5. Un León Solitario
Jaime vio a Brienne pronunciar las palabras del ceremonial con voz temblorosa y entrecortada.
No había sido difícil lograr que la aceptaran en la academia, tanto su tío Kevan como el viejo Selmy la habían visto luchar, y aunque lo habían mirado con recelo cuando él humildemente (por una vez) lo solicitó, estuvieron de acuerdo en que la chiquilla en cuestión merecía un lugar. Sólo Pycelle se había negado, pero las decisiones de ese viejo coño ya apenas se tomaban en cuenta.
Una vez que ella hubo terminado y vuelto su lugar, se atrevió a mirarlo. Él le sonrió mostrando los dientes, lo que hizo que bajara la vista.
La clase matutina de ese día correspondía a combate, por lo que era dictada por Barristan Selmy. Mientras que Kevan se dedicaba a la parte técnica.
Antes de empezar, el maestro les anunció oficialmente el Torneo de la Tierra de los Ríos, todos comenzaron a murmurar entusiasmados. Les recalcó la idea de entrenar constantemente para poder elegir a los que representarían a Baelor.
Después de eso, el maestro llamó al orden y comenzó la clase. A Jaime, por ser uno de los alumnos más antiguos, le correspondía hacer las demostraciones de los ejercicios que indicaba el maestro. Lo que hizo junto a Horas Redwyne.
Después de eso, los discípulos se pusieron en pareja, mientras los profesores y estudiantes avanzados los observaban. Cuando pasó por el lado de Brienne Tarth, vio que ella estaba entrenando con Asha Greyjoy.
— ¡Muy bien! ¡Así! —le decía ésta, mientras que Brienne se adelantaba con su golpe de puño a zona media.
—Practica con ella defensa contra técnicas de agarre—le dijo él—La chiquilla tiende a caer fácilmente en ellas.
Brienne lo miró con el ceño fruncido
—Calla —le dijo. Mientras Asha los miraba a ambos con gesto divertido.
—Fue interesante su pelea—les dijo—la vi desde las gradas. Fue muy buena iniciativa que hayas participado, Brienne. Puede que estos cerdos de la organización nos consideren de ahora en adelante.
La chiquilla asintió sonriéndole.
—Sí, ya dos veces nos han interrumpido ¿verdad, Brienne? —dijo él.
—Sí—contestó ella, evadiendo su mirada.
"Hablamos de combate y ya se siente avergonzada" pensó.
Asha rió.
—Estoy segura de que pronto podrán terminarla—les dijo—Me gustaría estar ahí para verla.
El viejo Selmy se estaba aproximando, por lo que Jaime continuó observando y corrigiendo a los otros alumnos. Pero de vez en cuando sus pasos lo llevaban de vuelta hacia ellas, sin poder evitarlo.
Una vez terminada la clase, los discípulos se iban a entrenar por su cuenta en las diferentes instalaciones. Los más avanzados daban clases, como Loras Tyrell que les enseñaba a niños y niñas, mientras que Asha Greyjoy les enseñaba a los adolescentes.
Pero Jaime se iba a entrenar solo, ahora se encontraba dando golpes furiosos al saco de arena, tanto puñetazos como patadas. Era su manera de ahogar su rabia y los amargos recuerdos que nunca dejaban de acudir a su mente.
"Aerys…Tywin…Cersei"
Con cada golpe, se difuminaban.
Así eran sus días, sus maestros y compañeros lo dejaban en paz, excepto cuando le decían "matarreyes" a sus espaldas. Lo que lo enfurecía.
Pero ahora se encontraba igual de entusiasmado que los demás por el inminente torneo. Cuando se trataba de competir, su familia, compañeros y los odiosos comentarios desaparecían.
Luego de terminar su rutina, se fue a dar una ducha. Ese día se reuniría con Tyrion para almorzar.
A la salida se encontró con Brienne, que se iba a casa. Ella lo vio y le hizo un gesto breve de despedida, yéndose rápidamente sin detenerse a hablar con él.
"Sí que disfrutas alejando a las personas, Lannister"
Su hermano lo estaba esperando a la salida de la academia, vestía el traje de "Lannister Corp". Aunque él se llevara mal con su padre de la misma forma que Jaime, tenía su puesto en la compañía, ya que Tywin consideraba que todos los miembros de la familia debían participar en el siempre creciente auge de ésta para así preservar el legado. Como él se había negado dejar el entrenamiento y la competición para ejercer el cargo que lo esperaba, su padre ya no le dirigía la palabra. Además lo había desheredado y ni siquiera era invitado a las fiestas familiares.
"Mejor" se decía. "Así me libro de ver también a Cersei"
—Hola hermano—lo saludó.
—Hola Jaime—respondió— ¿Me equivoco o es la chica Tarth la que iba saliendo recién?
—Es ella—dijo él, yendo hacia su auto, que estaba estacionado en la esquina.
— ¿Desde cuándo entrena aquí? —le preguntó Tyrion siguiéndolo.
—Desde hoy— Abrió la puerta y entró al asiento del conductor.
Tyrion no dijo nada y se ubicó en el asiento del pasajero.
— ¿Vamos donde la última vez? —preguntó Jaime, abrochándose el cinturón.
—Sí, me gustó ese lugar—respondió su hermano, haciendo lo mismo — ¿Te fijaste en la camarera? Tiene acento myriense.
Jaime puso los ojos en blanco.
