10. Amigos
Brienne estaba bastante nerviosa, hablaba con Jaime todos los días desde que había almorzado con él en su departamento. Pero que llegara de sorpresa donde ella vivía era distinto a conversar por el celular o verlo en una academia repleta de gente.
Asha se había dado cuenta de su amistad, porque la había pillado hablando por el celular con él y ahora siempre le hacía bromas por eso.
Se quedó en el patio mientras Jaime se cambiaba de ropa en su living, pero al rato la llamó para que lo ayudara a ponerse la camiseta y el guante de su mano izquierda. Ella trató de ignorar la cercanía.
Pero cuando empezaron a entrenar, sus nervios se disiparon. Jaime le mostró patadas, y después levantó su mano izquierda para que ella golpeara en el dorso del guante. Estuvieron así un tiempo, hasta que hicieron un alto. Brienne jadeaba, así que tomó un poco de agua.
— ¿Lo harás tú ahora mientras descanso? —le preguntó ella con la voz agitada.
—Me vendría bien—respondió él
Intercambiaron roles y ahora era Brienne quién subía la mano, para que Jaime golpeara su guante. Lo encontró bastante más lento que las dos veces que pelearon, como siempre ocurría cuando se dejaba de entrenar, aunque fueran pocos días. Al cabo de un rato, pararon y ella dijo:
—¿Te parece que lo dejemos aquí y comemos algo?
—Sí, tengo un hambre de los mil demonios.
— Me ducharé y… prepararé algo—dijo, sintiéndose algo nerviosa otra vez. Puedes ver tv un rato…
Mientras ella iba a la ducha, Jaime se quedó sentado en el sillón de su pequeño living, muy cómodamente. La situación le pareció extraña, pero agradable.
Al salir, le pasó una toalla a Jaime.
—¿Te ducharás también?
—Seeh, debo oler a queso podrido.
Brienne le ató una bolsa alrededor de su brazo para que no se mojara el yeso. Mientras él se bañaba, preparó un plato rápido de tallarines con verduras salteadas, más un toque de salsa de soya. Jaime salió de la ducha y se sentó. Comenzaron a comer.
—Está bastante bien—opinó Jaime—No tiene nada que envidiar a los platos del restaurant oriental al que vamos con Tyrion.
—Con mi padre recorrimos algunos países de Essos… —respondió ella— él quedó fascinado con los sabores, por lo que aprendí un poco…
—Tendré que venir más seguido.
—Cuando quieras…—le dijo con una sonrisa que él devolvió.
—Me llamaron de la policía hace unas horas…—le dijo ella.
—A mí también.
Jaime le contó lo que le había dicho Tyrion. Ella se sorprendió de que estuvieran vinculados a su padre, pero decidió no preguntarle más, ya que a él le dolía hablar de su familia.
Terminaron conversando de la academia, sus maestros, clases y compañeros.
Cuando terminaron, Jaime se levantó y tomó su bolso.
—Debo irme.
—Te puedo ir a dejar…
—Brienne—ella sintió un cosquilleo al escuchar el susurro de su voz—¿Le hablaste a Kevan de mí, verdad?
— Tal como tú le contaste de mí—respondió bajando la vista.
Cuando ella fue a hablar con Kevan sobre Jaime hace dos días atrás, la felicitó por su desempeño en las Islas del Verano y en Baelor.
—Jaime tenía toda la razón cuando nos pidió que te invitáramos a la academia —había dicho.
En ese momento, un nuevo sentimiento de gratitud la embargó.
—Te lo merecías— Jaime se acercó y con su mano izquierda le apartó un mechón húmedo de la cara y se lo puso detrás de la oreja.
Brienne sintió enrojecer y trató de no bajar la vista. Sus ojos verdes brillaban, de su cabello y barba húmedos salían destellos dorados. Además olía muy bien.
—No sabes cuánto lamento que no pudiéramos finalizar nuestro combate—prosiguió, mientras su pulgar acariciaba su mejilla.
Ella respondió:
—Podremos Jaime, de alguna manera…
Él asintió débilmente y bajó la mano.
—Nos vemos, Brienne. Se dio la vuelta y se marchó.
Brienne cerró la puerta y suspiró.
Al rato ya estaba acostada, y a pesar de lo rendida que estaba, no podía conciliar el sueño. En su mente sólo estaba Jaime, con su bello rostro y sonrisa descarada. Recordaba la leve caricia que le había hecho y se tapó la cara con la almohada. No quería pensar de esa forma en él. Él era su amigo y así estaban bien.
Recordó la amargura con que le habló de su melliza esa vez y supo que él todavía la seguía amando.
Por otro lado pensó en sus malas experiencias como esa "cita" con Ronnet Connington, ella se había ilusionado y él sólo se había reído de ella junto con otros amigos.
Luego pensó en la apuesta que los chicos de Altojardín habían planeado para divertirse a su costa.
No quería arruinar su estadía en Baelor pensando en tonterías, allí se sentía aceptada, tenía a Asha, Ren y ahora a Jaime.
"Jaime, mi amigo"
Se estaba quedando dormida cuando su celular vibró.
Jaime: Duermes?
Yo: Casi…llegaste bien?
Jaime: Seh
Jaime: Cuando entrenamos de nuevo?
Yo: Cuando quieras
Jaime: Ok (cara sonriente)
Yo : (cara sonriente)
Riendo, se quedó dormida al instante.
