¡Bienvenidos a un nuevo capítulo de este fic! El final se acerca... en 3 capítulos más ^^"
Como sabéis, ni la obra de Jane Austen ni pokémon me pertenecen, así que retomemos la historia por donde la habíamos dejado (con Úrsula siendo paranoica).
—Úrsula, estás loca—le digo.
—¡Tengo hechos probados!—grita, con los puños cerrados—. Primero, le ignoras para que te desee. Después, le rechazas. Y vas a Veilstone a quedarte en su hotel para que no pueda olvidarte nunca jamás. Eres una egoísta, Dawn Berlitz. Él se merece algo mejor.
—Yo no he hecho nada de eso a propósito—digo, intentando defenderme—. Ni con esos fines.
—¡Olvidó sus responsabilidades para ayudarte con ese maldito desfile y compró una compañía entera por tu hermana! Estás arruinando su vida, y su compañía. Fantina incluso ha pensado en quitar sus inversiones de Pemberley.
—¿Sabes qué, Úrsula?—le digo—. No está bien tomar a la gente por tonta, porque ninguno de nosotros lo somos. Fantina sabe que Pemberley es una compañía importantísima y que está dando muchos beneficios, y no me consta que quiera quitar sus inversiones. Paul es mayorcito también, y sabe perfectamente dónde se está metiendo. Y yo no soy la misma niña que conociste en un concurso pokémon, y sé cómo me tengo que enfrentar a personas como tú. Así que te agradecería que nos dejases a los demás vivir nuestra vida y aprovecharas tú la tuya, en vez de dedicarla a criticar a los otros.
Trago saliva, incapaz de asimilar lo fácil que me ha resultado soltar ese discurso. Es como si lo llevase tiempo dentro de mí y por fin haya llegado la hora de expulsarlo. La sensación de liberación me abarca mientras Úrsula se queda sin palabras durante unos segundos, pero pronto vuelve a la carga.
—Intento hacer lo que es mejor para mis amigos, cosa que tú no. Eres tan idiota que no sabes cuánto daño estás haciendo.
—Si fuera tan idiota estoy segura de que Paul me evitaría como a una horda de Zubats en una cueva—le espeto— ¿O es que piensas que Paul es tan fácil de manipular como crees que es Drew?
—¡Entonces admites que estás manipulándolo!—grita, una octava más alto de lo que debería.
—Estoy intentando vivir mi vida, cosa que tú no. Pero ya que hablamos de manipular, ¿no tienes nada que decir sobre la fiesta de Drew?
—No sé de qué hablas—responde demasiado rápido, y no me pasa desapercibido—. Celebré una fiesta por su cumpleaños, como es tradición, porque…
—Sabes perfectamente a lo que me refiero. Estuviste con May toda la noche, ¿qué pasó?
—¿Así que tu hermana nunca que te ha contado que besó a otro chico?
—Eso es imposible, y lo sabes—le digo, incrédula. May jamás…—. Tuviste que estar muy desesperada para…
—Paul lo vio—me corta, con una ligera sonrisa en los labios— Y no importa si estuviera muy desesperada o no, hice lo que tuve que hacer.
—Así que admites que tuviste algo que ver—concluyo, chasqueando la lengua.
—No voy a decir nada—termina—. Ya he visto que esta conversación no va a ninguna parte.
—Te debe de doler que después de todo, hayan acabado juntos—comento entonces, intentando aparentar naturalidad. La verdad es que en este momento lo que más deseo es verla comerse sus palabras. Por desgracia, no lo hace.
—Me duele que no vean que asociarse con gente como tú no es bueno.
Me llevo una mano a la frente.
—Úrsula, veo que no lo entiendes. ¿Sabes quién está a cargo de la vida de tu primo? Tu primo. ¿Y sabes quién está a cargo de la mía? Yo. Y puede que tengas la mejor intención del mundo, pero esto no se hace, y menos así.
En realidad dudo que tenga un ápice de bondad en el cuerpo, pero uno de los consejos más útiles que me ha dado mi madre ha sido que hay que sonreír a los enemigos, porque eso es lo que les mata. Úrsula se pone roja de rabia, pero por una vez no dice nada. Durante unos segundos nos quedamos mirándonos la una a la otra, sin saber muy bien qué decir. Pero quizá esta sea mi última oportunidad para zanjar el asunto, y aún no he rematado mi jugada.
—Te puedo invitar a comer, si quieres—le digo, forzando una sonrisa.
—No, gracias—dice, rechinando los dientes—. Tengo cosas que hacer, Dawn. Hasta otra, supongo.
Y así es, como se suele decir, el matarlos con la bondad. La veo alejarse, y solamente espero no verla más en mucho tiempo. Voy a volver a cerrar la puerta cuando veo a Gary y a Leaf acercarse.
—¿Ya se ha ido?—dice mi hermana, con una sonrisa.
