Primero de todo, lo siento muchísimo. De verdad que quería actualizar y no es que me haya olvidado (lo juro por el ikarishipping), pero esta temporada ha sido de locos. No he vuelto a casa por más de dos días seguidos hasta ayer por la noche, y no tenía wifi. Así que siento haberos dejado a la espera ^^".
Pero la buena noticia es que he vuelto... y conmigo, vuelve el drama. Porque al fin y al cabo, ¿qué es un fic sin toneladas de momentos dramáticos?
El desfile está a punto de empezar y ya me he cambiado a una simple bata blanca de algodón. Intento respirar hondo.
—Todo va a salir bien—dice Ash, con una sonrisa de oreja a oreja. Le miro de arriba abajo: los vaqueros desgastados y la camisa de leñador. Sonrío, porque a Misty y a él ese conjunto les viene que ni pintado.
May y Barry llevan el conjunto morado que me probé con Paul. Miro a mi alrededor, buscándole con la mirada. Habrá ido a cambiarse, porque no le veo. Es lo más normal, lo más sensato. Lo que debería estar haciendo yo.
—Dawn, en un minuto salen tus modelos—me anuncia un técnico con pinganillo. Resoplo.
—¿Listos, chicos?—digo, acercándome a mis amigos.
—Siempre—dice Zoey, mientras se dirigen a la pasarela.
Aprovecho para correr al vestuario, donde puedo ver todo por la pantalla de televisión mientras me preparo. Cojo mi vestido cuidadosamente y lo saco de su bolsa. Entonces oigo una voz a través de la televisión:
—¡Y en su debut, aquí está la colección de Dawn Berlitz!
Zoey avanza la primera, con Kenny pisándole los talones. Me visto con los dedos cruzados para que no pase nada. Por favor, que todo salga bien. Cuando veo a Reggie y a Maylene, me doy cuenta de que no me queda mucho tiempo, así que me apresuro a atarme el lazo de la espalda.
Salgo de la sala sin los zapatos, para poder correr hacia allí. Me reciben las dos parejas que han terminado de desfilar, por lo que me figuro que Misty y Ash están desfilando ahora mismo.
—¿Y Paul?—pregunto, con un gallo en la voz.
—Tranquila—dice Reggie—, acaba de estar aquí. Ha ido a hablar con un técnico o algo, volverá en un segundo.
—¡Eso no me vale!—grito, mientras me ato los zapatos—¡Tiene que estar…!
—¿Aquí?—me interrumpe Paul, con una media sonrisa. Contengo las ganas de arrancársela de la cara y me muerdo la lengua. En ese momento entran Misty y Ash, con sonrisas triunfantes.
—¿Y ese vestido?—pregunta Misty— No te lo había visto antes.
—Es su arma secreta—responde Zoey, guiñándome un ojo.
—Para mí el arma secreta es Paul—dice Maylene—, ¿quién se imaginaría que esté participando en esto?
—Yo desde luego no—dice Reggie, entre risas.
—Deberíamos ir saliendo—dice Paul, con el semblante serio. Yo trago saliva y asiento.
—No hay nada de qué preocuparse—me repito por última vez, mientras veo a May y Barry volver. May me señala de arriba abajo y pone cara de asombro.
—Con ese vestido no necesitas suerte—dice cuando pasa a mi lado, y Paul empieza a andar. A desfilar, de hecho. Me da un ligero empujón en el brazo para que haga lo mismo.
Mientras camino, solamente veo luces. Flashes de cámaras, móviles encendidos… Incluso el vestido de Fantina es brillante, aunque eso era de esperar. Cuando llegamos al final de la pasarela, sonrío y doy media vuelta. Paul me imita y caminamos hasta el final, mientras oigo vítores y aplausos entre el público.
—¡Menuda sensación!—anuncia la presentadora—¡Paul Shinji y la mismísima Dawn Berlitz han concluido con el último diseño de su propia colección!
Ante eso, me giro y sonrío. Después, me voy, justo cuando la cortina de humo empieza a aparecer en escena. Toso.
—¿Estás bien?—pregunta Paul, y por un momento hace un amago de tocarme el hombro.
—Sí—respondo—, ha sido el humo.
—Al final resulta que tenías razón—me dice entonces.
—¿Cómo?
—No ha habido nada de qué preocuparse, todo ha salido bien.
—No han dado los resultados todavía—digo—, así que eso no lo sabes.
—¿Es que tu visión de la realidad está distorsionada?—pregunta, con énfasis.
Chasqueo la lengua, porque sé exactamente por qué ha usado esa frase en concreto.
—No es justo—susurro, pero no parece oírme.
—¿Has oído lo mismo que yo?—me dice— Yo no sé mucho de agradar a la gente, pero les encantas. Tus diseños les encantan.
