Harry potter y sus personajes son propiedad de JK Rowling
El capullo pronto se abrirá, esa rosa blanca florecerá
Pero en mi mente murió el recuerdo de la luz del sol
Luz de luna, eres mi maldición, aunque a veces me das tranquilidad
Eres dulzura y dolor y el rojo es tu color
On/Off / Rinne Rondo
Cantares de Luna Roja
Una semana, era el tiempo que Harry llevaba en casa de su padrino, una semana en la que ni James ni Lily habían ido a verlo, la tarde después de la partida de Chris, Harry se la pasó hablando con Elizabeth, la mujer era muy interesante pero cuando las horas pasaron y el niño empezó a cabecear Sirius alzó la cabeza y vio que era más de una de la madrugada, Lily había dicho que pasaría por Harry después de hablar con James. «Tal vez James necesita tiempo», pensó el animago. Pero los días que siguieron ni James ni Lily se aparecieron por la casa. Sirius estaba molesto, Harry no lo demostraba pero estaba seguro que al niño le afectaba el hecho de que sus padres aparentemente se hubiesen olvidado de él.
─Harry ─la voz de Elizabeth hizo salir a Sirius de sus pensamientos, en silencio el pelinegro se acercó hasta el salón donde la rubia y el niño se hallaban, al asomarse se encontró con la elegante Elizabeth sentada en el suelo al lado de Harry, sonrió sin poder evitarlo, la mujer le estaba explicando sobre un oscuro hechizo.
─¿Qué hacen? ─preguntó haciendo notar su presencia.
─¡Sirius! ─ambos habían dado un respingo al notar la presencia del animago.
─¡Hey Harry! Tengo algo para ti.
El niño lo miró y Sirius sacó dos paquetes perfectamente envueltos.
─Sé que tú y Chris son muy unidos y escribirse dos veces por semana seguramente está haciendo que Chris ande de los nervios así que pensé que esto les podría servir ─dijo entregándole los dos paquetes, Harry los desenvolvió con cuidado y en sus manos quedaron dos espejos oscuros de forma circular.
─¡Son espejos de obsidiana! –exclamó emocionado.
─Sí, son espejos dobles de obsidiana, poseen un encantamiento para evitar que otra persona los vea, ya sabes lo prejuiciosos que son los magos ─añadió riendo un poco.
─Gracias Sirius ─Harry le dio un sorpresivo abrazo─ le enviaré el otro a Chris ─agregó y salió dejando solos a los adultos.
─Ese fue un regalo muy útil, los espejos de obsidiana se usan mucho en la nigromancia y adivinación, además de que puedes vincularlo con otros espejos ─comentó Elizabeth.
─Me preocupa Harry, creí que Lily lo mandaría una escuela muggle y vendría por él pero hasta ahora nada ─comentó el pelinegro tendiéndole una mano a la rubia.
─¿Aún crees que Harry es un squib? ─preguntó ella frunciendo ligeramente el ceño.
─Claro que no, Harry es un nigromante de eso estamos seguros, pero Lizy sabes tan bien como yo que a los Potter no les va hacer ninguna gracia el hecho de que su hijo sea un mago de la rama más oscura de magia, seguramente intentarán esconderlo y en el peor caso intentarán suprimir sus poderes ─Sirius se dejó caer en el sillón.
─Pues eso no lo vamos a permitir ─respondió la rubia.
Unas horas más tarde Harry había visto a Sirius salir apresurado, la Orden del Fénix tenía una reunión urgente y habían contactado con Sirius, Elizabeth se hallaba en el ático y el niño se quedó solo en la biblioteca.
Harry tenía los ojos cerrados, chasqueó los dedos y una lluvia de chispas moradas cayeron al suelo, unos segundos después una sombra se elevó tomando forma y cuerpo, una exclamación de sorpresa hizo abrir los ojos a Harry, en la puerta se hallaba Elizabeth mirando asombrada a la sombra, los ojos de Harry se llenaron de pánico, sabía lo que los magos pensaban sobre aquellas demostraciones de poder por ese motivo lo había mantenido en secreto incluso de Sirius, sólo Christopher sabía de sus poderes pero ni siquiera su hermano había visto todo el potencial que tenía.
─Yo… ─Harry se quedó sin palabras ¿qué podía decir? Su mente trabajaba a mil intentado encontrar una excusa.
─¡Whoa! Eso definitivamente no me lo esperaba, sabía que podías hacer algo de magia, pero esto es más de lo que yo podía hacer cuando tenía quince ¡Harry es maravilloso! ¡Puedes conjurar una sombra completa y sólo tienes once! Definitivamente tus poder para la nigromancia son excepcionales… ─Elizabeth estaba tan maravillada por lo prodigioso que era el niño que no notó la mirada triste en los ojos verdes.
─Es magia oscura ─susurró el niño atrayendo toda la atención de la rubia.
