¡Bienvenidos otra vez! Como siempre, ni pokémon ni la obra de Jane Austen me pertenecen, pero me gusta imaginar que podrían serlo.
Estamos todos en el bar, tranquilamente. Rectifico: lo más tranquilos posible, teniendo en cuenta que Drew no está y Leaf ha venido con nosotros. Y con nosotros me refiero a May, Úrsula, Gary y a mí. Gary está pidiendo bebidas para evitar que Leaf se acerque a la barra. Es entonces cuando aparece Paul. Cuando le veo entrar, me llevo dos dedos a la boca y finjo vomitar, disimuladamente. Se acerca a nosotras.
—Drew me ha pedido que os diga que lo siente por faltar a lo que sea que es esto.—dice, sacudiéndose el pelo como si se creyese una estrella de cine.
Ya decía yo que no podía estar aquí por voluntad propia.
—Así que… —continúa, aparentemente sin darse cuenta de que su presencia no hace más que molestarme—Dawn, he estado pensando en lo que dijiste sobre la eficacia de los pokémon de tipo agu-
Por suerte, no logra terminar su frase. Su mirada se cruza con la de Gary, que vuelve hacia nosotras.
—Será mejor que me vaya-dice simplemente, llevándose la mano a los bolsillos.
Sale tan bruscamente como ha entrado. Gary sonríe burlonamente.
—Vale-dice Leaf—, puede que Dawn no quiera saber tu historia con Paul, pero yo sí.
Gary exhala y se estira.
—No tienes por qué hacerlo—le digo.
—Lo sé-dice—. Pero quiero. Así que prepararos para escuchar una historia. Una historia de amistad y de enemistad. Y una historia de pokémon.
Érase una vez, dos niños que crecieron juntos en Kanto. Sus nombres eran Gary Oak y Paul Shinji. Los Shinji tenían mucho aprecio a Gary, y le trataban casi como de la familia. Tanto que el padre de Paul y Reggie le prometió que algún día financiaría su camino a ser el mejor entrenador pokémon, es decir, le pagaría la mejor escuela pokémon y todo lo que necesitase. Por desgracia, él murió antes de que alguno de los dos cumpliera los diez años. Reggie, cumpliendo la promesa de su padre, dejó de viajar como entrenador para financiarle al pobre Gary lo que necesitara. Pero Paul, supongo que celoso, se lo impidió. Para cuando el niño se dio cuenta, habían volado a Sinnoh y le habían dejado solo.
No me lo puedo creer. Paul le apartó sin más después de la muerte de su padre, negándole el dinero prometido. Supongo que hay veces en las que me equivoco, pero otras… Ocasiones como esta sí que desearía haberme equivocado con él. Si era tan solo un crío cuando hizo eso, que Arceus salve al pobre Drew. ¿Y cómo pudo Reggie permitirle tal cosa?
Al día siguiente...
Esta mañana nos ha llegado correo a casa. Una invitación de papel al cumpleaños de Drew. Os podéis imaginar que May se ha pasado la mañana haciendo una tarta y la tarde volviéndose loca para ver qué iba a llevar. Leaf me ha presionado para invitar a Gary, aunque sé que no se va a sentir cómodo si Paul está allí.
—Si realmente le gustas, irá. Además, así mamá dejaría de molestarte, ¿no crees?—me dice, para convencerme.
Al final me doy por vencida y le llamo.
—Si no quiere ir contigo, recuérdale que yo estoy disponible-susurra antes de irse. Intento tirarle un cojin, pero ya ha cerrado la puerta tras de sí.
—¿Perla?-dice Gary, que acaba de descolgar- ¿A qué debo el placer de esta estupenda llamada?
Me río.
—Me estaba preguntando-empiezo, y trago saliva antes de continuar- si querrías acompañarme a la fiesta de cumpleaños de Drew. Posiblemente él se pase la noche con May, mi madre también está invitada y…
—Paul va a estar allí, ¿verdad?
—Sí-digo, dejando escapar un suspiro.
—Entonces no me queda más remedio que acompañarte.
