Harry Potter y sus personajes son propiedad de JK Rowling


Frágil sombra cerca la hermandad
Las calumnias, acechan sin ver
Dónde está ese viejo amigo
Que presta su hombro al llanto

No, la hipocresía luce ilesa triunfadora
Enfrentando las mentiras, de seda pulcra
La mente acota al corazón en el recuerdo
Oh no…

Saurom / Mentiras de Seda Pulcra

Planes

Meses atrás.

Harry se estiró a todo lo largo de la cama, en los últimos meses había crecido varios centímetros y ahora sus pies casi tocaban la parte baja de la cama pero en aquellos momentos sentía un peso extra sobre su cama que le hizo abrir los ojos; una luz dorada se filtraba a través de las cortinas así que una de dos: estaba amaneciendo o ya era pasado el mediodía, tomando en cuenta que se había acostado a las cuatro de la mañana era más probable la segunda opción, con pereza se sentó en la cama y vio que el peso extra era una montaña de obsequios que le hizo sonreír, era Navidad. De un impulso saltó de la cama y cayó sobre sus pies, al pie de la cama observó sus obsequios sin saber por cual comenzar. Tomó el primero que vio: un paquete largo que desenvolvió con curiosidad y ansias, era un regalo de Chris, sonrió, un álbum de fotos de ellos en todos sus años previos a la escuela, suspiró con tristeza pasando las fotografías, algunas mágicas y otras muggles, acaricio cada una de ellas, al final del álbum había una nota:

«Seremos hermanos siempre Harry, no importa lo que los demás digan, nosotros seremos hermanos y nada nos separará. Ni siquiera la terquedad de James, tú siempre serás mi hermano.»

Harry se quedó contemplando las fotografías un largo rato hasta que finalmente decidió abrir el resto de obsequios.

Luego de terminar salió vestido con una nueva túnica, la casa estaba misteriosamente en silencio así que se acercó a la puerta de Luna y tocó, la rubia tardó un poco en abrir pero no estaba sola, con ella se hallaba Cassy, ambas al verlo lo abrazaron de forma alegre y agradecieron sus obsequios, le contaron lo sorprendidas que habían estado de recibir tantos, Cassy jamás recibió nada en el orfanato y Luna no tenía amigos así que sólo su padre solía darle algún obsequio, pero ahora ambas habían quedado maravilladas con las diversas cosas. Harry les sonrió y las animó a bajar.

Los tres muy animados iban bajando cuando una corriente oscura estremeció la casa entera, Harry colocó a sus hermanas detrás suyo y sacó la varita, aquel pulso había sido muy agresivo, los tres se acercaron a la puerta del salón donde se podía sentir la palpitante onda sombría.

Del otro lado una pelinegra de ojos carmín apretaba con fuerza los apoya brazos de la silla donde estaba sentada, que bajo la presión se hicieron astillas y pedacitos de tela cayeron al suelo.

Voy a matar a ese anciano muy lentamente —dijo.

Te acompaño —agregó Elizabeth.

Nadie va a matar a nadie, aquí lo primero es asegurarnos que ese hombre no pueda poner sus manos en los niños —intervino Vald.

Molly y los chicos ya vienen, si alguien puede encargarse de las cosas legales es ella —añadió Amón serio.

No vamos a permitir que nade se lleve a mis hijos —agregó Sirius.

¿Qué está pasando? —preguntó Harry abriendo la puerta e ingresando con las dos niñas

Harry.


Dumbledore se masajeó las sienes y colocó sus gafas de media luna sobre el escritorio, estaba muy molesto, las cosa no le estaban yendo como él deseaba, primero Sirius lo había echado de su casa y segundo James había repudiado al pequeño Harry, además la custodia de la chica Lovegood le fue entregada completamente a sus padres adoptivos, de nada habían servido sus influencias, aún no entendía cómo era posible que Sirius hubiese conseguido adoptar a Harry y a Luna en tan sólo dos meses, el anciano cerró los ojos y recordó, aquel día que cometió el terrible error de sugerir que Luna y Cassiopea fueran puestas en manos más responsables.

Cinco meses atrás, víspera navideña.