─Harry, supongo que no tiene caso seguir ocultándolo ─se sentó frente al chico invitándolo a sentarse también─. Harry, no eres un mago común, de hecho tú no eres un mago, eres igual que yo, un nosferatu y por ende un nigromante.
─¡Soy humano! ─se defendió el pelinegro─ ¡Mis padres son humanos! Para ser un nosfertu yo tendría que haber sido mordido y transformado en vampiro pero…
─No Harry, los nosferatu no son creados, nosotros nacemos siendo esto, en algún momento tu sangre de vampiro despertara y te transformaras en un nosferatu completo pero mientras eso ocurre la nigromancia es tu único método para protegerte por ese motivo puedes hacer magia oscura.
─¿Pero y Chris?, él…
─Él es un mago con gran talento, pero no es igual a ti.
─¿Cómo es posible? ─susurró el niño aun escéptico.
─Aún no sé cómo funciona, es muy extraño la verdad, yo también fui humana, de hecho era la última hija de la antigua condesa Báthory, pero ocurrió un incidente cuando tenía catorce años: mi madre golpeó a una sirvienta y una gota de sangre cayó en mi mano, mi instinto dormido despertó, maté a todos en aquel castillo para saciar mi sed y cuando me calme mi madre era la única sobreviviente. Ella me protegió y traía jóvenes para mí, para alimentarme, fue una época oscura de mi vida, pero finalmente cuando cumplí dieciocho Vald me halló y me llevo con él, me enseñó a controlarme y a los veinticinco dejé de envejecer, mi tiempo se detuvo, pero en cada uno de nosotros es diferente, Amón, el primero de nosotros dejo de envejecer cuando despertó, a los diecinueve ─explicó Elizabeth mirando hacia los ojos verdes del niño, Harry la miraba entre asombrado y aterrado ¡no quería matar a nadie, no quería ser un monstro!, la condesa pareció leer los pensamientos de pequeño pelinegro─. Tranquilo, te ayudaremos Sirius, Vald, incluso el vago de Amon, tú no vas pasar por todo lo que nosotros pasamos, por ese motivo te hemos estado vigilando y cuidando desde el mismo día en que naciste.
─Pero tú no tienes colmillos ─puntualizó Harry cuando al fin pudo decir algo, la rubia sonrió y sus colmillos crecieron al igual que su mirada se tornó afilada y oscura.
─Harry, hay un lugar donde podrías aprender todo sobre los nosferatu, te enseñaremos todo lo que debas saber y a controlar tu magia, aunque tal vez no necesites mucha ayuda en eso.
─¿Cómo se llama ese lugar?
─Es la Academia de Magia Avalon, tú tienes una plaza allí ─movió la mano y una carta cayó en la mano de Harry.
─¿Es para mí? ─preguntó el niño, Elizabeth asintió, Harry giró el sobre y vio el sello, era una triqueta rodeada por un círculo perfecto. Con cuidado rompió el sello, extrajo un pergamino blanco bordeado por antiguas runas y con una estilizada letra decía:
ACADEMIA MÁGICA AVALON
Directora: Selene. D. Le Fay.
Querido Sr/a. Harry James Potter:
Tenemos el placer de informarle que dispone de una plaza en la Academia Mágica Avalon. Los libros y demás materiales se le proporcionaran a su llegada, así como su varita y lo que necesite para que su estadía sea la más grata. Las clases comienzan el 12 de septiembre. Su transporte partirá de la terminal marítima de Plymouth.
Harry se quedó observando la carta, la releyó cinco veces pero aún la encontraba un tanto irreal, su vida cambiaba muy rápido: primero, siempre creyó que la magia oscura era mala, su padre se encargó de repetírselo más de mil veces cuando aún era muy pequeño; segundo, su magia era la más oscura, la magia nigromántica; y ni siquiera era solamente un mago, en un futuro no muy lejano se convertiría en un nosferatu, un vampiro.
Volteó a ver a Elizabeth y se encontró con una cálida sonrisa, si Lily hubiese estado en su lugar probablemente Harry habría buscado refugio en ella pero la condesa era la única que estaba allí con él así que sin pensarlo se abrazó a la mujer y las lágrimas corrieron por su mejillas, todo había sido demasiado abrumador para él. La nosfertu acarició la cabeza del niño tranquilizándolo, recordó que Vald había hecho lo mismo con ella cuando lo miró aterrada y no pudo parar de llorar, aún recordaba como el conde la había abrazado mientras le decía que no estaba sola, todavía recordaba su mirada llena de amor paternal, Vald había sido la figura paterna que ella tanto había necesitado en su momento, fue su apoyo incondicional y ahora le tocaba a ella convertirse en la figura materna de Harry. Elizabeth entendía perfectamente a Harry, comprendía claramente esa desesperación y terror que el niño sentía pues ella había vivido lo mismo. Con delicadeza pasó su mano por el cabello negro del niño. Harry se refugió en la rubia entendiendo que no estaba solo, que nunca estaría solo y que al fin había respuestas a las preguntas que tenía.
