Disclaimer: Diabolik Lovers no me pertenece; es propiedad de Rejet.
Habían pasado tres semanas desde que su padre la había visitado… Eso significaba que llegaría en una semana más. Frunció el ceño y siguió estirando sus piernas en el aire, no importándole el hecho de usar un vestido (y que desde que había llegado a ese lugar, siempre los usaba). Estaba en su habitación, así que estaría bien. Nadie la estaba viendo y nadie lo sabría.
Agitó un poco sus piernas antes de bufar aburrida, tumbarse boca abajo en la cama, y aplastar su cara en la almohada.
Ya habían pasado tres meses desde que conocía a Reiji y este no dejaba de darle lecciones de modales todos los días que se veían en el estudio. Se encontraban los lunes, miércoles y viernes, siempre a la misma hora y con la misma cantidad de tiempo. Era como si el pelinegro lo tuviera programado y formara parte de su agenda personal. Era tan mecánico al llegar e irse.
A pesar de que él se la pasara regañándola por ser una "ignorante" y "poco educada dama", debía ser honesta y admitir que así le agradaba su hermano. Además, no siempre era cruel recalcándole qué hacía mal. Esta última semana le había enseñado un poco del idioma de los vampiros. No era precisamente a través de la vocalización, daba la casualidad de que solo era un idioma escrito.
No era muy sencillo, pero que Reiji se tomara el tiempo de explicarle hacía que se esmerara en aprenderlo. Aparte de eso, había aprendido muchas cosas acerca de su hermano mayor. Podía leer muy rápido y memorizar textos enteros con solo leerlos una vez; cosa que seguía abrumándola, pues ella jamás sería capaz de eso y realmente dudaba de que otros vampiros lo fueran.
También había descubierto que a Reiji le gustaba trabajar con plantas para hacer medicinas y otra clase de cosas (entre ellas veneno, lo que casi la mata de un infarto). La mayoría de ellas eran para humanos (sí, también el veneno). Los vampiros y otros demonios no solían enfermarse (ni morir a causa de venenos…). Y cuando lo hacían, no necesitaban medicinas realmente. Bastaba con un día e incluso horas de reposo. Era una lástima que cerca no hubieran humanos; estaba segura de que las bebidas y ungüentos que el pelinegro creaba ayudarían a muchas personas.
Lo sabía por experiencia propia.
El mes pasado había sufrido su primera gripe en todo lo que iba del año, y Reiji, viéndola con la cara roja y el sudor escurriendo por su frente, se había molestado con ella por andar así siendo una Sakamaki. Le había dado una reprimenda que la asustó aun más que cuando su padre descubrió hace años que había dejado la cabaña del bosque para visitar el pueblo cercano. Sí, así de aterrador podía ser el pelinegro -a sus 9 años de edad- por ver a su hermana adoptiva no cuidando de su "débil cuerpo humano".
Ese mismo día, Reiji la había llevado a su propia habitación y le había ordenado permanecer ahí mientras él traía todo lo necesario. Cuando regresó, vio que en sus manos traía plantas que nunca antes había visto y frascos con contenido de olor poco agradable, que prefirió no saber de qué estaban hechos. Mientras preparaba el jarabe que la haría sentir mejor, recordaba que él se quejaba de los sirvientes por haberla dejado salir de su cuarto con ese aspecto tan horrendo.
Aunque sonara un poco duro e humillante, a Yui eso le había gustado. Era algo así como la prueba de que él se preocupaba por ella a su manera. Claro que cuando ella le insinuó eso, Reiji respondió con un seco "es molesto tener que ver a alguien luciendo así", pero con eso bastaba. Al día siguiente, su gripe había desaparecido y esperaba ansiosa el día que volviera Reiji para decirle que se había mejorado muy rápido.
—Era esperable que mejoraras en un día. Hice todo con cuidado para que así fuera.
