Harry potter y sus personajes son propiedad de JK Rowling
No...
no evadas más tu destino
debes seguir el camino
para el que el hombre nació
Si en tu desdicha
abrazas la fuerza del corazón
aunque te tienten
hará tu fe fuerte
a tu gran valor
Si en tu desdicha
Tu Misión / Tierra Santa
Lazos
Sirius suspiró exasperado, había hecho todo lo posible para escapar de Remus mientras seguía dándoles largas a los Potter y cuando al fin creía que podría descansar Lizy le tendía una trampa y ahora tenía frente a él aun un impaciente licántropo mirándolo expectante.
—Bien pero primero quiero que me jures por tu magia que lo que oigas aquí se quedara entre nosotros —Remus enarcó un ceja pero la seriedad del animago le comprobó que no era una broma así que sacó la varita e hizo el juramento tras lo cual Sirius le invitó a sentarse—. Te voy a contar todo pero no interrumpirás hasta que termine y después me puedes preguntar lo que quieras —pidió, Remus asintió sentándose frente al pelinegro—. Todo pasó hace 12 años, era mi último año en la academia de aurores y…
Un joven Sirius Black contemplaba a su amigo, otro pelinegro bastante joven que caminaba de un lado a otro llevando varias cajas.
—Jamás me lo imagine ¡tú, casado y con Evans! ¿Este no será un indicio del fin del mundo? —bromeó.
—Sí, lo sé, hubo momentos en que yo mismo empezaba a dudar que ella me aceptara.
—Jajajam quien te viera.
Ambos magos rieron y siguieron bromeando mientras terminaban de empacar las cosas de James, al final del día el recién casado redujo todo y se lo guardó en el bolsillo, después de un par de bromas más de parte del ojiazul se marchó dejando el departamento algo vacío. Sirius se dejó caer en el sillón más cercano, echaría de menos a James pero ya ni modo, el hombre se había casado y había ido a comenzar una nueva vida. Cerró los ojos y se relajó, el sueño empezaba a reclamarlo y cuando empezaba a caer en la inconsciencia un aleto alterado lo hizo pegar un salto, frente a él una lechuza negra de afiladas garras lo fulminaba con la mirada, el pelinegro le lanzó una mirada de superioridad marca Black pero el ave bufó molesta y le tendió su pata donde había un sobre atado, con cuidado sacó el sobre y rodó los ojos al ver el sello de la familia Black.
—Mi madre dejó muy en claro que no me quería volver a ver hace cinco años —dijo pero la lechuza lo siguió mirando altaneramente y le dio un picotazo en la mano para que abriese el sobre—. Vale, vale —odiaba a aquella lechuza; abrió el sobre y extrajo una carta muy corta, más bien una nota.
Sirius:
Te espero en la mansión Black mañana a las tres, no te atrevas a faltar.
Walburga Negro.
El pelinegro rodó los ojos, esa mujer aún pensaba que podía darle órdenes, bufó molesto; la lechuza le lanzó una última mirada de desprecio y después alzó el vuelo dejándole un pequeño regalo sobre su preciosa alfombra persa, maldiciendo al ave Sirius se echó a dormir.
A la mañana siguiente después de desayunar tarde y asearse no hallaba nada en que ocupar su tiempo, la academia de aurores les había dado un mes de descanso y no tenía nada que hacer ya que Dumbledore aún no le permitía unirse a la Orden así que aburrido como nunca se pasó el día tendido en el sofá con los ojos cerrados, de pronto recordó la nota de su madre y bufó molesto, no iría.
Una hora después el mago se hallaba en el vestíbulo de la mansión Black preguntándose qué demonios hacía en ese lugar si había jurado no volver a pisar la casa de sus ancestros.
—Tarde como siempre —masculló el elfo doméstico cuando apareció para guiarlo hacia la sala donde la mujer esperaba.
—Maldito elfo —gruñó el animago.
La puerta se abrió y una mujer de cabello oscuro algo canoso lo vio, esos ojos de su madre, negros como la noche lo hicieron recordar los oscuros días de su infancia pero haciendo un esfuerzo se sobrepuso e ingresó al salón.
—¿A qué se debe que la gran lady Black se digne a escribirle una carta un proscrito como yo? —inquirió dándole una sonrisa ladeada.
—Déjate de juegos Sirius y siéntate —ordenó la mujer fulminándolo con la mirada.
—Ya no soy un niño —masculló pero aun así tomó asiento frente a la dama.
