6. Un mensaje enviado

Brienne se sintió muy satisfecha luego de las primeras dos semanas en Baelor. Todavía escuchaba comentarios insidiosos a sus espaldas y a veces veía a chicos reírse de ella por su apariencia, pero a diferencia de Altojardín, aquí no estaba sola. Había recuperado su antigua amistad con Renly y siempre entrenaban juntos al menos una hora diaria. Incluso Loras estaba cambiando su actitud y le había dado un par de consejos de lucha que le fueron muy útiles en clases.

También tenía una buena relación con Asha Greyjoy, siempre eran compañeras de entrenamiento durante las clases de los maestros Kevan y Barristan.

Brienne se esforzaba a diario, enfocada en el torneo de la Tierra de los Ríos. Había sólo algo que alteraba la tranquilidad de esos días, o mejor dicho, alguien: Jaime Lannister.

Ella notó que nunca hablaba con nadie, como si el mundo no existiera. A veces se encontraba mirándolo a hurtadillas entrenando solo, golpeando el saco de arena, como si este le hubiera hecho un daño imperdonable. A veces sentía el impulso de hablarle, pero este se evaporaba cuando él se acercaba a ella con un comentario burlesco o simplemente la saludaba con un "Hola, Bella" con su sonrisa radiante, lo que ocurría varias veces en el día. Durante las clases iba por lo menos unas tres veces hacia donde estaba ella entrenando con Asha, sólo para corregirla "Alza más esa pierna, Tarth" "Con esa fuerza, no derribarías ni un arbusto, chiquilla ilusa".

En esos momentos más que intentar trabar una amistad con él, lo que quería era golpearlo. Su amiga no lo veía de esa forma.

—Él nunca habla con nadie—, le había dicho Asha mientras la atacaba con la patada a zona media que estaban practicando—sólo contigo—añadió.

Brienne bloqueó la patada, la sacó y contraatacó.

—Nunca hablo con él, sólo hemos luchado un par de veces—dijo ella—Y bueno… una vez me invitó a una cerveza…

Su amiga había sonreído con una mirada de triunfo.

—Le interesas—le dijo—Se le nota.

—Siempre se burla de mí, es una verdadera molestia—respondió ella, ruborizándose, a su pesar.

Él en ese momento estaba corrigiendo a otros alumnos en el otro extremo de la sala.

—No está nada mal—Asha le echó una mirada evaluadora—A pesar de su apellido y su personalidad amargada. Si también te interesa, llévatelo a la cama. No pierdes nada.

Ahora sí que su rostro había llegado al rojo vivo. Debería empezar a acostumbrarse a la franqueza de Asha Greyjoy.

— ¡Viene el maestro! —dijo Brienne, atacando una vez más a su compañera.

De todos modos, ella no lo creía. No veía ninguna forma de que pudiera congeniar con alguien como él. Desde esa vez que habían luchado, no habían vuelto a interactuar, excepto cuando él se acercaba para burlarse. Le producía algo de turbación acordarse de sus combates, como el tiempo se detenía mientras ambos se entregaban con entusiasmo, sumado a la cercanía y su voz susurrante…

Desechó el recuerdo.

"Lannister puede hacer y decir lo que quiera, no me importa"

Ahora iba saliendo de la academia, luego de otra dura jornada de entrenamiento, buscó la llave del auto en su bolso y caminó hacia el estacionamiento. Tres días después de su llegada a Baelor, se había encontrado con un hermoso vehículo azul afuera de su casa. Hasta que no vio a su Maestro Goodwin en el asiento del conductor, no supo que había sido un regalo atrasado de su padre por su día del nombre.

Luego de abrocharse el cinturón, hizo partir el auto y fue hacia su casa.

Eran las diez de la noche, Brienne se estaba colocando su ropa deportiva ya que deseaba entrenar junto al río. Muchas veces lo hacía en Tarth, preferentemente junto a una cascada. Escuchar el sonido del agua bastaba para relajarla y así, poder concentrarse. Luego de ponerse un short, una camiseta sin mangas y zapatillas, salió al exterior.

