Harry potter y sus personajes son propiedad de JK Rowling


Yo sé bien cuanto has andado
Para llegar hasta aquí
Sé que tus pies han llenado el suelo
Que te he robado un pedazo de ti

Sé que tu grito ha roto el aire
Con la pasión que me has hecho sentir
Hoy sólo pido que alces tus manos y cantes
Quiero más fuerte gritar

Tierra Santa / Un Grito En El Aire

El Grim, la Varita y el Espejo

El hombre corría buscando refugio, gruesas gotas de sudor corrían por su rostro, la desesperación se apoderó de su ser, quería ocultarse pero llegó a un callejón sin salida. Giró lentamente al oír la respiración pausada a su espalda, sus ojos marrones se llenaron de terror y miedo mientras que al otro extremos del callejón un gran perro negro de refulgentes ojos carmín avanzaba lentamente, el hombre se estremeció y la valentía se le terminó al ver los grandes colmillos del Grim; de pronto un pequeño charco se formó a sus pies, el sujeto temblaba descontrolado. Al ver lo que había pasado el can se detuvo y lo miro incrédulo, luego una carcajada se oyó en todo el callejón y una mujer enfundada en un vestido negro de estilo victoriano apareció, el enorme perro dio unos pasos más y el hombre notó como la dama colocaba su mano sobre el oscuro y sedoso pelo del can.

—¡No me hagan daño! —gritó el sujeto cubriéndose la cabeza y encogiéndose en el callejón.

—Menudo auror resultaste —frente al aterrado hombre una pareja vestida de negro sonreía con diversión, el hombre alzó la cabeza y palideció más si era posible.

—Sirius Black —susurró, los ojos de Sirius pasaron de ser dos brillantes zafiros a dos dagas de hielo y con gran parsimonia se inclinó a la altura del sujeto.

—Soy lord Black para basuras como tú y los malnacidos que se ensañaron con un inocente que no tenía que pagar las culpas de sus padres —la voz del pelinegro era helada y sin sentimientos, el hombre abrió los ojos aterrado y Sirius disfruto cada segundo viéndolo temblar.

—Lo sabe… —jadeó aterrado.

—¿Creían que algo así se quedaría oculto?, ¿que jamás se sabría? Pues te equivocaste, te metiste con la familia equivocada —dijo lentamente y sin esfuerzo se puso de pie y al auror con él. El aterrado hombre casi se desmayó cuando al ver al mago notó como sus ojos brillaban y dos largos colmillos sobresalían por su boca y sin esperar más el pelinegro clavó sus colmillos en el cuello del hombre, la sangre fluyó a su boca y Sirius puedo ver los recuerdos del mago.

Crouch miraba con asco a la bebé que el sanador sostenía en brazos luego volvió su mirada a la pequeña habitación donde a través de la puerta entreabierta vio a una bruja inconsciente.

Connor —llamó el entonces jefe de los aurores, el hombre se acercó y el sanador le dio a la bebé.

Wraith, acompaña a este señor —dijo dirigiéndose al otro sujeto que cogió al sanador del brazo y lo condujo por unos de los tétricos pasillos hasta que desaparecieron de vista.

Jefe ¿qué haremos con esto? —preguntó el auror.

Deberíamos matarla, esa mocosa solo será un problema a largo plazo.

Pero…

Eso nos haría ver igual que esos malnacidos mortífagos, aunque… —una sonrisa se extendió por la cara del hombre que con brusquedad cogió a la niña y la llevo dentro de la habitación—. Mortífaga —habló fuertemente a lo que la pelinegra alzó la cabeza centrando sus ojos en el pequeño bulto— tu hija, al igual que tú sería un maldito monstruo, pero no debes preocuparte ya que no sobrevivió —le mostro un pequeño cuerpo pálido que parecía rígido y sin vida.

¡Maldito! ¡Voy a matarte! Disfrutaré torturarte y sacarte las entrañas.

Grita todo lo que quieras, jamás te marcharás —los ojos de Bellatrix estaban acuosos pero no quería darles el placer de verla derrotada.

