Harry Potter y sus personajes son propiedad de JK Rowling


Hay una historia cruel de dos vidas
Que muy pronto el destino partió
Al separar el amor de su hermano
Que con su madre a otra tierra partió
Ya solo queda el recuerdo en su mente
de aquellos días que estuvo feliz
cuando jugaba a luchar con su hermano
y éste en el suelo fingía morir
y al volver de surcar el ayer
y sentir rota tu alma
Te invadió un vació interior
que te ahogo y te partió
el corazón

Tierra Santa - Dos Vidas

Rata traidora

El enorme can los veía con claras intenciones de transformarlos en su cena, los tres niños temblaron de miedo y después de usar todos los hechizos que conocía el castaño que los había metido en semejante aprieto se preguntó si realmente había sido buena idea seguir al puntito con el nombre de Peter Pettigrew hasta el pasillo del tercer piso. Giró un poco para ver a sus compañeros y se encontró con Ron completamente verde y a Neville apunto de desmayarse. Trato de recordar lo que Hagrid les había contado sobre la bestia pero su mente estaba en blanco, de repente una suave melodía se fue extendiendo por la estancia y el cerbero alzó las orejas, después se tumbó y de una en una sus cabezas fueron bajando, al cabo de unos minutos agonizantes el can roncaba sonoramente.

—Chris vámonos —rogó Ron sujetando su manga.

—No, ahora es nuestra oportunidad —respondió el castaño— vamos ayúdame —dijo e intentó mover la enorme pata del can que permanecía sobre la trampilla, Ron aun en contra de su buen juicio ayudó. Al final abrieron la trampilla con un simple alohomora y se quedaron viendo el oscuro fondo, no se veía nada más que la inmensa oscuridad que les daba la bienvenida.

—No creo que sea buena idea —susurró Neville viendo la oscuridad que ocultaba desconocidos peligros.

—No pasa nada —dijo Chris dándole un leve golpecito en el hombro, aquello fue suficiente para que Neville perdiera el equilibrio y se precipitara a la oscuridad.

—Así se hace Neville —festejó Chris.

—No creo que eso fuera intencional —dijo Ron pero antes de poder decir más el castaño aventurero se lanzó al hoyo llevándose consigo al pelirrojo, la trampilla se cerró y el perro siguió roncando.

—Ya vine, ya vi y ya me voy —dijo el rubio abriendo la puerta y asomándose.

—Harry nos pido que vigiláramos a su hermano —protestó Hermione entrando con una pequeña mandolina que tocaba sola.

—No, lo que él dijo fue que le avisáramos si «tonto Potter y su pandilla» se metían en otro problema, en ningún momento dijo que fuéramos a rescatarlo —refutó el rubio.

—Eso se sobre entiende —alegó la castaña y le dio la mandolina a Draco, luego apuntó a la trampilla y la volvió a abrir.

—Si saltas estarás sola, yo no pienso ir y arriesgar mi cuello por esos leones —le advirtió.

—Ya lo sé —respondió la chica— pero no puedo dejar que se maten allá abajo, eso pondría triste a Harry —agregó y salto, Draco suspiró exasperado, que manía la de los leones bobos por meterse en problemas innecesarios, dejó la mandolina y saltó tras la castaña.


Harry miraba ansioso el remolino de agua que había creado y volvió la vista hacia el castillo, no, no podía arrastrar a sus amigos y hermanas en otra loca cruzada, aspiró profundamente y saltó directo hacia el remolino, tenía que apresurarse, Draco le dijo que él y Hermione seguirían a Chris que tenía todas las pintas de ir al tercer piso. Salió del lago negro completamente seco y miró a los alrededores buscando a los aurores que custodiaba los terrenos pero no veía a nadie cerca, suspiró y estaba por transformarse cuando una delgada mano lo sujetó, se giró asustado temiendo haber sido descubierto pero se encontró con los ojos liláceos de Cassy, a su lado estaba Luna y con ellas iba Dany.

—¿Qué hacen aquí? —preguntó adivinado la respuesta.

—Eso queremos saber nosotras, ¿qué haces aquí Harry? —respondió la chica de cabello bicolor.

Creo que oí algo cerca del lago —dijo una voz lejana y oyeron pasos acercándose.

—Sujétense de las manos —ordenó el pelinegro y las niñas lo hicieron al instante.

