Harry potter y sus personajes son propiedad de JK Rowling


Cuanto más he de esperar,
cuánto más he de buscar,
para poder encontrar
la luz que sé que hay en mí.
he vivido en soledad
rodeado de multitud,
nunca he conseguido amar
pues no me quiero ni yo

Mago de oz /la danza del fuego

Secretos

Harry quería hablar con su hermano pero al llamarlo por el espejo unos ojos grises lo vieron con sorpresa, al instante el pelinegro recordó al niño rubio.

—fue lo único que atino a decir bastante sorprendido.

—¿Quién eres tú? —preguntó Draco aunque ya sospechaba la respuesta.

Harry —respondió el pelinegro dejando de lado su apellido.

Draco arqueó una ceja, quiso preguntar si era solamente Harry pero no lo hizo.

¿Y tú cómo te llamas? —preguntó el pelinegro ansioso, el rubio pensó en no responder pero…

—Draco, sólo Draco —terminó respondiendo.

Mucho gusto Draco —le sonrió y el rubio pensó que tenía una linda sonrisa pero luego sacudió frenéticamente la cabeza alejando esos estúpidos pensamientos. Ambos se quedaron viendo hasta que fueron interrumpidos.

Harry, ayúdame —una voz lastimera llamó la atención de Draco y el pelinegro giró la cabeza.

¿Qué pasa Ald?

¡Es ese maldito gato que me quiere cenar! —gritó el castaño trepado en lo alto de armario.

¿Ald cómo rayos llegaste hasta allá? —preguntó Harry sorprendido.

¡Harry sálvame ese animal me quiere comer! —gritó histérico.

Es solo un kneazle bebé, no te lastimará.

Échalo fuera Harry —la voz del castaño se oía angustiada.

Espera un momento por favor Draco —pidió el pelinegro y el rubio arqueó una ceja, el chico había dejado el espejo sobre la cama y desde allí Draco pudo observar un techo en el cual se veían las diversas constelaciones, supuso era un encantamiento similar al que tenía el techo del gran comedor de Hogwarts.

Harry reapareció después de unos momentos y el rubio vio una cola peluda de color dorado moverse entre sus brazos, Draco suspiró algo aburrido preguntándose quién sería el chico que había gritado, de repente se oyeron golpes en la puerta y el rubio oyó la voz grave de otro joven.

¿Harry que pasa aquí?

- Vicente ...

Oh, así que aquí esta, disculpen pero este pequeño es la mascota de Serena, aunque últimamente pasa mucho tiempo dando vueltas aquí. Dámelo lo llevare con su dueña.

Harry reapareció unos minutos después en el espejo, Draco sin querer había estado muy atento a todo lo que decían al otro lado.

Disculpa Draco me tengo que marchar —se disculpó y Draco vio como sacaba un varita y tocaba la superficie del espejo que se vio nublado un segundo para volver a ser oscuro.

—Eso fue raro —dijo en voz alta el rubio aunque se sentía ligeramente decepcionado, a él le habría gustado hablar un poco más con Harry. Sonrió inconscientemente y guardó el espejo en uno de cajones con mucho cuidado aunque una duda lo asaltó, aquel chico era obviamente el hermano gemelo de Potter pero según lo que había escuchado el gemelo del Gryffindor era un squib pero acababa de verlo usar magia lo que significaba que era un mago, pero entonces ¿porque no asistía a Hogwarts?, y más importante ¿porqué se había sentido tan tranquilo hablando con el hermano de su enemigo número uno?, eran preguntas que no tenían respuesta, le dio una última mirada al cajón donde estaba en espejo diciéndose a sí mismo que averiguaría de que iba todo.

En la habitación Harry camino hasta estar al pie del gran armario donde Aldrichs permanecía encaramado, el castaño se hallaba echado sobre su estómago abrazando el armario con fuerza.

—Ald, ya puedes bajar, el kneazle se ha ido —dijo Harry impregnando su voz de con tono suave y encantador para convencer al chico, Aldrichs abrió los ojos y esos orbes celestes se mostraron acuosos, Harry suspiró y armándose paciencia le volvió a pedir que bajara.