—Quiero que viajes a Rumania y busques a tu hermano —dijo la mujer sorprendiendo al pelinegro que parpadeó confundido.
—Creo que oí mal ¿me estás pidiendo que busque a mi "mortífago" hermano en Rumania? —preguntó arqueando una ceja.
—Así es, hace dos meses Regulus se marchó por negocios.
—Me imagino cuales…
—Tu hermano está perdido, quiero que vayas allí y lo traigas de regreso —explicó la mujer fulminándolo con la mirada.
—¿Qué te hace pensar que me puedes pedir que abandone mi carrera y marche a encontrarme con alguien que seguramente me matará a la primera oportunidad que yo le dé?, no gracias, si él se metió en problemas no es mi culpa , esta grandecito así que asuma las consecuencias de sus actos —termino el pelinegro
—Es tu hermano Sirius, y sabes que la familia es primero —insistió su madre lanzándole una dura mirada
—No pienso ir —contestó antes ponerse de pie y marcharse.
La sala quedó en silencio y la aristócrata mujer vio a su primogénito marcharse, cuando ya no hubo nadie suspiró y relajó su postura, era un Black y sabía lo que eso significaba pero antes que ser la cabeza de la familia Black era madre y aunque muchos pensaran que era fría y cruel ella amaba a sus hijos, muy a su manera pero los amaba. Estuvo decepcionada cuando el mayor, Sirius, se marchó con los Potter , ella supuso qué destino le esperaría a su hijo, morir peleando por el bando de la luz y después Regulus se unió a los mortífagos y firmó su sentencia. Tal vez algún día ambos se encontrarían en el campo de batalla y seguramente por azares del destino uno de los dos moriría, a pesar de que ella había festejado a su hijo menor por su decisión y repudió a Sirius su corazón de madre se afligía por lo que sus hijos estaban haciendo.
Entonces sus temores empezaron a cumplirse: Regulus fue enviado en una misión a Rumania y había perdido todo contacto con él, el Señor Oscuro usaba a los novatos como carne de cañón y había enviado a Regulus hacia los clanes de licántropos que habitaban en Bucarest pero ella jugaría sus cartas bien, sabía que las posibilidades de que el joven estuviese vivo eran casi nulas pero no quería que su primogénito corriera esa suerte, alejaría Sirius y enviarlo en pos de Regulus sólo era un pretexto para sacarlo del país, una vez estuviera fuera no podría poner nuevamente un pie en Gran Bretaña, ella se encargaría de eso. Con una sonrisa suspiró, sabía que Sirius iría en busca de Regulus, después de todo eran hermanos y aunque se separaron cuando entraron a Hogwarts, cuando niños eran muy unidos. Y después de todo no podía darse el lujo de que la sangre de los Black y su noble apellido desaparecieran con sus tontos hijos.
Tres días después Sirius veía el traslador internacional que usaría, aún se estaba preguntado qué demonios hacía, el estúpido de Regulus se había metido en problemas él solito ¿así que por qué motivo él estaba yendo a limpiar el desastre de su hermano?
—Por eso, porque es tu hermano —le respondió una vocecita fastidiosa
—Y como dicen "al mal paso darle prisa" —sin más cogió el traslador y todo se llenó de colores, sintió el clásico tirón en el ombligo y al minuto apareció en las afueras de una casa donde se quedaría mientras estuviera allí, ingresó al lugar y lo recorrió con la mirada, bien, ya no había vuelta atrás.
Los días que siguieron a su llegada fueron relativamente tranquilos, claro hasta que como buen merodeador los problemas lo alcanzaron, había estado investigando muy sutilmente el posible paradero de su hermano y por cosas del destino termino metido en un bar de un clan lup-garud, todo bien hasta ahí pero entonces posó sus ojos en una guapa chica de cabello rubio y ojos azules, le invito una copa y ella le siguió el juego, no habría pasado de un flirteo pasajero pero fue cuando, como siempre los problemas lo encontraron y resultó que la chica con la que había estado tonteando era la próxima pareja del alfa de una gran manada, al tipo no le agrado que el pelinegro le estuviera echando los tejos a su prometida así que con un grupo de lobo los persiguieron por Bucarest. En medio de su huida se enteró que Vivian, la joven lobo, era la verdadera alfa por legado y Gabriel, el tipo malo, estaba metido en medio de una guerra para hacerse con el control del clan y claro, Sirius como todo caballero inglés en brillante armadura, decidió ayudar a la damisela en apuros así que un mes después él, Vivian y Aiden, el novio humano de la chica, estaban metidos hasta el cuello en una guerra entre clanes que no parecía tener un buen final.