Sonrió al rememorar eso y se levantó de un salto en la cama. No había necesidad de pasársela todo el día tirada en la cama sin hacer nada. ¿Podría leer?, ¿intentar que alguna sirviente la tratara normal y la mirara a los ojos? No, eso sería hacer lo mismo de todos los días.
Con desgano, salió de su habitación para ir a la cocina y beber un poco de agua. El camino hacia la cocina era muy largo a su parecer, pero la idea de pedirle a un mayordomo que le sirviera un insignificante vaso con agua la enfermaba. No le agradaba interrumpir los quehaceres de otros, y aunque estos no parecieran fastidiados por sus pedidos, prefería hacerlo ella misma.
Además encontrarlos era muy difícil. No era común verlos en los pasillos.
Cuando pudo beber el contenido, aprovechó para llenar el mismo vaso y llevarlo a su recamara. De esa forma, no tendría que levantarse de nuevo. De camino a su habitación, pensó en todo lo que podría hacer para distraerse. Su padre le había enviado hace unos días un libro de cocina y una nota que decía: "Espero que te animes a cocinar, ya que siempre quisiste hacerlo".
Sí, la verdad es que siempre había querido hacerlo, pero nunca había podido. En la cabaña no tenía una cocina, solo una cama y una mesa sobre la que su padre solía dejar una cesta llena de comida para todo un día. Él solía quedarse con ella toda la mañana y luego se iba para trabajar, siempre prometiéndole que vendría mañana…
Suspiró y negó con su cabeza. No, no iba a deprimirse de nuevo. No ahora. Aprovecharía el día para preparar las recetas de ese libro en la tarde. Lo más probable era que no supieran bien al principio, pero cuando fuera lo suficientemente buena, le prepararía algunas galletas a su padre para cuando llegara de sus viajes. Desde muy chica, había soñado con eso.
A punto de pisar el último escalón que conectaba al segundo piso, un golpe hizo que Yui se tropezara y derramara el agua sobre ella. Aunque todo pasase en un segundo, y la sensación de caerse desconectara a casi todos los sentidos de su cuerpo, la rubia lo veía en cámara lenta: como su cuerpo suspendido en el aire iba descendiendo para seguro tocar el piso, como el techo se volvía nubloso y como el sonido desaparecía por completo.
Cerró con fuerza los ojos, esperando el impacto con miedo. Nunca sintió dolor, solo un fuerte jalón en su brazo y una suave almohada debajo de ella.
—Oww… —escuchó la queja de la almohada y se precipitó a abrir sus ojos—. Sí que pesas…
Yui parpadeó varias veces sin creer de quien se trataba. Se encontraba encima del niño de ojos verde claro y cabello castaño largo; ese que le había sonreído una vez en la fiesta de bienvenida.
— ¡Ah, Laito-kun! —Se levantó rápido para dejarlo respirar—. Perdón, seguro me tropecé y-
—Shh… —la calló Laito, colocando un dedo sobre sus labios, dejándola anonada y con los ojos bien abiertos—. No hables, es peligroso.
¿Qué?
— ¿P-peligroso?
—Sí… —respondió, mostrando una cara muy seria—. Si él nos encuentra, ¡todo estará perdido!
¿Si él los encontraba?, ¿a quién se refería? ¿Habría algún demonio malo en la mansión en este momento?
— ¿De quién hablas, Lait-
— ¡No hay tiempo, Yui-chan! Si seguimos acá, podríamos perder nuestra vidas —la interrumpió él, sacudiéndola bruscamente, haciéndola temblar de miedo—. Él conoce muy bien esta mansión desde el jardín hasta el tercer piso, ¿sabes qué lugar sería bueno para escondernos?
La rubia aún no entendía la situación, pero si Laito estaba tan alterado por alguien que parecía ser peligroso, lo correcto sería ayudarlo, ¿no? Si de lo que huían conocía tan bien la mansión hasta el tercer piso, ¿cualquier habitación del cuarto piso estaría bien?