Con cuidado el chico soltó el armario y con gracilidad saltó cayendo sobre sus pies pero rápidamente rehuyó la mirada esmeralda de su compañero, en un momento el castaño había cambiado completamente de actitud.

—Oye ¿qué te pasó? —preguntó Harry colocando una mano sobre el hombro del castaño.

—Yo… pensarás que es estúpido… pero yo tengo fobia a los gatos —se confesó bajando la cabeza sonrojado.

—Oye todos tenemos miedo a algo, el amigo de mi hermano tiene fobia a las arañas —lo consoló Harry recordando como Ron armó un tremendo escándalo cuando una pequeña araña blanca le cayó sobre el cabello—. Bueno así sabré que no regalarte para navidad —añadió riendo y el castaño se unió a sus risas.

Una semana después los chicos de primer año se hallaban descansando bajo un gran roble, Aurel como de costumbre molestaba a su primo y Harry se sonreía tranquilo hasta que vieron salir a Luna y Daniela, ambas lucían preocupada.

La española los vio y se encamino hacia ellos

—¿Chicos han visto a Cassy?

—No —respondió Aldrichs.

—¿Pasó algo? —preguntó Harry cuando las chicas se miraron preocupadas.

—Hubo un incidente en la sala común, Cassy y nosotras estábamos en la sala común conversando sobre cosas sin importancia y Victoria entró llevando un vaso con zumo, ella tropezó con el pie de Cassy y se manchó con el jugo, y ya conoces a Cassy, se disculpó aunque no fue su culpa y esa malcriada pellirroja la insulto, le dijo que este no era lugar para una huérfana, que estaba aquí sólo porque era un caso de caridad y Cassy salió corriendo de la sala común, hace casi media hora que no aparece —explicó Daniela muy angustiada.

—¿Cassy es huérfana? —preguntó Aldrichs.

—Eso no es importante, tenemos que encontrarla —dijo Harry. Victoria, esa chica se empezaba a pasar con sus comentarios, el pelinegro apretó los puños y los chicos dieron un paso atrás de repente su amigo les parecía muy amenazador.

—Athina la está buscando en el castillo, nosotras fuimos a los invernaderos pero no estaba allá —dijo Daniela

—Aurel, Constantin vayan al castillo y ayuden a Athina; Ald, tú y yo vayamos al bosque, nos reuniremos en una hora —ordenó el pelinegro.

El bosque era enorme, Aldrichs y Harry se separaron para abarcar más terreno, al pelinegro le preocupaba que la niña no apareciera ya que la noche pronto caería.

Aldrichs caminaba llamando a la niña pero no había respuesta, maldijo a Victoria y su gran boca, aunque también estaba sorprendido ya que no sabía que Cassy fuera huérfana. Suspiró, aunque a él no le importaba francamente, siguió caminado y más adelante divisó el Lago de la Luna, como solían llamarlo las dríadas. Un ruido fuerte llamó su atención, al principio parecieron gruñidos pero luego reconoció las voces de las chicas de segundo curso, se acercó más y allí cerca del borde del lago estaban Victoria junto a Mary y Jean; Aldrichs no les dio importancia y estaba por marcharse cuando…

—Déjame en paz Victoria —el chico reconoció al instante la voz de Cassy.

—¿Qué pasa huerfanita, te duele que te digan la vedad? —habló la pelirroja.

—¿A ti que más te da?

—Me fastidia tu presencia, siempre siendo la tonta del grupo de los de primero, la favorita de la profesora Michiru, la pobre huerfanita a la que le tiene lastima, ¿es que no te das cuenta niña estúpida que solo están contigo porque te tienen lástima?

—¡Déjame pasar! —dijo la niña intentado pasar por entre las tres chicas de segundo.

—¿Quieres llorar huerfanita? ¿Qué pasa, ahora que estas sola tienes miedo? —Victoria reía y sus compañeras le hacían coro cerrándole el paso a la pelinegra. Cassy sacó la varita y la alzó apuntando hacia la pelirroja.

—¡Estúpida! —Victoria estaba molesta por el atrevimiento de la niña, así que en un rápido movimiento sacó su propia varita y de un fluido movimiento lanzó un hechizo.