Hasta que una noche en la que Vivian y Aiden estaban escondidos en casa de unos conocidos que apoyaban a la chica para que retomase el control de su manada, Sirius salió a buscar información ya que una pista le indicaba que posiblemente Gabriel había capturado a Regulus y lo mantenía encerrado, aquella noche el animago en su forma de perro salió por las calles y siguió a algunos lobos jóvenes, claro que sin saberlo cayó de lleno en la trampa de Gabriel, cuando se dio cuenta por lo menos quince lobos lo tenían rodeado, el mago volvió a su forma humana y sujetando su varita lanzó cuanto hechizo y maldición le cruzó por la cabeza para defenderse, logró herir a siete u ocho lobos de gravedad pero en un descuido uno de los lup-garud le arrebató la varita y de paso casi un trozo de su brazo, imposibilitado el animago se transformó, iba luchar hasta el final. Los lobos no tuvieron compasión, lo mordieron y le dejaron serias heridas, su trasformación despareció y quedó tendido en medio de un charco de sangre, Gabriel se acercó, sus ojos dorados de lobo lo veían con burla.
—¿Dónde está Vivian?
—Púdrete —gruñó orgulloso hasta el final.
—Vamos, dime donde está ella y terminare tu sufrimiento.
Sirius sonrió, su muerte se acercaba, lo presentía, sus ojos azules estaban perdiendo el brillo y su cuerpo ya no sentía dolor, era una pena pues había ido por Regulus y había acabado metido en una guerra de lobos y ni siquiera se había podido quedar con la chica ¡demonios, no había podido darle ni un solo besito!, una carcajada demente se le escapó.
De pronto un aullido resonó en el callejón y tres figuras aparecieron: un joven de cabello rizado que llevaba dos pistolas, seguramente cargadas con balas de plata, y dos espadas cortas en su cinturón también hechas de plata, una gran loba blanca de ojos dorados gruñía hacia el grupo y la última, Sirius jamás la olvidaría, tenía el cabello rubio y la piel pálida, ojos azules con tintes rojizos, era una hermosa mujer de unos veinte años enfundada en un traje de cuero negro que acentuaba sus curvas perfectas. Rió mentalmente al pensar que por más que lo deseara no podría siquiera acercarse a esa belleza y volvió a posar sus ojos azules en los orbes zafiro de ella, se perdió en ese profundo mar azulado sin poder apartar la mirada y una débil sonrisa verdadera le bailó en los labios, la rubia le sonrió y entonces todo el tiempo pareció fluir con más rapidez, en un segundo vió a Vivian lanzarse en pos de Gabriel y Aiden disparó a cuanto lobo saltó a atacarlo mientras que la rubia, a una asombrosa velocidad, se deshizo de unos cuantos lobos más y se encamino hacia él pero Gabriel, que de algún modo había esquivado a Vivian, se lanzó sobre el mago dispuesto a por lo menos llevarse a uno a la tumba, Sirius ya sentía los colmillos clavándose en su garganta pero una mancha color negó sujeto al lobo del cuello.
—Asqueroso perro —gruñó la rubia y de un simple golpe le voló la cabeza
—El rojo te sienta de maravilla —dijo Sirius antes de un ataque de tos.
—Jajaja, a ti también se te ve hermoso —respondió la rubia dedicándole una sonrisa, se mordió la muñeca sorbiendo la sangre y, reteniéndola en su boca, ante las miradas de incredulidad de Vivian y Aiden besó a Sirius obligándolo a tragar el líquido rojo en el proceso.
Sirius se recuperó con gran rapidez gracias a la sangre de la nosferatu.
Por otro lado la guerra interna del clan de lobos se apaciguó cuando en la Reunión de la Luna Llena Vivian se presentó acompañada de la vampiresa, los lobos gruñeron pero finalmente aceptaron a la joven como su líder, lo lamentable fue que Gabriel si tenía a Regulus pero lo habían trasformado, no era un lobo de nacimiento como los alfas y los más cercanos a éstos pero ahora era también un lobo de la manada de Vivian.
Los hermanos Black se vieron intensamente; uno lobo y el otro compañero de un vampiro, irónicamente la vida y el destino los volvía a separar. Regulus acepto volver a Gran Bretaña con Sirius aunque ser transformado en licántropo había cambiado su visón del mundo. Una noche se encontraba analizando la situación en compañía de la nosferatu.
