Declaración: Rurouni Kenshin no me pertenece, siendo propiedad intelectual de Nobuhiro Watsuki. Yo hago esto por diversión, sín fines de lucro, para compartir con quienes tengan mi misma afición. La historia en buena parte si es mía.

O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O

Porque no hay plazo que no se cumpla...

Entre mis Brazos

Acto dieciocho

"El huérfano de Shingetsu"

por

Blankaoru

O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O

-Y cada uno de esos años me acompañó Tomoe. Me acompañó sobre todo la obsesión de ese primer amor que quedó truncado.- dijo Kenshin, ido en su propio mundo de recuerdos y fantasmas. Misao y su acompañante se tomaron esas palabras con naturalidad, acordes al relato que habían escuchado, pero Kaoru no pudo hacerlo. Se había sentido incómoda por un momento, como una intrusa en la vida de Kenshin. Como una persona que no debía estar allí.

Se miró las puntas de los pies, intentando disimular su malestar y Kenshin por su parte se movió para atizar las brasas, sobre las que Hannya puso un nuevo trozo de leña. Kenshin volvió junto a Kaoru.

-Es una historia tremenda la que te pasó. No se me habría pasado jamás por la cabeza que alguien como tú vivió ese tipo de cosas en la guerra aunque no es de extrañar que, siendo tan importante dentro del grupo, hayan ido en tu busca para eliminarte. - dijo Misao.

-Si, así lo entendí. Como sea, esa es mi historia.- repuso Kenshin, repentinamente animado, como si se hubiera sacado un peso de encima.- No puedo hacer nada para cambiarla y ya no la sufro. No desde que, vagando por los caminos, una joven muy especial me detuvo.- dijo con una sonrisa.

Sintiéndose aludida, Misao levantó la mirada, sus verdes ojos brillando ante la fogata que les daba calor, pero se encontró con Kenshin mirando a Kaoru con adoración. La joven ninja sonrió ante esa delicada muestra de afecto, ya que el amor que Kenshin le profesaba a su prima de alguna manera la hacía muy feliz.

Kaoru sintió un escalosfrío recorrer su espalda cuando encontró la mirada violeta puesta con atención sobre su rostro. Quiso decir algo pero ante la intensidad que encontró en ella no pudo articular palabra. Soltó un poco de aire y ruborizada, buscó refugio en el cuello de su esposo. Sintió de inmediato el brazo de él, rodeándola, protegiéndola.

Acercándola a él, incluyéndola.

Se sintió un poco tonta por haber sentido celos de alguien que ya no vivía.

-Gracias por contármelo.- murmuró. Por toda respuesta sintió un beso sobre su cabeza.

O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O

Tal como la cena, el desayuno de la mañana estuvo a cargo de los ninjas y en medio de el, Misao cayó en cuenta de algo.

-¿Ahora me podrían explicar qué rayos hacen aquí en medio de la nada?

Mientras Kenshin engullía, Kaoru le explicó a su prima el asunto sobre la aparición de Hajime Saito buscando a Kenshin para un encargo especial del gobierno. Omitió la parte de su pelea, pero si le habló sobre la proposición que le hicieron.

-¿Que Kenshin busque a Shishio Makoto para darle muerte? ¡Pero en qué cabeza cabe pedir tamaña cosa!- estalló furiosa. En una actitud muy zen, Kenshin estiró la espalda y los hombros hacia atrás, agradado tras el desayuno. Misao se lo quedó mirando.- Entonces... si están aquí es que... ¿Kenshin decidió matar a Shishio? No puedo creerlo.

-No es tan simple.- dijo Kaoru.- Kenshin no estaba seguro de aceptar pero el asesinato del señor Okubo lo obligó a moverse. No quiere matar a nadie, pero mientras piensa en el modo de vencer a Shishio nos tuvimos que poner a viajar rumbo a Kyoto.

Misao arrancó un trozo de carne de una pierna de conejo mirando a Kenshin de reojo. Siempre le pareció un tipo demasiado tranquilo si bien pasaban algunas cosas raras a su alrededor, como cuando dijo que "alguien" había detenido a los hijos de perra que atacaron a Kaoru y los dejó en el patio de la casa, amarrados. Había notado que tenía una habilidad con la espada o con su misma forma de moverse que mostraba poco, por lo que saber la noche anterior que había sido el Hitokiri Battousai y la historia que lo rodeaba la llenó de sorpresa y fascinación. Mirando a Kaoru le daba la impresión de que estaba al tanto de la verdadera identidad de su marido y lo aceptaba y si lo estaba acompañando a Kyoto, es que a Misao le quedaba más que claro que no era sólo la oportunidad de ser protegida lo que la acercaba a Kenshin. Kaoru sin duda tenía sentimientos muy profundos por él.