Asintió no muy segura, tomándolo de la mano y guiándolo hacia el cuarto en el que se la pasaba la mayor parte del día encerrada.
Después de haber corrido unos minutos hasta su habitación, se recargaron exhaustos sobre la puerta cerrada con seguro. Aunque los dos estaban cansados, Yui parecía más agitada y exhausta. Correr con Laito había sido difícil por su velocidad incomparable. Un dolor punzante en su corazón hizo que un exhalo se convirtiera en un gemido de dolor.
Llevó una mano a su pecho, intentando apaciguar el dolor inútilmente. Durante su estancia en esta mansión, ya que no había realizado una actividad física sobre cargada o recibido alguna horrible sorpresa, no había pensado mucho en el problema que tenía su corazón. Pero ahora que sentía como si miles de agujas perforaran su corazón, se arrepentía de no haberlo hecho. El dolor era asfixiante y horrible; casi daban ganas de arrancarse ese órgano vital en el pecho.
—Respira, Yui, respira…
Recordó las palabras de su padre y las siguió. Mientras más rápido se calmara, más rápido se iría el dolor…
—Oye, ¿te sientes bien?
La voz de Laito la ayudó a tranquilizarse un poco.
—Sí, solo corrí mucho, es todo.
Él pareció dudar de sus palabras, pero lo dejó pasar.
—Ah, bueno.
El castaño se puso de pie y miró a los alrededores como quien no cree lo que está viendo. Un tapiz de flores rosas, ventanas con cortinas rosas, una cama rosa y más cosas rosas… Luego se fijó en la niña que, para variar, usaba un vestido rosa y tenía ojos rosas, muy lindos por cierto.
—Te gusta mucho el rosa, ¿no?
Yui se levantó del piso ahora que estaba mejor y se fijó en la forma que Laito miraba su habitación.
—Me gusta, pero si lo dices por la habitación, ya estaba así antes de llegar.
—Hmmm…
Laito caminó por el cuarto y se detuvo frente a la cama. Se tiró en ella de un salto, mirando el techo. Yui lo observó con curiosidad y se acercó a él. Ya parecía más calmado y relajado sobre el demonio o lo que sea que lo estuviese persiguiendo.
—Laito-kun, ¿de qué estabas huyendo hace un rato?
—Ah, sobre eso… —dijo antes de sonreír y voltear su cuerpo hacia la dirección de ella—. Verás~ Kanato-kun quiere atraparme~
¿Kanato-kun?, ¿su hermano? La pequeña frunció el ceño. ¿Él lo quería matar? Realmente lo dudaba… Y la sonrisa que Laito tenía en el rostro no lo hacía muy convincente.
— ¿Kanato-kun quería hacerte daño?
— ¡Sí, mucho daño!
De verdad, no se lo creía.
— ¡No te lo creerías!
No, de hecho, no lo hacía.
—Kanato-kun quería jugar a las escondidas, pero quería que yo fuera el que llevara la cuenta… ¡de nuevo! —Hizo un puchero—. Así que le dije: "Si me encuentras en menos de una hora, yo contaré para toda la vida; y si no, tú lo harás"~ ¡Se puso a contar como loco y no me quería dar más tiempo para esconderme! Qué cruel es, ¿verdad?
Yui entrecerró los ojos a la vez que un suspiro de decepción amenazaba con escapársele. ¿Había corrido como loca con vestido hasta al cuarto piso con Laito solo porque él no quería ser el que contara en el juego de Las escondidas? Iba a reclamar o intentar decir algo, lamentablemente no tenía ni idea de qué. Molestia no era lo que sentía, pero esto había sido muy tonto.
Terminó por suspirar. Laito seguía tirado en su cama, mirándola de lo más divertido, como si ella fuese un juguete nuevo.
