7. Verdades
Jaime despertó repentinamente sin recordar lo que había pasado, sentía un fuerte dolor en el lado derecho. Abrió los ojos y se encontró en una cama de hospital, su brazo estaba enyesado, desde el codo hasta la muñeca. Mira alrededor y vio a Brienne dormida en un sillón de la habitación. Los recuerdos acudieron a su mente.
"El ataque" pensó.
Esa noche, al no poder conciliar el sueño, se había subido a su auto a dar vueltas por la ciudad. Se dirigió a las afueras de la ciudad, a la rivera norte del Aguasnegras. Grande fue su sorpresa cuando vio a la chiquilla entrenando a solas junto al río. No fue a hablarle y se quedó un largo rato observándola divertido. Recordó la agilidad y armonía con la que se movía, como se tensaban los músculos de sus piernas con cada ejecución de las técnicas. Estaba tan concentrada que no se dio cuenta que su auto estaba aparcado a pocos metros de donde estaba ella.
No vio su auto azul por los alrededores, por lo que confirmó que vivía cerca de allí. Durante la primera semana él la había visto tomar el bus que iba hacia ese lado de la ciudad.
Pero cuando esos tipos se acercaron a ella, él se bajó inmediatamente y se dirigió hacia allá.
Volvió al presente. La miró durante un rato, su respiración estaba tranquila y dormía con la cabeza apoyada en una mano. Los primeros rayos de sol aparecieron por la ventana e iluminaron su feo rostro, sus pecas parecían innumerables, se deslizaban por el cuello también y seguramente seguían hasta abajo.
Intentó mover el brazo, pero sus tendones protestaron y él emitió un quejido, lo que hizo que Brienne despertara.
Lo miró y se incorporó.
— ¿Cómo estás? —le preguntó, acercándose.
—Como la mierda—respondió—no puedo mover el brazo. ¿Los doctores hicieron un diagnóstico de mi herida?
Ella negó con la cabeza.
—Están esperando comunicarse con tu familia, pero sólo tu hermano ha contestado—dijo mirando hacia la puerta—Debería estar por llegar.
Jaime dio un bufido.
—Gracias —dijo ella repentinamente.
La miró.
—Chiquilla estúpida—le respondió— ¿En qué estabas pensando al entrenar sola en ese lugar de noche? ¿Crees que esto es Tarth? Vives cerca del camino real, genio. Entra y sale de todo por ahí.
— ¿Y qué hacías tú allí? ¿Cómo apareciste de repente?
Él se encogió de hombros.
—Sólo daba una vuelta por la ciudad.
Sus ojos azules lo miraban inquisitivamente.
—No insinuarás que estaba espiándote—le dijo ácidamente—Ni que fueras tan interesante.
Su mirada relampagueó y frunció el ceño.
—Ok, tu hermano debe estar por llegar— Se dio vuelta para irse pero él le tomó el brazo.
—No te vayas.
—Siempre te las arreglas para ser tan desagradable—le dijo ella, sus ojos fríos como el hielo.
—Mal de familia, dicen—respondió— Pero en verdad, deberías aprender a vivir con más precaución, no estamos en tu isla.
Ella asintió a regañadientes.
—De todos modos, lamento mucho que hayas sido herido por mi culpa—habló en voz baja.
— ¿No escuchaste a los tipos? —le dijo él—Me atacaron por ser un Lannister, no fue culpa tuya sino de mi familia, como siempre.
Él se quedó en silencio, ella lo miraba con gesto serio pero ya sin rastro de enojo. Parecía que quería preguntarle algo pero justo en ese momento la puerta se abrió y entró Tyrion.
—Hermano—dijo—Y Brienne Tarth.
Ella asintió a modo de saludo.
—¿Hablaste con los doctores? —preguntó él.
—Así es—su hermano lo miró con preocupación.
—Cuenta ¿de qué se trata?
Tyrion le contó que la torcedura había implicado un grave daño en los tendones y ligamentos, por lo que la zona afectada quedaría inmovilizada por un tiempo indefinido, por lo que tendría que usar el yeso por un mes, y luego comenzar un tratamiento de kinesioterapia.
"Fantástico" pensó amargamente. Miró de soslayo a Brienne, quién se mordía el labio con gesto preocupado.
Jaime pensó en el inminente torneo y eso no era lo peor ¿Cómo se las arreglaría ahora si no podía usar la mano derecha?
"Seré prácticamente un lisiado" pensó amargamente.
— ¿Cuándo podré salir de aquí?
— Mañana en la noche.
Jaime asintió.
—Sin embargo, padre convocó a una reunión de la compañía y a pesar de que le comuniqué la situación, se niega a cambiarla de horario.
—No me extraña—respondió él, dando un bufido— Me imagino que tampoco vendrá, ni él ni Cersei.
—Me importa una mierda esa puta reunión, hermano—le dijo Tyrion— Yo vendré.
Brienne carraspeó.
—Yo te llevaré a casa…Jaime.
Él la miró, aún se mordía el labio, sin duda se seguía sintiendo culpable. Tyrion sonrió.
—Le darán de alta mañana a las ocho de la noche—le dijo—Me imagino que no has dormido por cuidarlo, ve y yo me quedaré.
—Está bien—le dijo—A esa hora apareceré por aquí.
Tomó su chaqueta y celular. Se fue rápidamente despidiéndose de ambos con la mano.