Como la rivera norte del Aguasnegras quedaba cerca, se fue trotando hasta allá. El río estaba lejos de ser limpio como los azules estanques de su isla, pero el silencio en toda la zona le fue más que suficiente.

Llevaba un buen rato entrenando, practicando secuencias de movimientos que le había enseñado el Archimaestro Kevan. Estaba tan dedicada a su tarea que no advirtió la llegada de unos desconocidos.

—Veamoz, que tenemoz aquí—ella se sobresaltó.

Volteándose rápidamente se encontró a tres tipos. El que hablaba era alto y delgado, iba al medio como si fuera el jefe, tenía una barba de chivo muy larga y llevaba puesto un collar formado por distintas monedas.

—Esta es de Baelor, Vargo—dijo uno de sus compañeros, que no tenía nariz. —Yo la quiero.

Brienne retrocedió un paso y se puso en posición de combate.

El tipo de la barba emitió una sonora carcajada que sonaba como un rebuzno y la salpicó de salivillas.

—Tuz pataditaz no te servirán de nada, cariño—sacó una escopeta.

—Menos contra esto—siseó un tercero que no había hablado aún. Era calvo y al hablar se le notaban unos dientes puntiagudos. Sacó un revólver.

—Quédate tranquilita y todo saldrá bien—se le adelantó el que no tenía nariz—Si te quejas o gritas, perderás partes de tu cuerpo que sin duda extrañarás.

Brienne trataba de mantenerse tranquila, pero enfrentarse a armas no era nada sencillo. Debía mantener la mente fría hasta encontrar un punto donde atacar, lo importante era desarmarlos.

El de la barba de chivo dijo.

—Uztedez la soztienen, yo empezaré

La acorralaron contra el río.

"Debo atacar ahora" pensó "Pase lo que pase"

Pero en ese momento ocurrieron varias cosas. El jefe fue tirado fuertemente hacia adelante, y cayó de bruces con un grito. Brienne, sin detenerse a ver quien había intervenido, no lo pensó dos veces y atacó al que no tenía nariz. Con un fuerte y certero golpe con el dorso de su mano le quitó el revólver para acto seguido tirarlo al río de una fuerte patada.

— ¡Perra! —gritó el tipo adelantándose, pero ella fue más rápida y lo anticipó con un fuerte puño en su estómago, que lo arrojó de espaldas contra la arena. Y a continuación le dio un certero toque en un punto del cuello con los dedos, dejándolo inconsciente.

Se volvió hacia los otros. Vio que el tal Vargo y su compañero estaban sobre quien había sido su salvador. La escopeta estaba varios metros lejos.

—Matarreyez—dijo y a ella se le heló la sangre

"¿Jaime?"

—A ezto lo llamo una coincidenzia —rió— Rezulta que tengo un mensaje para vueztro zeñor padre.

Y acto seguido, se agachó y le retorció la muñeca. Jaime gritó y también Brienne mientras corría hacia ellos y golpeaba fuertemente al tipo con una patada en la cara. Éste cayó para atrás y soltó su mano.

En ese instante, se comenzaron a escuchar voces desde las parcelas cercanas. Un grupo de gente se acercaba con linternas.

—Huyamoz—dijo Vargo.

Antes de que ella pudiera impedirlo, ambos salieron corriendo dejando a su compañero tirado, que aún seguía inconsciente.

Ella se arrodilló junto a Jaime, su mano tiritaba y estaba doblada en un ángulo extraño. Él seguía gritando y se retorcía.

— ¡Ayuda! —gritó mientras colocaba su cabeza en sus rodillas— ¿Jaime?

Y él la miró apenas. Sus ojos verdes la traspasaron.

—Chiquilla idiota—le dijo apretando los dientes, antes de quedar inconsciente en su regazo.