Capítulo 3
Los días pasaron con normalidad. Las chicas no se habían vuelto a ver después de la boda. Pero Natsuki mantuvo contacto con Viola, pues la niña la consideraba una amiga además de que todavía tenía preguntas que quería discutir con la peliazul.
Un día en particular, estaba Natsuki en su florería acomodando algunas macetas, cuando un hombre entro.
- Hola – saludo Natsuki con cordialidad.
- Hola, tiene que ayudarme, necesito una flor, solo una, una buena, la mejor – hablo rápidamente el hombre.
- De acuerdo – respondió la peliazul.
- Es mi última oportunidad – el hombre se denotaba un poco desesperado – una última flor –
- ¿Ultima oportunidad? –
- Lo arruine, solo una flor puede salvarme – Natsuki asintió con entendimiento, no sería la primera vez que un hombre va por eso - ¿Qué tal una rosa roja, que le diría? –
- Amor –
- Amor es lindo, eso funciona – pensó el hombre en voz alta.
- Infidelidad – continúo Natsuki, y por la expresión del hombre supo que esa era la razón.
- Entonces una rosa no – dijo, para luego seguir observando las demás flores.
- No, ninguna rosa, es obvio – le informo Natsuki – si es la última oportunidad debemos buscar algo espectacular – prosiguió mientras se disponía a buscar algo adecuado.
Justo en ese momento una castaña de ojos carmín apareció, se quedó de pie en la puerta del local mientras golpeaba ligeramente intentando captar la atención de la ojiverde que le daba la espalda.
- Un momento – respondió Natsuki mientras seguía de espalda buscando entre las macetas con flores. La ojirubi sabía que se exponía a mucho al ir a buscar a la peliazul, pero lo creía necesario.
- Ahh está bien – al momento de escuchar esa melodiosa voz, la peliazul dejo lo que hacía y se dio la vuelta inmediatamente, todos sus sentidos se enfocaron en la castaña.
- Hola – saludo con una muy hermosa sonrisa, a percepción de Shizuru, quien no pudo evitar devolverle el gesto.
- Hola – fue lo único que su mente pudo modular, pues todo su vocabulario se fue con esa sonrisa.
- ¿Cómo estás? – la peliazul debía recordarse a sí misma que Shizuru era una mujer casada.
- Bien, genial. Ahm, yo solo… – respondió la castaña aun nerviosa y se recordó para que había ido, por su lado el hombre salió de la tienda a revisar las opciones que había fuera de esta – vine a darte las gracias –
- Fue todo un placer –hablo con simpleza, hasta que la razón la hizo reaccionar – lo siento estoy atendiendo – dijo señalando al hombre que estaba viendo las flores en el ventanal.
- Si, por supuesto – contesto haciéndose a un lado.
- ¿Cuál es tu flor favorita? – pregunto el hombre a la castaña.
- Ara, no lo sé, las lilis, creo – el hombre lo pensó un poco exclamo un "eso no" y siguió buscando.
- ¿Qué tal está, un ave del paraíso? – le hablo Natsuki sosteniendo una flor de tallo largo con pétalos alargados color naranjo que simulaban las alas de un ave.
- Sigue hablando – pidió el hombre un poco interesado.
- Nombre Strelitzia, eso viene por Charlotte Strelitz, se casó con el rey Jorge tercero, tuvo 15 hijos, jamás pasaron una hora separados y… - ella continuo su charla mirando a Shizuru todo el tiempo, quien le sonreía.
- Esta bien ya no hables – hasta que el hombre la corto, sintiendo que eso era demasiado para lo que él requería, y se dispuso a seguir buscando la flor "perfecta".
- ¿Quieres ir a cenar? – le pregunto Shizuru en un impulso, queriendo calmar sus latidos acelerados.
- ¿Qué? – frunció su ceño no queriendo malinterpretar nada.
- Cenar con nosotros, con Reito y conmigo – se apresuró a aclarar sin saber realmente porque – bueno tu no… –
- Me encantaría – respondió Natsuki, sabía que la opresión en su pecho volvería al ver a los recientes esposos juntos, pero prefería estar cerca de la castaña aunque sea como amiga.
- ¿En serio? – Shizuru se sintió más relajada con su respuesta – Amm, ¿el viernes? –
- Si, el viernes por que no – respondió con una sonrisa.