Dumbledore había tenido un día terrible pero planeaba mejorarlo, sabía que Sirius lo oiría, por eso le pidió a James que fuese más temprano y le planteara la idea a Sirius. Se acomodó mejor la túnica y con una buena provisión de caramelos de limón en los bolsillos ingresó a la chimenea y desapareció entre las flamas esmeraldas, salió en una chimenea del caldero chorreante y se dirigió afuera, desde allí se apareció en la puerta de la mansión Black, tocó el timbre un par de veces y un viejo elfo le abrió

—Vengo a hablar con tu amo.

—El amo ahora está ocupado al igual que la ama —respondió el elfo.

—En ese caso lo esperaré —anunció el anciano, el viejo elfo lo miró con desprecio pero se hizo a un lado.

Grande fue su sorpresa al encontrarse a Andrómeda y Nymphadora Tonks acompañadas de Narcisa y Draco Malfoy, el viejo director sabía que las dos hermanas no se hablaban desde hacía varios años pero al entrar al salón las halló cómodamente sentadas y en una agradable charla, mientas que la hija de Andrómeda intentaba que el joven Malfoy le hablara. La charla terminó cuando lo vieron entrar, la rubia alzó la cabeza de manera altanera y le lanzó una mirada cargada de desprecio pero él les dedicó una sonrisa de abuelo bondadoso y las saludó cordialmente, después inicio una conversación superficial pero que al final condujo a intentar convencer a las damas presentes de apoyar a la luz, sobre todo le dio a entender a la joven metamorfomaga que le agradaría hablar con ella sobre sus aspiraciones y sugirió que al cuerpo de aurores le iría bien tener a una talentosa metamorfomaga.

—No quiero a mi hija en la guerra contra Voldemort —dijo Andrómeda cuando oyó a Dumbledore sugerirle a la joven que se presentara para la academia de aurores.

—Querida Andrómeda, estamos lamentablemente en una guerra y hay que elegir un bando y ustedes claramente saben cuál es el correcto —dijo sonriendo compresivamente.

—Pues aún me parece pronto para decidir mi futuro, digo aun no termino mi último año en Hogwarts —dijo la metamorfomaga.

—Pero sería bueno que te platearas la posibilidad —dijo el anciano.

La joven bruja no negó ni afirmó nada pero Dumbledore sabía que la chica empezaría a plantearse la posibilidad de ser un auror y si ella ingresaba a la academia él no dudaría en invitarla a unirse a la Orden, sería una gran adquisición si todo iba como lo tenía planeado.

Entonces buscó con la mirada al más joven de los Malfoy pero el niño no estaba, en algún momento seguramente se habría marchado, entonces la puerta se abrió y por ella ingreso una mujer de belleza sobrenatural, piel pálida, labios de un rojo brillante y un cabello que se movía al compás de sus pasos, a su lado estaba el pelinegro al que buscaba, ambos eran tan opuestos que se veían como dos perfectos complementos, pero lo que llamó la atención del anciano fueron las dos niñas que iban con ellos; una rubia y de ojos azules claros con ligeros toques plateados y la otra de cabello negro con puntas rojas y los ojos de inusual color azul violáceo, sólo conocía alguien con ese mismo color de ojos, de sus viejos recuerdos le llegaron imágenes de un joven rubio muy apuesto con unos inusuales ojos azul violáceo pero era imposible, Gellert estaba en prisión y no había tenido descendencia ¿o sí? La duda comenzó a crecer en su interior, conocía a Gellert y sabía que no era precisamente un santo y durante su estancia en Bosnia tuvo más de una amante ¿acaso sería posible que…?

—Dumbledore —la voz de Sirius lo devolvió a la realidad, ya dejaría para después sus dudas e hipótesis.

—¿Muchacho cómo has estado? —preguntó esbozando una sonrisa y sin quitar la mirada de las dos niñas.

—Usted debe ser el director del colegio Hogwarts —dijo la dama rubia mostrando un sonrisa de aparador.

—Así es señorita, pero me temo que yo no la conozco y tampoco a las dos pequeñas.

—Soy Elizabeth Black esposa de Sirius y ellas son mis hijas —respondió la mujer, Andrómeda y Narcissa se quedaron en silencio sin duda Elizabeth era una mujer excepcional.

