva era en que las personas pudieran ser felices pero que hasta el momento, no conocía esa felicidad cotidiana que yo quería que los demás pudieran alcanzar. Tal vez tuviera que volver a la guerra a seguir matando sin descanso pero que al menos ahora yo ya sabía qué quería alcanzar. Pero lo más importante de todo era que había descubierto que el camino de la espada fue algo que me llegó sin tener muchas opciones para decidir, pues era un niño a cargo de un maestro espadachín. Sin embargo, no me gustaba matar, ni hacer lo que hacía. Lo que yo quería era retirarme algún día y descansar de la sangre y llevar una vida como la que tenía en ese momento.

Tomoe estuvo de acuerdo conmigo y me sentí muy feliz cuando ella comentó que estaría conmigo para ver la llegada de ese momento y disfrutarlo juntos. Las cosas ya iban mejor entre nosotros y yo estaba seguro que faltaba poco para ver la llegada de su sonrisa.

Llegó la tarde antes de Año Nuevo y yo entré a la casa muy contento. Afuera nevaba, pero adentro, en la casa, estaba caliente: teníamos leña y comida de la que habíamos cosechado. Eran cosas muy sencillas, pero que yo valoraba demasiado. Era como vivir en un sueño.

Tomoe escribía en su diario nuevamente y al verme llegar, lo cerró de repente. Yo quedé descolocado con eso y ella me dijo que quería que conversáramos, a lo que de inmediato acepté.

-Nunca me has preguntado nada- me dijo.

Le respondí que no lo había hecho para no incomodarla, porque no sabía si ella estaba del todo feliz conmigo. Después de todo, las cosas que pasaron antes nos habían empujado un poco a tomar las decisiones que tomamos y aunque yo estaba satisfecho, no sabía lo que pensaba ella.

Tomoe entonces me contó algunas cosas de ella, como que era hija de un hombre muy gentil, malo para las espadas y las artes. Pero era bondadoso y eso era algo que le gustaba mucho de él. Tal vez por eso se había enamorado de un joven muy parecido a él, y hasta se habían prometido.

Cuando me dijo eso, yo me asusté mucho. Tal vez, pensé yo, había alejado a Tomoe de un amor al pedirle que se casara conmigo, pero ella pronto me aclaró esa duda.

-Como habrás notado, no soy buena para sonreír. No sé por qué no puedo hacerlo y es una característica que odio de mi. Mi prometido al no ver mi sonrisa, dudó de mi conformidad con la futura boda y por eso dijo que ya que no podía hacerme feliz, sería un espadachín para darme honor y gloria al casarme con él. Y partió a la guerra. Días después supe que había sido asesinado… -

Yo quedé muy shokeado con lo que me contaba Tomoe. Había perdido a la persona que quería y lo que ella me contó después no fue mejor. Las personas la culpaban al considerar que ella había empujado a su novio a ir a la guerra por su inconformidad con él y Tomoe se sentía cada día más mal por eso. Cargaba con la culpa de sentirse la causante indirecta de la muerte de ese joven y fue tanta su pena que no pudo soportarlo más y resolvió irse de la casa. El dinero que tenía lo gastaba en beber por ahí y fue en esos días cuando nos conocimos.

Tomoe se puso a llorar desconsoladamente y me sorprendió muchísimo, porque como les dije, ella no mostraba sus emociones. Yo sólo pude abrazarla y prometerle que todo estaría bien, que ella no tenía la culpa de la decisión de su prometido porque todo hombre enamorado se siente un poco indigno de la mujer que ama y busca hacer cosas mejores por ella. Que aunque ella hubiese podido sonreír, él seguramente se hubiera ido a la guerra igual.

Al rato se calmó un poco y nos sentamos frente al fuego, tal como estamos tú y yo, Kaoru, ahora. Le conté lo que había vivido, el por qué de haber entrado a la guerra, mi desesperación al notar que la lucha no terminaba y yo seguía acumulando muertes a mi haber. El sake no tenía sabor, mi conciencia se ensombrecía y el olor de la sangre me seguía continuamente. Mi herida que antes sangraba tanto… y que ahora ya no lo hacía. Concluí diciéndole que al encontrarme con ella mis dudas fueron más grandes pero que al final con las preguntas que ella me hacía, había visto una pequeña luz para encontrar cierta paz… y que con ella todo iba mejor. Había comprendido que un solo hombre no podía cambiar una época ni proteger a toda una nación, por más empeño que pusiera en ello. Que sólo podía proteger a sus seres más cercanos y que esa era una verdad importante para mí. Le dije finalmente que ella era el amor y que yo siempre la protegería. Que con esas dos manos que yo tenía, la protegería y procuraría su felicidad. Era la primera vez que le decía cuán enamorado estaba de ella y Tomoe esa noche, sonrió para mí.

