Robotech Macross no me pertenece…
Después de mucho pensarlo creo que la historia va así…
Capitulo 24
Un nuevo inquilino… o Dos?
La vida no es fácil, te paras, despiertas y caminas, y un día cuando menos lo piensas han pasado los años y te encuentras totalmente sola, vieja y añorando tener un niño entre tus brazos.
Eso pensaba Elena mientras iba a la salita y veía a la señorita Lisa arrullar al bebe, ella se había entretenido en los últimos tiempo con la bebita, tanto que se le había olvidado que la estancia de la niña era temporal, ahora que se la habían llevado se sentía sola y vacía, sus nietos eran grandes ya no la querían, ni necesitaban…
Tal vez si se acercaba y le pedía el bebe…
Ese pensamiento la abandono cuando sintió una mano apoyarse en su hombro.
-Ni se te ocurra querida.
-Pero Jones…
-No hay peros, sabes cómo es ella de obsesiva con el bebe, déjala tranquila… ya vendrán otros niños, tenemos tres hombres adultos en casa, solo es cuestión de tiempo para tener uno o dos bebes mas, ya verás como tendrás tus manos llenas en poco tiempo.
Ese era el único consuelo que le daba su marido, suspiro y se fue a la cocina, hacia unos días a Hayes le habían quitado el yeso y desde entonces se había dedicado en cuerpo y alma al bebe, todo su día giraba en torno él y al niño Rick, esta mañana los hombres habían salido rumbo a Macross, iban a entregar a la pequeña Dana a sus padres y a visitar a Fokker, y de regreso iban a traer a Ryan y a Samantha Porter con ellos…
Ahora que lo recordaba tenía que acomodar la habitación de invitados y limpiar la habitación de Ryan y mejor sería que se apurara antes de que Hayes durmiera al bebe y se pusiera ella misma a limpiar… se dirigió a la escalera y vio como Lisa se sentaba en la alfombra de la sala a jugar con Joshua, gracias a Dios tenía tiempo de sobra.
Eran horas de la tarde y Joshua ya estaba comido, bañado y dormido, todavía faltaban un par de horas para que los chicos volvieran y Hayes se estaba aburriendo… tal vez si salía a cabalgar un rato.
Decidió hablar con la señora Elena si ella podía cuidar a Joshua un rato saldría a cabalgar, nunca se ha tomado el tiempo de recorrer la hacienda completamente y hoy era un día tranquilo con buena temperatura para hacerlo.
El sol había salido desde temprano, el hielo se había derretido en su gran mayoría y la grama verde comenzaba a verse. Los arboles altos daban parte de sombra, aunque no mucha mientras veía como comenzaban a brotar hojas nuevas en sus ramas, definitivamente era un día hermoso para dar un paseo. No pudo evitar pensar que este era un buen sitio para vivir, la paz se respiraba en el aire.
Volvió ya entrada la tarde, tomo un baño y decidió esperar la llegada de los chicos y de Sammy. La señora Elena estaba feliz con Joshua cuando llego, así que decidió dejarlos juntos y dedicarse a hacer la cena, quería hacer uno de los platillos favoritos de Sammy para que se sintiera bienvenida, además hizo pan de maíz casero el favorito de Hunter, sabía que se estaba pasando mimándolo todo el tiempo, si Claudia estuviese aquí diría que le salen corazoncitos por los ojos.
No pudo evitar sentir un dolor en el pecho con ese pensamiento, extrañaría a Claudia hasta el último día de su vida. Estaba entrando la noche cuando escucho el helicóptero acercarse, salió al porche con Joshua en brazos a esperar a los chicos. La señora Elena y su esposo se habían retirado a descansar a su casa hacia un rato y Lisa se encontraba sola con el bebe.
El frio de la noche los golpeo de pronto, tanto que reviso que Joshua se encontrara bien abrigado, vio como el helicóptero descendía y paraba totalmente vio a Rick abrir la puerta del piloto y correr a su lado, no pudo evitar la sonrisa que se dibujo en su rostro.
