¡Nuevo capítulo! Estamos entrando en mi parte favorita de la historia :3 Espero que os guste tanto como a mí escribirla.
Como siempre, ni pokémon ni nada relacionado con la obra de Jane Austen me pertenecen.
Drew Hayden. El mismo Drew que conocí hace unos meses. El mismo Drew que huyó a Hoenn. El mismo Drew que le partió el corazón a mi hermana.
—Drew—digo—. Pensaba que estabas en Hoenn.
Se me pasa por la mente que es la segunda vez que utilizo esa frase en un día.
—Lo estaba…—empieza, incómodo— Y lo estaré en unos días. He venido a darle a Paul una cosa.
—Úrsula me había dicho que estabas muy ocupado.
—Y lo estoy—asegura —. He conocido a mucha gente nueva en Hoenn. Pero tampoco demasiada. En fin, ¿cómo estás?
—Bien—respondo. Drew y yo ya habíamos hablado un par de veces antes, pero no soy muy cercana con él. Menos aún desde que dejó tirada a mi hermana de la noche a la mañana.
—¿Y tu familia?
—Mi madre está como siempre, en Twinleaf. Leaf se ha ido a Kanto, y como ya sabrás, May está en Hoenn.
—Sí… ¿Cómo está?
—Creo que deberías preguntárselo tú—le digo—. No ha cambiado de número de teléfono, y estoy segura que se alegrará de que le llames.
—La verdad es que no soy muy bueno en mantener el contacto estando lejos. Por eso Paul siempre me invita cuando puede. Desaparezco a cualquier sitio y desde allí se me hace muy difícil llamar. Es como si me estuviera aferrando al pasado, y yo quiero vivir en el presente. ¿Lo entiendes?
Asiento con la cabeza, aunque realmente no tengo mucha idea.
—Supongo que Paul y Úrsula son los únicos que me fuerzan a volver a la realidad. Realmente se preocupan por mí.
—Parece que confías en ellos más de lo que confías en ti mismo—digo, casi sin pensar.
—Cuando no soy la persona más inteligente de la habitación intento deducir quién lo es. Y escucharla.
—Es una bonita teoría, pero, ¿qué pasa si se equivocan?
Drew se queda callado durante unos segundos.
—No sé—dice finalmente—, supongo que no había pensado en eso.
—Deberías llamarla—digo, mientras me levanto de la silla.
—¿No te ibas a quedar para comer?—pregunta Misty.
—Tengo mucho que hacer en el almacén. Llámala—añado, dirigiéndome a Drew.
—No creo que sea una buena idea.
—Al menos sería tu mala idea, y no la de otros.
Me alejo pensando que quizás haya sido un poco dura con Drew. Al fin y al cabo, si no confiara tanto en la gente, no sería la clase de persona de la que May se enamoraría. Al menos, la antigua May. Ahora, parece tan diferente…
Acabo cogiendo un sándwich mixto y un refresco. En el almacén, empiezo a mirar los diseños. Y todos me parecen iguales. Diferentes colores, diferentes texturas, pero la esencia es la misma.
—Si voy a lanzar mi línea de ropa—le digo a Piplup—, voy a necesitar avanzar en esto. No puedo hacer todo igual.
—Pip, piplup—me dice, señalando los diseños. Después se señala a sí mismo.
—¿Ropa pokémon?—pregunto, pero él niega con la cabeza— No sé a qué te refieres.
Miro los diseños otra vez. Una mujer con vestido, otra con falda, otra…
—¿Ropa de hombre?—me aventuro, y él asiente.
—¡Tienes razón!
No sé cómo no lo había pensado antes. He estado tan concentrada en diseñar algo que yo me pondría que ni siquiera me he parado a pensar en los otros. Me coloco en la mesa de madera, y cojo un lápiz. Dawn Berlitz presenta la colección de hombre.
Días después, por fin acabo con los bocetos principales de la línea. Son bastante sencillos, pero nunca me han gustado las florituras innecesarias.
—¿Entonces vas a empezar a trabajar ya?—me pregunta Maylene en su segunda visita de la semana.
—Sí, tengo que empezar a coser y recoger telas. Mi idea es usar tonos parecidos entre los de hombre y mujer, para crear una especie de "parejas" conjuntadas. Así, si tengo la oportunidad de exponerlos en pasarela, podría dar un efecto de unidad entre los dos diseños.
—Eso, amiga mía—empieza—, es una buena idea. ¿Crees que podríamos quedarnos unos Reggie y yo?
—Tendrás que esperar a que se comercialicen en las tiendas—le digo, sacándole la lengua.
—¡Pensaba que tendría algún derecho VIP!
Las dos nos reímos, hasta que me doy cuenta de una cosa.
—El único problema que tengo es que no me puedo probar los diseños masculinos. Con los femeninos suelo hacerlo, para ajustar las medidas algo más, pero… Con estos iré a ciegas.
