¡Hey! Ya era hora de que actualizase esto a tiempo por una vez xD El capítulo de hoy es algo más largo de lo normal, pero dividirlo me parecía algo cruel. Y además, lo mejor está por llegar.

Como siempre, ni pokémon ni nada relacionado con la obra de Jane Austen me pertenecen, así que sin más dilación... ¡A leer! :3


La discusión con Leaf sigue por la mañana. La resaca no parece afectarla en la lengua mordaz.

—¿Sigues enfadada?-le pregunto, dándole un vaso de zumo de bayas.

—Sí-dice-, así que si no tienes nada que decirme, creo que me voy a ir.

—Yo…-empiezo, pero no logro encontrar las palabras correctas- No quise decirlo de la manera en la que te lo tomaste ayer.

—Mec-responde ella, imitando el sonido de fracaso que se emite en todos los programas de televisión-. Respuesta incorrecta.

—Leaf, no te vayas-digo, agarrándome a su brazo.

—¿Por qué no iba a irme? Seguro que allí valoran mi sentido del humor y mi habilidad para las fiestas más que en esta casa. Más que tú-añade, soltándose de mi agarre-. Y no pienses en llamarme, porque no pienso cogerte el teléfono.

—¡No tenía pensado hacerlo!-digo, en un ataque de rabia y frustración.

—¿Sabes de lo que me acabo de dar cuenta, Dawn?-dice- Sí que tienes talento, y no me refiero a la moda. Eres muy buena alejando a la gente de ti: Drew, May, Gary y ahora yo.

Leaf cierra la puerta y siento las lágrimas correr por mis mejillas. Mi vuelo para Veilstone sale en seis horas y todavía no he empezado a hacer las maletas.

—Dawn-dice mi madre-, ¿qué te pasa?

Me seco las lágrimas con la manga de mi camisa.

—Nada, es la alergia-digo.

—Tú no tienes alergia.

—Es… Leaf-confieso-. No me puedo creer que se vaya así como así.

—Primero May y luego tú. Ahora es su turno, Dawn. La única que me voy a quedar sola soy yo, así que por favor, traedme un novio a casa cuando vengáis de visita.

Me río y abrazo a mamá.

—Ve a hacer las maletas ahora mismo-me ordena-. Tienes que estar en el aeropuerto a las cuatro.


El vuelo dura algo más que el de Hearthrome, pero lo disfruto igualmente. Con mis auriculares y mi música, ni siquiera oigo mis pensamientos. Es justo lo que necesito ahora mismo. No más Leaf, no más peleas. Si no quiere saber nada de mí yo tampoco quiero saber nada de ella. Veilstone, un nuevo comienzo.

La ciudad ha cambiado bastante desde la última vez que estuve aquí. Lo que antes era la base del equipo Galaxia, ahora es un renovado hotel. Leo el letrero: "Pemberley". Ya había hecho mi reserva, y tampoco me había salido muy cara, pero viendo el imponente edificio… Parece un hotel de lujo. La recepcionista me ayuda a dar con mi habitación, que está en el penúltimo piso. Me dice que tres cuartos del importe son cortesía de la casa.

—¿Perdón?-digo, algo sorprendida.

—Se nos informó de que a la señorita Dawn Berlitz había que darle un trato especial, ya que era una conocida y además acababa de alquilar uno de los almacenes de la compañía.

—¿Qué compañía?-pregunto.

—Pemberley, por supuesto-dice, sin dejar de sonreír-. Ésta es su habitación, Miss Berlitz.

La habitación es casi más grande que mi casa. Al menos, que el piso de arriba. ¡Incluso tiene una pequeña cocina! Un microondas, una cafetera y una nevera. El baño es espectacular: tenía una bañera de hidromasaje, una ducha y un inodoro dorado. Y la cama… Gigante y llena de cojines. Parece sacado de una fantasía.

—Yo voy a volver a recepción-me dice-, pero si tienes alguna pregunta, no dudes en llamarme.

Me señala el teléfono que tengo delante, en el que vienen apuntados los números para el servicio de habitaciones y la pizzería. Una pizza… Sacudo la cabeza, intentando no distraerme. Es mi primer día en Veilstone, y tengo que visitar la mayor atracción turística de la ciudad: el centro comercial.

Mirar tiendas es como una especie de terapia para mí. Ni siquiera tengo que comprar nada, simplemente mirar escaparates. Pensar en todas las combinaciones que se pueden hacer con una prenda me ayuda a olvidarme de los problemas. A escapar.

Así que no es de sorprender que cuando Maylene se cruzó conmigo, yo apenas me diese cuenta.

—¡Dawn!-dice por tercera vez, y entonces me giro-, ¡cuánto tiempo!

