Aclaraciones:

YuriO: será "Yuri"

El cerdito amado será: "Yuuri"

Pá evitar confusiones :-D

+Es un AU

+Muerte de personajes.

+OoC

+Mpreg

+Incesto

Ahora sí, disfruten la lectura.

...


Predestinado a amarte.

Ho karpós tés koilías su.

— ¿Yuuri? — Abriendo la puerta antes de que Yuuri pudiese responder a su llamado, el pequeño niño da un paso al frente, buscando a Yuuri por todos lados, no tarda demasiado en encontrarlo, Yuuri se mantiene concentrado leyendo un gran libro, está a punto de alzar su voz para llamarlo y pedirle salir a jugar.

—Yurachka. — Su madre posa una de sus manos sobre su hombro, Yuri busca la mirada de su madre, ella sonríe levemente y le pide que guarde silencio.

— ¡Quiero jugar con Yuuri, mamá!

—Lo sé, pero ahora Yuuri está ocupado. — Laila toma la pequeña mano de su hijo y suavemente le lleva con ella. — Cuando termine, podrás jugar con él o se molestaran con Yuuri si no termina sus deberes.

—Pero... — Yuri observa atentamente como poco a poco se alejan de la habitación del pelinegro. — Siempre está ocupado. —Susurra con molestia. — ¡Siempre lo regañan aunque él no haya hecho nada malo!

Laila se detiene, suelta la mano de su pequeño para inclinarse después hasta la altura de Yuri, gentilmente acaricia su mejilla, le regala un dulce beso en la frente y finalmente: le sonríe.

—Estoy segura de que mi niño lo defiende siempre.

— ¡Por supuesto! — Dijo con orgullo, odiaba esa manera tan injusta de tratar al pelinegro, Yuuri era tan amable, siempre que tenía tiempo jugaba con él, le enseñaba cosas nuevas e interesantes, desde el nombre de una flor hasta las tradiciones de su Reino.

Siempre que sonreía, el día parecía iluminarse ¿Por qué es que nadie comprendía cuan hermosa era su sonrisa? Quizás porque Yuuri jamás había sonreído para ellos.

Y, ciertamente, ellos no merecían las sonrisas de Yuuri.

Ni siquiera Viktor.

— ¿Por qué Yuuri debe casarse con mi hermano?

—Porque Viktor es el sucesor del Rey. — Laila removió el cabello de Yuri, el matrimonió entre Yuuri y Viktor tocaba temas políticos y económicos que Yuri no entendería por el momento. — Ven, vamos a tejer una corona de flores, Yuuri te enseño ayer, ¿Verdad?

— ¡Sí!... Aunque fue un poco vergonzoso... — Sus mejillas se pintan de rojo, Laila suelta una pequeña sonrisa. — ¡No te rías mamá!

—Es que la corona que le diste a Yuuri estaba muy bien hecha, él se veía hermoso.

— ¿Viste eso? — Yuri cubre su rostro, completamente avergonzado.

—Por supuesto, los vi desde la terraza.

— ¿También escuchaste lo que le dije? — Si Yuri no hubiese estado tan distraído por la vergüenza que sentía, se habría dado cuenta de que si bien, el jardín era visible desde la terraza, la distancia entre ambos lugares, le haría imposible a su madre escuchar sus voces. — Cuando le dije que lo protegería...

Yuri se vio rodeado por los brazos de su madre, correspondiendo también aquel gesto, Yuri la abrazo de vuelta, cerro sus ojos y aspiro el dulce aroma de su madre, tan nostálgico, le trae recuerdos, todos ellos agradables y cálidos.

—Sí, Yurachka. Protege todo lo que ames. — Y no seas igual que tu padre.

[—]

— ¿Qué te dijo el médico? — Desde la ventana de la torre, Yuri era capaz de ver el esplendor de su Reino, todo por ahora estaba en completa armonía, podía ver los puestos del mercado vendiendo y comprando su mercancía, a los habitantes del pueblo teniendo una vida cómoda sin preocupación alguna, veía a los niños correr de aquí a allá; como si la guerra nunca hubiese sucedido.

