Hugo.
-¿A dónde fue James, abuelo? -le preguntó a su abuelo paterno el más pequeño de los primos varones Weasley. Bueno, pequeño, ya tenía quince años.
-A resolver todas sus dudas. Ven, siéntate conmigo. -dijo Arthur. Hugo se sentó en el sitio que James acababa de dejar vacío.- ¿A ti qué te pasa?
-Nada...
-¿Nada? Es imposible escuchar eso y que no te pase nada. A mi mismo que lo viví se me pone la carne de pollo. -le dijo Arthur. Hugo sonrió.
-Gallina, abuelo. La carne de gallina.
-Le diré a tu madre que me redacte un diccionario.
-Y lo hará encantada. -dijo Hugo, sonriendo. Su abuelo le acarició los rizos. Él no era pelirrojo, como alguno de sus primos, pero tampoco tenía el pelo castaño. Era una clara mezcla de sus dos progenitores.
-¿Qué es lo que más te ha impactado?
-Todo lo que papá y mamá hicieron por el tío Harry, todo lo que los tres vivieron. -confesó Hugo. Siempre había visto interesantes las cicatrices en los brazos de su padre y le asustaba bastante la palabra que su madre tenía en el brazo, aunque pocas veces ella se la dejaba ver.
-¿Asusta verdad? Y más cuando es uno de tus hijos quien vive todo eso. -dijo Arthur.
-Papá abandonó a mamá y al tío Harry en la búsqueda de los Horrocruxes. -dijo Hugo. Igual que Percy contó como abandonó a su familia, Ron contó como abandonó a sus amigos.
-Lo hizo por amor.
-No, eso no lo haces por amor.
-Sí, cariño. La gente hace cosas locas por amor. Y eso tu padre lo hizo por amor. Por el amor que le tenía y le tiene a tu madre. Y por el amor que le tiene a Harry. Se sentía demasiado traicionado por los dos. Y el Horrocrux que tenía colgado al cuello no ayudó nada. Pero volvió, volvió con ellos. Se arrepintió y no paró hasta encontrarlos y volver con ellos. No se lo tengas en cuenta.
-Es mi padre, le perdonaré todo. -dijo Hugo, sonriendo de lado. Él era consciente que su familia era lo mejor que tenía en el mundo.- Y los admiro, a los dos. Todo lo que hicieron por Harry. Me gustaría sentir esa misma necesidad de ayudar a alguien, sabiendo que mi vida corre peligro.
-Lo sientes. -dijo Arthur, sonriendo.- Lo sientes por tus padres, por tus tíos, por tus primos, por tu hermana... Y por tus amigos también, ¿no? ¿O te quedarías cruzado de brazos si a los hermanos Scamander estuvieran en peligro? Por Merlín, Hugo, eres un Gryffindor.
-Supongo que no...
-Tranquilo, hijo, tranquilo. ¿Por qué no vienes a ayudarme a preparar un poco de té? Que va a ser una velada dura para todos.
-Claro, vamos.
Hugo cogió de la mano a su abuelo y lo ayudó a levantarse. Los dos caminaron hacia la cocina y allí, Molly Weasley ya tenía el té preparado.