—O podríamos pedirle a algún chico que te ayude—dice, con una sonrisa maligna en los labios.
—¿Crees que Reggie accederá?
—No estaba pensando en Reggie precisamente—admite—, más bien me refería a su hermano.
—Paul está muy ocupado—le digo—, supongo. No he hablado con él en días.
—Casi no has salido de aquí en días—me recuerda.
Touché.
—Además, estoy segura de que tiene tiempo para ayudarte. O hace el tiempo.
—¿Por qué estás tan segura de que vaya a acceder?—le digo— Paul no parece el típico chico al que le guste estar quieto mientras le arreglan los dobladillos.
—Claro, seguro que Ash lo hace mucho mejor—dice, con ironía. De pronto, me imagino a Ash en una situación así. Tanto él como yo acabaríamos malheridos.
—Vale, me rindo. Pero le llamas tú.
Maylene sonríe, triunfante.
—Se lo voy a decir en la cena. Seguro que pone una cara graciosísima. ¿Vas a querer una foto?
—No quiero que te mate—le digo.
—No lo haría. Tengo a Reggie como escudo.
Entorno los ojos. Toda la gente del círculo cercano de Paul parece tan amable y graciosa… O casi toda, al menos. Me pregunto cómo es para él rodearse de gente tan distinta a él. Me pregunto si aceptará la propuesta de Maylene. Me pregunto si seguiré teniendo dignidad después de haber cedido ante la Líder tan fácilmente.
Y me pregunto si debería recoger esto. Echo un ligero vistazo. Al menos, esa pregunta sí que tiene respuesta.
Al día siguiente, espero encontrar a Paul en el almacén, pero está vacío. Paso toda la mañana trabajando en la colección femenina, y vuelvo a comer al hotel. El bufé libre me pierde. Saco fotos de prácticamente todo para enviárselas a May.
Después, vuelvo al almacén. Enciendo las luces y barro un poco. Cada vez el sitio parece menos frío y más "habitable", de alguna forma. Las paredes siguen siendo lisas, pero las alfombras del suelo le dan un toque más personal. Decido colgar algún póster en la pared, a modo de inspiración. Finalmente, pongo mi primera cinta de concurso al fondo. Los sueños están para cumplirlos, escribo debajo.
Entonces oigo el sonido de la puerta abrirse y a Paul entrar. Sus pasos son suaves, y su cabeza se gira para ver cómo ha cambiado el local.
—Maylene me dijo que me querías.
—¿Qué?—digo, atragantándome con mi propia saliva.
¿Cómo que que le quería? ¡Yo no quiero a Paul!
—Sí, que necesitabas un modelo para tu línea de ropa o algo así—explica, claramente incómodo.
Suspiro, aliviada. Asiento con la cabeza.
—Veo que has cambiado este sitio… Ahora ya es más…—se para, buscando una palabra apropiada para describirlo.
—¿Acogedor?—me aventuro.
—Más tú—dice, y por un segundo juraría que ha sonreído.
—¿Entonces me vas a ayudar?—pregunto, no muy segura de su respuesta.
—No me queda más remedio—dice él—. ¿Qué es lo que necesitas que haga exactamente?
Le explico el motivo de mi colección y por qué necesito un modelo, y le llevo hasta una especie de podio pequeñito que compré en el centro comercial.
—Súbete aquí—le ordeno, y lo hace rápidamente—. Te voy a ir dando pantalones y te los vas poniendo, ¿vale? A cada uno de ellos les voy a arreglar lo que haga falta para que te queden perfectos.
Le pongo una pila de pantalones al lado.
—¿Puedes darte la vuelta?—pregunta, casi sonrojado.
Yo me doy la vuelta tan rápido como puedo, avergonzada. ¡No quiero ver a Paul Shinji en bóxers! Una imagen de Paul semidesnudo aparece por mi cabeza, y tengo que sacurdirla para quitármela. Intento concentrarme en la pared. Los sueños están para cumplirlos, me repito, mirando la cinta fijamente.
—Ya—dice Paul, y me doy la vuelta. Sigue llevando su habitual camisa negra, pero ahora tiene unos pantalones azules oscuros con pinza en el lado izquierdo. Me arrodillo delante de él para mirar el efecto que hace dese abajo.
—Parece que las medidas están bastante bien—digo, mirando hacia un lado y otro—. Al final no me ha salido tan mal.
—¿Y por qué ibas a hacerlo mal?—pregunta, mientras me hace un signo para que me dé la vuelta de nuevo.
—Porque no tengo mucha experiencia con la ropa masculina—respondo mientras miro la pared.
—Yo tampoco tengo mucha experiencia con los pokémon de tipo Hada y estoy seguro de que podría entrenarlo sin problemas—dice, y después añade—Ya.