—Lizy, amor, ¿porque no acompañas a mis primas mientras yo atiendo al señor Dumbledore? —pidió Sirius evitando así que el anciano intentara usar legeremancia en su rubia compañera, Dumbledore se frustró, quería saber más de la enigmática mujer rubia que afirmaba ser la señora Black y la madre de las dos niñas que él claramente sabía no eran nada suyo pero la pregunta que más atormentaba al anciano era ¿qué hacía Luna Lovegood allí si su tutela le fue entregada a la condesa Bathory? Otra mujer que estaba investigando. Sirius lo guió hasta el salón donde el tapiz de la familia Black estaba pintado.

A Dumbledore no le pasó desapercibido el hecho de que lo atendiera allí y no en el estudio, tampoco pasó por alto la molestia de su antiguo alumno, por un momento se planteó irse y volver en otro momento pero desisto y mientas Sirius tomaba asiento y lo invitaba a hacer lo mismo recorrió con la mirada el tapiz de la familia Black, no tardo en ubicar el nombre de Sirius bajo un retrato alado en el cual estaba la imagen de una mujer de cabello dorado, Elizabeth Black, debajo de la imagen siendo sostenía por una rama del árbol aparecía la imagen de una niña de cabellos negros y puntas rojas, «Cassiopea Black» decía pero de una rama no muy alejada nacía un hilo que unía el nombre de la niña con el de Bellatrix, era claro lo que había ocurrido. Dumbledore sonrió, si las cosas iban como deseaba todo se resolvería de manera satisfactoria para el lado de la luz.

—¿Y bien profesor que lo trae por aquí? —preguntó Sirius, en su mano tenía una copa de whisky de fuego, le ofreció una al hombre pero él la rechazó.

—Muchacho, primero déjame felicitarte por tu matrimonio, aunque nunca recibí invitación, seguramente la lechuza la extravió —dijo restándole importancia

—Mi boda fue algo muy íntimo y sólo asistieron algunas personas de toda mi confianza —respondió Sirius y apuró la copa— pero supongo que ese no es el motivo de su visita —agregó.

—No, tienes razón, lo que quería comentarte está relacionado con lo que hablamos la última vez en la reunión de la Orden, Luna Lovegood, algo que me resulta curioso, creí que ella estaba bajo la tutela de su madrina la condesa Barthory —comentó.

—Ciertamente está bajo la tutela y protección de la condesa Elizabeth Black antes Bathory —respondió el y disfrutó de la cara que hizo Dumbledore al darse cuenta de que la mujer a la que buscaba con tanto ahínco estaba casada con Sirius y tenía a la chica Lovegood bajo su protección; se recuperó con rapidez y miró al hombre, Sirius aún parecía tener 25 años y ese era otro enigma que Dumbledore deseaba resolver pero sería después.

—Eso es una sorpresa pero supongo que ya lo saben, lo ocurrido con Xenophilius Lovegood —dijo, Sirius lo miro sin entender—. Muchacho me apena darte esta noticia pero Xenophilius Lovegood fue asesinado en Rusia, los aurores se dirigieron allí para traerlo y fue enterrado hace tres días, como no había testamento y su hija sólo ha estado al cuidado de la señora Black temporalmente mientras él estaba fuera el Ministerio ha ordenado que Luna Lovegood sea puesta bajo la tutela de un mago inglés y asista a Hogwarts, ciertamente yo he hablado con varias familias que podrían recibirla y los Weasley me han parecido los más adecuados ya que la conocen y… —Dumbledore fue interrumpido por Sirius.

—Luna asiste a Avalon y Elizabeth es su tutora, ahora que es mi esposa yo también soy responsable de ella y de mi hija Cassiopea.

—Sí, lo sé, pero tener a tres niños, uno de ellos squib y la otra hija de una mortífaga, y ahora Luna huérfana, Sirius me parece más apropiado que Cassiopea y Luna asistan a Hogwarts y sería lo mejor para la joven Lovegood crecer con una familia consolidada y estable como los Weasley, además he hablado con James hace dos días y he planteado la posibilidad de que Harry asista también al colegio, claro que a él solo le daríamos las clases teóricas pero me parece lo más apropiado y…

—¡Y una mierda! ¡James ha dejado muy claro que no quiere a Harry de vuelta, tengo testigos que lo han oído! En cuanto a Cassiopea usted no tiene ningún derecho a opinar sobre ella, que si es hija de Bella pues qué más da si lo es, ahora es mi hija y a Luna también la considero mi familia y sobre Harry nadie pondrá un dedo, los tres asistirán a la escuela que yo considere mejor para ellos —exclamó Sirius, estaba exaltado y su pelea anterior con James aún estaba muy presente.