Inmobilus —acertó pero no contó con que al estar al borde del lago Cassy cayera hacia atrás, directamente a sus aguas. Aldrichs abrió los ojos, Cassy estaba hechizada así que no podía moverse y se ahogaría. Victoria se había quedado paralizada, su intención no había sido esa, miró a sus dos amigas que también veían atónitas el lugar donde Cassy desapareció.

—¡Cassy! —el grito fue general, de entre los arboles Harry junto a los demás chicos de primero habían aparecido, con ellos estaba una joven rubia de unos dieciséis años. Todos corrieron hacia el borde del lago y entonces vieron a una sombras pasar velos lanzado a Victoria hacia un lado, un sonoro ¡splash! se oyó y el agua del lago salpicó un poco a todos lados.

Cassy se hundía más y más hacia el fondo, no podía moverse y su varita se le resbaló de las manos, las lágrimas escaparon de su ojos pensando que morirá de manera patética, que todos tenían razón y recordó las burlas de las niñas del orfanato, recordó sus voces diciendo «nadie te quiere por eso ni siquiera te dieron un nombre». El agua empezaba a ahogarla, de pronto vio un destello azulado y se perdió viendo un celeste infinito, tal vez ya había muerto.

—No se te ocurra morirte ahora —suplicó una voz maravillosa cerca de su oído y lo siguiente que sintió fue como sus brazos volvían a tener movilidad, intentó manotear hacia la superficie pero nunca había aprendido a nadar y ahora se empezaba a arrepentir, su cuerpo estaba demasiado pesado. Algo la sujeto de la cintura y ella se aferró a su salvador.

En tierra firme todos tenían la vista fija en el lago, entonces la superficie del agua se rompió y Cassy boqueó por aire, tenía los ojos fuertemente cerrados, lentamente los abrió y se vio sujeta por Aldrichs, lo raro era que el castaño tenía el torso desnudo, la niña se sonrojo fuertemente al caer en cuenta de que tenía los brazos alrededor del cuello del castaño. En la orilla todos miraban con asombro a la pareja, Harry parpadeó confundido preguntándose si era cierto lo que veían.

—¡Cassy! —las voces de las chicas lo devolvieron a la realidad, cuando Aldrichs acercó a la pelinegra hacia la orilla, Daniela y Serena ayudaron a la niña a salir del agua. Aldrichs los miraba con temor pero Harry le tendió la mano para ayudarlo a salir, Vincent se acercó también para ayudar al castaño, cuando estuvo fuera del agua los chicos pudieron apreciar una larga cola de color azul con destellos verdes.

—¡Joder amigo tienes cola! —soltó Aurel sorprendido.

—Gracias —dijo Cassy viendo a Aldrichs a los ojos, el castaño suspiró y dio un leve asentimiento. Serena sacó la varita y apuntó a la cola del castaño un movimiento y la cola desapareció.

—Volvamos, y ustedes señoritas —se dirigió a las tres mayores— tienen una cita con la directora —Victoria estaba en shock, primero la huérfana se cayó al lago, después el fenómeno de cabello castaño la empujó haciéndola caer sobre el fango y ahora la iban a castiga.

—¡Malditos fenómenos! —gritó la pelirroja lo bastante alto para que todos la escucharan, esta vez Harry se adelantó, los ojos verdes se volvieron afilados y oscuros.

—Escúchame bien niñata, si vuelves a molestar a mis amigos lamentarás el día en que te cruzaste en mi camino —la voz del pelinegro era suave y calmada pero eso sólo hizo que la pelirroja se estremeciera, su instinto le gritaba "peligro" cada vez más fuerte. El pelinegro regresó junto a su grupo.

—La verdad no sé cómo la fueron a aceptar —comentó Diana.

—Es cierto, desde que entró sólo ha causado problemas —corroboró Vincent.

—Empiezo a preguntarme lo mismo… —dijo Serena—. Niñas vuelvan a los dormitorios, yo acompañare a Cassy a la enfermería.