— ¡Ah, Yui-chan! —La apuntó con su dedo—. Tu vestido está todo mojado.
¿Yui-chan? Ya la había llamado así hace un rato. No le había prestado mucha atención antes… Estaba acostumbrada a que su padre la llamara así. Era raro escuchar a Laito diciendo eso, sin embargo, le gustaba. Daba un aire de confianza entre ellos similar al que había creado con Reiji después de largos días.
— ¿Mi vestido…? —La rubia vio hacia abajo y en efecto, la parte de la falda estaba completamente empapada. ¿Cómo no se había dado cuenta antes?
Seguro fue porque todo pasó muy rápido cuando Laito la traumó con que alguien lo perseguía. Ahora también notaba que en su mano seguía el vaso que antes estuvo lleno con el líquido que hacía que la ropa se adhiera a su cuerpo. Dejó el vaso sobre un mueble más cercano y sacudió un poco la falda.
—Debería cambiarme…
— ¿Por qué?
—Podría enfermarme.
¿Cómo?
Laito frunció el ceño. ¿Enfermarse por estar con la ropa mojada? Eso era imposible. De ser así, él se habría enfermado varias veces jugando bajo la lluvia. El cuerpo de los vampiros jamás se enfermaba, era casi imposible; así que usar un vestido mojado no… Ah.
Ah, cierto.
—Debe ser duro ser humano —dijo, antes de volver a sonreír y seguir mirándola atento.
Había escuchado de muchos demonios que los humanos se enfermaban de cualquier cosa y, al parecer, tenían razón. No eran muy rápidos ni fuertes. Ni podían volar cuando había luna llena. Menos teletransportarse. Aparte de eso, si no se alimentaban, podían morir de hambre. El castaño tembló ante la idea de sufrir eso.
Sep, para Laito, ser humano debía ser desastroso. Sentía algo de pena por su hermana adoptiva.
Yui caminó hacia el armario y cuando estuvo frente a él, procedió a desvestirse sin vergüenza como la pequeña inocente niña que era.
Laito no perdió de vista el acto y sus ojos se posaron de forma curiosa en el delgado cuerpo de la pequeña rubia. A diferencia de la palidez de su fría piel, la de ella era mucho más brillante y con más color; su piel también se bañaba del color rosado, concibió. Observó cada centímetro de su cuerpo como si fuera algo asombroso. Había visto varias veces a Kanato y Ayato en ropa interior, pero ver a su hermana adoptiva era algo completamente diferente. Era… extraño. No tenía cuerpo de mujer. No tenía un cuerpo voluptuoso como el que su madre tenía, así que no estaba seguro de que su hermana realmente lo fuera.
Tuvo que recordar que era tan solo una niña al igual que él para aceptar el hecho de que Yui tuviera un obvio pecho plano y no presentara un minúsculo bulto en su entrepierna. También tuvo que reconocer que su cuerpo parecía muy débil, como si de un golpe pudiera lastimarla severamente. Como si de un mordisco para probar su sangre pudiera romper algún hueso.
Hablando de su sangre, el olor de esta se había intensificado cuando Yui se quitó el vestido. Si no fuera porque se había alimentado en la mañana, tal vez Laito se hubiese sentido tentado a probar solo un poquito de ella. Solo un poquito porque es su hermana y no quería que su padre lo asesinara por eso. Lástima, su sangre olía a dulzura pura.
Divagando perdido en los rincones de su mente, no notó cuando la pequeña escogió un nuevo vestido que ponerse ni cuando se lo puso. Fue arrastrado a la realidad cuando Yui sacudía un poco el vestido y decidía acercarse a él finalmente. Cuando lo hizo, Laito la miró de arriba hacia abajo, parpadeando un par de veces.
—El azul te queda mejor que el rosa.
— ¿Tú crees?