Yuri veía todo lo que Viktor había querido proteger.

—Dijo que pronto nacerá. — No puede ocultar la emoción en su voz, Yuuri acariciaba su vientre con devoción e infinito amor, el brillo en sus ojos se había hecho más hermoso desde que supo de la existencia de ese bebé, la sonrisa que en ningún momento se había ido de sus labios y sus renovadas ganas de seguir viviendo.

Innegablemente, Yuuri se veía más hermoso que nunca. Más fuerte, más puro. Contradictoriamente, lo que Yuuri llevaba en su vientre era el descendiente de aquel despiadado Rey.

—Espero que se parezca a ti. — Murmulla, Yuuri no es capaz de escucharlo, demasiado ensimismado en seguir acariciando su vientre abultado.

¿Valió la pena morir? ¿Valió la pena el sacrificio? ¿Por qué Viktor dejo en sus manos algo tan precioso como Yuuri? Sus manos que solo buscaban atravesar su corazón con un arma aún más poderosa que una espada.

—Gracias...

— ¿Por qué me agradeces? — Pregunto, Yuri dejo su posición cerca de la ventana, para acercarse a la cama del pelinegro. — ¿Me agradeces el haberte obligado a desposarte conmigo? ¿Me das las gracias por haber dejado vivo al bastardo que crece tu vientre? ¿Por obligarte a mentirle a tus padres?— Yuri se inclinó y extendió su mano para tomar el mentón de Yuuri. — ¿O me agradeces por haberte confinado en este lugar, sin lujos ni servidumbre que complazca tus caprichos?

—Te agradezco por dejarlo vivir. — Responde firmemente y la sonrisa que debería desaparecer se mantiene en su rostro.

— ¡Yuuri! ¿Por qué? ¿Por qué amas a Viktor? ¡OLVÍDALO! — Yuri dejo ir el rostro del pelinegro, sin creer aun que él había dicho esas palabras.

Yuuri también se mostraba sorprendido.

—Di que no lo amas, aunque sea una mentira, dilo y... — Quería detenerse, dejar de decir tantas estupideces, sin embargo, la sola idea de que Yuuri pudiese alejarse de él, de su venganza, de su odio; no le permitía callar.

Aun si eso significaba no verlo nunca más.

—Yo amo a Viktor, hasta que muera e incluso después de mi muerte, lo seguiré amando.

El sol está a punto de ocultarse, las estrellas comienzan a brillar y algunos grillos a cantar.

Yuri camina directamente hacía la puerta.

—Espero que disfrutes de tu soledad. —Yuri iba a destrozarlo poco a poco. — En cuanto ese bebé nazca, no volverás a verlo.

—Lo sé.

...

—Está bien, Yuuri. — Sonrió intentando disimular el pánico que sentía, con un paño húmedo y fresco limpio el sudor en la frente de Yuuri. — Tú puedes.

—No, no puedo. — Tenía miedo, el dolor era casi insoportable, Yuuri apretó más su mano cuando una oleada de dolor invadió su ser entero y él debió ser fuerte para no llorar.

Una noche fría, en medio de una tormenta de nieve, desgarrando su garganta con sus gritos.

—Nacerá el mismo día que yo. — Escucha su voz, tan emocionado que no puede evitar sonreír.

—Lo sé... debe ser un hermoso milag...— Yuuri cierra sus ojos y grita nuevamente.

—Sé que duele pero debes esforzarte un poco más. — Deposito pequeños besos por todo el rostro de Yuuri, deseando poder hacer algo para apaciguar su dolor.

—Sí.

—Te amo.

—También te amo.

De pronto la habitación pareció alumbrarse, escucharon el llanto de su bebé e inmediatamente Yuuri supo que la razón de su existencia, la razón de su vida era tan simple como amar a Viktor, haber traído al mundo su hijo y amarlo.

Pedir más felicidad, seria egoísta de su parte.

Su bebé pronto estuvo en sus brazos, tan pequeño, tan delicado... tan hermoso.

