Bueno... Hemos llegado al final. Este es el último capítulo de Orgullo y...¿pokémons?, aunque no me lo acabe de creer todavía. Este fic me ha aportado una muy buena primera experiencia en y también como "escritora" (o intento de ello, al menos), en general. Espero que hayáis disfrutado esta aventura tanto como yo.

Por última vez, ni pokémon ni nada relacionado con Orgullo y Prejuicio de Jane Austen me pertenecen, pero esta mezcla extraña es toda mía.


EPÍLOGO

—Buenas tardes a todos—dice Paul, alzando su copa de champán—. Como podréis imaginar, Dawn y yo estamos saliendo desde hace seis días y…

—Ha pasado una semana—le interrumpo.

—No, han pasado seis días—me dice, girándose hacia mí—. Lo tengo apuntado en mi agenda.

Contengo mis ganas de reírme de su comentario, pero el público no lo puede evitar. Paul gira la cabeza, intentando ocultar la vergüenza. Desde luego, no planeaba admitir eso delante de tanta gente.

—Ha pasado una semana—repito, frunciendo el ceño—, mi cumpleaños fue la semana pasada, que fue cuando nos besamos por primera vez.

—Sí, pero fue casi a medianoche, así que no cuenta como día entero.

—Los días parciales cuentan—me río—, y aproximadamente ha pasado una semana.

Él se rinde y suspira antes de seguir hablando. Durante estos días ha aprendido que es imposible tratar de ganar un argumento contra una Berlitz, aunque sigue resistiéndose de primera mano.

—Dawn y yo estamos saliendo desde hace una semana—dice, mirándome fijamente—, y esta es una de las mejores semanas de toda mi vida. Como ya sabréis, mi nombre es Paul Shinji, y Dawn Berlitz es increíble.

El público aplaude y vitorea y puedo ver a Leaf formando un corazón con las manos. Me pongo roja de vergüenza e intento taparme la cara con las manos.

—Esta semana—continúa Paul—, he aprendido muchas cosas. De verdad. Unas cuantas cenas en casa de las Berlitz y ya entiendes cómo sobrellevar las conversaciones informales con Johanna y las bromas de las hermanas. Incluso aprendes lo que significan las miradas y los codazos discretos. A lo que aún no me acostumbro es a tener a Barry y a Kenny en la nuca constantemente, pero tiempo al tiempo. Supongo que si me hubiera dado tiempo a conocer cómo funcionan las cosas en la casa Berlitz podría haberme dado cuenta antes de lo que estaba haciendo mal.

—No estabas haciendo nada mal—defiendo, bebiendo un sorbo de champán.

—¿En serio?—dice, con sorna—. Porque creo que describiste nuestro primer encuentro como el más incómodo de la historia.

Me atraganto con la bebida y toso mientras me río. A veces me olvido de la idea que tenía de Paul no hace tanto tiempo atrás. Pero eso es el pasado, ¿no? Y todos hemos cambiado desde entonces.

—Técnicamente nos conocimos mucho antes—le digo, cuando dejo de toser—. Y ese día no querías gustarme. Lo único que querías era coger a Drew y volveros a Veilstone.

—Lo importante es que cambié de opinión a tiempo—dice, mirando al suelo—¿Ahora puedo seguir con mi discurso?

Me debato entre dejarle hacerlo o no, hasta que al final me decido por la última opción. Al fin y al cabo, hay que vivir el momento, y este es el momento perfecto para aclararme ciertas dudas.

—¿Cuándo?—pregunto, curiosa.

—¿Cuándo qué?—se gira completamente hacia mí, y le veo de frente. Su pelo morado ya no le tapa más la cara, y lleva la corbata estampada y los tirantes de mi colección. En cierta forma, me enorgullece que lleve mis diseños. Aunque Leaf, Zoey e incluso yo misma los llevamos también, pensar que hasta a Paul Shinji le gusta mi trabajo es algo que me sube el ánimo.

—¿Cuándo cambiaste de opinión sobre mí?—aclaro, mirándole fijamente a los ojos.