—Sí —Asintió, y Yui creyó ver sus ojos esmeraldas centellear complacidos—, te ves más bonita con ese vestido~
Le agradeció el cumplido con la cara roja y tuvo que soportar la risa burlona de su hermano que la ridiculizaba por su "timidez". No era tímida… ¿o sí?
—Oye, ¿necesitas otro?
— ¿Otro qué?
Laito señaló el recipiente de vidrio que yacía frente al espejo. Ella hizo una mueca.
—No, ya me serviré otro después.
— ¿Segura? Te lo pueden traer en seguida, solo tienes que pedirlo así… —dijo antes de aclararse la garganta—. ¡Un vaso con agua! —Llamó.
Yui lo miró raro. ¿A quién le gritaba? Si no lo pedía a nadie, ¿quién le traería el vaso con agua?, ¿el aire? Meditó unos segundos… ¿Los vampiros podrían hacer eso?
Un sonoro golpeteo en la puerta detuvo su loca imaginación.
—Ah, ya llegó.
Laito abrió la puerta y un mayordomo le alcanzó el vaso con agua y se retiró. El castaño cerró la puerta y volvió a la cama, extendiéndole el vaso a su hermana adoptiva. Todo en cuestión de segundos.
—Viste qué fácil fue~
La rubia no comprendía lo que había pasado. ¿Cómo había llegado tan rápido? Mejor aún, ¿cómo lo había escuchado a Laito?
— ¿Por qué pones esa cara? No me digas que no sabías de esto y te la pasabas buscándolos siempre…
La vergüenza en el rostro de la pequeña fue obvia. El niño tuvo que contener una sonora risa.
—Pff, qué tonta.
—N-No lo sabía…
—Tu padre es un vampiro, los sirvientes son demonios o cadáveres andantes y, ¿no sabías esto? — Soltó una carcajada—. Jajaja, wow, no me lo creo.
—Ugh…
Un momento, ¿acababa de decir cadáveres vivientes?
—En fin, ¿no vas a tomarte el agua?
No tenía sed justo ahora (culpemos a la terrorífica mención de cadáveres vivientes siendo sirvientes), pero ya que Laito se había tomado la "molestia" de hacerlo, decidió beberlo.
—Oye, espera… —la detuvo antes de que llegara a ingerir el líquido y la miró seriamente—. ¿Y si está envenenado?
La rubia lo miró como si estuviera loco, pero también alejó el vaso de sus labios.
—No deberías aceptar tan fácilmente lo que te dan de beber… ¿qué pasaría si justo algo raro en la cocina le cayó encima? O… —hizo una pausa melodramática—, ¡¿Qué tal si alguien de esta mansión intenta matarte?!
Eso era prácticamente imposible, razonó ella. Pero ahora que él lo mencionaba, lo cierto era que desde esa fiesta de bienvenida sentía que una de sus madres reprobaba su sola estancia en la mansión. Y, por alguna razón -mística o solo superficial tal vez-, Yui veía a la mujer de cabellos purpuras un poco capaz de poner cosas raras en sus bebidas para alejarla.
Lo cual era aterrador y la obligaba a revolverse incómoda y temerosa.
— ¡Era una broma! Jaja, mira, voy a tomarlo y verás que no tiene nada~
Laito dio un sorbo muy tranquilo y alejó el vaso de sus labios.
— ¿Ya ves? —Le insistió—. No pasó nada, ¿lo ves? —Rió de nuevo mientras la pequeña seguía mirándolo con desconfianza.
Él le ofreció el vaso, pero ella, un poco resentida, se negó a tomarlo.
—Ah, vamos, no seas así, fue solo una pequeña bro-
El vampiro no pudo siquiera articular la última palabra antes de toser como si plata en polvo ardiente se hubiese adherido a su garganta.
— ¡UGH!