—Acércate Viktor. — Dijo, estaba cansado pero la emoción se desborda de su pecho, deseaba que su amado esposo conociera a su bebé, verlo más emocionado que él hasta el punto de llorar, mientras decía lo perfecto que su bebé era, Viktor le diría que se parecía a él, aunque eso no sea cierto. — ¿Viktor? — Yuuri busco a su esposo por toda la habitación, pero Viktor ya no estaba ahí.

Para empezar, Viktor nunca estuvo ahí.

.

—Yuuri. — Lilia deslizo el paño húmedo sobre la frente del pelinegro, Yuuri abrió lentamente sus ojos, le costaba respirar y tenía tanto dolor que pensaba moriría en cualquier momento. — Lo hiciste bien, pero nos asustaste cuanto te desmayaste.

Fue un sueño, quizás una ilusión.

—Es un niño, sano y hermoso.

— ¿Dónde está? ¿Se lo han llevado ya? —Tan solo quería verlo una vez, una sola vez para guardar esa imagen en su memoria, atesorarlo como el recuerdo más valioso en su vida.

—No llores. — Lilia limpio las lágrimas de Yuuri, ella nunca tuvo hijos, nunca tuvo el deseo de ser madre, sin embargo, cuando tuvo al pequeño Yuri en sus brazos creyó ser capaz de comprender ese deseo, solo un poco. — Yakov está hablando con Yuri, posiblemente tarden mucho. — Lilia le indico a una de las sirvientas que se acercara, entonces Yuuri pudo escuchar perfectamente los balbuceos de su bebé, casi a punto de llorar.

Su bebé fue depositado en sus brazos, su pecho se sentía tan cálido, el amor desplazaba la tristeza y el dolor. Cuidadosamente Yuuri hizo a un lado la manta que cubría a su niño.

—Se parece a Viktor, incluso tienen el mismo color de cabello. —El amor infinito hacia ellos, todo lo que son capaces de sacrificar por verlos felices.

Lilia creyó que su hermana era igual, quería creer que su amor se fue deformando con el tiempo, pero que, al menos sintió un poco de cariño hacia su propio hijo.

Su hermana jamás, ni una sola vez...vio a su hijo como Yuuri miraba al suyo.

Ni su sobrino, ni Yuuri, mucho menos ese bebé debían pagar por los errores de esa despiadada mujer.

—Eligio el día perfecto para nacer. — Comento el pelinegro, las lágrimas casi no lo dejaban ver a su niño y tenía que limpiarlas constantemente. — El mismo día que nació su padre.

— ¿Cómo se llamara? — Lilia se llenó de ternura cuando la pequeña mano del bebe, sostuvo el dedo pulgar de Yuuri.

—Yo... ¿Puedo hacerlo?

—No creo que Yuri vaya a pensar en eso, dale un nombre, eres su mamá.

Yuuri sonrió levemente, sus labios se movieron y el tiempo pareció congelarse y ojala así hubiese sido.

Yuuri seguía jugando con la mano de su hijo, besa su frente, sus mejillas y su pequeña nariz. Tratando de grabar con fuego casa pequeño rasgo en su rostro, el sonido de su llanto y sus balbuceos, guardaría en su corazón la calidez que su pequeño cuerpo le brindaba.

Yuuri se sentía a salvo estando con él.

—Se supone que debería ser todo lo contrario, yo debería protegerte. — Yuuri beso una vez más su mejilla.

Yuuri se durmió dos horas más tarde.

Y, como había prometido Yuri, cuando despertó, su bebé ya no estaba con él.

...

— ¿Por qué su majestad va siempre a la torre que esta más allá de la colina?

—¡Shiiii! Nunca menciones esa torre en presencia de su majestad o del príncipe. — Mila dejo la cesta de ropa limpia en el piso.

—¿Por qué? ¡He escuchado que...! — Mila cubrió la boca de Sala, la pelirroja observo por todas partes, finalmente después de asegurarse de estar completamente solas, suspiro, apartando su mano de la boca de su amiga.

—Como un ave que no puede volar a la libertad. — Susurro Mila, Sala simplemente no entendía las palabras de la chica, era la primera vez que no la veía sonreír o bromear.