—Es verdad—dice una voz a mi espalda. Me giro para ver a Zoey— Van a dar los resultados, deberíamos volver.
Asiento y me reúno con May. La abrazo tan fuerte que podría romperle los huesos.
—Todavía no hemos tenido la oportunidad de ponernos al día—le digo.
—Esto es más importante—me susurra con una sonrisa. La veo cambiada, pero no sabría decir el qué.
Nos reunimos todos en el vestuario con unas bandejas de comida, cortesía de la casa. Ash empieza a comer de inmediato, pero yo no tengo hambre. Tengo todos mis sentidos puestos en la pantalla ahora mismo.
—Y la ganadora es…—anuncia la presentadora.
¿Ha dicho ganadora?
—¡Dawn Berlitz!
¿Esa soy yo? ¡Esa soy yo! De pronto, una cámara me está enfocando y me veo en pantalla. Estoy llorando, y saltando. Es como si no fuera yo misma, como si estuviera viendo a otra persona.
—No puede ser—digo, abrazando a Zoey.
Abrazo a todos. O casi.
—Te lo dije—dice Paul. Y no sé si es por sus palabras de antes o porque aún lleva ese traje puesto, pero le abrazo. Con fuerza. La cámara capta ese momento, así que no quiero retenerlo. Pero su colonia, esa colonia que antes me provocaba arcadas, me atrapa. Respiro hondo antes de separarme, y me vuelvo con mi hermana antes de que la situación sea más incómoda.
—¿Cómo te sientes?—pregunta la presentadora a la pantalla. A mí.
—Bueno, yo… Creo que nunca me he sentido mejor—admito, secándome las lágrimas.
—Tu colección nos ha conmovido a todos, Dawn. Enhorabuena.
Asiento, porque no sé qué más hacer.
—Y supongo que ahora iréis a la after-party a celebrarlo por todo lo alto, ¿no? Para eso están todos tus amigos aquí.
—Sí—digo, y noto que se me forma un nudo en la garganta—, están casi todos aquí.
—¡Vamos a divertirnos!—suelta Maylene, poniéndose delante de la cámara. Abre una botella de champán y la emisión se acaba.
—¿Nos cambiamos de ropa?—pregunta Ash, con la boca llena. Todos le miramos.
—Pues claro, idiota—le dice Misty, dándole un beso en la mejilla.
Me cambio y me vuelvo a poner el vestido gris. Me retoco un poco el maquillaje y cuando estoy lista, me reúno con los demás.
—¿Vamos?—dice May, sonriente. Todos la seguimos hasta el club más famoso de Hearthrome, donde se celebra la after-party. Me doy cuenta que es el mismo sitio que en el que estuvimos cuando nos llamaron para el concurso. Me sorprendo pensando que no ha pasado tanto tiempo desde entonces, porque las cosas han cambiado tanto…
Otra fila de periodistas y paparazzi nos esperan a la entrada.
—No estoy segura de querer pasar por esto otra vez…—digo, mirando al suelo.
—¡No vas a rajarte ahora!—me dice Zoey mientras me empuja— Estamos todos contigo y es muy tarde como para que te hagan una entrevista. Tú sonríe y ya está.
—¡Podemos hacernos fotos conjuntas!—propone Maylene. Todos asentimos, menos Paul, que entorna los ojos y se acerca con desgana.
Nos colocamos en el centro y sonreímos. May me coge la mano y la alzamos alto, Zoey me abraza y Maylene pone su pose de luchadora. La felicidad me inunda y es como si nada pudiera ir mal. Como si todo lo malo del mundo no existiese ahora mismo.
—Patata—dice Ash, y Barry le propina un codazo. Nos reímos. Las bromas y las fotos siguen, hasta que ya no podemos tenernos en pie de la risa.
—¿Entramos ya?—dice Paul—Me vendría bien una copa.
Asiento y vamos entrando.
—¿Has podido ir al teatro al final?—le pregunto, cogiendo una copa del camarero. Él hace lo mismo antes de contestarme.
—No, pero espero poder ir pronto. Tengo un vale por dos entradas en una obra desde hace mucho tiempo, y no me gusta desperdiciar las oportunidades.
—No sabía que fueras fan del teatro—admito.
—No lo soy—se apresura a decir—. No especialmente, quiero decir.
—A May le encanta—digo—. Creo que es lo que más le gusta aparte de cocinar. De pequeña se montaba sus musicales y nos hacía verlos a mí y a Leaf. Leaf era más de pelis, pero le encantaba ser la protagonista de cualquier guión que escribía…
Me doy cuenta de que estoy hablando de más, así que me callo. Me giro y veo que los demás están entrando, así que les hago un gesto para que se acerquen. Paul me mira, confundido.