Los ojos verdes del castaño se abrieron como platos mientras este llevaba una mano a su cuello y empezaba a respirar entrecortadamente. Horrorizado, volteó a ver a Yui, quien lo veía asustada y empezaba a temblar. No… ¿en serio el agua tenía veneno? Pero, aun si fuera veneno, Reiji le había dicho una vez que los vampiros no podían morir incluso si ingerían grandes dosis…
Así que, aun si el agua realmente hubiese estado envenenada, Laito-kun estaría mejor en un rato, ¿no?
—Agh, no puedo… —jadeó y cerró sus párpados con fuerza—, respirar…
Tosió antes de aferrar sus manos al edredón y morderse el labio con los colmillos. ¿Y si Reiji se había equivocado?
— ¿L-Laito-kun? —El vampiro golpeó su pecho un poco como intentando encontrar alivio.
Antes de que fuera capaz de procesarlo, las lágrimas rebalsaron sus ojos y corrieron por sus mejillas. No podía ser… ¿Laito estaba…? La rubia cerró sus ojos asustada antes de gemir destrozada sin saber qué hacer. ¿Qué haría?, ¿a quién llamaría?, ¿Podría Reiji-
—Pfff…
Yui parpadeó.
—Jajajajajaja —se carcajeó Laito, muy sano y enérgico de pronto, sentándose en la cama y acomodando su cabello— Debiste haber visto tu cara. Estabas tan asustada y… ¡Mira, estás llorando!
Laito rió más fuerte y la rubia por fin reaccionó. Infló sus mejillas con cólera y procedió a explotar.
— ¡Mou, Laito-kun! —Chilló molesta—. ¡Eso no fue gracioso, tonto!
—Sí lo fue~
Yui ya no sabía si las lágrimas que derramaba eran por el susto anterior o por su rabia actual. Lo ignoró y se las secó de un manotazo. Eso había sido muy cruel; en verdad, se lo había creído. Lo peor era que Laito seguía muy divertido con lo que había hecho y parecía disfrutar de lo lindo con verla así.
Qué niño tan cruel. Infló sus mejillas más.
—Hmph, por un momento incluso creí que Reiji se había equivocado…
—Ah.
Laito paró de reír de inmediato y enfocó sus sentidos en ella de nuevo. ¿Qué había dicho ella?
— ¿Reiji…? —La vio confuso—. ¿Has hablado con Reiji?
El cambio de ánimo que había tenido su hermano y la mención tan incrédula del otro hizo que olvidara su enojo.
—Sí, lo veo en el estudio a veces.
Yui no sabía si lo que había dicho era malo o no, pero la mirada de Laito tampoco le ayudaba a descifrarlo.
—Eso es raro.
¿Hablar con Reiji era raro?
Laito no dijo nada después de eso y pareció perderse en otra dimensión. ¿Qué era raro? El silencio comenzó a incomodarla y decidió cambiar de tema.
—Hace un rato dijiste que Kanato solo conocía la casa hasta el tercer piso, ¿por qué?
Laito la miró de reojo, aún confundido, antes de hablar.
— ¿Por qué lo dije? —Repitió—. Porque es la verdad, Kanato solo conoce la mansión hasta el tercer piso, al igual que los demás.
— ¿Al igual que los demás?
—Es que no hay nada en el cuarto piso —dijo muy tranquilo—, excepto el estudio, pero ninguno de nosotros lo usa. Y nadie acostumbra venir aquí. O eso creía hasta que me contaste lo de Reiji.
—Pero mi habitación está en el cuarto piso…
—Por eso digo que esto es raro —murmuró más para sí mismo que para ella—. Las habitaciones de todos están en el segundo y tercer piso. Se supone que las puertas del cuarto piso están todas llenas de objetos, pero mira esto… —le dio una de sus sonrisas pícaras, aun detallando la información en su cabeza—. Yui-chan siempre había estado aquí~
Aunque la niña fuera la única que parecía sorprendida por esta revelación, Laito también lo estaba. Él ya había visto a Yui en el cuarto piso desde el jardín, pues ella salía de vez en cuando al balcón. En realidad, todos la habían visto; no era nada nuevo. Y como los demás, creía que ella sola decidía ir ahí para disfrutar de la vista que había, pero… ¡Oh, sorpresa!
