Aviso de que como se puede ver en el capítulo anterior, a partir de este momento la historia va a cubrir un asunto tan delicado como un sex-tape. No va a incluir ninguna clase de lemon o lime, pero es un fic de rating T y quería recordarlo por si acaso.
Como ya sabéis, ni pokémon ni nada relacionado con esta obra de Jane Austen me pertenecen ^^".
—Tengo que volver a casa—digo, más para mí misma que para otra persona.
—¿Qué pasa?—dice Paul, y me sobresalta oír su voz grave. Creo que una parte de mí se había olvidado de él.
Le entrego mi móvil y voy a despertar a May. Puedo oírle maldecir y despotricar desde aquí, así que me apresuro en levantar a mi hermana de la cama.
—¿Qué…?—empieza, pero la interrumpo.
—No hay tiempo. Vístete. Nos vamos a casa.
No sé si es por la mala cara que tengo o por el tono autoritario de mi voz, pero no me cuestiona la orden ni un segundo.
—Voy a matar a ese hijo de…—oigo decir a Paul, así que le freno.
—No—digo—. Ese es mi trabajo, tú no tienes nada que ver con esto.
—Déjame ayudar—dice, poniéndome la mano en el hombro. Creo que es la primera vez que ha tenido contacto físico y real conmigo, salvo en el baile y el abrazo.
—Es un problema familiar—le digo, llevándome las manos a la cara—. De esto nos encargamos nosotras.
—Al menos puedo llevaros hasta Twinleaf. Así llegaréis antes y tendréis más tiempo para…
—Parar todo esto—acabo su frase.
Él me mira, y puedo notar que siente pena por mí. Lástima, incluso. Y quizás hasta miedo. Pero lo único que puedo ver yo es la maldita cuenta atrás.
3 días y 4 horas para que ese vídeo salga a la luz.
3 días y 4 horas para detener eso como sea.
—Gracias, Paul—digo, antes de encerrarme en el baño.
—Voy a pediros un coche que os recoja en una hora aquí, ¿vale?—dice, por detrás de la puerta.
—Vale—digo, y rompo a llorar.
Leaf. Mi pequeña Leaf. ¿Qué estaba pensando para hacer eso? El internet es para siempre. Me quito los restos de maquillaje de ayer, pero no me molesto en aplicarme alguna otra cosa. Me lavo la cara y salgo para encontrar a May con un mono. El que yo le regalé.
—Ponte esto—me dice—, ya le he dicho a Zoey que te mande las maletas a casa.
Asiento, y me cambio. Barry sigue dormido. Me pregunto qué le dirá Paul cuando nos vayamos, si es que le dice algo. Pero ahora no es tiempo de pensar en Barry.
Me imagino que Zoey ya le habrá contado a May la noticia, por lo agitada que parece ella también. Hace sus maletas a una velocidad impresionante, y ni siquiera se preocupa por el desayuno. El coche está delante del hotel antes de lo esperado, pero lo agradecemos. Nos da igual todo, tan solo queremos llegar a casa y poner fin a esto.
Me despido de Paul con la mano, y murmuro un último "gracias". May hace lo mismo y subimos al coche. Negro, ventanas tintadas. Los recuerdos de ayer parecen tan lejanos esta mañana…
Llegamos a Twinleaf después de la hora de comer, pero ninguna de las dos tiene hambre. En el coche nos hemos servido de patatas fritas y galletas que hemos devorado por pura ansiedad. El aroma a hojas secas y a hierba fresca que tanto me encanta apenas hace efecto en mí esta vez. Abro la puerta de casa, y me sorprende no encontrar a mamá aquí. May busca a Leaf abajo, pero yo me figuro que está arriba, así que subo las escaleras casi corriendo.
—¿Mamá?—oigo una voz. Leaf.
La encuentro en su habitación, tirada en la cama. En cuanto me ve, se levanta y se estira.
—¿Qué quieres?—dice, con desgana.
—Quiero que me expliques qué estás haciendo—le digo, intentando mantener la calma.
—Estoy tirada en la cama sin hacer nada. ¿No era eso lo que querías, que fuera una chica responsable?
¿Responsable? Leaf es de todo menos eso ahora mismo.
—¿Podemos hablar?—digo, mordiéndome la lengua.
—No me interesa. Ya dijiste lo que tenías que decir.
—Leaf, esto es serio. ¿Creías que no nos íbamos a enterar?
—¿Y por qué me iba a importar eso?—replica—No todo gira en torno a ti, Dawn.