Sí, puede que yo no me marche, pero tu precioso hijo también algún día vendrá aquí o puede que tus aurores ya lo hayan matado —rió como loca.

¡Mentira! —rugió el auror.

Cree lo que quieras, pero yo lo he acompañado cuando hemos ido a… —Crouch había sacado la varita y le lanzó un desmaius, la mujer dejó de moverse y el auror mas joven miraba asustado a su jefe.

Llévate a esta monstruosidad, déjala en un callejón del Londres muggle, y si muere será porque así el destino lo quiso…

El hombre caminaba en la silenciosa noche, por las afueras de Londres vio un gran edificio que en envejecidas letras de metal indicaba el nombre de la institución, el mago sonrió y en un trozo de pergamino escribió el nombre, Nameless.

Es el nombre apropiado para ti, sin nombre —rió el mago. Dejó al bebé en la puerta del lugar y después desapareció.

Sirius gruño molesto, hacía un buen rato había soltado al mago que ahora yacía a sus pies. Elizabeth al ver a su pareja perdido en su mundo se agachó y con esa sonrisa que durante siglos la hizo conocida como "la Condesa Sangrienta" se acercó al semi-consiente sujeto.

—Dile adiós al mundo, cariño —sonrió más dejando que sus largos y afilados colmillos brillasen antes de clavarlos en el cuello del sujeto y bebiese hasta la última gota de su sangre. Cuando terminó dejó el cuerpo sin vida en el suelo.

—Lizy, hay un sitio que debemos visitar —dijo Sirius sus ojos azules aún eran frías dagas sin vida.

Dar con el orfanato no fue difícil para la pareja pero una vez ahí Sirius y la nosferatu hablaron con la encargada y descubrieron que la niña que buscaban estaba en un internado, la mujer les describió a la joven que había ido por la niña y Elizabeth lo comprendió al instante, Sirius salió del lugar corriendo.

—Sabemos que está bien y a salvo en Avalon —dijo la rubia.

—Debo hablar con ella y decirle todo.

—Sí, lo sé, pero ahora creo que deberías hablar con los Potter, Kreacher ha estado disculpándote con ellos, pero vamos Sirius no puedes darles largas por siempre.

—Tienes razón pero ¿qué les digo? —suspiró el pelinegro.

La rubia sonrió y el animago arqueó una ceja preguntándose que se le habría ocurrido a su querida rubia.

Al fin Harry y sus compañeros caminaban nuevamente hacia el claro del bosque, habían sido dos días muy largos pues estaban ansiosos por tener al fin sus varitas. En medio del claro las dríadas los esperaban, Artemis sonrió a los nerviosos niños y las dríades se acercaron a hablar con sus protegidos, Harry vio como Abedul ponía una varita en las manos de Cassiopea.

—Está hecha de madera de abedul y por núcleo contiene la sangre de una salamandra —explicó sonriendo, Cassy la contemplaba con fascinación, casi con temor trazó un giro en el aire y un círculo de fuego surgió elevándose y soltando llamas rojas y azules. Todos volvieron su mirada hacia ella, sorprendidos—. Es algo temperamental pero excelente para los duelos —agregó Abedul cuando el fuego se extinguió.

—¡Mira esto! —exclamó Aldrichs sonriendo, la dríade tras el niño movió ligeramente la cabeza— Mi varita está hecha de sauce y tiene por núcleo el cabello de una ondina —anunció el chiquillo haciendo girar la varita, un chorro de agua surgió de la varita y le dio de lleno en la cara a Harry.

—Una varita bastante peculiar e interesante —comentó Artemis viendo a la dríade que había forjado la varita.

—Luna —la voz apenas audible de otra de las dríades hizo que Harry se girara, una dríade de aspecto delicado le entrego una varita a la rubia —tu varita es también bastante peculiar, está hecha de madera de aliso, mide treinta centímetros y su núcleo es la pluma de un silfo —explicó, Artemis se giró al oír aquello. Luna contemplaba la varita con curiosidad hasta que hizo un giro y una corriente de aire agito los cabellos de todos.