Yui dormía aquí, en el único piso vacío y además nunca iba al jar-
Un momento, se detuvo él mismo.
Había otra cosa rara aquí.
Laito siguió observándola, esta vez como inspeccionándola.
— ¿Por qué nunca sales de la mansión?
La niña lamió sus labios antes de contestar.
—Mi padre no quiere que lo haga —respondió mecánicamente
¿Por qué?, era la pregunta mental que nunca obtuvo respuesta.
Todo era muy extraño.
Cuando chocó con ella en las escaleras le había pedido ayuda, pensando que ella era buena para esconderse. No la había visto de cerca en meses y se suponía que vivían juntos. ¿Entonces por qué nunca la vio en el comedor, el salón, o rondando por los corredores? Supuso que la pequeña era muy tímida o simplemente prefería estar sola. De ahí que lograra estar semanas enteras sin ser vista… ¿Cómo se suponía que debía asimilar esto?
¿Qué demonios hacía una niña metida en el piso que podría ser llamado almacén? ¿Acaso su padre hacía lo mismo que su madre con Ayato? No, eso no podía ser. Yui no tenía pinta de estar exhausta o al borde del colapso. Entonces, ¿por qué no podía salir?
O su madre tendría razón con eso de haberla adoptado para negarla como a todos los dem-
— ¿Laito-kun?
El castaño parpadeó, volviendo a la realidad una vez más en lo que iba del día. Sonrió de nuevo como su regla básica al percatarse que había dejado de hacerlo.
—Creo que debería irme ya.
— ¿Eh? —Yui lo vio confundida—. ¿Por qué?, ¿no que te estabas escondiendo?
—Lo hago, pero —Se levantó de la cama—, ¿no sería trampa si Kanato no sabe que estoy en el cuarto piso?
Tenía razón en eso, pero… No quería que se fuera. Laito era muy amable con ella hasta ahora (omitiendo su cruel sentido del humor) y sentía que si lo dejaba ir, no lo volvería a ver en mucho tiempo. Y no quería, no quería estar sola. Era más que obvio que él no podría estar con ella todo el tiempo; sin embargo, si podía llegar a tener una relación con él como la tenía con Reiji…
Sería grandioso. Eran hermanos después de todo.
—Ah, ¿por qué pones esa cara de perro abandonado? —Le preguntó Laito, sonriendo pícaro antes de que una idea loca cruzara su mente—. Acaso… ¿quieres que siga haciéndote compañía y que te visite todos los días?~
Aunque había utilizado el tono de voz tan bromista, característico de él, los ojos de Yui se iluminaron.
— ¡¿Podrías?!
—Eh… —Incrédulo, parpadeó una, dos veces… ¿Esa niña hablaba en serio?
Solo había bromeado. Bien, hacerle compañía no era problema, pero… ¿de verdad lo quería ahí con ella? Vio sus ojos brillando con emoción y acorralándolo. Era como si quisiesen conquistarlo y mantenerlo preso. ¿Tanto odiaba estar sola? Estar solo no era tan malo. No cuando tu madre no hacía más que ignorarte cuando estabas cerca. Daba lo mismo estar solo o estar con esa mujer de cabellos púrpuras a la que tanto quería.
Amplió su sonrisa.
—Está bien, Yui-chan. Me quedaré contigo~
La pequeña de orbes rosadas imitó su gesto alegre.
—Muchas gracias, Laito-kun —le agradeció de corazón, atreviéndose a lanzarse sobre él debido a su explosión de felicidad.
Reiji la mataría si le hiciese algo así, pero Laito no parecía Reiji; y no parecía enfadarse por este tipo de cosas o tampoco decir que eran de mal gusto.
