Disclaimer: Ninguno de los personajes que aquí se presentan son de mi propiedad. Todos pertenecen a GRR Martin.

N/A: Este es el capítulo más largo que hemos publicado hasta el momento, lleno de tensión y drama. Esperamos que os guste.

PD: Seguimos agradeciendo vuestros comentarios : )


13. SANDOR

Sandor paseaba nervioso por los pasillos de la Fortaleza Roja. Había pasado un mes desde que descubriera quién era el amante de su esposa y todavía no había nada lo suficientemente importante como para convencerla de que no le convenía. Había seguido un par de noches al tal Eric Moss a la taberna. Tal y como dijo el mozo de cuadras, era un jodido arrogante. No dejó de beber, al igual que no dejó de intentar conquistar a cada mujer bonita que pasaba por delante. Sin embargo, Sandor sabía que no podía usar eso en su favor. Sansa jamás le creería en algo así, por lo que debía encontrar otra cosa.

Tenía que hacerlo, pero el tiempo seguía pasando y estaba seguro de que mientras él daba vueltas intentando que se le ocurriera algo, su pajarito estaba avanzando en su relación con el maldito Moss mientras la distancia que tenía con su propio esposo se iba haciendo cada vez más grande.

Hacía tiempo que no sabía qué camino estaban llevando sus pasos pero se detuvo al ver algo que le llamó la atención. Por fin. pensó Sandor, aunque la imagen ante sus ojos le hizo fruncir el ceño. En mitad del pasillo, Moss y Tywin hablaban de forma sospechosa. Parecían hacerlo en voz baja, como si no quisieran ser escuchados. Algo que captó entre esos susurros hizo que se le helara la sangre: "Stark". ¿Estaban hablando de su pajarito? No podía ser de otra manera. Sandor siguió adelante como si nada, intentando hacer que no había visto ni oído nada. Cuando pasó frente a ellos, Lord Tywin le saludó amablemente y Sandor no pudo evitar dedicar una mirada de odio al tal Moss. No le gustaba lo que había descubierto y su pajarito tendría que saberlo. Debería ser inteligente y hacer que Sansa consiguiera creerle, aunque lo tendría difícil.

¿Por qué Tywin Lannister iba a hacer que Moss y la joven Stark tuvieran un romance clandestino? Quizás pretendían buscar una excusa para romper su matrimonio. La infidelidad era algo que justificaría una posible anulación matrimonial y estaba claro que Joffrey le había entregado al pajarito en un impulso que hizo que el resto de su familia no pudiese impedirlo. Querían quitarle a su pajarito. Querían quitarle a su esposa. Tenía que hablar con Sansa, no podía permitirlo.

Seguro que en un principio su mujer no ponía ningún reparo a la anulación. Pero, ¿y si acababa con alguien peor que él? Hay pocos peor que tú, se cuentan con los dedos de una mano., le dijo una vocecilla en su mente. ¿Y si acababa con Gregor? La mera idea hizo que su estómago se revolviera con fuerza. Las dos mujeres anteriores de su hermano habían muerto en extraños accidentes. No. No podía dejar que eso le sucediera al pajarito. Ella merecía a alguien bueno, que supiera cuidar de ella y la valorase como se merecía. ¿Alguien como tú, perro? Sandor ignoró sus propios pensamientos y volvió a paso rápido hacia la habitación. Se lo diría esa misma noche, a la hora de la cena. Tenía que hacerlo, era la única opción que le quedaba de aferrarse a ella.

Una parte de él le decía que estaría mejor sin ella. Después de todo, no hablaban siquiera, ¿por qué no estar solo entonces? Hacía tiempo que había descubierto lo mucho que le gustaba notar su presencia en la cama mientras dormía a su lado. De vez en cuando la miraba en la oscuridad de la habitación, cuando sabía que ella dormía. En esos momentos, estaba tranquila y casi parecía feliz. Sandor podía imaginar que era él quien hacía que sonriera en sueños y precisamente por esos momentos, quería conservarla a su lado.