—Voy con ustedes —Harry se adelantó, Aldrichs iba hablar pero prefirió callar y marcharse a los dormitorios.

Vincent llevó a los niños hacia los dormitorios y Diana hizo lo mismo con las niñas, Serena caminaba al lado de los dos pelinegros que permanecían en silencio, los llevó hacia la enfermería y después de que la enfermera se asegurara de que la niña estuviese bien Harry se ofreció a acompañarla, Serena los observó y asintió dejándolos solos. Caminaron en silencio hasta que…

—Cassy… —la pelinegra se detuvo— Cassy ¿porqué huiste hacia el bosque?

—Yo… —las lágrimas de la niña empezaron a caer— en el orfanato siempre estuve sola, todos decían que era una carga, un desperdicio de espacio —Harry no necesito oír más, la rodeó con los brazos y la estrechó fuertemente.

—Ya no estás sola, puedes contar conmigo y…

—También nos tienes a nosotros —dijeron varias voces, Harry vio a sus compañeros de primer año, todos estaban allí.

—¿No se suponía que habían regresado a los dormitorios? —preguntó el pelinegro.

—Queríamos saber cómo estaba Cassy —contestaron a coro y el pelinegro suspiró.

—Vamos a un salón antes de que nos descubran —dijo Harry y sin soltar la mano de la niña los guió hacia uno de los alones donde Vald le había estado enseñando metamorfosis.

Los chicos jalaron unas sillas e hicieron un círculo, Cassiopea los miró a todos y suspiró, era la primera vez que se sentía apreciada.

—Cass, ten —llamó Aldrichs alcanzándole la varita.

La niña agradeció una vez más y cogió la varita de fuego que en sus manos emitió unas chispas rojas.

—¿Es cierto que creciste en un orfanato? —preguntó Luna.

—Sí…

—¿Pero y tus padres? —preguntó Aurel.

—Nunca los conocí, estuve en el orfanato desde que tengo recuerdos, siempre me mantenían lejos de las demás niñas porque a temprana edad hice magia accidental…

Una Cassy de cinco años intentaba alcanzar el vaso que estaba sobre la mesa, pero por más que se estiraba sus pequeñas manos no llegaban al vaso, no muy lejos una mujer de cabello marrón algo canoso veía con desagrado a la niña.

No llego lloriqueó dejando escapar una lágrimas.

Ya eres grande mocosa así que debes aprender a valerte por ti sola regañó la mujer y prosiguió cortando las zanahorias.

Cassy se concentró en el vaso y sin que ella se diera cuenta sus manos se rodearon de un aura rojiza y la leche del vaso comenzó a hervir hasta hacer explotar el vaso.

¡¿QUÉ DEMONIOS HICISTE?! gritó la mujer al ver la mesa y el suelo manchado y el vaso completamente destrozado, cogió a la niña y tiró de ella hacia un cuarto Te quedarás castigada aquí, fenómeno la empujó al interior de un oscuro cuarto.

¡No, está oscuro, tengo miedo! gritó la niña pero la puerta se cerró y la dejó en el sucio cuarto de castigo.

—Pasé gran parte de tiempo en el cuatro de castigo o huyendo de las demás niñas… —dijo la pelinegra cerrado los ojos y recordando otro incidente.

Era el paseo anual a la playa y después de todo un día muy agotador Cassy de unos ocho años estaba alejada de todos, sentada sobre un tronco y leyendo en silencio desde que había llegado a aquel lugar, sus compañeras y las mujeres responsables se afanaban en hacer una fogata, al verla sola con aquel libro dos chicas de mayores se acercaron.

¿Qué haces Sin Nombre? preguntó una de la chicas, la niña las ignoró y siguió perdida en aquel libro, era u regalo que le había dado el bibliotecario de la escuela pública a la que asistían. Para Cassy, que nunca había tenido un regalo y que ni siquiera sabía cuándo era su cumpleaños, aquel envejecido libro era su más grande tesoro, pero las chicas al ver que la pelinegra las ignoraba se lo arrebataron.

Esto servirá para encender la fogata dijo una de las adolescentes.

¡No! Devuélvelo pidió la pelinegra suplicante.