Su hermano se quedó con él todo el día, le contó que la policía estaba interrogando al tipo que Brienne había dejado inconsciente, el tal "Rorge".
Jaime durmió y comió poco, lo atormentaban pesadillas continuamente, en ellas Tywin le daba la espalda y Cersei se reía de él. Ninguno de los dos fue a verlo ni llamó para preguntar cómo se encontraba y aunque esto no lo sorprendía, le provocaba más amargura.
Pensaba en esos diez años de duro entrenamiento, todo con el fin de estar en condiciones cuando pudiera volver a los torneos, un esfuerzo que ahora quedaría en nada. Desde luego que podría seguir entrenando en Baelor, pero la competición era su única motivación, lo que le permitía sentirse vivo y con un objetivo claro.
Tyrion volvió por ratos, cuando su trabajo (o su padre) se lo permitía. Al día siguiente, llegó a la hora de almuerzo, pasó toda la tarde allí hasta que tuvo que partir a la reunión. Al poco rato llegó Brienne, lucía unos jeans como aquella vez que habían tomado cerveza juntos, y un sueter azul. El color le sentaba muy bien. Con la ayuda de la enfermera, lo bajaron de la cama. Salió de la habitación aferrado al brazo de ella. Cuando llegaron al auto, lo ayudó a subir.
Iban en silencio por la autopista, Jaime la iba guiando hasta que llegaron a su departamento.
Ella lo ayudó a desvestirse y cuando él quedó sólo en bóxers, desvió la vista. No pudo dejar de notar un leve rubor en su cuello. Se rió.
—¿Eres una tímida doncella? —le preguntó socarronamente.
Frunció el ceño y preguntó secamente.
— ¿Quieres algo para comer?
—Un sándwich estaría bien—respondió vagamente, mientras se acostaba. —Prepárate uno para ti también.
La chica asintió.
Habían pasado apenas unos diez minutos cuando Brienne volvió con los sandwichs y jugo fresco para ambos. Comieron en silencio, hasta que al final ella lo miró.
—Jaime…— él no pudo dejar de notar que tanto su voz como mirada se habían suavizado.
—¿Si?
— ¿Dónde está tu familia?
—Mi madre murió cuando tenía ocho años de edad—contestó él—Tywin me desheredó cuando yo no quise trabajar en su compañía. Desde esa vez no nos hemos vuelto a ver.
Los ojos de ella se abrieron con sorpresa.
—¿Él no quería que compitieras?
— A él le gustaba que yo compitiera cuando ganaba. Pero después de lo de Aerys y mi suspensión, no quiso que yo volviera a las artes marciales. Ansiaba que ejerciera un puesto en Lannister Corp y yo detesto esa mierda. Lo evadí durante años, hasta que una vez tuvimos una gran pelea. Fue hace cinco años.
Ella asintió lentamente.
—Y Cersei…bueno, ella también se alejó de mí—continuó—Siempre estuvimos juntos, desde que nacimos y aún así ella me dejó por otro hombre.
Brienne lo miró confundida.
— ¿Cersei es tu…?
—Mi hermana—respondió él— mi melliza y… amante.
"Estás loco al contarle esto, Lannister"
La chica lo miró con los ojos como platos, luego miró hacia abajo. No sabía que decir.
"Bien hecho Lannister" pensó "Ahora la espantarás definitivamente".
—Oh—se limitó a responder ella al fin.
— ¿Nunca has amado a nadie, Brienne?
Su expresión se suavizó un poco, a pesar de su sorpresa y horror ante lo que él le había contado.
—Yo…
—Yo amaba a Cersei desde que tuve uso de razón. Nuestra madre murió al nacer Tyrion. Tywin trabajaba todo el día o se iba a sus viajes de negocios, por lo que siempre estábamos solos. Hicimos planes de irnos a los veinte a Essos…
Recordó esas noches de oro en su cabaña de verano en Lannisport. Él recostado en el pecho de Cersei.
—Tyrion me habló de Essos—decía—Sus costumbres son diferentes a las nuestras. Se incorporó y la besó en los labios —Allá a nadie le importará que seamos hermanos.
—Vámonos, entonces—le respondió ella, devolviéndole el beso— Junta dinero para ambos.
—Lo haré—respondió él, sin dejar de besarla y listo para tenerla otra vez.
Y él lo había hecho.
"Tonto" pensó.
Brienne seguía mirándolo, atenta a su historia, a su pesar.
—Logré juntar suficiente dinero—retomó—pero ella siempre lo retrasó…hasta que un día me contó que estaba comprometida a Robert Baratheon.
— ¿Baratheon…?—
— El hermano mayor de Renly, sí. Yo me negué a creer, pensaba ingenuamente que en cualquier momento ella se arrepentiría y se iría conmigo para no volver jamás. Pero se casó y ahí todo terminó…
La chica lo miraba con gesto confundido, como no sabiendo cual actitud tomar. Hasta que se incorporó y dijo.
—Tus medicamentos—fue rápidamente a la cocina y volvió con una pastilla pequeña y un vaso con agua.
Jaime lo tomó obedientemente.
—Me voy… necesitas dormir…—le dijo sin mirarlo.
— ¿Volverás? —se encontró preguntándole.
"¿Aunque mis historias sean un espanto para ti?"
Ella asintió levemente.
—Adiós—le dijo.
Y se alejo sin volver la vista.