El auror llegó hasta el lago y alzo la varita iluminando todo pero sólo vio niebla que se extendía por la hierba, miró hacia todos lados pero no había nadie.

—Tal vez sólo fueron esos centauros —dijo el hombre con desprecio.

La niebla que nació del lago avanzó anormalmente rápido hacia el castillo y se coló por la puerta adentrándose por los pasillos y reptando por las paredes hacia el tercer piso, ingresó por el único pasillo y se deslizó hasta una puerta en cuya entrada una gata jugueteaba con una madeja de estambre sin notar nada, la niebla se deslizó por debajo de la puerta y al otro lado se fue volviendo sólida.

—¿Dónde estamos? —inquirió Cassy cuando soltó la mano de Harry.

—En el pasillo del tercer piso, en Hogwarts.

—¿Que hizo Chris esta ves? —preguntó Cassy.

—Está teniendo «una aventura» —dijo frustrado.

Daniela iba a hablar cuando un gruñido los hizo alzar la cabeza.

—No es posible —dijo Harry cuando el enorme perro de tres cabezas les babeo encima.

—¡Qué asco y me lo acababa de poner! —exclamó Cassy apartando la baba de sus hombros.

—Es un gran ejemplar de cerbero —comentó Luna completamente tranquila.

—¿Cuantos años crees que tenga? —preguntó Cassy como si fuera lo más normal del mundo ver a una bestia gigantesca gruñéndote.

—Me parece que unos tres, aún es un cachorro —respondió Daniela igual de calmada.

—¡Chicas! —llamó Harry cuando el perro olfateó el aire y agachó las cabezas para darles una probada a los cuatro bocadillos.

Un rugido emergió de la cintura de Cassy y el delicado cinturón de plata tomó la forma de un dragón que se posición delante de su dueña.

—Cálmate Cassy, es sólo un cachorro —dijo la española.

—Cálmate pequeño —dijo Luna y extendió su mano que se cubrió de un brillo azulado y acaricio la cabeza del can con delicadeza, la enorme bestia cedió a las caricias de la rubia que rascaba debajo de la quijada del can con completa confianza.

—Te lo dije, es sólo un cachorro, una criatura incomprendida y temida en vano, los cerbero son muy dóciles y fieles, excelentes guardianes capaces de dar su vida por sus amos —explicó Daniela rascando otra de las cabezas.

—Supongo que lo juzgamos mal —dijo Harry sorprendido pero no pudo decir más pues un grito los puso alerta.

—¡Allí! —dijo Cassy señalando las patas del can.

—Vamos —dijo Daniela.

—Oh no ustedes tres se quedan y… —Harry no pudo continuar pues sus hermanas saltaron seguidas de Daniela, él se apresuró y cayó hacia la oscuridad pero antes de tocar el suelo logró levitar y aterrizó con delicadeza en el suelo.

—Harry —la voz de Daniela, que tenía la varita apuntando hacia arriba, lo hizo alzar la cabeza y ver una enredadera gigantesca que chillaba y se retorcía alejándose de la potente luz que manaba de la varita.

—Lazo del diablo —dijo Harry reconociendo la planta.

—Una trampa muy simple a mi parecer, pero quién soy yo para criticar —añadió Daniela.

—Vamos, aún tenemos que encontrar a Chris —los apuró Cassy, y Harry desistió de intentar detenerlas, las chicas no lo escucharían y seguramente perderían el tiempo discutiendo.

Los cuatro llegaron hasta una habitación donde revoloteaban unas extrañas aves a la que ninguno le tomo importancia pero al intentar abrir la puerta nada funcionó, Harry pateo la puerta frustrado y Daniela rio por lo bajo.

—Felizmente tengo algo que nos servirá —dijo y de su bolsillo extrajo una navaja con diversas clases de ganzúas—. Es un set de ganzúas mágicas ilegales que me regalo papá en Navidad —explicó.

—¿Crees que eso funcione?, digo no creo que sea tan fácil —preguntó Harry.

—Créeme Harry, los magos confían demasiado en su magia.

La chica introdujo la ganzúa, dio un par de giros pero nada pasó, sacó otra y volvió a intentar, un suave clic les confirmó que la puerta estaba abierta pero cuando pensaron que no habría mas complicaciones las extrañas aves se lanzaron sobre ellos, los cuatro se precipitaron dentro y cerraron la puerta, en el último momento Harry vio que las aves eran realmente llaves.