Abrazo a la líder de gimnasio, y en ese momento me percato de la presencia de otra persona. Es una chica pelirroja, de pelo corto. Lleva unos shorts azules y una camiseta amarilla.

—Hola-me presento-, soy Dawn Berlitz.

—Lo sé-dice, dándome un abrazo-. Me han hablado mucho de ti. Soy Misty, por cierto.

¿Misty? Misty, la novia de Ash. Misty, la de la carta de Paul. La líder de Ciudad Celeste.

—¿Qué haces aquí, Dawn?-me pregunta Maylene.

—He alquilado un almacén para… Bueno, para mis diseños.

—¿Vas a hacer tu propia línea de ropa?

—Es lo que tengo en mente, sí.

—¡Eso es genial! Misty y yo te podemos ayudar en lo que necesites, ¿a que sí?

Misty asiente.

—Bueno, en realidad… Tengo que montar varias cosas y llevar mis telas al almacén…

—Hecho-dice Maylene, dándome la mano.

Las dos me acompañan y, pese al trabajo duro, la verdad es que nos lo pasamos bastante bien.

—¿Y dónde te quedas mientras estás aquí?-pregunta Maylene-Reggie y yo vivimos con Paul en su casa cerca de aquí. Ash y Misty están aquí ahora también, pero es lo suficientemente grande como para que te quedes con nosotros. Creo que tiene una o dos habitaciones de sobra.

¿En la casa de Paul? Ni hablar. Eso sería demasiado incómodo. Además, las mansiones están bien, pero después de ver Netherfield… Siento que son casas algo vacías.

—No hace falta-digo amablemente-, me hospedo en el Pemberley.

Eso parece intrigar a Misty y Maylene, porque las dos se miran fijamente.

—¿Y quién es el propietario del almacén?-pregunta Misty.

—La compañía Pemberley, por raro que parezca. Y de hecho, me han hecho descuento.

—No es raro en absoluto-se ríe.

—¿Sabes quién es el jefe de la compañía?-me pregunta Maylene, incrédula.

—La verdad es que no-confieso.

—Es Paul-dice, conteniendo una risotada.

Y así, todas las piezas del rompecabezas empiezan a encajar. El almacén que me consiguió Fantina, el descuento de "conocida" en el hotel… Pero creía que Paul me odiaba. Al menos, después de lo que pasó aquel día. ¿Esperará algo a cambio? No, Paul no es ese tipo de chico. Pero entonces, ¿qué pretende?


Al día siguiente, Maylene se convierte en mi guía turística por la ciudad, e incluso por el mismo hotel, lo que me hace replantearme a cuánta gente ha ido a visitar aquí, porque se conoce los pasillos mejor que los empleados.

—Esta es mi habitación favorita-dice, llevándome al ático.

—Pensaba que estaba cerrada-le digo.

—Yo tengo llave-me informa, y algo me dice que nadie se la ha dado de buena fe-. Se la cogí a Reggie. Lo que es suyo es mío, y viceversa.

Me enseña su anillo, y entorno los ojos. La habitación… Más bien, el apartamento aparece ante nosotras.

—Paul tiene su oficina allí-dice, señalando una puerta-. Los baños a la izquierda, la sauna a la derecha y la cocina y el salón al frente. El dormitorio está pasando la biblioteca, y más tarde está la terraza, como puedes ver.

Para cuando me quiero dar cuenta, tengo la boca abierta de asombro.

—¿Quieres ver la terraza?-me dice.

—No creo que debamos estar aquí…-admito.

—¡Tonterías!-exclama, y me empuja a la terraza. Entonces veo una figura conocida mirando la ciudad.

Intento volver dentro, pero Maylene me ha cerrado la puerta. Está claro que lo ha planeado todo. Cómo cazar a Dawn en tres simples pasos. Trago saliva, mientras veo a Paul girarse hacia mí.

—Hola-me dice.

—Hola. Bonito hotel-comento, sin saber muy bien qué decir.

—Ya veo que Maylene te lo ha contado todo. Y supongo que no habrás entrado aquí tú sola, ¿verdad?

Niego con la cabeza.

—Está un poco loca, no es nada personal-dice-. Maylene, digo.

Asiento con la cabeza, no muy segura de hacia dónde quiere llegar con su comentario sobre su cuñada.

—Discúlpala, en realidad sus intenciones son buenas. Creo.

Los dos nos quedamos en silencio. Debería haber un premio de encuentros incómodos, porque seguro que lo ganaríamos.

—He venido aquí a montar mi pequeño taller—explico, porque de repente tengo la necesidad de excusarme.

—Lo sé—dice—. Soy algo así como tu casero. Mi empresa, vamos.

—Pemberley—digo, para segurarme de que esto no era una tomadura de pelo.

—Sí—dice simplemente, obviando el hecho de que es el jefe de una de las empresas más exitosas de Sinnoh.

