Yui creyó que ahora que vivía en una mansión, su padre accedería a que pudiese ir alrededor de ella sin cuidados y sin quejas. Y, bueno, no se equivocó. Solo había una condición, una pequeña y minúscula condición.
—Pero nunca salgas a los jardines, ¿de acuerdo?
Lo había prometido y sentía que su padre era un poco tonto por pedirle eso. Lo que más deseaba de ahí era pasearse por aquellos rosales y recoger algunos pétalos caídos que de seguro había sobre los caminos de piedra... Era una pena vivir en un lugar tan hermoso y no poder disfrutarlo al máximo.
Lo peor era que su padre ya no iba a visitarla. Antes, cuando vivía en la pequeña cabaña del bosque, su padre iba a verla y siempre le traía algo delicioso para comer o ropas muy lindas. Ahora, los sirvientes se encargaban de darle sus tres comidas diarias; y cada semana, su padre o algún otro demonio amigo de él, le mandaba prendas muy finas envueltas con cuidado en más tela fina.
La comida no era para nada mala, las vestimentas eran de su agrado y los sirvientes se encargaban de cubrir cualquiera de sus necesidades. Sin embargo, sentía un horrible vacío en su pecho. Un mes desde que había llegado a ese lugar… ese era el mismo tiempo que su padre se había ausentado.
—Necesito atender algunos asuntos muy importantes. Ser el rey de los demonios no es fácil, ya eres lo bastante grande para entenderlo, ¿no?
En su cabeza, retumbaban las palabras de su padre en ese tono tan dulce y tranquilizador. Sí, lo entendía, pero, ¿qué podía ser más importante que su hija? Las lágrimas se acumularon en sus ojos de nuevo, puesto que el pensamiento había sido de lo más egoísta. Él no estaría orgulloso si ella pensara esas cosas; y por él, debía ser fuerte.
—Apenas termine, iré a verte, ¿de acuerdo?
Con sus pequeñas manos, limpió sus ojos llorosos y se apresuró a salir del cuarto y entretenerse un rato. Leer la calmaría, leer la haría olvidar al menos por hoy. Todavía no caminaba con seguridad en la mansión por miedo a perderse, mas solo había un camino que se conocía de memoria.
—Este es el estudio. Mira cuantos libros hay, ¿te gusta?
—Sí, me gusta… —murmuró, casi como contestándole de nuevo a su padre, todavía maravillada por lo grande y espacioso que era.
Parecía una biblioteca enorme. Bueno, técnicamente, lo era.
Era un lugar muy oscuro como un sótano, con la diferencia de que este era alumbrado por antorchas atascadas con fierros a las paredes, hechas con piedras negras o marrones. Olía a hojas marchitas, libros viejos y madera recién cortada. Más que tener un aire a mala muerte, la rubia lo encontraba reconfortante y cálido.
Caminó hacia el último estante, sabiendo que ahí se encontraban los libros de historias con finales felices que siempre la hacían sonreír como tonta. Su padre una vez le había dicho que leer eso no le traería nada bueno, pero era la única cosa a la que no obedecía. ¿Qué tenía de malo querer ser feliz hasta el resto de sus días? No era dañino.
Tomó un libro al azar y tuvo que cerciorarse, viendo la portada, si era el mismo idioma que ella conocía. Desde que había encontrado libros en idiomas jamás vistos o escuchados por ella, siempre revisaba los libros para asegurarse. Cuando su padre volviera, le preguntaría si tenía libros de gramática y reglas de esos idiomas. Si iba tener tanto tiempo libre, debía gastarlo en algo productivo.
Buscó una silla cercana y por la sección de libros de plantas, le pareció ver una pequeña mesa con una vela encendida sobre ella. Decidió ir a leer allá, pues su cuarto empezaba a agobiarla. Antes de poder poner el libro sobre la mesa, o estar más cerca de esta, vio que un niño se encontraba ahí, muy ensimismado en su lectura, ya que no se percataba de su presencia y, aparte, leía sonriendo y encantado.
Verlo ahí sentado le obligaba a recordar que hacía un mes, también, que no veía a ni uno de sus hermanos o madrastras cara a cara; claro, desde esa cena de bienvenida, no veía a nadie. Por la ventana de su habitación, a veces observaba a Laito y Kanato corriendo libres por el jardín. Usualmente, Cordelia los acompañaba estando sentada en un sofá muy agraciado posicionado frente a las margaritas.