Yo asiento. ¿Debería contarle ahora la discusión que hemos tenido? Con Gary delante, puede no ser la mejor idea, pero si ella insiste…
—Esa tía está pirada—asegura entre risas, y me hace olvidar todo en lo que estaba pensando—. Es peor que mamá, incluso.
Gary se ríe y entonces recuerdo que está aquí.
—¿Ya habéis hablado?—pregunto, desviando el tema.
—Un poco—admite él.
—¿Y bien?
—Lo que hizo Gary no estuvo bien—empieza Leaf—, pero yo tampoco soy perfecta. Y si de verdad le importo, tendría que darle una oportunidad para demostrármelo.
Miro a Gary, intentando saber qué está pensando. Pero tiene la mirada perdida, mirando a un punto fijo… La sonrisa de mi hermana.
—Y me ha dicho que me lo va a compensar con un viaje y mucho chocolate—dice. Gary entonces se da cuenta de lo que ha dicho y niega con la cabeza, pero Leaf pone ojitos. Su técnica es tan avanzada que Gary no puede evitar caer rendido ante su expresión triste.
—Si algo vuelve a pasar y estás involucrado—le amenazo—, te las vas a tener que ver con alguien peor que un Shinji. Las Berlitz somos peligrosas, recuérdalo.
Gary traga saliva.
—Lo tendré en cuenta.
—¿Podemos irnos ya?—dice Leaf, tirando de su brazo.
—¿A dónde?—pregunto yo—Hoy te tocaba hacer la comida.
—Pero queremos ver el lago—dice, poniendo morritos otra vez. Y normalmente no hubiera picado, pero tampoco veía a Leaf tan feliz desde hace un tiempo, así que asiento lentamente.
—Si vuelves tarde le voy a decir a mamá dónde estás y con quién, para que te persiga durante el resto de tu vida—le informo.
—¡Eso es cruel!—dice, alejándose.
—El que avisa no es traidor—digo, pero creo que no me oye.
Preparo unos macarrones que no son nada del otro mundo, pero el talento culinario es de May. De hecho, diría que casi todo el talento es de May. Yo ni siquiera tengo más diseños pensados para mi futuro como diseñadora, si es que es eso lo que la vida me depara. Hacía mucho que no pensaba en ponerme a diseñar otra vez, ahora que lo pienso. He estado tan ocupada con la vida de los demás que apenas he podido centrarme en la mía… ¿Pero quién me lo impide ahora? La casa está literalmente vacía, y no es como si tuviera algo más que hacer…
Subo a lo que queda de mi habitación y saco mi gran cuaderno. Paso las páginas mirando diseños anteriores. Cuando veo aquellos diseños negros y rasgados de Hearthrome, no puedo evitar reírme. Aquella sí fue mi época contra el mundo. Pero ahora volvía a ser yo, o mejor dicho, soy yo más que nunca. Cojo un lápiz y hago lo mismo que hacía de pequeña: Imaginar la clase de prenda que yo llevaría. Algo que yo llevaría a diario, en este mismo momento. Algo que yo llevaría si tuviera que ir a una gala repentinamente. Algo que llevaría siempre y de lo que no me cansaría nunca jamás. Y los trazos empiezan a hacerse por sí solos, hasta que tengo mi nuevo proyecto.
Una semana más tarde...
May llama todos los días a casa, y Leaf sigue viviendo aquí, pero últimamente no lo parece. Me encuentro sola en una casa vacía casi continuamente, así que lo único que me distrae es mi colección. Pero a veces resulta tan aburrido… Y Piplup se ha cansado del juego de la pelota, así que me paso las mañanas viendo programas de televisión que no me interesan mientras coso y remato bordados. Lo que decía: aburrido.
A veces me pierdo y empiezo a hablar sola, pero intento establecer un límite. No estoy tan loca. Aún no, al menos. Pero la última conversación con Úrsula sigue en mi mente. ¿Por qué estaba tan obsesionada conmigo? Puede que le guste Paul, pero él no ha demostrado sentir nada por mí en Veilstone ni nada parecido… A veces creo que me ocultaba algo debajo de esa máscara de superioridad, pero creo que pienso demasiado.
Y lo que Leaf dijo acerca de que había comprado la compañía por mí… ¿No me lo habría contado? Sé que Paul es una persona muy privada y se guarda las cosas para sí mismo, pero si lo estaba haciendo con alguna razón aparte de la obvia, querer ayudar, debería haber dado la cara, ¿verdad? ¡Ni siquiera sabría nada de esto si Leaf no hubiera hablado con Gary! Y si Gary lo sabe, y Paul sabe que Leaf ha hablado con Gary, entonces él sabe que lo sé, ¿no? La cabeza me da vueltas pensando en todas las posibles hipótesis y sus múltiples conclusiones. No le he visto ni he hablado con él siquiera desde que me trajo aquí su chófer, aquel día en Hearthrome.