—Pensaba que estarías en Hoenn.

—Lo estaba, pero he vuelto.

—Eso salta a la vista—digo, mientras intento controlar la risa.

A él también se le escapa una risa nerviosa, supongo que para liberar la tensión del momento.

—¿Y qué te parece la ciudad?—me pregunta, con la vista al frente. Yo me acerco al balcón antes de contestar.

—Está algo cambiada desde la última vez que estuve aquí. Maylene me ha llevado por todos los rincones posibles y ayer pude ver las últimas tendencias en el centro comercial.

—Supongo que eso es importante para ti.

—Lo es—aseguro, aunque no sé muy bien si es verdad.

¿Intenta ser amable o se está burlando de mí? Definitivamente, Paul no es un experto en conversar. Entonces oigo que la puerta se abre lentamente.

—Debería irme—digo—, antes de que Maylene nos vuelva a encerrar aquí.

—Vale.

Me giro, y cruzo el umbral de la puerta.

—¿Vas al almacén?—me pregunta entonces— Podría acompañarte, justamente voy para allí.

—En realidad he quedado con Misty y Ash para comer en un restaurante por los alrededores.

—Vale.

Paul me alcanza enseguida, cerrando la puerta del ático tras de mí. Bajamos juntos en el ascensor, con el único sonido de nuestras respiraciones. Trago saliva cuando por fin llegamos a recepción.

—¿Paul?—le digo, y él se gira hacia mí— Espero que tengas un buen día.

—Supongo que nos veremos por aquí—se despide.

No sé por qué esperaba que me dijera algo más. Que tuviera un buen día también, o algo parecido. Pero, una vez más, me recuerdo que estoy hablando de Paul Shinji.

Cuando llego al restaurante, en el piso más alto del centro comercial, veo a Ash y a Misty besándose levemente. Les saludo, y se separan de inmediato.

—No tenéis que parar por mí—digo—. No es que vaya a vomitar por eso.

—A veces las hermanas de Misty parece que lo vayan a hacer—dice Ash, rascándose la oreja.

Me siento y les cuento el encuentro "casual" con Paul.

—Maylene está un poco loca—dice Misty—, pero se le acaba cogiendo cariño.

—No me cabe duda—me río—. ¿Y qué hacéis vosotros en Veilstone?

—Ash y yo nos estamos quedando en casa de Paul unos días. Lo hacemos varias veces al año, cuando la presencia de mis hermanas se hace insoportable.

—Lo entiendo—digo—, Leaf y yo no siempre nos llevamos bien.

Y de pronto la verdad me golpea en la cara. Leaf se ha ido, y no quiere saber nada más sobre mí. Todo por un malentendido en su cumpleaños y porque no me disculpé. Tenía que haberlo hecho.

—¿Estás bien?—me dicen.

—Sí, es que… He recordado que no dejé las cosas muy bien en casa. Leaf está enfadada conmigo y se ha ido a Kanto sola.

—No hay nada de qué preocuparse, ¿no?—me dice Ash, recordando mi frase típica.

—Tienes razón—le digo, sonriendo—. Todo se arreglará. Tampoco es como si no fuera a volver nunca.

—Y ahora que estamos todos en Veilstone, ¡podemos divertirnos!—añade Ash— Deberías venir a ver la casa de Paul, es lo mejor. Tiene sala de juegos y piscina. No sé por qué no le gusta dormir allí, siempre se queda en el hotel…

—Paul trabaja hasta tarde. Ser el Campeón de Sinnoh es mucho más papeleo de lo que parece.

—¿Paul es Campeón?—pregunto— Creía que era Cynthia.

—Paul le ganó hace un año o así, pero decidió invertir su fortuna en Pemberley. Cynthia es la "Campeona" en funciones, así que sigue teniendo título, pero cuando llega la Liga es Paul al que los aspirantes desafían.

—No lo sabía—digo, algo asombrada—. Nadie me había dicho nada.

—Ya sabes cómo es Paul—dice Misty—, le gusta mantener todo en privado.

Noto algo de emoción en su voz. Está claro que confía en él, sobre todo después de lo de Gary, imagino. ¿Paul le habrá contado que yo lo sé? Aunque ni siquiera sabe si abrí la carta, a decir verdad. La única persona que me ha preguntado por ella ha sido Úrsula, y eso no acabó muy bien que digamos.

—¿Qué vais a tomar?–nos pregunta el camarero.

—¿No vais a esperarme?—dice una voz que reconozco de inmediato.


¿Quién es esa voz misteriosa? *música de misterio on*

Creo que con este capítulo queda claro que Maylene cabe en la categoría de personajes un poco bastante locos que me gusta crear (Leaf, Zoey, Fantina... el club va aumentando).