¡Hola! Como es habitual, nuevo capítulo de Orgullo y... ¿pokémon? Al menos, hasta dentro de dos semanas ^^" Me da pena que esto llegue a su fin u.u

Como siempre, ni pokémon ni nada relacionado con la obra de Jane Austen me pertenecen.


Las navidades se acercan, y con ellas, mi cumpleaños también. Mañana cumplo los diecinueve, pero parece como si hubiera pasado toda una vida. Sobre todo desde que le dejé aquel mensaje a Paul, que cómo no, no respondió. Por supuesto, no he vuelto a intentarlo, al menos después de comprobar lo estúpida que soné la primera vez. Quizá por eso no me haya llamado. "No", me repito a mí misma, más veces de las que me gustaría reconocer. Hay muchas otras razones por las que alguien no te llame, y mucho más razonables. Puede que no haya oído el mensaje todavía, porque al fin y al cabo es un hombre ocupado. Puede que sí que lo haya oído, pero no haya tenido tiempo para… Al final, mi conclusión siempre es la misma: debe de estar ocupado. O eso, o es que directamente no quiere saber nada de mí, lo que no me reconforta en absoluto. Así que cuando esta tarde mi madre me ha dicho que tenía visita… No voy a negar que tenía ganas de que fuese él. Pero el tono pelirrojo del pelo y sus gafas de sol aún estando en invierno la delatan: Zoey.

Zoey´s pov

¿A que no os lo esperabais? Sé que todos queremos que quien aparezca en la puerta de casa cuando está lloviendo a cántaros es Paul, pero hasta yo tengo que admitir que eso solamente pasa en las películas y las novelas romanticonas.

Además, tengo todo el derecho del mundo a celebrar el cumpleaños con mi mejor amiga, sobre todo después de que me mandase mensajes llenos de emoticonos tristes para que la perdonase. Y de que me ofreciera tarta que envió May el otro día, claro.

Dawn's pov

Zoey y yo tenemos la costumbre de comer tarta, pero en los cumpleaños esto se intensifica: Comemos tarta a medianoche, para dar el perfecto comienzo al siguiente año de vida. Vemos una película sin sentido y nos reímos de los patéticos reality shows que echan en la televisión de madrugada. A veces incluso trasnochamos casi sin querer, entre sesiones de palomitas y conversaciones infinitas.

—No me puedo creer que tardases tanto en pedirme perdón—dice Zoey, fingiendo indignación—. Voy a necesitar otro trozo de tarta para que se me pase el disgusto.

—¡Ese es mío!—me quejo, quitándole el plato que iba a coger— Y tu truco empieza a fallar cuando lo repites una y otra vez.

—No lo repito tanto—se excusa—, tan solo cuando me quedo sin tarta en el plato. Y calla, que no me dejas escuchar la película.

—Si es una tontería—le digo, cruzándome de hombros—. Ahora él le va a decir que no puede vivir sin ella y se van a besar.

—Pensaba que era tu película favorita—me dice, extrañada.

Me muerdo la lengua. Tiene razón, esta solía ser mi película favorita y la podía ver constantemente sin cansarme. De hecho, es lo que hacía año tras año, cada vez que Zoey se dejaba convencer para verla conmigo una vez más. Sin embargo, ahora le empiezo a ver los fallos y las cosas que no cuadran. ¿Bailes de salón y paseos románticos? Eso ya ha quedado obsoleto hace tiempo.

—Pero es todo ficción, esas cosas no pasan–le digo, señalando a la pantalla.

—A May y a Leaf prácticamente les ha pasado, y me consta que no son hologramas–se ríe mi amiga.

Amenazo con tirarle un cojín a la cara, fulminándola con la mirada. Ella sabe que en realidad no lo haría, pero se echa hacia un lado por si acaso.

—¡Estás muy tensa!—se ríe—Sabía que necesitabas que te distrajera un poco.

—No necesito ninguna distracción—miento, y parece que muy mal, porque alza una ceja antes de responderme.

—¿Si te quito ahora el móvil y miro tu historial de internet no crees que se demostraría lo contrario?—dice, sujetando un teléfono… MI teléfono.

—¡Devuélvemelo!

—¿Por qué iba a hacerlo?—me dice, pero me tiende el teléfono, y lo cojo.

Suspiro de alivio al volverlo a tener entre mis manos. Todas mis anotaciones, mis datos y mis contactos están ahí; y perderlo todo significaría tener que volver a empezar de cero. En todo, y con todos.

—No necesito distracciones—le aseguro—, porque ya me distraigo bastante con mis diseños.

—¿Ya has elegido una empresa para la que producirlos, o al menos la marca que te interesa?

—Más o menos—admito—. La verdad es que estaba pensando en crear mi propia marca, al menos en teoría.

—¡Eso es genial!—dice Zoey, volviendo a su buen humor habitual—¿Y ya tiene un nombre?

Dawn Berlitz designs es lo único en lo que había pensado—admito, con la cabeza gacha—. Pero lo más importante no es el nombre, es la financiación. Voy a usar el dinero del concurso para crear la empresa, y quizá publicitarla con la fama del desfile.

—Eso es muy buena idea, Dawn—me dice—. Estoy impresionada.

—¿Me tomabas por tonta?—le digo, intentando sonar ofendida.

—Teniendo en cuenta que no sabes aceptar tus sentimientos…

—Eso es mentira—le digo, parando la película. Total, ninguna de las dos la estaba viendo y ya sabemos cómo acaba.

—¡Me colgaste el teléfono en mis narices nada más mencionar a Paul!—me acusa, terminándose la tarta—Si eso no tiene que ver contigo sin asumir lo que sientes, es que te has vuelto loca de verdad.