Pero no era tan fácil. No podía serlo. Una cosa era dejar a su prima al cuidado de un hombre pacífico como lo creyó hasta hacía un tiempo y otra, haberla apoyado en eso de casarse con un antiguo asesino. Con cierto malestar, ocultando su mirada bajo el flequillo, fingiendo interés entre las brasas de la fogata y su comida, Misao pensó en Aoshi.

No había un sentimiento romántico en ello, sino más bien comparativo. Aoshi había sido entrenado desde niño para ser un excelente ninja, un líder de grupo. No tenía mayor problema en disfrazarse de árbol una tarde completa o en matar a alguien para llegar a un objetivo concreto si la situación lo ameritaba. Aoshi no era un asesino a sangre fría que matara por matar, pero cuando lo hacía no era algo que le provocara conflicto, viéndolo como parte de su trabajo. Cuando la dejó sola junto a sus hombres, argumentó que quería reconocimiento para el ninja Oniwabanshuu básicamente, dando a entender que una vida ordinaria no era para él.

Kenshin había sido un guerrero, pero no uno cualquiera. Hitokiri Battousai o Battousai Himura era alguien sobre quien Aoshi le había hablado alguna vez cuando le explicaba sobre guerreros con un poderoso ataque sustentado en una velocidad divina. Se preguntó si habiendo estado entre los asesinos legendarios, Kenshin no extrañaría ese título, ese saber que estaba en la cima de una habilidad. Se preguntó si no extrañaría las batallas, el poder moverse como un demonio en ellas y matar.

Sobre todo eso. Se preguntó si Kenshin no extrañaría matar.

Por primera vez, desde que lo conociera, se cuestionó el haber permitido que se acercara a su prima.

-¿Quieres más conejo?- preguntó Kenshin con amabilidad a Kaoru. Ella asintió y de inmediato él se dio el trabajo de separar la carne del hueso y nervios para que fuera más cómodo para Kaoru comerla. Le ofreció todo eso sobre una hoja limpia y luego el agua de su caña.

Tenía más que claro que a Kaoru no le importaba el pasado de Kenshin. Bastaba mirarla, permitiendo que él la mimara con sus atenciones y muestras de afecto, claramente cómoda con todo ello. De pronto Misao se preguntó si Aoshi podría llegar a ser un hombre así de preocupado con la mujer que quisiera.

Hannya apagó la fogata, se deshizo de los huesos y se preparó con prolijidad para seguir la misión con Misao. Se acercó con discreción a ella.

-Al parecer el señor Himura va en la misma dirección que nosotros...- comenzó, recordándole que el hombre al que habían torturado la noche anterior habló de un pueblo gobernado por un sujeto que a su vez tenía como superior a Shishio Makoto. Misao se sorprendió al darse cuenta que había olvidado por completo el asunto.

Eso estaba mal. La emoción de ver a su prima la había distraído de su misión, y desde luego, sus cavilaciones sobre Kenshin. Sin embargo, pensando con la cabeza fría, le convenía estar en buena relación con semejante hombre y más aún, contar con sus habilidades por si algo se salía de control. Además, era cierto, iban tras la misma persona si bien con motivos diferentes. Lo que la preocupaba en todo eso era Kaoru. Si ya la situación de Kenshin era riesgosa, ¿Qué rayos hacía Kaoru allí? Debería estar en Tokyo. Como sea, de todos modos con Kenshin se encontrarían más adelante, asi que le pareció lo mejor, desde ya incluírlo en su misión. Se lo planteó.

-Creo que será de beneficio que viajemos juntos a ese pueblo.- explicó. Kenshin se tomó el mentón por un momento. Miró a Kaoru de modo inconsciente y Misao lo captó.

-Me parece bien. Ya que ha hablado del pueblo de Shingetsu y lo que estaría pasando allí, me gustaría colaborar en lo que pueda para ayudar a sus habitantes, Misao. De todos modos no estoy seguro de querer encontrarme con Shishio aún. Hay una decisión que aún no he tomado.

Se pusieron en camino. Gracias a su entrenamiento, Misao pudo seguir los senderos sin problemas y casi sin cansancio. Kenshin tenía un paso ligero también. Kaoru se quedaba atrás, a ratos, pero bastaba que Kenshin tomara su mano para que fuera a buena velocidad. Además, no se quejaba ni pedía que se detuvieran para descansar. A Misao le pareció que su prima en general, estaba en muy buena forma.

