Harry potter y sus personajes son propiedad de JK Rowling


Hace tiempo que un Dios vació su alma en él
con letras de dolor y océanos de amor.
Arropados en él duermen ricos de poder,
recetas de vivir y hechizos de morir.

Invocamos a otra realidad,
conectamos con una deidad,
los espíritus despertaran
si sabes recitar.

El libro de las sombras /Mago de oz

Avalon

El barco se alejó más de la costa y Harry, apoyado en el barandal, contemplaba como se perdía de vista la playa. Suspiró, era un paso a su nueva vida. Iba a dar la vuelta y entrar a los camarotes cuando vio a Cassiopea viendo hacia el horizonte, su mirada denotaba melancolía y Harry sin saber exactamente porque se acercó a la niña y le habló.

—Cassiopea —la niña dio un ligero respingo y vio al pelinegro, parpadeó confundida.

—¿Qué pasa?

—Vamos dentro —dijo Harry sonriendo, la pelinegra lo miró sorprendida pero después asintió.

Caminaron hacia el interior y Cassiopea se quedó impactada, por fuera el barco era aparentemente pequeño y apenas capaz de albergar a unas veinte personas pero el interior era sumamente amplio, incluso Harry estaba sorprendido, ya había visto antes cosas similares pero aquello era francamente asombroso, era casi como entrar a otro mundo.

—Vamos —volvió a decir e inconscientemente tomó la mano de la pelinegra.

Caminaron por los pasillos y cada camarote estaba lleno de chicos y chicas que conversaban y reían hasta que finalmente encontraron uno vacío, o eso creyeron pues cuando abrieron la puerta dos pares de ojos los vieron con curiosidad.

—¿Podemos quedarnos? —pregunto Harry.

—Claro, mientras más mejor —respondió un chico de cabello castaño claro, ojos celestes y una permanente sonrisa.

—Me llamo Harry y ella es Cassy —presentó el pelinegro.

—Soy Aldrichs Blud, futuro hechicero blanco —se presentó el castaño muy orgulloso.

—¿Es también tu primer año en la academia? —preguntó Harry.

—Sí —la puerta se abrió de nuevo y una joven de cabellos negros con reflejos grises y ojos celestes asomó la cabeza.

—Hola ¿son todos de primer año? —preguntó entrando.

Harry asintió, la chica era mayor que ellos, tendría unos quince o dieciséis años, le sonrió.

—Me llamo Diana, soy una prefecta de la academia Avalon. Bueno chicos, llegaremos en unas horas a la isla así que si tienen hambre pueden ir a la cafetería, está al final del pasillo y sus uniformes están aquí —indicó señalando dos compartimientos detrás de los asientos—. No se preocupen si les parecen demasiado grandes, se ajustaran a su talla apenas se los pongan… ¿qué más, que más? —trató de recordar si se le estaba pasando dando leves golpecitos con el pie, finalmente sonrió— Si recuerdo algo más volveré —dijo riendo algo avergonzada.

Harry se sentó al lado de la ventana y escuchaba a Aldrichs hablar sobre Francia, Cassy lo oía maravillada y Luna, la rubia que hasta ese momento había permanecido con la vista perdida en una revista de pronto se puso de pie.

—Tengo hambre ―dijo al ver las miradas interrogantes de sus compañeros.

―te acompaño ―Harry se puso de pie.

—Pues ya que estamos vamos todos, muero de hambre ¿se pueden creer que olvidé desayunar?, con lo emocionado que estaba en la mañana dejé mi desayuno sobre la mesa del comedor y… ―Harry y las chicas empezaban preguntarse dónde estaba el botón de apagado, Aldrichs siguió hablando durante casi tres horas más para finalmente caer dormido en el asiento, su cabeza se apoyó en el hombro de Luna y durmió el resto del viaje.

La noche caía en el océano y Diana volvió, tocó le puerta levemente y asomó su cabeza al interior.

—Chicos cámbiense ya ―la joven llevaba puesto un uniforme que consistía en una falda corta de color negro, una camisa blanca simple y una gran capa de color negro, en el cuello llevaba un broche de color plateado con una triqueta en cuyo centro había un extraño símbolo―. Pueden dividir el compartimiento así ―dijo tirando de una sobresaliente que hizo aparecer una cortina―, nos vemos ―finalizó y se marchó.

