¡Gracias por leer! Info al final del capítulo para no hacerles perder el tiempo.

.

.

Capítulo 2: Cruda verdad

.

.

Cuando Sakura Uchiha tuvo una buena visión de la herida de Chōchō, el aire que reposaba en su interior se salió por completo, dejándola con dificultades para respirar.

Su mente viajó fugazmente a su propia herida, y la herida de Karin cuando Sasuke la había atravesado con su chidori.

Eso era lo que le había pasado, lo tenía claro.

Parpadeó, volviendo a la realidad, puesto que cada segundo era crucial para la salud de la joven morena. Con sus asistentes, primero desinfectó la herida, y luego con chakra comenzó a operar.

—"Kami-sama... ¿Quién hizo esto? Por poco..."

Porque de no haber actuado de inmediato, los Akimichi se habrían quedado sin heredera. Se sentía agotada, pensando en cómo decirle a su hija del estado crítico de su mejor amiga.

Se imaginó un escenario en el que le dijeran que Ino tenía una herida mortal y quizás no sobreviviría. El solo imaginárselo le abrió un hueco en el estómago, haciéndola sentir fatigada.

Luego de dos horas tratando a Chōchō, ya estaba medianamente estable. Solo podían esperar que esta respondiera bien al tratamiento.

Al salir con sus manos algo manchadas y su bata de médico, se dio cuenta del ambiente que había afuera. Lo primero que notó fue a Inojin y Shikadai, que estaban en una esquina con la mirada perdida y siendo vigilados por Ino.

Sai estaba con su típica inexpresividad cerca de los Akimichi, junto a Shikamaru, Temari y Naruto, tratando de calmar a los progenitores de la herida.

Con un hondo suspiro, se acercó a Chōji, con una mirada calmada aunque por dentro compartiera la preocupación de ambos. Pero antes de que pudiese abrir la boca, Karui Akimichi la había interceptado con violencia.

—¿¡Qué le pasó a mi hija, Sakura!?

No podía juzgarla. Ella habría reaccionado mil veces peor si la victima hubiese sido Sarada. El dolor de una madre podía ser uno de los peores, decidió en su interior.

Tragó en seco, frunciendo suavemente el pecho.

—Tuvo una herida mortal en su pecho, causada por el chidori. Tuvo suerte de que no tocara el corazón, pero sí hirió sus pulmones. Trabajamos en eso, pero le falta una operación antes de dar un veredicto, ya que su cuerpo no aguantaba y tuvimos que cerrar.

Chōji puso una mano en el hombro de su esposa, quién empezó a sollozar silenciosamente. En realidad, era imposible notarlo de no observarla de cerca.

—Los niños saben qué pasó, Sakura-chan —habló Naruto, con su capa Hokage decorando su espalda—. Pero no han querido hablar. Pensábamos en dejar que Ino entrara a sus mentes...

—¡No quiero que entren en la cabeza de mi hijo! —bufó Temari, la hermana del Kazekage, con el ceño fruncido—. Necesita tiempo, está traumatizado, Kami sabrá qué vio.

Sakura sabía que era momento de usar su seducción ninja para calmar a la madre ofuscada. No por nada tenía esa naturaleza.

—Temari-san, por lo peligroso de la situación no podemos esperar. Pocos ninjas conocen el chidori, muy pocos, y es necesario definir un culpable y tomar las medidas necesarias —habló la pelirrosa con las manos en los bolsillos de su bata blanca—. Me ofrezco a interrogarlos de forma natural, y solo hacer uso de la posesión de mentes si es necesario.

Los Akimichi y los Nara compartieron una mirada exhaustiva entre ellos, pero al final estos últimos asintieron. Era necesario, aunque los sentimientos estuviesen de por medio.

—Tch, problemático —chasqueó Shikamaru.

Los dos retoños del clan Nara y Yamanaka fueron llevados a una de las oficinas, junto a Ino y Sakura. La primera estaba crispada, no por nada era toda una neurótica, pero así la quería.

Shikadai se sentó en la silla a su izquierda, e Inojin a la derecha. Los ojos de ambos seguían fijos en su escritorio, mientras la medic-nin los miraba con dulzura.

—Bueno, niños; comprendo que estén algo asustados, teniendo en cuenta lo que pudieron haber visto, pero necesito que me digan exactamente lo que saben, para así poder ayudar a Chōchō.

Los dos miembros del Equipo Moegi se miraron entre ellos, suspirando.

—Sakura-obasan*, la respuesta no le va a gustar —musitó Inojin, con sus manos entrelazadas por los nervios.

Su mirada se afiló, y su ceño se frunció.

—¿A qué te refieres, bebé? —inquirió Ino, con su común dulzura hacia su hijo.