O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O

Saito no dejaba de pensar en el estúpido de Battousai. Al enamorarse, el muy cretino no estaba razonando y saber que se había llevado a su esposa de viaje (y no a cualquier viaje, si no a ESE viaje) no había más que agriarle el carácter cada que se acordaba. Le pareció de una tremenda inconsecuencia argumentar que hacía el viaje a pie para no exponer a nadie si lo querían atacar en tren o en barco y luego tomar de la mano a la muñeca que era su mujer y llevársela.

Sonrió al imaginarse a Kaoru echando a perder el avance con esas exigencias propias de las mujeres, de que si se le ampollaron los pies, que si el frío, que si cómo demonios se te ocurre dormir en el piso. Internamente esperaba que Kaoru le estuviera haciendo a Battousai el paseo miserable con sus exigencias y recriminaciones y por ahí se fue sintiendo mejor.

Esa mañana le había llegado el informe final sobre un barco adquirido en China. Un acorazado de guerra que llegaría dentro de dos días al puerto de Osaka, según un trabajador del astillero donde le hicieron mejoras para la defensa. Y eso era lo que no le gustaba a Saito... saber que una embarcación de esas características llegaría a ese lugar. No había llegado a los nombres de los compradores, pero ya que se dirigia a Kyoto, aprovecharía de investigar. Algo le decía que la mano de Shishio podía entar metida en todo eso.

Guardó sus cosas y tomó un pequeño maletín con sus cosas personales. Tenía que llegar a la estación de trenes sin mayor demora, pues tenía el tiempo justo para abordar. Mientras hacía el trayecto en el carruaje, evocó la imagen de su esposa Tokyo, quien le preparó el equipaje, tranquila comandando la casa.

Así se debía tener a la mujer de uno. Segura y alejada de las misiones y en especial, del ojo inmisericorde del enemigo.

Estúpido Battousai.

O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O

Al día siguiente Hannya avistó una aldea desde lo alto de un árbol. Al bajar le dio las coordenadas a Misao y ella guió al pequeño grupo. Kaoru, al escuchar hablar de ese sitio, supuso que se trataría de un lugar un poco más empobrecido que el común de las aldeas rurales, pero jamás se esperó la soledad y desolación que encontró allí.

No había adornos exteriores en las casas de la calle principal y todo estaba en un silencio sepulcral cuando la caminaron. Un lamento cada vez más audible llegó a sus oídos a medida que se acercaban a la plaza y una vez allí, Kaoru tuvo que reprimir un grito de horror, tapándose la boca con una mano, muy abiertos los ojos.

Frente a ellos, una pareja colgaba de un patíbulo, los brazos caídos y los pies estirados. Un niño de ocho años se encontraba en el suelo, llorándolos.

Misao se acercó a él. Con mucho tacto se arrodilló a su lado y dialogó unos momentos. Lo dejó luego y regresó junto a Kenshin y Hannya, sin perderlo de vista.

-La situación es peor de lo que pensamos. Colgaron a sus padres y no puede bajarlos, nadie se le puede acercar para ayudarlo o sufrirán el mismo destino.

-¿El niño sabe por qué mataron a su familia?- preguntó Kenshin.

-No, creo que no lo entiende.

-Tener los cadáveres allí es inhumano. Tal vez los han dejado allí a modo de escarmiento. Si hubiera alguien a quién preguntarle...

De pronto Kenshin miró a su lado y no encontró a Kaoru. Asustado mortalmente por un escaso segundo, la buscó con la mirada.

Ella había llegado hasta el niño y arrodillada a su lado, le brindaba consuelo en un abrazo.

Misao y Kenshin se miraron, adivinando lo que estaría pasando por la mente de la joven. Kaoru había perdido a sus padres en circunstancias trágicas. Estaba empatizando con el pequeño.

-Debemos sepultarlos, al menos.- dijo Kenshin. Misao ordenó a Hannya conseguir algo en qué transportar los cuerpos que posiblemente ya estarían tiesos. Kenshin llegó junto a Kaoru, doblándose por la cintura para hablarle al oído.

-Bajaremos los cuerpos. Retírate con el niño, sólo unos metros para que no les caigan encima.

La joven hizo caso, con los ojos humedecidos. Kenshin entonces buscó donde desatar las cuerdas que sostenían los cuerpos en el aire.

-¡Aléjese de allí.- dijo alguien. Kenshin el lugar de donde provenía esa voz, pero no supo precisarlo.

-¡No toque eso!- dijo otra persona y esta vez fue Misao quien notó una puerta que se cerraba rápidamente.