El castaño quedó perplejo cuando sintió el calor de la humana en su pecho. Ella… ¿Lo estaba abrazando? Con mucha inseguridad y asombro, la rodeó con sus brazos, como si fuese un objeto muy frágil. Nunca había abrazado a nadie antes… Kanato no contaba. Casi lo había asfixiado su hermano cuando lo utilizó como oso de peluche tras tener una pesadilla. Como sea, no le desagradaba esto de sostener a su hermanita. Era… ¿tierno, tal vez?
Ahora que lo recordaba… No tenía planeado qué hacer con Kanato aún. Lo más seguro era que lo siguiera buscando. Lo positivo de esto era que ya había pasado más de una hora y jamás volvería a contar en ese horrible juego de las escondidas, así que… ¡Hurra! Por otro lado, conociéndolo, le importaría muy poco su apuesta siendo él, el que había perdido.
De seguro le preguntaría en dónde se había escondido… Y si le decía que había estado con su hermana, lo más probable es que hiciera su más grande berrinche histérico, alegando lo que su madre solía opinar de la pequeña. Su madre odiaba mucho a su hermana adoptiva, y aunque esta última tuviera una personalidad tan poco amenazante u hostil, entendía por qué su madre la detestaba.
La culpa la tenía ese hombre. ¿No podía ser menos llamativo?, ¿no podía simplemente entrar a la mansión cada mes sin que su madre se enterara?, ¿sería consciente de que su madre estaba dispuesta a matar a su "preciada hija" por su inconsciencia?
Si tanto la quería como para ir a la mansión por ella, ¿por qué no ser más cuidadoso? O, acaso, ¿no le importaba en realidad?, ¿no la quería? Para Laito, eso tenía más sentido. No creía que ese hombre fuera capaz de apreciar la vida de alguien. Pero ahí estaba Yui, siendo "amada", como su madre decía, por su padre. Incluso otros demonios lo sabían, que Karlheinz veía a su hija humana como la preferida en su familia, la única mujer e hija que visitaba y cuidaba…
Y por la forma que rubia miró a su padre en esa fiesta de bienvenida, Laito lo supo. Que Yui era igual a su madre, que ella podría entregar todo por ese hombre, que la rubia era devota a él y que jamás dudaría de su palabra. Y esa idea era nauseabunda. Pero también sabía, que a diferencia de su madre, el mundo de Yui no era específicamente él, que ella no necesitaba a ese hombre para mantenerse "sana y cuerda".
Y eso era suficiente para hacer que le agradara.
Ya pensaría en qué decirle a Kanato y cómo borrar el aroma de la niña que seguía colgada a él.
Ese mes, cuando Yui habló con su amado padre, notó que él parecía más feliz cuando le contaba de Laito y Reiji que de otros temas. Era obvio que fuese así, se trataba de sus hijos, a los cuales quería con toda su alma.
¿Todos los días?
— ¡Sí, Laito-kun siempre me visita en las tardes!
—Hmmm… eso es muy lindo.
Y conveniente, pensó sonriendo para sí.
Lo siento por la demora. Últimamente, he estado ocupada con… ciertos problemas en mi casa. Y, aparte de eso, he descubierto que me gusta dibujar y pintar con mucha pasión; y pues, he estado ensimismada en eso. Una excusa más que podría dar es que no encontraba inspiración para terminar este capítulo. Espero que no se sientan incómodos por cómo plasmo las personalidades siendo niños. Sé que los vampiros ya grandes son sádicos y crueles, pero de niños daban una impresión muy diferente, así que intento apegarme tanto los juegos como al Anime cuando escribo.
En fin, ¡gracias por esperar y comentar tanto esta historia. Me alegra mucho que les guste bastante! Este capítulo trató de Laito, el próximo será de Kanato :) Muchas gracias por sus comentarios (son muy dulces, en serio) y una vez más, disculpen la demora.