—¿Dónde estamos? —preguntó Cassy cuando las antorchas se encendieron y un gigantesco tablero apareció frente a ellos.

—Estos magos están locos —dijo Daniela— mira que poner una tablero de ajedrez —agregó con burla.

—¿Sabes jugar? —inquirió Cassy.

—Naturalmente, en mi familia es un sacrilegio no saber jugar al ajedrez —respondió Daniela.

—Bueno pues comienza —dijo Cassy.

—No hay tiempo —intervino Harry y sujetando a las chicas se transmutó nuevamente en niebla y cruzó sin notar a dos niños que yacían inconscientes a un lado del tablero. Harry nuevamente se hizo tangible en una habitación donde un fuego constante ardía pero lo que lo sorprendió fue hallar allí a Hermione, la niña parecía aturdida y veía a la nada, un delgado hilo de sangre corría por su sien.

—¿Hermione estás bien? —preguntó Harry arrodillándose a la altura de la niña de cabello enmarañado.

—¡Harry! —reaccionó— Draco y Chris… ellos están en peligro —añadió aún algo aturdida.

—¿Dónde están? —siguió Harry intentando mantenerla centrada, la chica señaló a la muralla de fuego.

—Cuídenla —pidió el pelinegro y se encamino hacia la muralla de fuego, Luna y Daniela no replicaron pero Cassy se fue tras su hermano.

—No podrás cruzar sin quemarte —regañó cuándo él alzó la mano y una lengua de fuego le lamió la piel dejándola roja y con ampollas aunque rápidamente se empezó a regenerar.

—No me puedo quedar aquí cuando mi hermano y Draco están en peligro —Cassy suspiró.

—Lo sé —dijo—. Norb —llamó a la dragona que hacía de cinturón, se volvió a transformar y Harry la miro interrogante.

Yo lo protegeré del fuego —dijo la criatura en su lengua reptiliana y se trepó a los hombros de Harry. Sorprendentemente una capa de color verdoso cayó por la espalda del chico y la capucha oculto su rostro.

—Gracias Cassy —dijo el chico y saltó al fuego atravesándolo protegido por la capa; una vez del otro lado se encontró con un hombre regordete de aspecto bastante feo que miraba un espejo mientras sujetaba con fuerza Chris.

—Suéltalo —ordenó Harry.

—¿Quién eres tú? —pregunto en hombrecillo girando hacia él.

—Harry —susurró Chris reconociendo la voz de su hermano.

—Harry —repitió Draco y los ojos del pelinegro buscaron al rubio, rápidamente lo ubicó apoyado en una columna atado con cuerdas invisibles, tenía el labio sangrante y un corte sobre la ceja, el olor de la sangre lleno las fosas nasales del pelinegro y sus ojos se tiñeron con ligeras vetas rojizas.

—No te muevas o lo mataré —dijo el hombrecillo apuntando a la garganta de Chris.

—¿Qué es lo que buscas aquí? —preguntó Harry dando un delicado paso al frente y atrayendo toda la atención sobre él.

—La piedra, la piedra que obsequiaré a mi amo, así el me perdonara y volveré con ellos —respondió el hombre gimoteando.

—¿La piedra, que piedra? —Harry dio otro par de pasos muy lentos y sutiles en dirección al hombre.

—La piedra filosofal estúpido —aclaró el hombre con exasperación.

—¿Quién eres tú? —preguntó Harry.

—Es Peter Pettigrew —le respondió Chris y el hombre apretó más la varita contra su cuello.

—La rata traidora —reconoció Harry y entonces lo entendió: el sujeto frente a él era un animago ilegal, por eso había cruzado con tanta facilidad todas las pruebas, pero lo que no entendía era para que quería esa piedra de la que hablaba.

—¡Ahora dime dónde está! —exigió el sujeto exaltándose.

—No sé dónde está —respondió Chris.

—No te creo, ¡tú sabes dónde está, debo conseguirla, sólo así podré volver junto al amo, sólo así me perdonará, sólo así! —gimoteó, a Harry le pareció patético pero eso no importaba, lo importante era rescatar a su hermano y salvar a Draco.

—Yo la tengo —dijo de pronto, el hombre lo miró desconfiado.