También hubo noches en las que la había escuchado llorar. Nunca había sabido qué hacer para que dejara de hacerlo. Sabía que demostrar que se había dado cuenta de su estado sólo empeoraría las cosas así que se limitaba a escucharla en silencio, deseando que nunca hubiese venido a Desembarco, que nunca se hubiese enamorado de Joffrey y queriendo, en parte, que hubiera sido más como su hermana pequeña; que desapareció el día de la muerte de su padre. Sansa Stark estaba sola. Sandor se había sentido solo muchas veces, se sentía solo en esos momentos, pero ahora la tenía a ella. Tenía que luchar por ella y protegerla y era lo que pensaba hacer.

Sandor seguía inmerso en sus pensamientos cuando las sirvientas trajeron la cena y la colocaron en la mesa. Cuando al fin su pajarito entró en la habitación, el Perro no había dejado de darle vueltas al asunto de cómo contárselo. Ella pasó en silencio, como siempre, se sentó frente a él y empezó a comer con sus característicos modales de dama.

Su esposo se quedó mirándola en silencio hasta que se armó de valor. En ninguna guerra había estado tan nervioso como ahora. Sandor estaba hecho para las batallas, no para discutir con las mujeres.

–Pajarito, creo que hay algo que deberías saber.

Sansa alzó la vista hacia él, pero no le miró a los ojos. Volvió a clavarla en el plato y siguió cenando como si nada, en silencio. Sandor cogió aire, preparándose para lo que le esperaba y habló sin haber probado bocado todavía.

–He estado vigilando a tu amigo, ese tal Moss… No es quien dice ser. Le he visto hablando con Lord Tywin. No es trigo limpio, pajarito. –se reserva la palabra que ha oído para más adelante. Sabe que con eso no le creerá, pero tiene que intentarlo.

Su esposa dejó de cenar durante unos instantes, parpadeando varias veces seguidas. Parecía desconcertada, pero cuando alzó la vista hacia él la consternación poblaba su rostro.

–Creía que no os gustaban los mentirosos –replicó con frialdad–. No entiendo por qué tratáis de engañarme, pero no os va a funcionar: ser Moss es un hombre respetable, que nada tiene que ver con los Lannister.

–Yo no soy ningún mentiroso, pajarito –dijo tratando de mantener la calma–. Le he visto esta misma mañana. Hablaban en los pasillos de la fortaleza, el viejo león y ese gilipollas al que tú llamas ser Moss –no había podido evitar decirlo–. Traman algo, oí el apellido "Stark" en la conversación. Los Lannister están detrás de todo esto, buscan un motivo para anular el matrimonio que Joffrey concertó en un impulso de niño malcriado.

Un atisbo de duda recorrió el rostro de la joven. Por un momento Sandor pensó que iba a creerle, pero sus últimas palabras parecieron devolverle a la realidad.

–¿Y qué hay de malo en eso? –murmuró en voz baja, para que él no pudiera escucharla. Sin embargo, el oído del Perro era muy fino y la entendió perfectamente.

–Está claro que quieres deshacerte de mí cuanto antes, de eso no hay duda –notó cómo su estómago se encogía ante la idea–. Pero no te das cuenta de que puedes acabar en manos de alguien peor. ¿Crees acaso que te dejarán casarte con quien quieras? Cuando te alejes de mí, Joffrey podrá volver a acercarse cuando quiera –dijo intentando que entrara en razón. En verdad era cierto eso que le respondió aquella vez: él era lo único que se interponía entre ella y el rey.

Sansa dejó los cubiertos sobre el plato y permaneció callada durante unos instantes, meditando sus palabras. Al menos parecía reflexionar lo que le estaba diciendo. El pajarito había aprendido a desconfiar de la gente y eso sólo podía hacerle bien.

–Dudo que haya alguien peor que vos –no le miró a la cara, pero su voz sonó fría como el hielo del Norte que corría por sus venas–. Ni siquiera Joffrey. Espero que tengáis razón y lord Tywin y ser Moss planeen anular nuestro matrimonio.

