¡Hola! Un nuevo capítulo de Orgullo y... ¿pokémons? recién sacado del horno ^^.
Como ya sabéis, ni pokémon ni nada relacionado con la obra de Jane Austen me pertenecen.
EDITO: No sé cómo, pero había subido dos veces el mismo capítulo. Lo siento por la confusión ^^".
La cuenta atrás marca 1 día y 5 horas para el final. Es lo primero que pienso cuando me despierto. La habitación que una vez fue mía ahora parece la de un extraño, y apenas sé dónde guardar mis cosas. Me pongo las zapatillas para bajar a desayunar. Mejor empezar pronto que lamentarse más tarde, ¿no?
Cuando llego a la cocina, veo que Leaf está ahí. Intento dar la vuelta pero es demasiado tarde. Me ha visto. Ahora correrá a volver a su habitación, a taparse con la manta y esperar que el mundo se acabe antes que ese maldito reloj.
Pero eso no es exactamente lo que pasa. De hecho, Leaf se acerca lentamente y me abraza.
—Ya no está—me susurra.
—¿Qué?—pregunto.
—La web, la cuenta atrás… La han cerrado.
La miro a los ojos, y sé que está diciendo la verdad.
—Eso…—empiezo—¡Es genial! ¿Quién lo ha conseguido?
—No pone nada—me dice, mientras me enseña la web en el móvil—, está en blanco.
—Gracias, gracias, gracias—digo al cielo. O al techo, en este caso. En ese momento, sale May con el pelo aún mojado de la ducha matutina.
—¿Qué pasa?—pregunta, cogiendo un pastel y llevándoselo a la boca.
—Han cerrado la página web—digo, y casi escupe.
—¿En serio?
—Sí, ya no… No está—dice Leaf, con la primera sonrisa sincera que le veo desde hace tiempo.
May hace la misma pregunta que yo y Leaf le responde igual antes de subir al piso de arriba. Por fin reconozco a mi hermana cuando la miro, vuelve a tener ese brillo en los ojos que le faltaba estos días.
—Al final no me has contado qué tal en Veilstone—me dice May, cuando nos quedamos solas.
—Bien—respondo rápidamente—, estuve diseñando, quedé con los chicos y poco más.
—¿Con Paul?—pregunta, alzando una ceja.
—Sí—digo—, y con los demás.
Ella se ríe.
—En realidad hay algo que debería decirte—confieso—. Cuando estaba en Veilstone, me encontré con Drew.
—Oh—es lo único que logra musitar.
—Preguntó por ti y le dije que si quería saber algo mejor te preguntase a ti misma, pero puede que le dejase entrever que seguías soltera. No sé si pilló la indirecta, pero…
—Oh—repite.
—¿Puedes decir algo más aparte de eso?—le pido—. Le dije que te llamara, ¿lo ha hecho?
Ella niega con la cabeza.
—Supongo que es así es como debería ser—dice—. Soy una persona distinta ahora, y aunque no tenga trabajo, no voy a parar hasta que mi nombre esté en un guión.
—Te veo muy segura de ti misma—comento.
—Digamos que mi hermana me ha inspirado en perseguir mis sueños por encima de todo.
Sonrío, y entorno los ojos.
—No digas tonterías—le digo—. Voy a ver cómo está Leaf.
May se levanta para acompañarme, pero en ese momento entra mamá por la puerta.
—May, hija—dice, acercándose a ella—, no me habías dicho que el señorito Hayden había vuelto.
¿Señorito Hayden? ¿Acaso Drew había vuelto?
—¿Drew?—pregunta, alzando la cabeja.
—¡Sí!—asiente mamá, emocionada—¡Estoy segura de que ha venido a por ti!
—¿Se lo has preguntado?—interrumpo, antes de que May pueda decir nada. Lo último que quiero es otro corazón roto.
—No—admite—, ¿pero qué otro motivo iba a tener?
—Tiene una casa aquí—responde May—, es lógico que venga.
—¡Y por eso le he invitado a casa!
—No creo que esa sea una buena idea—digo, cruzándome de hombros.
—¿Por qué no?—pregunta, aparentemente ajena a nuestros pensamientos— Será la ocasión perfecta para que May y él puedan hablar y arreglar las cosas.
—No hay nada que arreglar—dice May, antes de subir por las escaleras—. Voy a ver a Leaf.
—¿Qué os pasa últimamente con Leaf? Primero queríais darle autonomía y ahora no la dejáis sola ni una hora…
—Las cosas cambian, mamá—digo—. Voy a ver si hay alguien en casa de Drew.
