Harry potter y sus personajes son propiedad de JK Rowling
¿Qué es ser uno mismo?
Cuando era pequeño nunca me preocupó
Enfadarse cuando algo no te gusta
Decir que me gusta lo que me gusta
Cambiaremos
Las cosas que queremos proteger cambiarán
De un tesoro que no se puede entender
A fachadas para ser entendidos
Rashisa/ Super Beaver
Partida
Chris y Ron fueron llevados a Ollivanders para comprar sus varitas, el castaño buscó a su gemelo pero no lo veía por ningún lado.
—Papá, ¿dónde está Harry? —preguntó.
—Tu madre lo mando a recoger unas túnicas nuevas
—Voy a buscarlo —dijo el castaño.
—Pero Chris, el que va conseguir su varita vas a ser tú, no Harry —protestó James.
—No importa, iré a buscarlo —declaró resuelto y se alejó de su padre, salió de la tienda de varitas y corrió hacia la boutique.
Se acercó con lentitud a la tienda y abrió la puerta, sus ojos marrones se encontraron con una escena muy extraña: su hermano tenía la mano en la mejilla de un chico rubio y lo contemplaba con adoración, Chris por primera vez sintió celos, Harry siempre le había prestado atención sólo a él. Sacudió la cabeza y con decisión se acercó hacia el pelinegro.
—¡Harry! —gritó jalando la mano de su hermano con brusquedad y todo se puso aún más extraño, Harry le gruñó a Chris, los ojos verdes siempre cálidos del chico se habían vuelto afilados y felinos haciendo que Chris retrocediera— Hermano… —susurró aterrado. Harry lo observó y parpadeo confundido
—¿Chris? ¿Qué haces aquí? —preguntó extrañado el pelinegro.
—¡Harry! —el castaño se abrazó al pelinegro.
—Aquí están tus túnicas querido —la voz de Madame Malkin los hizo girar. Draco parpadeó confundido sentía que había estado en trance o bajo la maldición alguna maldición porque su cuerpo había actuado solo.
—Vamos Harry —Chris cogió de la muñeca a su hermano y tiró de él para sacarlo de la tienda, el pelinegro le dio una última mirada al rubio y se dejó arrastrar por su hermano en dirección a Ollivanders.
Chris temblaba ligeramente, por un momento había temido que Harry no regresaría a ser el de siempre pero no culpaba a su hermano de nada, el culpable era ese rubio estúpido que se había atrevido a ver directamente a los ojos de Harry, Chris sabía por experiencia que ningún mago era capaz de resistirse a los ojos esmeralda de su hermano, él era una excepción y Sirius también pero todos los otros que veían directamente a esos ojos verdes se perdían en ellos, caían en una especie de trance del cual era imposible salir. Pero tal como se dijo a sí mismo Harry no tenía la culpa, todo era culpa de ese estúpido niño y todos aquellos que se atrevían a mirar a los ojos esmeraldas. Chris llegó a Ollivanders y en la puerta se encontró con Sirius, el hombre les dio una rápida mirada.
—Harry, Chris ¿de dónde vienen? —preguntó
—De la tienda de túnicas —respondió Harry.
—Felicidades por entrar a Hogwarts, Chris —el mago pelinegro le sonrió al castaño.
—¡Chris! —la puerta se abrió y James se asomó— ¿Pero qué hacen aquí? Ollivander está esperando para que puedas comprar tu varita.
Sirius ingresó a la tienda junto a los gemelos, Chris olvidó el incidente en la tienda de túnicas cuando Ollivander puso en sus manos una varita, pero casi al instante se la arrebató murmurando algo sobre no ser la varita correcta, James y Lily estaban expectantes.
Después de una serie de varitas más la indicada apareció.
—Una varita de veintidós centímetros, de haya y por núcleo lleva fibras de corazón de dragón —recitó el hacedor de varitas.
—Muy bien, ahora para el joven —el mago posó su mirada en Harry.
—No, él no necesitara una varita —intervino James incómodo.
—¿Está seguro?
—Sí —respondió secamente.
Harry desvió la mirada, empezaba a molestarle la manera en que su padre estaba tratándolo, como si fuera la vergüenza de la familia aunque… tal vez eso pensaba su progenitor. Sirius frunció el ceño, James empezaba a pasarse con su trato hacia Harry.