-¡Si tienen algún problema con lo que haremos, den la cara!- gritó la joven. Tímidamente, un anciano emergió de entre las sombras de su casa.

-Si sacan a la pareja, nos matarán. Déjenlos allí, no los muevan.- dijo, con sus ojos vidriosos.

-Por favor, nuestra supervivencia depende de aceptar el escarmiento.- dijo luego una mujer tan joven como Kaoru, pero a todas luces más delgada y demacrada.- Deje eso allí.

Otros vecinos se fueron sumando a la petición, dejándose ver pero manteniendo la vista baja. Fue un momento muy potente para Kenshin, Kaoru y Misao notar el temor en sus posturas, en sus voces, en su forma de moverse y de mirar, por lo bajo, hacia todas partes, como esperando algo o a alguien pero Kenshin no estaba para esas cosas.

-¿Qué crimen cometieron estas personas?

-Desafiaron al señor de este pueblo. Trataron de avisar sobre lo que pasa aquí.- respondió el anciano.

Misao se preguntó si las personas colgadas habrían tenido algo que ver con los rumores que llegaron a Kyoto y que como ninja pudo captar. De todos modos era algo que ya nunca sabría.

Kenshin, en tanto, se aburrió de buscar desde donde desatar. Viendo que Hannya llegaba con una carreta y mejor aún, un par de palas, se animó a desenvainar su espada. De un seguro movimiento cortó las sogas y los cadáveres cayeron al piso.

El huérfano de inmediato se arrodilló al lado de ellos pero antes de recostarse sobre sus pechos, Kaoru lo retiró. Kenshin y Hannya los cargaron y movieron la carreta rumbo a una colina.

-¡Nos matarán a todos por su culpa!- gritó alguien.

-¡Tendrán que cargar con esto en su consciencia!

Esa y otras frases acabaron cabreando a Misao, quien los enfrentó.

-¡Ustedes! ¡Ustedes son los cobardes que tendrán que cargar en su consciencia lo que le han hecho a esta familia! ¿Qué no tienen sentimientos? ¿Qué acaso no piensan? Vine para ayudarlos pero viendo lo poco solidarios que son no dan ni ganas.

Las personas dejaron de insultarlos y se guardaron en sus casas. Misao pensó con satisfacción, que los habría hecho reflexionar con sus palabras, pero entonces su oído ninja detectó que se aproximaban muchas personas. Al mirar a Kenshin, éste ya estaba en guardia. Kaoru, tras el muchacho, le tenía las manos sobre los hombros.

-Quédate conmigo.- le dijo con amabilidad.- Nada te pasará.

Kaoru tenía claro que no quería ser un estorbo para Kenshin y viendo al numeroso grupo de personas que se acercaban a ellos, supo que no le sería de mucha ayuda, asi que resolvió quedarse más atrás. Kenshin corrió a primera línea. Misao decidió quedarse junto a ella.

No era por cobardía o inseguridad. Misao conocía sus limitaciones en el combate cuerpo a cuerpo, dada su talla pequeña, en especial cuando la lucha era con varias personas a la vez. Pero proteger a Kaoru y el niño le pareció una excelente manera de ayudar a Kenshin, librándolo de esa preocupación. Además, Hannya le ayudaría.

-¿Por qué bajaron a los traidores?- exigió saber un tipo que al parecer, guiaba al grupo que apareció.- Ahora morirán por eso. Ustedes... ¡Y todos los demás!

Lo que siguió luego, ni Misao, ni Hannya se lo esperaron. Kaoru en cambio miró todo muy tranquila, segura como estaba de las habilidades de la persona con quien se había casado.

Corriendo hacia el tumulto de hombres fuertemente armados, que al parecer pertenecían algún tipo de organización por la manera uniforme en que vestían, Kenshin desenvainó su espada estando a pocos pasos de ellos y literalmente barrió con los primeros cinco hombres que se le acercaron o que al menos lo intentaron. Los siguientes tres ni se dieron cuenta cuando ya estaban en el suelo.

Con los ojos muy abiertos, Misao observaba intentando no perderse nada, preguntándose si era posible que ella viera algo que para muchos sólo era sólo una historia. La legendaria velocidad divina estaba siendo desplegada frente a sus ojos golpeando y si ella había albergado alguna duda sobre lo de Battousai Himura, ahora con cada caído, sólo tenía certezas de que Kenshin era quien decía ser.

Hannya con efectividad se hizo cargo de varios otros soldados, si bien en número Kenshin le superaba ampliamente sin, al parecer, apenas cansarse. En poco menos de diez minutos cayeron cincuenta personas.