—Dámela, dame la piedra o lo mataré —y volvió a clavar más su varita en el cuello del castaño.

—Déjalo ir y te la daré.

—¡Me engañas! ¡Si la tienes muéstramela!

—Suéltalo primero —insistió Harry y dio otro par de pasos, estaba muy cerca del hombre.

—Muéstramela y lo dejaré libre.

Harry metió la mano en el bolsillo y formó una creación amorfa de sombras que tomó la apariencia de la susodicha piedra (o cómo él creyó que se vería), también hizo aparecer un pañuelo oscuro y sacó lentamente la roca de su bolsillo.

—La piedra filosofal —Peter cayó en la trampa.

Harry al instante tiñó su creación de rojo sangre y dejó que un lado del pañuelo se deslizara dejando una pequeña parte de la roca expuesta.

—¡Dámela! —ordenó el animago.

—Suéltalo —volvió a decir Harry y el hombre lo miró intensamente mientras se alejaba del espejo y arrastraba a Chris con él, Harry se dio cuenta muy tarde de que el sujeto se había acercado hacia el fuego y lentamente extendió una mano hacia él, Harry estiro la mano con lentitud, en un instante el traidor arrebató la piedra de manos de Harry y lanzó a Chris hacia el fuego, Harry ahogó un grito pero vio un destello rojizo rodear a su hermano salvándolo, detuvo su impulso de lanzarse en pos de él mientras Pettigrew desenvolvió con rapidez la piedra y sonrió triunfal, al fin la tenía, al fin la piedra era suya.

Harry aprovechó el momento y corrió hacia Draco, deshizo el hechizo que el mortífago había lanzado sobre él y lo ayudó a ponerse de pie, luego miró hacia el hombre que sostenía la falsa piedra, pero la ilusión no duro más, la piedra roja se volvió negra primero y después se deshizo como ceniza.

—No, no —gimoteó, luego lo entendió había sido engañado y giró molesto a encarar a los dos niños, apunto con su varita hacia el moreno— ¿Dónde está la piedra? —exigió.

—Quien sabe —contestó, Draco a su lado estaba sujetando con fuerza su brazo, de repente y lo agarró con más fuerza, Harry lo miró extrañado.

—Tú —dijo el mortífago notando también la cara que había puesto el rubio.

Harry en un rápido movimiento sacó su varita, el mortífago estaba desesperado, no le importaba nada, mataría ambos niños y luego tomaría la piedra, si eso haría.

Ava

¡Ignis! —gritó Harry, un rayo rojo voló hasta el hombre y le dio en el pecho, Draco miró asombrado la rapidez de la respuesta del moreno, luego miro al mortífago que se había quedado quieto y cayó al suelo, Draco quiso ver qué pasaba pero Harry lo abrazó y cubrió su rostro con la capa impidiéndole ver que ocurría, un lastimero grito fue todo lo que el rubio oyó— Cierra los ojos por favor —susurró Harry en su oído, Draco quiso replicar pero decidió hacerle caso y cerró los ojos, sintió que una capa era puesta sobre su cabeza impidiéndole ver nada, oyó más lamentos y uno que otro grito que lo hicieron estremecer pero Harry no lo soltó en ningún momento, captó un olor a quemado pero tan rápido como llegó se fue, de pronto Draco sintió que sus pies abandonaron el suelo un suave calor lo abrumo entonces.

—Harry, me tenías preocupada —Draco sorprendido abrió los ojos y vio a Cassy mirándolo divertida.

—Veo que rescataste a la princesa del dragón —bromeó Daniela.

—Es una linda princesa —añadió Luna y las mejillas de Draco se tiñeron de carmín.

—¡Bájame ahora mismo! —demandó el rubio.

—No quiero —respondió el moreno con diversión.

—Que lindos se ven —comentó Hermione mirando a la pareja divertida.

—¡Harry suelta a la serpiente rastrera! —exigió una voz con clara molestia.

Draco giró la cabeza rápidamente encontrándose con los ojos marrones del odioso Potter y con una sonrisa propia de los Slytherin enrolló sus brazos alrededor del cuello del pelinegro provocando que Chris se pusiera rojo de furia.

—¡SUELTA A MÍ HERMANO AHORA MISMO SERPIENTE! —rugió el castaño.