—Sirius, si te tranquilizaras y lo pensaras bien, tú y tu esposa son una pareja joven que seguramente desea hijos propios y…

—Mejor será que no me siga provocando Dumbledore, mejor márchese ahora que aún puede y ni se le ocurra acercarse a Lizy, se lo digo por su propio bien no quiere verla molesta. Ahora quiero que se marche —dijo el pelinegro poniéndose de pie, Dumbledore sabía que lo mejor era retirarse por ahora, ya hablaría más tarde con James y si Sirius aún se negaba a entregar a las niñas él ya vería que el Wizengamot interviniera y pusiera a buen recaudo a esos niños.

El anciano se puso de pie y al pasar cerca del tapiz de la familia Black notó dos cosas que antes no había visto: los nombres de Sirius y Elizabeth Black estaban escritos en dorado algo raro, pero otra curiosidad fue que todos los que habían muerto de la familia Black aparecían representados con un cráneo pero el retrato de Regulus Black permanecía intacto y su nombre estaba escrito con letras plateadas.

Dos días después de su visita a la casa de los Black el Wizengamot envió un citatorio para que el matrimonio Black se presentara a solucionar lo ocurrido con los niños y aquel fue el comienzo del desastre, Dumbledore vio como a cada paso que daba para poder tener bajo su tutela a las niñas un nuevo e inexistente obstáculo le salía al camino, después de unas semanas en las que James evitó ir a verlo al fin pudo hablar con él y se enteró del pequeño secreto de Harry, insistió para que los Potter pudieran tener nuevamente al niño bajo su techo pero grande fue su sorpresa cuando más tarde apareció ante ellos una orden que decía que hasta que los niños terminaran el año escolar estarían bajo el cuidado de los Black y mientras se encargarían de resolver la situación de los niños.

Dos meses después a Dumbledore y a James les llegaron dos informes, debido a que James había hecho efectiva su amenaza y dejó a Harry sin apellido los Black habían presentado los papeles para convertirse en los padres adoptivos de los tres niños, misteriosamente el Wizengamot y el Ministerio lo aprobaron, ahora Sirius y Elizabeth Black eran los orgullos padres de Cassiopea Georgiana Black, Luna Spica Lovegood-Black y Harry Orion Black. James no podía dar crédito a lo que sus ojos veían, su hijo ahora era legalmente el hijo de Sirius y tenía dos hermanas, Dumbledore apeló, pero el Wizengamot y el Ministro mismo le dijeron que todo estaba en perfecto orden y no había ninguna irregularidad además ellos tenían en consideración la estabilidad emocional de los tres menores.

Ahora a sólo un mes de culminar el curso escolar Dumbledore se vio atado de manos, no podía acercarse a Sirius y mucho menos a los niños, todo iba terriblemente mal y la cereza del pastel fue la dimisión de Remus, el hombre lobo se presentó una mañana diciendo que ya no pertenecería al Orden y no quería volver a ver a los Potter, con aquello las manadas que se habían unido a la luz se marcharon.

Dumbledore miró nuevamente las copias de la adopción de los niños ahora Black pero tal como se lo dijeron todo era legal, no había nada que hacer. Suspiró, aún tenía una as bajo la manga, Chris Potter, aunque ahora el niño se había mostrado distante con sus progenitores todavía era posible guiar al joven Potter por el camino correcto y si sus suposiciones eran correctas, Harry apoyaría a su hermano y eso sería una ganancia a largo plazo. Miró la hora, aún faltaban varias horas para que anocheciera pero tenía una cosa que hacer primero: investigar si Cassiopea Black tenía algún parentesco con Gellert Grindelwald.

El hombre salió discretamente del castillo dejando a McGonagall a cargo y marchó alejándose del colegio, pensó en ir hablar con Bellatrix pero la mortifaga estaba resguardada en mazmorras del Ministerio de Magia siempre vigilada y con una orden explicita de no recibir visitas, si intentaba ver a la mortífaga llamaría la atención y ahora él sabía que con los Black ya no contaba así que era mejor ir con cuidado, le era más factible ir a Bosnia y visitar a su viejo amigo.