–¿Cómo puedes ser tan estúpida? ¿Acaso crees que te casarás con él? ¡Es un farsante! –no podía creer que su pajarito fuera tan ilusa. ¿No había aprendido nada en su tiempo aquí?–. Te entregarán a alguien de su propia familia. ¿Qué te parecería casarte con el enano? Creo poder decir que es la única persona de los Siete Reinos que es más fea que yo –Sandor apenas podía creer que le pareciera peor que Joffrey. Él nunca le había puesto la mano encima, intentaba protegerla. ¿Tan ciega estaba?

Su esposa hizo un gesto de repulsión, pero pronto volvió a adoptar su característica expresión hierática.

–Incluso lord Tyrion me trataría mejor que vos –replicó, paciente–. Estoy segura que sería capaz de respetar mis deseos –Esas palabras hicieron que Sandor fuera perdiendo poco a poco la paciencia.

–¿Y cuáles son esos deseos? Eres MÍ esposa. ¿Acaso crees que me gusta saber que estás por ahí con cualquier otro? Puede que hasta hace nada fuera el perro del rey, pero tengo honor y orgullo y tú lo estás pisoteando. Podría encerrarte en esta habitación y hacer que nunca más vieses la luz del Sol y sin embargo mírate. ¿Tan malo crees que soy? –su respiración se iba acelerando por momentos. Pronto perdería el control, aunque deseaba no tener que hacerlo.

La joven inspiró hondo y tragó saliva, visiblemente nerviosa.

–Hubiera preferido que no me tocaseis nunca –masculló, sin alzar la vista del plato. Acto seguido se puso en pie con la elegancia que tanto le caracterizaba–. Un hombre con honor me hubiera defendido de las humillaciones de Joffrey –su voz se tornó dura como el acero–. Si hubierais sido más hombre no habríais consentido nuestro matrimonio. Y mucho menos os habríais aprovechado de mí después del banquete.

Había dado justo en el punto que más le dolía. Sandor se había arrepentido de ese momento noche tras noche pero, ¿qué opciones había tenido? Se levanta también y da un fuerte golpe en la mesa con ambos puños.

–¿Preferirías que nuestras cabezas adornaran el Campo de Picas? ¡Te salvé la vida con eso y también me la salvé a mí mismo! ¿Crees que yo elegí la boda? ¿Acaso crees que quería a una niña tonta como tú por esposa? –Sandor era consciente de que estaba reaccionando como un verdadero perro, se sentía atacado y sólo sabía defenderse contraatacando. Estaba mintiendo y la estaba alejando aún más de él, pero se sentía muy cansado–. Joffrey te entregó a mí. Mis derechos como esposo me permitían tomarte todas las veces que quisiera y sin embargo decidí no hacerlo. ¿Crees que es fácil para mí tener a una mujer tan bonita tan cerca y saber que no debo tocarla?

Sansa parpadeó varias veces seguidas, asustada por su mal genio. Inspiró hondo y caminó hacia la puerta sin decir nada, dispuesta a salir de allí.

–Hubiera preferido cualquier cosa antes que a vos. –protestó, antes de alcanzar el pomo con la punta de los dedos.

Sandor no le dejó hacer más que eso. En dos largas zancadas estaba a su lado, golpeando la puerta con la palma de la mano e impidiendo que se marchara a ningún sitio. Cuando miró su rostro, vio cómo las lágrimas corrían por sus mejillas.

–He aguantado demasiado. ¡DEMASIADO! –gritó, hecho una furia–. No vas a ir a ninguna parte. Nunca más. Te quedarás aquí. Las doncellas te custodiarán cuando yo no esté. No voy a ser el hazmerreír de la Fortaleza. –Sandor agarró su brazo con cuidado de no hacerle daño pese a la tensión que estaban viviendo. Tiró de ella hacia dentro, cansado de todo eso. Cada vez que hablaban, acababan discutiendo. Día tras día y noche tras noche. Todo hombre tenía un límite y el Perro había traspasado el suyo.

Sansa forcejeó para tratar de librarse de él, llorando desconsolada.