—Chris, está lastimado —intervino Harry

—Pero Harry…

—Nada de «pero Harry», en que pensabas él se lastimo y tú no estás precisamente en las mejores condiciones y alguien me puede explicar ¿qué rayos pasó? - Exclamo exasperado

—Primero salgamos de aquí —dijo Daniela. Harry asintió y sin importarle las protestas de Chris o las miradas asesinas de Draco siguió de largo seguido por las chicas y su hermano que asesinaba con la mirada a Malfoy.

Cuando al fin estuvieron en el salón del tablero de ajedrez las chicas notaron a Nevill y Ron y se acercaron a los dos niños inconscientes entonces Harry finalmente dejó a Draco sentado sobre una transmutada silla.

—Te escucho hermanito —dijo Harry dirigiéndole una mirada de reproche a Chris que había estado burlándose de Draco cuando Harry lo dejó sentado.

—Harry no es el momento y… —el moreno cogió de una oreja a su gemelo y lo alejó del resto— Suelta eso duele, duele —protestó.

—¿Quieres decirme en qué diablos pensabas Chris? —regañó soltándolo y taladrándolo con esos ojos verdes.

—Yo…

—Chris, sé que lo que ocurrió en Navidad fue algo que nos afectó a ambos, pero ¿crees que haciendo estupideces como esta vas a resolver algo?, ¿crees que así lastimarás a James o Lily?, ¿Crees que esta es la solución, lanzándote tras los peligros sin pensar en los demás?, hermano no quiero perderte también.

—Y no me vas a perder, yo no te voy a abandonar yo no te voy a dejar Harry nunca… - le aseguro Chris poniendo sus manos sobre los hombros del moreno que le sonrió con tristeza

—Tú vas a morir uno de estos días si sigues haciendo estupideces como esta y entonces no importara ya nada, ni Lily, ni James, ni yo.- respondió Harry mirándolo dolido

—Lo siento —susurró cabizbajo, su hermano tenía razón, si seguía así acabaría muerto y ya nada importaría. Suspiró y bajo la cabeza, había estado tan molesto que no pensó en lo que hacía ni en las personas a las que arrastro con él, miró hacia el lugar donde las compañeras de Harry curaban los cortes superficiales de sus amigos, luego miró a los ojos verdes de Harry que lo miraba con reproche y dureza, sabía que se lo merecía pero sin importar nada le dolía la mirada de su hermano y sus ojos se cristalizaron.

Harry se sorprendió cuando vio los acuosos ojos de su hermano; Chris no era de los que lloraban en público. Suavizo su mirada y le dio una sonrisa tranquilizadora a su gemelo que no pudo reprimir las lágrimas que sin su permiso escaparon de sus orbes marrones, Harry lo abrazó, ya era unos centímetros más alto y el rostro de Chris se hundió en el cuello de su hermano Harry se aferró a él con fuerza no quería perderlo amaba a su hermano gemelo y si algo le pasaba… no, no quería perderlo.

Al otro lado las chicas fingían que nada pasaba y Draco también desvió la mirada, aquel era un asunto entre los gemelos y a pesar de la punzada de celos fingió interesarse en las chicas que estaban despertando la pandilla de «tonto Potter».

Finalmente cuando los chicos estuvieron consientes el grupo inició el regreso, Harry cargó a Draco en su espalda a pesar de que el rubio podía caminar pero nadie protestó, Chris al lado de Harry asesinaba con la mirada al rubio y él infantilmente abrazaba el cuello de Harry de manera un poco posesiva, el moreno sonreía divertido por la situación; más atrás Ron no entendía nada de nada y por primera vez le hizo caso Neville y decidió no hacer preguntas, Hermione mientras tanto conocía mejor a las hermanas de Harry y se ponía al corriente de toda la historia, las cuatro chicas congeniaron maravillosamente y en los pocos minutos que les llevó llegar hasta la entrada se hicieron muy amigas, tanto que Cassy y Luna invitaron a Hermione a pasar unos días de las vacaciones con ellas, Daniela también se unió.

—¿Y ahora cómo salimos? —preguntó Chris mirando sobre sus cabezas al lazo del diablo que nuevamente tapiaba la entrada.