Al cabo de un rato, Tyrion le dijo con una sonrisa.
— ¿Tú la trajiste, verdad?
— ¿A quién?
—A la chica Tarth, por supuesto—respondió él riendo.
—Tuve algo que ver—respondió Jaime vagamente.
—Interesante—Tyrion seguía sonriendo
— ¡¿Qué?! — exclamó él.—La chiquilla es bastante buena, se estaba perdiendo en esa isla, merecía la oportunidad—se encogió de hombros.
—Claro—respondió su hermano sin dejar de sonreír.
Jaime lo ignoró y siguieron el viaje en silencio.
El restaurant al que iban era especialista de comida oriental, una vez estuvieron sentados y pedido sus platos, Tyrion dijo.
— ¿Te interesa escuchar las nuevas familiares?
— ¿De qué se trata? —preguntó Jaime con indiferencia.
—Padre recibió hoy tres llamadas con amenazas de muerte.
Él miró a su hermano sin expresión.
—Tywin no se ha ganado muchos amigos que digamos.
—La semana pasada también—dijo su hermano— Ahora ha iniciado una investigación y reforzado las medidas de seguridad. El Gran León tiene miedo.
A Jaime no le sorprendía. El apellido Lannister era símbolo de poder y riqueza, por lo que también inspiraba miedo, rivalidad y amenaza.
En ese momento llegó la camarera con dos enormes jarros de cerveza. Tyrion le sonrió ampliamente.
— ¿De casualidad eres de Myr? —le preguntó.
—Así es señor—respondió ella.
— ¿Lo ves, hermano? ¡Lo sabía!
Él asintió, mientras Tyrion reía y la chica se alejaba. Ambos bebieron de sus cervezas, hasta que al cabo de un rato, su hermano dijo:
— Hay más novedades
Jaime alzó la vista
—Cersei…
— ¿Un nuevo negocio? — preguntó él concentrado en su jarro. Su hermana sólo se dedicaba a invertir últimamente y así, incrementar más su fortuna.
—No—lo miró vacilante—Hoy nació su hijo.
—Ah—respondió él secamente.
No le asombraba, hace dos años ya que se había casado con Robert Baratheon, pasando a convertirse en una de las mujeres mejor posicionadas tanto social como económicamente.
"Eso es lo que siempre quisiste, Cersei" había pensado.
Él había estado años equivocado, pensando que ambos se pertenecían. No importaba que fueran hermanos, habían estado siempre juntos desde que tenían uso de razón. Como su padre siempre trabajaba y su madre había muerto, ellos dormían y jugaban sin separarse en la Roca hasta que alcanzaron la adolescencia. En ese entonces, los juegos cambiaron y tenían quince cuando se acostaron por primera vez. Después de eso, no se habían detenido.
Cuando ella anunció su compromiso, él no le había creído. Por ese tiempo se juntaban aún con más frecuencia, debió haber adivinado que eran sus últimos momentos de pasión. Incluso estuvieron juntos la mañana de su boda, él estaba seguro que al final ella respondería con un "no". Y cuando ella dio el sí, él se sintió como un tonto.
En los días y semanas siguientes, Cersei lo había llamado pero él nunca más le había contestado.
—Hermano—le dijo Tyrion, mirándolo con precaución.
— ¿Qué? ¿Debería enviarle una tarjeta de felicitaciones? — bebió un largo trago de cerveza.
Tyrion lo miró con gesto preocupado, él había adivinado la verdad cuando era niño, su hermano pequeño era demasiado inteligente para mantenerlo engañado.
—Lo siento—le dijo—Tal vez deberías…
—Déjalo así—lo interrumpió.
Él asintió y en ese momento volvió la bonita mesera myriense con sus platos.
—Gracias querida—le guiñó un ojo.
La chica le sonrió.
Por la tarde, ya estaba en su pequeño departamento en el centro de Desembarco del Rey. Como su padre lo había desheredado, vivía de cursos de entrenamiento que dictaba de vez en cuando, también tenía unos cuantos ahorros que había juntado durante años cuando planeaba irse a vivir a Essos con Cersei. Pero no era suficiente, deseaba vivir en un lugar más amplio y el ruido más el smog de la ciudad eran una verdadera molestia.
Ahora se encontraba retorciéndose en la cama, sumido en un sueño intranquilo
Vio a Cersei debajo de él, ambos jadeando y sudando, mientras sus caderas se movían fuerte y rápidamente.
"No te casarás" repetía él, llegando al climax. "Eres mía".
Ella sólo se limitaba a estrecharlo más contra su cuerpo y besarlo con ardor.
La imagen se fue y se encontró en la gran plataforma del torneo de la Islas del Verano, el cuerpo de Aerys estaba a sus pies.
Otra vez la visión cambió, estaba en el gran edificio de Lannister Corp junto a su familia. Su padre mirándolo con el mismo desprecio que le había dedicado la última vez que se vieron, Cersei cargaba un bebé llorón en sus brazos, solo Tyrion le sonreía. De repente su padre fue desapareciendo y Tyrion se fue alejando mirándolo tristemente. Cersei se acercó y le retorció fuertemente el brazo. Él gritó hasta que sintió una suave mano que lo acariciaba hasta que el dolor se iba, luego le tomaba su mano y se lo llevaba lejos.
Despertó repentinamente, sintiendo aún esa calidez en su brazo.
