8. Consejos
Mientras entrenaba, Brienne recordaba todo lo ocurrido cinco noches atrás. Los tipos atacándola, Jaime al rescate y sus gritos, su mano torcida y temblorosa.
Se sentía extraño no verlo entrenando como todos los días, justo en el lugar donde estaba ella ahora.
La historia del accidente se había propagado por toda la academia rápidamente y había tenido que explicar innumerables veces lo ocurrido, todos estos días.
Renly había preguntado:
— ¿Qué hacías con Lannister?
—No estaba con él, Ren…el apareció de repente y me rescató—le explicó ella.
—Mmmm—evidentemente Ren no le creía— Mira Bri, aléjate de él. Tengo la mala fortuna de conocer a su familia: Tywin, ese tipo es malévolo. Del Gnomo hay unas cuantas historias también. Y no querrías encontrarte nunca con su melliza, mi cuñada.
—Ya te dije que no, Ren…
—Lo digo por tu bien—la interrumpió.
Brienne se había dado por vencida, y no le contestó más.
Se estremeció al recordar lo que Jaime le había contado. Él y Cersei, hermanos y amantes. Ella nunca se habría imaginado que cosas así pasaran en estos tiempos.
"Aunque pensándolo bien, en familias antiguas y poderosas como los Lannister, puede que se den…¿Pero por qué me lo contó?"
Esto último era lo que más le sorprendía, ella hubiera preferido no saberlo.
Y a pesar de que le horrorizaban los actos de Jaime, se encontraba pensando en él. Las clases ya no eran lo mismo sin sus frecuentes y molestas correcciones y cuando caminaba por los pasillos no aparecía él para burlarse o abrumarla con sus sonrisitas.
"Si él no hubiera intervenido, yo no habría podido contra esos tipos"
¿Qué estaría haciendo? Se lo imaginaba deprimido en su cama A pesar de que le dijo que volvería, no se había atrevido ni siquiera a llamarlo, por lo que no sabía cómo se las arreglaba ahora que no podía usar su mano derecha.
Brienne estaba tentada de llamarlo, pero luego recordaba su inquietante personalidad, su oscuro pasado, más los consejos de Ren y se arrepentía. Pero el impulso era cada vez mayor.
Así reflexionaba mientras daba patadas con furia al saco de arena, hasta que de repente sonó su celular. Cuando vio la pantalla, descubrió que el número era desconocido. Contestó con temor.
—¿Si?
—Brienne Tarth—la voz era la de Tyrion Lannister.
—Hola…
—Brienne, siento molestarte mientras estás entrenando.
—No importa…emm…¿Cómo está Jaime?
—De él quería hablarte, he estado quedándome en su departamento para ayudarle, pero está mal, taciturno y deprimido.
—Eehh
—Y pensé que quizá pudieras hablar con él.
— ¿Yo? No estoy segura de que me escuche…
— Tienen cosas en común y tú te habrás dado cuenta que el desgraciado está muy solo, si le hablas de peleas puede que se anime un poco. Incluso anda diciendo que no volverá a Baelor.
—Yo…
—Y hay otra cosa—prosiguió — él me habla de ti, estoy seguro que se alegrará de verte, le interesas.
Brienne tuvo que reprimir un jadeo, era parecido a lo que Asha le había comentado. Meneó la cabeza…
—Mmm bueno, ok…pasaré por ahí un rato.
—Gracias, Brienne —le dijo— Disculpa por involucrarte en nuestra… adorable familia. Te juro por los Siete que no ha sido mi intención.
Brienne rió nerviosamente, se despidió y colgó. Luego suspiró.
Jaime la recibió con una sonrisa torcida.
—Por fin viniste—le dijo.
— ¿Cómo estás?
Le mostró el yeso.
—Igual e incómodo…
— ¿Qué te ha dicho el médico?
—Mañana tengo control, pero habló conmigo antes de salir del hospital—hizo una mueca—Sus esperanzas son que en un año más pueda empuñar la mano de nuevo.
Sonrió amargamente, ambos seguían al lado de la puerta hasta que él dijo:
—Pasa, pediré unas pizzas.
Brienne entró y miró alrededor, el departamento lucía sucio y desordenado. Había ropa por doquier y loza sin lavar.
—Si hubiera sabido que vendrías, habría ordenado este desastre un poco.
—No hay problema…—ella se sentó en la alta mesa de la cocina.
Jaime apartó las tazas del desayuno y limpió un poco como podía. Estuvieron un rato sin hablar hasta que llegaron las pizzas, con dos botellas de cervezas.
—Pensé que te había asustado—le dijo él tomando un trozo. —ya sabes, con mis historias…
— ¿Por qué me lo contaste, Jaime? —preguntó ella, haciendo lo mismo.
Él se encogió de hombros.
—Confío en ti…
Lo miró a los ojos, insegura, pero al parecer su respuesta era sincera.
—De todos modos, no tengo derecho a juzgarte. Menos después de lo que hiciste por mí…—le dijo ella.
Bajó la vista y siguió comiendo.
—¿Cuándo volverás a entrenar? —le preguntó ella.
—Ya no puedo competir…. Por cierto ¿Qué dicen en Baelor? —preguntó— ¿Acerca del tullido Materreyes?
Brienne lo miró.
— ¿Eso es lo que te preocupa?
Él no contestó.
—Tienes que volver, Jaime—le dijo ella—No puedes quedarte encerrado aquí.
—La competencia era mi objetivo, durante esos diez años entrené para llegar a este momento.
—Las artes marciales son más que una competencia—le dijo ella—Tú tienes mucha experiencia, Jaime. Puedes seguir entrenando y ayudar a otros.
— ¿Cómo a ti? —le preguntó— Me pareció que te molestaban mis correcciones, pero verte enojar me divierte.
—Te gusta ponerte insoportable—le dijo—Pero muchas veces tienes razón. —Tuvo que admitir.
— ¿Participarás en el torneo?
—Sí… ¿me ayudarás?... —se encontró preguntándole.
Jaime no contestó, pero dibujó una media sonrisa, que ella devolvió.
Siguieron comiendo en silencio, cuando terminaron Brienne se levantó y dijo:
—Deberías limpiar este lugar, está asqueroso.
Se subió las mangas y se puso a lavar toda la loza sucia. Y Jaime obedientemente, tomó un paño y limpió la mesa. Luego procedió a tirar en la basura todos los desperdicios que estaban desperdigados por ahí: botellas, envoltorios de comida y colillas de cigarros.
Brienne abrió las cortinas, para darle más iluminación al departamento. Entre ambos barrieron y pronto todo quedó reluciente.
—Así está mejor, ¿no crees?
—Debo admitir que quedó bastante bien, era una mierda en verdad.
Ella le sonrió y notó que sus ojos verdes eran más cálidos ahora. Desvió la mirada.
—Dame tu teléfono—le dijo él.
Compartieron sus números, ella tomó su bolso y chaqueta.
—Te veo en Baelor, entonces—le dijo sin sonreír.
—Como diga mi señora— respondió él.
Se despidió de él con la mano y salió.
Iba en el auto cuando le llegó un mensaje.
Jaime: Dame la dirección de tu casa.
Jaime: Puedo visitarte cierto? J
Bri: jajaja
Bri: Ok en casa te la doy
Bri: Voy manejando.
Jaime: Ok
Brienne se fue conduciendo con una sonrisa.