No, esta basura servirá pare que la fogata encienda dijo la otra y ambas se echaron a correr, Cassy corrió tras las chicas y las encargadas vieron todo pero simplemente decidieron ignorarlo, Cassy se acercó extendiendo la mano pero la adolecente cogió el libro por la mitad y ante la mirada horrorizada de la niña lo partió en dos y lanzó una mitad al fuego riendo, las demás niñas que se habían acercado veían todo con diversión.

¡No, por favor! pidió la pelinegra, las lágrimas caían incesantes por mejillas.

Suplica Sin Nombrese burló la mayor riendo, la pelinegra lloraba inconsolable pero agachó la cabeza y se puso de rodillas.

Por favor rogó entre sollozos.

No me convences dijo la mayor y arrojó el otro trozo del libro al fuego, Cassy sin pensarlo se lanzó por él a la fogata, las niñas ahogaron un grito y la encargada corrió hacia la niña que estaba sobre el fuego abrazando fuertemente la mitad de su tesoro.

—Me apartaron del fuego pero no tenía ni una sola quemadura, la encargada y las demás se aterrorizaron y desde ese día cada cosa inexplicable que ocurría en el orfanato siempre me echaban la culpa a mí y todo fue peor… —concluyó la pelinegra apretando los puños fuertemente, entonces sintió un par de brazos alrededor, alzó la cabeza y sus ojos se encontraron con los ojos azules de Luna.

—Ya estás con nosotros y nadie te volverá a molestar —prometió sonriéndole.

—Sí Cassy puedes contar con nosotros, somos como hermanos —agregó Aurel y los demás asintieron.

—Sí, además si alguien te molesta Harry siempre pude cenárselo —comentó Luna y el pelinegro giró bruscamente hacia la rubia que le sonreía tranquila, todos en el salón no entendieron pero por la cara que había puesto el pelinegro rieron del chiste.

—Vale ya que somos una familia pues vamos a decirlo todo para que no hayan sorpresas más adelante, comencemos por…

—Soy hijo de una sirena y un hechicero ¿contento? —soltó Aldrichs viendo a Aurel.

—O sea ¿eres un sireno? —preguntó el chico.

—Es un tritón, idiota —corrigió su primo.

—¡Consti!, no le digas idiota —dijo Aurel consternado, todos en la sala estallaron en carcajadas al ver la cara molesta del otro rubio.

—Ya, oye ¿y te transformas cada que tocas el agua? —preguntó Daniela, recordando haber visto algo así en la televisión de su tía.

—Oh no, solo si yo lo deseo, pero con una cola es más fácil sacar a alguien del agua además de que la cola me da más velocidad.

—Tu madre debe ser preciosa —comentó Athina.

—Sí, bueno, mi madre se enamoró de mi padre y renunció a su herencia de sirena, obtuvo piernas y se casó pero la familia de mi padre nunca la aceptó por esos prejuicios de que los sangre pura solo deben casarse con sus iguales, papá se molestó y cortó todo lazo con su familia, jamás los he visto. Pero tampoco es tan triste, las hermanas de mamá siempre suelen visitarnos —dijo el castaño sonriendo, Daniela suspiró.

—Yo soy una loup-garou, por legado —comenzó pero al ver las miradas interrogantes rodó los ojos—. Una chica lobo, mi familia desciende de los antiguos lobos que habitaban en Europa —explicó.

—¿Eres una licántropa? —pregunto Aurel, al lado de Aldrichs, viendo sorprendidos a la española.

—De hecho entre los licántropos nosotros, los loup-garou somos la realeza o el origen al igual que en los vampiros, los nosferatu son su origen.

—¡Who! ¿Y puedes trasformarte en lobo? —preguntaron los dos curiosos del grupo.

—Sí, de hecho puedo combinar mi forma animal con mi forma humana —respondió—, por lo referente a mi familia pues tengo dos hermanos, ellos estudian en Salem, la academia americana de magia, allá la gente es de mente abierta y no son tan prejuiciosos —finalizó. Las miradas se posaron en Athina.