Me lo esperaba. ¿Cómo iba a venir conmigo después de la historia con Paul? Espera, ¿acaba de decir que me va a acompañar?
—¿En serio?
—Lo que sea por ti, Perla-dice, e inmediatamente después, cuelga.
—¡Ha dicho que sí!-le digo a Piplup, mientras lo alzo en el aire-Ahora, ¿qué me pongo?
Sí, lo sé. Puede que tenga una obsesión con la ropa. Pero es igual que May con los pasteles y Leaf con lo que sea que le guste a ella.
—¿Qué me puedo poner para una fiesta pija en una casa pija con un chico guapo y un cretino monumental?
—¡Lencería!-exclama Leaf, tras la puerta.
—Muy graciosa-replico-, ¿tú qué te vas a poner?
La fiesta iba a ser un evento bastante formal, y de eso mi hermana no tiene ni idea.
—¿Algo de tu armario?-intenta, abriendo la puerta de golpe. Pone ojitos de cachorrito.
—Vale-le digo-, pero no te puedes quejar de mí ni avergonzarme en un mes.
—Una semana-dice ella.
—O todo o nada.
Finalmente cede y le dejo un vestido largo naranja, suave y con mucho vuelo. El naranja no es mi color favorito, pero a ella le queda genial.
—Gracias sis-dice.
Una menos. May decide optar por otro vestido largo, cobrizo y con cuello halter. Al final yo desisto con los vestidos y opto por unos pantalones de pinza azules, una camisa blanca y un blazer dorado. Me hago una coleta alta con un pequeño lazo y me pongo unos peep toe que decoré con un poco de encaje en los lados. No estoy segura si era el look perfecto para la fiesta, pero se aleja de lo que suelo llevar habitualmente.
Entramos a Netherfield (me sigue pareciendo estúpido ponerle nombre a una casa), y Drew nos da la bienvenida enseguida.
—¿Perdona? ¿Cómo ha dicho que se llamaba? ¿January?-bromea, y May le calla con un beso.
Leaf hace un corazón con las manos y se mueve mientras canturrea a su alrededor.
—Voy a saludar a mis invitados-nos dice, y se gira hacia May de nuevo-. Úrsula te puede presentar a algunos compañeros míos, si quieres.
May asiente y se va con Úrsula. La veo hablar y reírse con unos chicos, que asumo que son los compañeros de Drew.
—¿Gary no debería haber llegado ya?-me dice Leaf, sacándome de mi ensimismamiento.
Abro la boca, pero no sé qué decir. Tenía que haber llegado hace media hora. Antes de que diga nada, le recuerdo nuestro trato y se va.
—Si me necesitas, estaré en la barra.
En serio, alguien necesita dejar de darle alcohol a mi hermana. Me giro, y doy un respingo. Justo detrás de mí se encuentra Paul, dándole un trago a su copa de champán.
—¿No ha venido Gary?-pregunta, aunque sé que sabe la respuesta.
—Vendrá-le respondo.
—Yo creo que no-dice simplemente, mientras se aleja.
Este chico está rozando el límite de lo siniestro. De todas formas, llamo a Gary. Suena el contestador. Otra vez. Lo mismo.
Al final de la noche, cuando llego a casa, es cuando por fin me llama.
—Perla-empieza, y su voz no muestra burla esta vez-. Un amigo y yo nos entretuvimos en una batalla y tuve que acompañarle al centro pokémon. Me dejé el móvil allí y he tenido que volver. Lo siento.
—No pasa nada-digo, con la voz más dulce que consigo obtener-. No hay nada de qué preocuparse.
—Vale-dice entonces-. Pues buenas noches, Perla.
—Buenas noches, Gary-digo, y cuelgo.
Drama. Mucho drama. ¿Qué os ha parecido? La relación de Paul y Gary es complicada, como poco. Y eso de tener a Dawn y sus hermanas entre los dos bandos...
Por cierto, como pronto acabaré las clases, estaba pensando en que posiblemente tenga más tiempo para actualizar más a menudo la historia, ¿os gustaría? Uno o dos capítulos más por semana, supongo. ¡Se aceptan reviews!