—Déjenmelo a mí —dijo Daniela y conjuró una débil luz, casi como el rayo del atardecer, y lo dirigió a la planta que se removió, no completamente pero varias lianas cayeron hasta el suelo, Daniela las sujetó con fuerza y estas se enroscaron alrededor de la chica sujetándola y elevándola, los demás chicos la imitaron y en pocos minutos todos estaban de pie sobre la mortal enredadera que permanecía dócil bajo el tenue rayo que desprendía la varita de la española, utilizando el mismo método logaron que la planta los subiera hasta la trampilla y después a la habitación del cerbero que rascaba aburrido la puerta.

—Hola bonito —saludó Luna cuando llegaron y volvió a acariciar las orejas de una de las cabezas, Hermione lo vio tierno al igual que las demás chicas; a Chris no le parecía lindo pero sí le pareció un poco cruel tener a un animal tan grande en aquel reducido lugar, Ron y Neville opinaban lo mismo. Entonces todas las miradas cayeron en el moreno.

—¡Oh, no!, no chicas, no podemos, es un cerbero seguro que alguien lo notará y…

—Por favor —rogaron las cuatro chicas, al final Harry suspiró, sus hermanas serían su perdición y más aún cuando Draco las apoyaba.

—Será mejor que vuelvan a su sala común —indicó Harry mirando a su hermano y a los otros leones, Chris asintió y de la mochila que Ron había cargado sacó la capa de invisibilidad y cubrió a sus dos amigos con ella, después él también se ocultó, Hermione los veía con cierta envidia.

—¿Qué esperas Granger? No tenemos todo el día —llamó un invisible Chris, la chica sonrió y se apresuró a meterse también bajo la capa, abrieron la puerta y se marcharon.

—Ya me puedes bajar —dijo al fin Draco.

—Pensé que te gustaba estar así —bromeó Harry.

—No tientes tu suerte Black —advirtió.

—Vale —y dejó caer al rubio que se dio un doloroso golpe en el suelo.

—¡Idiota! —exclamó y Harry sonrió siniestramente.

—Chicas nos vamos —dijo.

Luego miró a la enorme mascota y con una sonrisa arrogante cogió a Draco nuevamente en brazos al estilo princesa y de un salto subió a una de las cabezas de la bestia mientras las chicas trepaban en las otras cabezas, Harry sin borrar su sonrisa hizo intangible al grupo y el cerbero atravesó la puerta con sus pasajeros a bordo.

—Estoy seguro que robar un cerbero es un delito —comentó Harry mientras el enorme animal en estado casi fantasmal se internaba en las mazmorras dándole un susto de muerte a uno de los prefectos que se iba descansar. En la entrada de a la sala común de las serpientes Harry saltó y atravesó el muro con Draco protestando. Lo dejó en su habitación, el rubio lo fulminó con la mirada pero a Harry poco le importaba, entonces prestó atención a las heridas, sacó la varita y apuntó a los raspones en el rostro del rubio que al instante estos.

—Pudiste haberlo hecho antes —dijo Draco.

—No te quejes que te gustó molestar a Chris —respondió Harry y el rubio se sonrojó, había creído que no se daría cuenta pero lo había subestimado, Harry sin borrar sus sonrisa se acercó más al rostro del rubio, éste recordó el beso y su cara se encendió aún más.

—¿Q-qué quieres? —preguntó nervioso.

—Me gustan tus ojos —soltó Harry y Draco enrojeció hasta el cabello.

—Idiota —antes que pudiese hacer algo más se vio atrapado entre los brazos de Harry.

—No vuelvas a ponerte en peligro Draco, por favor sé más prudente —pidió Harry y besó sus cabellos, Draco se había quedado mudo sin saber que decir—. Te dejo —añadió Harry soltándolo, su sonrisa arrogante había vuelto— sueña conmigo —agregó y un almohadón se estrelló en la puerta justo cuando salió, el rubio estaba rojo, las acciones del moreno lo desconcertaban y confundían pero no pudo evitar sonreír y agradecer que los cuartos de la casa de la serpiente fueran individuales.

Al regreso a Avalon Harry se dejó caer rendido completamente, las tres chicas también estaban exhaustas pero aún debían ocultar a su mascota, para su suerte Seiya los esperaba, miró al enorme can con sorpresa, luego suspiró y negó con la cabeza pensando no tenía caso preguntar, ya qué.

—Vuelvan al castillo, yo llevare a su perrito a un lugar seguro —dijo sonriéndoles.