─Todo estará bien Harry, yo te enseñare a usar tus poderes, te guiaré para que sepas como defenderte y que nunca pierdas el control ─le susurró y el niño asintió, confiando en que ella lo ayudaría.
Mientras tanto, en la dirección del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, el anciano director y líder de la Orden del Fénix veía una y otra vez las fichas sobre su escritorio, las que pertenecieron a los merodeadores. Sonrió un poco recordando al peculiar grupo, James Potter el líder, Sirius Black el segundo, luego Remus Lupin y finalmente Peter Pettigrew. De aquellos cuatro prometedores y habilidosos magos sólo dos pertenecían a la orden: Remus, que estaba contactando a los licántropos; y James, el segundo al mando en la oficina de aurores.
Los ojos del hombre se posaron en los otros dos: Peter resultó un traidor que se unió al mago oscuro y finalmente Sirius Black, después de que el chico quedara en Gryffindor su madre, Walburga Black, lo despreció y cuando el joven huyó a casa de los Potter todos se enteraron de que Walburga había repudiado a su hijo mayor y Sirius estuvo muy feliz por eso, pero luego de un inesperado viaje a Rumania el joven Black había regresado muy cambiado, James dijo que ya no reconocía en Sirius al amigo que conoció en el colegio, algo había cambiado a Sirius Black transformándolo en un hombre diferente. Lo más asombroso fue que a sólo un mes de volver de Rumania, Walburga recibió con los brazos abiertos a su hijo, lo restituyó en su testamento y como heredero de la familia, la comunidad mágica estaba en shock y muchos se preguntaban qué había ocurrido. Lo siguiente más notable que Dumbledore descubrió era que Sirius había abandonado la academia de aurores y por último rechazo convertirse en un miembro de la afamada Orden del Fénix. Muchas fueran las preguntas en torno al joven Black pero ninguna respuesta concreta. El anciano vio una última vez la fotografía de los merodeadores, uno de ellos estaba perdido pero aun no perdía la esperanza de que Sirius se uniera a él, sobre todo ahora.
─Profesor Dumbledore ─llamó James entrando acompañado de su esposa.
─Adelante James, debemos esperar a los demás.
Una hora después.
Todos los miembros de la Orden se hallaban sentados en torno a una gran mesa con su líder a la cabeza, tenía en las manos un viejo y desgastado libro junto con un sobre con un sello. Un suave golpe en la puerta le indicó que la última persona que esperaban había llegado.
─Adelante ─dijo el anciano.
─Vaya, así que todos están aquí ─comentó Sirius ingresando.
─Tarde como siempre, Black ─Snape lucía molesto.
─Algunos tenemos una vida fuera de esta sala, Snivellus ─respondió el pelinegro sonriendo de lado.
─Por favor Sirius…
El animago tomó asiento y suspiró molesto, en esos momentos debería estar en casa junto a Elizabeth, planeando su próximo viaje a Avalon. Sonrió por aquel pensamiento, Harry iría a esa academia mágica, de eso él se iba asegurar.
─La razón para esta repentina reunión no es otra que la profecía ─muchos se tensaron al oírlo─, pero esta profecía es diferente, más que una profecía es un cantar ─esta vez fue Sirius el que sintió que el alma se le iba a los pies, se suponía que los cantares de la luna roja se mantendrían ocultos. Quiso ponerse de pie, correr a casa coger a Elizabeth y Harry y desparecer pero se obligó a tranquilizarse, debía averiguar cuanto sabía la Orden.
─¿A qué se refiere, Dumbledore?
─Verán, siempre creí que estos cantares eran sólo viejas leyendas, nunca nos habían afectado directamente, pero hace poco ocurrieron dos cosas que cambiaron mi visión de las cosas: la primera es la reaparición de la Academia de Magia Avalon, una academia que se consideraba una leyenda, nada más que un mito ya que jamás nadie había recibido una invitación de aquella academia, rumores que vienen desde los tiempos del mismo Merlín, pero ahora tengo la prueba de que es real; este año una alumna ha recibido una carta de Avalon donde le informan que ha sido admitida en dicha academia ─el anciano les pasó una carta y cada uno de los miembros de la Orden se quedó contemplándola, cuando llegó a manos de Sirius el animago abrió los ojos sorprendido, no sabía que había una bruja en Gran Bretaña con el potencial para convertirse en aprendiz de Avalon y ascender como una hechicera de la legendaria isla.
─Dudo que Lovegood permita que su hija de diez años vaya a un lugar que nadie conoce ─dijo McGonagall.