Harry buscó a las dríades que se encargarían de su varita pero aún no las veía así que se fijó en Aurel, el chico tenía por elemento a la tierra y su varita había sido hecha de fresno, por núcleo tenia los nervios del corazón de un genbu. Constantin por otro lado tenía por elemento al metal y su varita estaba hecha de serbal que tenía por núcleo un pelo de la cabeza de un Byakko, algo sorprendente también. Después estaban Athina y Daniela, ambas tenían por elementó la madera pero la varita de la griega estaba hecha de sauce y por núcleo tenía un pelo de grifo, Daniela en cambio tenía una varita de majuelo que por núcleo llevaba un cabello de dríade. Todos lucían encantados pero Harry aún estaba sin varita, Artemis se acercó a los niños y los envió de regreso al castillo pues su clase de encantamientos comenzaría en unos minutos.

—Harry, espera —dijo el peliplata cuando el niño se marchaba, las dríades habían desparecido—. Tu varita esta por aquí —lo condujo hacia otro claro que se encontraba más profundo en el bosque, al llegar Harry se encontró con dos hombres de cabello negro, uno era pálido y debía tener unos veintisiete años, el otro en cambio tenía un bronceado natural y no debía pasar de los veinte, ambos miraron al niño y sonrieron.

—Puedes retirarte Artemis —dijo el mayor, el peliplata se giró y se marchó.

»Harry, déjanos presentarnos, mi nombre es Vald Draculea, soy el segundo nosferatu —se presentó serio.

—Yo soy Neb-jeperu-Ra Tut-anj-Amon, pero dime Amon —sonrió el que lucía más joven.

—Harry, queríamos hablar contigo, pero primero... —la tres dríades aparecieron y Robin se acercó al niño.

—Tu varita es como te dijimos, especial, pero no es la primera que forjamos para un nosfertu, esta tiene una peculiaridad interesante, forjada por una trinidad de diferentes maderas, está compuesta de roble que representa la fortaleza, acebo que simboliza la energía y finalmente avellano que otorga la protección, pero lo curioso es su núcleo —dijo Ace mostrando la varita, Harry apreció el fino trabajo de las dríades, su varita debía tener unos treinta centímetros, la madera se entremezclaba y formaba espirales de diferentes tonalidades de marrón, pero lo que llamó más la atención de Harry fue que en el extremo la varita tenía una especie de garra que sostenía una pequeña joya transparente.

—Tu varita también tiene una variedad interesante en su núcleo —siguió Robin tendiéndole la varita.

—¿Cuál es? —preguntó Harry con cierto temor de tocar la varita.

—Sangre, veneno y espíritu —respondió Maju—, todo de las naga —agregó los adultos miraron al niño un poco sorprendidos.

—¡¿Las semidiosas serpientes?! —preguntó Amon.

—Así es. Cuando estábamos buscando un elemento adecuado para el núcleo llego una de las naga acuáticas, ¿saben?, es muy raro verlas deambulando por los bosques y más raro aún que busquen compañía de otros seres pero Badi dijo que habían sentido a un señor de serpientes y traía un regalo para el —explicó señalando la joya—. Contiene la sangre de una naga acuática, el veneno mortal de una naga guardián y el indomable espíritu de una naga hechicera, es una varita muy temperamental y única —terminó. Harry tomó la varita y la joya adquirido un color plateado después una lluvia de chispas brotó como si fuese un torrente de la punta.

—La varita te reconoce y acepta como su amo —dijo Amon.

—Gracias —dijo el niño, las tres dríades hicieron una pequeña reverencia y después se marcharon. Cuando se quedaron solos Vald se acercó a él.

—Harry ¿puedes hablar con las serpientes? —preguntó, el pelinegro se removió algo inquieto, aún recordaba como su padre le había gritada aquella vez que lo vio leyendo sobre la antigua lengua de las serpientes, el pársel.

—Sí —contestó en un susurro apenas audible.