Harry se dirigió a un compartimiento y al abrirlo encontró su nuevo uniforme. Luna y Cassiopea estaban sacando los suyos del otro compartimiento, Aldrichs fue el último en despertar e ir por su uniforme. Harry se miró en el espejo que había aparecido, su uniforme consistía en un pantalón negro y una camisa blanca sobre la cual traía puesta una capa marrón que llegaba hasta sus tobillos, Aldrichs lo imitó intentando encontrarle alguna arruga a su nuevo uniforme hasta que finalmente pareció contento con los resultados. La división del compartimiento se desvaneció revelando que Cassy junto con Luna llevaban unas faldas color marrón, medias largas, unas blusas blancas y unas capas color morado que las protegía del frio.

Pronto oyeron varias voces en el pasillo y Diana volvió a aparecer para guiar a los niños a través de la multitud hasta que salieron del barco. Después de desembarcar los cuatro se reunieron con otros cuatro chicos, todos lucían nervios mientras la chica los llevaba atrás de unas largas escaleras. El grupo miraba todo maravillado, las escaleras parecían hechas de un cuarzo blanco que brillaba por si solo y más delante había un gran arco que les indicaba la entrada al castillo, las puertas se abrieron y entraron a una estancia amplia, Aldrichs se había quedado mudo del asombro, Cassy no podía dejar de sonreír y Luna tenía la vista perdida en cada detalle de los diferentes tallados, Harry estaba asombrado y se preguntó si Hogwarts era igual.

—Bienvenidos jóvenes ―dijo una voz atrayendo la atención de todos los niños, Harry giró y vio a una mujer de cabello negro muy largo, unos grandes ojos azules y lo que más se destacaba era que en su frente había una media luna dorada―. Pasaran al Gran Salón donde les será revelado su elemento predominante, ahora por favor en orden síganme ―indicó.

El grupo fue guiado a un salón más amplio de grandes columnas blancas que sostenían un gran techo abovedado que resplandecía de blanco al igual que todo el salón, había diferentes mesas con grupos de jóvenes sobre los cuales se alzaba algún elemento entre madera, fuego, metal, agua, tierra y aire, todos estaban expectantes. Una luz se hizo presente en el salón y una joven de cabello rubio y ojos azules aprecio, llevaba un vestido de color negro, corto adelante pero luego más largo en la espalda, la botas del mismo color que el vestido complementaban su atuendo. Harry vio a varios adultos detrás de la joven rodar los ojos al ver el atuendo que llevaba y uno que otro ocultaron la sonrisa que involuntariamente se les escapó.

Después de saludar a los nuevos aprendices la joven apuntó su varita hacia el techo y una lluvia de chispas cayó sobre ellos, cuando la última chispa se extinguió cada uno de los niños tenía un prendedor, las niñas una triqueta y los niños un pentagrama, dentro de los cuales se podía apreciar el símbolo de un elemento: Cassy tenía una triqueta dorada con verde dentro de esta estaba un el símbolo del fuego, Luna miraba con curiosidad el prendedor que mostraba el símbolo del aire, Aldrichs tenía el símbolo del agua. Harry miró su propio prendedor y notó que era diferente a todos los demás, era un pentagrama de plata pero dentro no había ningún símbolo, en su lugar bajo el pentagrama se apreciaba una media luna.

—Ahora tomen asiento ―indicó la rubia y una mesa circular perfectamente preparada para cenar apareció para que los niños pudiesen sentase, los platos se llenaron de apetitoso alimentos y sin perder tiempo todos se dispusieron a comer.

La cena pasó sin contratiempos y cuando ésta finalizó a los de primer año se les acercaron dos estudiantes mayores, Diana guió a las niñas a los dormitorios de las chicas en el ala este y un chico que se presentó como Vincent se llevó a los niños al ala oeste.

—Es raro ver a tantos alumnos en un nuevo curso ―comentó Vincent mientras los niños lo seguían―, por lo general Avalon no recibe a más de seis pero este año hay ocho de ustedes.

—¿Es por eso que las mesas están separadas por grados? ―preguntó Aldrichs que parecía haber guardado silencio demasiado tiempo.

—Sí, bueno, con el tiempo tú y tu grupo se vuelven muy unidos y al final acabamos sentándonos en una mesa exclusiva para nosotros y el elemento que posea mayor influencia y poder establece la bandera, yo soy de quinto curso y el elemento que predomina en mi grado es la madera así que esa es la bandera que está sobre nuestra mesa, además este año podré entrenar para recibir a mi familiar al final de curso ―comentó emocionado.