Me gustaría que May estuviera aquí ahora mismo. Voy a sonar egoísta, pero es así. Además, en mi mente nadie puede juzgarme, salvo yo misma. Tampoco es como si alguien estuviera escuchando mis pensamientos… Si May estuviera aquí no estaría hablando sola. Me alegro de que esté en Unova con un trabajo genial y eso, pero su presencia me tranquiliza. Y ahora mismo necesito tranquilizarme.
Intento pensar en lo que diría May. Seguramente traería una taza de té de bayas y me diría que no me preocupase, pero tampoco arreglaría mucho las cosas. Me haría mi pastel favorito y veríamos concursos pokémon hasta que me olvidase de todo.
Ahora que lo pienso, últimamente todos han pasado de mí. Le he mandado varios mensajes a Ash y no ha contestado aún. Sé que está de viaje con Misty y todo eso, ¿pero no puede tomarse la molestia de responder? Quizá no tenga cobertura… Pero lo de Maylene no tiene excusa, ¿por qué no me ha dicho nada? Siempre solía mandarme mensajes e incluso una vez me encerró en una terraza para que hablase con Paul, y ahora de repente nada. Ha desaparecido. Es como si todos con los que estuve en Veilstone hayan seguido hacia delante sin mí, y sea una parte de su vida que no quieren conservar. O quizás Paul les haya dicho que se mantengan al margen de todo, ¿pero por qué?
Me vuelvo a remitir a lo de la página web. Puede que no quisiera que me enterase, y por eso todos me ignoran. Pero ya lo sé, así que ¿qué importa? ¿Qué debo hacer? Y si está enfadado o molesto, quiero saberlo. Creo que me voy a volver loca sin saberlo.
Me doy cuenta de que me estoy mordiendo las uñas. Tampoco he hablado con Zoey desde que literalmente le colgué el teléfono en las narices, pero no la culpo por no querer hablar conmigo. No fue mi mejor momento precisamente.
—¿Qué diría Zoey?—le digo a la nada, aunque sé exactamente lo que diría.
Zoey's pov
¡Pues claro que sabe lo que diría! Le diría "Dawn, sé que quieres mi ayuda, pero antes vas a tener que rogar. Porque me colgaste el maldito teléfono sin darme tiempo a terminar la frase siquiera". Entonces Dawn se pondría de rodillas y suplicaría por mi perdón, el cual le daría como buena amiga que soy… después de verla sufrir un poquito.
Luego le gritaría que está siendo una idiota porque esto NO ES EL SIGLO DIECINUEVE. Y si quiere saber qué piensa Paul de todo esto, debería preguntárselo ella misma. En serio, ¿a qué espera? El chico no va a aparecer subido a un Ponyta.
Posiblemente ella diría que no es tan simple, pero lo es. Le gusta comerse el coco con cosas absurdas y que no merecen la pena, por si no lo habéis notado ya. Si le dio su número de teléfono, es por algo. Uno no da su número a gente que no quiere que le llame, ¿no?
Dawn's pov
Sí, eso es exactamente lo que diría. Pero Paul me dio el número por si acaso, por si necesitaba contactarle en caso de alguna emergencia en el taller o… Algo.
Zoey's pov
¿Y qué es lo peor que podría pasar? ¿Que la ignorase, que no esté interesado en ella? ¡Drama! No es para tanto.
Dawn's pov
Pero eso no es lo que me preocupa. "¿Entonces qué te preocupa?", la puedo oír decir. La verdad, no lo sé. Lo que hizo por Leaf fue algo increíble. Algo tan increíble que nunca podré compensárselo, y no solamente económicamente hablando, que también. Siempre estaré agradecida por eso.
—No quiero que piense que por eso yo… Me conoce mejor que para pensar eso de mí, ¿verdad?
Espero una respuesta que no llega, lo cual es normal teniendo en cuenta que estoy hablando sola. Puede que Leaf tenga razón y sea un poco rarita.
—Supongo que solamente hay una manera de saberlo…—me digo, buscando el contacto de Paul— Y me vendría bien hablar con alguien ahora mismo.
Pulso el botón y espero a que descuelguen. Oigo uno, dos, tres y hasta cuatro bips hasta que suena el contestador de voz.
—Hola, Paul—digo, nerviosa, después de la señal. Nunca se me ha dado demasiado bien dejar mensajes de voz—. Soy Dawn, por si no lo habías notado. Cuando puedas… Si puedes, claro, ¿podrías llamarme? Me gustaría que… hablásemos, o algo.
Cuelgo inmediatamente. Este es definitivamente el mensaje de voz más incómodo del mundo.
Me encanta tener a Zoey de vuelta, aunque solamente sea en la mente de Dawn xD Y ese mensaje de voz... ¿opiniones?