—Entonces ahora soy un vampiro —dijo Sirius mirándose en el espejo, la verdad no encontraba diferencias en su persona, seguía siendo el guapo Sirius que dejo Gran Bretaña hacía casi un año.
—No querido, no eres un vampiro, eres mi igual —la rubia lo rodeó por la espalda con los brazos.
—¿Y eso significa que…?
—Los nosfertu nacemos en soledad en este mundo, condenados a vagar eternamente, somos los hijos malditos de Lilith, la reina de los vampiros. Se supone que nosotros estaríamos eternamente solos pero dios o el diablo tuvo compasión de estas almas malditas y nos envió un alma gemela, una sola alma que puede ser nuestro igual, esta alma tiene una vida normal hasta que nos encontramos y es en ese momento en que se nos dan dos opciones, transformar a nuestra alma gemela y convertirla en nuestro igual con el mismo poder y características o vivir a su lado el tiempo que dure su vida humana. Yo no he podido elegir la segunda opción, si no te daba de mi sangre y sellaba el ritual habrías muerto —dijo la rubia.
—Y te lo agradezco realmente, digo, el mundo no podía permitirse perder a una belleza como yo —sonrió de medio lado— ¿pero eso significa que ya no podré usar la magia?
—Tranquilo, tu magia está intacta, puedes usarla tanto como quieras, aunque ahora también tienes la capacidad de regenerar las heridas a gran velocidad y posiblemente también tengas colmillos…
—La verdad es que tú eres el primero al que uno de nosotros ha transformado en su igual —dijo un hombre ingresando a la habitación, la rubia se giró y sonrió.
—¡Vald! No sabes cómo te he extrañado —dijo la chica lanzando sus brazos al cuello del recién llegado.
—Hola pequeña, tiempo sin verte, Amon me dijo que estabas de visita por Bucarest así que pensé pasar saludarte, y mira la sorpresa, has encontrado a tu alma afín.
—Así es Vald —una tos disimulada los hizo girarse, un celoso Sirius pasaba su mirada de uno a otro sin comprender nada.
—Disculpa, que descuido el mío. Sirius, él es Vald Draculea, príncipe de Valaquia, más conocido como el conde Drácula —los presentó—. Vald, él es Sirius Black, mi compañero —el animago le tendió la mano al conde y ambos las estrecharon.
La llegada de Vald a dos días de partir apresuró las cosas, sobre todo cuando el nosferatu les informó sobre una luna roja que brillaría sobre Gran Bretaña en pocos meses. Regulus decidió volver con Voldemort aunque claro, eso fue después de llegar a la mansión de los Black. Walburga quedó helada cuando aquella noche tres figuras encapuchadas se presentaron en su puerta, más aun cuando vio que dos de esas figuras eran sus hijos, pero su rostro se llenó de horror al ver a la rubia.
—Condesa Báthory —susurró la mujer.
— Lady Black, tiempo sin verla —saludó la rubia retirándose la capa de viaje, Sirius parpadeó confundido.
—¿Se conocen?
—Sí, lady Black y yo frecuentamos los mismos círculos hace algunos años —explicó Elizabeth y sonrió más dejando entrever sus colmillos.
Después de las explicaciones sobre todo lo ocurrido, Walburga se apresuró a realizar los trámites necesarios para volver a incluir a Sirius en la familia Black y reportar el supuesto fallecimiento de su hijo menor, Regulus decidió que lo mejor era mantenerse oculto y qué mejor que todos pensaran que estaba muerto, un mes después de su regreso a Londres Sirius presentó su dimisión oficial a la Academia de Aurores y aunque James protesto bastante al final acepto que su amigo no sería un auror. Otro que se sorprendió mucho fue Dumbledore, el anciano había tenido la esperanza de tener a los cuatro jóvenes entre los miembros de la Orden pero lamentablemente se tendría que conformar con dos , aunque a pesar de todo no dejó de llamas a Sirius cada que había una reunión importante, fue así como el animago se enteró de la profecía, esa estúpida cosa que puso a sus amigos en peligro: «El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca, nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes, y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce, y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida. El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso nacerá al concluir el séptimo mes...»