- Genial te anotare la dirección – la castaña saco un papel para anotar. Estaba en eso cuando el hombre exclamo desde afuera "perfecta" para luego entrar a la tienda emocionado.
- Quiero esta – dijo sosteniendo un cactus – esta es la flor de mi oportunidad – saco un par de billetes del bolsillo de su camisa – deséame suerte –
- Suerte – le deseo sinceramente Natsuki, sabiendo que realmente la iba a necesitar.
Momentos después, estaban Shizuru y Reito en una subasta, buscando un sofá que desde hace tiempo querían.
- Tienes que verlo directamente a los ojos – aconsejaba el pelinegro a su esposa, mientras caminaban observando todas las cosas de la subasta – eres más impactante que yo –
- Ara claro que no – respondió la susodicha - ¿a quién mirare? –
- A quien quiera el sofá –
- No podrán tenerlo es mío –
- Nuestro – corrigió Reito.
- Nuestro – repitió la castaña.
- Si esta debajo del límite 200 libras – informo el pelinegro
- ¿Por qué necesitas un límite? –
- Con limite sino te volverás loca –
- Claro que si ese sofá es mío –
- Nuestro – volvió a corregir, mientras tocaba una antigua máquina registradora haciendo que de esta sonara un timbre corto ganándose una mirada con ceño fruncido de parte del subastador.
- Nuestro – se volvió a repetir la castaña.
- Si esta debajo del límite – el subastador decidió ignorarlo y siguió con la subasta.
- Invite a alguien a cenar el viernes, a la florista Nat, Natsuki como sea – informo Shizuru –
- Genial, yo cocinare –
- Por favor no – suplico la castaña con una sonrisa burlona, su esposo era bueno para muchas cosas, excepto la cocina.
La primera subasta termino y empezó la del sofá que tanto querían.
- Bien es el nuestro – anuncio Reito para después dirigirse al objeto y tomar asiento en el. La subasta inicio.
- La invite porque tengo un plan – dijo la castaña ya sentada –
- Oh no – murmuro este sabiendo los "planes" que se le ocurría a Shizuru para meterse en la vida ajena.
- Podemos invitar a Yui – siguió relatándole su "brillante" plan –
- Gran idea, pero no sería mejor no hacerlo, no deberíamos – quiso hacerla entra en razón antes de que se emocione – mejor tu y yo los llevaremos a conocerse –
- Ara yo creo que son perfectos el uno para el otro, ¿no crees que lo sean? – dio su punta de vista lógico, sabiendo dentro de ella que eso no era cierto, pero prefería que la peliazul fuera la novia del mejor amigo de su esposo así podría tenerla cerca, y los raros sentimientos se irían.
- Tu mirada no la quites – Reito estaba más concentrado en que la subasta llegara a la cantidad requerida que en lo que decía su esposa - ¿Quién? – refiriéndose a su pregunta anterior.
- Natsuki y Yuichi, creo que son perfectos –
- Él dijo que le hizo una promesa en la boda antes de irse – Shizuru se palmeo la pierna, creyendo que sería más fácil de lo que creía.
- Te lo dije se gustan – celebro Shizuru.
- De acuerdo – murmuro Reito al notar que ya casi llegaban al límite.
- Es gracioso, fui a verla para agradecerle lo que hizo en la boda – la castaña decidió sacar los pensamientos que había tenido últimamente mientras miraba a la nada.
- Aun no – Reito seguia concentrado en la subasta. –
- Te ha pasado que conoces a alguien y… sientes como si fuera a ser tu amigo - sonrió Shizuru –
- Casi llega – dijo Reito a punta de levantar el cartelito de su mano (no sé cómo se llaman esas cosas).
- No sé porque, o en una vida pasada, fisionomía… – siguió la castaña sin percatarse que no era tomada en cuenta – pero por alguna razón tienes química – Reito estaba a punto de ofertar cuando otro hombre, dio 210 haciendo que se pase del límite.
- Maldición – fue lo único que pudo decir.
- No sé qué estoy diciendo, ¿sabes de que hablo? – volteo hacia su esposo.
- Lo perdimos amor, el sofá – la miro esperando la reacción de la castaña, que solo se quedó observándolo sintiéndose un poco perdida.
- ¿Qué? – pregunto.