—¡Eso es asombroso! —exclamó Amon.

—Sí, una habilidad muy útil —corroboró Vald.

—¿No es mala? —preguntó Harry.

—¿Mala? Claro que no, de hecho yo soy capaz de entender a los felinos mágicos, no mágicos y a algunos derivados. Vald puede hablar con las aves, algo no genial porque esos animalejos no tienen mucho que decir. Y Elizabeth, bueno, ella tiene afinidad con los perros, ya me entiendes ¿no? —terminó riendo, Harry asintió, cada vez le gustaba mas su nueva escuela.

—Harry, antes de que te marches debemos decirte que hay algunas clases que no compartirás con tus compañeros, la primera es Transformaciones, durante esas horas yo te enseñare metamorfosis, algo básico para todo nosferatu, la siguiente será Historia de la Magia, durante esa hora te enseñaré nuestra historia y la última clase será Vuelo, sé que sólo lo llevan en primer año pero tú no necesitarás esa clase pues nosotros podemos volar sin ningún artefacto mágico —Harry asintió y los dos mayores lo llevaron de vuelta al castillo. Harry le dio una mirada a su horario y vio que tenia pociones.

—Michiru es una excelente maestra, seguramente serás uno de los mas destacados —comentó Vald.

Ambos adultos lo acompañaron hasta su aula donde se reunió con los demás chicos de primer año. El aula de pociones era bastante amplia e iluminada, «igual a un laboratorio de preparatoria» pensó el pelinegro, pero en lugar de mecheros y otros artilugios muggles, habían calderos e ingredientes de diferentes tipos, Harry se sentó en una mesa al lado de Aldrichs que jugaba con su recién adquirida varita, en ese momento la puerta se abrió y una mujer de cabellos aguamarina y ojos turquesa ingreso.

—Buenos días, mi nombre es Michiru Kaio y seré su maestra de pociones —se presentó, la clase permaneció en silencio—. Las pociones son una rama de la magia un tanto desvalorizada por creer que son poco necesarias, pero niños, déjenme decirles que una poción bien hecha puede ser incluso mas efectiva que un encantamiento o hechizo —dijo sonriente la joven mujer, los niños la observaba interesados—. Bueno hoy como su primera clase ¿qué les parece preparar una poción sencilla?, y que para algunos es muy necesaria —sacó una varita delgada con colores azulados y apunto al pizarrón donde apreciaron los ingredientes y los pasos para realizarla—, bajo sus mesas hallaran todo lo necesario —pronto el aula quedo en silencio cada uno emocionado y concentrado en hacer su primera poción.

En otro castillo también en el aula de pociones, dentro de las mazmorras, los vapores se mezclaban y le daban al lugar un aire un tanto místico pero de repente…

Draco sonrió y con cuidado levitó un poco de bilis de armadillo sobre el caldero de Chris Potter y cuando los chicos se descuidaron dejó que el frasco cayera dentro del caldero, casi instantáneamente la poción empezó a burbujear y el caldero explotó cubriendo a los Gryffindor con la repulsiva mezcla, el olor a podrido lleno las mazmorras y Lily se apresuró a acercarse.

—Señor Malfoy ¿qué cree que hacia? —preguntó molesta, había logrado ver a Malfoy levitar aquel frasco de bilis pero no pudo impedir que lo soltara en el caldero de Chris— Veinte puntos menos para Slytherin y tendrá que pasar la noche limpiando calderos.

—¡No puede hacer eso, yo no hice nada! —protestó el rubio.

—Chicos, vayan a cambiarse —ordenó Lily a los chicos que habían quedado cubiertos de la sustancia amarillenta.

Draco salió molesto del salón, no creía justo el castigo, él sólo se había querido reír un rato pero la estúpida profesora lo había castigado y todo por culpa del niño favorito de Dumbledore, estaba furioso. Más adelante vio a Potter riéndose con sus amigos. De pronto recordó haber dejado el libro de pociones en el aula, maldijo su suerte y regresó sobre sus pasos, entró al aula ahora vacía y divisó su texto sobre la mesa, lo cogió y guardó.