—No sé—dice, encogiéndose de hombros—. No hubo un momento exacto. No me desperté una mañana para gritar que estaba enamorado de ti, Dawn Berlitz. Simplemente… pasó. Al principio pensé que simplemente habías dejado de resultarme molesta, pero creo que ya estaba pillado antes de saberlo siquiera.

Le miro, y sonrío. No esperaba menos de él.

—¿Y tú?—pregunta, con un brillo en los ojos. Lo identifico como curiosidad, pero puede que haya algo más detrás de esa mirada.

—Cuando vi la suite del hotel Pemberley—bromeo, propinándole un suave codazo—. Esas vistas, la piscina, y la bañera de hidromasaje. Nadie puede resistirse a eso.

Él frunce el ceño durante un momento, hasta que se da cuenta de que le estoy tomando el pelo. Entonces suspira y chasquea la lengua.

—No sé—admito—, creo que me pasó algo parecido a ti. Hasta que un día apareciste en mi puerta y… Creo que todos saben cómo acabó esa historia.

Paul asiente y me acaricia la mejilla cariñosamente.

—Pero no nos salgamos del tema—vuelve a hablar, de cara al público—. La cosa es que he estado pensando sobre el futuro, nuestro futuro… Y ya que nuestros competidores se han instalado en Kalos, he decidido que ese sería un buen sitio para expandir el negocio. Podríamos convertir Pemberley en uno de los imperios financieros más grandes del mundo, incluso superando a las grandes empresas de Unova. Todo lo que llevara nuestra marca sería un éxito, y no hablo solamente de hoteles. Podríamos incluso crear nuestra propia línea de ropa.

Trago saliva, porque creo que empiezo a entender lo que está diciendo. Paul se pone de rodillas y durante un momento ahogo un grito. Hasta que veo que lo está haciendo es ayudarme a atarme los cordones del zapato, que no me había dado cuenta de que se habían soltado. Entonces él mira hacia arriba, me mira a mí, y puedo oír a mi madre gritar a pleno pulmón como si estuviera en el concierto de su ídolo. Como si todo lo que había soñado se estuviera haciendo realidad.

—Dawn—me dice Paul, y vuelvo la cabeza hacia él—, si estás de acuerdo puedo poner un departamento entero a tu servicio. Estaríamos en Kalos, tú y yo. ¿Qué me dices?

—Que… no—digo, insegura. Su expresión se parte en mil pedazos y siento que mi corazón también lo hace.

—¿Esta es una de esas veces que me estás vacilando y no me doy cuenta?—pregunta con voz ronca. Mi madre parece a punto de matarme, y Leaf se ha llevado las manos a la boca en un intento de controlar su asombro. ¿Pero qué se supone que debo decir? No me voy a comprometer en un proyecto que no me convence, por muy tentadora que sea la oferta.

—Me encanta Pemberley, pero no quiero trabajar en una compañía que no persiga lo mismo que yo—digo con sinceridad—, y Pemberley es una cadena de hoteles. ¿No crees que sería un poco raro que vendiese ropa? Yo quiero estar contigo, Paul. Pero no quiero ser la chica que sale con el jefe.

Él se encoje de hombros, y sé que en el fondo lo entiende, aunque se esfuerce por mantener esa mueca de mal humor. Y mientras le miro, decido que este es el momento perfecto para tomar la iniciativa. Cualquier cosa con tal de que vuelva a suavizar sus facciones. Y tampoco es como si mis planes fueran un secreto de estado…

—Pero hacía tiempo que estaba pensando en abrir mi línea, y puede que Kalos sea el destino perfecto para hacerlo—digo entonces—. ¿Qué te parece este futuro?

Paul me mira fijamente con sus orbes grises, que ahora brillan como estrellas. Me agarra de la cintura y me eleva a unos pocos metros del suelo, para darme un suave beso en los labios.

—¿Que qué me parece?—repite—Me encanta.

Los vítores vuelven a llenar la sala del club.

—Ten en cuenta que este futuro implica muchas visitas a casa—le digo, pero él no se inmuta.

—¡Y VIDEOLLAMADAS CON LEAF!—grita mi hermana pequeña, haciéndose oír entre la multitud.

Paul me dedica una pequeña sonrisa que podría iluminar toda la sala, y luego bebe de su copa.

—¿Suena bien?—pregunto, y él asiente.