—¿Quién está listo para la fiesta?—dice Barry, alzando su copa. Los demás le imitamos y bebemos todos juntos.
Hablamos y hablamos, y cada vez nuestras conversaciones pierden más el sentido. Pero nos reímos, nos reímos tanto que hasta se nos saltan las lágrimas. Y no queremos ir a casa hasta que salga el sol. Por desgracia, el club cierra pronto, así que decidimos volver andando y arriesgarnos a encontrar fotos de nosotros descalzos y con los zapatos en la mano por todas partes al día siguiente. Porque sienta bien no llevar tacones que te estén matando, y el frío suelo no parece afectarnos. Ash tropieza y se cae, así que nos reímos. Cualquiera pensaría que hemos bebido de más.
Aunque quizá haya algo de cierto en eso.
—Levanta, Ash—le dice Misty, tendiéndole la mano. Él la aprovecha y se levanta de un salto para besarla. De pronto, Maylene está besando a Reggie y Kenny a Zoey. Barry, May, Paul y yo nos sentimos fuera de lugar, así que nos hacemos señas para dejarles solos.
—Menos mal—dice Barry, cuando nos hemos alejado lo suficiente—. Creía que íbamos a tener que quedarnos viéndolos darse el lote en medio de la calle.
—¿Tenéis hambre?—pregunta May, y asentimos. Nos lleva al pequeño hotel donde se alojan tanto ella como Barry, Ash y Misty. Intento no hacer ruido, pero me siento como un elefante en una cacharrería, y lo voy pisando todo y disculpándome por el camino.
May nos ofrece una gran variedad de dulces, entre ellos las famosas galletas Lava.
—No sabía que supieras cocinar esto—dice Paul.
No sé si eso ha sido un cumplido, pero May sonríe y lo toma como tal.
—Aprendí en Hoenn.
Paul no vuelve a abrir la boca. Creo que se ha dado cuenta de que realmente ha metido la pata. De que metió la pata.
—¿Y si jugamos a algo?—propone Barry.
—¡Vale!—decimos May y yo al unísono. Paul se encoge de hombros.
—¿Prueba o verdad?—le pregunta Barry a May.
—Verdad.
—¡Eso no es divertido!—se queja— A mí me gustan las pruebas.
—Y a mí decir la verdad.
—¡No me gusta este juego!—dice con voz de niño pequeño, y se tira en la cama.
—¡Déjanos un sitio a los demás!—me quejo, tirándome yo también. May se une a mi causa y Paul nos mira desde la esquina de la habitación.
—¿No vienes?—dice Barry— Hay sitio.
—No, gracias. Prefiero dormir aquí.
—¿Quién ha dicho nada de dormir?
—Vuestras caras lo dicen todo—dice, bostezando. Los tres bostezamos a la vez—. Buenas noches.
—Yo no me voy a dormir tan rápid…—empieza Barry, pero sus párpados le pesan. O quizá sean los míos. De repente me siento tan cansada…
Una alarma me despierta de golpe. No, una alarma no. Es otro sonido. Es… ¡Es mi móvil! Me levanto corriendo a por él, pero no recuerdo dónde he dejado mi bolso. Durante una fracción de segundo veo mi reflejo en el espejo, el cual me horroriza. Me quedo un poco más, aunque el móvil siga sonando: El rímel corrido y el pelo despeinado, y una bata que no recuerdo haberme puesto es lo único que puedo ver.
—¿Buscabas esto?—dice una voz.
Paul. Me giro y le encuentro pefectamente arreglado y con mi teléfono en la mano.
—Ha estado sonando durante casi una hora.
—¿Y no lo has cogido?—pregunto, irritada.
—No es mi móvil.
Descuelgo, y miro quién me ha llamado. Zoey. Siete llamadas perdidas.
—¿Qué te pasa?—digo, con la voz ronca.
—Dawn, esta es la octava vez que te llamo. ¿ACASO ES TAN DIFÍCIL COGER UN TELÉFONO?
—Estaba durmiendo, Zoey, no me grites.
—¿Cómo no quieres que te grite después de lo de Leaf?
—¿Qué pasa con Leaf?—digo, y ya no estoy enfadada. La preocupación me invade. ¿Le ha pasado algo?
—Está en casa, pero… Gary y ella… Mejor mira en internet—dice, antes de colgar.
Busco el nombre de mi hermana, pero no espero encontrar grandes resultados. Nunca ha sido tan reconocida como May y yo, aunque es muy buena entrenadora. Sin embargo, en ninguna de estas páginas se menciona su carrera o sus logros.
Sex-tape.
Solamente me queda decir... que lo siento. Otra vez.