—¡Esto no va sobre mí, sino sobre ti! ¿Cómo pudiste pensar que era buena idea?
—Mira Dawn, no sé de qué me estás hablando, pero vete.
—¡Sabemos lo de Gary!—grito, más alto de lo que debería.
—Lo que pase entre Gary y yo no es asunto tuyo.
—¡Lo es si lo subes a internet para que todo el mundo lo vea!
—NO ME GRITES—explota—. No sé que es lo que te pasa, pero creo que te has vuelto loca, y no quiero tenerte cerca.
—Claro que estoy loca—digo, tras respirar hondo—. Sé que Gary puede resultar convincente, pero no me entra en la cabeza qué podías estar pensando.
Instintivamente, le tiendo el móvil. La cuenta atrás, aunque no tiene sonido, parece que hace tic-tac. Esperando una explosión.
—Leaf, puede que ahora no te importe… Pero esto va a estar aquí para siempre.
Leaf sigue con la vista fija en la pantalla de mi teléfono.
—¿Leaf?—pregunto, y entonces alza la cabeza.
—Esto es una broma, ¿verdad?
Inhala de manera cortante y empieza a reírse histéricamente.
—Tú, o May, o Gary… Esto es una broma.
Y siento que la realidad me abofetea en la cara: no lo sabía. Por supuesto que no lo sabía.
—Leaf, yo…—digo, intentando coger el móvil. Ella se aparta de mí al instante.
—Esto no es real, esto no puede ser real. Gary me quiere, nunca me haría esto. Él…
Ya no sé qué decir. Ha entrado en un bucle, y creo que yo también. Entonces entra May, intentando poner buena cara. Yo le hago una señal y va a abrazar a Leaf, pero mi hermana pequeña vuelve a apartarse.
—¡NO!—grita, y se va sollozando. Tengo que agarrar a May para que no vaya detrás.
—La he fastidiado—digo—. No lo sabía.
May se lleva las manos a la boca, y en ese instante, oímos a alguien abrir la puerta de casa. Mamá.
Ha pasado un día. Leaf no ha salido de su habitación desde ayer. No ha querido saludar a nadie, ni hablar con nadie, ni siquiera comer cuando alguien estaba cerca.
Quedan dos días y una hora. ¿Cómo se supone que tengo que reaccionar ante esto? Ni siquiera puedo hacerme a la idea de que alguien haya podido hacer esto. Me tumbo en la cama, agotada. Me fijo en los cambios que ha hecho mi madre para hacer de mi habitación una sala de yoga. Hay esterillas en el suelo y todos mis estantes se han convertido en una pecera y un jardín zen, porque según ella eso es un ambiente relajante. Al menos no ha movido la cama de sitio.
Me muerdo el labio inconscientemente. Si yo hubiera sido una buena hermana mayor…
—Dawn—dice May, llamando a la puerta—, te traigo un Porcelado. Le he dejado uno a Leaf en la puerta.
—No creo que merezca un dulce ahora mismo—le digo, incorporándome.
—Todo el mundo merece dulces—dice, intentando sonreír—. No seas tan dura contigo misma. Nadie sabía lo que estaba haciendo.
—¡Por eso mismo! Debería haberla llamado, haber hablado con ella. Si lo hubiera hecho, nada de esto estaría pasando ahora.
—No vale la pena culparse por lo que no se puede cambiar, créeme.—dice, más para ella misma que para mí.
—¿Desde cuándo te has vuelto tan lista?—digo, con mi primera sonrisa desde que recibí la noticia.
—Es algo que viene de serie cuando eres la hermana mayor.
—Pues entonces yo soy defectuosa—replico—. ¿Cuándo vuelves a Hoenn?
—En realidad…—empieza, y tras dar un suspiro, continúa— No creo que vuelva en un tiempo. Mi jefa me necesitaba allí, pero yo no podía perderme tu gran noche. Me dijo que si me iba no tendría un trabajo a la vuelta, así que…
—May…—la digo mientras la abrazo— Deberías haberte quedado.
—¿Y dejarte tirada? ¿Te imaginas lo que hubiera pasado si no estuviera aquí ahora?
Suspiro. May es como el pilar que nos mantiene unidas.
—Además—dice—, tampoco es como si fuera un trabajo que querría mantener siempre. Me gusta cocinar, y lo hago bastante bien, pero mi sueño nunca ha sido tener un restaurante o montar mi propio programa de cocina.
—¿Vas a volver al mundo de la coordinación?—pregunto, intrigada.