Ayato y Christa eran los únicos a los que nunca veía, ya que si miraba al jardín al medio día, Shuu estaría corriendo hacia los muros que rodeaban la mansión. Beatrix junto con Reiji solían estar sentados bajo algo parecido a una capilla, hecha de piedras y pilares bien trabajados. A Subaru era raro verlo, pero las pocas veces que lo había hecho, este se dirigía hacia una torre muy alta que había por los rosales.
Lo único bueno de su habitación era que, desde su balcón, la vista era inmensa. Sabía quiénes disfrutaban del jardín y también sabía quiénes no lo hacían; la mayoría de las veces, solo ella. De cualquier forma, las probabilidades de que sus hermanos quisieran su compañía eran casi nulas, solo bastaba recordar sus miradas hostiles. Y aun así, ver a Reiji sentado ahí le alegraba.
Hacía tiempo no lo tenía tan cerca. ¿Sería una buena oportunidad para hablar con él?
Antes de responder su duda mental, Reiji levantó la mirada y la atravesó con esos ojos tan parecidos a los de su padre. Eran de un color muy hermoso, una mezcla entre el rojo y violeta. Lástima que su brillo fuese opacado por los lentes que él usaba. Estaba segura de que se verían más lindos sin ellos, aunque claro, supuso que no usaba los lentes de adorno.
No creía que los vampiros pudieran sufrir de la vista…
—…
—Ah… —Yui no sabía qué decir. Hace un segundo, se había emocionado pensando que podría entablar conversación con él, y ahora, era como si los ojos de él la taladraran, gritándole que no dijera ni una sola palabra.
Quizás porque no obedeció la orden de sus ojos fue que Reiji cerró su libro y se puso de pie.
— ¡Espera! —No había sido su intención sonar desesperada—. No te vayas…
El pelinegro la observó con ojos meticulosos, pero había una pizca de confusión en ellos.
—S-sigue leyendo, por favor —pidió ella en un susurro apenas audible.
Reiji parpadeó antes de responder.
—Iba hacerlo.
¿Estaba mal si se había sorprendido porque él le hablara? Yui, nerviosa, humedeció sus labios.
—Pero te habías levantado y pensé que…
Antes de que terminara de contar su apresurada explicación, Reiji levantó una ceja, algo extrañado, y luego señaló la silla.
—Me levanté para que te sentaras —explicó—. Yo iba a usar la que estaba del otro lado.
Él señaló hacia el estante de libros de historia y, en efecto, ahí había otra silla. No solo una, sino varias. Además de eso, había dos mesas grandes con velas sobre ellas, justo a un lado de la pared. Yui se sintió tonta de pronto.
—Y-ya veo…
—Bien.
Cuando Reiji empezó a caminar hacia la otra mesa, Yui lo detuvo de nuevo; esta vez, con ojos menos implorantes. O eso quería creer ella.
—Por favor no te sientes ahí.
— ¿Qué?
—Emmm… —Jamás había estado tan incómoda—. Tú llegaste primero y no creo que sea correcto que cambiaras de sitio…
Reiji entrecerró los ojos, no comprendiendo lo que decía esa niña del todo. Dejó su libro sobre la mesa y luego apuntó a la silla que había utilizado.
—Siéntate.
Yui iba a protestar una vez más, pero el tono de voz tan frívolo y lejano la intimidó. Al final, solo suspiró.
—Está bien —concedió ella, analizando su voz que no paraba de retumbar en su pequeña cabeza, pues esa palabra había sonado más a una orden que a una petición.
Cuando se sentó en la silla, esta fue levemente empujada por Reiji para que estuviera más cerca a la mesa. Se sorprendió ante eso y respondió con un pequeño "gracias", a lo que él asintió. Después se alejó para ir a tomar una silla desde la otra sección y traerla hasta la mesa que ahora utilizaba la rubia. Tras eso, se sentó en ella y volvió a tomar su libro.
La perplejidad inundó a Yui y fue la voz de su hermano la que la alejó de su trance mental.
— ¿Esto es suficiente?
— ¿Eh?