Eichiro, el pequeño que desde los brazos de Kaoru miraba todo con atención, se adelantó a Kenshin cuando éste acabó de luchar y regresó con ellos.

-Usted es muy fuerte.

Por toda respuesta, Kenshin sonrió, pero el niño quería decir algo más.

-Quiero que mate a las personas que le hicieron eso a mis padres.

Kenshin y Kaoru intercambiaron una mirada de preocupación. Kenshin sonrió con naturalidad.

-Lo primero es sepultar debidamente a tus padres.

Hannya se acercó discretamente a Kenshin, así como Misao.

-Si me permiten opinar, creo que lo mejor es incinerar los cadáveres. Tengo la impresión de que esta gente a cargo del pueblo podría profanar la tumba y los cuerpos de los padres del muchacho.

Horrorizada con lo que alcanzó a escuchar, Kaoru comprendió que Kenshin había encontrado razón en las palabras del ninja enmascarado cuando se dieron a la tarea de llegar a un monte cercano donde reunieron leños y palos mientras Misao se hacía cargo de explicarle a Eichiro lo que harían con los cuerpos. Sintiéndose más sólo y desamparado que nunca, el niño estalló en llantos y lamentos cuando la cama de ramas con los cadáveres empezó a arder. A su lado, Kaoru lo ayudó a componer una oración de despedida en cuanto la resignación lo tranquilizó.

Mientras, los soldados caídos comenzaron a levantarse uno a uno y en penosa marcha por sus lesiones, llegaron hasta el cuartel donde dieron cuenta a su jefe de lo que había pasado. A éste le brillaron los ojos ante la idea de ver a alguien tan fuerte y luchar contra él y salió en su busca, acompañado de una comitiva que lo seguía sin ganas, del espadachín pelirrojo y el demonio enmascarado.

-Quiero que los mate, quiero que los mate- dijo Eichiro a Kenshin tras envolver en un pañuelo una pulsera de cuentas de su madre.- No merecen vivir.

Kenshin se agachó, a la altura del muchacho y le habló, mirándole a los ojos.

-No mataré a nadie. Te aseguro que tus padres no habrían querido que vivas pensando en la venganza ni en hacer daño a otros seres humanos. Tampoco que seas como las personas del pueblo que se esconden ante los problemas y culpan al resto de sus desgracias. No seas asi, Eichiro. Tienes que seguir viviendo, encontrar el modo de ser feliz y honrar el recuerdo de tus padres siendo un hombre digno y honorable, como seguramente lo fueron ellos.

Al niño no le quedaban más lágrimas y aunque no había comprendido del todo lo que le dijo Kenshin, atesoró esas palabras en su corazón a modo instintivo, sabiendo que algún día le serían importantes. Asintió, determinado a ser un chico del que sus padres, si vivieran, se sentirían orgullosos.

Al bajar al pueblo un hombre y sus soldados los esperaban en la entrada. Era muy grande y Kaoru sintió un mareo al verlo e incluso arcadas. Se llevó una mano a la boca, incómoda y Misao de inmediato la asistió al notar el parecido físico de ese hombre con Gohei Hiruma, el cabecilla de la banda que atacó el dojo Kamiya varios meses atrás.

-Estoy bien- dijo Kaoru, obligándose a caminar como si nada, pero lo cierto es que sentía el corazón acelerado mientras su mente se poblaba de imágenes que no podía detener. Se obligó a respirar profundo, bajo la atenta mirada de su prima. Kenshin y Hannya, en tanto, iban un poco más abajo a enfrentar a esas personas.

O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O

La fortaleza de Shishio Makoto era inmensa y una de las buenas cosas que tenía era varias salas de entrenamiento para diferentes disciplinas, lo que le vino bastante bien a Aoshi quien con potencia convirtió en astillas un poste que había allí para que le diera de golpes. Había sido contactado hacía algunos días por un muchacho para unirse a la causa de su jefe e intuyendo que podría obtener el reconocimiento y honor que buscaba, además de un puesto en la historia, aceptó. Se alegraba de haberlo hecho y de tener la oportunidad de entrenar tranquilo su técnica y mejorarla. Siempre era bueno despertar los músculos dormidos y sobre todo recuperar habilidades.

Satisfecho con su desempeño del día, resolvió tomar un descanso para meditar y luego regresar un par de horas más para fortalecerse. De paso comería algo, pues la alimentación era un punto importante para un guerrero.

-Usted es un hombre muy fuerte- le sonrió un chico vestido de mujer con coquetería.- Me preguntaba si querría ayudarme a mejorar mi técnica.