La noche cayó sobre Pequeño Hangleton y en una mansión alejada del pequeño pueblo muggle un grupo de hombres envueltos en capas negras caminaban en dirección hacia la mansión, pasaron la primera barrera y siguieron directamente hacia la entrada, reían animadamente, habían cumplido su misión con éxito y muy orgullosos iban a presentarse ante su señor pero al acercarse a la puerta un sujeto vestido de negro de pies a cabeza con el cabello largo y una máscara negra ingresó, los mortífagos se quedaron parados viendo como la puerta se cerraba, sabían que no era el momento de entrar si Shadow estaba allí, significaba que sólo el círculo interno podía estar presente, el grupo se giró y cada quien fue a esperar donde mejor les pareciera.

En el salón, Snape oía atentamente a su señor y de momentos observaba a Shadow, aquel sujeto era la mano derecha del lord oscuro aunque muchos decían que realmente no era un humano, algunos rumores hablaban sobre un vampiro pero los más creíbles decían que Shadow, de quien ni siquiera sabían su nombre era realmente un loup-garoud perteneciente a una manada de Bucarest, esa era la historia que más fuerza tomaba y la más creíble porque en varias de las redadas los mortífagos habían visto a un gran lobo gris que los vigilaba a la distancia, aunque Snape había sido el único en ver al lobo tomar una forma semi humana y adentrarse a una casa en llamas para salvar a un niño muggle al que después puso a salvo llevándoselo lejos de los mortífagos, y en una ocasión estuvo cara a cara con el lobo, los ojos extremadamente azules viéndolo con arrogancia le recordaron a Black, pero esa esa información que se la guardaba para él.

—¿Severus está claro lo que tienes que hacer? —preguntó el lord oscuro.

—Sí mi señor —respondió.

Shadow se acercó al lord oscuro y habló muy bajo con él, el mago tenebroso sonrió complacido y los mortífagos se estremecieron, aquel hombre nunca fallaba era una sombra silenciosa que cumplía y sólo recibía órdenes directas del lord, era odiado y temido por todos.

—Snape quiero que vigiles a los dos niños, Potter y Longbotton, tráeme detallados informes de sus avances en la escuela, quiero saber quién será al que deberé eliminar cuando la comunidad mágica ponga sus esperanzas en uno —rió el lord oscuro.

—Como ordene —dijo Snape inclinándose.

— ¡Ahora largo! Tengo cosas que resolver —espetó y todos desocuparon la sala menos el enmascarado que al verse al fin solo se retiró la máscara revelando un rosto juvenil, a lo mucho tendría 22 años, el cabello negro estaba sujeto en una trenza suelta y sus ojos destellaban de manera misteriosa.

—¿Qué noticias me traes Regulus? —preguntó el lord.

—No pude sacar mucho de Greyback señor, estaba muy dañado y su mente era un completo caos, pero hay algo interesante, Greyback vio una gran luz pero no vio a su atacante, sólo sabía que fue otro licántropo y el grupo que acabó con los que vigilaban tenían mascaras blancas cubriéndoles la cara, no creo que Dumbledore fuera el responsable pero hay sospechas y rumores que hablan sobre una subdivisión oculta entre los aurores, un grupo creado sólo para pelear, un grupo que ante los demás no existe —explicó.

—Sí, ya me han llegado rumores similares pero sólo han sido eso, rumores —dijo el lord— ¿Y Greyback aún vive?

—No sobrevivió al interrogatorio —respondió completamente neutral.

—Es una pena pero ahora los licántropos están sin alfa, cosa que no es conveniente, quiero que te hagas cargo de las manadas Regulus, instrúyelas y hazlas completamente leas a mí —ordenó.

—Como ordene milord —hizo una reverencia y salió del salón con su máscara puesta.

Caminó directamente hacia las mazmorras, el silencio reinaba en el lugar pues no había prisioneros en las celdas, sólo uno al final del largo pasillo, en una celda oculta. El laycan abrió y cerró en un parpadeo. En el suelo acurrucado estaba una piltrafa humana, un hombre de apariencia salvaje que antes fue temido y respetado por las manadas.

—Tienes suerte Greyback, hoy terminara tu sufrimiento y lo que averiguaste nunca nadie lo sabrá —dijo el hombre.