Desde su posición, ambas podían ver la gran torre a lo lejos.

—Nuestro Rey, egoístamente tiene cautiva a una preciosa ave.

—¿Un ave? ¿Qué clase de ave?

—La más hermosa que alguna vez haya existido.

Mila aun era pequeña cuando vio a Yuuri por primera vez, recuerda su sonrisa amable, su voz cuando la llamo por su nombre, para Yuuri, el esposo del Rey, ella no era "niña" como todos la llamaban.

Yuuri recordaba su nombre, la recordaba a ella.

La ultima vez que lo vio, fue hace quince años. Después del nacimiento del príncipe, a todos se les prohibió verlo o siquiera hablar de él, el castigo por incumplir con este decreto: la muerte.

—Y quizás la más desdichada. — Añadió Sala, sintiendo pena por aquella ave.

—Vamos, terminemos con esto. — Mila recogió la cesta y antes de seguir caminando hacia los dormitorios de los sirvientes, Mila le advirtió que nunca más volviera a hablar de aquella torre. Después, con más calma y en la intimidad de la noche en sus dormitorios, le diría la verdad.

La rama de uno de los arboles se movió, antes de que algunas hojas del árbol cayeran al suelo, él ya había saltado y tocado el suelo sin ningún problema.

...

Desde que tiene memoria, su padre ha recorrido ese camino, noche tras noche, sin interrupción. Nunca le ha pregunta sobre la torre y aunque lo haga, el Rey no le diría nada.

Es un lugar prohibido, es todo lo que sabe, es todo lo que le dicen.

El suelo bajo sus pies cruje cada vez que pisa una rama seca, hay un pequeño camino que se ha formado por los años, el camino que su padre toma todas las noches, ida y regreso. No hay desvíos, solo un camino que lo lleva a avanzar sin detenerse.

—¡Auch! — Exclama cuando su cabello se atora en una de las ramas, sin tener suficiente paciencia para desenredarlo, lo jala con fuerza, y enredadas en la rama se quedan algunas hebras platinadas, su mejilla es cortada por una de esas ramas, una pequeña gota roja resbala y él la limpia con la manga de su ropa.

Es un camino complicado. El ruido de la cascada que alimenta al rió aun seguía escuchándose lejano pero la torre debería estar cerca.

Y por algún extraño motivo su corazón comienza a palpitar sin control alguno, comienza a caminar más rápido, sin dudas, sin miedo. Hay algo que lo llama al final del camino, alguien lo espera, alguien a quien ha querido ver por mucho tiempo.

— ¿Quién, quien es?

Sus pies se detienen, la torre esta frente a él, luce exactamente como se ve de lejos, vieja y da la sensación de que en cualquier momento podría caerse, pero esa solo es una fachada, porque viéndola de cerca luce más fuerte y más estable, además, los cimientos han sido reforzados.

Hay un pequeño jardín ahí, y en su camino ha visto varios arboles frutales que no deberían crecer por esa zona, no a menos que alguien los plante y los cuide.

En esa torre no vive un ave.

Una manzana rodó hasta él, golpeando suavemente sus pies.

"¡Voltea!"

—¿Viktor?

Viktor giro sobre sus talones, deseando ver de nuevo aquellos ojos cafés, desando que le dijera de nuevo cuanto lo amaba.

Yuuri cubrió su boca.

Sus ojos, su cabello, su cara... Todo en él le recordaba a su esposo, su hijo, era una copia exacta de Viktor.

—Estoy de vuelta Yuuri.

Incluso su boba sonrisa, es idéntica.

[No podía morir.

Aunque destrozaran su cuerpo, atravesaran su corazón con una flecha o cortaran su cabeza. Incluso si tenía que hacer un pacto con el mismísimo diablo, Viktor no moriría. Él debía volver con Yuuri:

Su amado esposo.]


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...

Ok, sí. Pueden asesinarme.

Nos leemos en el final.

*Ho karpós tés koilías su (en griego ὁ καρπὸς τῆς κοιλίας σου, «El fruto de tu vientre»)