Antes de que pueda responder, o siquiera pensar en algo con lo que responder, se levanta y se dirige a la entrada.

—Voy a pedir algo de comida a domicilio—dice.

—¿Sigues teniendo hambre?—le pregunto, sorprendida. Después de toda la tarta que ha comido, no creía que quisiera más comida.

Ella asiente, y esboza una sonrisa maliciosa.

—Y ganas de sonsacarte todo.

Después de llamar al restaurante italiano y pedir una pizza, Zoey se vuelve a sentar en el sofá de mala manera, dispuesta a interrogarme.

—Venga, solamente quedas tú—me dice, empujándome suavemente.

—No sé de qué me hablas.

—No te hagas la tonta conmigo, que nos conocemos. Primero May, luego Leaf… Eres la única Berlitz que queda.

—Gracias por recordármelo—le digo, con sarcasmo. Es un alivio saber que tienes amigos para que te recuerden tu soledad.

—En serio, soy tu mejor amiga, ¿no me vas a contar nada?

—No es tan fácil, y no me apetece mucho hacerlo…

—¿Y eso cuándo te ha importado?—me dice, y vuelve a sonar algo enfadada— Has hablado de la vida privada de prácticamente todos a los que conoces, y esto es igual.

—No lo es, porque yo…

—Porque por una vez eres tú la que tienes que confesar algo y no los demás—se aventura Zoey, y yo asiento, porque es la pura verdad—. Pero tienes que hacerlo, o te vas a volver loca.

—Si no lo estoy ya—musito, pero cedo ante la mirada de mi amiga—. Vale.

Zoey hace una expresión de triunfo y se acerca más a mí, como si lo que fuera a contar fuese un secreto de estado.

—Admito que estoy un poco decepcionada porque Paul no me haya devuelto la llamada—digo, y suspiro antes de continuar—Pero la verdad es que no sé por qué esperaba que me la devolviese. No tengo ninguna razón para hacerlo. No es como si me debiese algo, ya ha hecho mucho. Casi demasiado, diría. Creo que soy yo la que le debe algo a él, a decir verdad. Así que supongo que esto significa que no quiere tener nada que ver conmigo.

Después de todo, por muy ocupado que esté, debería disponer de cinco minutos para hacer una llamada, ¿no? Supongo que siempre lo he sabido, pero no he querido aceptar la realidad. Me siento tonta por haberme hecho ilusiones de que quizá me llamaría, y todo volvería a ser como cuando estábamos en Veilstone… Cuando nos soportábamos mutuamente.

—No ha pasado tanto tiempo—me dice Zoey, acariciándome el brazo suavemente.

—Tienes razón—le digo, porque es una excusa que yo misma había utilizado para justificarle—, pero han pasado muchas cosas en poco tiempo.

—Tal vez esté preparando su discurso—se ríe—. Las dos sabemos que él no es un experto en comunicación y expresión, que digamos.

—Pero uno no tarda más de cinco días en responder un mensaje de voz, ni siquiera para preparar el discurso del Rey.

—Dawn…

—No pasa nada, de verdad—digo, forzando una sonrisa—. No hay nada de qué preocuparse. Él se merecía algo más por mi parte.

—¿Más? No entiendo a lo que te refieres—me dice mi amiga, confusa.

—Tendría que haber tratado de entenderle, y no juzgarle tanto.

En mi mente se está proyectando aquel fatídico día en Hearthrome, sus palabras y sobre todo, las mías:

–Yo tampoco puedo creerlo, pero mi corazón parece haber nublado mi juicio.

–Entonces espero que tu corazón sea inmune a las decepciones, porque yo no siento lo mismo.

Dawn Berlitz, hay que admitir que a veces la sutileza tampoco es lo tuyo. Suspiro mientras me pregunto qué hubiera pasado si las circunstancias hubieran sido diferentes. Si yo no hubiera reaccionado así, o si desde el principio hubiera tratado de ver a través de sus ojos, y haberme puesto en sus zapatos.

—¿Y no crees que tú te merecías algo más por su parte también?—me pregunta, sacándome de mi ensimismamiento— Y aunque no fuera así, cambiaste tu perspectiva de él.

—Supongo que no lo hice a tiempo—digo, resignada.

—Lo siento—dice Zoey, abrazándome—. Lo importante es que me tienes aquí para cualquier…

Entonces suena el timbre y se levanta de un respingo. Sus ojos parecen brillar de la emoción. Nunca he visto a nadie tan entusiasmado por la comida, ni siquiera a Ash. Pero su sonrisa me hace feliz. En realidad, no debería quejarme.

Zoey es feliz, May es feliz, y Leaf es feliz. Y si ellas lo son, ¿no debería estarlo yo también? Al menos, por ellas. Sonrío, esta vez de verdad. Todo va a estar bien. No hay nada de qué preocuparse.

Entonces, oigo a Zoey balbucear. Lo primero que pienso es en el repartidor de pizza con el que Leaf flirteaba cada vez que tenía ocasión, pero Zoey nunca ha sido la clase de chica que se quede paralizada al ver a un chico guapo. Y todavía no ha llegado el aroma a comida recién hecha que normalmente ya habría invadido toda la casa. Giro la cabeza, extrañada, pero sigo sin poder ver nada, así que espero a que mi amiga reaccione.

Para mi sorpresa, no es ella quien habla.

—Perdón—dice una voz que me suena mucho—, pero necesito hablar con Dawn.


Me encantan los finales abiertos de capítulo ^^ Últimamente Dawn está muy solicitada... ¿Quién será esta vez? xD