—Querías que siguiera leyendo aquí, y eso hago, solo que de forma diferente —comentó él, casi rodando los ojos, como si fuera lo más obvio, lo más normal—, ¿está bien así?
Ella asintió repetidas veces y él apartó la vista, para volver a sumergirse en su mundo. Estaba muy sorprendida. ¿Uno de sus hermanos había accedido a estar con ella?, ¿a pasar un rato con ella? No era exactamente como ella imaginaba este momento. Igualmente, no se lo podía creer. Desde aquella fiesta en la había conocido a todos, creyó que estos no la querían ni ver en pintura, a excepción de Laito que fue de alguna forma amable.
Ver a Reiji ahí sentado la hizo sonreír feliz. Quizás no lo volvería a ver en un tiempo, pero esto la llenaba de paz por ahora. Más tranquila y satisfecha, abrió su libro y comenzó a leerlo.
Así pasaron algunos unos minutos (de tranquilidad y rara alegría), hasta que empezó a tararear de forma inconsciente una melodía que había escuchado una vez en el pueblo que estaba cerca del bosque que habitó por nueve años. No sabía mucho de música, pero intuía que aquellas notas producidas por los instrumentos eran alegres. Quizás también era esa clase de música que se podía bailar.
Cuando iba a voltear una página, se sintió de repente incómoda, tanto que su tarareo cesó. Miro hacia adelante y notó que Reiji la veía atentamente. Parecía disgustado. Su mente reaccionó al instante.
—Ah, perdón, ¿te molestó que tararee?
Él parpadeó, analizando sus palabras con desgano y luego suspiró.
—Excluyendo esa costumbre tan inadecuada que tienes al leer, diría que es más difícil de ignorar tu postura.
¿Difícil de ignorar? Iba a reclamar por ello, pero las últimas palabras habían captado toda su atención.
— ¿Mi postura? —Preguntó, no creyéndole—. ¿La manera en la que me siento?
— ¿Qué más podría ser? —Contestó Reiji, algo fastidiado por las costumbres de su hermana adoptiva—. Tu espalda debe estar igual de recta que el respaldar de la silla, además, eres una dama, así que deberías ser más consciente de tener las piernas juntas al menos cuando usas una falda o un vestido. ¿No debería ser eso obvio?
Las mejillas de Yui se colorearon en un segundo. Nunca antes le había importado eso, ni siquiera se había percatado de ello. Bien, haber crecido sola con su padre puede que la haya negado a ser consciente de esas cosas; y era la excusa perfecta, y era la verdad. Sin embargo, que Reiji la viese de esa forma tan desaprobatoria hacía que su excusa perfecta no tuviera validez.
Decidió no decir nada y seguir las indicaciones que él había dicho. Espalda erguida, piernas cerradas… No era tan difícil.
— ¿A-así?
El pelinegro ladeó un poco la cabeza, como intentando verla también desde otros ángulos.
—Sí, así está mejor —dijo Reiji, esta vez sonriendo, orgulloso de haberle enseñado a esa niña que (supuso, por no saber algo tan básico como la forma correcta de sentarse) no sabía nada de modales tampoco.
Ahora que lo recordaba, en la fiesta, Yui cortaba los alimentos de forma poco elegante. Y eso, siendo de la familia Sakamaki, era inadmisible.
Mientras Reiji seguía recordando las "fallas" que tenía Yui como su hermana adoptiva e imaginando sus desastrosos modales como la dama que debía ser; Yui parecía pérdida viendo la sonrisa de su hermano mayor. ¿De verdad estaba feliz porque se había sentado de forma correcta? No es que le incomodara, pero sí la sorprendía.
Reiji hace un rato se había ofrecido a levantarse para que ella pudiera sentarse y cuando ella accedió, él había acomodado su silla. La manera tan formal que usaba al hablarle… Le recordaba un poco a su padre, solo que este último, a veces dejaba de expresarse así. Reiji, por otro lado, no. Parecía más que acostumbrado a ser formal, como si así también le hablase a su madre, padre u otros hermanos.