—Suena bien—confirma—. Pero por mucho que me guste este futuro, creo que tenemos que vivir en el presente.

En cuanto termina su frase, me agarra de la cintura y vuelve a besarme. Como si nada importase, o como si todo lo hiciera. Como si esto fuera el principio de una nueva era.

«Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa

Un año más tarde, esta frase me sigue pareciendo la mayor mentira de entre todas las verdades mundiales de mi madre. Pero puede que sin ella, nada de esto hubiera pasado.

Con todo, debería compartir mi propia versión de esta lección de vida inútil.

«Es una verdad mundialmente reconocida que toda mujer Berlitz, una vez que deja su orgullo y sus prejuicios a un lado, encuentra la felicidad

En mi versión, tenemos tres hermanas. Dos hombres solteros poseedores de una gran fortuna. Un timador redimido. Amigos, pokémon y una madre que no cambiaría por nada del mundo, y hasta una prima de la que parezco olvidarme casi a diario. Tenemos recetas, guiones y un montón de telas. Tenemos…

—¿Dawn?—me llama Paul, sacándome de mi ensimismamiento—¿Me has oído?

Yo niego con la cabeza, pero sigo sonriendo como una tonta. Él cierra los ojos y respira hondo, y seguro que ya no sabe qué hacer conmigo. Después de meses de trabajo instalando el hotel y buscando comercializar mi línea, por fin todo empieza a dar sus frutos en Kalos. Y he de admitir que la suite del Pemberley de Lumiose es aún más grande que la de Veilstone. Y con mejores vistas.

—Dawn Berlitz, eres un desastre—me dice, acariciándome el pelo—. Y también eres portada de revista.

Me tiende un ejemplar en el que salgo en portada, con un diseño que reconozco demasiado bien. Es el de la inauguración del Pemberley de Lumiose, que denominaron como mejor gala del año.

—Aquí también sales tú—le digo, señalando el titular—"La historia de amor de Dawn Berlitz y Paul Shinji al completo".

Paul y yo nos reímos al unísono, y tira de mí hacia él, hasta tenerme entre sus brazos.

—¿Tú crees que esto tiene algo de verdad?—le pregunto, al ver la dudosa fuente de la que han sacado la noticia.

—Solamente hay una manera de averiguarlo—dice, quitándome la revista de entre las manos, y pasando las páginas rápidamente.

Pronto nos encontramos tirados en la cama y riendo a carcajadas. De repente, noto cómo me ruge el estómago.

—¿Bajas a por comida china?—pregunto, poniendo ojitos.

—De verdad que tienes una obsesión con los repartidores de comida—responde Paul con sorna.

—Solamente con uno—le digo, y le beso en la mejilla.

Y mientras le veo levantarse y cerrar la puerta tras de sí, me encuentro a mí misma sonriendo como una tonta.

De pronto, me llega un mensaje al teléfono, que me hace volver a la realidad. Es de Leaf. Me manda una foto con un mensaje adjunto: "Te he enviado este regalito por Correos Pelipper. Espero que para cuando vaya de visita lo hayas enmarcado en el salón! Xoxo"

Miro la foto con atención. Es una cartulina rosa en la que ha escrito algo con rotulador.

—Lista de razones por las que Dawn Berlitz ya no está soltera—leo en voz alta, y no puedo evitar reír. Porque puede que mi madre no haya conseguido probar su verdad universalmente reconocida, pero yo posiblemente esté aquí y ahora donde estoy gracias a ella.

Es extraño pensar que después de todo por lo que hemos pasado, bueno y malo, nuestras vidas hayan llegado a un punto perfecto. Y que pese a no haber tenido un comienzo demasiado favorable, al final hayamos conseguido un final feliz. O un principio, depende de cómo se mire. Algunos cuentos acaban donde otros empiezan.


Muchísimas gracias a todos los lectores por acompañarme en este viaje: a los que siguen la historia, a los que le dan a favoritos, a los que dejan review y a los que no. Los que me dejan mensajes privados y me han animado a seguir durante mucho tiempo. Ninguna palabra es suficiente para demostrar mi gratitud, así que solamente espero que el final de este fic sea de vuestro agrado ^^"