Me vuelvo a girar hacia él, y veo que esta vez ha escogido otros pantalones de traje, morados y con el bajo con vuelta.
—Pero tú eres Paul Shinji—digo—, y eres muy buen entrenador. Por mucho que desapruebe tus métodos.
Le arreglo un poco el bajo para que le quede a la altura perfecta, y me doy la vuelta para que se cambie.
—Y tú eres Dawn Berlitz—contesta—, y si no fueras buena en esto no habrías trabajado con mi tía en el departamento de trajes, y posiblemente no estarías aquí. Aunque no me interesa la moda en absoluto, hay gente a la que sí. Y si te interesa la moda y además eres buena en ello—dice, y silba para que me gire hacia él—, ¿por qué no aprovecharlo?
—Lo estoy aprovechando—aseguro, mientras le miro de arriba abajo. Esta vez ha cogido unos chinos color salmón, que le quedan sorprendentemente bien—. Tú deberías aprovechar y ponerte más colores claros. Los tonos pastel te quedan bien.
—Mi color es el negro, así como el tuyo es el rosa.
—¡Pero yo tengo más variedad de tonalidades! Y estábamos hablando de otra cosa—le digo, cruzándome de hombros—. Ponte los de color mostaza.
—No me gusta el amarillo.
Me muerdo la lengua y a él parece divertirle, pero me dice que me dé la vuelta, y cuando está listo, veo que se los ha puesto. Sonrío levemente, y cojo una aguja para ajustarle el bajo. Él traga saliva y se queda mirando fijamente a la aguja.
—¿Te dan miedo las agujas?—pregunto con sorna. Eso sí que sería gracioso.
—No—dice rápidamente—, pero tú sí.
Decido hacer caso omiso de su comentario, pero le fulmino con la mirada.
—Los vaqueros—digo, mientras se los paso—. Y no tardes.
Él hace lo que le digo y me manda darme la vuelta.
—Había pensado en dejarlos más desgastados por la zona de la rodilla—le digo, esperando su opinión al respecto.
—Estos son más informales—comenta.
—Tiene que haber variedad—digo—. Los quiero combinar con una camisa de leñador roja y negra, con un bolsillo al lado izquierdo a la altura del pecho. Su pareja, es decir, la contraparte femenina, es un peto vaquero con bolsillos a cuadros rojos y negros.
—Tú verás—dice, y me dan ganas de darle un puñetazo en la cara.
—¿No piensas opinar en nada?
—Ya te he dicho que la moda no me interesa.
Al final desisto y acaba de probarse todos los pantalones.
—¿Algo más?
—Tengo que probar las camisas, el peto y los tirantes—empiezo, pero me doy cuenta de la hora que es—, pero no pasa nada.
—Creo que tengo tiempo para un último conjunto—dice, mirando el reloj.
—¿En serio no te importa?
—Mientras no me pierda la cena…—responde, encogiéndose de hombros.
Le paso la ropa antes de que pueda continuar. Me mira, como esperando una explicación.
—¿No podías haber escogido un conjunto más simple?—me pregunta.
—Necesito estar segura de que vaya a quedar perfecto—digo, intentando ocultar una risa.
Me encuentro pensando que trabajar con Paul no ha sido para nada como esperaba. Y esta vez, ha sido para bien.
—Ya estoy—dice. Me doy la vuelta, y en efecto, compruebo que se lo ha probado. Los pantalones de traje grises, con finas rayas blancas; la camisa lila con cuello y mangas blancas; la corbata morada estampada y los tirantes a juego con el pantalón. Le ajusto la corbata.
—¿Quién va así por la calle?—dice, mirándose al espejo.
—Su pareja—digo, mostrándole el diseño femenino.
—¿Ya lo has hecho?
Asiento con la cabeza.
—Pruébatelo—dice entonces—. No voy a hacer el ridículo yo solo.
—¡No es ridículo!—digo, mientras busco la ropa que necesito. Cuando la encuentro, intento poner mi mejor voz de Paul al decir—Date la vuelta.
Él murmura algo que no debe de ser muy agradable pero me hace caso. Me pongo la camisa lila con volantes en el cuello en forma de v y la falda gris, que es recta y alta, con encaje y un lazo pequeño en el centro. Me quito las zapatillas y me pongo unos tacones morados peep-toe, y me deshago la coleta, haciendo que el pelo me caiga en cascada.
—Ya—digo.
Paul me mira de arriba abajo.
—¿Ves? Ahora vamos conjuntados.
—Entiendo tu idea de los conjuntos y la parte complementaria—dice—, pero yo no me compraría esto.
—Es cuestión de gustos—admito.
—Debería irme—dice, quitándose la corbata. Me doy la vuelta una última vez, y cuando vuelve a ponerse su ropa normal, me despido de él.
—Gracias—le digo.
—Hasta otra.
¿A alguien más le hubiera gustado ver a Paul con traje?