Era la primera vez que veía sus labios curvarse de ese modo y comprendí que había sido aceptado. Fue la primera vez que dormimos juntos y pasamos una noche especial, como marido y mujer. Me sentí tan feliz… sin duda ella era el amor para mí. Me dormí tejiendo sueños fantásticos de una familia, una vida pacífica… una mujer acompañándome siempre.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Hannya sirvió otro té a Kenshin, siguiendo con especial interés su relato. Misao también estaba muy intrigada ya que suponía, la historia estaba llegando a un punto importante. La joven ninja miró a Kaoru, que no despegaba su vista del fuego frente a ella porque la joven realmente no sabía qué actitud tomar mientras escuchaba a Kenshin hablar tan apasionadamente sobre la primera mujer que amó.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Al día siguiente, desperté y noté que estaba solo en la pieza. Tomoe se había marchado y eso me extrañó, debido a la nevazón que había caído durante la noche y al intenso frío que hacía. Cuando pensé que finalmente comenzaba mi sueño, intuí pronto que tal vez éste sólo había terminado.

Me abrigué, dispuesto a salir a buscarla, cuando me topé con Iizuka, mi compañero, quien a veces iba visitarme con el fin de llevarme las noticias sobre nuestro líder. Él me dijo que habían descubierto al traidor dentro del grupo y que era Tomoe. Que la primera misión que se me encomendaba era asesinarla.

-Ella no puede ser una traidora.- dije casi sin voz.

-Claro que lo es. Al parecer su prometido murió a manos de uno de nosotros. Se llamaba Akira Kiyosato y lo mató el Hitokiri Battousai. Seguro lo recordarás porque él fue quien te hizo esa herida en la cara. –

En ese momento, como por arte de magia, mi herida se abrió, sangrando como no lo hacía en meses. Mientras yo la limpiaba, Iizuka me terminaba de narrar lo que sabía: Que Tomoe y Kiyosato iban a casarse, que Tomoe había contactado con un grupo para hablarles de mí y planear un modo de matarme, a modo de venganza personal…

Mi mente estaba como nublada en ese momento, pero de algo estaba seguro. Debía encontrar a Tomoe y exigirle una explicación. Tal vez todo se trataba de una broma, o una pesadilla. Cargué mis espadas y partí al bosque, donde seguí el rastro de sus pisadas, muy nítidas sobre la blanca nieve.

Caminé mucho, muy cansado, muy triste. Llevaba seis meses sin matar y ahora se me encomendaba matarla a ella. Sabía que no lo haría porque no sería capaz de dañarla, pero no sabía con qué me iba a encontrar y necesitaba las espadas al menos para defenderme. Y fue una buena idea porque de detrás de un árbol salió un hombre y me atacó con el fin de matarme. Lo vencí hiriéndole de muerte pero antes de morir, ese hombre fue hacia un lugar en especial y jaló de una cuerda. Era una explosión, que produjo un ruido ensordecedor. Tanto así, que mis oídos quedaron un poco atrofiados y ya no escuchaba con nitidez. Avancé unos minutos más y encontré a dos contendores. Maté a uno, al otro lo herí… antes de morir, el primero, también activó una bomba que esta vez era de luz… fue así que rato después, malherido, medio sordo y ahora ciego, avancé por el bosque hasta llegar a un claro donde distinguí una sombra de hombre que me encaraba y decía que me mataría.

Por lo poco que pude entender, se trataba del líder de un grupo contactado por los realistas para acabar conmigo. Él confirmó lo que Iizuka me había dicho antes: Tomoe era el señuelo para llevarme hacia la muerte, aunque ese hombre dijo algo más: que ella se había enamorado de mí y que a pesar de no haber querido venderme, había ido hasta allá a pedirles que me dejaran tranquilo sin imaginar que yo la seguiría, como ellos esperaban.

Comprendí entonces que Tomoe me amaba, que si, que ese era sólo un mal sueño y que yo debía rescatarla. Puse todo mi empeño en luchar con quien estaba frente a mí, pero estaba tan malherido… mis sentidos me respondían tan poco, que fui golpeado sin piedad una y otra vez por aquél sujeto.