—Tú traicionaste al señor oscuro —gruñó el prisionero.

—No se puede considerar traición si nunca estuve realmente de su lado —rebatió Regulus.

—¿A quién sirves entonces? ¿Acaso eres un espía de la Orden del Fénix?

—La Orden, claro que no, yo sólo sirvo a mi familia y tú ahora eres una amenaza para ellos, así que lo siento, no es nada personal —un rayo verde le dio de lleno al hombre y éste quedo tendido e inmóvil, Regulus se limpió las manos y acomodó su cabello mejor, con un movimiento de varita el cuerpo desapareció. El joven salió de la habitación y tomó un atajo que sólo él conocía, un pasaje secreto que iba por debajo de la casa y salía en un cementerio cercano, desde allí podía desaparecerse y con una sonrisa lo hizo.

A varios kilómetros reapareció luciendo el cabello rubio y los ojos verdes. Caminaba con normalidad entre la marea de muggles que iban por las calles de Londres, el rubio sonrió, tenía que visitar a su hermano y llevar unos regalos para sus sobrinos, ya después iría a ver a las manadas que Greyback tenía bajo su control y si las cosas iban como deseaba pronto los lobos dejarían el lado oscuro para ser neutrales o independientes, cuando el lord oscuro lo notara ya sería muy tarde. Se felicitó por su idea e ingresó a una tienda de artefactos electrónicos, Sirius había dicho que los niños estaban bastante familiarizados con la tecnología muggle.


Harry tenía una pila de libros sobre su mesa un poco a su derecha, Cassy y Athina estaban en igual situación, minutos después aparecieron Ald, Luna y los dos dhampiros también cargados de libros.

—Si hubieran estudiado como se debía ahora no estarían intentando aprender en unas horas lo que hemos aprendido en los últimos cuatro meses —les reprochó Daniela mientras terminaba de redactar su tarea sobre la equivalencia para alquimia.

—No puedes culparnos Dani, estos últimos meses han sido los más largos y terribles —dijo Cassy sin apartar los ojos de «Introducción a la Magia Elemental».

—Yo les dije que no había de que preocuparse —respondió Harry mientras revisaba otro libro sobre metamorfosis.

—Cierto, si Harry y Constantin han estado igual de estudiosos que Daniela ¿qué hacen con ese cerro de libros? —preguntó Athina.

—Yo estoy ayudando a Aurel con transformaciones, aún no comprende algunas cosas —respondió el rubio ruso.

—Es que llevamos muchos cursos y me confunden —protestó el otro chico con la cabeza apoyada en la mesa.

—¿Y tú excusa Harry? —preguntó Ald, todos levantaron la cabeza y miraron al moreno.

—Yo… la verdad es que desde el incidente en Navidad Chris ha buscado problemas en todo Hogwarts y en su última llamada me habló sobre ir a revisar qué ocultaba el cerbero que tienen en el tercer piso… - confeso cansado el moreno

—¿Tu hermano es suicida? —preguntaron los chicos.

—Está muy sentido con los Potter por lo ocurrido así que ahora busca según él «aventura» y yo sé de una niña que se ha tomado muy apecho algo que le pedí y si Chris va al tercer piso, sé de otras dos personas que lo seguirán, además de los propios amigos de mi hermano por eso quiero estar preparado, sé que puedo transformarme en niebla pero aún no puedo viajar grandes distancias —explicó.

—¿Qué tal un portal de agua? —propuso Ald.

—¿Un qué? —preguntaron a coro todos.

—Un portal de agua, en las vacaciones mi madre me enseñó a crearlos, son fáciles de hacer y los usan comúnmente las Náyades para viajar entre los lagos y lagunas, yo podría enseñarte —se ofreció el castaño.

—Sería maravilloso —aceptó Harry y ambos salieron de la biblioteca seguidos de los demás chicos de primer año.

Luna iba de última, caminaba con tranquilidad y sonreía, al principio sufrió mucho con la muerte de su padre pero tenía a dos hermanos y amigos que la poyaron y ahora también tenía a dos padres y una familia muy grande, sonrió más cuando vio a sus amigos alejarse en dirección a la bahía, con la emoción a todos se les haba olvidado que tendrían examen de alquimia básica al día siguiente.

Continuará…