-Te extrañe.- le dijo antes de pasar uno de sus brazos por la cintura y con la otra mano acariciar la mejilla de Joshua, Lisa no pudo evitar sonreír, antes de darle un beso en la mejilla como bienvenida, ella también lo había extrañado.
Sammy miraba la escena desde los brazos de Ryan, este la cargaba mientras Alan bajaba y abría su silla de ruedas.
-Vaya esos dos están bastante melosos.- No pudo alejar la expresión de asombro de su voz.
-No has visto nada Samantha, usualmente están tan melosos que dan asco.- respondió Alan mientras ayudaba a Ryan a sentarla en la silla.
Ryan comenzó a arrastrar la silla de ruedas hacia la entrada, Lisa le entrego el bebe a Rick para acercarse a abrazar a Sammy, en verdad había extrañado a la única sobreviviente del trió; mientras abrazaba a Sammy no pudo evitar llorar un poco… tuvo que limpiar sus lagrimas antes de invitarla a pasar mientras hablaba cuanta estupidez se le ocurría por la cabeza, nunca se había sentido tan insegura y fuera de lugar en su vida, solo quería cuidar de Sammy aunque sabía que la ultima integrante del trió no es una cría, aunque la mayor parte del tiempo actuase como una.
Repentinamente el grupo se encontró con un pequeño problema entre las manos. Tenían que cargar la silla de ruedas para que Sammy entrara en la casa… Rick miro a Alan, Alan miro a Ryan y Ryan miro a Rick. Los tres hombres parecían demasiado felices repentinamente.
-Voy a ver cuanta madera tenemos, dijo Ryan, dirigiéndose al cobertizo, mientras que Alan se inclinaba sobre Sammy para darle un beso sonoro en la mejilla.
-No sabes lo feliz que estamos de que estés aquí.
Rick se acerco y coloco a Joshua en su regazo antes de salir corriendo para dentro de la casa seguido de Alan, -Voy a buscar los planos.- lo escucho decir mientras los dos hombres desaparecían, dejando intrigadas a las dos mujeres. Pasaron más de 15 minutos antes de que Hayes perdiera la poca paciencia que tenia y exigiera a los tres hombres que llevaran a Sammy dentro de la casa.
Rick, Alan y Ryan se dedicaron a construir una rampa de acceso en el porche de la casa, y comenzaron a planificar donde más pondrían rampas de acceso para una silla de ruedas, tal vez tendrían que tumbar una pared o dos, para molestia de la señora Elena, pero eso lo verían más adelante.
Eran más de las dos de la mañana cuando Alan decidió tocar un punto algo dedicado en la vida de Rick.
-Hermano puedo hacerte una pregunta.-
Rick inmediatamente se puso alerta y miro a Ryan antes de encogerse de hombros y continuar clavando un pedazo de madera.
-Dispara.
-¿Qué demonios estás haciendo aquí con nosotros esta noche?
-No entiendo, ¿qué quieres decir?
Ryan decidió intervenir antes de que Alan saliera con una impertinencia.
-Alan pregunta que estás haciendo aquí, en lugar de estar acostadito, comodito en la cama de Hayes, haciendo una actividad totalmente distinta pero igual de extenuante.
-Demonios -se quejo Rick mientras se apretaba el pulgar que por la impresión se había pisado con el martillo- están locos, Lisa y yo no tenemos ese tipo de relación.
-¿Tu eres idiota o te haces?- le pregunto Alan ya un poco molesto por la estupidez de su amigo- que esperas ¿Qué Hayes te ordene dormir con ella? Porque si es eso deberías esperar sentado-
-Ustedes no entienden, Lisa está durmiendo con los bebes, no puedo solo escabullirme en su habitación como ladrón de media noche.