—¡Por fin una de mis hijas entra en razón! Dile que venga esta noche.
—Sería mejor intentar convencerle de que no lo haga—murmuro para mis adentros antes de cerrar la puerta tras de mí.
—Dawn, ¿decías algo?—dice una voz que no es la de mi madre. Alzo la cabeza para encontrarme con el pelo verde de Drew Hayden.
—Drew—digo, tragando saliva—. Te estaba buscando, en realidad.
—Yo estaba buscando a May—dice, como avergonzado.
—Está muy ocupada—digo rápidamente—. Será mejor que la esperes mientras tú y yo hablamos.
—Dawn, ya sé que…
Le empujo suavemente hacia el pequeño estanque, donde hay unos bancos para sentarse. Me siento y él hace lo mismo, así que le digo que continúe.
—Ya sé—repite— que te dije que iba a pensarme lo de llamar a May. Y de verdad quería hacerlo, pero… No sé, creo que se merecía algo más que una llamada telefónica. Así que he venido en cuanto he oído que estabais todas aquí.
—Paul te lo ha contado—suspiro.
—Creo que mi desesperación le estaba volviendo loco—se ríe—. Nunca ha sido muy bueno dando consejos, pero quiere lo mejor para mí.
—No tienes ni que decirlo—le digo—. Ya sé que te importa mucho la opinión de tu amigo, pero ¿por qué dejaste que influyera tanto en tu decisión sobre May? Ni siquiera le diste una oportunidad de explicarse.
—No creo que sea muy importante el por qué…—dice, nervioso.
—Porque Paul dijo algo sobre que flirteaba con otros chicos y sinceramente, no hay nada más lejos de la realidad. Así que, ¿qué pasó esa noche?
—No lo sé.
—¿No lo sabes?—digo, cabreada—¿Así que Paul dice que May flirteaba y tú asientes como un bobo y decides irte a la mañana siguiente sin haber comprobado nada?
—No lo sé—repite, y suspira antes de añadir—, porque no he hablado con ella aún.
—Oh.
Ahora soy yo la que queda como una boba y estúpida. Él solo quiere arreglar las cosas y yo no hago más que ponerle pegas.
—May está arriba—digo, abriéndole la puerta de casa. Él me sonríe y sube las escaleras de dos en dos.
—¿Y eso es todo lo que pasó?—le pregunto a May—¿Ni siquiera suplicó?
—Creo que estás muy empeñada en que la gente suplique.
—Después de todo lo que te hizo pasar, debería haberse puesto de rodillas—digo, con una sonrisa.
Drew está oficialmente invitado a todas las cenas y comidas de esta casa, y mamá no puede estar más feliz. Aunque May le ha repetido constantemente que de momento solamente son amigos, ella la ignora y sigue en su mundo feliz. Creo que es mejor así, de todas formas. Cuanto menos tiempo pase en el mundo real menos probable será que se entere de lo de Leaf y Gary. Y al estar tan concentrada en su hija mayor, ya no le pregunta por él tanto como antes.
—No seas mala—me dice May, propinándome un ligero codazo.
—Si no ha venido para rogar ni una sola vez, ¿qué hace aquí?—digo en broma.
—Estás empezando a sonar como mamá—me advierte May, y luego añade—. Pero está bien que haya vuelto. Así no tengo que preocuparme de los continuos "¿y si… nos encontramos en Hoenn", "¿y si… no quiere verme?" o "¿y si… verle sigue doliendo?"
—¿Te preguntabas eso a diario?—pregunto, y ella asiente—. Tenías que habérnoslo contado.
—No es para tanto—dice, esbozando una sonrisa—. Lo que sea que tenga que pasar, pasará. Y si Drew y yo estamos destinados a ser amigos, le recibiré con los brazos abiertos.
—¡Y las piernas!—exclama Leaf, entre risas. Normalmente, cualquiera de nosotras le hubiera dicho algo, pero ahora sienta tan bien oír su risa…
—Ahora en serio—le digo a May—, ¿qué crees que hace Drew aquí? Está claro que…
—Creía que después de todo lo que ha pasado ibas a intentar no intervenir en los asuntos de otros—me recuerda.