No fue difícil sacar conclusiones ya que los únicos que cumplían estas condiciones eran los Potter y los Longbottom, Sirius obviamente no podía permitir que sus amigos fuesen heridos y cuando Regulus le dijo que Voldemort conocía una parte de la profecía y planeaba atacar a los Potter, Sirius se encargó de que accidentalmente Voldemort oyera la profecía completa y de paso descubrió a Peter Pettigrew como un mortífago. A Voldemort el saber la profecía completa lo frenó de atacar a ambas familias, tal y como Regulus sutilmente le sugirió al mago oscuro, lo mejor era esperar y acabar con el niño que demostrara tener algo que lo diferenciara, con eso Sirius se aseguró de que sus amigos no tuvieran esa amenaza algunos años más.
Finalmente, cuando Elizabeth le contó sobre los cantares de la luna roja, aquellos que anunciaban el nacimiento del siguiente nosfertu, las cosas empezaron a ponerse más interesantes pues no le tomó mucho descubrir el talento oculto de Harry.
—Y eso fue lo que paso, ahora Harry esta en Avalon, él es un nigromante y un nosfertu, pero durante todo este tiempo él ha fingido ser un squib ante todos, excepto Chris y obviamente yo.
—¿Harry es un vampiro nacido? —la voz de Remus era apenas un susurro.
—Por favor Remus… —se calló al ver la mano alzada del licántropo.
—¿James no sabe nada de esto? —preguntó y Sirius negó con la cabeza— ¿Dónde cree que está Harry?
—En Suiza, estudiando en el Aiglon College,un internado muggle muy exclusivo, Harry suele escribirles de vez en cuando a sus padres pero ellos nunca responden, además dudo que Potter le haga gracia que uno de sus hijos sea un futuro vampiro —respondió Elizabeth entrando a la habitación—. Por si preguntas, Harry sabe que los Potter lo suponen en Suiza y está de acuerdo —agregó. Sirius la miró interrogante pues no recordaba haberles dicho eso a sus amigos—. Les escribí una carta tu nombre amor, hace cuatro días —añadió al ver el desconcierto en la mirada del animago.
—Yo, no sé qué decir, todo esto ha sido muy difícil de procesar —concluyó el licántropo poniéndose de pie.
—Tienes dos opciones Remus, puedes venir con nosotros y darle una oportunidad a Harry o puedes alejarte y despreciarlo como James —Sirius estaba serio, Remus se volvió a sentar y suspiró, se frotó la cara con las manos, la pareja esperaba que el dijera algo.
—Quiero ir a ver a Harry —dijo finalmente dejando salir una pequeña sonrisa, Sirius sonrió ampliamente, por un momento había temido que perder a otro amigo.
—Bien, es una gran decisión y te presentaré a alguien muy peculiar —Sirius sonreía.
—Oh sí, creo que tú y Seiya se llevarían de maravilla, después de todo él es parte lobo —rió Elizabeth.
Chris tenía la mirada perdida ¿cómo en nombre de Merlín había perdido el espejo que su hermano le obsequió? No tenía otro modo de comunicarse con Harry ya que aparentemente Avalon estaba en otro plano y las lechuzas del colegio jamás la encontraban, lo que Chris no sabía era que las lechuzas del colegio estaban marcadas para que así el director pudiera saber a quién iban dirigidas las cartas y hacia qué lugares, todo claro con la excusa de la seguridad de los alumnos.
—¿Chris aún estás deprimido? —preguntó Ron sentándose a su lado.
—Dos semanas y el espejo no aparece, no puedo decirle a mamá porque seguramente me preguntaría como lo conseguí y… ya no quiero hablar de eso.
—Potter, hay una lechuza en tu cama —le dijo uno de los chicos que iban bajando.
El castaño pegó un salto y corrió hasta el cuarto, sobre la cama una lechuza parda esperaba, en su pata tenía una nota y sobre la cama había un paquete mal envuelto, Chris cogió la nota bruscamente y el ave le dio un picotón pero no le importó cuando al coger el paquete con manos temblorosas descubrió que se trataba de su espejo. En la nota con una fina caligrafía decía:
Estúpido idiota.
En la sala común de las serpientes un enfurruñado rubio estaba haciendo trizas una hermosa pluma de águila, todos lo miraban con temor pues era obvio que estaba de mal humor.
—¿Por qué tenía que devolverlo? —gruñó el rubio recordando la cara de Harry cuando le pidió que por favor le devolviera el espejo a Potter, ¿y por qué no se había negado? Pues era simple, esos malditos ojos verdes con esa estúpida mirada, no había podido decir que no.
Continuará…
