Ni pokémon ni nada relacionado con la obra de Jane Austen me pertenecen.


La after-party fue genial, después de todo. Pero al volver a casa… Más bien, antes de volver a casa… Nos dimos cuenta de que no había casa. En nuestra ausencia, mamá se había puesto a remodelar y a causa de unas goteras casi se le cae el techo encima. Total: mucho dinero que pagar y una o dos semanas en casa de nuestro nuevo vecino Drew Hayden. Por suerte, mi madre y Leaf se habían ido a casa de la prima Iris, de quien, por alguna razón desconocida, siempre me olvido. Pero el príncipe verde de May había venido a nuestro rescate.

Su casa es muchísimo más grande que la nuestra. De hecho, hasta tiene nombre. Netherfield. Suena pijo, ¿verdad? Tiene cinco habitaciones, tres baños y dos salones. Y piscina. Esto sería el paraíso… De no ser, como no, por Paul Shinji. No entiendo qué hace aquí. Si es tan o más rico que Drew, ¿no tendría que tener una mansión él también? En los confines del mundo, donde nadie pudiera molestarle con su presencia. En realidad, tampoco le veo mucho, aparte de en las comidas y cenas. Y su presencia resulta mucho más tolerable cuando tienes a Úrsula al lado. Resulta que no es tan mala.

—Dawn, te repito otra vez que lo siento por cómo me comporté contigo cuando éramos… Bueno, unas crías. Te tenía un poco de envidia-me dice, por enésima vez esta semana. Siempre me lo dice mientras comemos, cenamos o tomamos postre.

—No pasa nada, de verdad. Como tú has dicho, ¡son cosas de crías!

Noto la mirada de Paul clavada en mí, pero cuando le miro, aparta la mirada. Me vuelvo a girar hacia Úrsula y juraría que estaba arrugando la nariz.

—¿Vamos a la piscina?-ofrece, y todos asentimos. Todos, menos Paul- Venga, Paulie, no será lo mismo sin ti…

Se me escapa una risita. ¿Paulie? Úrsula me coge del brazo.

—¿Ni siquiera vas a acompañar a dos señoritas como nosotras hasta allí?

—El paseo no es tan largo-masculla Paul—. Y según cómo yo lo veo, hay dos motivos por los que me puedas pedir que os acompañe. Uno, que queráis saber algo de mi vida personal, o dos, que queráis a alguien que os admire al pasar, que lo puedo hacer desde aquí.

No sé si abofetearme o reírme de él. Úrsula, en cambio, me tira del brazo, indignada.

—¡Qué maleducado!-dice Úrsula, a lo que le doy la razón. Pero, en una casa en la que parece que todo el mundo intenta ponerse de acuerdo, es agradable ver que hay alguien que realmente exprese sus opiniones. Aunque sean del todo contrarias a las mías. Por fin he encontrado la única cosa que tolero de Paul Shinji.

Drew y May están acaramelados. Se besan, se ríen, se vuelven a besar. Si no fuera porque estoy tan feliz por mi hermana creo que ya habría vomitado arcoíris. No sé para qué van a la piscina si lo único que hacen es enrollarse. Úrsula y yo, en cambio, nadamos. Al de media hora, aparece Paul en bañador. Lo admito: es la última cosa que esperaría ver hoy. En ese momento, Úrsula me da un codazo en la cara.

—¡Lo siento!-dice, mientras sigue dando largos.

Me toco la barbilla. Duele. Supongo que no se habrá dado cuenta. En cambio, sé de alguien que sí. Paul camina hacia mí por el borde de la piscina.

—Deberías ponerte hielo en eso-dice, antes de tirarse de cabeza. Me salpica entera y dejo escapar un gritito. Subo las escaleras y voy a por una toalla… y algo de hielo. ¡Pero no porque él me lo haya sugerido!


Horas más tarde...

Por la noche, Drew nos lleva a un club. Mi hinchazón ha bajado, y después de una ducha estoy mucho mejor. Llevo unos pitillos negros y un top azul eléctrico. Me he maquillado un poco los ojos, me he hecho la raya y llevo un pintalabios color nude. May lleva una falda que le arreglé, una camiseta que le compré hace un año, un colgante de corazón y unos pantalones rojos. Sus labios también están pintados de rojo. Y Úrsula… Úrsula parece una estrella de cine. Tacones altos, vestido de gala y un maquillaje perfecto. No es exactamente lo que yo me pondría para ir a un club, pero desde luego llama la atención. Drew acompaña a May en todo momento, y Úrsula parece decidida a intentar que Paul le hable, sin ningún logro. No sé ni para qué lo intenta. Al final, desiste y se mete en la conversación de May y Drew.

Pido una copa y Paul hace lo mismo.

—Hay buen sonido en este local, ¿no te parece?-me dice- Drew y yo les recomendamos usar los amplificadores de sonido.

Y aquí está otra vez: Paul volviéndose a echar flores.

—Si tú lo dices…

Se aclara la garganta y se pone bien la camisa. Nos sirven las copas casi a la vez. Él coge la suya casi al segundo.

—Esta canción te gusta, ¿no?-me pregunta- Úrsula me dijo que te gustaba este tipo de música.

Le ignoro.

—Pop comercial-dice.

—No te voy a dar el placer de que te burles de lo que me gusta. Yo puedo ser fastidiosa pero tú eres un snob, así que ódiame todo lo que quieras, pero déjame en paz.

—¿Odiarte?-dice extrañado- Yo no te odio.

—Claro, porque eres superior a eso, ¿verdad?—le encaro.

Dicho esto, me voy y espero a May en el baño.

—Dawnie, ¿qué te ha pasado ahí?-me dice, y su dulce voz me tranquiliza.

—Una palabra: Paul.

—Pero parecía que quería entablar conversación contigo… De hecho, yo diría que hasta te quería invitar a bailar.

Me río.

—¿Paul? ¿Bailar? Já. Simplemente era una de sus tácticas para ponerse a sí mismo en un pedestal.

—Pues yo no lo he visto así-dice con una sonrisa-. Te has pasado un poco con él, ¿no crees?

—Se lo merece totalmente-le digo, a la defensiva-. Además, soy yo la jueza de esta familia, ¿recuerdas?

—Pues tu juicio se equivocó con Drew y Úrsula.

No sé cómo responder a eso, porque en el fondo sé que tiene razón.

—¡Ni siquiera conocía a Drew todavía! Y, pese a que te dije que creía que Úrsula había cambiado… No me fío del todo.

—Dawn…—me riñe, con el ceño fruncido.

—¡Quiero volver a casa!-digo, mientras abrazo a mi hermana- Ya llevamos aquí más de dos semanas. ¿Tanto pueden tardar en arreglar una casa?

—En realidad no-dice una voz.

Las dos nos giramos. Se trata de una mujer, de unos treinta y pocos años y pelo oscuro.

—¿No sois las hijas de Johanna?-las dos asentimos- La casa está bien desde hace un par de días. Johanna me dijo que estabais de vacaciones.

Las dos abrimos la boca, asombradas. Alucinadas. Petrificadas. Agarro a May del brazo.

—Nos vamos-le digo.

—¿A dónde?—pregunta mi hermana.

—A casa.


Úrsula es uno de los personajes que más aborrezco de pokémon, pero me encanta escribir sus diálogos. Su ego me parece graciosísimo xD Ay Johanna, Johanna... ¿A quién se le ocurre mentir a sus hijas para que no vuelvan a casa? Supongo que a la única persona del mundo que cree que todo hombre rico es la pareja perfecta para sus hijas ^^"

¡Muchas gracias por leerme!