Yo ya estaba en el suelo, seguro de que mi cuerpo no resistiría un golpe más. Estaba seguro además que mi final había llegado y lo sentía por Tomoe que se había visto involucrada en algo así y que se culparía nuevamente por llevar a la muerte a su segundo amor. Sin embargo, sabía que la vida le depararía cosas buenas y por eso decidí que si yo iba a morir, iba a matar al tipo que tenía enfrente, con el fin de que a ella no le hiciera daño.

Me puse de pie y empuñé mi espada con la poca fuerza que me quedaba. Pondría toda la energía que me quedaba en ese golpe y acabaría con todo de una vez. Me lancé contra ese hombre y le di mi golpe de espada más fuerte donde yo presentía que estaba, ya que después de todo, apenas y lo distinguía como una sombra.

Supe que algo andaba mal cuando percibí un aroma extraño. Sentí después un corte en mi mejilla izquierda y sobre mis brazos, cayó el cuerpo inerte de una persona. Un cuerpo que yo conocía muy bien…

Tomoe cayó sobre mí, de espaldas. Aún vivía, pero yo mismo le había causado una herida tan profunda, que moriría irremediablemente. Comprendí entonces que ella se había interpuesto entre mi agresor y yo, con el fin de matarlo ella con una daga que tenía y que lo había hecho de un modo tan silencioso como lo hacía todo siempre, que yo fui incapaz de percibirla. Pobre de mí, que la tenia entre mis brazos, muriendo a causa de mi espada, cuando le había jurado una y otra vez que jamás la mataría, que la protegería, que la haría feliz…

El otro hombre murió, ya que mi espada también lo alcanzó y cuando Tomoe se lanzó sobre él para atacarlo, por defenderse de ella no pudo hacerlo de mí.

Mi visión volvió poco a poco junto con mi sentido del oído. Sentía la sangre caliente de Tomoe sobre mí, veía su rostro cada vez más pálido bajo el mío, contra mi pecho. Y a pesar de todo eso, ella me sonreía como nunca la había visto hacer. Yo sólo podía llorar, abrazándola.

-No llores. Todo irá bien... – me decía en susurros, acariciando mi cara. Me pidió una disculpa por soltar la daga que al caer hacia atrás, me había herido la mejilla, completando con la herida anterior, una cruz. –Pero tal vez, esa herida selle la otra… y algún día ambas puedan sanar. Pero ya no llores, mi amor.-

Murió unos momentos después de decir eso, mientras yo le gritaba que no entendía que ella dijera que todo iba a ir bien si el asesino, si el monstruo era yo y no ella… que todo estaba al revés… no sé cuántas veces maldije al cielo, a mi suerte, a la guerra y todo lo que me rodeaba. Llevé a Tomoe a casa, la limpié y preparé para su funeral y después de eso me encontré con su diario de vida y me enteré que en efecto ella había buscado vengarse de mi pero que al conocerme más, se había enamorado. La última entrada en su diario era para mí, en la que me pedía perdón por todo, en la que me aseguraba que ella también soñaba con una vida como la que yo le había descrito y que haría todo lo posible por mantener mi vida segura. Ella también prometía que me protegería, con la diferencia que ella si pudo cumplir su promesa.

Katsura fue a visitarme días después y así supe que además de Tomoe, había otro traidor: Iizuka, y que de hecho él la había contactado y había ideado el modo de que ella diera conmigo o al menos deque fuera a vivir a la posada, asi que en cierta forma, nuestro encuentro si era inevitable. Pero además, Katsura me comentó que ya tenían a otro Hitokiri y que él se encargaría de Katsura y de los demás trabajos que antes yo hacía, porque en esta vuelta, yo iría a la guerra pero en primera línea. Y yo acepté la propuesta con la secreta esperanza de morir en ella.

Cada día que pasaba recordaba a Tomoe, sin poder sacarla de mi cabeza. Cada día también, luché con más fuerza y energía que antes, para que la nueva era llegara de una vez. Así pasaron tres años hasta que un día… nos dijeron que todo había acabado.

Esa misma tarde, tomé mis cosas y decidí desaparecer de escena. Ya había cumplido con la misión que me había impuesto y de ahora en adelante, buscaría el modo de proteger a las personas sin matar nunca más. A poco andar en esa nueva senda, me encontré con Shaku Arai, un maestro que fabricaba espadas, que me conocía. Él me dio esta espada que traigo aquí, diciendo que habría gente con mucho rencor hacia mí que trataría de matarme y que la necesitaría al menos para defenderme. Yo no quería aceptar el arma hasta que él me mostró que el filo estaba invertido.

