4. Baelor

Desembarco del Rey era una ciudad superpoblada y sucia. A esas horas de la tarde había tanto tráfico que el taxi en el que iba Brienne se demoró más de media hora en llegar a la pequeña casa en la que viviría, en las afueras de la ciudad.

Había elegido ese lugar porque sabía que nunca se acostumbraría al ruido de la capital, aunque esto significara que se demoraría bastante en los trayectos diarios hasta Baelor, que estaba en el centro.

La casa tenía apenas dos habitaciones, más un baño y una cocina – comedor. Lo que Brienne más apreciaba era el jardín, aunque no se comparara con el de su casa, era bastante acogedor y le permitiría tener un espacio para entrenar a diario. Otra ventaja es que la casa quedaba a metros del Camino Real y a pasos del Aguasnegras.

Luego de desempacar y ordenar lo que sería su nuevo hogar, se dio una ducha, preparó algo para comer y luego, cayó rendida a la cama.

Llegó a Baelor a primeras horas de la mañana. La academia se encontraba al norte de la ciudad, más allá de la Colina de Visenya y pasando la Puerta del Rey.

Allí llegaban luchadores de todo el sur, tanto hombres como mujeres.

Las edades de los alumnos iban desde los diez en adelante, cada año llegaban más. Para entrar no sólo contaban los logros personales, también el esfuerzo y el espíritu. Se recibían también jóvenes y adultos que se destacaran en torneos, ese fue el caso de Brienne.

Varios maestros enseñaban en Baelor, pero los más importantes eran los Archimaestros Kevan Lannister y Barristan Selmy.

Ella vio que en los jardines delanteros había varios luchadores entrenando, estos usaban un traje blanco de dos piezas con la insignia de Baelor bordada en pecho. Apenas la vieron entrar, comenzaron a murmurar entre ellos, las miradas que le lanzaban tampoco eran gratas. Ella escuchó claramente "Brienne la Bella" y sintió que sus mejillas enrojecían.

— ¡Brienne!—exclamó una voz conocida para ella, miró hacia la derecha y efectivamente encontró a Renly Baratheon acercándose alegremente.

Era un joven alto de 21 años, de cabellos negros que le llegaban hasta los hombros, ojos azules y una expresión siempre jovial. Brienne lo había amado hace un tiempo. Ella tenía trece años en ese entonces y él había ido a Tarth a presentar un seminario de artes marciales. Al finalizar, su padre, como gobernador de Tarth, lo había invitado a casa y él había sido tan amable con ella, que se había enamorado inmediatamente de él. Alabó sus dotes en el combate y la invitó a entrenar a su academia en Altojardín. Pero no fue hasta que cumplió dieciséis, que su padre la dejó asistir. Estuvo un año allá, pero pasaron ciertas cosas que la hicieron volver a casa y perder sus ilusiones.

—Hola Renly—lo saludó.

—Nos dejaste sorprendidos a todos el otro día—le dijo él— No sabes lo enojados que estaban algunos–añadió en voz baja.

Miró alrededor, los demás aún la miraban con hostilidad. Brienne notó que Loras Tyrell estaba entre ellos.

— ¿Fue de idea del viejo Goodwyn?

—Si—respondió ella.

–Estuviste muy bien—le dijo. — Ojalá hubieras alcanzado a darle una lección a ese Lannister.

Brienne sonrió tímidamente. Renly había sido derrotado por él, en sólo dos rondas.

—¿Y ahora vienes a entrenar con nosotros?

—Así es–respondió ella— Recibí una invitación del Archimaestro Kevan.

— ¡Excelente! —exclamó dándole una palmadita en el hombro.

—Así que la tramposa Brienne Tarth recibe una recompensa—Loras Tyrell se acercó a ellos, sus ojos castaños la miraban con frialdad.

Ella le devolvió la mirada sin decir nada y Renly rió.

—Loras, piensa que ahora podrás tener tu revancha.

Ese comentario hizo que las facciones del muchacho se endurecieran más, Brienne lo había vencido en la semifinal del torneo.

Ignoró el comentario de Renly. Y hablando en voz alta, dijo:

—Baelor está cayendo muy bajo, al permitir que ingreso de personas que no tienen escrúpulos y…

—Entonces deberías expulsarte a ti mismo—exclamó otra voz conocida para Brienne.

Ella se volvió para ver a Jaime Lannister. A diferencia de los alumnos de la academia, él vestía una camiseta roja ceñida más los pantalones blancos. Miró a Loras con su sonrisa de suficiencia.

—Lannister—dijo Loras con resentimiento en la voz.

—Recuerdo perfectamente el torneo de Pyke ¿tú no? Si no fuera por Selmy, que intercedió a tu favor ya no estarías aquí.

Loras desvió la mirada, de mal humor.

—La chiquilla fue elegida para entrenar aquí, y me temo que tú no puedes hacer nada para impedirlo—añadió mirándolo con altivez.

Brienne se volvió hacia él.

—Te recuerdo que mi nombre es …

—Vamos Brienne—le hizo un gesto para que lo siguiera, mientras él caminaba hacia el interior del recinto.