Aoshi estaba cansado y no tenía ganas de socializar con un travesti. Sin embargo la posibilidad de un combate lo animó. Aceptó y Kamatari, su interlocutor, pasó al interior del salón, sosteniendo por sobre su cabeza algo parecido a una enorme guadaña que de inmediato lanzó contra él.

Kamatari le pareció bueno. Muy bueno. Tenía fuerza, equilibrio, pero su técnica tenía un punto débil que pudo detectar muy bien y que no quiso darle a conocer porque no tenía intenciones de fortalecer a ningún miembro del Juppongatana, como se hacía llamar el grupo de guerreros principales de Shishio entre los que se incluía. Le siguió el juego un rato y luego le demostró parte de su fuerza, lanzándolo lejos y de paso, dando por terminado el entrenamiento.

-Sólo un poco más de práctica- dijo al salir del lugar. Y al hacerlo, se acordó de Misao. De cuando era pequeña y le pedía luchar con él.

Apenas un pequeño brillo, algo más intenso de lo usual se dejó ver en sus ojos mientras con gesto serio caminaba hacia su cuarto a cambiarse de ropa y luego al comedor. Misao. Recordó el beso que durante un combate, le había robado y luego recordó como todo su cuerpo pareció vibrar con eso. Recordó la fuerza y la energía de ella, su empeño en regresarlo por el "buen camino", sus ojos al decirle que sería su enemiga y que acabaría con él allá muy lejos, en la mansión de Kanryu.

Sus recuerdos sobre Misao no se daban de manera lineal y una imagen saltaba a otra sin un orden cronológico pero sin duda se trataba de momentos intensos con ella que por alguna razón le causaba cierto placer evocar. Y eso era lo más raro de todo, que algo relacionado con Misao le causara placer.

Pero así era.

Se preguntó qué pensaría ella de saber en qué estaba metido.

O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O

-Al señor Shishio no le agradará saber lo que hiciste a los traidores- dijo un hombre enorme a Kenshin que estaba plantado delante de él.

-Lo que piense tu señor, si es artífice de todo esto, me tiene sin cuidado.

-Lo que piensa mi señor es que todo aquel que esté en su contra debe ser eliminado y con mucho gusto yo, Senkaku, me encargaré de tí y tus amigos- dijo lanzándose contra Kenshin, con sendos metales afilados en sus manos, como si sostuviera pedazos de hacha.

Senkaku era un sujeto grande y fornido, pero a diferencia de Gohei con quien Kaoru lo comparaba, carecía de cabello. No se podía determinar si era calvo por naturaleza o se rasuraba. Además llevaba un traje poco usual para lo que solían ver, ajustado, de piernas y mangas cortas, dejando ver con claridad cada músculo de su cuerpo.

A Kenshin tanta muestra de poder o más bien, tanto alarde de su fuerza lo tenía sin cuidado. En cuanto Senkaku se le acercó no tuvo mayor problema en golpearlo con su espada si bien resistió bastante bien la primera tanda de golpes y luego de obligarlo a incrementar su fuerza para vencerlo de una vez, cayó a tierra sin saber ni cómo se llamaba. Al hacer Kenshin ademán de ir contra los soldados que le acompañaban, los hombres salieron corriendo en dirección contraria. Sonriendo envainó su espada.

-Vaya, Himura, eres de otro mundo- dijo Misao cuando llegó hasta ella y Kaoru.

-Llevaremos a Eichiro con nosotros y buscaremos un lugar tranquilo donde dejarle- declaró. Hannya y Misao decidieron quedarse un par de horas más en el pueblo mientras el matrimonio Himura emprendía el camino con el pequeño.

O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O

El albergue donde fueron acogidos resultó ser agradable y cómodo. Pertenecía a antiguos ninjas, ya retirados, que no dudaron en recibirlos tras hablar con Misao.

Eichiro fue acomodado junto a Misao y Hannya, si bien el niño hubiera preferido seguir del lado de Kaoru. Mientras, el matrimonio Himura pudo disponer de un cuarto privado que Kaoru especialmente agradeció, aburrida de dormir sobre el bosque. Estaba bien que seguiría a Kenshin donde sea bajo las condiciones que encontraran, pero un futón calentito se agradecía. Se acostó y se durmió de inmediato.

Kenshin por su parte se quedó pensando un rato tras apagar la vela. Lo que Hannya y Misao habían averiguado en el pueblo habia sido preocupante y Saito y el señor Okubo no habían exagerado su preocupación ante el avance de Shishio. Si querían convertir al Japón en un lugar como el pueblo de Shingetsu, había que detenerlo a como diera lugar.