─En eso, querida Minerva, te equivocas. Xenophilius está encantado y ha aceptado que su hija sea educada en esa academia.
─Cada quien puede enviar a sus hijos al lugar que mejor les parezca ¿no creen? ─intervino Sirius.
─Sí, pero ahora lo que quiero decirles es sobre los cantares de luna roja, las profecías vampíricas ─siguió Dumbledore.
─¿Vampiros? ¿Qué tienen que ver ellos en todo?, dudo que quieran "unirse a la causa" Dumbledore ─dijo Sirius, varios miembros de la Orden lo miraron con rabia por su falta de respeto hacia su líder y más de uno se preguntaba qué hacía Black en la reunión si seguía rehusándose a unirse oficialmente, pero el director ignoró la mirada y respondió:
─Sí, tienes razón Sirius, y por mucho tiempo yo también creí que los vampiros estaban por su cuenta, ellos jamás se inclinarían ante los magos ni brindarían su apoyo a ningún bando pues odian ser gobernados, pero después descubrí que tal vez haya una manera de doblegarlos, mediante el cuarto rey de sangre.
Escucha mortal:
El cuarto de nosotros ya está en camino
Un nuevo hijo de Lilith nacerá
Una luna roja anuncia su llegada
Y la leyenda se volverá realidad
Un dragón como compañero
Un espejo en una mano y
Una sombra a su diestra
El cuarto rey de sangre
Está por surgir.
─¿Y qué se supone que fue todo eso? ─preguntó Sirius.
─Muchas cosas coinciden, la señorita Lovegood recibe esta carta, la Academia de Magia Avalon aparece después de siglos y misteriosamente la invitan a ella.
─¿Está sugiriendo que esa niña es una nosferatu? ─preguntó Sirius nuevamente, ignorando las miradas molestas de la mayoría.
─Las cosas aún no están claras pero es un hecho que algo especial debe tener la señorita Lovegood y la verdad es que me gustaría tenerla vigilada, pero ella se marchará a esa escuela mágica, por ese motivo creo que debemos tener un ojo sobre su padre, Molly ustedes que viven cerca…
─Nosotros nos encargaremos, profesor ─dijo de inmediato la mujer pelirroja.
─Bien, si no tiene nada más que decir me marcho ─interrumpió Sirius.
─Muchacho, me gustaría que reconsideraras mi oferta de unirte a la Orden…
─Lo pensaré ─volvió a interrumpir poniéndose de pie y marchándose.
Al salir de la oficina caminó por Hogwarts meditando lo que el director había dicho, él sabía quién era el nosfertu pero la parte del dragón era lo que llamaba su atención, "un dragón, un espejo y una sombra…" ¿qué podía significar aquello? Se iba preguntando hasta que...
─¿Otra vez me estás siguiendo, Malfoy? ─reconoció la voz perfectamente, era Chris.
─¿Por qué tendría que seguirte, Potter? ─respondió otra voz arrastrando las palabras.
─Mantente lejos de mí y de mi hermano si no quieres "accidentarte" ─podía notar el sarcasmo en la voz de Chris.
─¿Me amenazas, Potter?
─Sólo te advierto, Malfoy ─Sirius siguió de frente y se topó con Chris, el niño lo miró sorprendido.
─¡Sirius! ─dijo emocionado.
─¿Qué haces tan tarde fuera de tu sala común, Chris?
─Fui a visitar a Hagrid, tiene algo interesante en su cabaña, por cierto Harry me envió el espejo y me contó que está en tu casa.
─Sí, se está quedando unos días.
─No sabes cómo lo extraño ─susurró el niño.
─Me lo imagino pero ¿con quién hablabas?
─Oh, el estúpido de Malfoy.
─¿Draco Malfoy?
─Sí, él y Harry se han encontrado antes…─Sirius sonrió, Chris era muy sobreprotector con Harry.
─No te preocupes, Harry está bien. Bueno, me marcho Chris y será mejor que vuelvas a tu sala común rápido ─se despidió mientras salía por la puerta hacia los terrenos del colegio, estaba por marcharse cuando…
─¡Sirius! ─James estaba a pocos metros, parecía que había corrido para alcanzarlo.
─¿Qué pasa Prongs? ─preguntó.
─Yo, yo… ¿puedes hacerte cargo de Harry por un tiempo? ─preguntó a su vez dejando al pelinegro en silencio─ Verás, tengo mucho trabajo y Dumbledore le pidió a Lily que enseñe Pociones aquí ya que Snivellus se hará cargo de Defensa Contra las Artes Oscuras y Harry estará solo…
─¿Estás seguro? ─la voz de Sirius sonaba ausente.
─Sabes que no te lo pediría si no fuera necesario…
─Entonces quiero convertirme en su tutor legal.
─Pero yo… ─empezó a protestar pero… ─está bien ─cedió el auror.
Continuará…