-¿Esa es tu mejor excusa? Joshua duerme en su cuna en la habitación anexa y Dana ya no está, así que si no me equivoco Hayes esta solita en su cama,… y con el frio que hace esta noche… pobrecita…- esto último lo dijo con un tono de ironía.
-Estoy seguro que necesita de alguien que le de calor. -Esta vez fue Ryan quien hablo.
Rick miro a sus dos amigos antes de asentir con la cabeza. –Creo, creo que iré a bañarme antes de dormir-
-Buena idea hermano. Que tengas una buena noche.-
Rick se quito los guantes de trabajo y asintió a los hombres antes de entrar en la casa, dudaba mucho que Hayes lo rechazara, pero siempre había la posibilidad de que lo sacara a patadas de su cuarto, bueno, bien decía Pops, quien no arriesga no gana… y con este pensamiento resignado fue a prepararse para pasar el resto de la noche.
Eran casi las 11 de la mañana cuando Rick bajo las escaleras, le llamo la atención ver a Sammy acompañada de Ryan en la Sala de juegos mientras que Alan estaba sentado en la cocina leyendo el diario, tal parece que ninguno de los tres fue a trabajar hoy.
Se sirvió el café y se sentó en la mesa de la cocina, se veía sombrío pero no era su culpa.
Alan lo vio y no pudo evitar comentar.
-Veo que las cosas no fueron bien con Hayes anoche.
Rick levanto la mirada de la taza, dudando si hablar o no con su amigo. Al final suspiro y decidió dar paso a lo inevitable.
-Al contrario, me fue bien, mucho mejor que bien, fue maravilloso.- comento Rick con una sonrisa de satisfacción en el rostro.
-Entonces porque bajaste con esa cara.
-Es porque desde que me desperté tengo un mal presentimiento y no he podido dejar de pensar en unas palabras que solía decirnos Pops a mí y a Roy…
-¿Y qué te decía tu viejo?
-Hay momentos en los que todo va bien, no te asustes, no duran…*
-¡Mierda Hunter!, así que de allí viene ese pesimismo tuyo.
-No te rías, que es en serio, mira todo lo que hemos logrado en tan poco tiempo, por primera vez en mi vida puedo decir sin miedo que soy feliz. Esta mañana me desperté con Lisa entre mis brazos y me sentí dichoso, tanto que me dio miedo, miedo a que no dure, miedo a que abra esa puerta y me consiga algo que destruya esta felicidad tan grande que siento.- exclamo mientras señalaba la puerta del frente.
Alan solo negó con la cabeza, este tipo no dejaba de asombrarlo aunque aún no ha podido determinar si es un caso perdido.
-Bueno Hunter, a diferencia de tu padre, el mío me enseño a enfrentar mis miedos, así que ven conmigo abramos la maldita puerta del frente juntos para que veas que no hay nada que temer.
-No la abras, tengo un mal presentimiento.- le dijo Rick mientras se paraba a una distancia prudencial de la entrada.
Alan solo negó con la cabeza nuevamente, pensando si entre los Hunter correría un gen de locura del que él no sabía nada.
Abrió la puerta de par en par y se detuvo a un lado.
-Vez que no hay nada.- dijo extendiendo su brazo mientras vio como Rick palideció desde el sitio en que se encontraba parado.
Miro hacia la puerta y allí de pie en el lumbral se encontraba la estrellita del canto, el pajarito querido por todos, con un abrigo sumamente grande una pequeña maleta a su lado y unos lentes oscuros inmensos que no por su tamaño podían ocultar el morado que traía en el rostro.
Alan miro a Rick y se le partió el corazón, se veía a leguas que Minmey estaba en problemas y sabía que su amigo nunca le daría la espalda.
-Lo siento, la próxima vez que digas que tienes un mal presentimiento te creeré.- le dijo mientras vio a Minmey entrar a la casa y arrojarse a llorar en los brazos de su amigo, en el momento exacto en el que Hayes bajaba las escaleras con Joshua en brazos.
Fin del cap-
*Palabras de Jules Renard