—Chōchō fue atacada, estaban discutiendo por una tontería y todo se volvió una pelea, donde ella salió mal parada —explicó Shikadai, concentrado en la situación, algo que no era normal en él—. Y el atacante fue uno de nuestros amigos.

—Eso es lo peor —asintió Inojin.

Sakura suspiró, perdida entre sus pensamientos. Eso era todo un problema. ¿Qué niño de esa generación tenía los sentimientos tan deshechos cómo para hacerle eso a una compañera? No lo veía factible. ¿Y quién diablos podía hacer un chidori?

—¿Y? Jovencito, da un nombre o juro que me meteré en tu cabeza y prohibiré que entrenes con tu padre, ¿Entendido? —riñó la Yamanaka al pálido rubio de ojos azules, que la veía atemorizado.

—Fue Sarada —respondieron los dos retoños al mismo tiempo.

Y allí, el mundo de Sakura se cayó a pequeños pedazos.

.

.

Su cabeza le dolía, y sus piernas se sentían pesadas, como si una carroza le hubiese pasado por encima sin cuidado. Abrió los ojos lentamente, tratando de acostumbrarse a la luz. Desde el incidente de Chōchō sus ojos estaban más sensibles, pero luego se preocuparía por eso.

Se fijó en sus pies desnudos, algo confundida. ¿Qué había pasado? Lo último que recordaba fue una discusión con Boruto cuando se topó con este en uno de los pasillos del bar-motel.

Se dirigió a una de las habitaciones con el civil de cabellos castaños detrás de ella. Sus labios habían chocado varias veces con torpeza, teniendo también en cuenta la inexperiencia de la kunoichi.

Demonios, acababa de cumplir los dieciséis y ya se había desatado. Criminal, alcoholica, apostadora compulsiva y ahora "besadora de desconocidos."

Al ser tomada por los hombros por el chico cuyo nombre desconocía, volvió a golpear sus labios contra los de ella con rudeza, besándola toscamente. Aunque demasiado ebria como para estresarse por eso.

Sin darse cuenta, terminó chocando contra un pecho ligeramente fornido pero delgado a la vez. Al girarse, sus ojos brillantes por la bebida se ampliaron.

Boruto.

—¿Qué diablos haces?

Parpadeó, confundida. Y al notar la mirada amenazante del Uzumaki, el fornido civil se alejó como alma que llevaba el diablo, desapareciendo de su vista.

—¿Y tu compañía? —inquirió molesta, tambaleándose un poco con los brazos cruzados.

—¿De qué demonios estás hablando, teme? Subí a dejar las armas en la habitación que renté. Eres una idiota.

Y, de hecho, sí se sintió una idiota.

Eso era lo último que podía recordar. Detestaba beber como desquiciada justo por eso, por tener tanto aguante y luego embriagarse como animal por su resistencia. El ardor en sus ojos y la migraña era demasiado para ella.

Se llevó la mano a su mejilla derecha, sintiendo algo de calentura, probablemente por los efectos de beber. No era una profesional, pero sabía lo que pasaba luego de tomar tanto y no vomitarlo como rookie de primera.

—Deja de moverte... —gruñó una voz a su derecha.

Al girar su cabeza, se encontró con Boruto, boca abajo y sin camiseta durmiendo plácidamente. Su cabello rubio estaba más alborotado que de costumbre, y era gracioso.

Por inercia, se revisó debajo de la sábana, y agradeció a los dioses que estuviese vestida como la noche anterior. No pensaba mal de su compañero de equipo, jamás se habría aprovechado de ella, pero igual era un tipo de precaución.

—Uh, ¿Ya despertaste? —balbuceó Mitsuki, quien dormía en el sofá continuo a la cama—. ¿Podrías cerrar la ventana? La luz me da en toda la cara y me duele la cabeza.

De cualquier forma, quería levantarse. Por lo que no se opuso a cerrar la ventana y ponerse sus sandalias, con ali de torpeza. Se sentía mal y eso se notaba en sus ojeras.

Al salir de la habitación, se encontró con un amplio pero corto pasillo. En el fondo estaba la puerta al baño público —dado que ninguna habitación tenía un baño dentro de ella— y se dirigió allí. Quería lavarse la cara, quizás eso la ayudaba a sentirse mejor.

Al adentrarse, se acercó a uno de los lavabos. Viéndose en el espejo, notó un ligero enrojecimiento en sus ojos, y la alteró un poco. ¿Qué estaba pasando con sus ojos?

Pero su tranquilidad de auto análisis no duró mucho. De uno de los cúbiculos salió una figura femenina, con una máscara de animal en su rostro.

Tragó en seco...

Un ANBU.

Bajó la mirada hacia su bandana, la cual estaba rayada por la mitad, y supo por la pose de la mujer que sabía el por qué.

—No te escapas, traidora.

¿Traidora? Aquello le dio mala espina. ¿Sería de Konoha?