—Aún quedan muchas cosas por comprar —intervino Lily.
—Sí, debemos ir por los libros —Chris se mostró entusiasta.
Después de un agotador día en el callejón Diagon, Chris tenía todo lo que necesitaba para comenzar Hogwarts. Los días antes de la partida del joven mago todos estaban emocionados, James y Harry habían retomado su antiguo trato, James se mostraba amable y compresivo y Harry había vuelto a ser el chico sociable y bromista, todo iba normal.
La noche previa a la partida a su partida el castaño había ido a dormir a la cama de Harry y toda la noche se la pasaron hablando.
—Promete que me escribirás —pidió el castaño.
—Cada día si quieres —respondió el pelinegro sonriendo.
—¡No seas exagerado! —protestó Chris embozando una ligera sonrisa.
Ambos se quedaron en silencio viendo el techo de la habitación, Harry pensando en cómo sería todo una vez que Chris se marchara al colegio de magia, sabía que su padre tal vez se pusiera un poco pesado pero ya lidiaría con eso después.
—Harry tú, ¿irás a una escuela muggle? —preguntó Chris.
—Supongo que sí —la verdad Harry sabía que eso no pasaría.
—Sabes que aún no es tarde ¿verdad?, todavía podrías decirle a mamá y papá…
—Chris, ya hablamos sobre eso —lo cortó el pelinegro.
—Sí, pero… —suspiró derrotado era imposible discutir con Harry.
Ambos se quedaron en silencio y a los pocos minutos Harry oyó la respiración calmada de su hermano, sus ojos verdes acostumbrados a la oscuridad le permitieron ver la habitación perfectamente; con cuidado se puso en pie y se acercó a la ventana, la luz de la luna menguante se coló por medio de las gruesa cortinas y el pelinegro se quedó contemplándola, casqueó los dedos y una lluvia de chispas moradas cayeron al suelo adoptando la forma de una sombra, volvió a casquear los dedos y la sombra desapareció.
La mañana del 1° de septiembre el ambiente en la casa de los Potter era muy estresante y pesado. Lily se despertó temprano y fue a levantar a sus hijos, James estaba de mal humor y salir a tiempo de la casa fue todo un caos, los Potter fueron directamente a la estación de King Cross y después de atravesar la barrera mágica estuvieron frente al gran expreso de Hogwarts, varios niños de primero estaban allí acompañados de sus familias, inquietos y ansiosos por subir al tren y partir hacia la escuela mágica.
Harry sintió un ligero aroma que había sentido antes, el olor a tormenta y otro que a un no lograba identificar, se alejó un poco de su padres que ahora hablaban animadamente con los Weasley y buscó la fuente de ese peculiar aroma. A varios metros vio a una familia que resaltaba entre las demás, tal vez era el porte, el hecho de que fueran rubios o la elegancia y gracia con que se movían, Harry rápidamente identificó al chico de la tienda de túnicas, no había preguntado su nombre y aún no entendía por qué se sentía irrefrenablemente atraído por él. Dio un par de pasos vacilantes, entonces el chico rubio giró y sus ojos quedaron conectados, verde y gris se perdían en el otro. Harry lo llamó mentalmente y el rubio comenzó a caminar hacia él, pero repentinamente una mano se posó en el hombro de Harry y el pelinegro alzo la vista rompiendo la conexión.
—Hola Harry —le saludó Sirius sonriendo.
—¡Sirius! Creía que no vendrías.
—Bueno, hay alguien que te quiere conocer y necesito pedir permiso a tus padres para llevarte a mi casa, además quiero despedirme de Chris, pero ¿y donde están tus padres?
—Por allá atrás con los Weasley.
—¡Harry! —Chris llegó a su lado y sonrió al ver a Sirius.
—Vamos o Chris perderá el tren —apuró el mago.
Los tres dieron la vuelta pero Harry le dedicó una última mirada al chico rubio que había vuelto con sus progenitores y lo veía a la distancia, Chris siguió la mirada de su hermano y frunció el ceño molesto, ese rubio idiota otra vez , ya se encargaría de él cuando estuvieran en Hogwarts.
—Chris ya debes subir al tren, está a poco de partir —le dijo Lily cuando llegaron junto a ellos.
— Claro mamá —respondió éste y le dio un último abrazo a su madre, James le sonrió.