–¡No podéis hacer eso! –protestó entre sollozos–. ¡Soltadme! ¡Me estáis haciendo daño! –intentó inútilmente que dejase de sujetarla, pero no lo consiguió–. Ser Moss tenía razón: ¡sois un monstruo! ¡Estaríais mejor muerto!

Sandor la miró incrédulo. Sus palabras le habían hecho daño y daño de verdad. Aguantó el golpe como pudo y mantuvo la compostura aunque su voz ahora sonaba algo más débil.

–Me da igual lo que diga esa sabandija lameculos de leones. No vas a ir a verle y lo estoy haciendo por tu bien –sabía que era una verdad a medias, ya que tenía que reconocer que quería a la joven Stark únicamente para él y verla casada con otro sería un gran golpe–. Eres mi esposa y voy a empezar a comportarme como tu marido. Eres mía y de nadie más. –dijo de forma posesiva.

Sansa se llevó una mano a los labios, sin dejar de hipar. Tenía el rostro congestionado y las mejillas llenas de lágrimas amargas. Hizo un último esfuerzo por librarse de su agarre, pero de nuevo no lo consiguió.

–Eso es mentira –protestó, con la voz rota por un sollozo–. Ser Moss me hizo suya hace varios días –le tembló un poco la voz, pero trató de recomponerse y mirar a Sandor a los ojos–. Y fue un caballero de verdad, como los de las historias. De vos jamás podría decir lo mismo.

Sandor volvió la vista hacia ella de inmediato. ¿Acababa de confesar que le había sido infiel con ese maldito papanatas? Su mente se llenó de imágenes del absurdo caballero recorriendo el cuerpo de su pajarito con sus manos y con sus labios. Por un momento creyó que perdería el equilibrio y caería al suelo, pero se mantuvo firme. Si la voz de antes era débil, esta apenas es un susurro.

–¿Cómo has podido ser tan estúpida? ¿Acaso crees que te quiere? –en cualquier otra situación Sandor se habría echado a reír, pero con esta nueva información no tenía fuerzas para ello.

No dudaba que cualquier hombre un poco listo pudiera enamorarse de su pajarito, pero había visto la clase de calaña que era ese tipo. Le había visto coquetear en las tabernas con todas las mujeres que podía y había sido tan imbécil de ni siquiera darse cuenta de que una sombra tan grande como Sandor Clegane le espiaba desde la mesa más alejada. Era un necio pero aun así había hecho que su esposa le diera lo que a él le había negado todo este tiempo. Deberías dejar de llamarla "tu esposa", perro. Ya no es nada tuyo.

Sansa escondió el rostro entre las manos un momento, pero pronto se limpió las lágrimas y se volvió para mirarle con fiereza.

–Apuesto a que me quiere más que vos –replicó, librándose por fin de su mano férrea–. Deberíais darle las gracias a Joffrey –se alejó de él varios pasos y le miró con odio–. Soy la única esposa que tendréis jamás. Ninguna mujer en su sano juicio querría casarse con vos y mucho menos se dejaría tocar por esas manos manchadas de sangre. Sois repulsivo. –concluyó, dándole la espalda y caminando hacia la puerta.

Las palabras de la que hacía unos momentos consideraba su pajarito le habían hecho más daño que las quemaduras que su propio hermano le había causado hace ya tanto tiempo. Sandor siempre le había dicho que no mintiera, que le dijera la verdad y ahora ella había dicho lo que ambos sabían. Era cierto. Era un monstruo y nadie jamás le podría mirar con otros ojos. Aun así, la protegería. Era lo que llevaba haciendo todo este tiempo y no iba a parar ahora. Fue hacia la puerta antes que ella y la cerró con la llave que descansaba en la cerradura, para después guardársela en el bolsillo. No dijo nada. Ya no hacía falta añadir nada más. Se lo habían dicho todo.

Sin dignarse a mirarla siquiera, Sandor entró al cuarto del baño y cerró la puerta tras él, echando el cerrojo. Se dejó caer al suelo, con la espalda contra la puerta y permitió que tan solo un par de lágrimas escaparan de sus ojos.