Ella lo siguió, despidiéndose de Renly con la mano.

—Encontrarás a varios idiotas como ese par, aquí—le dijo una vez que ambos estuvieron dentro—Aunque creí entender que conocías a Renly Baratheon.

—Sí, entrené con él durante un año en su academia de Altojardín—respondió ella. —Y no es idiota, él siempre ha sido muy amable conmigo…

— ¿No te gusta, verdad?

Ella sintió enrojecerse, a su pesar…

—No…por supuesto que no…

Jaime rió y le hizo un gesto para que lo siguiera.

— ¿A dónde vamos? —le preguntó, todavía molesta e insegura de acompañarlo.

Él se encogió de hombros.

—Sólo quiero mostrarte el lugar.

Y así, la fue guiando por todos los espacios, primero fueron al salón principal donde se impartían las clases del archimaestro Kevan. Luego dieron un paseo por los jardines, allí Brienne pudo ver a algunos de los maestros ocupados en su sesión de meditación. Llegaron a la parte trasera del recinto y pasaron por distintas estancias dedicadas al entrenamiento individual con todo el equipamiento que un luchador puede soñar. Brienne observaba todo con emoción contenida.

Por último llegaron al final de un largo pasillo, Jaime abrió una gran puerta y la invitó a entrar.

Había una plataforma, ella sabía que allí se realizaban los torneos internos para definir a los luchadores que representarían a Baelor en los torneos más importantes. El lugar estaba desocupado.

— ¿Podemos estar aquí?–le preguntó vacilante.

Él no le hizo caso y fue hasta el fondo, de un estante sacó dos pares de guantes y le lanzó uno.

— ¿Te apetece un combate? –le preguntó, subiéndose a la plataforma de un salto.

Brienne dudó.

— No creo que sea conveniente…

— Vamos…Zafiro ¿no te parece que debemos terminar lo que empezamos?

—Debo ir a buscar mi traje…—murmuró ella en voz baja.

—Aunque el resultado era obvio—continuó él ignorando su comentario—estaba claro que no resistirías mucho más…

Sus últimos atisbos de dudas desaparecieron y asintió, se puso los guantes subió a la plataforma y él rió.

Comenzaron con simples amagues, sin acercarse demasiado. Jaime atacó con un golpe que iba destinado a su abdomen, pero ella rápidamente lo desvió y atacó con una patada que dio detrás de su hombro.

Él se alejó y sonrió.

—Ha mejorado—le dijo.

—Entreno a diario—respondió ella con una media sonrisa.

Siguieron luchando y Brienne, al igual que durante su combate en las Islas del Verano, sintió que el tiempo se detenía y que lo único que importaba era el momento. En un principio se daban sólo toques, sin excesivo contacto. Pero al cabo de un rato, la emoción de la lucha los embargó y comenzaron a atacarse de verdad. Y ella se escuchó gritar con cada golpe.

En un momento, Jaime la enfrentó con una de sus técnicas combinadas de puño y patada, Brienne retrocedió bloqueándolos para al final echarlo fuera de la plataforma con un rápido barrido acompañado de un golpe en su abdomen.

—Te dije que eras muy confiado—le dijo.

Él sonrió, se incorporó y volvió a subir a la plataforma. Ambos jadeaban y sudaban.

La lucha continuó y al minuto siguiente, Jaime la tenía acorralada al borde de la plataforma. Sin embargo, Brienne se mantenía firme y cuidadosa de mantener su guardia hasta encontrar el momento oportuno de atacar. Él no se movía, buscando un punto descubierto, hasta que la sorprendió con una técnica de agarre, tomándola por la cintura.

"Igual que en el torneo" Jaime era demasiado rápido.

—Tú también deberías ser más precavida— le susurró.

Su voz, acompañada de su respiración le provocó un cosquilleo que no tenía nada de relación con la emoción del combate. Pero antes de que él pudiera tirarla fuera de la plataforma, la gran puerta se abrió y entró el Archimaestro Kevan en persona, flanqueado por los otros maestros. Los miraron con sorpresa.

Brienne jadeó y liberándose de Jaime, se alejó de él sintiendo que sus mejillas ardían.

—Yo, nosotros…—comenzó a tartamudear, sin embargo la mirada de desaprobación del Archimaestro iba hacia él.

— ¿En qué pensabas? —le dijo con dureza—Como bien sabes, es hora de la ceremonia de presentación de los nuevos alumnos.

Él se encogió de hombros.

—Sólo quería luchar con mi nueva compañera.

Kevan se dirigió a ella.

—Brienne Tarth, salga y se encontrará con Asha Greyjoy, quien la acompañará a los vestuarios para que se vista con el atuendo de la academia.

—Sí, señor—contestó rápidamente ella haciendo una reverencia hacia él y los otros maestros antes de salir.

Antes de dirigirse hacia la chica de cabellos castaños que la esperaba al final del pasillo, escuchó que el maestro decía a Jaime.

—Y haz el favor de cambiarte de ropa, aunque sea sólo para la ceremonia.

—Como digas, tío.

Brienne suspiró y siguió a Asha a los vestuarios.