Finalmente llegaron a los dormitorios, se trataba de un amplio pasillo iluminado mágicamente donde había unas veinte puertas.

―Las suyas son las blancas, van dos chicos por habitación, dentro encontraran su ropa y todo lo que necesiten. Hay una puerta que conduce a un baño privado y dos armarios suficientemente amplios, escritorios, una pequeña biblioteca con todos los textos que usaran este cuso, pergaminos y libretas para sus apuntes así como plumas fuente, podrán ir a la biblioteca principal para cualquier tarea durante el día. La puerta gris al final del pasillo es una sala común donde pueden pasar su tiempo libre y convivir con los demás, por cierto una vez que escojan sus habitaciones la puerta sólo se abrirá para sus dos ocupantes ―explicó el joven. Aldrichs tiró de Harry hacia una de la dos habitaciones de puerta blanca, apenas ambos niños cruzaron a la recámara ésta se ilumino primero de azul y el símbolo del agua apreció, luego un brillo morado la iluminó y en la puerta sobre una placa aparecieron los nombres de ambos chicos.

—Mira esas camas, creo que no me voy a levantar en la mañana ―dijo el alegre castaño, Vincent tocó la puerta levemente y Harry se asomó.

—Mañana después del desayuno los estaré esperando en la puerta del comedor para llevarlos a su primera clase, así que acuéstense temprano y descansen, el desayuno será a las ocho ―les informó, luego cerró la puerta y se marchó.

Harry examinó la habitación más a fondo, era muy grande y de color azul, el techo estaba encantado y mostraba las constelaciones como si se tratara de una hermosa noche estrellada, dos camas gigantescas estaban instaladas a ambos extremos, las colchas eran esmeraldas adornadas con runas doradas. El pelinegro sonrió y siguió recorriendo su lado de la habitación, había un gran escritorio de ébano sobre el cual apilados en perfecto orden se hallaban una serie libretas y pergaminos nuevos, con curiosidad abrió uno de los cajones y encontró toda clase de útiles de escritorio y plumas fuente, se alejó del escritorio y caminó hacia el ventanal que estaba en el de la pared, las cortinas estaban abiertas y desde allí pudo observar los límites del bosque y por un momento creyó ver un destello azulado proveniente de los árboles, sacudió la cabeza y continuó con el recorrido de su habitación. Aldrichs salió del baño vestido ya con el pijama y Harry fue el siguiente en entrar, después de cambiarse y volver a la habitación descubrió a su compañero completamente dormido, caminó hasta su cama y estaba por acostarse cuando…

—Harry ―susurró una voz y un destello violeta salió de su mochila, rápidamente abrió la mochila y sacó su espejo doble.

―¿Chris, que haces aún despierto? Es casi media noche ―respondió el pelinegro en protesta.

De hecho son las tres de la madrugada ―respondió Chris bastante quitado de la pena.

―Eso es aún peor…

Pero tenía que saber ¿qué tal te fue, cómo es Avalon?, he escuchado a mamá y papá hablar de ese lugar.

—Es un lugar muy hermoso, aunque todavía no lo he visto por completo, es que cuando llegamos el sol ya se estaba poniendo pero el castillo es gigantesco y las habitaciones son compartidas por solo dos magos.

Supongo que no considerarás cambiarte a Hogwarts ―concluyó Chris algo triste pues hasta ese momento aún tenía la esperanza de que su hermano asistiese a la misma escuela que él, Harry suspiró―. Deberías dormir, mañana por fin iniciarás tus clases ―agregó más entusiasmado.

—Tú también ve a dormir ―rió Harry, Chris asintió y el espejo volvió a quedar oscuro y en silencio.

La mañana llegó más rápido de lo que se imaginaron y Harry se vio despertado por una lengua áspera y unas patitas pequeñas que se posaban en su rostro, abrió los ojos y vio un pelaje caramelo muy corto, con cuidado cogió al felino y se sentó en la cama, el pequeño gatito ronroneó y restregó su cabeza en la mano del pelinegro que se preguntaba de donde había salido.

—¡Harry! Al fin despiertas, es tarde son casi las siete y media ―Aldrichs estaba vestido y ansioso hablando como siempre hasta por los codos.

―Sí, ya voy ―respondió y volvió a mirar al felino pero había desaparecido.

Harry y Aldrichs se reunieron con los estudiantes en el comedor, ya más calmados y mientras disfrutaban de su desayuno sus demás compañeros se presentaron correctamente.