¿Lo haría? Porque si era así, le extrañaba un poco. ¿Serían los demás así de formales también? Un montón de preguntas llenaron su mente. Dudas que se esfumaron cuando rememoró la escena de un libro que había leído hace años, cuando tenía cinco años. Reiji parecía uno de esos personajes, específicamente el protagonista. Tenía el cabello negro y también tenía esa clase tan característica. Sí, se parecía mucho a ese personaje que acomodaba la silla de la princesa en una cena elegante, la cargaba en dos brazos, luchaba con un dragon para salvar a la princesa y se casaba con ella al final de la historia. ¿Cuál era la palabra?
¡Ah, sí, ya recordaba!
—Caballero… —se contestó a sí misma en voz alta sin querer, borrando la sonrisa en los labios de Reiji.
Demonios.
— ¿Caballero? —Preguntó confundido—. ¿A qué te refieres?
—Ah, no, es que… —Ugh, ¿se molestaría su nuevo hermano si le confesaba que le parecía un caballero? No lo conocía mucho, pero algo le decía que sí.
— ¿Qué tienes?
—No, nada, es solo que pareces uno… —murmuró, esperando que la ignorara o hiciera algo mejor.
— ¿Un caballero?
Ella terminó por asentir y miró hacia otro lado, avergonzada. Reiji seguía con esa cara tan seria y esos ojos pecaminosos viéndola como si se tratara de un ser insignificante, un insecto. Ojalá la tierra se la tragase y la escupiese en las profundidades de un lago, rogaría por eso…
— ¿Te parezco un caballero? —Volvió a preguntar, ahora claramente extrañado—. ¿No es normal que lo sea? Solo un hombre sin modales o principios no se comportaría como uno.
Yui sintió el alivio recorrer cada fibra de su cuerpo. Reiji ya no parecía enfadado, ni tampoco tenía esa mueca en la cara. Iba a decirle que se refería a la otra clase de caballero, de esos que pelean por su princesa en esos cuentos de finales felices, pero decidió no hacerlo. Pues como había pensado antes, no conocía mucho a Reiji todavía, mas era muy obvio que ser comparado a ese tipo de personajes podría ofenderlo.
Yui sonrió divertida.
—Tienes razón.
Después de aquello, cada uno siguió con su lectura. Esta vez, Yui no tarareó ni doblo sus hombros; en cambio, disfrutó de la compañía de su hermano mayor. Había sido una buena idea leer en el estudio. Y realmente esperaba que esto se pudiera repetir, no solo para no sentirse sola, sino porque Reiji era más agradable de lo que había pensado. No parecía molestarle su presencia tampoco.
De pronto, la magia terminó y Yui fue testigo de ello.
El pelinegro volteó la página final de su libro y luego lo cerró. Se puso de pie y se dirigió a colocarlo en el lugar que le correspondía. Volvió para llevar la silla a su sitio original e hizo una reverencia frente a Yui, lo que le indicó que se iba a retirar. La pequeña rubia observó sus movimientos mecánicos un poco triste y hasta se levantó de su silla para aliviar su ansiedad.
— ¿Y-ya te vas?
Reiji la observó como si fuese una tonta de nuevo.
—Ya he terminado de leer el libro.
¿Y no puedes leer otro?, tenía ganas de preguntar Yui, con la esperanza de que lo hiciera.
— ¿A dónde vas? — Optó por preguntar.
—Al jardín —respondió no muy seguro de porqué ella lo miraba de esa forma tan suplicante—, con mi madre.
Ah, claro, con su madre. Con su familia.
—Ya veo.
Se hizo un silencio raro entre ellos que incluso obligó a Reiji a disimularlo. La verdad es que no le interesaba lo que su hermana adoptiva hiciera o no, pero esa cara que tenía y sus manos apretando tan fuerte el libro de la sección más aburrida que existía en el estudio pudieron haber influenciado en sus siguientes palabras.
— ¿Vas al jardín también?
Aunque el tono de voz había sonado como una invitación, por el rostro que Reiji mostraba, Yui dedujo que solo se trataba simple pregunta. Una pregunta con respuesta premeditada.
—No puedo.
— ¿No puedes?
Yui se mordió el labio inferior.
—Mi padre no quiere que salga de la mansión.
El niño, por primera vez en su vida, se quedó sin palabras.
—Ah.
¿Y eso por qué?, se preguntó el pelinegro sin obtener ninguna repuesta lógica en su mente. No deducía ninguna pista que lo ayudara a obtenerla tampoco. ¿Por qué su padre no dejaba que Yui saliera de la mansión?, ¿estaría enferma? Otra vez ese raro silencio que Reiji experimentaba por primera vez en su vida rodeó a los niños. Rayos, era un completo fastidio.