Se disponía a salir cuando un destello le llamó la atención, en el piso junto al asiento que Potter y la comadreja habían ocupado estaba un pequeño espejo negro que Draco recogió, tenía al reverso las iniciales C.P., era obviamente del estúpido Gryffindor. Draco estaba por tirarlo pero lo pensó mejor y se lo guardó, quería saber de qué material estaba hecho y para que servía aquel oscuro espejo.

Remus acaba de volver, habían sido unos meses muy ajetreados pero al final había valido la pena ya que tres manadas habían decidido unirse al lado de la luz, eso era algo maravilloso. Con ansias el licántropo se dirigió a la casa de los Potter, tenía ganas de ver a James y Lily y preguntar por los gemelos. Tocó varias veces y James lo recibió alegremente.

—¡Moony! Tiempo sin verte.

—¡Prongs! Sí, han sido unos meses difíciles pero ¿cómo están por acá? ¿Y Lily, como están Chris y Harry en la escuela?

—Lily está en Hogwarts, es maestra de Pociones y a Chris le va estupendamente, es un niño muy inteligente.

—Menos mal que se parece a Lily —bromeó el licántropo.

—¡Oye! Que también tiene sangre de merodeador y le ha hecho buenas bromas a Snivellus.

—Seguramente no tantas, pues con Lily allí dudo que tenga muchas oportunidades pero ¿y Harry? ¿A él que tal le va? —Remus notó como el semblante de James cambiaba, de pronto su alegre amigo se puso serio— ¿Le pasó algo a Harry? —preguntó ahora preocupado.

—Es un squib —respondió James, Remus se quedó en blanco un momento pero se recuperó rápidamente.

—Vaya eso no me esperaba.

—Lo sé, cuando no recibió su carta de Hogwarts lo confirmamos, él es un squib.

—Bueno ¿y dónde está, lo mandaron a una escuela muggle?

—Yo… le cedí la custodia de Harry a Sirius —murmuró el auror.

—¿Qué? —los ojos de Remus se abrieron al ir comprendiendo lo que paso— ¿Cómo pudiste James? ¡Es tu hijo, por Merlín! No puedes alejarlo solo porque no es mágico —exclamó el licántropo poniéndose de pie.

—No es lo que crees, es sólo que… no podía cuidar de Harry, sabes que soy un auror y paso la mayor parte del tiempo en el Ministerio y con Lily en Hogwarts no había quien cuidara a Harry.

—Pudieron haberle solicitado a Dumbledore que aceptara a Harry en Hogwarts para que esté junto a Lily y…

—A decir verdad Lily lo sugirió, pero Dumbledore nos hizo ver que no era una buena idea, tú sabes, Chris es muy apegado a Harry y eso lo perjudicaría en la escuela, además Harry está bien, Siriurs está cuidando de él.

Remus se puso de pie y James lo miro interrogante, el hombre lobo le lanzó una mirada llena de decepción y reproche, desconocía a su amigo y necesitaba salir de allí , iría ver a Harry y después pensaría que hacer.

—Remus… —lo llamo James.

—Iré a casa de Sirius, ya hablaremos otro día —dijo antes de salir y dejar solo a James.

Remus se apareció frente a la casa de Sirius, metió la mano al bolsillo y sacó la llave que hacía varios años Sirius le dio, abrió la puerta y el silencio que lo recibió fue un poco inquietante para él, llamó varias veces a su amigo pero nada, entonces se dirigió al estudio desde donde se podía oír música, abrió la puerta y sus ojos se encontraron con otros de color azul celeste, gruñó al reconocer rápidamente se olor y recibió otro gruñido en respuesta.

—Vampiro —dijo en un gruñido.

—Lobo —respondió la mujer mostrando los colmillos.

—¡Animago! —dijo una voz que a diferencia de las otras se oía divertida, atrayendo la atención de ambos hacia un pelinegro de cabello largo que tenía el rostro rubicundo y una botella de whisky de fuego en la mano— ¡Remus, hermano! ¡Tiempo sin verte! —saludó el alegre y ebrio pelinegro.