No tuvo mucho tiempo oara pensar, puesto que la Uchiha salió corriendo desbocada hacia la habitación que compartía con sus dos amigos, visiblemente crispada.

Al cerrar la puerta con llave, supo que le daría aunque fuse unos segundos de ventaja. Pero no sería mucha. Recogió sus cosas a una velocidad admirable, y a la vez le lanzó las almohadas a los chicos en la cara.

—¡Despiértense, ya! —rugió, zarandeándolos—. ¡Nos pillaron, levanten su culo!

Los shinobis con resaca se levantaron algo estupefactos, tratando de mantenerse en orden sin dejar que su malestar los afectara. Pero era difícil. Les habían agarrado en mal momento.

—Es tu culpa, teme —bramó el Uzumaki, colocándose la camisa.

Unos golpes se escucharon del pasillo, y analizó los ruidos. Eran varias pisadas, lo que significaba que la ANBU que había visto en el baño no era la única.

¿Qué hacían ANBUs en un bar de una aldea civil casi inexistente por lo pequeña que era?

Mitsuki había estirado su brazo mientras se sostenía de la cornisa de la ventana, y caía hacia el suelo. De esa forma tanto Sarada como Boruto pudieron bajar por su brazo como si se tratase de una escalera. No era un altura muy grande, solo dos pisos, pero su estado se los dificultaba.

—¡Allí están!

Boruto lanzó un trío de shurikens con veneno que tenía guardados por si eso pasaba.

Uno de los ANBU con un jutsu los lanzó por los aires, aunque la Uchiha pudo mantenerse para lanzarle un kunai a este, haciéndolo caer al dar precisamente en el corazón.

—¡Corran! —gritó el Uzumaki.

—¡Katon Gokakyu no Jutsu!

De Sarada salió una gran bola de fuego, llevándose a dos ANBU y rostizándolos. Pudo haber hecho más, pero uno de ellos pudo deshacerlo con un jutsu de agua.

Solo quedaban tres, y aunque los tres del Equipo Konohamaru seguían corriendo runbo a la salida de la aldea, sabían que debían matarlos si querían huir tranquilos.

Un ANBU sacó dos espadas de doble hojilla, y pudo aparecerse detrás de Mitsuki para lanzarse hacia él. Por suerte este lanzó una bola de agua, golpeando a este y lanzándolo hacia otro lado.

Y de repente, su vista se oscureció, y todo el mundo se congeló ante ella.

El dolor se había adentrado desde su cabeza hasta sus ojos, enloqueciéndola internamente. Por su mente pasaron todos los momentos emotivos de su vida, los cuales lamentablemente no habían sido nada más que tristeza, enojo, odio y dolor.

¿Acaso los Uchiha estaban destinados a solo eso?

Iba a explotar, su cabeza ya no daba a más, y sus ojos negros ónix parecían haber sido envueltos en llamas por el fuerte ardor que los embargaba.

"Mangekyō Sharingan," musitó como si un ente externo la obligara.

Y su vista volvió, esta vez mucho más desarrollada. Parecía que todo era mucho más nítido. Sus ojos se aferraron a sus lentes, los cuales matuvo en su mano hecha un puño, y todo comenzó.

Sus ojos se cerraron, y de su ojo izquierdo brotó una pequeña cantidad de sangre carmesí y espesa.

—Amaterasu.

Dicho ojo se abrió, liberando un infierno de llamas negras como sus ojos eran antes de despertar su sharingan. Tan ardientes como la misma superficie del sol, tan mortíferas que los gritos de agonía de los ANBU —y los civiles cercanos— no tardaron en llegar.

—S-Sarada... —balbuceó Boruto, sosteniendo otro kunai que planeaba usar, pero por lo visto ya no era necesario.

Nada necesario.

Donde la heredera Uchiha pusiera el ojos, las llamas negras iban, destruyendo todo a su paso, sin que nada pudiese evitarlo.

Su ojo ardía como los mil demonios, pero algo en su interior le impedía parar. Como si dentro de su pecho existiera una alma ajena deseosa de sangre.

Sus puños se apretaban cada vez más, haciendo que sus nudillos se tornaran blancos, y su mandíbula se apretó para resucir la presión en su ojo y en su chakra.

Lo único que podía ver era un agradable paisaje de civiles gritando y casas quemándose violentamente, siendo consumidas de inmediato por las llamas del amaterasu.

—¡Sarada, basta! ¡Estás destruyendo todo! —rugió la voz de Mitsuki a su espalda.

Aquello pareció devolver a la Uchiha a la realidad. Su otro ojo se abrió, deshaciendo las llamas, pero no los estragos que esta había causado en el pueblo.

En cualquier otro momento en su pasado habría lloriqueado por haber cometido tan aberrante acto. Pero en ese momento, solo se dio media vuelta elegantemente con sus ojos volviendo a ser del mismo tono negro ónix.

