Roxanne.

Subió corriendo a la habitación de su padre -y de su tío-. Al entrar entonces le encontró sentido a todo. Las cosas repetidas, las camas gemelas, la simetría de la habitación. Todo lo que no tenía sentido hasta aquel día lo tenía ahora. El hermano gemelo de su padre. Ese chico que vio en fotos que era igual a su padre, por el que llevaba su nombre su hermano mayor, que dio su vida para que ella viviera en un mundo mejor.

-Hacía años que no entraba aquí... -dijo Angelina, desde la puerta, sonriendo de lado.

-¿Qué? -preguntó Roxanne, con la cara empapada de lágrimas.

-Sí, hace muchos años que no subo a esta habitación. La última vez que lo hice vi como tu tío Ron obligaba con gritos y patadas a tu padre a salir de aquí. Lo metió en la ducha y le dijo "Mamá está haciendo el desayuno, luego tienes que ir a Sortilegios Weasley, en una semana reabrimos". -recordó con una sonrisa, incluso divertida.- Parece mentira que ese chico al que teníamos que animar porque se deprimía, tenía un claro problema de autoestima y al que tu padre tanto molestó con su gemelo fuera quien lo cogiera por la camiseta del pijama y lo empujara hasta el baño.

-¿Eso hizo el tío Ron? -preguntó Roxanne. Angelina asintió caminando hacia ella y sonriente.

-Esa era la parte que nos tocaba contaros. Pero os marchastéis cuando lo divertido iba a empezar. -dijo Angelina, acariciando el pelo corto de su hija. Angelina señaló con la mirada una de las camas de la habitación y las dos se sentaron en ella.

-¿Cuál es la parte divertida?

-Pues desde aquel dos de mayo de 1998 hasta hoy. Como renacimos de nuestras cenizas como un fénix y construímos todo lo que tenemos ahora.

-¿Me la cuentas?

-Claro... -dijo Angelina, sonriendo. Su hija se limpió las lágrimas y la escuchó atenta.