—¿Sirius? —preguntó el lobo.

—El mismo que viste y calza —respondió sin dejar de sonreír tontamente.

Draco estaba solo en su habitación, tan sólo unos minutos atrás había visto a Chris Potter y sus amigos ir de un lado a otro buscando aquel misterios espejo y tuvo que reprimir las ganas de reír. Pero ahora, ya solo y después de haber terminado el castigo con la profesora de Pociones tenía un libro sobre espejos mágicos entre las manos, volvió a mirar el objeto negro y se preguntó qué hacia Potter con un objeto considerad oscuro. Alzó el espejo y se quedó observándolo, el negro de su superficie era hipnotizante. De pronto la oscura superficie se fue empañando y cuando al final se aclaró unos desconcertados ojos verdes lo miraban sorprendidos.

—¿Tú? —dijeron ambos niños perdiéndose en la mirada contraria.

Continuara…

Bestiario:

Las salamandras: son los espíritus elementales del fuego.

Estos espíritus forman su reinado instantáneamente cuando se enciende una fogata o un fuego comienza. Son los espíritus más indiferentes hacia el ser humano.

No buscan su amistad, saben que en realidad los humanos de por vida han buscado la amistad del fuego y no siempre han sido recompensados por ello.

Sólo muy pocas personas tienen una afinidad y amistad sincera con los elementales del fuego, y cuesta mucho acceder a ellos, pero cuando se logra es una amistad tan fuerte y alegre como lo es el fuego

Las ondinas: tienen el cuerpo azulado o verde, los dedos de las manos y pies ligeramente palmeados, las orejas puntiagudas y los cabellos muy largos y azules, amarillos o verdes. Pueden respirar tanto en el agua como en el aire.

Son criaturas muy alegres y traviesas, y se dice de su risa que es capaz de hechizar a los viajeros y marineros que se encuentran con ellas, hasta el punto de perder la voluntad.

Los Silfos:representan junto con las Hadas los espíritus que comparten el mundo de los aires y son los que controlan los vientos. Así como en el agua, hay canales invisibles para nosotros que corresponden a los vientos.

Cuando el aire se descontrola y produce una tempestad, causa estragos no sólo para el hombre sino también para las hadas que trabajan en distintas tareas. Estos seres son prácticamente ingrávidos, ya que están constituidos en su casi totalidad por aire y luz.

Genbu: tiene la apariencia de una tortuga y una serpiente. Representa al norte, su color es el negro.

Byakko: tiene la apariencia de un tigre blanco haciendo referencia al oeste y simboliza, también, el rayo. Se dice que su rugido es capaz de llamar a la tempestad y que es capaz de provocar abrumadoras tormentas eléctricas.

Las nagas: tienen un gran encanto, cualidad que las hace muy poderosas sin necesidad de recurrir a la violencia. Son enormemente inteligentes, sabias y pacientes. Prueba de ello es que son capaces de pasar horas inmóviles vigilando a un enemigo. Además, descansan en un estado semiconsciente por lo que difícilmente pueden ser sorprendidas.

Existen 3 tipos de nagas:

Naga acuática: de color verde esmeralda, tiene dibujos reticulados marrones y ojos verdes. Suele habitar en aguas dulces. Son neutrales, por lo que rara vez atacan a no ser que se vean amenazadas.

Naga guardiana: posee un aroma floral característico, ojos dorados y escamas verde-doradas. Es de naturaleza noble, por lo que suele avisar a los intrusos e incluso los entierra después de la batalla. Es capaz de escupir veneno y matar así, aunque también puede usar la mordedura y la constricción.

Naga espíritu: De todas las nagas, ésta es la que posee los rasgos faciales más humanos. Tiene pelo y ojos castaños y sus escamas son negras y rojas. Son perversas y causan daño a cualquier ser que se encuentren. Estas nagas no son lo suficientemente fuertes como para ejercer la constricción, pero poseen una mirada capaz de paralizar.