- Paso el límite – respondió el pelinegro. Shizuru inmediatamente le quito el cartelito de la mano y se puso de pie.
- 400 – grito haciendo que todos voltearan a verla, y la sala quedara en silencio.
- ¿400? – pregunto el subastador para confirmar, esa sería la mejor oferta hasta ahora, mientras Reito se tragaba el reclamo que quería dar y simplemente se resignó.
Por otro lado, estaba Natsuki llegando a su casa con un ramo de flores en la mano.
- ¿Qué haces? – pregunto a su madre, que estaba acostada en el sofá de la sala leyendo una revista.
- Vivo aquí, ¿Qué haces tú? – respondió simplemente, la "cariñosa" mujer se llamaba Saeko Kuga, ella ya sobrepasaba los 50, su cabello corto azulado dejaba ver unas cuantas canas, su piel blanca tenia las arrugas típicas, pero si había algo que no había podido cambiar el tiempo eso era sus ojos verdes, estos siempre solían demostrar seguridad y fortaleza, y si bien ahora se le veían cansados, no quitaban su gran profundidad.
- Soy una persona muy ordenada – comento la peliazul menor al observar los diversos libros regados por el suelo – deberías estar vestida mamá – dijo al observar a su madre aun en pijama.
- Lo estaba me preparo para dormir –
- Son las 5 dijiste que saldrías esta noche –
- No, tú dijiste que yo saldría – respondió con simpleza – ¿ya terminaste de trabajar? –
- Voy a salir –
- ¿Una cita? – Pregunto Saeko con una sonrisa – mi hija tiene una cita – prosiguió con felicidad, ya sabía de las preferencias de su hija, pero no le veía problema, lo único de que lo que se quejaba es que Natsuki nunca le había presentado a alguien formal.
- No – bajo las ilusiones de su madre – pero tu podrías tener una – le recomendó, su madre no había salido con nadie desde que su padre la abandono hace 1 año. Saeko solo suspiro ante la insistencia de su hija, mientras Natsuki se dedicaba a colocar las flores que había traído en un florero con agua.
- Bailes, grupos de lectura, jugar cartas, intentos trágicos de viejos moribundos que quieren conocer a alguien antes de dejar este mundo – respondió con sorna ante su sugerencia, Natsuki solo sonrió resignada – todos buscan amor, pero no lo encontraran ni tampoco tendrán sexo, esos hombres son tan ancianos que sería como jugar baloncesto con una cuerda – Natsuki rio ligeramente ante la comparación de su madre – son personas tristes –
- Tu lo estas – le dijo Natsuki sentándose en el respaldo del sofá.
- No, estoy deprimida, es diferente – le aclaro dándole golpecitos en los muslos.
- Deberías tener una vida – irónico que eso mismo le haya dicho Nao – en serio – de pronto no supo si eso se lo decía a su madre o a ella misma.
- Si, lo sé – respondió Saeko acariciando tranquilamente el muslo que había golpeado antes.
Ambas se quedaron en silencio, pensando en sus respectivas situaciones, mientras en un edificio ejecutivo alguien tenía una conversación muy reñida por celular.
- Sergey te prometo que ese es el número, tienes que creerme… - el que hablaba no era nadie más que Takeda, que caminaba hacia el cubículo de Reito con el mismo caminando detrás de el – vamos Sergey no seas así somos amigos ¿no?… si me agradas… me creerías si Reito te lo dice… si – dicho esto le paso el celular al mencionado – muchas gracias – dijo para después dirigirse al ventanal que tenía una vista privilegiada en lo que el pelinegro contestaba el celular.
- Hola Sergey… si lose es extraño pero créeme… si de acuerdo… adiós – colgó, y después suspiro con hastió – está hecho –
- Lo ves, la "verdad" nunca falla – dijo su jefe admirando la vista.
- Si, excepto que no es cierto – dicho esto le lanzo el celular a su jefe de modo que este logre atraparlo, odiaba ese maldito trabajo.
Buenas noches a todas, quiero aprovechar para darle las gracias a las que han comentado así como las que simplemente leen la historia.
Vale: realmente quisiera tomar tu sugerencia, pero como puse en el summary yo soy nueva en esto y no quisiera que mi inexperiencia arruinara la bella historia que se da, aun así gracias por comentar.