Me encojo de hombros. ¿Cómo no puede ver que Drew sigue enamorado de ella? Quizá no quiera verlo… May ha cambiado y ahora es una persona diferente. En el fondo, sigue siendo la May que todos queremos y conocemos, pero es un persona mucho más segura de sí misma. Y quizá intente demostrarse que no necesita a Drew para triunfar, lo cual es totalmente cierto. Pero no creo que se dé cuenta de que Drew no quiere más que apoyarla en su futuro, y no frenarla.
De pronto, suena el teléfono. Al principio pienso que es el mío, pero May descuelga el suyo y se levanta casi al segundo. Sube las escaleras y me quedo sola.
—¿Tú qué crees, Piplup?—le digo a mi pokémon, que ha escuchado la conversación anterior.
—Piplup pip—dice, encogiéndose de hombros.
—Yo creo que Drew tenía sus propios "y si…" también. Todo el mundo los tiene, ¿verdad?
Piplup asiente.
—¿Y si las cosas hubieran sido diferentes?, ¿y si hubiera habido más tiempo?, ¿y si han seguido adelante?, ¿y si hemos perdido nuestra oportunidad?
Piplup me mira, y alza una ceja.
—Quería decir han. Y si han perdido su oportunidad.
Parece a punto de decir algo, pero oigo la voz de May y me levanto.
—Dawn—me llama, y subo las escaleras. Está en el pasillo, entre mi habitación y la suya. O entre lo que queda de mi habitación y la suya, mejor dicho.
—Me voy a Unova.
—¿Qué?—le digo, extrañada—, ¿cuándo?
Detrás de ella, Leaf sale de su habitación, con el pelo despeinado y un simple mono a rayas.
—Envié varios guiones a la productora de Pokéwood y quieren que trabaje como guionista amateur. Me han ofrecido un piso con otros compañeros, un buen sueldo… ¡Y me mudo!
—Eso es… iGenial!—exclamo, abrazando a mi hermana. Leaf se une al abrazo por detrás.
—¿Y no vas a suplicarme que me quede?—dice, riendo.
—El único que tiene algo que suplicar va a llegar en media hora, así que deberías vestirte—le aconsejo.
May se sonroja levemente y cierra la puerta de su habitación detrás de ella.
—Bien hecho, sis—dice Leaf, chocándome los cinco.
—Es genial tenerte de vuelta, sis—le digo yo.
—¡Soy la imparable Leaf! Tan solo estaba teniendo mi época emo.
Sé que le está intentando quitar importancia al tema, así que entorno los ojos.
—¡No hagas eso!—dice, e inmediatamente después se pone seria— Gary me ha llamado.
—¿Y qué te ha dicho?
—No le he cogido el teléfono. Es como la novena vez que me llama en esta semana.
—¿Y piensas hacerlo en algún momento?
Ella niega fuertemente con la cabeza.
—Creo que deberías escucharle.
—Creía que eras del team-odio-a-Gary.
—Últimamente me he dado cuenta de que el término odiar es bastante fuerte…
—¿Ahora te vas a hacer hippie?
—Te lo digo en serio, Leaf. No vale de nada huir de tus problemas. Van a acabar volviendo.
Ella se muerde la lengua.
—No me apetece repetir lo que pasó el día de mi cumpleaños.
—A mí tampoco—le aseguro—. Haz lo que quieras.
—¡Siempre que alguien dice eso significa que haga lo que me ha mandado!
—O no—le digo, abriendo la puerta de mi habitación—. Leaf, es tu vida.
—Pero tú también formas parte de ella.
—Y no por eso dependes de la opinión de nadie—le digo—. Lo sé por experiencia. Mira a Drew, ha seguido los consejos de Paul y le ha llevado a perder a May.
—¿No te estás contradiciendo?
Touché.
—Lo importante es que yo tengo mi punto de vista y tú el tuyo. Lo único que puedo hacer es decirte lo que yo haría si estuviese en tu lugar, pero no puedo manejar tu vida como si fueras mi muñeca.
—Nadie puede manejar a Leaf Berlitz.
—Mamá puede manejar a Leaf Berlitz—le recuerdo.
Ella parece que va a replicar algo, pero finalmente se queda callada.
—¿Me puedes ayudar a hacerme algo en el pelo?
La miro de arriba abajo y asiento.
—Que conste que solamente te he preguntado a ti porque May está ocupada—dice, sacándome la lengua.
—Hay cosas que nunca cambian, ¿verdad?
—Como las razones por las que Dawn Berlitz sigue soltera—se ríe.
Mi pobre Leaf... Es demasiado pura para este mundo #cinnamonrollquehayqueproteger