Quería hacerlo sin causarle la muerte, pero no estaba seguro de que resultara tan fácil. Según lo que había sabido en su momento de Shishio, tenía una fuerza y habilidad equivalente a la suya. Eso lo preocupaba, pues con oponentes simples como Senkaku, Kenshin podía desplegar con facilidad su técnica sin poner en riesgo su manera pacífica de llevar los conflictos. Pero antes rivales fuertes como lo fueron Jinnei o el mismo Saito se había visto en dificultades. Había sentido la premura por acabar el combate, por eliminarlos en el amplio sentido de la palabra y temía que eso le sucediese con Shishio. No sabía cómo evitar lo que le pasaba, era como si su cuerpo tuviera la memoria de batallas pasadas a pesar de llevar una década sin matar y quisiera regresar a ello.

Tal vez la culpa era de él, después de todo. Vagó diez años. Lo mejor que sabía hacer, además de blandir una espada, era caminar. Si se hubiera detenido antes, si hubiera aprendido un oficio nuevo en el que hacerse un maestro... pero no había podido. No había podido hacerlo.

"Los espadachines son espadachines hasta el día de su muerte" le había dicho Jinnei y en un sentido parcial, tenía razón. Kenshin se habia mantenido firme en la promesa que se había hecho de no volver a matar, pero algo dentro de él le hacía anhelar el combate. Cierto que le había dado un sentido positivo al condicionar el uso de su espada a un fin noble, como proteger a los oprimidos, como ayudar a las personas, pero tal vez sólo se había inventado ese ideal para en el fondo, permitirse seguir con su espada cargada en el cinto y tener la oportunidad, cada poco tiempo, de una pelea.

Kaoru se movió en sueños, captando su atención. Ahora tenía una esposa. Una esposa bonita y joven a quien cuidar, a quien mimar. Su interminable caminar había encontrado descanso en el dojo Kamiya y se sentía bien en esa vida nueva que tenía. Sobre lo de las batallas, habían sabido encontrarlo, pero se preguntó si acaso no habría llegado el momento de guardar su katana en el armario y dedicarse a buscar un empleo y ser aquello que en verdad anheló ser: Un pacífico hombre de familia.

Se preguntó si podría hacerlo, ir por la vida sin un arma. Estar dentro de casa estaba bien, ya lo había hecho sin extrañar su sakabattou, pero ir por la calle era diferente. Sería cosa de acostumbrarse, pensó y girándose, quedó pegado a Kaoru.

Aún cuando dormía a su lado le parecía un momento especial el poder estar así con ella. Acercó la nariz a su mejilla y aspiró su aroma limpio y cálido. De pronto tuvo ganas de tenerla y se le ocurrió despertarla con un beso para luego preguntarle si podían hacerlo. Con ternura se posó sobre sus labios y como no despertó, regresó sobre ella e intensificó su beso.

Sintió las manos femeninas llegar a su pecho y pasando una rodilla al otro lado de ella, con su torso en el aire, volvió a reclamar sus labios. Las manos de Kaoru entonces intensificaron su fuerza y tarde entendió Kenshin que la joven buscaba apartarlo, cuando empezó a jadear.

-N... no... ¡NO!- Gritó al empujarlo con todas su fuerzas, logrando que él cayera hacia un costado, demasiado perplejo como para reaccionar. Se levantó de un salto y emprendió la carrera al patio pero Kenshin la alcanzó, sosteniéndola por la cintura. Kaoru no tardó en revolverse entre sus brazos, buscando liberarse y escapar a donde nadie le volviera a hacer daño.

-Tranquila, estás a salvo, estás a salvo, lo prometo.- dijo Kenshin abrazándola para tenerla más segura- Estás conmigo... no pasa nada, lo prometo, mi amor, lo prometo pero cálmate.

El pecho de Kaoru subía y bajaba y su respiración iba muy rápida y entrecortada. Sintiéndose culpable por no pensar en lo que su acción podría causar, decidió ayudarla a respirar, guiándola para que tomara aire con lentitud y lo soltara igual de despacio. La joven temblaba ostensiblemente y con cuidado la devolvió al futón donde la hizo sentar. Le sirvió agua, de la que había en una botella, pero ella la rechazó, cubriéndose la cara con ambas manos y echándose a llorar.

Su delicado cuerpo se estremecía con su llanto y desesperado, Kenshin no sabía que actitud tomar. Se sentía tan estúpido por haberle robado el beso, tan pervertido por haberlo siquiera pensado que su dolor era muy grande y muy amargo. Sólo pudo abrazarla con cuidado y hacerle notar que estaba con ella.