—Gracias Seiya —respondieron a coro y arrastrando los pies se dirigieron al castillo donde una preocupada Athina los esperaba pero al ver las caras de sus amigos no hizo ningún comentario.

No muy lejos una sombra se inclinó ante el Conde y ofreció una piedra de color rojo a su maestro, el nosferatu la cogió y guardo, esa piedra tal vez les seria de utilidad más adelante.

—Has hecho un buen trabajo —felicitó el padre de Serena y suspiró, había decidido cuidar de Harry y su grupo desde la distancia, sólo si el chico estuviese en verdadero peligro ellos actuarían pero mientras dejarían que Harry creciera y experimentara todo lo que tuviera que experimentar.


Una semana después Dumbledore volvió a Hogwarts y grande fue su sorpresa al descubrir que no sólo se habían robado la piedra filosofal, sino también al cerbero y hasta al lazo del diablo junto a unas cuantas de las llaves voladoras, investigó en todo el castillo pero nadie había visto nada y nadie sabía nada, sólo uno de los prefectos de la casa de la serpiente juraba haber visto a un gigantesco perro fantasmal montado por tres súcubos y en la cabeza del animal iba el mismísimo demonio de ojos rojos en cuyos brazos llevaba a una doncella de rubios cabellos , Draco cerró de golpe la puerta de su cuarto cuando aquel rumor le llegó.

—¿Y ahora qué le pasa? —preguntó Pansy.

—Creo que pasar tiempo con Granger lo está empezando a afectar —contestó Theo.

—Ya decía yo que andar con la sangre sucia echaría a perder a Draco —añadió Pansy.

—Que no te escuche decirle «sangre sucia» porque es capaz de lanzarte una maldición —le advirtió Tracey Davis.

—No lo entiendo ¿porque pasa tanto tiempo con ella? — Pregunto Pansy .

—No metas la nariz en mis asuntos si no la quieres perder —respondió Draco salido de quien-sabe-donde, provocando que la chica pegara un salto.

—Te lo advertí —dijo Theo cuando vio al rubio salir seguido de Crabe y Goyle.


Las semanas pasaron y Hermione notó algo sorprendente: los dos amigos de Potter no habían dicho nada sobre lo que ocurrió aquella noche, con curiosidad le pregunto a Chris pero el castaño le dijo que no se preocupara ninguno hablaría sobre Harry o lo que habían visto esa noche, Hermione habría insistido pero decidió dejarlo, por otro lado ocurrió otra cosa sorprendente: aunque Draco seguía llamándole «come libros» los de las demás casas que antes se burlaban de ella había dejado de hacerlo, y aunque en Gryffindor sólo Chris y Neville le hablaban para ella estaba bien, tal vez no tenía un millón de amigos pero podía considerar a Draco como uno y tal vez a Chris y a Neville más adelante.

Hermione suspiró, sólo una semana más y comenzarían las vacaciones, en aquellas últimas semanas había recibido más cartas que en todo el año y ya no se sentía sola; Cassy, Luna y Daniela, incluso Harry, le enviaban cartas cada semana y ya tenía cinco invitaciones a pasar las vacaciones con sus amigas.

El tan ansiado fin de curso llegó y en Hogwarts la Copa de las Casas se la llevó Slytherin, Hermione no se podía quejar, en una sola noche habían roto más de veinte reglas y nadie se había dado cuenta así que era un milagro que quedaran de segundos y no al final. Sonriendo Hermione se dispuso a disfrutar de su cena algo alejada de las demás chicas de su curso, ya no le molestaba que las otras no le hablaran ni se le acercaran, alzó la vista y vio a la mesa de las serpientes, Draco le hizo un leve gesto y la chica sonrió correspondiendo, ¿qué importaba si no tenía un millón de amigos si tenía uno sólo que la ayudaría a pesar de todo?


En Avalon también se llevaba a cabo el fin de curso pero las cosas allí iban más alegres, todos despedían a los de séptimo que ya se graduaban y también se celebraba que clase de bandera luciría la mesa de los de primer año, al fin el elemento fuerte se mostraría y era algo esperado por todos. En la mesa de los profesores todos les sonreían. Harry buscó con la mirada a su directora pero no la halló, era de esperarse ya que Serena nunca llegaba a tiempo, de pronto en la puerta oyeron a una chica rezongando y discutiendo.