—Me llamo Athina Souris, soy de Grecia ―se presentó una de las niñas, tenía el cabello castaño dorado, piel bronceada y unos grandes ojos almendrados.

—Daniela Torralba, vengo de España ―se presentó la otra niña, tenía el cabello negro y los ojos oscuros, su piel tenía un bronceado natural.

—Bueno, mi nombre es Aurel Ivanov y él es CostinIvanov, somos primos y su nombre suena a costal pero ni modo, a mi tía le gusta ese nombre ―sonrió Aurel, un rubio de ojos azules que tenía una sonrisa algo maliciosa. Su primo, que estaba sentado a su lado le dio un codazo.

—No me llamo Costin, Aurel, mi nombre es Constantin Ivanov y lamentablemente tengo lazos sanguíneos que me une a este cabeza hueca ―corrigió el susodicho, tenía el cabello rubio cenizo y los ojos azules un poco más oscuros que su primo, ambos eran pálidos pero no al extremo.

—Chicos ―los interrumpió Vincent― vamos, los esperan ya la dríades ―los niños se pusieron algo nerviosos pero con decisión se pusieron de pie y salieron detrás del joven hacia los jardines del castillo.

Harry a la luz del sol pudo apreciar mejor los extensos terrenos completamente verdes, a varios metros vio varios invernaderos de cristal dentro de los cuales un variopinto grupo de exóticas plantas crecía.

―No se atrasen ―indicó el prefecto y Harry vio que se dirigían hacia un sendero que cruzaba el bosque. Muy lejos de ser oscuro el bosque tenía un color muy verde y la luz se filtraba a través de los grandes árboles, Harry comparó el sendero con aquellos que aparecían en los cuentos encantados que había leído en casa de sus amigos muggles, finalmente exclamó con sorpresa al ver el hermoso claro que se abría frente a ellos, la luz iluminaba todo y diez árboles grandes y majestuosos se erguían frente a ellos, en medio del claro estaba un hombre de cabello plateado y un lunar dorado en forma de media luna en la frente.

—Gracias por traerlos Vincent, ya puedes retirarte ―dijo el hombre.

—Nos vemos profesor Artemis ―respondió el chico y se marchó sonriente.

—Bueno niños, soy el profesor Artemis y están aquí especialmente para que podamos otorgarles sus varitas, cada varita estará creada para ustedes de manera única y perfecta de esa manera nadie podrá usar sus varitas sin su consentimiento, aquí nuestras dríades analizarán el elemento que rige en ustedes y verán que elementos son los más apropiados para crear sus varitas ―explicó, se hizo a un lado y de los diez árboles que se erguían imponentes surgieron unas hermosa mujeres de cabellos verdosos y ojos almendrados, su piel era bronceada y sus vestidos estaban hechos de hojas, sonrieron a los nerviosos niños. Entonces una de ellas fijó sus ojos en Cassiopea y con pasos ágiles camino hacia ella.

—Tienes un gran poder pequeña, hermoso y atrayente que se manifiesta en el fuego que arde en tu interior ―recitó la dama haciendo sonrojar a la niña, la dríada sonrió y la tomo de la mano― permíteme encargarme de tu varita…

—Cassiopea, me llamo Cassiopea ―la dríade sonrió.

―Yo soy Abedul, pero puedes llamarme Abe.

En un momento todas las dríades de acercaron a los niños. Harry de repente se vio rodeado por tres dríades, una tenía el cabello rizado y corto, la otra poseía los cabellos de un verde oscuro más intenso y la última era mucho más joven y de largo cabello.

—Hace tiempo que no vemos a un nosferatu ―dijo la de cabello rizado.

—Serás todo un reto ya que los elementos en ti conviven de manera igualitaria pero por sobre todos se alza el de oscuridad, pero ya hemos forjado varitas para nosferatusantes así que no te preocupes ―dijeron la tres.

—Soy Harry Potter.

—Yo soy Maju ―dijo la de cabello rizado.

—Ace ―se presentó la de cabello oscuro.

―Robin ―dijo la última y sus cabellos largos se agitaron graciosamente.

—Un gusto conocerlas.

Después de pasar casi toda la mañana con dríades, Artemis regresó con los niños al castillo.

—En dos días estarán sus varitas, pero lo bueno es que por el momento no las necesitaran. Veamos, su siguiente clase es Alquimia, dentro de media hora, les sugiero ir por sus libretas y libros ―dijo el albino dejando solos a los niños.

Continuara…