-Perdóname, Kaoru. Yo no sabía... yo no quería- confesó en voz baja, la garganta apretada y los ojos húmedos- No quería que te pusieras así. No volverá a pasar...

Sus palabras hicieron reaccionar a la joven quien se esforzó en calmarse y buscar el modo de explicarle que lo que sea que él haya pensado que la había dañado no era tal. Había soñado con sus padres, su asesinato y su agresión, experimentando en su sueño el momento en que sin misericordia esos hombres la habían desgarrado, uno por uno, riéndose de ella y tratándola de manera obsena. Desde luego que encontrarlo sobre ella al despertar no había sido algo bueno porque por un instante tuvo la sensación de que lo que soñaba era real y el terror y la desesperación se apoderaron de su cuerpo y sus acciones. Había sido un día difícil en lo psicológico para ella y no estaba segura de cómo compartir eso con su esposo, después de todo había venido para apoyarlo, no para darle tristezas.

Se tranquilizó con el pasar de los minutos y buscó cobijo en el pecho de él que le sostenía una mano y la abrazaba.

-Te quiero. Sé que nunca me harás daño. Es sólo que... creo que tuve una pesadilla y en realidad, debería agradecer que me hayas despertado.- explicó sin ánimo de dar detalles. No eran necesarios.- Discúlpame a mí por asustarte.

-No digas eso.- repuso Kenshin abrazándola con fuerza.- Me asusté mucho, pensé que te había dañado. Si hay algo que no te guste, algo que no quieras, sólo dímelo y yo me detendré.

Tras una pequeña pausa en que una sonrisa se abrió paso en el rostro de Kaoru sin que ella pudiera evitarlo, añadió con timidez:

-Pero es que me gusta todo lo que me haces.

Algo en Kenshin se llenó de orgullo con esa pequeña declaración. Se sintió bien, especialmente hombre. Un hombre que podía tener contenta a su mujer, sin embargo comprendió que el ego en ese momento salía sobrando asi que tras darle agua la ayudó a acostar y la arropó como si fuera lo más valioso del mundo, llegando junto a ella.

-Pues a mí me gusta todo lo que tú eres- le dijo al oído cuando ella se acomodó entre sus brazos y esta vez fue el turno de Kaoru de sentirse segura, de no ser un estorbo para él. Si aún lo que había quedado de ella tras el ataque era de gusto de él, no podía sentirse más honrada ni más querida, en especial cuando sentía sus besos en la mejilla, en la punta de la nariz y entre sus cabellos. En ese lugar cálido en el que estaba sabía que nada le sucedería y que era preciso mantenerse cerca de ese hombre para poder ser ella misma, para motivarse a sacar lo mejor de sí cada día, para levantarse por la mañana con el afán de fortalecerse en lo espiritual y en lo físico y así ofrecerle a Kenshin lo mejor de ella.

La pesadilla no volvió esa noche y cuando abrió los ojos por la mañana, encontrándose con los violeta que la miraban, pensó que un nuevo día, un nuevo sueño donde estaba casada con Kenshin comenzaba.

O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O- -o- -O

Fin acto dieciocho

"El huérfano de Shingetsu"

Agosto 12, 2016.

Notas de autor:

Bien, aquí vamos de nuevo. La próxima actualización será el 2 de Septiembre del 2025 si aún andamos por estos lados.

Jajaja, no, no. Será en un mes, lo prometo.

No sé qué más comentarles, sólo que tuve que releer la historia completa y cada dos párrafos que escribía volver hacia atrás para buscar algún dato, asi que aunque la última vez que escribi de esta historia fue hace 9 años, creo que no debería tener ninguna discordancia.

No es fácil proponerse a hacer una adaptación del manga siguiendo los acontecimientos como nos lo muestran, que era mi motivación original según mis primeras notas de autora. Me he dado cuenta de que en esta versión algo que pasa en el manga y que es el motor de su fuerza, no tendría ningún sentido en este fic por como se han dado las cosas. Veré qué me invento en los próximos capítulos para hacerlo calzar o cambiarlo.

Para finalizar y no por ello menos importante, les doy las gracias a toda aquella que esté leyendo. Estoy consciente de que la generación de lectores ha cambiado casi por completo y es posible que queden unas dos o tres lectoras de entonces a quienes van dirigidas mis disculpas por dejar la obra botada. A las demás, espero que les haya gustado el planteamiento de este fanfic y gracias por darse el trabajo de leer los capítulos anteriores.

Blankaoru.