—¿Cómo que hoy era la última cena del ciclo escolar?, si todavía falta una semana —protestaba la chica.

—Serena no puede ser lo hayas vuelto a olvidar, en esta última semana se llevaron a cabo los últimos exámenes y hoy es la cena de fin de curso, todos esperan tu discurso —rebatía una voz que todos reconocieron como de la sub directora Luna.

—¿Cómo que cena? Se supone que debe ser una gran fiesta, para eso sirven los fines de curso —reclamó la rubia directora abriendo la puerta.

—¡Ay madre! —exclamaron los chicos de cursos superiores cuando su hermosa (y de adolescente apariencia) directora ingresó, llevaba un top pegado que dejaba poco a la imaginación y unos pantalones de cuero negros que parecía ser su segunda piel, las despampanes curvas de la joven eran más que evidentes y más de uno soltó un suspiro y uno que otro piropo que la rubia correspondió con una sonrisa.

—Menuda hija te cargas —comentó Amon, Vald se llevó una mano a la cara y suspiró frustrado.

En ese momento ingresó otro joven que llevaba el cabello algo revuelto y algunas ramitas enredadas, sonreía despreocupadamente mientras saludaba a los presentes, Serena le sonrió y el chico se sentó entre los demás de sexto curso.

—¿Decías? —preguntó Vald.

—Seiya es un joven con mucha vitalidad —respondió el egipcio restándole importancia y sin borrar su sonrisa de superioridad.

—Bueno —dijo Serena parándose frente a todos sus alumnos— dicen que esta es la última noche y sé que todos esperan con ansias la fiesta, pero primero vamos a lo importante: hoy los de primer año al fin tendrán su estandarte correspondiente al elemento que los guiara durante el resto de su estancia aquí.

Transformó su varita en un báculo, con él dio un leve golpe en el suelo cambiándose el aspecto y de paso el de Seiya, una lluvia de chispas bañó todo el salón y los de primer año supieron que era su turno, los ocho sacaron sus varitas y las apuntaron hacia arriba, un estandarte empezó a materializarse lentamente soltando destellos muy variados, cuando el brillo se apagó más de uno ahogó un grito, el estandarte de los chicos de primer años no era otro que el del equilibrio mágico, luz y oscuridad por igual regirían en aquel grupo, Serena sonrió y momentos después los platos se llenaron de los manjares más exquisitos.

Al final del banquete la rubia se puso en pie y nuevamente golpeó el suelo con su báculo y el salón cambió convirtiéndose en un salón de fiesta con banda incluida, los profesores y amigos de la chica suspiraron resignados, cada año era lo mismo, Serena hacía lo que le daba la gana, no era nada de que extrañarse.


Mientras ambas escuelas celebraban el fin de sus cursos un grupo de aurores realizaba una redada a uno de los escondites de los mortífagos, apresaron a varios que intentaron escapar y a uno de ellos le hallaron un cuaderno negro aparentemente normal y corriente pero que el mortífago se empeñaba en proteger a capa y espada, al final le arrancaron el cuaderno de las manos y el sujeto se lanzó por la ventana del cuarto piso muriendo al estrellarse contra el pavimento. James, que era el líder de la redada, ordenó que cogieran todos los objetos oscuros sospechosos, uno de los aurores más jóvenes le entrego el cuaderno que James guardó en su bolsillo y allí lo olvido.

Al volver a casa se tendió en la cama, había sido una noche agobiante y ajetreada estaba exhausto así que sin cuidado se desvistió y metió en la cama.

Al día siguiente se despertó temprano para ir por su mujer e hijo, después de darse un baño rápido salió de la casa dejando el cuaderno negro que en un descuido se le había caído y ahora yacía bajo la cama.


En un barco que lentamente se iba acercando a su destino dos niñas se preguntaban si sus padres les permitirían tener un perrito de mascota, su hermano sonreía pensando en la cara que pondría la pareja cuando sus adorables hermanas les llevaran a su «pequeño perrito».

—Ese sí será un problema peludo —comentó sin borrar su sonrisa.

—Me pregunto si Black se desmayara —dijo el rubio con el que conversaba por el espejo.

—Nah, seguro que no pero…

—Definidamente es algo que no me voy a perder —dijeron ambos.

Continuará…