—No creo—dice, negando con la cabeza—. Eso se lo dejo todo a Drew. Pero he vuelto a escribir esas obras que hacíamos de pequeñas…
—¿Tus musicales?—digo, intentando pasar por alto la mención de Drew. Debería decirle que le he visto, pero no quiero herirla de ninguna forma. Ya estamos lo bastante rotas.
Ella asiente.
—En realidad estoy contenta de que estés aquí—admito—, aunque suene un poco egoísta. Leaf te escucha, y a mí… A mí no creo que quiera verme. En fin, seguramente tampoco sabría qué decirle. Todo lo que hago empeora las cosas.
—Dawn, ¿has hablado con alguien sobre ella?
Niego con la cabeza.
—Leaf te escucha—dice—, nos escucha a las dos. Pero creo que a veces nos olvidamos de escucharla a ella. ¿Por qué crees que se fue?
La verdad, ahora mismo no tengo ni idea. Pensaba que se había ido por nuestra discusión, pero puede que no sea así realmente.
—Yo me iba a ir, y tú también. Aquí vivía como la sombra de sus hermanas, y todos la conocían como la hija pequeña de Johanna Berlitz. Quería ser algo más, quería ser ella misma.
—Quería alejarse de todo y hacer algo que fuera suyo y de nadie más—comprendo.
—Por Arceus—se ríe May—, sois tan parecidas…
—¿En qué clase de mundo vives?—le digo, dándole un pequeño codazo— No nos parecemos en nada.
—Uno en el que tengo dos hermanas increíblemente cabezotas que no aceptan ayuda fácilmente y que no quieren demostrar debilidad en ningún momento. Que se callan sus problemas e incluso intentan huir de ellos.
La sensación de fracaso me azota de golpe, pero intento sonreír.
—Leaf nos quiere a las dos, y nos necesita.
—¿Pero qué quieres que haga?—digo, y noto que mis ojos se vuelven vidriosos— Ni siquiera nos habla.
—A veces simplemente hay que estar ahí. Intentar que mamá no saque el tema de conversación y dedicarle una sonrisa.
Mamá no sabe nada del tema, así que en el momento menos apropiado pregunta a Leaf cualquier cosa sobre Gary. Ella intenta sonreír y se disculpa educadamente casi todas las veces, diciendo que necesita ir al baño. Pero todas sabemos que es cuestión de tiempo que se entere, o que alguna de nosotras explote.
—A veces me siento tan inteligente—admito frente a May—, tan lista, como si lo supiera todo. Como si pudiera calar a alguien solamente con la mirada. A veces pienso que analizo las cosas detenidamente y de forma objetiva, que los viajes que he hecho en mi vida han contribuido en algo. Pero luego pasan estas cosas y…
—Y te bloqueas—acaba May, asintiendo con la cabeza—. Me pasa lo mismo.
—No—replico—. Tú no vas de lista por la vida. ¿Sabes cuántas veces me he equivocado este año?
—Equivocarse no es malo, Dawn.
—Sí cuando por tu culpa ocurren estas cosas. Yo le tenía que haber dicho algo…
—Tampoco es como si te hubiera escuchado—dice una voz que no es la de May. Las dos nos giramos y vemos a Leaf, arropada en una manta y con la cara roja de estar llorando.
—¿Qué haces aquí?—pregunta May, abrazándola.
—Nada, yo… No debería estar aquí.
—Espera—decimos al unísono.
—No queremos que te vayas.
—¿Por qué? Ellos sí.
—¿Quiénes son ellos?
—Zoey, Kenny, Ash, Misty, Paul… Todos ellos. ¿Crees que no me imagino lo que están pensando ahora de mí? "Leaf, estás siendo demasiado dramática" o "Leaf, has alejado a tus hermanas a propósito de un sitio en el que eran felices" .
—Nadie está pensando eso—le aseguro.
—Y no hay otro sitio en el que queramos estar más que aquí contigo—repone May.
—La cosa es que no deberíais estar aquí. Si no fuera porque yo me comporté como una fracasada irresponsable nada de esto hubiera pasado. Cómo pude pensar… Que me quería.
—Leaf, tranquila. Vamos a hacer todo lo posible para solucionar esto.
—No hay nada que solucionar—replica—. Yo le quería. Él a mí no. ¿Por qué no me quería?
Su última frase es un susurro que amortiguamos con un abrazo.
Mi pequeña y bonita Leaf me destroza el alma con cada palabra. ¡Nos leemos!