—Entonces… —empezó de nuevo—, ¿te pasas el día entero leyendo o en tu cuarto?
—Siempre estoy en mi cuarto leyendo —contestó—. Esta es la primera vez que leo aquí.
Esta es la primera vez que decido dejar el jardín para leer adentro, pensó Reiji.
Yui no esperó a que él rompiera el silencio, ella lo hizo con una pregunta que lo tomó desprevenido. Si hubiese estado bebiendo té, lo hubiese escupido para empezar a toser como desquiciado. Para su suerte, no estaba bebiendo nada y su sentido común -y subconsciente- hizo que no sobreactuara.
— ¿Volverás a leer aquí pronto?
¿Y ella para qué quería saber eso?
— ¿Lo harás?, o, ¿solo era por hoy?
No muy seguro de que su método de deducción en esta situación acertara, se atrevió a confiar en él.
— ¿Quieres que venga aquí de nuevo? —Preguntó confundido.
Ella se sonrojó de la pena.
— ¿N-no puedes?
No es que no pudiera. Pero, ¿por qué vendría?, ¿esperaba que viniese de nuevo solo por ella?, ¿quién se creía?
— ¿Crees que me agrada tu compañía?
Ella palideció un poco al oír eso. Acaso…
— ¿Te desagrado?
Se hizo un largo silencio por la espera de la respuesta de Reiji. Bien, la niña podía ser el ser viviente con menos clase que había visto en toda su aburrida y deplorable vida, pero el agradaba más que el bueno-para-nada y no le generaba una asfixiante ansiedad como lo hacía la presencia de esa mujer. Si comparaba a su hermana adoptiva con esas dos personas, entonces no podía decir sin titubear que ella fuera desagradable.
Tras ese breve y molesto análisis, suspiró.
—Volveré pronto —anunció sin verla y salió.
—Eh… —No podía ser.
¿Acababa de decirle que sí?
Desde su sitio, muy emocionada para moverse y dar saltitos de alegría, la pequeña rubia gritó contenta. Como si el revoloteo de dragones-escupe-fuegos en su estómago la hiciera querer explotar.
— ¡Muchas gracias!
Reiji tuvo que detener sus pasos en el pasillo cuando oyó su grito. ¿Ella acababa de…? En serio, no tenía modales ni algo de clase… Se juró a sí mismo que la educaría con cada encuentro que tuvieran y se retiró de ahí. Ni siquiera se percató de la sonrisa que formaron sus labios cuando pensó en su próximo encuentro, en su próxima oportunidad para enseñarle modales.
Tras haber sido dejada sola en el estudio, Yui prefirió ir a su habitación. Con lo animada que estaba, la idea de su padre no estando con ella por un mes entero ya no la entristecía tanto. Es más, se animó a probarse la ropa que había recibido ayer y notó que le quedaba muy grande. Cuando se quitó aquel vestido morado, de él cayó una nota.
Curiosa, la recogió y leyó.
Dudo mucho que esto te quede ahora, pero deberías usarlo cuando cumplas 16 años. Estoy seguro de que te sentará bien.
Oh, casi podía escuchar la dulce voz de su padre diciéndole eso. ¿Cómo había sido tan tonta de no querer probarse todas esas prendas obsequiadas por él? Claro que no todas habían sido obsequios de él, pero bah, no podía creer que su estado de ánimo le haya hecho desperdiciar estos regalos.
Unos golpes en su puerta captaron su atención y se puso muy rápido uno de los vestidos que su padre le había obsequiado.
—P-Pase —gritó y una sirvienta entró.
—Señorita, su padre la espera en la sala —dijo esta, inclinando su cuerpo hacia abajo, viendo al suelo. Como si ver a Yui no pudiese pasar, como si fuese prohibido.
Ya le había dicho muchas veces a esa sirvienta que no tenía que hacerlo, pero ella parecía hacerle oídos sordos. Yui, por esa razón, había dejado de insistir.
—Mi padre ha venido… ¡¿en serio?!
—Sí, la espera abajo.