—Oh yo soy normal, padre mago, madre bruja, hermana mayor odiosa, hermana menor insufrible, nada del otro mundo —dijo la griega sonriendo nerviosa, los chicos miraron a Luna.

—Oh yo también soy normal, aunque mamá tenía sangre de hada, pero por lo demás nada raro —comentó la chica sonriente, los demás en el salón la miraron sin saber que decir.

—¿Entonces eres igual a Tinkerbell? —preguntó Aurel ganándose un golpe en la cabeza por parte de su primo.

—Deja de comparar a los demás con personajes de Disney —dijo molesto Constantin.

—No era necesaria tanta rudeza —se quejó el chico sobándose el golpe, de pronto todas las miradas se posaron en los dos rusos—¡Oh, nuestro turno! —Aurel casi saltó de su asiento y antes de que Constantin le diese otro golpe soltó:

»Nosotros somos dhampiros —soltó el rubio dejando a todos sorprendidos, esta vez fue Harry el que intervino, recordaba de su clases con Vald que los vampiros no podían tener descendencia, se suponía que aquel privilegio era solo de los nosferatun.

—Creí que los vampiros no tenían hijos.

—Cierto, los vampiros no tienen hijos pero no todas las razas, de hecho la raza creada por la Condesa Sangrienta si puede tener descendencia, aunque está prohibido, por eso nuestra familia nos mantuvo ocultos, algo sencillo gracias a que nuestras madres eran brujas —aclaró Constantin.

—Somos un grupo muy pintoresco —comentó Luna.

—Sí ¿pero Harry tú qué nos cuentas? —Aurel y Aldrichs tenían los ojos fijos en él.

—¿Qué puedo decir?, mis padres son magos ingleses, tengo un hermano gemelo que asiste a Hogwarts, mis padres creen que soy un squib y mi padre aún no lo acepta, mi padrino y mi hermano son los únicos que saben que estoy aquí, que soy un nigromante y que probablemente me convierta en un nosferatu en algunos años —terminó el pelinegro sonriendo, los dos rubios tenían la boca ligeramente abierta viéndolo, Aldrichs estaba en una situación similar y las chicas a excepción de Luna también lo veían con asombró, Luna por otro lado permanecía impasible y tranquila.

Harry pronto se vio asaltado por toda clase de preguntas a las que fue respondiendo calmadamente, para cuando terminaron de hablar eran cerca de las cinco de la madrugada, las chicas se marcharon somnolientas hacia su habitación y los chicos hacían lo propio. Harry llegó a su cama y sin cambiarse se durmió, Aldrichs no alcanzó a la cama y decidió que la alfombra de la habitación también era muy cómoda para dormir. En la habitación de los rusos Aurel se lanzó a la primera cama que vio y que resulto ser de su primo y quedó profundamente dormido al instante.

La mañana llegó a la escuela y todos se levantaron a excepción de los chicos de primer año que tenían el permiso de la directora para faltar a clases aquel día.

—Bombón, no deberías tener favoritismos —dijo un pelinegro abrazando a la chica.

—¿Qué puedo decir? Harry me recuerda a mí, y todos los demás son tan amables y buenos amigos, además todos han tenido algo a lo que afrontar debido al prejuicio de los magos —respondió ella encarando a su compañero.

—Eres tan linda —comentó besando el cuello de la chica.

—Seiya debemos ir a clases —reclamó aunque no se movía.

—No entiendo porque quieres asistir, eres la Señora de Avalon, la directora ¿y aún así quieres asistir a clases?

—Creo que nosotros también podríamos tomarnos el día —cedió girando y besando los labios del pelinegro, antes de alguien más los viera se desvanecieron en el aire.

Sirius se removió inquieto, había pasado una semana evitando a Remus pero finalmente el licántropo lo había acorralado.

—¿Y bien Sirius? Estoy esperando esa gran explicación —dijo bloqueándole la salida.

—No tienes alternativa amor —dijo divertida Elizabeth.

—Traidora —susurró el pelinegro.

—Los dejó para que conversen —se despidió la mujer y salió dejando a Sirius completamente solo con el problema.

—¿Y bien Sirius? —volvió a preguntar el lobo.

Continuará…