—Hijo, has de la vida de Snivellus un completo calvario —pidió James con una sonrisa divertida.
—¡James! —Lily lo miraba molesta.
—Vamos, sé que Chris será un digno merodeador —agregó Sirius con una sonrisa.
—¿Qué saben ustedes de los merodeadores? -—preguntaron dos pelirrojos idénticos.
—Fred, George ¿dónde dejaron a Ron? —protestó Molly Weasley.
—¿Ron?, me suena el nombre a ¿ti no George?
—Sí Fred, pero no recuerdo de dónde.
—¡Chicos! — Molly se fue tras los gemelos que reían al ver a su madre intentado alcanzarlos.
—Chris, diviértete —le deseó Harry sonriente, Ginny un poco más alejada veía con tristeza a Harry, se había enterado por sus padres que Harry no asistiría a Hogwarts.
—Harry ─el castaño lanzó sus brazos alrededor del cuello de su gemelo— recuerda que prometiste escribirme.
—Claro que sí, no te preocupes —los adultos se conmovieron al verlos.
Finalmente se separaron y vieron como los últimos chicos abordaban el tren, pocos minutos después el gran expreso escarlata empezó a moverse alejándose del andén Harry, sacudió su mano cuando vio a su hermano sacar la cabeza por una de la ventanas pero otra cosa captó su atención, algunas ventanas más atrás vio una cabellera rubia y aunque fue una fracción de segundo el chico rubio y el pelinegro se vieron a través del cristal, Harry le sonrió y el rubio se sonrojó. El tren se perdió de vista y todos los padres empezaron a marcharse, los Weasley se despidieron y fueron los primeros en irse dejando a los Potter y a Sirius solos.
—Bueno, me marcho, tengo trabajo en la oficina de aurores —dijo James, besó a Lily y se despidió de Sirius pero no le dedicó ni una mirada a Harry.
—Lily —Sirius la detuvo cuando la bruja jaló a Harry para marcharse.
—¿Qué pasa Sirius?
—Me preguntaba si permitirías que Harry se quede conmigo mientras James asimila todo —el mago tenía la mirada en los ojos de Lily, ella suspiró.
—Sí, debo hablar con James, supongo que no habrá problema ¿tú que dices Harry?
—Me encantaría ir con Sirius —respondió el niño.
Una hora más tarde Sirius abrió la puerta de la casa en Grimmauld Place, Harry iba sonriendo, le gustaba la casa aunque todos la encontraran tenebrosa y siniestra.
—¡Kreacher! —el elfo doméstico apareció e hizo una reverencia.
—¿El amo llamó?
—¿Dónde está Elizabeth?
—La señora se halla en la sala de estar.
—Ven Harry, quiero que conozcas a alguien.
Ambos se dirigieron hacia una puerta de madera oscura, Sirius no podía esconder su emoción y Harry se sentía nervioso ¿a quién quería presentarle su padrino? Se preguntaba, el mago abrió la puerta, dentro una dama de cabello rubio leía con tranquilidad, se giró al oír la puerta y sus ojos viajaron rápidamente hacia el más pequeño, lo vio de arriba abajo, sonrió y se puso en pie.
—¿Es él? —preguntó casi con temor, Sirius asintió.
—Harry, te presentó a la condesa Elizabeth Báthory; Lizy, él, es Harry Potter.
Chris fue en busca de un vagón vacío, al principio pensó en compartirlo con los gemelos pero los chicos mayores estaban demasiado ocupados con Lee Jordan hablando sobre nuevos productos de los Sortilegios Weasley y pronto el vagón se llenó de brujas ruidosas así que el castaño se salió sin que nadie lo notara. Ron chocó con él cuando iba por el pasillo y ambos se decidieron a encontrar un vagón vacío para ellos solos, caminaron viendo cada vagón. Finalmente el castaño aburrido de caminar corrió una puerta, unos ojos grises y el cabello rubio lo hicieron fruncir el ceño.
—Malfoy —dijo Ron con desprecio.
—Weasley —respondió el niño arrastrando las palabras.
Chris lo miró a los ojos desafiándolo, ya sin conocerlo lo detestaba, Draco se fijó en aquel chico, tenía gran parecido con aquel de ojos verdes pero a la vez eran muy diferentes.
Continuara….