-De alguna forma, me gusta la idea de no matar que predicas ahora.- me dijo.- Y por eso mismo te doy esta espada. Debes vivir y morir por ella, ya no puedes dejar de llevar siempre una. Pero tal vez esta se adapte mejor a tu nueva forma de ver la vida. Si algún día se rompe, ven a verme… y entonces veré si es verdad que has podido mantener esa promesa de no matar.-

Han pasado muchos años desde entonces… he vagado solo gran parte del camino. A veces hice amigos… amistades de solo unos días mientras les ayudaba a resolver sus conflictos. También me emboscaron muchas veces para matarme, en los primeros años de mi vagabundeo, y con esta espada, sin matar pude sobrevivir. Y cada uno de esos años me acompañó la imagen de Tomoe… me acompañó sobre todo, la obsesión de ese primer gran amor que quedó truncado.

O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O-- --o-- --O

Fin acto diecisiete.

Un recuerdo lejano.

Mayo 29, 2007.

Notas de autor.

Ehhhh!!!, por fin pude terminar de escribir este capítulo. Como siempre, tuve muchas dudas y escribí varias versiones, pero al final este formato me agradó más. Posiblemente dirán que aquí faltaron muchos detalles históricos y ese tipo de cosas pero yo siento que cuando uno cuenta su historia, no da muchos detalles salvo los necesarios para entender el contexto. Además, se entiende que Kaoru sabe quien es Katsura, o algo sobre Choshu… por eso Kenshin sólo habla de lo que le pasó a él y lo que sintió. Me pareció más real que dar números, años o detalles que conocemos de sobra.

Hum, ya tomé una decisión también sobre otras cosas, asi que el próximo capítulo, que está planificado, les mostrará el segundo o tercer… ya perdí la cuenta, hem, cambio en esta parte. Ya sé que muchas cosas que pasan en la saga Kyoto son importantes, pero no tendría gracia escribirla tal cual porque eso si que sería plagio y porque para eso ya está el animé y la versión impresa en manga o las muchas páginas e imágenes que hablan de ello. Asi que por favor, no me digan que me falta una parte o que esto debía ser así o asá, porque esta saga ya empezó diferente y quizá lo único más o menos parecido sea la batalla con Shishio.

Sobre el capítulo, no ha sido tan gracioso como el anterior, pero sí lo será el próximo. Veremos además las reacciones de Kaoru con respecto a la historia de Kenshin, asi como uno que otro comentario de Misao que además, debe decir qué fue lo que averiguó en el interrogatorio a los soldados y qué medidas van a tomar. También veremos en qué están Sanosuke y Yahiko, ya que al parecer tendrán un encuentro especial.

Okashira Janet, te cuento: Sorry, pero por esta vez no puedo contestar tus preguntas o daré a conocer parte del capítulo siguiente y no es la idea. Pero estoy segura que puedes soportar tu curiosidad una semana más.

Muchas gracias a…

Kioshi

mai maxwell

Onashiru Okanami

lacusvivi

Kaorumar

HADA

okashira janet

MissLain

Athena Kaoru Himura

kanke-chan

gabyhyatt

maki-1988

Lauri-chan

kagomekaoru

por leerme, reportarse y animarme tanto.

Hace un frío tremendo en esta parte del mundo y lo único que me queda es salir a saltar por ahí… porque como ustedes saben, escribir no es una actividad muy activa y da mucho frío estar sentada moviendo los deditos y mirando la pantalla.

Como he ido contando en mi fotolog o en algunas líneas de notas de autor, en efecto, mi vida está cambiando. Mi novio llegó a la ciudad a quedarse, vivir aquí y ver el modo de estar juntitos y muy revueltos con campanas de boda incluidas, asi que mis tiempos son diferentes. Digamos que ya no me puedo quedar hasta las tres de la mañana escribiendo porque… hem… pues… porque mejor escribo en la tarde cuando estoy solita¿no?, pero estoy dando mi mejor esfuerzo para adaptarme y aunque tengo que cambiar mis horarios por el bien común, estoy segura de que todo saldrá bien y de que mis actualizaciones en el breve tiempo, volverán a ser tan regulares como hasta el momento. Es el único ritmo que puedo llevar.

Les quiero dar un beso, agradecerles todo el apoyo y nos leemos en el próximo episodio.

Blankaoru.