.

.

Cuando Ino Yamanaka salió de las mentes de ambos chunnin, sus ojos se dirigieron a su amiga de la infancia, con un semblante afligido y casi lloroso.

Sakura supo con aquella mirada que bo habían mentido, y su hija sí había sido la causante de esa terrible situación. Sin poder respirar correctamente, se llevó las manos a su cabellera rosa, apoyando sus codos en su escritorio.

—Dime lo que viste, Ino —ordenó con frialdad.

La rubia tragó en seco, suspirando para ordenar sus palabras. Estaba conmocionada y probablemente no sabría decir lo que quería.

—Chōchō y Sarada estaban discutiendo. Chōchō le dijo que estaba rara desde hace días, y Sarada respondió mal... Ella hizo un mal comentario al irse, y Sarada la atacó —relató algo incómoda—... La pelea no duró mucho. Sarada la atravesó con su chidori, y al darse cuenta lloró y... Sakura, en sus ojos estaba el Mangekyō, te lo juro.

Debía contenerse. Desde la guerra, juró no volver a ser aquella niña débil y llorona que todos miraban por encima del hombro. Pero en aquel momento todo se le dificultaba, queriendo romper una pared para drenar todos los sentimientos que rompían su pecho.

Reguló su respiración forzosamente, mientras apretaba los ojos para calmar su enojo y dolor. Sarada, su niña, su pequeño tomatito, su prodigio, no podía ser una asesina.

—Ino... Notificale esto a las familias y a Naruto. Y busquen a Sasuke.

La rubias asintió, tratando de no hablar mucho. Sabía que la pelirrosa estaba pasando por un terrible dolor que ella no podría comprender aunque lo intentase.

Le acarició el cabello a ambos chicos, y salió de la oficina de su amiga, yendo directo al pasillo principal dónde se encontraban los demás. No hacía alta mencionar que todas las miradas estaban puestas en ellos, aunque fingiesen no hacerlo.

Al explicarles lo que vio, las reacciones fueron varias. Los Akimichi bajaron la cabeza, estupefactos, sin poder procesar que la chica que se pasaba a las pijamadas de su hija cada fin de semana había hecho eso.

Temari y Shikamaru compartieron una aprehensiva mirada, que solo ellos podían comprender, teniendo en cuenta las difíciles personalidades de estos.

Y el Séptimo... Se había perdido en sus pensamientos, apretando los puños. El pasado lo había golpeado, y temió por su casi sobrina. Se negaba a permitir que sufriera lo mismo que Sasuke en el pasado.

Detestaba que cada Uchiha tuviese que repetir el destino trágico que les habían forzado por la maldición. Pero se decidió en salvar a la hija de sus mejores amigos.

No se quedó para ayudar a los Akimichi con su moral por los suelos. El Hokage se dirigió a la villa de los Uchihas, la cual quedaba algo lejos.

No le hizo falta pedir autorización paa entrar. Aún era tan extraño ver Uchihas por todas partes... No era suficiente con el teme.

Y hablando de ese, estaba en la puerta de una de las casas más lujosas y grandes de todo el lugar. Supuso que estaba visitando a Fugaku y Mikoto Uchiha, los jovenes padres del cabecilla del clan.

El verlos le recordó que le debía una cena a su madre. Tragó en seco; luego se ocuparía de eso.

Pudo ver que junto a Sasuke se encontraba el hijo menor de este con una brillante sonrisa, idéntica a la de Sakura. Eso lo haría todo más difícil.

.

.

¡Hey, muchas gracias! Al principio me había desanimado no ver ningún review, pero al verlos hoy en la mañana casi lloro de alegría.

Ahora que ya sé que la historia tiene lectores, les haré unas preguntas (?). Pero antes...

Lo de Sarada obteniendo el Mangekyō Sharingan Eterno seguirá siendo una sorpresa. Puede que sí, puede que no. Quizás la deje ciega, quizás no (?).

Ahora: ¿Les gusta que fuera un BoruSara como está planeado? ¿O un MitsuSara? ¿O ambos a la vez?

Y segundo, si tienen alguna sugerencia o deseab ver algo en el fic, no duden en decirme. Suelo tomar en cuenta las peticiones de los lectores, son un amor.

Sé que una de las cosas principales del fic es la unión del nuevo Equipo 7 a Akatsuki, pero lamentablemente no veremos esto hasta más adelante. Antes deben encontrarse con otro grupo muy importante para la trama, y que les dará una bonita sorpresita yeah.

Creo que eso es todo. Gracias por leer, y espero que les siga gustando el fic. Por el momento lo llevaré así, Konoha-SaraMitsuBolt-Konoha-sucesivamente, para tener conocimiento de lo que va pasando con los familiares de los nenes.

Bye.~