Los ojos rosados de la pequeña destilaron felicidad pura. Uno de sus hermanos había accedido a pasar algo de tiempo con ella y su padre había venido al fin. ¿Qué más podría desear?
—G-gracias por avisarme —Hizo una reverencia—. Voy de inmediato —dijo, antes de salir corriendo con sus sandalias de taco pequeño que había aprendido a utilizar en estas semanas.
Yui Sakamaki se abalanzó sobre su padre apenas lo vio, ni siquiera le importó que algunos mayordomos y sirvientas los observaran. Karlheinz le correspondió el gesto sosteniéndola y permitiendo que lo siguiera abrazando. Notó que usaba el vestido que le había comprado hace unas semanas, junto con esas sandalias que no le agradaban a su hija, y decidió decirle que esas ropas le quedaban de maravilla. Que estar vestida de esa forma le caía mejor que cualquier otra combinación de prendas.
Ella le agradeció y lo invitó a ir al comedor y a hablar con ella. Cuando su padre le preguntó si había desobedecido su orden de no salir al jardín, Yui, muy orgullosa de sí misma le contestó que no, que había sido obediente durante esos días. Él le creyó, pero el leve y casi imperceptible olor tan conocido de vampiro que desprendía su cuerpo lo confundía.
Cuando le preguntó si algo nuevo le había pasado hoy, supo que había dado en el blanco al ver su sonrisa.
¿Había pasado un tiempo con Reiji?, ¿de verdad?
—También dijo que volvería pronto —comentó ella feliz y Karlheinz tuvo que contener su sorpresa con esa sonrisa enigmática que siempre mostraba.
— ¿En serio?
—Sí, ¿no es genial?
—Ya lo creo —dijo él antes de perderse en sus pensamientos y volver a ignorar las palabras de la niña que tenía en frente.
Todo iba de acuerdo al plan.
Yui pasó ese día con su padre y él le explicó que, debido a unos problemas que tenía el mundo de los demonios, las visitas serían una vez al mes. Se entristeció al escuchar eso; sin embargo, cuando su padre mencionó a Reiji haciéndole compañía, ella pensó que estaba en lo cierto. No se sentiría sola estando con él; en realidad, no se sentiría sola mientras pasara algo de tiempo con sus otros hermanos e incluso madrastras.
Llegó la noche y Karlheinz le anunció a su hija que se iría de nuevo pronto, en una hora más. Ella lo aceptó tranquila y sin rechistar. Pero una nueva duda surgió en su cabeza. Su padre había llegado hoy y acababa de decir que ya se iba. ¿Acaso no iba a ver a sus esposas y demás hijos?, ¿en serio pensaba irse así sin más por otro mes?
—Seguiré enviándote notas con lo que te envío, ¿está bien?
No, eso no podía ser. Era más que obvio que su padre no se marcharía ahora, seguro que lo haría después de ver a sus demás hijos y esposas. Él era tan bueno que jamás se iría sin ver a su familia. Si la quería tanto a ella siendo adoptada, ¿cómo no iba a querer de la misma forma o incluso más a los que eran sus hijos biológicos?, ¿cómo no iba a querer pasar tiempo con ellos? Seguro que también le enviaba vestidos bonitos a sus tres esposas.
Su padre nunca se atrevería a negar a su familia. Nunca.
Muchas gracias a todas las personas que comentaron mi historia. En serio, no creí que tuviera tanta aceptación. Me hace bastante feliz que les haya llamado la atención; y sí, mi idea es desarrollar la infancia de Yui con los vampiros y como influenciará esto en el futuro que se viene. Para esto, también intervendrán las esposas de Karlheinz; sin embargo, se verá en capítulos más avanzados como en el 6 u 8. Espero que hayan disfrutado también de este capítulo; mi intención es desarrollar las relaciones de Yui con sus "hermanastros" poco a través de capítulos centrados en las interacciones con un solo chico. Esta vez fue con Reiji, el próximo será con otro y así sucesivamente hasta que ya estén "en confianza.
De nuevo, gracias por comentar y leer mi historia. Espero tengan un excelente día :)
An1meAddict666: I'm so sorry you thought my story was written in English! Thanks for taking your time to translate it. To be honest, my level of English is not tthat good, but I can try translating this fic someday. Thank you for saying my story is good, you wouldn't know how happy it makes me feel.
